Chapter Text
Cuando Peter bajó las escaleras en dirección al taller, sintió el tirón de un déjà vu golpearlo. Hacía un año había estado ahí, y pese a todo lo que había aprendido en ese tiempo, no lograba entender como su vida había logrado mutar de aquella manera.
Vivió tan feliz, que le sabía extraño recordar cómo había empezado: él, caminando por ese mismo pasillo, en dirección a una dolorosa tragedia. Después de un año, en el que Tony le enseñó cómo era el bello y extravagante arte de amarlo, sentía irreal volver a sentir el miedo filtrándose por sus venas caminando de frente a otra tragedia.
Algo estaba mal. No, algo estaba muy mal con Tony. Lo sentía cuando daba vueltas en la cama, en las pocas horas que se acostaba por aquellos días, lo veía en su mirada como poco a poco perdía ese brillo insolente, y esta iba volviéndose más siniestra, descontando el escaso (por no decir nulo) contacto que tenían.
Después de un tiempo, había dejado de preocuparse por si había ocasionado aquello. Sabía que no era así desde el momento en que Rhody cruzó la cocina con la firme intención de hablar con él. Tony estaba extraño, errático y nadie sabía que estaba pasando con él. No hablaba con ninguno, las pullas y las bromas fueron desapareciendo, dando paso a miradas reservadas y silencios aplastantes. Algunas acusaciones raras se hicieron presentes y muy tarde se dio cuenta de que los besos (escasos y todos robados) sabían extraño.
Preocupado había acudido a Happy y a Pepper, ambos corroboraron que dicha actitud se sostenía en el trabajo. Su mal genio habitual dejó de estar presente, y sólo se limitaba a ver a cuanta persona lo rodeaba de una manera que volvía entrañable su vieja hostilidad. Visión también lo notó, y en ese momento se sentía estúpido por haberle hecho oídos sordos a sus advertencias en el cambió de actitud de Tony un mes atrás.
Más concentrado en la vida tan feliz que había logrado forjar al lado del hombre que amaba, que de los sutiles cambios que fue presentando, se había perdido algo esencial, y ahora el tiempo iba en su contra. Por mucho que una parte de él le decía que fuera compasivo consigo mismo, que no se culpara por aferrarse a los buenos tiempos y no plantarle la cara a lo que en verdad lo rodeaba, en ese momento quería golpearse con fuerza por su idiotez.
Había culpado de todo al trabajo, una ingenuidad de su parte que no se perdonaba, pero por aquellos días una pila de responsabilidades vinieron de parte de S.H.I.E L.D. y Tony, intentando ayudar, se había sumergido en él tanto como pudo. Horas y días enteros en el taller. Todo normal hasta que sintió el cambio.
Esa mañana todos sus instintos en estado de alerta lo despertaron y cuando notó que Tony siquiera había ido a dormir, llamó a Rhody. Más un padre que un amigo, el viejo compañero de Tony le advirtió que lo esperara para ponerse en marcha.
Miró el reloj angustiado. Habían pasado dos horas, dos horas en las que todas las personas que Tony consideraba familia, habían acudido a su llamada. Ninguno sabía con exactitud qué era lo que anda mal, pero nadie dudo cuando con un susurro desesperado, les advirtió que tenía que ser extremadamente malo. Esa alerta que lo despertó no era algo que pudiera explicar, sólo la sentía. Ese miedo helado que sentía pegado a su nuca, lo desquiciaba advirtiéndole que nada bueno le esperaba detrás de esa puerta.
Apoyó con determinación el dedo en el nuevo sensor digital y descartó la idea de alejarse de allí. Sus instintos no fallaban, y sabía de ante mano que nada bueno podía avecinarse, no cuando todo su cuerpo le decía a gritos que corriera en dirección opuesta.
Cuando las puertas se abrieron frente a él un terrible retortijón le revolvió el estómago con fuerza. Gimió internamente deseando que su cuerpo dejara de gritar peligro. Cada paso que se adentraba en el taller, se adentraba más y más en la locura que habitaba en la cabeza de Tony y lo sabía. En su boca el regusto amargo impregnaba y corroía todo a modo predictivo.
Petrificado confirmó sus temores nada más las puertas se accionaron. Todo en el taller estaba dado vuelta. Las mesas volcadas a su paso, viejos proyectos destruidos en el caos más absoluto, sentía el aire viciado y su piel hormigueando por el peligro que se cernía sobre él a cada segundo. El temor se volvió su sombra con cada nuevo artefacto roto que miraba. Tony jamás, jamás haría cosa semejante. No su Tony. No el hombre que le sonreía tras sus gafas y le decía cosas Gua frente a sus amigos para incomodarlos. No el mismo que lo besaba suavemente mientras lo veía trabajar. No, ese Tony le gritaba cada que saca algo de lugar y lo tenía amenazando con una muerte cruel si se le ocurría ensuciar allí dentro.
Su piel se eriza más, imposiblemente más, a cada segundo que pasaba en ese desastre. Su respiración se entrecortaba, saliendo en pequeños jadeos cada vez que sus ojos se posaban en la destrucción que lo engullía. Serpenteó la destrucción y frenó en seco cuando la irrealidad más absurda fue lo único que pudo ver.
— ¿Tony? —susurró con el corazón en un puño cuando un traje de IronMan apareció frente a sus ojos destrozando del todo en medio de la sala.
Sabía cuál era, él había ayudado a Tony con las mejoras. Habían trabajado horas diseñándolo y cuando vio los pequeños destellos del metal azul rasgados como si fueran simples retrasos de tela, temió lo peor.
Escuchó un movimiento a su derecha y sólo sus reflejos impidieron que el láser diera de lleno en el pecho. Saltó lejos y prendido al techo abrió los ojos impresionado.
Oh por Dios pensó lleno de miedo y confusión.
