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A veces uno puede estar en el lugar equivocado en el momento equivocado. Ese fue el caso de Frank Castle. Una maldición abrupta, la tragedia que marchita y pudre por completo a una solitaria flor que solo quería gozar de la luz.
A veces se puede estar en el lugar indicado en el momento indicado. Ese fue el caso de Marc Spector, Steven Grant y Jake Lockley. Una extraña bendición con gusto de maldición pero que en el cóctel de tragedia, al fondo se encuentra la esperanza tan anhelada. Y las flores crecen y crecen más bellas que nunca.
Y otra vez Frank estuvo en el momento y lugar equivocado. Imágenes golpeando, la imagen mental de aquel fatídico día. Los sonidos más aterradores que alguna vez ha escuchado. Puede oler un poco la sangre incluso. Regresó a ese día, está atrapado en aquella tarde y no puede escapar ni defender, no puede salvar a nadie. Siente su cuerpo tensarse, siente el pánico asfixiar. Y todo se vuelve borroso, su cuerpo se mueve, se balancea como siempre, no piensa bien sus acciones, como si su cabeza se hubiese apagado. Ve un brillo plateado, siente un metal helado entre sus dedos y contempla difusamente la forma de una luna creciente. Ve su salvación en aquel filo.
En un instante, siente dolor y ardor en su brazo izquierdo, siente algo húmedo y el liquido recorrer su brazo. Con dificultad observa el carmesi que tiñe su piel. De repente, todo es más borroso pero menos doloroso.
Y otra vez Marc y Jake estuvieron en el momento y lugar indicado. Recorriendo por el barrio, Jake Lockley maneja su taxi mientras la música resuena y acompaña el recorrido. Suena Love Will Tear Us Apart de Joy Division, una cancion que Marc adora tanto como Jake. Y mientras cantaba en un volumen bajo, contempla los edificios, casas y negocios alrededor, los cuales le resultaban familiares y una idea surgió. Entonces el taxista sugirió a Spector, quien estaba co-consciente con él, que podría visitar a su novio, después de todo, una de sus casas seguras estaba en aquella zona y apenas se había acordado, tal vez Frank hoy esté allí. Y la propuesta fue aceptada con gusto y alegria, ya había pasado cierto tiempo desde que se habían visto. Se ha preguntado si Frank lo extraña, le ha preguntado al mismo si lo extraña. Castle solo respondió que a veces no registra ni a la gente que quiere cuando están lejos. No los olvida pero es como si de repente no existieran. Marc recuerda que volvió a preguntar si entonces lo extraña. Y el contrario simplemente suspiró y dijo "Cuando pasa demasiado tiempo, si". El ex-mercenario piensa que debe considerar demasiado tiempo uno y que considera demasiado el otro. Aún así, no dudo en depositar un tierno y corto beso en sus labios porque sea como sea, lo ama. Y Frank le sonrió levemente, acercándose e imitando la acción previa, aunque su beso fue más torpe. También lo ama y Marc entiende esto.
Para Spector ha pasado demasiado tiempo desde que se vieron, recuerda esa charla y se pregunta si su pareja sentirá lo mismo. Pero aún asi no duda del amor entre ellos. Hay una ternura en Frank que para los demás puede ser "locura" y "frialdad". Para Marc, son actos de amor. Tal vez Frank estuvo en el lugar indicado en el momento indicado cuando se encontró con Marc, cuando pudo conocer a alguien que nuevamente lo comprenda, incluso con toda la oscuridad dentro suyo. Y Marc sabe que estuvo en el lugar indicado en el momento indicado al conocer a quien hoy es su novio, alguien que desde un primer instante fue comprensivo y lo ha apoyado.
Recuerda descender del cielo sobre un techo, bajando por las escaleras de su helicóptero. Y cruzarse con aquel vigilante temido. Había escuchado historias de él, relatos de terror, críticas y comentarios hostiles por parte de otros héroes. No estaba de acuerdo con el Punisher pero no creía que fuese lo que contaban de él. Se reconocieron al instante, uno vestido de negro y portando una calavera mortal en su corazón, y el otro cubierto de blanco portando una luna creciente sobre su pecho. Un apreton de manos y comenzaron a hablar y trabajar. Una conexión instantánea. La luna llena fue testigo del nacer de una química curiosa y un amor aún más curioso.
Y Marc recuerda esos dos dias y casi tres noches donde tuvo que cuidar a un Frank drogado contra su voluntad. Tuvo que bañarlo, recuerda las cicatrices y los moretones en todo su cuerpo, apenas se conocían y ya pudo observar aquello. Algunas se veían peores que otras, algunas parecían hechas por él mismo. Se preguntaba si asi como castigaba criminales, se castigaba a sí mismo. Y rogaba que no fuese así. Pero lo entendía y piensa que Jake entendería aún más pues es algo que afronta.
