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Un gemido ahogado resbaló por su garganta, mientras el chapoteo de los líquidos salpicando junto a la carne desgarrada al ser masticada por la cosa sub-humana que una vez fue él. Si hubiera seguido vivo probablemente hubiera vomitado por lo asqueroso de la escena, pero como estaba, lo que podía sentir era muy limitado. Cada una de sus reacciones fisiológicas se habían esfumado, arrancadas con violencia en un chasquido. Cuando escuchó el crujido de los huesos siendo masticados pudo por fin sentir un estremecimiento en la base de su columna.
Shang Qinghua supuso que aquello estrechamente relacionado a su muerte sería un miedo que lo acompañaría incluso en su nueva no-vida. Eso explicaría por qué odiaba las tormentas eléctricas cuando todavía estaba vivo.
Un hilo plateado muy delgado crecía desde su corazón, enredándose y bajando hasta el ser que ahora devoraba el cuerpo con éxtasis. Apenas era reconocible, sus antiguas túnicas de discípulo color amarillo se habían vuelto de un color marrón apestoso y la sangre que había sobresaturado la tela goteaba el suelo, además de los pedazos de tela que ahora faltaban. Su antiguo cuerpo no era muy cuidadoso sin su alma.
En su vida como otaku y escritor había visto su buena dosis de películas de zombis, pensó que serían similares a los cadáveres feroces de las novelas de cultivo mientras los incluía en su novela para darle algunas aventuras juveniles a Luo Binghe y como mini-jefes en las grandes mazmorras de su vida como adulto. Uno moría y la cantidad de resentimiento o en su defecto, energía demoniaca, llenaban el cuerpo, pero nunca pensó demasiado en lo que pasaría después, en lo que pasaría con el alma de la persona, creyó que se corrompería, pero ahora podía ver que no era así. La persona seguía allí, pero al mismo tiempo no.
El instinto, lo animal y bestial en uno se quedaba con la carne, mientras que los sentimientos, la moral, lo que formaba el alma, era expulsado, pero incapaz de irse a la siguiente vida, pues todavía estaba unido al cuerpo, incluso si este estaba mutilado o descartado, este estúpido hilo no lo dejaba escapar de sí mismo, como una correa para perros y, para su mala fortuna, él era el perro.
No podía recordar que lo había matado, solo las horas anteriores donde su shifu les ordenaba a él y sus compañeros traer el nuevo cargamento de libros para el pico Qing Jing desde el territorio del Palacio Huan Hua. Algo debió salir mal. Sabía que tenía algo que ver con sus huesos rotos, porque cada vez que su cadáver comía alguno de los cuerpos mutilados, el sonido de los huesos triturados siempre le causaba un malestar.
Además, había alguien enviándole alimento.
Su mente había estado muy borrosa y no estaba seguro de cómo lo habían arrastrado hasta este lugar. Era como una gran fosa con paredes muy altas que apenas permitían ver el circulo de un cielo rojizo (el reino de los demonios), aunque la mayor parte del tiempo este cielo bonito estaba cubierto por gruesas nubes de tormenta que, para su suerte, nunca dejaban caer su furia sobre su fosa. Pero su jaula no estaba desprovista de una salida, que era una forma de una única puerta de metal negro, aunque nunca había visto que alguien entrara por allí. La mayoría de las veces, la comida del zombi caía desde el cielo.
Ese es otro punto importante.
Una vez a la semana algo era arrojado desde las alturas. A veces eran cuerpo en descomposición, pero en raras ocasiones, eran demonios o humanos que todavía estaban vivos y respiraban, aunque estaban lisiados de alguna forma, seguramente por mano de quien quiera que lo hubiese capturado para hacerle más fácil la cacería.
Esos días eran los peores.
Aunque no podía sentir miedo o asco, sentía disgusto al ver su cadáver reanimado abalanzarse sobre estas personas y destrozarlas miembro por miembro, a veces consumiéndolos mientras todavía respiraban y con su sangre tibia cubriendo su piel. Todo para saciar su hambre infinita.
Si alguna vez alguien se apiada de él y exorciza su alma, espera que el peso de estas muertes no caiga sobre él. O mejor aún, espera no recordar nada.