Tony se acercaba a él caminando dentro del Mark 47, el mismo que usaba hace tantos años atrás, y volvió a alzar el brazo listo para atacarlo sin darle tiempo a hablar.
— ¡Tony! —gruñó por lo bajo esquivando el nuevo disparo— ¡¿Qué se supone que haces?! —gritó escondiéndose detrás de una de las paredes estudiando sus posibilidades de derribarlo.
En verdad no eran muchas, pero Peter no iba a dejar de intentarlo por ello. Peores cosas había hecho, pelear hasta las últimas consecuencias por Tony no era un sacrificio. Bueno, quizás ese día si lo fuera; se dijo sintiendo el polvillo de la pared destruida tras él picar en su nariz.
Las palabras de Rhody se clavaron en su mente «Tony está atravesando algo que ninguno entiende, pero todos afirmamos que ese no es nuestro amigo, ¿no?» ese no era su Tony y aquel ataque lo comprobaba. La maldita duda sobre qué diablos pasaba intentaba emerger y volverse lo único en lo que podía pensar, pero de improviso tuvo que agacharse al escuchar como un pesado cuerpo metálico golpeaba la pared donde se refugiaba.
Ya habría tiempo para eso, de momento podía ir reservando esa duda y poniéndose en labor. Un gruñido furioso llegó a sus oídos. Al parecer a ese Tony tampoco le gustaba que se le escondiera.
Sus instintos le advirtieron que huyera se ese hombre, pero se seguía negando. Se había dicho que no iba a creerlo hasta verlo y la ligera quemazón en su brazo, donde el letal láser lo rozó, era cuanta confirmación necesitó para saber qué debía detenerlo. Lamentablemente el hervidero en su cabeza seguía demasiado confuso y caótico como para que le hallará lógica a lo que estaba pasando.
Casi sin querer se percató de que el espeso silencio lo volvía a rodear y tembló cerrando los ojos. Inspiró y exhaló, agudizó el oído y se recordó que estaba en medio de una pelea. Intentó decirse que no pensara en su rival como tal, pero no importaba cuánto tratara de engañarse, su mente sabía que era su pareja quien tenía a su cuerpo en ese estado de alerta. Podía saborear el miedo y el desconcierto amenazando con acabar con él, pero se recordó con furia que Tony lo necesitaba. No era ese el momento de venirse abajo, se recordó cuando la maldita pregunta de: ¿Por qué? volvió a humedecer su mirada. No, maldita sea, no era ese el momento de encontrar una explicación. Era hora de actuar, era hora de atrapar a Tony, ponerlo a salvó y averiguar qué pasaba, qué le hicieron, qué salió mal.
— ¡No te escondas! —gritó un furioso Tony trayéndolo al presente.
Cerró con más fuerza los ojos sabiendo que por unos segundos se hallaba a salvo. Se tragó el miedo que sentía y se obligó a reaccionar. Sospechaba que algo así podía estar esperándolo, no tan desconcertante quizás, pero sabía que sólo eso podía ser el motivo por el que sus instintos le exigían que se fuera. Su cuerpo nunca le pediría que huyera de Tony, a menos que él fuera un riesgo para su vida. Siquiera cuando hacía un año cuando era un alma en pena por culpa de su rechazo sus instintos le dijeron que lo dejara, y no podía imaginarse peor dolor que verlo y saber que no lo amaba. Hasta ese momento, claro. La quemazón en su brazo picaba, casi punzaba.
— ¡Tony, amor, vamos deja de atacarme! ¡Podemos encontrar la manera de solucionar nuestros problemas de otra forma!—gritó deslizándose al piso para que el láser no le diera— ¿Todo esto es porque me duermo en tu lado de la cama? ¿Quieres que recoja mis zapatillas en la noche? ¡Vamos dime qué es! —masculló buscando una reacción.
La obtuvo casi al instante que separó los labios. El yeso voló en todas direcciones y asintió determinando en que parte del taller se hallaba. Sacudió la cabeza para remover el polvo que le cayó al fragmentarse la pared, e hizo de cuenta que no escucho como más paredes eran destrozadas por el láser, cuando el grito frustrado de Tony resonó en sus oídos. Siguió arrastrándose por el suelo, alejándose de los pasos cada vez más cercanos y sintió sus palmas abrirse al clavarse los cristales que había en el piso desparramados
Se quedó quieto bajo uno de los escritorios y apretando otra vez los ojos dejó que el sonido del lugar lo rodeara. El eco de las pisadas retumbaban cercanas y firmes. La fuerte respiración de Tony era clara, pese a la armadura y el asqueroso sonido del traje cargando energía le revolvió el estómago. Se preparaba para atacarlo, como si Peter fuera una amenaza más, no su pareja, ni el hombre que más lo amaba en la tierra. Las ganas de llorar volvieron, las dudas y los temores crecieron. Cómo podía pasarles eso, como podía estar viviendo aquella pesadilla. ¿En qué consistía esa pesadilla? Ni siquiera lo entendía. ¿Qué tan lejos llegaría Tony? Deslizó los ojos por su brazo y vio la tela quemada de su ropa cubrir a duras penas las ampollas que empezaban a formarse. Lejos. Ahí llegaría, muy lejos. Lo suficiente para que alguien se atreviera a llamarlo amenaza.
Se aferró a su determinación y se obligó a dejar eso para más adelante. Tenía que ser cauto y astuto. Tony en verdad podría matarlo si no se andaba con cuidado y eso era lo único en que de momento debía pensar. ¿Dolía? Cómo los mil demonios, pero sin dudas Peter prefería prepararse para el peor escenario y de ahí dejar que la vida lo sorprenda. Cerró con más fuerza los ojos y logró hacerse una buena idea de donde estaba su pareja. Pese a la seguridad instintiva que sintió, decidió no arriesgarse. Agachado se deslizó unos escasos centímetro y pateó un pedazo de la basura que había en el piso; basura que en algún momento había sabido ser algún proyecto.