Jake sonríe algo triste ante los recuerdos de Marc, ante sus propios problemas similares a los del novio del ex-mercenario. Frank nunca se animaba a hablar sobre esas cicatrices. Y Spector comprendía, recordandole siempre que cuando se sienta cómodo, él va a escucharlo. Jake quería tener esperanza de que en algún momento Castle hablaria, pero también sabe lo difícil y aterrador que se siente pedir ayuda. No quiere desilusionar a Marc.
Finalmente llegaron al departamento, más bien a uno de los departamentos de su novio. Jake estaciona el auto en la vereda del frente y mira su reloj: 21:12, es tarde pero no lo suficiente para que se vea sospechoso. Además algunos vecinos ya los habían visto entrar en otras ocasiones.
Siempre tienen las llaves en el helicóptero o en el taxi cuando salen, así que Jake solo busco el par correcto, guardando este en el bolsillo derecho de su campera.
Suelta un suspiro, respirando profundo para lo siguiente que siempre le suele incomodar.
—Ok, ok.
Comenta Jake para si mismo, intentando conversar internamente con Marc para permitir el switch. Se mantiene observando hacia un punto fijo pero sin distinguir este. Sus párpados pesan, pestañando con cierta fuerza como si fuese a caer dormido pero apenas se nota desde afuera. Su cuerpo se mantiene inmóvil y su rostro neutro. Pasan unos segundos y parpadea como si acabase de despertar, y es que asi se siente para Marc. Al instante se retira el bigote falso del rostro, siente algo de dolor, y se quita el sombrero revelando sus rizos negros desordenados. No se molesta en peinarse y deja las pertenencias de Lockley sobre el asiento del copiloto.
—Gracias Jake.
Murmura, esperando que su compañero de cuerpo lo haya escuchado pero no puede sentir bien su presencia cerca, aun le es complicado.
Baja del auto y se asegura de cerrar bien el mismo, colocando la llave en su bolsillo izquierdo. Y contempla ambos lados de calle, una vez seguro procede a cruzar la vereda. Y observa encantando la luna llena sobre él, tan brillante como aquella noche donde todo comenzó. Piensa cuanto han vivido juntos, cuanto amor siente y cuan querido se ha sentido. A veces durante alguna pelea donde se encuentra metido, puede levantar su mirada y arriba encontrará un ángel que lo defiende. Tal vez no en la manera que quisiera pues dispara sin piedad, totalmente efectivo y letal cada vez que aprieta el gatillo. Piensa que es como un extraño ángel de la venganza, y luego piensa en si mismo como un fantasma de la venganza. Pero son distintos conceptos y abordajes de ello, lo ha intentado charlar, lo ha discutido. Es un sin sentido pero al menos frente suyo intenta no hacerlo.
Finalmente pisa el otro lado y abre la puerta principal para acceder al edificio. Es un edificio pequeño y para su suerte solo debe subir hasta un primer piso. Intenta ser sigiloso al pisar cada escalón, piensa que a Frank le irrita demasiado subir algunos tipos de escalera por el ruido que hacen, a Marc le da bastante igual, aunque sabe que Steven experimenta lo mismo que su novio. Entonces Marc le regaló unos audífonos a Frank, que los use para apaciguar los ruidos. Y puede recordar la felicidad pintada en el rostro de su novio el primer día que los usó a su lado mientras tarareaba por lo bajo una canción y movía sus manos siguiendo el ritmo. Recuerda el "gracias" que pronunció, y recuerda la calidez del rápido abrazo que le obsequió.
Llega al primer piso, hay 2 departamentos y sabe el de su izquierda es donde puede estar Castle.
3 golpes algo suaves, siempre era así lo cual permitía al veterano de quien se trataba. Marc puede notar la luz encendida por la ranura debajo de la puerta. Y vuelve a dar tres golpes esperando una respuesta. Entonces la preocupación comienza a emerger. El contrario siempre es rápido para atender la puerta si está en casa, más si escucha la señal de Moon Knight. No quiere desesperarse pero su insisto es más fuerte. Otros tres golpes, más pesados. "Tal vez se durmió" piensa para luego contradecirse, Castle se despierta con cualquier sonido. "Tal vez no está en casa" pero la luz anaranjada amarillenta que alumbra levemente el piso debajo de la puerta indica lo contrario y sabe que él nunca dejaría la luz encendida así nomas si no está en el departamento.
Dubitativo, coloca la 2da llave en la cerradura y procede a abrir la puerta suavemente. Lo peor que podría pasarle es que Frank intente atacar pero ya lo conoce, puede esquivarlo, o eso quiere creer. Una vez dentro, cierra la puerta con cuidado y guarda las llaves en su bolsillo derecho. Suspira algo preocupado ante la falta de un ataque sorpresivo. Definitivamente algo andaba mal, ni siquiera había escuchado un disparo. Realmente quiere creer que tal vez está durmiendo profundamente, durmiendo como casi nunca suele hacer.
