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Todo había comenzado desde que, tanto Jimin como Jungkook, tenían memoria. Sus madres se habían conocido cuando estas eran jóvenes, compartiendo una amistad que a través de los años sólo logró reforzarse, volviéndose una amistad dura de roer. Una amistad de las pocas que suelen ser tan puras. Así, Park Joung Mi y Jeon Sun Hee juraron estar una para la otra, sin importar que. Crecieron, conocieron a sus actuales esposos, formaron sus familias y compartían el mismo vecindario.
En cuanto el pequeño Jimin cumplió su primer año y Jeon Jungkook vino al mundo, las dos mujeres con mucha emoción esperaron a que ambos niños formaran tal amistad como la de ellas.
Sin embargo, fue todo lo contrario.
En cuanto ambos pequeños comenzaron a crecer e ir a la misma guardería, misma escuela y prácticamente misma casa (los matrimonios Park y Jeon eran inseparables), entre Jimin y Jungkook existía una gran brecha de opiniones, gustos y personalidades. Jimin era un niño tímido, bueno y obediente, casi como un angelito. Sólo que muy dentro de él existía un atisbo de travesura que lo incitaba a sacar de las casillas a Jungkook sólo porque no le caía bien; y Jungkook, el delgado pelinegro no era más que un fan de los videojuegos desde que tuvo su primer consola. Él era un poco más extrovertido que el rubiecito, pero siempre metido en su mundo con sus cosas, cosas que no quería que nadie tocase.
Ahí iba otro conflicto.
Cada dos o tres días, la madre de Jimin y la madre de Jungkook visitaban la casa de la otra, turnandose. Nadie sabe de donde lo heredó, pero Jungkook poseía una posesividad que no le importaba demostrar y Jimin se aprovechaba siempre de eso. Hacer enfadar al menor cada vez que tocaba sus juguetes le hacía sentirse satisfecho interiormente, esa era su arma fuerte cuando Jungkook lo molestaba por ser mas pequeño físicamente.
Si Jimin molestaba a Jungkook, este se encargaba de hacerle llegar el karma, y viceversa. Un círculo vicioso, sin fín.
El escarmiento era el pilar de la no relación amistosa entre Jimin y Jungkook. Incluso cuando fueron lo suficientemente mayores.
[❆]
Aquel día un aura distinta a la de cualquier otro día lo rodeó en cuanto cruzó la puerta de la Universidad. Sabía que era el centro de atención de todos los estudiantes, no sólo por su cuerpo y rasgos envidiables, sino también por la gran relación que compartía con Park Jimin, siendo así los dos chicos más llamativos; uno adorable y el otro tatuado, uno mas alto y fuerte y otro mucho mas bajito y dócil; como el día y la noche, Jimin y Jungkook no habían cambiado.
Y hablando de eso, el rubiecito aún no hacía acto de presencia para molestarlo, así que el pelinegro estaba seguro de que la broma de hace días atrás lo había dejado resentido.
La cosa fue así: hace un par de días Jungkook fue pacífico, no dio lugar a peleas, desde el punto de vista de Jimin tal vez era por aquella chica que le hacía compañía a Jungkook, que por cierto, aquella mañana había llegado con Jungkook. Jimin pudo verlos muy amistosos en unos de sus recorridos al baño, en un pasillo, y el menor mantenía una sonrisa en sus labios que iba dirigida a esa mocosa de primer año. Oculto detrás de una pared, apenas se veían los ojitos de Jimin asomados cuando su ceño se fruncio al presenciar una evidente cercanía entre los dos muchachos.
Cada día, cada hora y también los minutos Jimin recibía la atención exclusiva de Jeon Jungkook, porque desde siempre se habían mantenido juntos sólo para dejar en claro sus diferencias y cuanto se sentían en disgusto el uno con el otro. Sin poder evitarlo algo los unía, y era inevitable para el más bajito sentir un poco de ira cuando Jungkook no le dirigió la palabra. Incluso podía enseguida detestar a Ji-eun. Por eso decidió, sin pensarlo, ahuyentar a la fémina de los brazos de Jungkook.
Su gran idea, fue enviarle a la pelinegra una serie de fotos de Jungkook durmiendo, sin camisa. Las había tomado cuando Jungkook se quedó dormido en el sofá de su propia casa y Jimin con su madre habían ido de visita. Sus caras eran graciosas cuando dormía, así que. Su objetivo fue dejarle, después de las fotos, un simple mensaje con ayuda de Taehyung, su mejor amigo, quien le había dicho que Jungkook llevaba tiempo detrás de Lee, lo que empeoró su temperamento.
"Jungkook está comprometido, Lee, alejate de él."