Considerando que el sistema lo abandonó apenas estiró la pata, su destino era incierto.
Esta fue su vida o más bien, no-vida. Podrían haber pasado meses, años o incluso décadas. El tiempo perdía su sentido cuanto estabas muerto. Comenzó a contar el número de cuerpos e intentar inventar historias para sí mismo, imaginando por qué razón tuvieron la mala suerte de cruzarse con su zanja.
Ver las acciones de su cuerpo dejó de ser divertido muy rápido. Solo estaba parado ahí a la mitad del foso hasta su siguiente hora de comer.
Al menos hasta que un día algo diferente ocurrió.
Hubo un chasquido metálico y su cuerpo levantó la cabeza, mirando con ojos vacíos, rastreando el sonido y el movimiento. Hubo diversos *clicks* de las cerraduras siendo abiertas. Un gruñido resonando en la garganta del zombi de piel grisácea y venas negras. La pesada puerta hizo un rechinido mientras era forzada a abrir, probablemente por primera vez en años. Tres demonios entraron uno tras otro y el zombi soltó un grito furioso antes de abalanzarse contra ellos.
Los tres demonios chillaron al ver al depredador ir tras ellos, pero pronto soltaron suspiros de alivio.
El alma de Shang Qinghua giró para seguir sus miradas a la par que una gruesa cadena de hielo se enroscaba alrededor de la garganta de su cadáver, atrapándolo en su sitio. El zombi arañó con sus garras el hielo, causando apenas unos rasguños en la fría superficie.
Pero Shang Qinghua no estaba mirando eso, sino al dueño de la cadena.
Erguido orgullosamente como un gigantesco iceberg por sobre ambos. Rasgos afilados y una mandíbula con la que podría partir piedras, hombros anchos acorde al cuerpo esculpido como un adonis griego, pero por el tamaño del bulto oculto bajo la túnica, era claro que no todo era como en esas estatuas. Solo necesito ver sus ojos para saber quién era, aunque el sello brillante en su frente fue la prueba definitiva.
“Ven aquí” Mobei-jun ordenó con voz autoritaria al cadáver feroz.
Shang Qinghua miró al rey demonio con incredulidad. “así no es como funciona, mi rey” se burló, solo para ser arrastrado junto a tu cuerpo que se movía obedientemente hacia Mobei-jun, deteniéndose en la mano abierta del demonio que chocó contra su pecho.
“¡¿Eres un zombi o un perro?!” se gritó a sí mismo con enfado.
Los tres demonios que entraron por la puerta sacaron un equipo de limpieza rudimentario y fueron tras los montículos de basura que había dejado su cadáver feroz. A su cuerpo no le importaba, sus ojos marchitos estaban fijos en Mobei-jun, esperando su siguiente orden.
Un vórtice negro se abrió junto a ellos y Mobei-jun lo guio (a su cadáver) a través de este y su alma tuvo que seguirlos. Ahora estaban en una habitación con muros de hielo, sin ventanas y antorchas de fuego fatuo que suplían la iluminación. La habitación era muy amplia, pero estaba casi vacía de muebles, con solo un par de armarios, una mesa de piedra y una amplia tina juntos en una pared. Mobei-jun fue hacia el primer armario donde sacó algunas prendas que Shang Qinghua miró con curiosidad.
Su cuerpo por supuesto no se movió. El fantasma voló alrededor de su cadáver buscando algún hilo de titiritero, un clavo yin o al menos pruebas de que había un gusano Gu dentro de su cuerpo. No recordaba haberse comido ninguno. Pero debía haber algo, ningún cadáver feroz se comportaría tan bien ante la presencia de un ser vivo y mucho menos uno que bien podría estar relacionado con su muerte repentina.
Mobei-jun regresó con un conjunto de túnicas y las dejó sobre un mesón de piedra. A la par que un par de sirvientes ingresaron para llenar la tina con agua, pero se fueron tan rápido como entraron.
Sintió vergüenza cuando las garras del demonio cortaron sus túnicas andrajosas, dejándolo completamente desnudo en medio de la habitación. Por supuesto que el cadáver no reaccionó, pero su pobre alma estaba gritando tan fuerte que le habría dado a una banshee la oportunidad por su dinero.