El departamento se ve bastante desordenado y sucio, así no es su novio. Camina sigiloso por el pequeño pasillo para llegar a la habitación donde debería estar su amado.
—Soy Marc Spector —se anuncia rápidamente, sintiéndose asustado—. ¿Frank? Lo siento si te he despertado.
La puerta medio abierta, por lo cual la empuja con cuidado para abrirla por completo. Estaba oscura y en esa oscuridad encuentra recostado sobre el piso a su novio quien estaba respirando muy agitado y se retorcía un poco. Estaba sosteniendo con mucha fuerza su brazo izquierdo contra su pecho, contra esa calavera mortal que tanto le caracteriza. Y está llorando, Marc puede escuchar sus sollozos contenidos, y puede sentir el pánico que le invade al saber que su novio estaba de pie allí. Confundido, Marc enciende la luz y el horror se hace visible. Sangre cubriendo erraticamente el piso y al mismo Frank. Al instante, se acercó a él y se colocó a su lado, sintiendo la ansiedad subir e intentando disimular su furia ante la idea de que alguien lastimó a quien ama. Puede ver las lagrimas deslizarse, puede ver su rostro aterrado, frustrado. Y Spector inquiere tratando de mantener la compostura.
—¿Que pasó? ¿Quien te hizo esto?
Frank no quería verlo, no podía verlo, ni siquiera podía hablar bien. Spector ve como las lágrimas siguen deslizándose, como sus ojos ya se habían tornado rojizos, irritados de tanto llorar. Eso no es algo que suela ocurrir y comenzó a temer que tal vez la herida era cercana al corazón o incluso los pulmones. Tal vez Frank podía morir, y esa simple idea le aterra.
Rápidamente se levanta y busca entre el desorden uno de los tantos botiquines que su novio suele tener por razones obvias. Encuentra uno debajo de la cama y enseguida regresa al lado del otro, colocando el botiquín a su derecha y abriendo el mismo.
—Ok, Frank, necesito que me dejes ver la herida, tal vez pueda hacer algo y si no es así, voy a llamar a Micro, ¿ok? —su voz tiembla e intenta calmarlo, delicadamente desliza su pulgar sobre el rostro del contrario, limpiando sus lágrimas un poco y luego acariciando su rostro.
Las lágrimas no habían limpiado del todo las manchas de sangre e intenta limpiarlas también con su mano. Frank sigue sin dirigir la mirada hacia él, Marc no piensa en ello porque es costumbre esa falta de contacto visual pero aún asi algo raro sentía.
Con dificultad, Frank deja su torso y Marc puede contemplar que no había una herida en el pecho. La calavera estaba teñida en rojo pero la ropa y la armadura están intactas. Desconcertado, su mirada recae sobre el brazo izquierdo y se paraliza. Distintas partes abiertas, unas más largas y otras más cortas, todas profundas y violentas. La sangre no para de brotar, cubriendo en totalidad su antebrazo de paso. Por un instante, Marc sintió su cuerpo temblar de miedo y luego la angustia le invade al reconocer tal imagen.
—Lo siento —murmura Frank entre sollozos débiles.
El contrario quisiera llorar, quisiera decir tantas cosas que nacen de la aflicción. Pero de su amor nace la extraña calma ante un momento tan turbulento. Y suspira, asintiendo para si mismo y sonando amable.
—Voy a curarte, ¿si? Necesito que te sientes, por favor.
Marc podía ver como el cuerpo de Frank temblaba levemente. Su expresión avergonzada reemplazaba el pánico previo. Con dificultad y ayuda del ex-mercenario, pudo sentarse y extendió su brazo herido hacia delante. Spector se colocó frente suyo, dejando a su lado el botiquín y sacando lo necesario: Gasas, vendajes y cinta.
Respira profundo, sosteniendo con ambas manos el brazo lastimado, podía sentir sus manos mancharse con la sangre del contrario y comenzó a temblar un poco. "No es el momento" se repite y agarra todo lo que había sacado del botiquín, colocándose de pie.
—Necesitamos ir al baño.
Frank asiente tímidamente y se pone de pie con dificultad, apoyándose en su brazo sano. Ambos caminan con cierta prisa hacia el baño. Una vez dentro, Marc encendió la luz, colocó las cosas sobre la tapa del inodoro y le indico con la mano a Frank que estire su brazo sobre el lavamanos. Haciendo caso, extiende su brazo y baja la mirada, hay un espejo frente suyo. Generalmente odia verse, hoy es mucho peor afrontar su reflejo, asqueado.
Marc enciende la canilla y el agua cae sobre el brazo del contrario. Intenta limpiar la sangre. Castle no observa el proceso, mantiene sus ojos cerrados sintiendo la fría agua caer sobre su piel. Spector por su parte observa como la sangre se disipa entre la claridad del agua, pasando su mano suavemente sobre la piel, evitando las heridas, ayudando a la limpieza. La sangre cubría el blanco del lavamanos hasta que el rojo fue desapareciendo más y más claro a medida que el agua caía.
