Work Text:
Shen Jiu siente que el calor lo carcome vivo. Manchas marrones, furiosas, bailan alrededor de él. Lo nauseabundo de la situación lo pone más enfermo, siente que la bilis sube a su garganta y solo necesita un pequeño impulso para ser vomitada.
No ha comido nada el día de hoy. El invierno llegó y la poca ropa que se le fue concedido no fue suficiente para cubrirlo del frío.
Hubo una vez cuando, en estos días, se acurrucaba en un cuerpo mayor. Qi-ge pasaba sus pequeños brazos alrededor de su cuerpo y se enredaban en una maraña de extremidades. La cercanía no era suficiente para combatir la nevada, porque tiempo después uno de ellos estaba más caliente de lo normal y el otro se moría de preocupación y pánico por perderse, por morir. Pero, a pesar de eso, prefería esas noches heladas, acompañadas de un niño estúpido y bobo, que la soledad de esta pocilga carcomida por las termitas y las ratas.
Se siente mal, se siente pésimo. Solo quisiera que alguien volviera por él, que alguien lo salvará.
¿Cuánto más tiempo tardará Qi-Ge?
Cuando cruzaba las noches de insomnio, las terribles y aterradores noches de insomnio, se imaginaba que Qi-ge regresaba. ¿Cómo lo haría? ¿Cómo lo sacaría? ¿Se escabulliria, escondiéndose de los guardias? ¿Vendría, imperioso y fuerte, como un cultivador realizado, y se enfrentaría a Qiu JianLuo?
Cuando por fin podría dormir, todos sus sueños eran de su reencuentro, lleno de mocos y lágrimas –Obviamente, solo Qi-ge– y un gran gran abrazo. Después de esas noches, se sintió revitalizado a pesar de que tenía una costilla rota y las heridas en su piel apenas estaban sanando.
Una pequeña parte de él, la malintencionado y cruel, le susurraba que Qi-ge tardaba mucho, que probablemente su cadáver estaba being devorado por las larvas. O que Qi-ge lo había abandonado. Acaba de cumplir quince y las atenciones de Qiu JianLuo cada vez se vuelve más sucias y los años pasaron y cree que ya no puede más.
Él sabía que es una pequeña cosa viciosa y vil, lo sabe. Lo sabe porque prefiere llorar sobre el cuerpo arruinado de su Qi-ge a que Qi-ge simplemente lo deje atrás.
Una silueta entró a la leñera. Shen Jiu la mira, pero en sus ojos nublados, no la puede reconocer.
La figura entra, avanza y se sienta al lado de Shen Jiu. Las manos gentiles acarician su cabello, un consuelo familiar.
La nostalgia entra y lo desgarra: —¿Qi-ge? –la pequeña vocecita susurró, débil y vulnerable –Volviste...
Con la poca luz de la luna, una sonrisa amable vió. A pesar de no estar tan consciente, Shen Jiu pensó que Qi-ge ha vuelto por él.
Días después. Después que bajara la fiebre y que Qiu HaiTang obligar a Qiu JianLuo que trajera a un médico para ver al pobre Xiao Jiu luego de escuchar una conversación entre las cocineras. Después y un poco más, una amargura recorrió su boca y lo asfixió.
Jamás supo quien lo cuidó durante esos días. Es escalofriante porque podría haber sido cualquier hombre. A la vez que recorfontante porque pueden haber sido esas amables mujeres de la cocina que, a escondidas, le facilitan uno y que otro bocadillo.
Pero, Yue Qi no volvió. Y no volverá.