“¡Mi rey! ¡¿Qué planeas hacerle a este?!” chilló.
Fue ahora que notó las costuras quirúrgicas que bajaban a través de su columna. Al igual que un gran moretón ante-mortem que se extendía a lo largo de su pecho y otro que cubría parcialmente su espalda. Era aterrador solo verlo. O al menos lo sería si no fuera ya un muerto.
Mobei-jun lo guio hacia una escalera que hizo con hielo y lo empujó hacia la tina con agua.
Su rey le había visto el trasero, que horror. Más que nunca quiso cortar la maldita cuerda y huir a algún rincón. Incluso el horno refinador de almas sonaba como una mejor perspectiva que este martirio.
Luego ocurrió una escena aún más increíble. Mobei-jun, orgulloso rey del desierto del norte, tomó un paño y comenzó a lavar su cuerpo con sus propias manos.
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Reinicie sistema.
Shang Qinghua no quiso seguir viendo y optó por mirar hacia otro lado. Exploró la habitación, ignorando el chapoteo de agua del fondo y rondó la habitación. No había mucho que ver en los armarios, había un montón de botellas con rotuladas con distintos sellos, además de algunos pasajes de escritura que le picaban las manos por revisar, pero su condición de fantasma le impedía tocar el libro para pasar de la portada en blanco. En el otro había túnicas ensangrentadas y otras más limpias, fue de ese armario que Mobei-jun sacó el conjunto que estaba sobre la mesa.
La mesa de piedra era solo un rectángulo donde el propio Mobei-jun podría haberse acostado tranquilamente. Había rasguños en la piedra y algunas grietas, además de unas manchas que se parecían sospechosamente a la sangre.
Estuvo un buen tiempo sumido en sus pensamientos, hasta que notó que Mobei-jun estaba sacando su cadáver del agua. Su cuerpo era muy obediente y se dejó tratar como una muñeca articulada en manos del rey de hielo. Secó su cuerpo superficialmente antes de cubrirlo con un conjunto de ropa interior. Pudor, al fin.
“Entren” con una orden dos mujeres demonio entraron en la sala, mientras Mobei-jun se apartaba para dejarlas trabajar.
Ellas manipularon su cuerpo, vistiéndolo con las túnicas que Mobei-jun había proporcionado. Todas de distintas gamas de azul con patrones de decoración que emulaban las flores de escharcha. Su cabello fue recogido en un moño similar al que usaba como discípulo de An Ding, pero mucho más ordenado que cualquier cosa que él hiciera. Se fueron rápidamente luego de eso, haciendo una reverencia ante el rey.
Mobei-jun lo rodeó, revisando el trabajo de sus sirvientes y pareció satisfecho con el resultado. O eso pensaba Shang Qinghua. No había conocido demasiado al rey del norte y solo podía confiar en sus recuerdos de la novela.
¿Era rey ahora Mobei-jun? ¿Se había perdido todo el contenido de la novela original? ¿Luo Binghe ya lo derrotó?
Se sumió en sus pensamientos hasta que Mobei-jun acarició con su nariz la mejilla de su cadáver reanimado.
Eh… eso no parecía estar bien.
“Compórtate bien, todo estará bien después de hoy” sus cejas se fruncieron ligeramente mientras
“Ah… Este sirviente está muy confundido, mi rey”
Permaneció en la habitación durante la noche, o lo que suponía era la noche, ya que todas las velas se apagaron. Mobei-jun volvió por él al amanecer para llevarlo a la zanja de la que lo había sacado. Estaba mucho más limpia que antes y habían puesto unas gradas en las orillas superiores donde ya había personas esperado y gritaron cuando lo vieron entrar junto a Mobei-jun.
Casi se pierde a si mismo cuando vio al emperador Luo Binghe, el loto ennegrecido sentado en un trono en la parte más alta de las gradas.
“Será la última vez, estarás bien” Mobei-jun susurró en su oído (el del zombi) antes de desaparecer en otro portal, para reaparecer junto a Luo Binghe.