Una vez pudo limpiar, apagó la canilla, le pidió a Frank que se siente en la bañera con su brazo estirado mientras él agarraba una gasa lo suficientemente grande para cubrir todos los cortes hechos. Su novio hizo caso, no emitía sonido alguno, no le nacía expresar algo excepto por balancear levemente su cuerpo hacia los lados por momentos, hacia atrás para delante en otros, necesitaba regularse un poco, enfocarse. Se sentó dentro de la bañera, dejando afuera su brazo izquierdo estirado. Marc con la gasa en mano, se arrodilló a su lado. Con cuidado, colocó esta sobre el antebrazo y comenzó a presionar la gasa usando la palma de su mano.
—¿Duele?
—Un poco —musita Frank, evitando mirar a su pareja, rogando desmayarse incluso para no afrontar ese momento.
—Vamos a estar así hasta que pare el sangrado —suspira aliviado, al menos ya estaba a su lado, al menos podía curarlo y no fue peor, al menos puede verlo consciente.
Quiere preguntar que pasó, realmente quiere pero intenta respetar su espacio, intenta aplicar lo aprendido con Jake. Ahora quiere enfocarse en estar con él, en ayudarlo. Pero también quiere llorar, aterrado de que pudo pasar si no iba, o de que pueda pasar a futuro. E intenta disimular su estado anímico, intenta mantenerse fuerte. Generalmente es Frank quien debe ayudarlo, y tal vez eso es parte del problema. No quiere sentir culpa, no quiere detonar algo horrible. Puede sentir a Jake cerca, ayudando con el momento y siente que puede respirar nuevamente.
La gasa se tornaba roja, por lo cual Marc tomó otra y la colocó encima, presionando nuevamente. Frank observaba cada movimiento, sentía la presión sobre su brazo y de repente sintió una caricia dulce en su mejilla acompañada de una voz.
—Cuando quieras hablar, voy a estar aquí.
El Punisher respiraba profundo, suspirando pesadamente y manteniendo esa típica expresión neutral suya, pero no se veía relajada, sino más bien molesta, o eso interpreta su novio.
—Quiero hablarlo ahora —murmura, el volumen de su voz tendía a ser bajo y tampoco ayudaba que a veces le era difícil modular, menos ayudaba que la angustia hacia que el hablar fuese mucho más doloroso por lo cual su balanceo hacia los costados se volvía más notorio—. Mañana es el aniversario, otro aniversario más y las pesadillas se volvieron más intensas, siempre lo son pero últimamente fueron peores, y cuando estoy despierto esas imágenes de repiten tan constantemente que me paralizo. Los veo, los escucho y no puedo hacer nada, no pude hacer nada. Solo quería que todo eso pare unos momentos, ¿sabes? Pero luego de un corte, algo dentro mío exigía que siga y siga, recordándome que me lo merezco.
Ante cada palabra, su voz se tornaba más y más profunda y baja, Marc debía esforzarse en escucharlo. Nuevamente sus ojos se humedecieron y se notaba estaba obligándose a no volver a llorar, ya sabía todas las lágrimas desgarradoras que había soltado, ya le dolían sus ojos de tanto llanto. Pero el malestar que le invade es atroz, la culpa le carcome, le grita que debería estar muerto, que nada de lo que hace sirve en realidad. Intenta pensar en su novio, en que pudo volver a amar pero ¿y si algo le pasara a él? ¿Y si la tragedia vuelve a repetirse? ¿Y si está deshonrado a su familia? No puede olvidarlos, no debe olvidarlos. Tal vez amar a Marc es olvidarlos, tal vez por eso la culpa aumentó. No, no puede ser así con él, no quiere.
—¿Sabes? No es la primera vez, bueno, ya te habías dado cuenta de eso, siempre es la misma razón, me lo merezco, al menos, no se, tal vez sentirme así signifique algo, o tal vez son excusas, tal vez solo me gusta hacer daño y esto es parte de eso.
Marc lo detiene antes de que siga hablando, quitando las gasas rojizas para dejarlas a un costado. Se levanta y toma un paño colocándolo debajo de la canilla, la abre y moja esta un poco, solo que se humedezca. No emite palabras, está procesando todo, procesando cada palabra, intentando no quebrarse al escuchar el dolor de quien ama. Se enfoca en sus acciones, en el sonido de la canilla que se abre y cierra, en la sensación del paño húmedo. Respira profundo y regresa con Frank, pasando el paño sobre su antebrazo para limpiar los restos de sangre y lo deja a un costado. Toma el vendaje y comienza el procedimiento con cuidado, sosteniendo delicadamente el brazo, observando con angustia cada herida. Piensa en cómo se sentirá su novio, en cuanto dolor carga encima, dolor que no sabe donde descargar, dolor que ofusca, dolor que cree que la sangre puede llevarse consigo. Sabe lo que es sentir eso, sabe lo que es destruirse para destruir el dolor.
