Chapter Text
El miedo es un instinto primario que el sentido de supervivencia activa, cuando la vida peligra y el mañana es tan incierto que se duda de su mera existencia; conozco a la perfección dicho sentir. El miedo me ha gobernado una parte de mi vida, y sí bien no ha sido por completo mi vida, la parte que ha controlado me ha hecho más reservado, menos aventurero, procurando la comodidad y la seguridad, sobre todo las demás cosas; una comida cuantiosa, sobre el bosque y sus misterios, el buen té con un libro, en vez de pasar una noche en la taberna y mi mecedora favorita junto a mi pipa a un relato mórbido que me consuma el espíritu. El miedo entonces se ha incrustado tanto en mi mente que he perdido de vista incluso el horizonte, perdiéndome a mí mismo en el proceso, al menos la parte buena de mi sangre.
Es así cómo la aventura, es impensable, el lodo una consecuencia que no quiero acotar y la falta de cena o desayuno un verdadero dolor de cabeza que prefiero evitar; muchos podrán decir que es debido al miedo de lo no escrito que persigo las letras en mis libros con tanta vehemencia, sin embargo, difiero de tal acotación, siendo el miedo perpetuo, oscuro, mórbido y vomitivo lo que me aleja de lo que muchos llaman emocionante. Mi condición de doncel y la amenaza de la luna sobre mi cabeza, también compone un impedimento conciso para evitar salir de aventuras y perseguir la tranquilidad de una buena taza de vino a los pies de la chimenea. Andando sobre mis pasos, no sé en qué momento, mis prioridades han cambiado, mi espíritu ha despertado y el corazón que con tanto mimo he guardado por tanto tiempo, late por un ser diferente a mi simple existencia.
Si cierro los ojos, casi puedo saborear lo que era antes de partir a la aventura, sin saber el peligro que me puede consumir, pero también sin ser consciente en mi ignorancia, el miedo que puedo alcanzar, no sólo ante situaciones dramáticas como perder el desayuno, la lluvia o no poder dormir en un colchón mullido; por un momento prefiero la ignorancia de la comunidad ante el miedo de la realidad, sólo por un instante, antes de recordar la risa de los vástagos no natos que comparto con Thorin, la sonrisa del enano al observarme, sucia, seductora, corrompida y tan masculina que hace latir mi corazón. La certeza de lograr que Fili y Kili vivan para disfrutar el legado que se les ha robado; todo eso es lo que persigo hasta la saciedad, logrando que el miedo no consuma prematuramente mi mente que se pierde ante lo sombrío de nuestras perspectivas actuales.
He declarado aunque no en voz alta que daría la vida por Thorin, aunque en lo posible evito la muerte de los dos, con mis sentidos e instinto despertando poco a poco, después del primer trago amargo de quitarle la vida a algún ser, quizás no sólo la tenacidad sea suficiente para preservar la vida de ambos, al menos eso creo antes de escuchar y observar como los enanos, consumidos por un sentimiento de lealtad absoluta hacia su rey, saltan al fuego y el peligro por el mismo. No me muevo aún así, dejando que sean ellos los que se encarguen de los orcos y huargos que intentan desgarrar el cuerpo de Thorin, cuidando su flanco frontal, esperando que esto sea suficiente para arrancar la vida del pelinegro de las manos de la muerte, incluso cuando no he sostenido una espada en la vida, lo hago por Thorin.
No me rindo dejando a cabalidad y por primera vez el miedo, como si este se hubiese esfumado de mi centro, para no volver jamás; siendo el único terror desde ahora perder al enano, lo cual es un sentimiento agobiante y palpable debido a la misión que nos hemos auto encomendado; sin embargo, no me daré por vencido en mantener a salvo al rey enano, incluso de la palpable sombra de la muerte. Si este será nuestro final, prefiero que me lleven primero las sombras, antes de observar cómo la vida se escapa de los ojos de Thorin. Las lágrimas ruedan por mis mejillas pérdidas en el calor de la batalla, pero no me detengo a limpiarlas, cuando incluso sobre mis vidriosos ojos, puedo ver cómo las garras inmensas de la vida, vuelven a prometer un futuro. No flaqueo en absoluto aún así, sin separarme ni un momento de Thorin.