Solo entonces se dio cuenta de que no estaba solo en la zanja, había una vasija con una forma excesiva y repugnantemente familiar para él. Y, además, de esta colgaba una cadena plateada muy corta unida al cuerpo que respiraba y a un fantasma que hizo un gesto de horror apenas lo vio.
“¡The Fuck! ¡¿Es eso un maldito zombi?! ¡¿Puede ponerse esto peor!” gritó el fantasma, sorprendiendo a Shang Qinghua, incluso en su apatía fantasmal, sintió lastima por ese pobre diablo que había reemplazado a Shen Jiu.
“Amigo, no sé quién sea, pero lamento que hayas terminado en el cuerpo de mi villano escoria. No se lo desearía ni siquiera a mi peor enemigo”
“¿Tu villano escoria? ¡¿Avión?!” el autor no tuvo tiempo de sorprenderse por haber sido escuchado por la otra alma cuando le gritó.
“Eh, ¿sí?” por la mirada asesina en los ojos del otro, el autor tuvo el presentimiento de que, de haber estado vivo, hubiera sido asesinado de nuevo por este furioso lector de pólvora negra.
“¡¿Tienes idea de todo lo que tuve que pasar?! ¡Morir solo para ser torturado por el jodido Luo Binghe porque piensa que soy Shen Qingqiu! ¡Imbécil! ¡Autor de pacotilla! ¡Te sirve bien haber terminado así! ¡Es lo mínimo que mereces por haberme arrojado de esta forma!”
El reconocería ese discurso donde fuera “¿Pepino-sin-igual?”
El otro dejó su diatriba de insultos y lo miró con la boca abriendo y cerrando como un pez.
“Lo siento, lo siento. Aunque debes reconocer lo irónico de todo esto, ya que fuiste uno de los que más pedía que castigara a Shen Qingqiu de formas crueles. Incluso sugeriste la castración más de una vez”
“¡Cállate!” Su nuevo hermano lo miró de arriba abajo “¿La rata espía de An Ding?”
“Ni siquiera tuve la oportunidad de serlo antes de terminar frio” hizo un gesto con el pulgar, cortando su cuello.
Shen Qingqiu, o mejor dicho, el hermano Pepino, hizo una mueca en su cuerpo fantasmal. Adorable. Probablemente aún no se acostumbraba a estar muerto, pronto lo haría, tenían toda la eternidad.
“¿Has estado aquí todo este tiempo?”
“Supongo”
“¿Por qué no te has ido? Vi cómo era cuando me arrastraban, nadie vigila este lugar”
“DUH. Mírame, estoy pegado a mi cuerpo por esta cosa molesta, no puedo ir a ningún sitio a menos que me siga y como viste, solo hace caso a Mobei-jun”
El otro dijo con una sonrisa cínica “No somos de este mundo, esas reglas ya no aplican para nosotros”
“Oh…”
“¿Qué?”
“Solo… nunca pensé en volver a entrar…”
“¿Estas bromeando? Entra y sácame de esa vasija, es malditamente apretado” Pepino-sin-igual lo miró como si fuera el idiota más grande del mundo, golpeó su frente con la mano, soltando un suspiro exasperado y sus cadenas espectrales se arrastraron mientras entraba en el cuerpo-vasija de Shen Qingqiu.
Ese único ojo verde moribundo lo miró con una frialdad que hizo estremecer su alma y obedientemente entró en su antiguo cuerpo.
Fue como sumergirse en agua helada, pero al mismo tiempo estar hirviendo desde dentro. Las sensaciones olvidadas lo abrumaron, probablemente estaría convulsionando.
Volvió en sí. Todavía en la misma zanja y con la vara humana Shen Qingqiu todavía mirándolo con su único ojo en buen estado y con una mueca que podría haber sido preocupación curvándose en su boca.
Abrió la boca, solo para que un gemido surgiera en lugar en palabras.
El otro transmigrador desafortunado lo miró expectante.
Tomó una roca cercana y la estrelló contra la vasija de cerámica. Los pedazos cayeron al igual que el cuerpo del cultivador. El cuerpo del otro hombre cayó como una muñeca de trapo, demasiado débil para sostenerse con los muñones inertes. Arriba del foso, podían oírse los gritos de emoción de los espectadores. En lo más alto, estaba el emperador Luo Binghe, con dos de sus esposas a sus pies y con Mobei-jun a su izquierda, mirándolo a él.