Suspira, intentando expresar algo.
—Gracias por decirme que sientes y se que no puedo cambiar lo que sufres pero no fue tu culpa, tampoco es tu culpa seguir vivo, se que no has hecho las cosas bien pero no eres malo y tienes sentimientos que importan, tu sufrimiento importa.
—No, no, me lo merezco, yo, emh —conflictos dentro suyo, incapaz de discernir que es verdad y que no, incapaz de saber quien es, y las lágrimas comienzan a brotar— ¿Que tal si yo quería que murieran y por eso siento culpa? Tal vez soy un monstruo.
—Lo se por experiencia propia, créeme que si fuese ese el caso, dudo que sentirías culpa, solamente que es mejor para ti decir eso porque es menos doloroso, duele menos sentirte desconectado de gente que amabas pero sabes que no es verdad, y lo sabes cuando cierras los ojos y ves lo que perdiste, cuando sueñas con lo que pudo ser todo, cuando sueñas con tus días felices.
Delicadamente, Marc termina de vendar el brazo del contrario y sostiene la mano mientras que con la otra acaricia nuevamente su mejilla, limpiando sus lágrimas. Y finalmente Frank levanta un poco la mirada para verlo a los ojos. Es un instante, odia sostener la mirada pero es ese instante donde termina de romper sus intentos por mostrarse "fuerte". Una vez cortado el contacto visual, el llanto se vuelve más fuerte, se deja ser vulnerable y Marc, desde su posición, se limita a sostener la mano izquierda de Frank entre las suyas, acariciando con cuidado, sabiendo cuanto le incomoda el contacto físico en esos momentos al otro. Solo quiere que sepa que está ahí, que va a acompañarlo. Castle estaba abrumado de sus emociones, de sus recuerdos, de todo. Solo ruega que ese dolor se detenga, que pare de una vez. Piensa en las palabras de Marc, piensa en como nadie le ha hablado asi en años; nadie le ha hablado así desde María. En parte le aterra que alguien vea más allá de él, que alguien vea a Frank Castle pero otra parte se emocionaba de que finalmente lo encontraron otra vez. Siente que su corazón puede volver a funcionar. Contempla su brazo vendado, pensando en la delicadeza con la cual Marc lo cuida, lo trata. Piensa en como curaba sus heridas, en como lo protegía. No sentía eso desde María. Y si cierra sus ojos, puede ver su ternura. Y si abre sus ojos, puede sentir la ternura de Marc. Se sienten diferentes pero se siente el amor. Había olvidado eso, lo que es ser querido, lo que es estar vivo.
Spector sigue hablando, intentando acompañar a su novio, y Frank escucha atento.
—Pase lo que pase estoy contigo, se que estas cosas te incomodan pero tengo que decirlo: Te amo, en serio te amo Frank.
Puede sentir la leve presión de su mano entre las manos del contrario. Es una sensación cálida y agradable, segura. Al contrario le cuesta decir ciertas cosas asi que simplemente asiente y prefiere dejar que sus acciones hablen. Por lo cual se acerca como puede hacia su novio y deposita un dulce beso sobre su mejilla, agradeciendo todo, agradeciendo tanto amor que siente no merece pero Marc pelea porque no sienta asi.
Frank suspira y tímidamente acota algo, sintiendo su voz temblar, su cuerpo retorcerse por dentro y su rostro calentarse.
—¿Podrías quedarte esta noche conmigo?
—Me quedaría todas las noches si así lo quieres.
El contrario suelta una pequeña risa ante ello, no puede evitar sentirse incómodamente feliz. No entiende como Marc puede amarlo, no entiende como alguien puede cuidarlo. Ya había olvidado como se sentía recibir tanta ternura, tanto cariño. A veces duele, recordando a María y sus hijos, recordando lo perdido, y otras veces se siente un poco sanador, como si hubiese recuperado algo.
Ambos se levantan, Frank sale de la bañera, contempla el vendaje rodeando su brazo y dirige su mirada a Marc, quien está ordenando lo usado en los cajones debajo del lavamanos. Compartir tanto con alguien, es extraño. Estar saltando entre el pasado y presente, es extraño. El pasado absorbe, y Marc es su ancla real al presente. Y trae una llave al futuro, uno que creyó dejó de existir. Tal vez si puede ser amado nuevamente o al menos esta noche quiere creer eso. Tal vez ilusionarse con un futuro por una noche o unas noches no es algo tan malo, tal vez es lo que necesita para levantarse sin sentir tanta pesadez.
Ambos salen del baño y apagan la luz, entonces Spector pregunta.
—¿Comiste algo?
—No.
—Entonces ve a cambiarte mientras preparo algo.
—No es necesario, ¿sabes?
—Eso significa que es necesario.