Tragó saliva y se concentró, un solo segundo necesito Tony para derretir bajo el láser el pedazo de Marck y él no se permitió uno de duda. Alzó la mano y soltó una telaraña en el techo sobre Tony; Se impulsó sobre él en un fluido movimiento y pateó con fuerza el casco al elevarse sobre el suelo.
Tuvo que agarrarse al techo cuando las dos manos furiosas de Tony intentaron sujetarlo, pero más distraído en retirarse el casco roto que en atraparlo, logró asentar otra telaraña en los propulsores de sus manos. El gruñido se transformó en un insulto y encomendándose al señor Peter, saltó sobre su espalda.
Tendría que haber previsto que Tony iba a tirarlo con una llave y lo había hecho, lo único que no cálculo fue la fuerza con la que lo iba a arrojar. El impacto llegó de dónde menos lo esperó, por su espalda y robándole todo el aire. Sus ojos se abrieron en la misma medida que su garganta se cerró. No podía ser. No tenía tanta fuerza, no podría haberlo herido de aquella forma ni con la armadura puesta, pero lo logró.
Cuando su espalda chocó contra el cemento, arrancándole un grito, se miró las manos, y gimió satisfecho. Pese a que el dolor lo cegó momentáneamente, el placer de haberle arrebatado los brazos del traje no tenía precio. Ahora sí podrían hablar.
— Tony, mi amor, intuyo que teneos un problema. ¿Qué dices si empezamos terapia de pareja? —se mofó escupiendo parte de la sangre que inundó su boca.
Se recargó contra la pared y se fue parando tan rápido como el dolor le permitía. Soltó un par de quejidos siempre poniendo cuidado de no permitir que Tony se saliera de su vista. La pared tras él se había resquebrajado un poco, pero por suerte era de concreto. Dolió más, pero visto que su novio se había cargado más de la mitad de las paredes de soporte, le tocaba agradecer que esa no cediera.
— Joder... ¿Crees que esto me dejará marca? En el verano tendré que dar muchas explicaciones si eso pasa. —preguntó con una sonrisa nerviosa tocando su espalda.
Como el mismo que lo lesionó le enseñó, Peter empezó a hacer una rápida valoración de sus heridas. Una quemadura, dado el bajo dolor que sentía posiblemente de tercer grado, dos costillas, quizá tres, fisuradas y un dolor centelleante en su pecho indicando que una, al menos, la tenía rota. Mordió su lengua o el interior de su mejilla, especuló continuando con la rápida lista, algo fue porque la sangre se seguía acumulando. Con miedo se valió de la punta de su lengua para constatar algo y casi lloró al notar que todos sus dientes estaban en su lugar.
Como idiota —porque no había otra forma de decirlo— Peter se dio el pedante lujo de cerrar los ojos agradecido. Inmediatamente los abrió, cierto, pero ya era muy tarde. El cañón de una nueve milímetros modificado le apuntaba de lleno a la cara. Sus ojos viajaron de la mirada whisky al cañón dos veces antes de aceptar lo que veía. Si, se hallaba parado a al menos dos metros de distancia, pero igual era que si la tuviera pegada en la frente. Al menos así se sentía. Tony, a su vez, lo estudió unos segundos y solo después de lanzarle una sonrisa siniestra, jaló del gatillo.
Escuchó el ruido de la bala impactar con algo a su espalda, pero descartó rápidamente la idea de darle la espalda a ese hombre y ver qué fue. Rodó por el piso esquivando más balas una vez que estás empezaron a salir sin descanso y gruñó sin creerlo. ¡Disparado! ¡Le había disparado! No sabía si estaba más impactado que molesto, pero cuál fuera daba lo mismo.
Sintiendo un terrible dolor enfriar su pecho, segado por aquella estúpida y maldita situación empezó a enojarse seriamente. Ya estaba bien de ser un maldito niño que se sentía herido y traicionado por la suerte. Espabilaba o era historia. Gateó por el piso lejos de donde los impactos seguían sucediéndose como una lluvia de plomo y alzó de golpe la mano cuando Tony recargó. Dio con una de sus telarañas a la maldita pistola y tiró de esta hasta sujetarla entre manos. Su pareja intentó en vano pelear contra él, pero al final el arma se deslizó como si nada entre sus dedos, cayendo limpiamente entre sus palmas.
Volvió a erguirse muy furioso mirando a Tony y rompió el condenado artefacto solo cerrando sus manos. La desafiante mirada whisky no se inmutó por su gala de fuerza y él lo agradeció. Eso solo podía significar que Tony sabía que él era fuerte. Y algo era malditamente algo en esos momentos.
— ¿Desde cuándo usas armas tan vulgares, mi amor? —espetó molesto sintiendo el escalofrío bajarle por el cuello cuando el arma se volvió una masa deforme en sus manos, aún seguía tibia.
No esperó respuesta, la verdad es que Tony ya no las daba. Solo los estudiaba con suspicacia y se alejaba dejándote con las palabras en la boca y una sensación desesperante en el cuerpo. Suspiró pesadamente y sintió el dolor ahogarlo. Maldición. Quemaba todo en su interior y eso incluía su corazón, que se retorcía con dolor. ¿Qué está pasando contigo Tony? pensó lleno de desasosiego.
— Desde que todos intentan acabar conmigo —masculló moviendo los ojos en todas direcciones buscando claramente con que atacarlo.
Sorprendido y algo desorientado, se apresuró a no volver a perder el tiempo. Desarmado y distraído era la única forma de atrapar a Tony, al menos sin herirlo y como dejara que se le fuera la oportunidad... Bueno, su pareja no iba a tener que preocuparse por matarlo, Peter mismo se suicidaría. Era claro que ese hombre frente a él no pensaba hacer las cosas pacíficamente y la opción de herirlo no estaba sobre el tapete.
