Chapter Text
1
Había ciertas cosas que se esperaban de una hembra lobo alfa: cuidar de la manada, ejercer el liderazgo, dominar el cambio a lobo con facilidad. Apaciguar al macho alfa. Dominar a las hembras de la manada.
¿Rellenar un perfil de citas para mujeres solas? No está en la lista. Ni siquiera cerca.
Para empeorar las cosas, yo estaba vergonzosamente enojada al llenar el perfil. Mordí la punta de mi pluma con vigor mientras releía la línea de preguntas del formulario, aborreciendo el proceso con cada fibra de mi lobuno ser.
Soy un ___________ buscando un _____________.
Mi cerebro completó con lo obvio. Soy una idiota buscando una pista, o de lo contrario no estaría aquí. En cambio, escribí “mujer” y “hombre” en los espacios en blanco y luego fruncí el ceño. ¿Podría ser más vaga? Los taché y escribí sobre ellos: “mujer lobo” y “compañero”.
La siguiente pregunta era aún peor. Tipo de cuerpo: __________.
¿Qué diablos es lo que querían allí? ¿Talla? ¿Altura? ¿Mujer? ¿Loba?
¿Viva? ¿O era lo que yo quería en un hombre? ¿Podría calificar “respirando”? Resistí el impulso de gruñirle al papel y coloqué el extremo de la pluma en mi boca de nuevo, mordiendo fuertemente con ansiedad.
La mujer sentada frente a mí en el pequeño escritorio dejó de escribir y me dio una leve sonrisa.
—¿Tienes una pregunta sobre el formulario? —Su mirada se desvió a la pluma destrozada en mi boca, y luego de vuelta a mi cara.
Ups. Seguía olvidando que las empleadas de Midnight Liaisons eran humanas. No era de extrañar que ella estuviera tan incómoda a la vista de un lobo con un juguete masticable. Enseguida saqué del bolígrafo de mi boca y le di una sonrisa tranquilizadora.
—Sólo estaba pensando.
—¿Acerca del formulario?
—Sí. Yo, um, quiero asegurarme de que mis respuestas son correctas.
—Tómate tu tiempo. —Regresó de nuevo a lo que estaba escribiendo con una sonrisa muy suya, y mi estimación de ella subió a un nivel superior.
Como siempre los seres humanos se asustaban fácilmente, pero ella parecía menos perturbada por mi actitud que los demás. Llevaba una expresión distraída en su cara redonda y parecía de mi edad. Excepto que yo estaba vistiendo pantalones vaqueros y una andrajosa camiseta de Star Wars y mi cabello era una fibrosa, mopa descuidada.
Ella, por otro lado, estaba vestida con un suéter de color rosa bebé, falda negra, y su pelo recogido en una larga cola de caballo marrón. No usaba perfume, lo que me permitió percibir el más ligero olor de were-puma sobre ella a pesar del empalagoso olor humano.
A juzgar por las fotos en su escritorio (la mayoría de ellas eran de ella con sus brazos alrededor de un gran gato salvaje) o estaba casada con un cambiador o le gustaban los animales peligrosos. Iba a apostar por la primera, dado que ella trabajaba en una agencia de citas para cambiadores.
Interesante. No le prestaba mucha atención a las cosas fuera de la política de hombre lobo, pero no me di cuenta de que la Alianza —o lo que fuera que se llamaran a sí mismos— tenía permitido ese tipo de cosas. Los humanos eran por lo general vistos como... bueno, un poco... inoportunos. No del todo insalubres, pero no del todo dignos de notar, tampoco.
La mujer miró por encima de mí con una sonrisa ligeramente irónica que me tranquilizó.
—No creo que tengamos a tu manada en nuestra base de datos, ¿es la primera vez que te has registrado en cualquier negocio relacionado con la Alianza?
Apreté el papel con fuerza, la pluma destrozada agarrada entre mis dedos.
—La manada Savage es muy... tradicional. Esta es mi primera vez aplicando en una agencia de citas. Ustedes son el único servicio del que conozco que trata con cambiadores, y no hay manera de que me empareje con un... —la palabra murió en mi garganta.