Sólo me permito dicha cosa, cuando las águilas gigantes, toman a Thorin entre sus garras, sacándolo del fuego, mientras los orcos y huargos intentan sobrevivir, Thorin es llevado por las majestuosas aves lejos del peligro, sólo allí mi cuerpo parece respirar una vez más, aún así, apenas soy consciente cuando observo demasiado cerca las garras de una de las águilas, mismas que impactan por completo contra mi cuerpo; niego ante el ligero terror de lo desconocido, pero sólo alcanzó a gritar cuando el vacío me abraza al ir de una águila a otra. No sé a dónde nos dirigimos pero espero que el sol qué nos guía, nos lleve hacia adelante. Aún así, incluso con el viento despeinando mi cabello, no puedo sentirme seguro por completo, ante la insistencia de mi mente por el estado del rey enano.
Kili es quién externa mi preocupación al gritar el nombre de su tío, incluso con el viento en nuestra contra y el silencio de la nada, consumiendo todos la desesperación de sus gritos. Quiero gritar a la par del enano, pero mi voz parece perdida en mi garganta, pues no se mueve en absoluto ni para emitir un simple susurro. Agradezco con vehemencia, cuando el suelo toca mis pies, incluso en la cima de un acantilado, el miedo desaparece por la necesidad implícita de saber el estado de Thorin. La inconsciencia descubro es un estado que no va con el enano, mismo que parece…muerto, niego de inmediato ante mi pesimismo, ni siquiera puedo pensar en la palabra por completo antes de negarme a tal realidad.
Al bajar del águila, la garra apenas me deja cuando corro hacia el pelinegro que tendido sobre la roca es acunado por Gandalf, mismo que parece notar muchas más cosas que yo, al llamar al enano con insistencia, incluso moviendo su cuerpo con energía. Aún con las lágrimas secas en las mejillas, siento como unas nuevas amenazan con surcan mí rostro, ante el estado tan precario del enano. El miedo me consume una vez más. Sin importarme para este momento la presencia de los enanos a mi alrededor, me apresuro a caer de rodillas al lado del enano, apartando las manos de Gandalf para ser yo mismo, quién empuje de un lado al otro el cuerpo ajeno, buscando con ahínco una respuesta de su cuerpo inerte. Mis jadeos se convierten en susurros rotos, tanto para que Gandalf pretenda efectuar su magia en el enano.
Los recuerdos de una pesadilla perpetua, me trastocan los sentidos; aquel futuro al cual me niego, aparece frente a mí con delirio, aunque no sea este precisamente el instante que quiero cambiar para salvarle la vida a Thorin; no entiendo mis propia mente, deseos y fantasías, sólo quiero que la calidez consuma una vez el cuerpo frío del enano. Muevo al enano con todas mis fuerzas, tantas para sentir cuando el enano inhala aire, como si este le hubiese faltado durante días, abriendo poco a poco los labios y los ojos, dejando atrás el peligroso letargo que me ha roto por completo. No puedo soportar más el subidón de emociones, al verlo vivo me separo de su cuerpo, alejándome del rey para darle la espalda a todos, exhalando un grito silencioso que pretende romper mi garganta, aunque sólo lo hace con mi mente en crisis.
- ¿Y el mediano?... ¿Dónde está Bilbo? - Escucho tras mi espalda al rey, mientras las lágrimas por el miedo puro han corrido libres sin que pueda contenerlas; es vergonzosa la manera en que mi cuerpo se consume, pero esto queda en un sentido diferente, cuando escucho a Thorin removerse.
Nadie emite palabra alguna, con el enano removiéndose con rapidez, con los ojos cerrados y plagados de lágrimas, no puedo observarlo, pero no lo necesito cuando el jolgorio es sinónimo del enano. Thorin parece discutir con Gandalf que intenta que el enano no se levanté de súbito, pero es imposible cuando nadie emite respuestas para el desesperado enano. El rey en su estado, no deja que su compañía emita una sola palabra, ni siquiera Gandalf puede contra la fuerza del viento y el poder del miedo que denota la voz profunda de Thorin. Mi cuerpo para darle calma al enano, giro sobre mis pies, buscando sus ojos a pesar de las acuosas lágrimas en medio de ambos. Mis ojos se entrelazan con los ajenos, al menos hasta que el vendaval en el cual se ha convertido Thorin, me sostiene cerca.