Sin darle tiempo a encontrar una respuesta a la interrogante que sus ojos revelaban, lanzó una telaraña contra su pecho y lo arrastro hasta donde él se encontraba parado. Forcejearon unos dolorosos segundos, en los que logró asentarse un buen golpe en la mandíbula, consiguiendo tiempo suficiente para arrancarle parte del pecho de su traje.
El duro material se resistía a separarse, pero él era más fuerte que eso y la adrenalina que impulsaba sus venas, así como la necesidad imperiosa de protegerse y proteger a Tony, ganaron esa pulseada.
Tony se removió furiosamente pateando y golpeándolo, luchó con todo y más. Se aseguró de morderlo, escupirlo e insultarlo. Peter sentía que estaba teniendo la más salvaje de las prácticas, si no fuera por la inusual fuerza que mostraba.
— ¡Tony no quiero enseñarte quien manda! —jadeó esquivando un golpe que lo hizo poner los ojos en blanco— ¡Pero lo haré S-sí no! ¡Joder para ya de una vez! —le gritó ahogando un quejido cuando le golpeó los testículos.
Malnacido infeliz.
— Los golpes bajo la cintura te quitaran puntos —se quejó con la voz fina.
Tony sin animosidad para bromas, le asentó otro golpe y casi lo derriba si no fuera porque esquivó parte de este a último momento, terminando de arrebatarle partes del traje.
La lucha libre continuó y perduró lo suficiente para que cuándo logró dejarlo sin una pieza de armadura, tuviera el labio inferior partido y unos cuantos golpes más grandes en las costillas. Cada bocanada de aire sabía a sangre y dolor. Elevó el marcador y llevó a tres la costillas rotas. La sangre chorreaba desde su boca y no se molestó en intentar evitarlo. Seguir tratando de tragar esas cantidades le empezaba a dar náuseas. Sabía que su aspecto tenía que ser deplorable y el metálico sabor se había perdido dentro de su boca, mezclándose tanto con su propia saliva que le resultaba irreconocible. Las heridas, a esa altura un acumulo increíble, dolían y palpitaban bajo capas del miedo y angustia. Respirar era un trabajo difícil y sólo ayudaba a corroborar que algo dentro de él se había roto.
Podía tener más fuerza o mejores reflejos, pero Tony era un formidable rival. Uno que era una particular debilidad para él en específico; ya que perdía tiempo y eficacia buscando la forma de que cada uno de sus golpes fuera certero, pero no muy duro y mucho menos letal. Luchar intentando hacer el menor daño posible no era fácil, no cuando tú atacante no mostraba la misma delicadeza.
Tony la llevaba peor en cualquier caso, estaba enredado en un montón de telarañas y respiraba duramente mirándolo con odio. Y eso, sólo eso, dolía más que cualquier golpe que luciera en su cuerpo.
Estudiándolo detenidamente se dio cuenta que casi no quedaba nada de él. Se lo veía absolutamente consumido, ojeroso, con los ojos inyectados de sangre y sus manos tenían un tic nervioso impropio del hombre que era. Que es, se corrigió obstinado. No sabía qué estaba pasando y sabía que el ataque de pánico iba a llegar, de un momento a otro si no es que el frío que empezaba a subir por su espalda no era un aviso de otro invitado a la fiesta, así que se esforzó por recordarse que aún no podía desmoronarse.
«Desde que todos intentan acabar conmigo» había dicho. No tenía idea quién era todos pero la respuesta no tenía que ser buena si lo había golpeado de aquella forma.
— Tony. Habla conmigo. —pidió por millonésima vez— ¿Quién intenta acabar contigo?
Su pareja volvió a su recientemente habitual hermetismo y él a desesperarse. Se intentó recordarse que habían avanzado un poco. No es que le gusta cómo consiguió sacarle cinco palabras. Temía por su integridad corporal si esa iba a ser la forma de hacerlo hablar, pero algo debía funcionar y ese día había agotado el límite de veces para hacer aquello como adultos sanos. En cuanto alguien viera como quedó el taller iban a impedirle seguir haciendo aquello a su manera.
Esperó pacientemente pero los ojos de Tony iban y venían en todas direcciones menos a él. Peter se había alejado unos pasos intentando entrar en su campo visual, pero claramente no iba a lograrlo. Se volvió a acercar a su maltrecho cuerpo y esa vez los ojos de Tony se clavaron en los suyos. Lo enderezó cuanto pudo y lo apoyó en una de la pocas paredes que se mantenían en pie. Luego del espléndido ataque que le había dado antes de que lograra arrebatarle la parte de arriba de su armadura, solo la que estaba a espaldas de Tony lo logró sin ninguna fisura.
— Dímelo —pidió agachándose frente él alzando las manos en clara rendición.
Alterarlo sólo iba a complicar más las cosas y no podía ni pensar en ponerle una mano encima.
La mirada whisky se posó en él otra vez y por primera vez en un largo mes Peter sintió el peso de ésta sobre él. Las emociones se revolvieron en su interior y el miedo se desplazó para dejarle todo el campo del mundo al dolor. No era su Tony. Parecía, lucía como él, pero no lo era. Lo miraba con recelo y odio; lleno de una furia que no entendía de lógica. Jamás había sentido tanto desprecio por parte de otro ser humano y jamás pensó sentir semejante displicencia por parte del hombre que juró amarlo cuando le entregó toda su vida.
— To-Tony —musitó sintiendo como esa sola mirada dolía más que cada ingrato golpe.
— Tú —farfulló mirándolo con desprecio antes golpearle con la cabeza en la frente.
Aulló dolorido y se alejó dos pasos maldiciéndolo. Quiso patearlo, para que viera lo mucho que dolía un golpe así, pero se obligó a recordar que ese no era Tony. Su Tony. Ese Tony era algo que aún no podía descifrar, pero por seguro que no era su Tony. Intentó estudiarlo unos segundos y determinar a quién tenía enfrente, pero este lo escupió con desprecio antes de volver a estallar en contra de las telarañas entre insultos y quejidos.
