Chapter Text
El anillo latía.
No iría tan lejos como para decir que tenía pulso, pero definitivamente había algo allí.
También estaba helado, como si sostuviera un trozo de hielo en plena California.
Tan pronto como el duende azul había hecho su acto de Gandalf de baja categoría se había esfumado, como si fuera producto de una alucinación… Pero Kyle se había fumado su último porro hacía días, sentado en el techo de su complejo de apartamentos, y ninguno de sus amigos le facilitaba su vicio.
Además, el anillo.
El puto anillo.
Se deslizó por la pared del callejón sin prestar atención a sus alrededores, porque ¿qué importaba que su mamá viera sus pantalones sucios de la orina de otros borrachos del club si tenía un anillo mágico extraterrestre en la mano?
Kyle era un chico simple.
Pasaba las tardes viendo animé y dibujando en su tableta gráfica, corría una cuenta de Tumblr llena de fanart y hacía comisiones a su tarjeta de débito.
Si tenía suerte, podría pasar los próximos diez años ahorrando para la matrícula de Calarts.
No tenía nada que ver con anillos mágicos o duendes azules.
¨¿Qué demonios?¨ susurró, hipnotizado por el anillo alienígena en su palma.
Y cuando el anillo se calentó en su palma, como si reconociera que estaba hablando de él, Kyle terminó de volverse loco.
Gritó y lanzó la maldita cosa hasta los basureros (espantando un par de ratas en el camino) y se largó a correr, como alma que lleva el diablo, a la parada de autobús.
Lo siguió a casa.
El puto anillo lo siguió por todo Los Ángeles hasta el apartamento de su mamá y lo esperó en su cuarto, tendido en su almohada de espuma como los chocolates en los hoteles de los ricos.
Kyle no gritó, sólo porque si había algo más aterrador que un anillo extrañamente persistente, era su mamá.
Pero lo que sí hizo fue tirar el anillo por el inodoro y luego llamar a Alex.
¨¿Un duende?¨ preguntó ella por la línea, en un tono que claramente no era el adecuado para la mierda extraña que estaba pasando.
¨El anillo me siguió, ¡Estaba en mi puta almohada!¨ susurró el chico, frenético, clavándose las uñas en el cuero cabelludo.
¨¿Se te apareció un duende mágico y tú te preocupas del anillo?¨
¨Te estoy diciendo que la maldita cosa tiene mente propia y decidió venir a mat-¨
¨Pero a ver, ¿hoy fumaste porros?¨
¨¡No estoy drogado, chingadamadre!¨ gritó el chico.
Y luego su pánico fue reemplazado por el miedo.
Su cara adquirió el mismo tono que las baldosas de las paredes.
¨¿Qué pasó ahora?¨ escuchó a Alex preguntar por la línea, pero se había sacado el teléfono.
El baño tenía una acústica excelente.
¨¡KYLE!¨
¨Me lleva la verga¨ maldijo el chico, antes de que Maura Rayner irrumpiera en el baño, llevando la furia de Dios y las madres trabajadoras sobre sus hombros.
Entonces, la cosa es que Kyle conocía bien a los superhéroes.
De pequeño, había caído como estúpido en todas las series hechas para obsesionar a los niños y hacer a los padres comprar muñecos- Pokémon, Digimon, Naruto, los Caballeros del Zodiaco, Mew Mew Power.
Si tenía un montón de diseños distintos, él los quería.
Por supuesto, su mamá no podía permitirse más de uno o dos por cada colección de muñecos (ni hablar de figuras buenas- nada de SHfiguarts para él), así que había encontrado la manera de suplir los huecos en sus colecciones dibujando.
Puede que no tuviera todas las evoluciones de Eevee en figuras de dos pulgadas, pero tenía cuadernos enteros de dibujos de ellos, ¡hasta había hecho un flipbook!