Sabía lo que esperaban que hiciera, pero no podría hacerlo.
Así que solo tomó el cuerpo que estaba entre la vida y la muerte, sosteniéndolo sobre sus piernas.
Le dio una mirada de disculpa y el otro suspiró resignado.
Los gritos de éxtasis se fueron apagando cuando se dieron cuenta que no ocurriría lo que esperaban. Luo Binghe ya se había levantado de su trono, con Xin Mo sostenida en su mano derecha. Evitó la mirada de Mobei-jun, centrándose solo en la mirada de su compañero. Ah… realmente quería llorar, pero suponía que los cadáveres no tienen lágrimas.
El aire frio fue seguido por una mano que se aferraba al cuello de su túnica, obligándolo a separarse de su recién encontrado compañero transmigrado.
Quiso suplicar, pero solo salió un sonido ronco sin forma. Luego de eso Mobei-jun lo arrastró más lejos, mientras el emperador Luo Binghe se cernía sobre su compañero. Shang Qinghua no quería ver que pasaría y se forzó a salir de su cuerpo, regresando a la vacía no-vida fantasmal. Su cadáver cayó como un maniquí. El hermano pepino había hecho lo mismo y ahora ambos estaban esperando las reacciones de los señores demonio.
Luo Binghe gruñó enfadado cuando Shen Qingqiu volvió a ser el mismo montón de carne sin alma que antes y miró a Mobei-jun en busca de explicaciones.
Ah… ahora si la habían liado.
Ambos se miraron con gestos angustiosos cuando el hilo de Shang Qinghua fue jalado mientras Mobei-jun arrastraba su cuerpo a un portal negro. No pudo decirle nada al otro hombre antes de dispersarse y aparecer en la misma habitación donde Mobei-jun había tratado con su cuerpo. Recostó el cadáver en la mesa de piedra sin cuidado, arrojando fuera algunas botellas de vidrio y su contenido que se dispersó por el suelo.
El cadáver feroz permaneció obedientemente recostado, pero su fantasma era curioso y persiguió al rey demonio, quien se había sumergido en el armario cerrado donde estaban las notas que antes no había podido leer.
Observó con fascinación informes completos, teorías y avances que el rey demonio había obtenido en la reanimación de su cuerpo. Apenas podía leer algunas cosas por lo rápido que el rey demonio cambiaba las paginas, pero pudo distinguir fragmentos sobre la reparación de huesos y la unión de los nervios y el uso de energía demoniaca para reemplazar el Qi espiritual.
¿Desde cuándo Mobei-jun estaba interesado en la nigromancia?
Frustrado por no encontrar lo que buscaba, el demonio arrojó el cuaderno con furia contra la pared y las páginas de dispersaron por el aire, cubriendo el suelo. A Mobei-jun no le importo pisotear el fruto de su trabajo y continuó destrozando la habitación con sus garras.
Si seguía así, podría lastimarse – pensó Shang Qinghua.
Era su culpa, había estado tan impaciente por volver a su cuerpo y ahora su rey estaba molesto.
Su alma vibró y de un momento a otro, estaba sosteniendo el brazo de Mobei-jun.
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Aquello había sido un fiasco.
Todo comenzó ese día que había sido herido por el palacio Huan Hua. También era el día que conoció a ese extraño humano. Alguien con tan poco sentido se supervivencia que se aferró a su pierna, rogándole porque lo acepte como su sirvienta. A pesar de que detrás de él estaban los cuerpos de sus hermanos marciales.
Mobei-jun había querido arrojar al humano e irse, pero el veneno y sus heridas le hizo caer inconsciente, dejando su suerte en manos de ese insignificante hombre.
Su despertar fue demasiado brusco.
No había medido su fuerza y el hombre que estaba su lado salió volando por la fuerza del golpe, chochando contra la pared. El sonido de su cuello quebrándose, antes de que su cuerpo cayera como una muñeca de trapo contra el suelo.