Iba a decir “humano” porque, bueno, olían de manera muy humana y no entendían a los cambiadores. Salir en una cita con uno sería como salir con el extraño primo Ralphie. Eso apestaría a desesperación y sería el hazme reír de toda la comunidad. No importaba cuán difícil lo tuvieras para el baile, nunca te rebajabas al nivel de Ralphie. Pero entonces eché un vistazo a las fotos felices sobre su escritorio. En una, el puma lamía su cara mientras ella reía hacia la cámara.
¿Tal vez la Alianza estaba haciéndose más tolerante hacia los humanos?
Quiero decir, ésta parecía agradable. Ella no podía evitar que hubiera nacido humana. Supuse.
—La primera vez —repetí—. Los lobos solo salen con lobos.
Ella me dio una mirada gentil y asintió hacia el formulario en mi mano que se estaba arrugando alrededor de los bordes con mi manejo brusco.
—¿Sobre qué tienes una pregunta?
Bajé el formulario y apunté a una línea en particular. Noté mientras señalaba que había triturado el extremo de plástico de la pluma con mis dientes. Probablemente tenía azul sobre toda mi boca ahora.
—Um —dije incómodamente, limpiándome el labio con la manga de mi camisa—. Dice “estado” aquí... ¿quieres decir como alfa, ¿no?
Ella parpadeó hacia mí, con sus ojos ligeramente como de búho en su pálido rostro.
—¿Alfa? Oh. No. Normalmente no le pedimos eso a nuestros clientes. — Ella tomó el papel de mí mano y lo estudió—. Es para “soltero” o “buscando contactos” o “en una relación” o cosas así. Así la gente sabe mirando tu perfil qué exactamente quieres hacer al contactar con ellos.
—Oh. —Miré hacia abajo al papel. Bueno, eso era tonto. E inútil. Debía haber sido acerca del estatus en la manada, no creación de contactos—. Soltera.
Ella me sonrió de nuevo, la misma sonrisa tímida casi reacia.
—No veo por qué no podríamos preguntar sobre el estatus en la manada —dijo con una voz enérgica que desmentía su delicado y femenino suéter y los ojos muy abiertos—. Tiene sentido. No tenemos una gran cantidad de lobos, siento decirlo. Sería fácil actualizar los formularios sin embargo. —Ella parecía intrigada por ese pensamiento.
—Genial —ofrecí, sin saber qué más decir. Así que ella no conseguía muchos lobos. O eso era un código para “tú eres el único lobo perdedor que tengo” o estaba mintiendo para hacerme sentir mejor. Claro que esperaba que fuera la opción dos.
—Genial. Podemos completar el resto del formulario a medida que avancemos. Voy a empezar a crear tu perfil.
Asentí a medida que se giraba de nuevo a su ordenador y eché un vistazo a las cosas en su escritorio. Camila Cabello-Jauregui, decía la placa en su escritorio, y el nombre me sonaba vagamente familiar, pero no podía ubicarlo. La manada Savage estaba un poco aislada del resto del mundo últimamente.
¿Se suponía que debía saber quién era? El pensamiento me deprimió mientras me limpiaba mi labio, buscando secretamente restos de tinta azul. Vaya hembra alfa "omega" que era. El macho alfa moriría y yo en lugar de mantener a todos juntos, estaba cayendo a pedazos y buscando desesperadamente ayuda en una agencia de citas.
Ella comenzó a golpear su teclado.
—¿Así que estás interesada en otro lobo?
En realidad no, si estaba siendo honesta conmigo misma. Tenía tantas cosas en el plato ahora mismo que quería huir más que cualquier otra cosa. Quería un poco de tiempo para mí, tiempo para recrearme, para ser solo Lena, en lugar de la alfa Savage. La hermana de Lex. ¿Y estando en esta agencia de citas, viendo los carteles de parejas felices abrazándose? ¿Viendo las fotos de Camila con sus brazos alrededor del puma y la mirada de intensa felicidad en su rostro? Tal vez yo quería algo así.
Sólo que estaba sin opciones.
—Sí. Necesito un hombre lobo.
Ella se inclinó hacia adelante y su larga cola de caballo se dejó caer sobre los papeles allí, enviándome otra ola de olor humano que me hacía cosquillas en fosas nasales.