— ¡Tony te lastimaras! —se quejó volviendo a inclinarse sobre él para detenerlo, ganándose otro puñetero cabezazo en el mismo lugar.
— ¡¿Que rayos te pasa?! —gruñó apretándose la frente intentando frenar la sangre que ahora caía sobre su ojo casi, saboreando la frustración del momento—. ¡Yo no quiero acabar contigo! —le espetó aguantándose una queja—. No quería en cualquier caso. —se quejó soltando un suspiro— Ya no estoy tan seguro, cariño. —farfulló manteniendo la presión.
— Todos quieren acabar conmigo —repitió y así de simple su molestia se esfumó.
Otro escalofrió lo hizo alzar el rostro y cuando empezó a repetir aquello como un mantra satánico, Peter supo que todo iba ser mucho más difícil de lo que esperaban.
— Todos quieren acabar conmigo, todos. Todos quieren. Todos quieren destruirme... todos...
Boquiabierto, sintiendo que todo su cuerpo se congelaba, lo miró estupefacto. Dios, esto es mucho más grave de lo que alguna vez pensamos Rhody se dijo sintiendo como la angustia empañaba sus ojos y oprimía su garganta.
— Tony, amor, nadie quiere acab-
— ¡Todos quieren! —lo cortó volviéndose a estirar en su dirección deseoso de atacarlo.
Con miedo a esa desquiciada mirada retrocedió un paso, y pese a que sabía que atado de esa forma no iba a poder hacerle daño, mantuvo la distancia.
Si solo fuera alejarse podría hacerlo, pero aquello dolía. Dolía porque no entendía que podía pasar con él. Mucho menos entendía que pudo haber hecho para que creyera que él podría traicionarlo. Intentó repasar rápidamente las últimas horas, las últimas semanas y nada parecía cuadrar con la idea de que él lo podría traicionar. Él, entre todo el mundo. Justamente Peter que dejó en claro mil veces cuanto lo amaba y qué tan dispuesto estaba a dejarlo todo por él.
— ¡Todos quieren! —le gritó alzando la mirada hasta sus ojos, alejándolo en un santiamén de sus pensamientos— Todos quieren algo de mí... —susurró bajando la voz, mirando en todas direcciones lleno de aprensión y desconfianza.
Peter sintió un sudor frío humedecer su cuello, deslizando la mirada donde Tony la posaba. Había creído que miraba a todos lados buscando algo con lo que tirarle o una forma de escapar, pero mirándolo detenidamente, se dio cuenta que Tony parecía estar mirando a otras personas. La altura a la que sus ojos se posicionaban, el ligero temor que estos desprendían, la absurda voz con la que susurraba una y otra vez que todos querían algo de él, la forma en la que se encogía como si se alejara de alguien, cuando era obvio que sólo él se hallaba ahí, eran solo unos de los marcadores más obvios para defender esa idea.
— Tony, Tony... sólo estoy yo. Vamos dime, dime quien quiere lastimarte. —lo vio correr la cara con incredulidad y volvió a la carga. Maldición, hacía una vida no tenía su atención— Soy yo Tony, Peter. —susurró a la carrera, sosteniéndolo por sus mejillas para que no corriera la vista por más que lo intentó.
Se obligó a no sentir el dolor que le produjo verlo alejarse de sus manos como si quemaran, pero sosteniendo mejor su rostro, se acercó un poco más.
— Sabes que yo jamás te lastimaría, nunca dejaría que nadie te toque... —le recordó ganándose un poco de recelo por su parte, pero al final dejó de intentar separarse de él— Dime, ¿quién quiere herirte?
Los grandes ojos marrones se posaron en él y pudo verlos desenfocarse ligeramente antes de parpadear perdido, pero extrañamente, calmado por primera vez. No está todo perdido. pensó sintiendo una tenue esperanza florecer en su pecho.
— Dímelo Tony, confía en mí. Sabes que yo puedo protegernos. Puedo cuidar de ti si lo necesitas. Yo jamás te lastimaría, somos uno ¿recuerdas? —preguntó con el corazón en un puño— Eres mi vida amor, tú me lo dijiste, nada cambió desde ese día. Vamos, dímelo, ¿quién intenta hacerte daño?
Tony lo estudió en silencio, meditando sus palabras. Sentía la necesidad de añadir más cosas, de jurarle una y otra vez lealtad, pero éste inclinó la cabeza como si sopesara su oferta. Peter mantuvo unos segundos los ojos cerrados encomendándose al Dios que estuviera dispuesto a acogerlo bajo su protección. Si conseguía convencerlo de que él era su amigo, podría ponerlo a salvo. No sería de extrañar para nadie que se tomaran unas vacaciones. Lejos de todo el mundo llamaría a Rhodes, a Happy y a Pepper, tendría que hacer que Visión los acompañe, su fuerza podría serle falta, así como su inteligencia. Entre los cinco conseguirían curarlo, hallarían la forma de hacerlo funcionar. Eran familia, ellos darían su vida por Tony y eso tenía que contar para algo.
— Vayámonos —le dijo de golpe y con urgencia.
Tomado por sorpresa, Peter vaciló unos instantes. ¿Le había leído la mente? ¿Quería irse con él a algún lugar solitario y apartado de todo para curarse?
— ¿Disculpa?
— Vamos Peter, vayámonos. Salgamos de aquí —masculló en un susurro roto mirando sobre su hombro preocupado— Vayámonos de aquí, tengo un lugar... allí no darán con nosotros. Podría ser... si... no, bueno... ¿Tienes tu traje? —Peter sonrió y negó ausente sintiendo las lágrimas acumularse en sus ojos; en ese momento se hallaba sentado en la primera fila del funeral de sus esperanzas. Ahora quería arrastrarlo a aquella locura— No importa, ya verán... —gruñó alzando la mirada a sus ojos— Los acabaremos Peter, no podrán con nosotros. No podrán conmigo...
