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Honestidad

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Pannacotta Fugo es un actor reconocido con un doloroso pasado, lo cual, ha generado que sea una persona con una gran autoexigencia y perfeccionista. Experimentando su primer desamor, esta vez, dejó que sus sentimientos florezcan y sean expresados. Siendo gracias a la silenciosa y reconfortante compañía de Risotto Nero, el director de la película romántica en la que actualmente está trabajando. ¿Qué es lo que surgirá tras esta tristeza?

Este relato es una participación en el evento de San Valentín de la cuenta @SS_JJBA (Twitter). Un regalo al usuario @ShipMini (Twitter). Espero que te guste, es la primera vez que escribo estos personajes y ha sido una maravillosa experiencia. ¡Un abrazo enorme!

Work Text:

La nocturna brisa acariciaba el rostro de Pannacotta, en silencio, se limitó observar el cielo nublado. Su nariz estaba enrojecida, y frotando sus manos, suspiró intentando organizar sus pensamientos. Se sentía avergonzado por haberse dejado ver por su director, sin embargo, las lágrimas no cesaban. El hombre de cabello oscuro, había tomado su rostro para secar las lágrimas que deslizaban por sus mejillas. De alguna manera, su honesta preocupación lo había cautivado, por lo que aceptó dar un paseo juntos. Pensó que aquello era mejor que quedarse solo.

Nunca entendió como un hombre con la apariencia de Risotto Nero pudiera dedicarse a dirigir películas románticas. Se trataba de un hombre de gran estatura que trasmitía una imponente presencia en cualquier lugar dónde él estuviera. Su cuerpo estaba completamente tatuado, incluyendo su esclerótica. Fugo se preguntó si no le hubiera dolido un infierno al tatuarse los ojos. Su cabello oscuro era liso y corto. Más allá de parecer un tatuador o un artista metal, también era alguien bastante agraciado. Si había algo de él que le atraía era su rostro, quizás razón por la que esa noche había accedido a gozar de su silenciosa compañía.

Nero no era un hombre de grandes palabras, se limitaba a decir lo justo. Una característica de su personalidad que llegaba a generarle cierta impaciencia. Parecía como si estuviera pagando para hablar, y aquello lo molestaba. Risotto podía llegar a carecer de tacto, y pudo comprobarlo a la hora de hacer el rodaje. Era capaz de dar justo en el nervio.

Pannacotta Fugo era un reconocido actor, había trabajado en proyectos de diferentes géneros. Sin embargo, era comúnmente asociado al colectivo LGBTQ+, mejor dicho, al romance gay. Se había convertido en una gran inspiración dada su orientación sexual, y su gran implicación al tratar acerca de los derechos del colectivo. Por esta misma razón, el director Risotto Nero le llamó la atención ver el nombre entre los candidatos para representar el protagonista.

La vida de Fugo nunca fue fácil, sino todo lo contrario, tuvo que afrontar a diferentes dificultades dentro de la industria. No obstante, su determinación e inteligencia, jugaba un papel a favor. No iba a volver a caer en la oscuridad, mucho menos, porque había encontrado un faro de luz que podría guiarlo en el camino, Bruno Bucciarati. Había sido la única persona que estuvo en el momento más bajo de su vida. Lo había escuchado sin juzgarlo, y le había dado un lugar al que estar cuando fue desheredado de la familia. Ante la honesta amabilidad de Bruno, el joven de cabello plateado no pudo evitar sentir un afecto que iba más allá de la amistad. Bucciarati fue su primer amor, y último.

Pannacotta provenía de una prestigiosa familia italiana, los Fugo eran personas conocidas por sus exitosas carreras y su alto estatus social. Los padres de Pannacotta procuraron potenciar sus capacidades desde una temprana edad, generando en el joven una sobrecarga de responsabilidad y una sensación de deber. Desarrolló una gran capacidad de aprendizaje, y en realidad, le era placentero poder inundarse entre los diferentes libros y artículos. A medida del tiempo, lo que era un espacio seguro se convirtió en un infierno. Las felicitaciones se convirtieron en sutiles amenazas, y las supuestas sugerencias acabaron siendo órdenes a que cumplir. Fugo nunca pudo elegir su camino, ya había sido determinado por sus padres. Fue engañado a creer que había tomado las decisiones, cuando en realidad fue manipulado. El color de su vida fue desapareciendo, y quedó parado delante su aceptación de una de las universidades más prestigiosas en el extranjero. La vida que lo envolvía era gris, y con una triste expresión, guardó el sobre sin tener otra opción que seguir hacia delante.