—No tenemos una gran cantidad de lobos en la Alianza aún —murmuró, en voz baja, como si compartiera un secreto—. Hemos tenido algunos, eh, problemas de límites.
En otras palabras: los lobos no jugaban bien con otros que no eran lobos.
Yo ya lo sabía. Pero fingí ignorancia.
—¿Ah, sí?
—Sí. —Ella lo meditó un momento, y luego añadió—: No son muy aficionados a mi esposa. Es un puma.
—Ah —dije, y volvió de nuevo al monitor, el miedo hizo estragos en mi estómago. Había cometido un error al venir aquí. Ningún lobo en su sano juicio se presentaría a una agencia de citas que era manejada por humanos y por cambia-gatos. ¿Qué estaba haciendo yo aquí? Frustrada, agarré mi bolso y comencé a tensarme.
—¿Así que estás buscando un alfa? —preguntó Camila con voz amigable—. ¿Ya que no estás interesada en salir fuera de las manadas de lobos?
—Sí. ¿Tienes alguno?
Esa espiral en mi estómago no era esperanza, ¿verdad?
Camila frunció los labios y luego giró la pantalla del monitor de nuevo hacia ella.
—Bueno, no lo sé con seguridad. Puedo llamar a todos los perfiles y pedirles su designación, y luego traer a mi experto para actualizar sus perfiles. El proceso puede durar unas pocas horas, pero si gustas, puedo conseguir terminarlo para el final del día. Como dije, no tenemos muchos lobos en nuestro sistema. Probablemente alrededor de una docena.
—Eso sería maravilloso —le dije, mientras sacaba mi tarjeta de débito—. ¿Cuánto más va a costar?
Ella negó con la cabeza hacia mí y me dio una leve sonrisa.
-Sin cargo. Pero tengo una petición.
Oh, aquí vamos... mis nervios aumentaron ligeramente.
-Si encuentras un alfa, me gustaría pedirles a ambos que hablaran con mi esposa sobre su manada posiblemente uniéndose a la Alianza. Estamos buscando fortalecer nuestros lazos con los lobos locales y no parece conseguir un punto de apoyo en la puerta. No mucho, lo prometo. Sólo una cena y una discusión. Sin presión.
Ugh. Eso tenía todo el atractivo de un argumento de venta de tiempo compartido, pero quería desesperadamente la lista de alfas que me podía conseguir.
-Hecho.
Una hora más tarde, mi propio perfil fue publicado con una foto mala de mí que parecía más una ficha policial, una súplica para una cita, me conduje mi auto F150 para volver a Little Paradise, Texas.
Para el momento en que puse la camioneta en la entrada de la casa Savage, mi teléfono había sonado tres veces. Dejé que todo fuera al correo de voz, cada timbre llenándome de miedo.
Si uno de los miembros de la manada me necesitaba, mandarían un mensaje de texto. Trina los tenía a todos adictos a los mensajes de texto.
Sólo los extraños llamaban. Extraños y cobradores.
Las luces estaban apagadas mientras conducía hacia la entrada, pero una vez más, no hubo sorpresas. Desde la muerte de Lex, los chicos de la manada habían visto mi dolor, me habían visto luchar. Vieron la casa venirse bajo alrededor de mí. Habían encontrado maneras de ser escasos, de darme tiempo para llorar. Incluso Holly pasó la mayoría de las noches en dios-sabe-donde con el bebé Eddie, sólo para que yo pudiera tener un tiempo a solas. Todos estaban en una clase de equilibrio nervioso a mí alrededor. Como resultado, mi normalmente cálida y enorme casa se sentía fría y vacía.
Vaya alfa que era. Ni siquiera podía cuidar de mí misma, mucho menos de mi manada. Disgustada conmigo misma, salí del auto en el camino de grava.
El olor del aire de la tarde llevaba consigo la débil esencia de la lluvia, un gato callejero o dos, y el amargo olor de los cubos de basura alrededor de la parte trasera de la casa. Mentalmente me reprendí por no sacar los cubos, nunca lo había hecho antes. Lex se había encargado, y a mí se me olvidaba cuales eran los días en que pasaba el camión de la basura, cuáles no. Ahora tendría que oler leche vieja de dos semanas. Ugh. Mi nariz de lobo podía olerla todo el camino a través del patio.