Sin fuerzas para luchar, para creer o soñar, Peter habló sin pensar:
— Tony, nadie quiere hacerte daño... Saben que no pueden —masculló con impotencia.
Tony entrecerró sus párpados hasta volverlos dos duras líneas, por las que apenas lograba entrever sus ojos y para nada se sintió mejor. El rencor y el odio le golpearon con fuerza las entrañas desestabilizándolo. Lo había vuelto a perder.
— Tú estás con ellos —le espetó fríamente, enderezando para volver a poner distancia entre ellos— Tú eres parte de esto... quieres algo, algo... como todos los demás.
— Tony no hay un demás... ni siquiera piensan en tocar tus cosas, sabemos que dejaste atrás tus épocas del jardín. —murmuró sonriéndole de lado.
Se esforzó por hacer su sonrisa, esa que Tony odiaba por amar tanto; La responsable de que lograra salirse con la suya la mayoría de veces. Recordar en ese momento era una contraindicación para su cuerpo, el dolor que le causaba arrasaba con todo en su interior y corría riesgo de desmoronarse si se hundía mucho en él, pero oficialmente, aquello lo superó e iba a intentar lo que fuera. Tony le había admitido que esa sonrisa podía con él mientras se hundía lentamente en... Peter cortó bruscamente el impropio y doloroso recuerdo antes de dejar que este lo trasladara a una suave cama donde el amor y la pasión lo habían consumido y elevado. Definitivamente, ese no era el momento para recordar lo que era sentirse amado y poseído.
— Deja de sonreírme —se quejó Tony sin inmutarse— No confío en ti... eres parte de esto Parker.
Peter dio un respingo ante el asco con el que entonó su nombre y se acercó un poco más a él dolorido. Técnicamente de rodillas frente a él, volvió a sujetar su rostro hablándole con firmeza y seriedad.
— Vamos Tony, sabes que antes de traicionarte me mataría. Te amo. No puedo herirte.
— ¡Deja de mentir! —le gritó furioso— Deja de decir mentiras. Estás con ellos. Me quieren acabar... ¡Diles que no podrán Parker! ¡No los voy a dejar! ¡¿Me oíste?! ¡No los pienso dejar!
Peter contempló la escena sintiendo que su mente se alejaba kilómetros de su cuerpo. Algo se clavaba fría y dolorosamente en su corazón. Tan profundo que sentía como este se desgarraba sin poder defenderse. Apretó los labios y volvió a inclinarse frente a Tony mientras este era consumido por su ira seguía insultándolo, seguía acusándolo. Junto aire y pese al dolor que empezó a envolverlo, alzó la mano y le dio vuelta la cara de una bofetada. Su mano picaba ligeramente, la bilis amarga saturó sus papilas gustativas y con asco sintió la sangre mancharle la mano, pero Tony había cerrado la boca.
Apoyó las manos en el amplio pecho y su cabeza cayó sobre el hombro de Tony. Su pareja seguía en silencio, quieto, sintiendo que su pecho se rompía en mil pedazos supo que con miedo. Un sollozo escapó de su control. Rhody iba a entrar si no lograba arreglarlo él y por nada del mundo podía dejar que aquello pasara. Nadie iba a ser benevolente con Tony y no podía permitir que se lo llevaran lejos, no mientras él no diera con la droga que Tony consumió. Porque nada justificaba aquello, sólo un experimento que salió muy, muy mal podía justificarlo. Quizás una toxina, no tenía idea, pero algo había afectado a Tony y no confiaba en nadie para tratarlo en ese estado.
— Lo siento —susurró aferrándolo con fuerza cuando la histeria al fin apareció para jugar con su mente—. Lo siento mucho, pero tienes que reaccionar. —suplicó— No puedo dejar que te vean así. —alzó la vista y pese a que las lágrimas le empañaron los ojos, vio la vieja mirada de Tony estudiarlo detrás de sus párpados—. ¿Amor? —susurró aferrándose a su cara esperanzado— Amor, por favor, quédate conmigo —jadeó enderezándose sobre sus rodillas para apretar su rostro y acercarlo a él.
Inspiró el suave jadeo que Tony soltó y sollozó con más fuerza al ver que este no se alejó, al contrario, inclinó el rostro contra sus manos. ¿Lo tenía? Sus manos temblaron acariciando sus labios cuando estos se separaron lentamente.
— Quédate conmigo ¿sí? No me dejes... Recuerda... recuerda cuanto te amo. ¿Puedes?
Tony se estiró levemente y por la fuerza de la costumbre cuando su boca se cerró sobre la suya lo beso lentamente. El salado regusto de las lágrimas que ya no pudo contener humedeció su lento beso, pero eso no tenía relevancia para Peter, no en ese momento. Lástima que Tony tenía mejores planes que besarlo.
Los dientes se clavado con fuerza en su labio inferior y pese a que el dolor era fuerte, el saber que lo había perdido era peor. Sin contener el llanto, intentó zafarse, pero las manos de Tony lo sujetaron con fuerza y lo derribaron al piso de un golpe seco que le quitó el aire de los pulmones. Las lágrimas no dejaban que viera claramente, pero la sangre, su sangre en la boca de Tony goteó sobre su mejilla cuando éste se subió sobre él para golpearlo duramente. Luchaba por que lo soltara, pero pese a tener fuerza de sobra, Tony se le escurría dejando una lluvia de golpes que le impidieran recuperar el aliento y se alejaba justo antes de que lo alcanzara a tocar.
— Deja de pegarme —gimió rodando en el piso para escapar de uno de sus puños de acero.
Pese al desconcierto inicial, se dio cuenta muy rápido como se había liberado. La maldita manopla, se había olvidado por completo que se activaba del reloj que el mismo le ayudó a construir; No porque necesitara ayuda, sólo porque le estaba enseñando.