El enano busca una seguridad táctica, ante mi estado que Gandalf relata con simpleza, dejando en claro que me encuentro perfectamente bien, a pesar de las lágrimas en mis mejillas; intento sonreír para darle calma como nunca antes al enano, el señor de Durin ha dejado de lado toda su serenidad casi irritante permitiendo que el miedo lo consuma, una realidad que antes he visto por medio de visos pero que nunca antes he escalado con tanta pasión. Me atrevo en dicho caso a sostener sus antebrazos cubiertos por su armadura, el enano al tanto de mi integridad, despotrica con su profunda voz, lo irresponsable que he sido al saltar al fuego por cuidar su cuerpo. La irritación denota en su voz tanto cómo la oscuridad que parece consumir todo pensamiento ajeno, hasta que sus manos me sostienen con mayor firmeza.
- En mi compañía Señor Bolson, no tenía lugar alguno… - Compone Thorin con el torrencial húmedo en su voz, mientras la furia baña cada una de sus palabras aunque la inclemencia no va dirigida por completo a mi cuerpo, lo observó en sus ojos oscurecidos hasta la perpetuidad.
-... Nunca estuve tan equivocado en toda mi vida… - Comunica el rey, con una mezcla de aprehensión y orgullo que me deja sin aliento, mucho más cuando toma una posición más íntima, dejando de lado el ligero agarre de mis manos, por un abrazo en toda forma.
-... Gracias - Es la finalización de la intervención ajena, mientras el enano me rodea por completo las caderas con ambos brazos, a la vez que siento como se inclina sobre mi cuerpo, cubriéndome por completo.
Me mantengo firme, sosteniendo el cuerpo ajeno apenas, sin entender los delirios ajenos, al menos no a cabalidad después de todo lo que hemos escalado ambos, pero mucho más de la inclemencia y la necesidad que observó en los movimientos del enano, mismo que esconde su rostro en mi cuello, aspirando de mi piel, casi temblando al sostenerme. No puedo aguantar mucho más el desorden de mis emociones y necesidades, abrazando con la misma intensidad al enano, importando poco quién observe nuestra cálida y necesitada afectividad. Thorin tiembla tanto cómo lo hago en sus brazos, el momento se siente prístino y único, tanto para permitirme dejar de lado todo modal o vergüenza, dejando en el cuerpo ajeno y las ahora decrecientes lágrimas, todo el miedo que me ha consumido hasta ser desvariante. El jolgorio a nuestro alrededor estalla, cuando Thorin sostiene mi rostro entre sus fuertes manos.
- Nunca debí dudar de ti - Confiere con sinceridad, una que es tan arrebatadoramente cálida, cómo las emociones sin nombrar que danzan en los profundos ojos azules, unos que se despejan lentamente al observar mi integridad casi intacta.
- Yo también hubiese dudado de mí mismo… - Reconozco por primera vez ante el enano, logrando una de las sonrisas ajenas, aquellas que hace que mi corazón consumido en la tempestad del miedo, vuelva a latir con menor rapidez pero mayor intensidad.
-... No soy un héroe o un guerrero, menos un saqueador… - Prosigo devolviendo la sonrisa, permitiendo que el enano se acerque tanto cómo le plazca, aunque el calor me consume las mejillas y el corazón lata con tal intensidad que sospecho que Thorin lo escucha a través de mi camisa y chaleco.
-... Sólo soy un Hobbit - Establezco con toda la verdad que puedo componer, procurando una sonrisa con mayor ahínco, dejando en claro que la simpleza de mi realidad no me perturba en absoluto; Thorin me sostiene más cerca sí es posible, limpiando con uno de sus grandes pulgares el camino seco de mis lágrimas.
- Eres mucho más que un Hobbit, Bilbo - Decreta el enano, dejando en claro una consigna mucho más poderosa que el reconocimiento de mi raza; Thorin es de pocas palabras, lo he comprendido a lo largo de nuestra campaña, pero sin duda sabe usar las palabras a cabalidad en todo sentido.
En los brazos del rey, puedo tomar algo de aire, permitiendo que el miedo desaparezca de mi cuerpo, aceptando con vehemencia que el peligro ha pasado, Thorin está a mi lado, sosteniéndome después de la tormenta que hemos pasado juntos, ahora no hay vuelta atrás, lo reconozco en sus ojos que me consumen hasta la saciedad. El enano sólo me suelta cuando las lágrimas han sucumbido por completo, y ambos somos conscientes de todos los pares de ojos sobre nuestros cuerpos unidos. La vergüenza ahora me toma con pasión, llenando las mejillas húmedas de carmín hasta que la piel se entibia, Thorin carraspea ante mi obvio estado, uno que logra su sonrisa maliciosa que finiquita nuestro momento lleno de intimidad.
