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- ¡Ah! ¡Hmf! ¡Mierda! ¡Hmf! ¡Dios!
La habitación estaba hecha un desastre, la ropa desperdigada por el piso al igual que algunas pertenencias, la temperatura cada vez mayor y la cama desordenada.
El olor al sudor, al semen ya ellos dos era una droga para el hombre del parche. Su único ojo miraba extasiado al joven de cabellos rubio y largo que se encontró debajo de suyo. Las mejillas sonrojadas, los ojos nublados de placer, la boca roja que colgaba abierta dejando salir los ruidos más lindos que escuchó alguna vez.
Mío .
La extraña posesividad que sintió por el chico no era normal. Incluso mientras él estaba enterrado hasta las bolas en el viajero, su mente volvía una y otra vez al imbécil fatui que se regodeaba alrededor de Aether cada vez que podía. Lo tocaba, su estómago, sus hombros, sus brazos, SU Aether.
Gruñó enojado y abofeteó el trasero del rubio mientras su ritmo de embestidas aumentaba.
Escuchó un grito roto de parte del viajero y sonrió, su pajarito era una puta por su verga y sus manos. Él está aquí conmigo, gime por mi, se retuerce por mí, es mío.
La satisfacción lo inundó con ese pensamiento y por un momento miró de verdad a Aether. No había notado cuando el chico comenzó a llorar, por un segundo se preocupó de necesitaría excedido y sin querer lastimar a su bebé, pero al instante notó la dicha en los ojos dorados y se relajó.
- Bebé, ¿verde, amarillo o rojo?
Desaceleró por si el rubio necesita un respiro y no automáticamente como se retorcía por él.
- ¡N-no! ¡No pares!
Reprimió su risa y con suavidad tomó entre sus dedos la cara del viajero para que lo mirase.
- Usa tus palabras amor, ¿verde, amarillo o rojo?
Repitió pacientemente y vió como la bruma de lujuria en los ojos del más joven se despejaba parcialmente.
Aether se inclinó un poco desde su cómoda posición acostado para besar suavemente al Capitán y susurró su respuesta en los labios del otro apenas notando que su rostro estaba manchado de lágrimas.
–V-verde. Más por favor .
Kaeya no tardó un segundo en retomar el ritmo frenético de hace unos segundos y escuchó al rubio desmoronarse en su pene. Sonrió sintiéndose engreído y se agachó hasta que su boca rozó la oreja del viajero.
- Mi bebé, tan sucio, tan hambriento de mi verga, ¿no es así? Claro que sí, eres una puta por mi pene, sólo mí puta, mío.
Aether sintió enrojecer por las palabras denigrantes y su propio miembro saltó interesado. Si en ese momento no hubiera estado borracho de placer, probablemente no habría dicho lo siguiente.
- ¡Sí! T-tuyo, tu puta. Usame, ¡Usame, usame, usame!
El tono frenético que tenía era culpa de su próstata, desde que Kaeya volvió a empujar en su interior, su pene no dejaba de apuñalar ese punto dulce que volvía puré su cerebro.
Escuchó un gruñido casi inhumano proveniente del de cabello azul y de pronto sentó su interior vacío por que el Capitán había salido.
Gritó desesperado por la sensación de perder su casi orgasmo y lloriqueó mirando confundido al mayor. No tuvo tiempo de preguntar que estaba mal cuando Kaeya lo tomó y sin decir una palabra lo sentó de una en su polla.
Abrió la boca en un grito mudo y sus ojos se movieron hacia atrás, tembló en éxtasis con la sensación del pene de su Kaeya llegando incluso más lejos que antes y apenas escuchó al hombre ordenarle.
- Si tanto quieres mi pene, montalo bebé. Vamos, muévete y date placer.
Con una nalgada que sonó por toda la habitación obligó por así decirlo al rubio a moverse. Puso una mano en la cadera del otro por si perdía el equilibrio y disfrutó el espectáculo.
Los músculos del abdomen de Aether se marcaban ligeramente por el esfuerzo de bajar y subir por su polla. Su expresión de felicidad no tenía precio y su cabello, usualmente atado con una prolija trenza, ahora se movía libremente por su espalda. El sudor le daba un brillo bastante erótico a su piel y los pezones, esos malditos pezones.
Joder .
Eran rosados, Kaeya todavía recuerda la primera vez que los vio en un río cuando ellos dos habían salido en una exploración. Recuerda cómo su autocontrol se fue al carajo solo con un vistazo y se sorprendió con un Aether igual de atraído por él.
Sonrió pensando en como había jugado por horas con el pecho de Aether antes de enterrarse en él y joderlo hasta que su cerebro se volvió papilla.
- P-papi .
Parpadeó dándose cuenta de que se había distraído por sus recuerdos y se encontró con el puchero de Aether que lo veía con el ceño fruncido. Ese niño mimado.
- ¿N-no te gusta como me muevo?
Un atisbo de inseguridad apareció en el rostro del rubio y el moreno quiso golpearse por hacer sentir mal a su bebé.
- No es eso mi amor, sólo pensaba en lo bonito que te ves ahora mismo y en como quiero morder tu pecho.
Vió con agrado como Aether se sonrojaba con sus palabras y comenzaba a poner más esmero en sus movimientos. Casi ríe al notar como el rubio sacaba su pecho para que sobresalgan esos lindos botones.
No perdió el tiempo y se llevó uno a la boca chupando con esmero.
- ¡Señor!
Los ojos del viajero rodaron para atrás y sus caderas temblaron sin saber a que prestarle mas atención, si a su agujero abierto por el pene de Kaeya o por su pezón estimulado por la lengua y dientes del capitan.
El parche notó como a su bebé ya le costaba seguir el ritmo así que sacando momentáneamente el capullo rosa de la boca, acomodó al rubio para que quedara acostado encima suyo.
- Papi va a cuidar de ti, sólo un poco más .
Le susurró provocativamente y a un ritmo despiadado movió su caderas contra el trasero de Aether, su boca se pasó al otro ejemplo pezón y sus manos se quedaron inmovilizando al rubio para poder manejarlo mejor.
Los gritos se convirtieron en chillidos inentendibles y el rubio se volvió masa entre las manos del caballero de Favonius.
- Tan bueno, mi buen chico, tan hermoso.
Halagó hablándole a la oreja sin descender su ritmo. El ruido de piel contra piel llenaba la habitación. Pronto sintió la agradable presión en su vientre bajo que le indicaba que se acercaba a su orgasmo así que tomó entre sus dedos el pene del viajero para acariciarlo y empezar a forzar su orgasmo.
- N-noo ~. Es demasiado-o, me voy a-.
-Ya no te contengas, deja que salga, muéstrame cuanto lo disfrutas.
Habló con una sonrisa altanera mientras veía como su pareja se retorcía y con un grito ahogado terminaba llenando su mano con la viscosidad blanca.
Jadeó al sentir como las paredes del trasero de Aether lo apretaban y con una última embestidas también acabó dentro de su lindo caballero.
Se desplomó con cuidado de no aplastar al rubio y el ruido de sus respiraciones agitadas fue lo único que los acompañó en el estado de felicidad post-orgásmica.
Kaeya no se puede dormir enseguida, primero tanteó al menor y confirmó que estaba bien. Lo besó en la sien ganándose un resoplido que no llegó a ser una risa y una mirada cansada y cariñosa por parte de Aether.
- Vamos a tomar un baño principito.
Ignorando las quejas del rubio, cargó su cuerpo con facilidad y los condujo a ambos al baño.
Del otro lado de la relajatetera, Paimon y Gordi se encontraban con las orejas rojas.