Con mi auto en el garaje, me apresuré hacia la puerta principal, pisoteado los escalones de madera y pasando alrededor del porche envolvente de la casa de tres pisos de mi padre, y cerré firmemente la puerta detrás de mí.
No hubo ningún olor de alguien recientemente cerca, pero era difícil de decir, ya que mi casa siempre olía a lobos.
El interior de la casa era igualmente deprimente. Ramos de flores marchitos cubrían cada superficie, llenando el aire con el grueso almizcle de viejas rosas secas. No me había molestado en deshacerme de ellas aún, y por lo menos enmascaraban el olor de la basura afuera. Las paredes estaban al descubierto ahora, y siempre me sobresaltaba verlas y las manchas descoloridas en el papel tapiz.
Había removido todas las fotos de Lex después de que murió, igual que cuando mamá había bajado todas las fotos de papá cuando murió, y entonces hice lo mismo cuando mamá murió pocos meses más tarde.
A los hombres lobo no les gustaban mucho el cambio de rutinas. La casa era un desastre: lavandería amontonándose en todas las superficies, algunas mías, algunas pertenecientes a los chicos de la manada. Algunas eran de Lex, pero no me atrevía a tocarlas.
Lo mismo ocurría con los platos sucios y pilas de cajas de pizza: se apoderaron de cada pulgada de espacio libre en el salón. Lo ignoré todo.
Dentro de la casa, bajo el hedor de la podredumbre de flores, había un amargo olor almizclado en el aire que no podía ubicar. Lo noté mientras depositaba mis llaves y me dirigí a mi dormitorio.
Era muy sencillo y lo ignoré a medida que entré en mi estudio, moviéndome hacia mi computadora sentándome frente a mi escritorio. Probablemente era alguna otra cosa podrida. Yo no iba exactamente a ganar ningún premio de ama de casa del año por el momento.
Y aunque no quería, saqué mi celular de mi bolsillo y eché un vistazo a la pantalla.
Un mensaje de tres llamadas perdidas.
Los pelos en mi cuello se erizaron ante eso, y enseguida reprimí el gruñido que se elevó en la parte posterior de mi garganta.
Hice clic en el icono de "llamadas perdidas". Un número era el de Len llamando desde la cárcel. Probablemente quería saber cuándo sacaría su culo de ahí, y yo no tenía ninguna prisa sobre eso, no mientras no tuviera un macho alfa firmemente a la cabeza de la manada. Len tenía su ojo en la vieja posición de Lex, y yo no tenía muchas ganas de saltar en la cama con Len. Sólo la idea hizo que mi estómago se revolviera. La siguiente llamada fue de uno de los chicos -sorpresa, sorpresa- del número de Holly.
La más sensible de mi pequeña manada, se había estado sintiendo fuera del agua regularmente, y suponía que les estaba informando a los demás si yo ya había superado mi dolor.
Todavía no. No sabía si el dolor en mi pecho se iría algún día. Mi hermano -y co-líder de nuestra pequeña manada- había muerto. En un accidente de auto. Tan mundana cosa para pasarle a un hombre lobo, pero lo mató como a cualquier humano. Eso dejaba una sensación de malestar en mi estómago cada vez que pensaba en ello. Lo empujé al fondo de mi mente, resolviendo devolver la llamada a Holly prontamente.
Los otros querían saber qué estaba pasando con su manada, y con la próxima luna llena.
Para el momento en que la luna llena llegara en pocos días, yo tenía que cederle la manada a Mon- El y esquivarlo como el infierno, o encontrar un nuevo alfa antes de convertirme en la perra de Mon-El. Literalmente.
Él usurparía mi manada en un latido del corazón, dejándonos indefensos e inclinándonos a su voluntad. Él ya había dado a conocer sus intenciones, y de solo pensar en él haciéndose cargo se me revolvía el estómago.
La hembra alfa siempre se emparejaba con el macho alfa.