En un principio fue indiferente a la muerte del humano, probablemente había intentado hacerle algo. Pero mientras más buscaba en sí mismo, más se daba cuenta de que la palabra del humano había sido verdadera. El veneno había sido extraído y el dardo ling hua estaba destruido en una bolsa que pertenecía al humano. Incluso todavía había rastros de medicina y comida con las que el humano lo había estado alimentando. Maldita sea. El humano ni siquiera tenía armas entre sus pertenencias.
Mobei-jun era un demonio cultivado en las viejas costumbres de su raza. Un enemigo que perdonaba una vida, era una deuda que solo podía ser pagada de la misma forma.
Mobei-jun había sido salvado por el humano, pero él lo había matado a cambio.
El peso de esta maldición cayó sobre sus hombros forzándolo a hacer algo al respecto. Así que, en cuanto sus heridas estuvieron mejor, tomó el cuerpo y regresó a sus habitaciones del norte donde lo cubrió en un ataúd helado, para prevenir su putrefacción en lo que descubría que hacer con él.
Revisando las cosas del humano encontró una bolsa quiankun con baratijas banales, semillas de melón y algunos frascos con medicina. En el fondo había un libro. Parecía un diario de viajes, con historias y parajes con tesoros que pensó que eran leyenda y sucesos que no podía imaginar, junto con algunas notas al azar con sus propios pensamientos. Pero que años después cuando un mestizo llegó a su puerta y lo derrotó con una espada maligna, supo que eran visiones del futuro.
No había matado a un humano cualquiera, sino a un vidente.
Viendo tanto de este mundo, incluso de su vida misma, ¿Cómo podría no haber previsto su muerte?
A menos que no estuviese destinado a morir ese día.
Ya sabía que debía hacer.
Usando el diario como guía, fue que reunió muchos de los materiales que necesitaba para comenzar su investigación, también facilitó su camino a través de la corte bajo el yugo de Luo Binghe al prever varios de los complots mayores que estaban en su contra. Pero, mientras leía, no podía evitar fijarse en las notas de Shang Qinghua (así se llamó el hombre a sí mismo en el diario). Fue embriagado por sus pensamientos, sus miedos, sus ideas y las bromas que soltaba para sí mismo, casi podía imaginarlo, hablador y nervioso caminando detrás de él soltando consejos al azar, pero muy acertados. Una ayuda valiosa para su reinado.
Muchas noches se encontró a si mismo visitando el ataúd helado, trabajando hasta tarde. Siempre había modificaciones que podía hacer a sus rituales, mejorando y puliendo los sellos y las matrices.
Hubo una suave luz, antes de que el cuerpo se desplomara de nuevo. El cadáver se llenó de energía demoniaca y sus ojos vacíos lo miraron sin reacción. Había confiado que la energía de Xin Mo proporcionada por Luo Binghe sería lo que necesitaría, pero era otro fracaso. Pero al menos era un avance.
Llamó a los sirvientes para que vinieran a limpiar el desorden y apenas estos pusieron un pie en el rango de audición del cadáver reanimado, este se movió a gran velocidad y abalanzó sobre ellos como una bestia hambrienta.
El primero que entró en la habitación no tuvo tiempo de reaccionar antes de que las fauces se cerraran en su brazo y las uñas negras y duras desgarraran su carne como si fuera mantequilla. Los otros gritaron y huyeron de la escena, dejando a su compañero a su suerte mientras era comido vivo.
“¡Shang Qinghua, alto!” el cuerpo detuvo su acción, aun con el brazo del demonio en su boca mientras la necrosis se extendía como venas negras en el demonio aún vivo. El veneno continuó avanzando por sus venas incluso cuando fue liberado.
Pudo ver como este estaba en un estado catatónico y en cuestión de minutos, este falleció. Pensó que era el fin, pero
Cuando hizo el nuevo cuerpo reanimado fijó su vista en Mobei-jun, soltó un grito horrible antes de saltar sobre el rey demonio. Mobei-jun estaba a punto de ensartarlo con su hielo, cuando el cuerpo del humano se movió primero, repeliendo el ataque del demonio resucitado. Esta vez Mobei-jun no lo detuvo y observó como Shang Qinghua dominaba a su contrincante, rompiendo sus huesos para incapacitarlo y luego, mientras todavía gruñía, comenzar a comerlo. Esta grotesca escena continuó hasta que el humano mordió su garganta, cortando la yugular separando los nervios cervicales del resto del cuerpo.
