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Por Dios, ¿qué le pasó a su pareja? ¿Qué necesidad había de cargarlo en frente de todos? No es que le moleste, por supuesto. De hecho amaba estar en sus brazos, puede que fuera el alfa de la relación, pero amaba los abrazos, sobretodo los de su omega, no lo podía evitar. Siempre fue así de cariñoso.
Messi amaba a Guillermo, de eso no había duda, todos lo sabían. Desde sus compañeros hasta la selección y sus respectivos países. A veces algunas personas de ambas aficiones parecían estar en contra, pero en realidad preferían ignorarlos.
Hoy fue uno de esos dias. A Guillermo y Lionel les gustó ser cariñosos; tomarse la mano, darse palmadas en la cabeza, acariciar la espalda del otro. Todo eso les encantaba. Sus amigos se habían dado por vencidos en decirles que ocultaran para sí mismas las muestras de afecto, pero ahora incluso bromeaban al respecto imitando sonidos de besos o fingiendo ser uno de los dos.
"Oh, Memo te amo tanto" "Yo te amo más Lio, besame". Eran sus frases favoritas para avergonzar al par de hombres enamorados.
Sin embargo, no todos eran tan abiertos de mente. Cuando salieron las dos selecciones juntas a festejar el triunfo de ambos equipos se encontraron con un grupo de señores mayores de Qatar. Parecían inteligentes, además de su idioma sabían hablar inglés y español, pero eso no los hizo menos retrógradas.
– ¡Pero miren eso, que vergüenza! ¿Acaso no son del mismo sexo? ¡Qué asco!
Tan pronto escucharon comentarios similares del resto de personas que concluyeron con el hombre, todos rodaron los ojos y gimieron con cansancio. No habían dejado de escuchar críticas parecidas de la mayoría de gente, hombres y mujeres por igual, de Qatar. Rápidamente Messi y los otros alfas de ambos equipos emanaban un olor amenazante, lo cual terminaba por alejarlos. Era mejor, preferían no medirse en problemas y ahorrarse tiempo con ese tipo de personas.
No obstante, en esta ocasión hubo algo diferente, por lo general, los supresores de Guillermo nunca habían fallado, pero ese día fue la excepción, dejándole al descubierto poco a poco su aroma a todos.
A ninguno de sus compañeros del equipo argentino le importaba, mucho menos a sus amigos, pero parecía causar problemas al tratarse de los arrogantes hombres frente a ellos.
– ¡No puede ser! ¿Huelen ese olor? Es asqueroso. ¡Hay un sucio omega aquí, es uno de sus jugadores y, sí no me equivoco, es el portero mexicano!
– ¿Tiene algún problema con mi condición? – preguntó rápidamente Memo. Había observado a su pareja, sabía lo mucho que lo molestaba que juzgaran a alguien por su casta siendo él juzgado anteriormente por las diferencias de características entre un típico alfa y su apariencia.
– No deberías estar aquí, eres repugnante.
– Soy muchas cosas, un hombre mexicano, un omega, un jugador de fútbol, e incluso ha sido un humilde vendedor de tortas. Nada de eso me ha avergonzado, al menos no tanto como conocer a personas como usted – Memo le respondió, sí aquel señor creía que no se iba a defender por ser un omega, estaba muy equivocado. Sus amigos y compañeros lo miraron, sabían que no necesitaban ayuda para defenderse.
No era un príncipe en apuros. Era un omega con honor e imponía respeto, incluso entre alfas, algo que sería impensable dado su estado.
– A diferencia de usted yo si tengo valores y sé que todos merecen respeto por igual. Sé que nadie debe ser juzgado y tengo amigos, compañeros y familia que me respalden.
– No te quieras hacer el importante conmigo.
– Soy un omega, tengo un alfa hombre y no me avergüenza decirlo – lo ignoró. – Él es Messi, lo deben de conocer, es más importante de lo que ustedes juntos nunca serán. Él es mi alfa y yo soy su omega.
– No me interesa conocer al inepto homosexual que te la mete.
– Es un idiota – continuó sin prestarle atención al "¡Oye!" de su pareja. – También un bruto y en ocasiones me desespera.
– Eso es más que obvio – resopló el señor.
– Pero ha de saber, que por más alfa, idiota, bruto y denso que sea, yo puedo ser tan dominante cómo él en muchos aspectos.
Guillermo se alejó y tras darle la espalda se acercó a Lionel, quién lo miró confundido, y procedió a tomar posición y cargarlo desde su silla logrando aturdir a los árabes, avergonzar a Messi y hacer reír y aplaudir a los mexicanos, argentinos y resto de omegas en el mismo restaurante.
– Sí me juzgan, se sorprenderán con los resultados – Memo sonrió.