Frank quería discutir algo, quería seguir aferrado en su manera pero no podía negarse al pedido de Marc, menos después de todo lo que lo ha cuidado. Así que asiente calmado y se dirige a su habitación mientras su novio va a la pequeña cocina.
Por un lado, Frank se deshacía de su clásico uniforme con cierta dificultad, dejando este en un costado para luego lavarlo y quedando él solo en boxers y con el collar de su anillo de matrimonio sobre su pecho. Busca entre su ropa su musculosa negra y se la coloca, nunca fue de usar pijamas tampoco, incluso si es un día de frío puede dormir así. Observa la sangre sobre la calavera, no es una imagen extraña pero esta vez la razón de ello, si le resultaba algo extraña. O tal vez esa razón siempre fue la misma. Tal vez siempre que su propia sangre cubría calavera, siempre fue su manera de castigarse. No quiere pensar tanto en ello pero le es difícil no contemplar aquello y menos poner atención sobre su brazo vendado. Luego recorre otras zonas y ve las distinta cicatrices y heridas. Algunas más viejas que otras, algunas no recuerda siquiera como ocurrieron.
Por otro lado, Marc busca en la alacena lo necesario. Piensa cuanto adoraría llevar a Frank a vivir a su casa. Y luego recuerda que el otro se negaría rotundamente. Suspira algo cansado, a veces se pregunta si está haciendo lo adecuado al ser su pareja, si hay algún futuro. Elige creer que si, que todo puede mejorar, quiere que mejore.
Encuentra un paquete de fideos y una lata de puré de tomate. Así que comienza a cocinar. Es suficiente, aunque sabe que Frank no suele cocinarse, lo cual le preocupa. Sabe que es por sentirse mal porque cuando ha cocinado lo ha hecho mucho mejor que él. Sabe lo que es eso, sabe lo que es sentirse tan angustiado que no quieres comer, tu cuerpo duele, tu estómago se cierra por completo y se retuerce, tu garganta desprecia cualquier movimiento. Y sentir que ni siquiera mereces comer, que no vale la pena. Le ha preguntado algunas veces a Frank de ello y hay dos respuestas: A veces no tiene energía y cree no vale la pena comer y a veces tiene demasiada energía y se olvida que debe comer. En momentos así, extraña tanto que Micro viva con él, realmente lo mantenía más organizado, más cuidado. Pero entiende al informático, es difícil convivir así, angustia mucho ver a alguien destruirse tanto cuanto intentas ayudarlo.
El tiempo pasa, Frank se acercó para poner la mesa, perfectamente ordenada. Le encanta organizar, y le genera malestar ver el desorden a su alrededor, sintiéndose abrumado. Marc nota como observa su alrededor algo confundido y deposita un tierno beso en su mejilla, indicandole que se siente. Traía consigo la pequeña olla con fideos, la cual colocó sobre la madera encima de la mesa. Luego fue a buscar la pequeña olla con salsa, repitiendo el mismo proceder. Y finalmente se sentó, uno en cada punta, frente a frente. Ambos se sirvieron su parte y comenzaron a comer, Frank primero frotó sus manos antes de iniciar, lo cual para Marc indicaba que estaba más tranquilo. En el medio, conversaban un poco. Frank como siempre le agradecía la comida, genuinamente le gustaba. Había algo distinto en degustar una comida hecha por otro, por alguien que amas. No puede evitar sonreír en cada bocado, una mezcla del hambre que sentía con sentirse feliz de compartir con alguien y por instantes se detenía para frotar sus manos. Marc lo observa encantando, intenta no hablar mucho pues sabe que a Frank le cuesta enfocarse en comer y conversar a la vez. Son esos momentos cotidianos donde ambos se olvidan de su vida como vigilantes. Por unos instantes, solo es el sistema Moon Knight y el contrario solo es Frank Castle, y ambos disfrutan una encantadora cena donde Marc comenta de alguna película que vio y Frank escucha atentamente mientras come.
Momentos así que Frank anhela sean eternos, que sean toda su realidad y no sólo una parte mínima. Momentos donde el Punisher no existe, donde los fantasmas no rodean y gritan. Momentos donde la paz parece una realidad. Y Marc puede sentir esa paz en el ambiente, sonriendo plácidamente al ver la tranquilidad en su pareja.
La cena transcurre hasta que terminan y en automático, levantan las cosas y proceden a limpiar. Frank se ofrece a lavar, secar y guardar lo usado a su vez que sigue agradeciendo la comida, besando en la frente a su amado y provocando que este se ría un poco. Marc intenta ordenar unas cosas mientras tanto, no dejando de hablar y acotar lo que sea, Frank ahora si se permite responder más, lavar los platos parece una actividad que puede realizar sin pensar casi. Momentos asi le hacen casi sentir como sus días en familia. Por un instante, siente que está en el hogar que perdió y se detiene, sintiendo el agua fría caer sobre sus manos, incapaz de escuchar lo que Spector podía decir. Por un instante, sentía que María estaba allí hablando, que sus hijos estaban durmiendo, que todo era distinto. Respira profundo, mirando hacia ningún lugar en especifico. Hasta que poco a poco las palabras de su pareja recobran sentido y volumen, regresando a su realidad y continua su tarea. Odia eso, realmente lo odia.