Con impotencia vio la brecha que Tony dejó en un descuido y se escurrió de sus manos. Pero Peter estaba golpeado, estaba asustado y lleno de terror. No pensó en lo que hacía. Solo quería alejarse del dolor, de dolor corporal y emocional que significaba sentir como la furia de Tony se golpeaba una y otra vez contra él. No pensó en lo que hacía, gateó lejos del dolor como si fuera que Tony no fuera un diestro peleador. No llegó a alejarse más de unos escasos centímetros cuando lo sintió pararse a su espalda con unos reflejos imposibles. Intentó alejarse, intentó saltar, pero todo quedó en un intento. Arrastrándose como un animar sobre sus rodillas Tony lo atrapó por uno de sus pies y lo volteó de una dura patada en su abdomen. Escupió sangre sobre el rostro demacrado cuando este volvió a subírsele encima y le gustaría poder decir que lo hizo por furia o despecho, pero solo fue dolor. Una de las rodillas de Tony se había clavados sobre las costillas rotas y mientras su mano con la manopla se cerró en su cuello, la otra le dio vuelta la cara de otro golpe.
Lo estudió con el miedo quemando sus pulmones. Tony se fue deslizando por su cuerpo hasta quedar sentado en sus caderas y mientras lo sostenía del cuello, aumentado la presión cortando el aire que intentaba respirar, lo miraba enloquecido.
— Así no podrás volver a traicionarme —susurró lleno de furia sacudiéndolo lo suficiente para golpearle la parte trasera del cráneo contra el suelo.
— T-tony... —jadeó sintiendo las yemas de los dedos quemar la piel al ver su agarre aumentar— Ne-nece-sito aire...
— Tú me quieres matar —masculló aferrándolo con más fuerza.
Sin poder evitarlo empezó a toser y jadear con fuerza buscando aire. Sentía las lágrimas correrle por el rostro pero estaba indefenso. Lo iba a matar, cómo podía ser, cómo podía simplemente olvidarse de quién era, de qué eran. Intento pelear para bajarlo, pero la mano seguía y seguía aumentado la presión y las paredes de su garganta no pudieron aguantar el dolor.
Fue cosa de segundos para que su cerebro empezara a embotarse. Clavó su mirada en aquellos ojos whiskys y en lo único que pudo pensar fue en lo increíblemente irónico que era todo. Él hubiera dado la vida por defender a la misma persona que en ese momento intentaba arrebatársela, y a pesar del dolor, sabía por debajo de esos ojos llenos de desprecio se hallaba el hombre por el que estaba dispuesto a morir luchando.
— Jamás —jadeó con el poco de aire que le quedaba, cuando sus brazos le empezaron a pesar tanto que cayeron inertes sobre su pecho.
Vio las marcas de sus dedos en el brazo y lo único en los que pudo pensar fue en otra disculpa silenciosa. Cada herida que le causaba a Tony le dolía más a él mismo.
Pronto eso dejó de ser importante, su visión se fue oscureciendo y lo último que vio fueron esos preciosos ojos castaños que tanto amaba estudiarlo por última vez. No sabía si era el deseo o su inconsciente regalándole un segundo de clemencia, pero juraría que eran los mismos de siempre; Desbordando ese mudo amor.
Cumplí mi promesa, di mi vida por ti. pensó por última vez antes de que oscuridad lo tragara.
— ∞ —
Peter soñaba que comía fuego. El calor insoportable se iniciaba en su faringe y descendía lentamente por la laringe arrancándole lágrimas de dolor hasta que su tráquea entera estaba en carne viva. Sentía como el calor lo consumía, lo respiraba, lo envolvía, lo cegaba. Era fuego y mierda que dolía. Peleó por despertar y por un segundo creyó que ardía en el infierno hasta que al fin sus ojos se abrieron.
Por un momento, por un hilarante momento no supo quién era. El destello de un dolor sordo y generalizado lo atravesó y volvió a cerrar los ojos. Era un bastardo sin suerte, ese era.
— No hables, Peter. —le advirtió una voz familiar y rasposa.
Parpadeó intentando mitigar la punzada que lo cegó en cuanto sus ojos se abrieron y la blanca luz los lastimó. Peter era. Con el conocimiento llegó el dolor y deseó poder sumergirse en el olvido otra vez.
Como él y las órdenes no hacían buenas migas, menos aquellas que lo mandaban callar, lo intentó de todos modos. Hablar era fundamental en su día a día, así que abrió la boca y se dispuso a hacer uso de su fama de chiquillo terco.
Tan pronto como separó sus labios los cerró sintiendo las espesas lágrimas caer cuando un dolor agudo lo dejo casi inconsciente.
— Te dije que no lo hagas. —suspiró Rhody a su lado, llevando una de sus grandes manos a su brazo. — Casi te fracturó la tráquea. Vas a estar unas horas sin poder hablar. Casi diríamos que es irónico que luego de asegurarse que no hables por un rato se larga, pero creo que el momento de los chistes puede esperar.
Gimió internamente y giró la cabeza cuanto el maldito collarín le dejó. Rhody lucía todos los años que tenía e incluso más. Su semblante era frío y en algún punto eso era peor. Nunca lograba mantenerse así de estoico cuando era Tony el que se metía en problemas. La indignación y el miedo podían con él cuando su mejor amigo hacia algo que no aprobaba, y verlo allí sentado, emanando esa fría determinación era más desconcertante que el hecho de que Tony lo dejó mudo.
— Mira, vas a tener que hacer caso ¿entiendes? Casi te mata, tienes tantas heridas que tuve que hacer lo imposible para evitar que Pepper llamara inmediatamente a S.H.I.E.L.D.
Abrió los ojos asustado, y pese al feo dolor, empezó a negar con la cabeza. Eso era lo último que debían hacer.