Me separo del enano, al menos todo lo que puedo con el rey sosteniendo mi mano para no separarme por completo de su cobijo, a la vez que Thorin observa a su compañía, con una sola mirada la mayoría de enanos giran su rostro, encontrando mucho más interesante las águilas gigantes que nos han traído hasta el acantilado. El enano al entregarse a la ligera intimidad que puede componer, me sostiene con mayor fuerza la mano, esta vez entrelazando sus dedos con los propios a pesar de la diferencia de proporciones. Sin embargo, al echar un vistazo más allá de mi cuerpo, el enano parece quedarse sin aliento alguno, tanto para captar mí atención. Más allá de las frías montañas, el horizonte lleno de colores cálidos muestra un cuadro tan hermoso cómo mágico; el aliento le falta al enano tanto para entender sin palabras que la montaña que persigue el rey, se presenta frente a ambos.
El enano avanza conmigo atado a su mano, Gandalf es el primero en reaccionar dejando nuestra intimidad de lado, logrando que los enanos dejen su mutismo, avanzado a nuestra espalda. Todos parecen obnubilados al vislumbrar en lo que parece mucho tiempo Erebor, incluso cuando la montaña parece lejana esto llena de euforia a los enanos. Gandalf explica con pericia la sombra de la montaña, el último de los grandes reinos de los enanos de la Tierra media; un poco rojizo por la vergüenza, quedó hipnotizado por la sublime imagen, encantado por el primer vistazo de la montaña; este es el hogar de Thorin. Me siento por completo conmovido ante la solemnidad que le entregan los enanos a la lejana sombra, esto se traspasa a la mano del rey que me sostiene con firmeza, tanto que siento el temblor ligero de sus dedos.
- Los cuervos regresan a la montaña - Alaba Óin observando las pequeñas avecillas que nos revolotean el cabello antes de seguir el horizonte amarillento; esto parece ser el reconocimiento perpetuo de los enanos para seguir en su cruzada.
- Mí querido Óin, es un zorzal - Corrige con algo de diversión Gandalf, aunque puedo observar en su voz, la calidez de la esperanza al ver las aves tomar rumbo a la aún lejana montaña. La profecía enana brilla tanto cómo el sol comenzando a cambiar por la luna. Me sobrecoge la sensación vigorizante de euforia y esperanza que nos consume a todos.
- Lo tomaremos cómo una señal… Una buena - Eleva el rey con suficiencia, dejando en claro que tanto cómo los enanos, va a tomar cualquier vestigio para seguir creyendo que el camino que ha tomado es el correcto, esto por supuesto lo recorro en sus orbes azules que a pesar de la inmensidad de su casa cada vez más cerca prefiere observarme con ahínco.
- Lo peor ha pasado ya - Aceptó con gusto, dando la misma seguridad que el rey me confiere, una que entibia mucho más nuestros sentidos junto a nuestros dedos unidos.
Se siente encantadoramente cálida la nueva perspectiva del enano, sin poder creer que él mismo ha estado a punto de morir hacía poco, pero ahora me sostiene la mano con gentileza a pesar de su poderío natural, haciéndose con mi mano cómo mejor le place, a la vez que casi se fusiona con mi cuerpo, por supuesto, no me arrepiento en absoluto de saltar al fuego por salvarle la vida, se que Thorin lo nota a cabalidad, acercándose aún más si es posible. El enano deja por completo la imponente vista de Erebor a lo lejos, tomando por completo mi cintura en su mano libre, mientras mi cuerpo se amolda a sus dedos. El enano cubre toda mi cintura con su antebrazo a la vez que se acerca tanto que veo con suficiencia la necesidad del enano de besarme, abriendo los labios en su manía ya instaurada, una que me vuelve absolutamente loco. Aún así, ambos sentimos los ojos sobre nuestros cuerpos unidos, mismos que han dejado de lado la imagen idílica de su tierra natal por observar a su rey consumido por la necesidad.
- Busquen refugio por esta noche… En marcha - Ordena el enano, disipando al conjunto de enanos que ante las órdenes de su rey, sin duda conmovidos por Erebor a lo lejos, se apresuran a cumplir su orden, incluso Gandalf entiende a la perfección la necesidad que me posee los sentidos junto a los de Thorin.