Dicho esto, obviamente que se había obsesionado con los superhéroes- ¡eran un equipo de guerreros con trajes y habilidades diferentes!
Así que cuando el chico comenzó a recibir comisiones, una de las primeras cosas que hizo fue ahorrar todo el verano para comprar la línea evolutiva del Primer Robin, edición deluxe. 15 articulaciones y una base para exponer, la capa era de tela.
Su mamá casi se infarta cuando le mostró el precio en su computadora, y más aún cuando el chico le entregó una bolsa de papel con 300 dólares y le pidió que lo comprara con su tarjeta para el descuento de su banco.
Por supuesto que quería ser un superhéroe… desde la perspectiva abstracta de un adolescente. La mitad de sus amigos fantaseaban con tener poderes, y los consejeros de la escuela estaban teniendo problemas para aterrizar las ambiciones de los estudiantes con tanta frecuencia que sus orientaciones vocacionales incluían una media hora de charla sobre porqué ¨ser un superhéroe¨ no era una carrera adecuada.
Todos querían ser superhéroes, esa era la norma.
La diferencia era que Kyle, con el duende de vestido rojo frente a él y un anillo alienígena metido en el culo, se dio cuenta de que realmente no quería eso.
El chico tuvo problemas para dormir. Un sueño irregular que le regalaba pocos espacios en la negrura absoluta sólo para bombardearlo con imágenes de capas rojas rotas, dedos partidos y un vacío en el estómago que sólo podía describir como la sensación de no tener nada bajo los pies.
Se despertó sobresaltado a las 6 de la mañana, sólo para descubrir el puto anillo a 3 centímetros de su nariz, flotando inocente en medio de una suave luz verde.
Kyle no lloró, pero estuvo a punto de hacerlo.
Se lo llevó a la escuela.
¿Qué más podía hacer?
Parecía la clase de cosas que hacían los chicos cuando se encontraban armas alienígenas.
Aún así, el nerviosismo lo hacía palparse el bolsillo de sus jeans de manera tan frecuente que estaba seguro que no menos de tres carteristas ya lo habían marcado como ¨probablemente lleva mucho dinero- posible objetivo de robo¨
(y bueno, tal vez estuviera deseando que se lo robaran… porque el anillo tal vez era como las varitas de Harry Potter, y si se lo quitaban por la fuerza cambiaría de maestro y lo dejaría en paz)
De cualquier manera, llegó a su parada de autobús con todo el contenido de sus bolsillos intacto y vagamente insultado por no haber sido robado.
O sea, si, probablemente tenía un letrero en la frente que decía ¨hijo de madre con dos trabajos que dibuja monas chinas en calzones para tener dinero de autobús¨, pero aún así no creía que estuviera tan en la mierda como para necesitar la compasión de los ladrones.
El puto anillo vibró en su bolsillo, y Kyle se atragantó con su café antes de obligarse a entrar a la escuela.
De no saber que era imposible, podría haber dicho que esa cosa se estaba riendo.
A mitad del segundo periodo, su maestra de química lo envió a la enfermería por estar, en sus palabras, demasiado pálido.
Recogió sus cosas con movimientos torpes, contribuyendo al semblante de preocupación de la sexagenaria, y saludó con la mano a Shane, que le lanzó un rápido ¨hablamos durante el almuerzo¨ antes de que Kyle se escabullera por la puerta.
Era un buen amigo, solía dejarlo prender porros en su cochera después de terminar la tarea de química.
El anillo se quedó inerte durante todo su examen, y sólo pareció revivir cuando la enfermera, de manera completamente seria, le preguntó si acaso consumía drogas.
¨Sólo marihuana¨ contestó el chico antes de poder morderse la lengua, y la enfermera chasqueó la lengua con fastidio, antes de masajearse las sienes.
¨¿Sabes que tendré que reportar esto?¨
¨Pero es legal¨
¨Para mayores de 21 años, Rayner¨
¨Uh… ¿mi hermano mayor fuma en nuestra habitación?¨
La mujer pareció tentada a pegarle con su portapapeles.