Había unas pocas excepciones, por supuesto. Como los hermanos que eran alfas. Lex y yo habíamos caído en esa categoría. Nuestro padre había sido el alfa de la manada Savage, nuestra madre la hembra alfa.
Cuando habían muerto, los llevamos a su sitio de descaso sin una emotiva extensión entre nuestra pequeña manada. La manda Savage siempre había tenido una mezcla rara, pero con el cambio, las muertes y algunos de los miembros yéndose a una nueva manada, de pronto nos encontramos a nosotros mismos siendo una increíblemente joven manada de la noche a la mañana.
Len era dos años más joven que yo. Holly, Spence y Trina también eran todos jóvenes. Joanne apenas tenía veinte años antes de que hubiera dejado el territorio porque no pudo arrebatarme la posición de hembra alfa. Había dejado al bebé Eddie bajo el cuidado de Lex como reemplazo de su lugar en la manada. Eso dejaba a Carlos, nuestro omega. Él era la única persona mayor que teníamos, y estaba en sus cincuenta antes de que muriera en el mismo accidente de auto en el que había muerto Lex. Ellos estaban regresando de uno de los casinos de Oklahoma, ambos estaban borrachos como zorrillos, y se salieron de la carretera.
Me habían dejado con una manada de niños y llorando la muerte de mi hermano.
Eso me había dejado vulnerable. Como una hembra alfa sin ningún macho, estaba a merced del lobo macho más fuerte que viniera a nuestro territorio. Como hembra alfa podría resistir, pero sólo durante un tiempo, antes de sucumbir a la voluntad más fuerte del macho alfa.
Y Mon-El había dejado claro que tenía la intención de que mi alfa fuera él. Yo tenía una idea de quién me había dejado los mensajes en mi teléfono. Con un sabor amargo de pavor en mi boca, hice clic en "Correo de voz" y escuché.
-Hola, preciosa -dijo Mon-El arrastrando las palabras en el mensaje, y enseguida perdí el aliento-. Sabes lo que sucederá dentro de dos días, ¿verdad? Luna llena. El momento perfecto para que un par de alfas llegaran a conocerse mejor.
-Vomitaré en mi boca -murmuré al teléfono como si el mensaje pudiera hablarme.
-Mira, ambos sabemos cómo es la ley de la manada. Tus lobos necesitan un macho y una hembra alfa para que las cosas funcionen bien, no pueden funcionar sólo con uno, ya sabes. Y resulta que soy un macho alfa, y, bueno, seguro que eres una preciosa hembra alfa. Así que quizá deberías aceptar el destino y ponerte algo bonito en la próxima luna llena. Me gusta que mi mujer se arregle...
Borré los mensajes con disgusto. Mon-El era horroroso, peor que vil. Pero también estaba en lo correcto. La ley de la manada decía que si yo no hacía nada para encontrar un alfa, él podría aparecer y luchar por el dominio de la manada. Si no podía encontrar a nadie que fuera el alfa, él asumiría el liderazgo de mi manada y yo no tendría otra opción que sucumbir ante él. Una manada necesitaba dos líderes, y especialmente necesitaba un alfa más fuerte. Yo podría ejercer mi voluntad sobre los hombres en cierta medida, pero a la final, constantemente pondrían a prueba mi dominio y en el momento en que fallara en dominar a uno de ellos, estaría debajo en todos los sentidos.
Esa era la forma en que funcionaba.
Odiaba cómo funcionaban las cosas.
El sonido de Windows iniciando llegó desde mi computadora y enseguida escribí mi contraseña con dedos temblorosos. Ese imbécil de Mon-El sabía exactamente cómo alterarme, hacerme temblar de odio y disgusto.
Nunca me había sentido tan impotente y fuera de control.
Mi email sonó y sentí terror de nuevo. ¿Un email también? Los mensajes en mi buzón, sin embargo, eran seguros. Unos pocos mensajes eran de la manada, y uno de Midnight Liaisons. Probablemente mi contraseña o algo.
Cuando hice clic en él, sin embargo, vi un mensaje personal de la Sra. Cabello-Jauregui.