El animado grupo se pierde bajando el acantilado, andando más allá de los linderos del bosque, este comienza a tornarse negruzco debido a la tarde cayendo, con la simbiosis de la tarde y la noche fundiéndose en el horizonte; es importante buscar un refugio adecuado ahora que hemos sido despojados de la mayoría de nuestra comodidad, sin embargo, Thorin ha comandado a toda su compañía, para que sean ellos los que se ocupen, mientras retozo entre sus brazos con la necesidad que sólo surge de nuestros más encantadores instintos. Todo lo vivido junto al enano parece refulgir entre ambos, no sólo lo malo por supuesto, sino también lo bueno; a pesar del carácter impredecible y quizás obtuso del rey, también encuentro calidez en sus dedos, cuando las palabras no le hacen justicia a su sentir.
- Será nuestro hogar… - Confiere el enano con un tono más bajo en su voz grave, dejando en claro que a pesar de no ser escuchados por ningún ser, quiere mantener esto cómo la intimidad de un secreto; uno que sólo nos pertenece a ambos.
-... Pronto te mostraré Erebor - Dictamina Thorin con todo el poderío en su voz y la promesa perpetua de un rey; la grandeza que antes han narrado del rey ahora se eleva en su máxima expresión con el enano inclinado sobre mi rostro, prometiendo el mundo mismo sólo por mí mano. El doncel en mi interior se remueve completamente conmovido de una manera pasionalmente encantadora.
- Lo estoy esperando - Proclamó con encanto, aferrándome mucho más a los dedos ajenos, hasta que el agarre es tan firme cómo el poderoso rey fundiéndose con mi cuerpo. Por primera vez en mucho tiempo, la comodidad del toque ajeno, me hace creer que sí puede haber un futuro, uno que puedo cambiar a conveniencia para evitar su trágico suceso, puedo hacerlo, si estoy junto al rey.
- Tu siempre estarás cerca de mí - Reconoce el rey aunque su tono autoritario deja en claro que es una orden más que una necesidad establecida; asiento al enano, observando sus profundos ojos azules.
- Thorin - Susurro con algo de oscuridad, componiendo un simple jadeo cuando el enano se acerca aún más, inclinando su cuerpo por completo, cómo instinto primario me ató a su cabello trenzado sin saber hasta dónde puedo llegar junto al enano. Aún así, la necesidad de calmar un poco el calor, es casi tan palpable cómo la forma del enano de recorrer sus labios con ahínco. Su gesto me vuelve completamente loco.
- He querido hacer esto, desde que he despertado - Reconoce el enano demasiado cerca de mis labios, tanto que siento su sonrisa más que observarla, cerrando los ojos con encanto esperando el embiste. Thorin desesperado, no me hace esperar mucho más.
Consumido en fuego puro, hasta que las mejillas están tiernamente rojizas, me entrego al delirio del enano, sintiendo que también he elevado la necesidad de sostenerlo entre mis brazos y besarlo, desde que ha despertado de su casi deceso. El miedo nos ha tomado de rehén antes, pero el toque ajeno, no tiene que ver nada con el miedo, sino con la carencia de autocontrol ante lo rápido que hemos estado de perdernos, incluso antes de que los orcos hicieran su entrada. Thorin es tan complicado cómo el mayor de los enigmas, pero también sus labios son tan sinceros cómo un recién nacido, mismo que aprende a tomar el mundo entre sus manos. Al sentir sus labios sobre los propios, mientras abre mis labios con la lengua lentamente, dejando su ímpetu al besar, se que algo en verdad ha cambiado, tanto cómo el danzar de las emociones en su mirar.
El hielo en los ojos ajenos se ha derretido, dejando detrás de sí una estela de miedo, necesidad y ansias, pero que no termina de ser por completo oscuro, sino lleno de completa curiosidad ante nociones que antes no parece haber escalado aún sobre su longeva vida. Sus labios son demandantes, con el poderío de su sangre real, mientras sus manos se aferran a mi cuerpo, hasta que siento el bambolear de su corazón golpeando el propio. Jadeo encantado con el enano, su saliva caliente y la calidez de su cuerpo junto al mío. Su lengua crea una danza amena para ambos, reconociéndonos cómo en el patio de Rivendell, pero esta vez con mayor encanto, hasta escuchar el glorioso gruñido del rey sobre mis labios, jadeando cuando el aire nos falta a ambos.