¨Te pondré en el grupo de revisión de mochilas. No traigas nada a la escuela o van a expulsarte¨ sentenció la mujer, lanzándole una aspirina. ¨a esta edad el THC puede joderte el desarrollo neuronal, no seas estúpido¨
¨Gracias señorita¨
¨Largo de aquí¨ lo despidió ella, y Kyle huyó.
Alex lo esperaba en su lugar habitual de almuerzo- esto es, prácticamente escondidos en las gradas de la pista de futbol, donde los deportistas no tuvieran excusas buenas para robar su mochila y partirle la tableta gráfica.
¨Ya no puedo traer porros¨ dijo el chico, dejándose caer al lado de su novia.
De alguna manera, la charla de las drogas y la revisión de su mochila habían cambiado su preocupación sobre el anillo alienígena a la posibilidad de ser expulsado de la secundaria.
Tal vez tendría que regalarle algo a la enfermera, algo como dulces- La había visto escarbar todas las fuentes de golosinas en la fiesta de Halloween, robándose todas las gominolas de los niños.
No cualquier enfermera le advertiría de las revisiones de mochilas… pero tal vez era sólo que estaba acostumbrada al nido de bandas y drogas que era Downtown.
¨Deberías avisarle a los demás que te saliste de la enfermería, estaban preocupados¨ dijo la chica, con las puntas de sus uñas haciendo ruido cada vez que tipeaba en su teléfono.
¨Enseguida¨ suspiró el chico, enviando un mensaje a su chat grupal. Luego, dio un vistazo a las gradas, vacías. ¨¿Y los demás?¨
Todo su grupo solía almorzar - los otakus, e-boys y k-popers debían mantenerse juntos.
Por alguna razón los nerdos y los trekkers los odiaban, lo que no era inteligente porque la comunidad friki debería estar unida para resistir la escuela secundaria, pero nadie parecía entenderlo.
¨Les dije que quería hablar contigo a solas, y ahora Carla piensa que vamos a terminar y Shane cree que estoy embarazada¨
Kyle parpadeó.
¨Vaya, eso es extrañamente específico¨
¨Pude haber insinuado algo¨ dijo ella, con una risita.
El chico se sonrojó.
¨Si mi mamá escucha eso me cortará las bolas¨
¨Bueno, necesitábamos tiempo a solas, ¿No?¨ dijo ella, con un gesto de la mano que hacía brillar su manicura de pedrería.
Kyle le había dicho que las coreanas no solían ponerse tanta pedrería en las uñas, pero Alex le había mostrado el instagram de su idol favorita y Kyle se había tenido que tragar sus palabras.
¨Ahora cuéntamelo todo¨ exigió ella, con un brillo emocionado en los ojos.
El chico se pasó una mano por el pelo, suspiró y lo hizo.
¨Entonces, sólo para aclararlo¨ dijo ella, mordiéndose los labios como hacía cuando estaba concentrada. ¨¿El alienígena te dijo que hicieras lo necesario?¨
¨Palabra¨
¨¿Y que servirías?¨
¨Más o menos así¨
¨Uh¨
Ella le pidió el anillo.
Por un momento, Kyle no quiso dárselo, con una extraña sensación posesiva que chocó completamente con todos sus intentos de deshacerse de él.
Luego se sacudió esa sensación, y se lo sacó del bolsillo.
Parecía extrañamente tosco en las manos de Alex, tan grande y anguloso que más que un anillo, parecía un sello de cera.
Ella lo examinó de cerca, incluso poniéndoselo en el dedo anular, y casi parecía sorprendida cuando el anillo le quedó tan suelto en el dedo que Kyle podría jurar que se había agrandado.
¨¿Te lo haz probado?¨ preguntó ella, haciéndolo girar.