Sra. Savage, decía. Todos los perfiles han sido actualizados con el estatus en la manada. Si usted hace una búsqueda de "lobos" debería ver a todos los candidatos con esa denominación y su estatus. Espero que esto le ayude. Buena suerte y voy a comprobar de nuevo dentro de unos días para ver cómo están yendo las cosas. -Camila.
Bueno, bueno. ella había incluido un enlace al sitio web Midnight Liaisons en la parte inferior del correo electrónico e hice clic en él. El sitio en sí era soso y estaba compuesto de tonos azules y un familiar símbolo de unidad que reconocí como el símbolo de la Alianza. Escribí el nombre de usuario y contraseña que ella me había asignado y me llevó a la página web, que mostraba una lista de perfiles destacados para la semana. Una arpía, sonriendo trémulamente para la cámara. Un vampiro buscando un cambiante gato. Un hombre-jabalí que buscaba de su propia raza: robusta y peluda. Ugh. Nada me llamaba la atención.
Hice clic en el enlace "Mi perfil" en la parte superior. Ugh de nuevo. Mi cabello se veía despeinado y mis ojos tenían círculos oscuros debajo de ellos. También había perdido demasiado peso y mis clavículas sobresalían. ¿Y se suponía que los hombres verían esto y quisieran salir conmigo? La mujer de la foto se veía asustadiza y sin fuerzas.
Me di cuenta de que Camila había dejado consideradamente mi propio estatus en la manada fuera de mi perfil; percibí que esa fue una medida deliberada para mi privacidad, y le di las gracias mentalmente por ello. Al hacer clic en el motor de búsqueda, empecé a escribir mi criterio de búsqueda.
Hombre lobo. Dejé la edad y el estado marital en blanco, esos no importaban tanto si encontraba un alfa que no me violara y tratara de destruirme si se apoderaba de mi manada. Tomaría un anciano con una esposa cualquier día, mientras pudiera estar con mi manada.
Tanto como estuviéramos juntos. Podría aprender a ser subordinada.
Podría aprender a gustarme los tríos. Supongo.
Era la parte de subordinación lo que realmente no me gustaba. Incluso el pensamiento de ser subordinada por otro alfa como Mon-El me ponía enferma.
El reloj de arena en mi cursor giró lentamente, y me quedé mirando un pequeño anuncio emergente. ¿Una broma? No importaba, dos segundos después, trece perfiles aparecieron en la pantalla con pequeños cuadros de texto. El primero tenía una pequeña imagen adjunta, así que hice clic en el perfil.
El tipo de la foto parecía tener un aspecto decente: un poco más gris y bigotudo de lo que me importara, pero parecía fuerte y musculoso (a menos que todo lo que parecía musculo fuera grasa extra).
Su perfil decía que estaba en Texas, aunque no lo reconocí de ninguna de las manadas de la zona. No es que nos lleváramos con alguna de ellas. Aun así, el hombre tenía un rostro amable, no estaba relacionado, y no era Mon-El.
Tenía potencial.
Había un pequeño botón parpadeando en la parte inferior que decía "¡Nuevo!" junto al campo etiquetado como "Estatus en la manada".
Mierda. Era un beta. Un fuerte segundo en el mando, pero no era lo que yo estaba buscando. Cerré el perfil y me trasladé al siguiente. Yo tenía que tener un alfa. Además, ya tenía un grupo de chicos que serían grandes betas.
Después de moverme por varios perfiles más, llegué a una conclusión irritante. Cada lobo sabía que sólo podía haber una beta en cada manada -el segundo al mando después de un alfa- y sin embargo cada perfil de hombres en los que había hecho clic decía "Beta" como su estatus de manada. En otras palabras, eran grandes mentirosos, igual que cuando ingresaban una altura de metro ochenta (cuando claramente no la tenían) y "con un poco de equipaje extra" cuando claramente el equipaje extra podría matar a un caballo pequeño.
Suspiré.
Me topé con un chico que era lo suficientemente valiente para enlistarse como sólo un "miembro de la manada", pero también declaró que no buscaba otro lobo. Daba igual, tendría que tener una conversación seria con cualquiera de mi manada que pusiera su perfil en este ridículo servicio de citas.
Por supuesto, me tuve que tragar esas palabras uno poco después cuando me encontré con el perfil de Len (también figuraba como beta, lo cual claramente no era). Hice una nota mental para reclamarle la próxima vez que lo viera.