Jimin lo leyó y su rostro se coloreo, preguntándole a Taehyung si no era mejor escribir otra cosa.
-Sólo envíalo, Jiminnie, será divertido.
Con un suspiro saliendo de sus regordetes labios, Jimin presionó el icono de envío con su pequeño y tembloroso dedo, sin esperar una respuesta, sabía que no iba a recibir una.
Lo que no sabía, era que ese mismo día, en la cafetería y frente a todo el mundo, Lee le daría un bofetada a Jungkook, por mentirle. Fue fácil para Jungkook saber el culpable, pues desde varias mesas lejos un Jimin sorprendido y nervioso presenció la situación.
Jimin tampoco contaba con que al otro día en las paredes de los pasillos de la Universidad, alguien hubiese pegado fotografías de su infantil cuarto, fotografías de su ropa interior y de un objeto que claramente no era de él y no sabía que era, pero que con letra conocida se aclaraba que era del rubiecito. Aquello demostraba que Jungkook verdaderamente estaba resentido.
-¿Q-qué...?
-Esto es malo, Minnie -apareció Taehyung observando a algunos (varios) reírse de Jimin, su pequeño amigo estaba sonrojado hasta las orejas- ¿de verdad usas bragas y tienes un vibrador?
-¿U-un qué? -murmuró confundido.
- Nada, enano, nada -suspiró. A medida que más avanzaban más personas se reían y lanzaban cometarios lascivos que Jimin no entendía muy bien, sólo se encogía en su lugar- esto no debe quedar así, Jiminnie, Jeon pasó la raya.
Dicho eso, Kim pasó su brazo por los hombros de su amigo e insultando a quien se burlaba de él.
Durante todo el día sólo vio a Jungkook dos veces, y estaba inexpresivo, posiblemente todavía enojado y Jimin no entendía por qué; sólo era una mocosa que buscaba estar con Jungkook por conveniencia, eso creía, ¿por qué se enojaba con él? Eso lo llenaba de ira al rubio también. Por eso accedió a una idea de Tahyung, que organizaria el castaño mismo y sería una sorpresa.
Así que, volviendo a la actualidad, había pasado casi una semana de todo eso, y Jungkook mantenía su ceño fruncido mientras le buscaba lo divertido a su vestuario, ya que no entendía la razón por la cual comenzaron a reírse de él en cuanto ingresó por la puerta de la Universidad.
-¡Oye, Jeon! -Min Yoongi le llamó la atención desde unos metros- ¿ya resolviste tu problema? -rió contagiando a los demás, chocando puños con algunos.
-¿De qué hablas, Min? -preguntó acercándose al más bajo, con el ceño fruncido. Desde que conoció al rubio ceniza no sé habían llevado del todo bien, así que supuso que sólo buscaba molestar.
- Ah, no lo niegues, ya todo el mundo lo sabe -miró la mueca confundida del otro y suspiró- sobre tu problema de virilidad, Jeon - sonrió con burla, susurrando después- ¿qué se siente no poder tener una erección, Jungkook?
Se alejó riendo junto a su grupo, y el rostro del pelinegro se deformó, ¿qué diablos está pasando? Miró su entorno encontrando muchas miradas acusatorias, y fue en busca de la primera persona que se le ocurrió, en el primer piso.
Vio a Namjoon cerca de los baños e ignorando algunas burlas se dirigió a su amigo con rapidez.
-¡Kim!
-¿Qué mierda está pasando, Kook? -fue lo primero que pudo decir, agarrando al menor del brazo para entrar al baño y tener privacidad.
-¡No lo sé! Alguien dijo algo sobre mí, estoy seguro -se recargó en el lavamanos.
-Claramente fue Jimin, pero-
-¿Qué? -murmuró, mirándolo. Este le devolvió una mirada obvia.
-Fue Jimin, ¿no lo sabías? A él le debes el crédito de tu supuesto problema entre las piernas, Jeon, se encargó de que todos supieran que no puedes...ya sabes -terminó con un ápice de risa.
A Jungkook le tembló la mandíbula, tensando cada uno de sus músculos y sintiendo sus venas calentarse lentamente, como si fuese a explotar en cualquier momento y claramente era una bomba de tiempo para quien se le cruzara. Nunca, ni él ni Jimin habían cruzado tal límite, de destruir así el orgullo del otro.
Sin duda aquello fue un duro golpe a su masculinidad, dignidad e incluso a su integridad como estudiante porque sabía que no viviría en paz el resto de su carrera ahí dentro.
El escarmiento era el segundo nombre de ambos, y Jungkook lo tenía más presente que nunca.
La pequeña mierda iba a pagar por eso, oh, claro que iba a ser así.