¨No¨
¨Inténtalo¨ dijo ella, dejando caer el anillo en su mano.
Kyle se deslizó el anillo en su anular, quedando más firme que en la mano menuda de Alex.
Casi se sentía bien.
¨¿Y bien?¨ preguntó la chica con avidez, como si esperara que le cambiara el color de pelo o algo así.
¨Me queda mejor que a ti¨ dijo el chico, sin poder sacudirse la sensación de que debería pasar… algo.
El anillo estaba frío como una piedra, aunque en realidad no pesara mucho. Seguía siendo más bien tosco, pero Kyle tenía nudillos grandes, así que no era tan chocante como en la delicada mano de Alex.
¨¿Sabes que ese es un anillo de Linterna Verde?¨ dijo la chica, y Kyle casi se cae de la grada.
¨¿Cómo sabes eso?¨ preguntó, repentinamente nervioso de que alguien los escuchara (aunque nadie se les acercaba mucho, por eso de ser otaku/k-poper).
¨Por el anillo, duh¨ se burló la chica, señalando el tallado.
Kyle se volvió a poner el anillo de frente (la talla se había corrido al lado interno de su palma, como si se escondiera), y efectivamente, Alex tenía razón.
No lo había visto al principio porque todas las fotos del anillo que habían en la red eran distintas, pero si ignorabas la falta de un borde circular, eso era la linterna de Linterna Verde.
Vaya problema.
No volvieron al último bloque.
Kyle no tenía la cabeza en cálculo.
En su lugar, saltaron las vallas tras el gimnasio y tomaron el metro hasta Santa Mónica, apretujados entre la marea de turistas de temporada baja.
Tras una rápida parada al Walgreens de Lincoln Boulevard, tenían una Zesty de tres litros y una bolsa barata de papitas para ir a sentarse al muelle, como buenos estudiantes que no podrían permitirse comida a precio de turistas.
Todo el tiempo, Kyle tuvo que irse sujetando el anillo alienígena, que cada poco tiempo lograba deslizarse hasta la punta de su dedo.
¨Siento que hay algo que nos falta¨ dijo la chica, lamiéndose la sal de de sus dedos aceitosos. ¨Quiero decir, ¿No habían cuatro linternas?¨
¨¿Porqué me preguntas? Literalmente acaban de cargarme el anillo, no tengo idea cómo funcionan¨
¨¿Quién sabe? Todos los días surgen superhéroes, tal vez así es como nacen¨
¨¿De anillos de colores y callejones de clubes?¨
¨No, de adolescentes angustiados buscando drogarse¨
El chico soltó un gran suspiro antes de tomar un trago de Zesty.
Alex jugó con su teléfono durante un par de minutos, claramente molesta por la velocidad de su internet. El chico se tendió de espaldas, cruzando el brazo tras la cabeza.
La verdad era que superado el shock de la noche anterior, comenzaba a ver lo que Alex sugería… salvo lo de las drogas. Enserio, fumaba dos veces con ellos y ya el drogadicto del grupo.
Pero todo lo demás… bien, ciertamente las biografías de los superhéroes siempre decían que eran gente que elegía ocupar sus habilidades especiales para ayudar a su comunidad, en una redacción que francamente parecía dirigida a hacer que los niños eligieran sus futuros en base a su superhéroe favorito- de ahí la generación de profesionales frustrados, todo tenía sentido.
¨Mira¨ dijo ella, tendiéndole su móvil. El chico ahuecó las manos sobre él para ver algo en la pantalla demasiado oscura, leyendo atentamente todo el artículo.
Linterna Verde no es un superhéroe como los demás, y ni siquiera es sólo uno… ¡pertenecen a la policía espacial! Nuestros tres Linternas comparten el nombre con sólo una diferencia: el número.