Mis próximos dos perfiles no tenían imágenes. Lo tomé como una mala señal. Aun así, me estaba desesperando, por lo que hice clic en el siguiente. Más de lo mismo: beta, beta, beta. Tal vez esto había sido una estúpida idea después de todo.
El último, sin embargo, me dejó sin aliento.
No había ninguna imagen, pero tenía 29, 5 años mayor que yo. La descripción decía metro ochenta (de nuevo) y delgado.
Lo mejor de todo, el estatus tenía una gran "A". ¿Significaba eso lo que yo pensaba que significaba?
Hice clic en obtener más información sobre su perfil. No era local. Era de Carolina del Sur, recientemente se había mudado a Texas. Bueno, ese es un golpe de suerte. Quizá se quedaría por aquí si le ofrecía el liderazgo de mi manada.
¿Realmente quiero hacer eso? Me quedé mirando el número de teléfono que aparecía en la página, las estadísticas personales se veían borrosas en frente de mis ojos. Nada de eso importaba si podía mantener mi manada segura. ¿Y si era peor que Mon-El?
Examiné con avidez el perfil, buscando desesperadamente más información.
Personalidad: Relajada, tranquila, amistosa. Buscando: una mujer con ideas similares.
Bueno mierda. Esta tenía todo mal. En primer lugar, yo no sabía de un solo alfa que fuera "tranquilo". ¿Y si esta persona estaba buscando una mujer de ideas similares? No sería yo. Terca como una mula era más mi tipo de personalidad. Probablemente estaba mintiendo acerca de su estatus en la manada.
Sin embargo, yo tenía que saber.
Abrí mi celular, marqué el número. Se fue directamente al correo de voz, y eso me hizo perder los nervios. Terminé la llamada antes de dejar un mensaje y dejé escapar una profunda respiración nerviosa. Necesitaba un trago de agua. Tenía la boca tan seca que sentía como si comenzaría a jadear.
Me alejé de la computadora y me quité los jeans mientras lo hacía, tirándolos en el pasillo ya desordenado. No había hecho mucho hoy excepto ir a la agencia de citas, pero me sentía agotada tanto mental como físicamente. Era la primera vez que había salido desde la muerte de Lex, y me había agotado.
Necesitaba un poco de agua, y entonces tal vez una siesta.
Mi teléfono sonó, pero opté por ignorarlo. Quien fuera que estuviera llamando, estoy segura que no estaba interesada. Colgué el teléfono y lo dejé.
Distraída por los pensamientos de quién podría estar llamándome, me perdí el olor empalagoso en mi cocina -la débil corriente subyacente detrás de todo el pesado hedor de flores secas- hasta que estaba casi sobre ella.
Entonces, me atraganté.
Allí en el centro del piso de la cocina estaba toda mi ropa interior.
Sujetadores, bragas y medias habían sido apiladas en un ordenado montoncito. Y el pequeño montón ordenado había sido "marcado" con semen. Repetidamente. Tantas veces que el semen dejó rastros lechosos en el azulejo del piso.
Y en medio de esos rastros, alguien se había agachado y había dibujado un corazón en el líquido espeso.
Un mensaje para mí. Sabía de quien: Mon-El.
Repugnante. Contuve el vómito, mirando a otro lado. Él había entrado a mi casa y me dejó este pegajoso mensaje como un claro recordatorio de que no estaba a salvo de él. Que yo no podía esconderme ni siquiera en mi propia casa.
Y a juzgar por el persistente olor en el aire y la... humedad del mensaje, él había estado allí recientemente. Planeaba tomar mi manada. Tomarme a mí. Desafiaría a los muchachos, ¿y ninguno que se acercara a igualarlo en dominación? Los echaría, o peor.
Pensé en Spence, Len y el bebé Eddie, de apenas 8 meses. Estarían en peligro. Sería peor para las chicas; no estarían a salvo de él. Yo no estaría a salvo de él.
El Alfa en línea era mi única esperanza, a menos que planeara mostrarle mi garganta a Mon-El.
Y malditamente moriría antes de hacer eso.