En el segundo año universitario, uno de los profesores se aprovechó de su situación de poder sobre su estudiante. En una de las tutorías privadas, intentó abusar sexualmente de Fugo, quién desesperadamente había acudido a su profesor por una nota que había recibido. Si su familia descubriera ese descenso, supondría un gran problema. El profesor teniendo dicha información, creyó conveniente usarlo a su favor. Intentó chantajearlo con eso, sin embargo, desconocía el lado oculto de la personalidad de Pannacotta. El joven guardaba su frustración para sí mismo, se sentía incomprendido y aquello se convirtió en una rabia intensa. Tomando el objeto más cercano, en ese caso, la lámpara situada sobre el escritorio del despacho, lo estampó contra la cabeza del pervertido. Había perdido el juicio, y todos los sentimientos florecieron en su interior, tiñendo el grisáceo mundo que le envolvía de un rojizo sangriento. Golpeó y volvió a golpear, sin poder escuchar sus propios gritos. Ese incidente había sido la gota que colmó el vaso, pero, por otro lado, había sido la llave que lo desencadenó de esa odiosa vida. Para así sumergirse en la oscuridad, tras ser expulsado de la universidad, y haber arruinado su futuro.

No era algo que no supiera, sus padres nunca lo amaron y solo lo veían como una herramienta para satisfacer sus deseos que giraban entorno a mantener su estatus social. Toda su educación se basó en aquello que opinaban los demás, personas que desconocía y en ocasiones, se preguntaba si eran reales. Si todo se trató de un miedo a ser rechazados. Se había quedado completamente solo, y afrontar esa realidad fue dolorosa. Hasta el momento en que conoció a Bucciarati en una de las cafeterías en las que trabajaba. Conversaron acerca del arte y la literatura, y de esta manera, se convirtieron en buenos amigos. Bruno fue quién lo introdujo en el mundo de la actuación. Comenzó en obras teatrales de la zona, un lugar en el que se juntó con más personas. Descubrió una nueva pasión, el sentir y trasmitir historias. Dar voz a personajes, para que fueran escuchados.

En el fondo sabía que Bruno siempre lo había visto como un hermano menor, y estaba agradecido a su apoyo. Lo impulsó a prosperar en la carrera, terminó siendo conocido entre otros profesionales del campo y contratado en el reparto de películas de la gran pantalla. Parecía ser un sueño, era un hombre culto capaz de proporcionar buenas aportaciones a sus directores y enriquecer las historias, además de que le resultaba fácil memorizar los guiones. Había aprendido sobre la cinematografía, y aquello lo llenaba. Aún así, no podía considerarse feliz.

Tras el rodaje de las últimas escenas de la película dirigida por Nero, recibió una llamada perdida de Bucciarati. Lo llamó de vuelta, y durante la conversación, éste le comunicó que estaba comprometido y tenía pensado casarse. Fugo tuvo que tragar sus sentimientos, ocultarlos de nuevo, y complaciendo a su buen amigo, lo felicitó:

— ¡Felicidades! ¡Para mí será un honor estar presente en tu boda, Bruno! Estoy muy feliz por ti — se obligó a sonreír. — Te deseo lo mejor.

No sé percató de sus propias lágrimas hasta que terminó la llamada. Su sonrisa desapareció, y solo quedaron aquellos sentimientos que le hacían sentirse culpable. Al fin y al cabo, no era merecedor del amor de Bucciarati y tampoco de nadie. Era un mal hijo y también un mal amigo. Su egoísmo le haría infeliz de por vida, y era la maldición que le impedía deshacerse de la soledad.

Cuando levantó la vista, encontró a Risotto, quién lo miraba en silencio y con los brazos cruzados. Acercándose a él le secó las lágrimas, y le propuso tomar algo. No supo bien cómo terminó contándole todo eso, desde su relación con sus padres, el incidente en la universidad y sus sentimientos por Bruno. Sintió una extraña emoción al ver que aquel hombre lo escuchaba en silencio. Por un momento pensó que contarle su vida personal a su director era inapropiado, y que quizás solo estaba siendo cortés. No quería sobrepasarse. Sin embargo, vio que el hombre de cabello oscuro mostraba una genuina preocupación y estaba atento a sus palabras. Eso le hizo sentirse bien, era reconfortante.

La relación entre Fugo y Risotto nunca fue cercana, incluso podría decirse que no eran muy compatibles. Lo toleraba por cuestión de profesionalidad, y creyó que los sentimientos eran mutuos hasta esa noche.

— No soy la mejor persona para hablar sobre el romance, pero dudo que seas egoísta. Eres un buen amigo.