El espacio está dividido en 3600 sectores, y cada uno de ellos cuenta con sus propios Linternas, siendo la Tierra perteneciente al Sector Espacial 2814- así, tenemos a los Linterna Verde 2814-I, 2814-II y 2814-III.
Al ser policías espaciales, los Linterna deben preocuparse de todo su sector, no sólo de su planeta- ¡por eso cada vez que la Liga se reúne públicamente pareciera que cambian al Linterna! Nuestros tres amigos se turnan en sus deberes con el Espacio y con la Liga, siempre llevando en alto el Anillo, símbolo de su pertenencia al Cuerpo y lo que él representa, porque el Anillo es quien elige al usuario, y el anillo sólo busca dos cosas: integridad moral y valor.
Nos sentimos orgullosos de decir que nuestros tres Linternas son los hombres más valientes de la Tierra…
Era la página de la Justice League of America.
¨Uff, parece una disertación de niño de primaria¨
¨Si, creo que está diseñado para que los niños hagan sus tareas¨ dijo ella, antes de clavarle un dedo en el pecho. ¨¿Qué aprendiste del articulo?¨
¨Que los alienígenas son reales¨
¨Aparte¨
¨¿Qué quieres que te diga?¨ se quejó el chico, incorporándose con un gemido. ¨Ahí dice que hay que ser valiente e íntegro, y yo no soy nada de eso¨
¨Bueno, el anillo piensa lo contrario¨
¨También dice que el anillo los escoge, no que un pitufo volador te lo entrega en la mano¨ contestó el chico, de mal humor.
¨Estoy tratando de ayudarte aquí Kyle¨ dijo ella, con el ceño fruncido. ¨Entiendo que estés confundido, pero estas cosas no pasan de la nada¨
¨Lo siento¨ se disculpó, avergonzado. ¨Sólo que… no lo sé, no quiero esto. Desde el año pasado que los superhéroes están cayendo como moscas, y yo-¨ se cortó. Se pasó un mechón de pelo tras la oreja, frustrado.
Alex bufó, pero no se fue. Sacó un cigarrillo y luego dejó que Kyle se lo robara, antes de irse del muelle hasta la estación de metro, dejando atrás a los turistas de invierno y al carrusel.
Alex le dijo que pasara la noche investigando, lo besó y luego lo abandonó cuando llegaron a su parada.
El anillo seguía resbalándose de su dedo.
Tenía miedo.
Las imágenes de Superman muerto, cubierto de sangre oscura y con el cuerpo tan destrozado que podían ver las costillas rotas a través de su pecho desnudo, tan golpeado que estaba azul- no podía sacárselo de la cabeza.
No creía que algo pudiera ser peor… hasta hacía cuatro días, en Coast.
De la misma forma en que todos en Los Ángeles conocían a alguien en San Francisco, todos también conocían a alguien de Coast.
Para Kyle, era una chica de Tumblr con la que intercambiaba drabbles por fanart.
Habían estado hablando de hacer un fancomic de Booster Gold, con él ilustrando y ella haciendo el guion.
Su perfil seguía en línea, mientras Tumblr seguía bajando manualmente los perfiles que tuvieran la dirección IP asociada a Coast.
No sólo había sido Coast: Monterrey, Salinas, King City… casi todas las localidades aledañas habían sido tocadas por el Superman Cyborg y Mongul, pero Coast era la que se había llevado la peor parte.
Y los avistamientos de Linterna Verde 2814-I se habían detenido justo después de que se reportara que el fantasma de la ciudad era verde.
La verdad, la noche de la destrucción, Kyle había mirado al cielo y había visto una estela.
Al principio pensó que era una estrella fugaz, pero se dio cuenta de que era estúpido y que tenía que ser un Linterna, porque la estela era verde.
Luego su mamá lo había llamado desde el trabajo, gritando que prendiera el televisor. Kyle, confundido y alarmado, casi se resbala del techo del apartamento en su prisa por entrar por su ventana.
Ni siquiera tuvo que preguntar qué canal era.