Y Marc cae en silencio cuando al limpiar encuentra en el piso uno de sus dardos de luna creciente, uno que le obsequio a su amado. Está cubierto de sangre, es claro para que fue usado. Pesadumbre sobre él, contemplando el brillo plateado por un lado y el brillo carmesí por otro. Lo levantó del suelo y se acercó a donde Frank lavaba los platos para limpiar aquello. El contrario se paralizó, exclamando débilmente "lo siento" y Marc simplemente le dio un beso en la mejilla, mientras con sus manos aplicaba la fuerza suficiente para que el carmesí se esfume por completo del plateado.
—Debí regalarte otra cosa, ¿no?
—No, no, es que...lo siento, en serio lo siento —Frank vuelve a balancearse, su voz suena pesada, odia tanto estos momentos, odia recordar quien es, odia que todo sea tan caótico, tan abrumador—. Fue lo primero que encontré, no pensé más allá de lo que hacia, solo quería parar los recuerdos y parar el dolor, siempre están ahí, María, Lisa, Frankie, yo, otro yo pero no están realmente.
—Se que no cambia mucho para ti pero yo estoy aquí.
El silencio los abraza unos momentos, Marc deja el dardo sobre la mesada y abraza a Frank por detrás mientras él trata de seguir lavando los platos. Puede sentir el calor del cuerpo del contrario, sentirse extrañamente seguro aunque incomodo por el contacto físico.
—Gracias.
Murmura encantando, sintiendo las leves caricias de Marc sobre sus hombros y brazos. Tierno tacto, deslizando sus dedos como si estuviese tocando la pieza más delicada existente, generando que Frank se estremezca un poco y sonría nervioso mientras intenta seguir lavando los platos.
Una vez termina, no quiere secarlos, no puede resistir el contacto dulce de contrario que tanto le exige responder y voltea hacia este para sostenerlo por la cintura, atraerlo contra su cuerpo y besarlo con cierta torpeza y ansias. No importa que edad tenga, Frank no sabe exactamente como debe besar a alguien, tampoco sabe exactamente como tocar a alguien, como acariciar. Son movimientos que no sabe coordinar, se abruma rápido de las sensaciones, se mueve con cierta dureza y timidez pero adora sentir como el mundo se esfuma en flashes con cada beso y cada caricia. Y Marc lo guía en su juego intimo, se hace cargo de la situación. No le interesa que se mueva mucho, solo que ambos puedan disfrutar del momento, y Frank agradece. Ese cuidado es lo que más le emociona de esa cercanía que tanto le cuesta llevar. La ternura en el trato de Marc, la paciencia, la calma, la lentitud. Todo es tranquilo, todo es suave. Son besos cortos, dando lugar a Frank para que no se sienta sobreestimulado y en las pausas ambos sonríen. El tiempo parece lento pero ligero, no hay ruido, no hay caos, solo hay tranquilidad.
—Deberíamos ir a dormir —musita Marc rozando los labios de su amado y dando un pequeño beso, adora tanto sentir sus labios, tenerlo tan cerca suyo, sentir sus latidos de corazón sincronizados por la emoción.
Y Castle asiente, soltando a su pareja para que luego su mano sea sujetada deprisa y comiencen a caminar juntos. Ambos se sintieron jóvenes otra vez, caminando de la mano por los pasillos, riendo por la acción, por lo que comparten. No hay problemas, no hay soledad. Solo dos hombres adultos siendo felices, amándose como no creían pasaría en mucho tiempo.
Llegan a la habitacion, Marc suelta a Frank para encender la luz y procede a quitarse su saco, dejando el mismo sobre un asiento y luego se deshace de sus pantalones y camiseta, quedando solo en ropa interior.
—¿Me prestarias una camiseta o algo?
—Ponte lo que quieras, aunque te diga que no, vas a hacerlo igual —mientras se acuesta en la cama comenta divertido Frank, aunque su tono no coincida con esa intención, Marc ya sabia identificarlo.
Marc revisa el armario y busca algo de su gusto, hasta que da con una camiseta de negra con la imagen de la portada del álbum American Idiot. No duda en agarrarla y colocarsela, la cual le queda algo grande tanto de ancho como de largo y se ríe un poco al lucir la ropa. Frank se deleitaba un poco ante la secuencia de su novio vistiéndose con su ropa, a su vez que desviaba la mirada avergonzado.
—A veces me olvido que eres emo —Marc pronuncia burlón, apagando la luz y acercándose hacia la cama hasta finalmente acostarse a un lado de su pareja —. Bueno, si queda contigo.
—¿Es por la calavera?