“Shang Qinghua
Después de ese día no logró ningún otro avance en su investigación respecto a Shang Qinghua. Con el tiempo concluyó que necesitaría más de la energía de Xin Mo para poder continuar. Pero sabía que tenía algo allí, solo necesitaba despertar la conciencia del humano. Solo entonces su deuda estaría saldada.
…y, tal vez, podría conocer la verdad detrás del diario y a su vez, conocer al verdadero Shang Qinghua.
Creó la arena para encerrar a Shang Qinghua, ya que no podía controlar sus impulsos asesinos contra cualquiera que no fuera el propio Mobei-jun y parecía que su cuerpo se nutría con cada nueva víctima consumida. Ya fuera humano o demonio, su creación fue prolija, aunque un poco desordenada, dejando poco más que huesos en algún rincón.
Este tipo de cosas no pueden mantenerse en secreto por mucho tiempo. Los rumores sobre su cadáver feroz se extendieron hasta llegar al emperador, quien encontró en él algo interesante, pero fue una oportunidad para obtener
Se suponía que Shang Qinghua devoraría al viejo maestro del emperador, Shen Qingqiu, como un castigo final para acabar con la triste vida del hombre. Y cuando eso no ocurrió, cuando vio como Shang Qinghua caía y se volvía a levantar, por un segundo pensó que estaba vivo y que lo miraba detrás de esos ojos velados.
Pero fue solo una ilusión.
Luo Binghe estaba enojado y Mobei-jun no tenía respuestas. Solo pudo llevarse a Shang Qinghua para que el emperador no se desquitara con su creación. Entonces, cuando ambos estuvieron solos, desató su propia frustración ante su nuevo fracaso y la oportunidad que se le escapó de entre los dedos.
Mobei-jun estaba a punto de quebrar la pared con un golpe cuando su brazo fue retenido por dos manos delgadas. Miró hacia atrás para ver al cadáver feroz sosteniéndolo con una expresión de angustia. Esos ojos castaños que por mucho tiempo habían sido vidriosos y huecos, ahora rebosaban de vida mientras sus miradas se conectaban.
“Shang Qinghua”
El cadáver abrió la boca, pero solo soltó un conjunto de gruñidos. El demonio pensó que debía haber un problema con sus cuerdas vocales, pero podría arreglarlo.
El hombre continuó sosteniendo su brazo contra su pecho. Su rostro ceniciento estaba todavía cubierto de tierra. Mobei-jun acercó su mano para limpiarla, pero el otro se mostró asustado y reticente a su toque. El cadáver feroz lo arrastró a la mesa de piedra y rebuscó entre las cosas del suelo hasta dar con un pincel y tinta. Tomó un trozo de papel e intentó escribir, pero sus músculos estaban atrofiados y accidentalmente rompió el pincel.
Shang Qinghua soltó un suspiro de frustración mientras miraba la madera rota con tristeza.
Manchó sus dedos con la tinta y escribió con torpeza en el papel.
[No quería meterte en problemas con él]
“¿Desde cuándo?” ¿Cuánto tiempo había estado consiente? ¿Desde esa noche que resucitó? ¿Fue durante su estancia en la arena?]
[Mucho tiempo, pero no lo sabía…] [Lo siento]
[Shen Qingqiu me enseño]
[¿Estás enojado?]
Él negó con la cabeza. Su enfado venia de la frustración de haber perdido la oportunidad de recuperar la conciencia de Shang Qinghua, pero ahora, el humano la había recuperado por sí mismo. Había un par de cosas que pulir y tendría que enseñarle a Shang Qinghua a controlar su fuerza. Mientras tanto, continuaría pasando tiempo con el hombre y tal vez, podría convencerlo de que se quede en el norte.
[¿Mi rey?] [¿Ocurre algo?]
[Este sirviente todavía será útil. Se mucho de muchas cosas, solo, no me regreses allí abajo…]
“Qinghua no irá a ningún lado”
Lo pensó un poco más.
“¿Qinghua se quedará con este rey?” el anhelo se escapaba en su voz.
[Te seguiré hasta el final]