Aún así, no nos separamos, respirando sobre los labios ajenos, abriendo los ojos poco a poco, como si fuese la primera vez que observamos al otro cuerpo, nos exploramos en completo mutismo pero con una necesidad palpable de recorrer todos nuestros más íntimos recovecos; nos fundimos una vez más en un beso, esta vez con mayor pericia, jugando con la lengua ajena dentro de mi cavidad hasta que es obsceno, Thorin comanda el encuentro, hasta dejarme una vez más sin aire. Sólo bajamos del acantilado, al reconocer que no podemos seguir por dicho camino sinuoso sin permitir que el deseo y el placer nos tomen de rehén, una realidad que no podemos escalar en las actuales circunstancias. El enano no me suelta la mano en todo el trayecto a pesar del furioso rojizo que me corrompe mucho más allá del cuello.
Dicha realidad parece encantar al enano, quién deja una nueva fase relajada de su personalidad, incitando a la vergüenza y la timidez, cuando cumple a cabalidad su palabra, tirando de mi cuerpo cerca del propio, cuando los enanos increíblemente han creado fuego, tirado un par de troncos cerca de una cueva y creado una fogata dónde cocinan conejos que han cazado. Son toda una eminencia en la supervivencia definitivamente. La comodidad que no he sentido en mucho tiempo junto al conjunto pintoresco y jocoso que han puesto de cabeza mi vida desde que han irrumpido en mi hogar, me toma como absoluto rehén, una realidad que permito a cabalidad. Ahora el panorama es diferente, tanto que es entrañable aquella primera impresión de los enanos y su forma caótica de formar de una simple comida un auténtico bacanal.
En los largos meses que he pasado junto al grupo, he aprendido de los mismos una cosa o dos, nociones simples cómo la alegría infinita de la buena música, la risa ante la euforia de una buena comida, la comunión de una raza que se ha perdido en el tiempo, también he aprendido nociones mucho más complicadas cómo la resiliencia cuando la vida te golpea con fuerza y el hogar ancestral se pierde debido a la maldad y la corrupción, lo celoso que son los enanos con sus costumbres, lo leal a morir que configuran sus mentes, lo importante de recuperar sus tierras para encontrar el cobijo de su alma. Así mismo, he aprendido del dolor, el compañerismo, el orgullo, la valentía y sin duda, he aprendido del amor, aunque este no sea nombrado directamente.
No sólo el amor romántico, cuando observo a Dwalin acunar a Ori, mucho menos cuando Thorin aún sin poder profesar una palabra cálida más allá de simples nociones, me sostiene cerca, también está el amor de Thorin a sus sobrinos, el amor que le profesan todos los enanos a su rey, el amor y el respeto de su consejero y su hermano que compone el mejor amigo del rey. Todas las clases de amor, se presentan en los enanos, aunque estos no lo eleven con palabras. La luz no sólo corrompe a los enanos por supuesto, dejando visos de la oscuridad que los consume cómo a todos, sin embargo, es más la calidez en su tacto que la perversión de asuntos que exaltan los demás sobre los enanos y su demencia sobre el oro y las joyas preciosas.
Se que aún tengo mucho por aprender, no sólo de los enanos sino del rey e incluso de mi mismo, aún así, aunque en primer momento he tenido miedo, un completo miedo que ha sido paralizante por tantos asuntos diferentes, ahora la valentía a la cual me han exhortado tanto, se levanta cómo estandarte en mi cuerpo, recordando que a pesar de ser un doncel y un hobbit, también puedo ser tan grande cómo los enanos que me cobijan, librando mi alma del peligro. Estoy dispuesto a dar la vida, por cada enano en la compañía, mucho más por su rey y sobrinos, mis nuevos amigos Ori, Balin y Bofur e incluso por el insufrible de Dwalin. Esto también incluye a mi confidente perpetuo, Gandalf.
Me he embarcado en este viaje para salvar sus vida, esperando arrancar de las garras de la muerte la existencia del trío de enanos, nunca he imaginado, todo el valor que he de necesitar para lograrlo, pero ahora, he dado el primer paso verdadero en dicha dirección. Tendremos un mañana, me obligo a creer en esto, no solo por el amor que le confiero a Thorin, sino por el respeto que le concedo a todos los enanos que me acompañan, prometiendo en silencio y aunque no lo sepan que daré hasta mi último aliento, por preservar el linaje de Durin, llevando a su grandeza nuevamente su raza, aún siendo un mediano. Me aferro al costado de Thorin siendo recibido por el enano, la luna silenciosa, es el guardián de mi promesa.