Todos los noticieros tenían las mismas imágenes.
Aidara vivía en Coast, pensó, aturdido.
Leyó durante toda la noche, haciendo girar el anillo en su dedo.
La mayoría de los hilos de reddit no eran más que conjeturas, y encontró todo un hilo sobre las entrevistas del Linterna pelirrojo contradiciendo cada cosa que había dicho en el pasado, básicamente por joder.
Pero lo que los usuarios habían podido sacar en limpio era que el anillo era como una supercomputadora alienígena: lo sabía todo, les permitía hablar en cualquier idioma, los hacía volar y, sobre todo, los hacía capaces de crear cosas.
Habían videos de Youtube con compilaciones de creaciones, tipo ¨TOP 10 CREACIONES MÁS IMPRESIONANTES DE LINTERNA VERDE¨, ¨LAS MEJORES CREACIONES DE LV¨, NO CREERÁS LO QUE CREÓ LINTERNA¨, etc. Iban desde plataformas para trasladar personas hasta una fortaleza de ingeniería donde la superficie transparente exterior dejaba a la vista cómo se movían los engranajes.
Esa asombroso y Kyle estaba asustado.
¿Qué se suponía que debía hacer?
¿A qué se refería el alienígena con lo de servir?
El anillo estaba frío y en su dedo, ni siquiera zumbaba como la noche anterior.
Alex y él se escaparon de la escuela por el resto de la semana, tomando el metro hasta la playa y luego alquilando bicicletas en el muelle, tomando la ciclovía que conectaba todas las playas de la cuenca de California.
Terminaban siempre en una playa sin nombre a dos horas de Santa Mónica, donde la arena era invadida por grandes roqueríos y era imposible nadar... lo que significaba que no habían turistas.
Según su investigación, Kyle tenía que querer hacer algo, y el anillo haría el resto.
El chico se había reído hasta que Alex le había mostrado el video del Linterna afroamericano diciendo exactamente eso, palabra por palabra.
Así que Kyle se puso el anillo, cerró los ojos y dejó su mente vagar.
¿Qué quería?
Linterna Verde usa un uniforme, verde negro y blanco.
Quiero usar el uniforme de Linterna Verde, pensó.
Y por primera vez en días, sintió que el anillo dejaba de estar frío.
Un suave calor lo envolvió, como los primeros rayos de sol del verano… menos en el pecho, que parecía una circunferencia helada.
Alex ahogó un jadeo.
¨¡Kyle, mira!¨ dijo ella, emocionada.
Kyle abrió los ojos, y se miró las manos automáticamente
Su corazón tartamudeó.
Su ropa ya no existía: en su lugar, todo su cuerpo estaba cubierto con una tela fina, tan fina que parecía hecha de… luz.
La parte superior y las botas eran verdes, mientras que los pantalones y mangas eran negros. Sus manos estaban cubiertas de guantes blancos que hacían resaltar el anillo, como los guantes de los uniformes militares de gala, y en el centro de su pecho, en el lugar helado pero extrañamente agradable, brillaba el símbolo de Linterna Verde.
¨Es- es como¨ tartamudeó el chico, asombrado.
Es como el traje de los otros.
¨¡tu cara, Kyle, tócate la cara!¨ exclamó la chica, y Kyle se llevó las manos a sus mejillas.
No sentía ninguna otra textura, era como si su cara estuviera expuesta… pero sabía que eso no era cierto, porque sus yemas sentían un borde claro de calor que él no sentía, como si su cara estuviera cubierta de una luz cálida que sólo se derramaba hacia el exterior.
Alex le mostró la pantalla negra de su teléfono.
Tenía puesta una máscara verde, y sus ojos estaban cubiertos de blanco.
Una sonrisa de euforia se abrió paso por su rostro.
¨Esto es genial¨ dijo el chico, antes de que ambos adolescentes estallaran en risas.