—Es por la calavera, porque usas negro hasta cuando el calor va a matarnos a todos y por la música que escuchas —argumenta sonriente, acomodándose sobre el pecho de Frank mientras esté lo rodea con su brazo, acariciando como puede su espalda.
—¿Y tu que?
—Hey, me encanta esta música pero sabes que me gusta más The Cure, Joy Division y ese tipo de bandas.
—O sea, un gótico.
—Si, cuando era adolescente quería vestirme asi pero no me dejaban en casa, al menos algunas veces pude usar ropas negras y pintar mis uñas de negro.
—¿Y ahora que te impide eso?
—Que ahora me gusta usar blanco y ya sabes porqué.
—Para que te vean llegar, Moonie —pronuncia con cierta ternura que emociona al contrario, quien procede a darle un beso en los labios, escuchando el sonido de "pop" que resuena entre ellos—. Me gusta verte con mi ropa, es raro de ver pero me gusta.
—Y a mi me encanta usarla, tal vez me la quede —bromea un poco, hasta que nota la confusión en el rostro de Frank—. Es broma, no me la voy a quedar.
—Igual si la quieres, te la regalo.
—¿Y perderme oportunidades de verte usando este tipo de ropa? No creo.
Marc sujeta las sábanas y las acomoda para que los cubra a ambos y suelta un pequeño bostezo. Le encantaba estar así con su pareja, adoraba compartir la cama con él, conversar tranquilamente de algo que no fuese el ser vigilantes. No puede dejar de agradecer aquella noche donde se conocieron, estaba donde debía estar.
—Descansa bien, Frankie.
—Descansa bien —repite y le obsequia un beso a su amado sobre la cabeza, intentando apreciar aquel momento.
Están juntos en la cama, sintiendo la calidez del otro. Comparten la noche despiertos y en sueños desde aquel primer encuentro. La luna ha presenciado su recorrido y hoy sigue siendo testigo.
Marc no tarda en conciliar el sueño, escuchándose su leve roncar. Y Frank aún está atrapado despierto. Su mirada se mueve por todos lados, sus pensamientos no se callan y suenan cual estruendos. Duelen y odia aquello. Siente a su lado a quien ahora ama y la culpa invade. Sabe que lo ama, sabe que es feliz a su lado pero ¿que hay de Maria y sus hijos? ¿Acaso los ha dejado de lado? Puede escuchar sus reclamos, puede escuchar como los abandona. No puede abandonarlos, no puede perderlos. El pasado lo arrastra, la vida que nunca tuvo lo aplasta. Y quiere llorar, llorar porque por más que sienta lo que sienta, no puede amar como debería, no puede imaginar un futuro distinto. Puede probar la calma, la dulzura que Marc ofrece. Puede reír, sonreír y vivir unos momentos. Pero son momentos que le recuerdan lo que perdió, lo que no puede tener realmente. Y aunque sabe todo ello, prefiere seguir ilusionandose con que tal vez algo sea distinto. Tal vez ese vacío pueda llenarse alguna vez, tal vez la tranquilidad vuelva a su vida. Tal vez algun día el Punisher se esfume.
Y se lamenta de haber conocido a Marc Spector. Y se siente culpable de lamentarse. En el lugar equivocado en el momento equivocado otra vez, porque cada muestra de amor que le es concedida por su pareja, más aumenta sus sentimientos de pena. Como si la alegría misma fuese un castigo para Frank. Sube a lo alto y luego cae hacia el vacío, pero luego ve que nunca salió realmente, solo fue una ilusión de que tal vez podría escapar de esa oscuridad. Lo que no es ilusión es la luz que brilla arriba, la luz que trae consigo Marc. La luz de la luna, alumbrando con encanto la oscuridad de la noche, resaltando su belleza.
Sus ojos se humedecen pero las lágrimas no salen. Marc es la luna, Frank es la noche misma. Marc acompaña, deslumbra y siempre está allí aunque a veces no lo parezca. Siempre que la noche llega, ahí está la luna. Siempre que Frank se cae, Marc está a su lado. No le importa que tan oscuro esté, se mantienen juntos.
Mira su brazo vendado con tanto cariño. Él estuvo allí, le cuidó y amó, le enseñó su dulzura y comprensión. Él está aquí a su lado, durmiendo sosegado. Y aunque cuando no están juntos no registra su ausencia exactamente, una parte suya sabe que está allí, que no hay una soledad real. Una parte suya gritará lo contrario pero otra parte, la que Marc ha despertado, se abraza a algo mejor.
No está seguro que habrá mañana pero ahora tal vez deba permitirse amar y ser amado. Puede intentarlo.
Y por primera vez, Frank siente que está en el lugar correcto, en el momento correcto, tal vez se le ha otorgado otra oportunidad, y tal vez debería aceptarla. Cerrando sus ojos con calma y acomodándose mejor junto a Marc. Compartiendo otra noche.