Tony había desafiado a S.H.I.E.L.D. por él, por su relación. Sabía que no le perdonaban su arrogancia de creer que podía estar haciendo lo que fuera y dejándolos en ridículo cuando con mucho orgullo y descaro le dijo al mundo que no sólo era homosexual, si no que hasta tenía un novio con olor a menor de edad. S.H.I.E.L.D. había dicho que no lo haga, que la imagen de la agencia era mala y un casi pedófilo no les iba a ayudar. Ese fue el momento en que lo perdieron, Tony les sonrió con altura y en media hora tenía una rueda de prensa con él a su lado.
S.H.I.E.L.D había tenido que salir a respaldar a su Superhéroe de cabecera alegando que Peter y sus diecisiete años no eran ser menor y pese a que había logrado la emancipación legal y según la ley era mayor de edad y responsable de su vida, la población se lo tomó mal. S.H.I.E.L.D no olvidó. Por eso Tony trabajaba para ellos, buscaba calmarlos al darse cuenta, muy tarde, que la agencia podría ser un dolor de cabeza, pero era un verdadero dolor de trasero al tenerlos en su contra.
Esa era la oportunidad con la que habían soñado desde Ultrón, deshacerse de Tony. Si él era malo para seguir órdenes, Tony era un imposible. Directamente creaba unas nuevas, lo más opuestas a las que le dieron, y conseguía quien luchará a su lado.
— Tranquilo —dijo Rhody volviendo su pesada mirada en su dirección— Happy la tiene controlada, por ahora.
La silenciosa advertencia que subyacía en ese por ahora no lo calmó en lo absoluto.
— Mira Peter. Estamos solos en esto. —el miedo en su voz fue palpable y eso solo logró intensificar su propio temor.
Solos.
La desesperación había abierto campamento en su cabeza y el ataque de histeria por fin se hacía presente en todo su esplendor. Las posibilidades que tenía se redujeron a cero, Tony estaba lejos de su alcance y el peligro que los dos corrían era tan real como el dolor que en esos momentos lo tenía preso. ¿Qué iba a ser de ellos? ¿Cómo iba a mantenerlo con vida? ¿Qué sería de él si Tony moría? No podía permitirlo, no podía verlo morir. Debía hacer algo, pero qué era la pregunta base. Tony, tenía que hallarlo, atraparlo y esconderlo. Ya pensaría en como contenerlo luego de atraparlo. Ni que hablar de cómo lo curaría. ¿De qué debía curarlo?
— Quizás Visión este de nuestro lado, Happy lo intenta, pero Pepper lo controla... Maldita la hora en que se casó con ella—agregó frustrado ajeno a las mil preguntas que en su mente se formaban—, pero no tenemos tiempo para recordarle lo que son un par de pelotas. ¡Peter!
Sorprendido, saltó en su lugar y asintió obligando a su mente a dejar de girar sobre sí misma y centrarse en las palabras que llegaban lejanas a sus oídos. Era fundamental que escuchara a Rhody, tenía que controlarse, pero Tony se había escapado, había huido y teniendo en cuenta lo poco que le afectó atacarlo, podía decirse que todos estaban metidos en un lío descomunal. Tony como principal, pero todos ellos como actores secundarios de su vida.
— Peter —dijo Rhodes percibiendo su descontrolada mente—, Tony no tiene nada de tiempo. Estuviste inconsciente media hora y eso le bastó para atacar a la defensa de Estados Unidos. Lo buscan el FBI, la interpol... Peter cualquiera que trabaje para el gobierno lo busca. S.H.I.E.L.D. más que nadie, pero de momento, gracias a Dios, ese grupo de inadaptados está dando vueltas en círculos.
Sus ojos se cerraron pasmados, sospechaba que eso iba a pasar. El estado de alteración de Tony era un indicador más que exacto y no le extrañaba en lo más mínimo que creyera que todos era el maldito gobierno. Su paranoia era ancestral.
— Peter mírame —lo urgió Rhody—. Peter, tienes dos malditas horas para descubrir que es lo que está mal. ¿Podrías? —preguntó mirándolo con toda la esperanza que era capaz.
Asintió lentamente, la sangre de Tony debería seguir en el piso del taller, un examen toxicológico iba a tardar, pero algo era algo.
— Todavía me quedan contactos, pero vamos a necesitar lo que encuentres para darle tiempo.
Lo miro angustiado pero volvió asentir. Bien. Enfocarse. Debía descubrir que tenía Tony. Sin él cerca no era fácil de diagnosticar, pero si solo buscaban tiempo, un medio diagnóstico ayudaría.
— Peter... hay algo más. Pepper. Ella... ella quiere decidir sobre el proceder a partir de ahora. Le advertí lo que dice el testamento, pero no quiere entender. —la mirada llena de furia que le lanzó hablaba por sí sola; ya había peleado con Pepper— Sigue sin escucharme, pero tú eres el apoderado de Tony, tú velas por su seguridad y sus bienes, decides por él. Lo siento hijo, pero vas a tener que pelear por él. Ella no va a hacerlo fácil, se asustó cuando te encontró, pensó que habías muerto. Cree que Tony perdió la cabeza y está convencida de que si tú no pudiste frenarlo, nadie podrá. Cree que es peligroso y... y lleva la razón.
Pese al dolor de su cuerpo se sentó en la cama con calma. Sentía las manos de Rhody intentar frenarlo, pero se las sacó de encima de un manotazo. La locura que consumía su mente pasó a un segundo plano y después de pasar saliva, lo que sólo le provocó una llamarada de dolor, como pudo habló.
— Me... soltó. —jadeo sintiéndose morir del dolor.
— Sólo por eso estoy aquí. Vi el vídeo. Lo vi. —repitió más para sí mismo que para él— Él está ahí adentro. No sé qué tiene Peter, pero él luchó por soltarte. Tenemos que traerlo de regreso.
Meneo levemente la cabeza ante esas palabras, tenían que hacerlo.
Él iba a hacerlo.
Tenía qué.