Esas palabras podrían parecer superficiales si fueran dichas por otra persona, pero saliendo de Risotto lo sorprendió. En cierta forma, se sintió mejor. A pesar de ello, había algo que lo había dejado pensativo. Fue por un segundo, pero pudo ver en él una mirada que lo había dejado desconcertado. Un brillo en sus ojos que lo había cautivado. Decidió no darle más vueltas, hasta en el momento actual.

Reflexionar a solas en aquel parque había sido, en cierta forma, refrescante. Risotto le había dejado espacio personal, y se lo agradeció. Pudo verlo desde la lejanía, caminar hacia su dirección. Había algo en ese hombre que le parecía interesante, quizás era aquello que tanto le molestaba, su honestidad. Sentado en el frío banco de madera, apoyó sus codos sobre los muslos y observó fijamente a su director. No parecía tener un interés más allá en hacer bien su trabajo y reconfortar a Fugo. Pero, ¿por qué hacía eso? No eran amigos, ni siquiera conocidos cercanos, la mayoría del tiempo Panaccotta fingía no querer romperle el cráneo cada vez que recibía una dura crítica de Risotto. Sin embargo, era la única persona que no parecía querer dejarlo solo. ¿Qué es aquello que albergaba en su corazón? ¿Cuáles eran sus verdaderas intenciones? ¿Estaba bien aceptar su amabilidad sin cuestionárselo?

Sin haberse percatado, Risotto ya había llegado, dejando la lata de refresco sobre su cabeza.

— Por poco me matas con la mirada — Risotto lo miró desde arriba.

¿Era eso acaso una broma? ¿El mismísimo Risotto Nero había hecho una broma sarcástica? Fugo miró su refresco, era de fresa, su sabor favorito, no pudo evitar sonreír.

— ¿Desde cuando te haces el gracioso? — Fugo se levantó, abriendo el refresco y dando un corto sorbo.

— Desde siempre, supongo — Risotto lo miró de reojo. — No solo soy el director serio y perfeccionista — levantó una ceja esperando alguna reacción de Fugo.

Quizás estaba probando de animarlo de alguna forma, dejó ir una suave carcajada y lo señaló con el dedo.

— “No te enfoques en la tristeza, tienes que trasmitir las demás emociones”, ¿cuáles específicamente? Sé más concreto, y dilo de una manera como si no supiera actuar — lo pinchó con el dedo en su pecho. — Es molesto.

— Tu personaje está perdiendo todo aquello que le importó en su momento, pero también se percata que aquello que anhela es un vago recuerdo. Los sentimientos desparecieron desde hace tiempo, solo había quedado la monotonía y la costumbre — Risotto explicó mirando el cielo — ¿Realmente crees que solo sintió tristeza?

Fugo lo miró en silencio por unos segundos, y reflexionó, pero no podía dar con alguna respuesta concreta. Bajó la cabeza, enfocando su mirada hacia sus propios zapatos y las deportivas de Nero.

— Incerteza, furia, nostalgia, … quizás, ¿culpa? — entrecerró los ojos. — Se arrepiente de no haber podido actuado correctamente, pudo haber evitado el declive de su relación.

— Fue demasiado tarde, y solo quedó decir el adiós. Lo que hiciste fue maduro, Pannacotta, supiste quererlo. Evitaste mantenerlo a tu lado, ignorar su felicidad y voluntad. Supiste cuando dejarlo ir, pero tampoco marchaste. Bucciarati y tú seguiréis compartiendo una felicidad, aunque no sea como en un principio deseaste.

Las miradas de ambos hombres se encontraron, y en ese momento entendió los sentimientos que no pudo comprender del protagonista. Ladeó su cabeza, cayendo un plateado mechón sobre su rostro, Risotto en silencio alzó su mano y deslizó sus dedos sobre el mechón para así ponerlo detrás de la oreja de Fugo. La mano de Nero era grande y cálida. Fugo desconocía lo que pasó con las relaciones pasadas de Nero, y tampoco se lo había planteado.

Las facciones de Nero eran bastante atractivas desde cerca, Fugo no pudo evitar sentir el calor apoderarse de sus mejillas, incluso sus orejas.

— Siempre quedan nuevas oportunidades, nuevas historias — la voz de Fugo sonaba más suave de lo costumbre.

— Menudo optimismo repentino — se burló, Risotto.

Panaccotta iba a reprochar, pero fue interrumpido por los labios de Risotto. Por un momento quedó perplejo, y no sabía qué pensar exactamente. Aún así, correspondió el beso. Era una sensación agradable, e incluso reconfortante. Fugo había besado a otros hombres, aunque no se había comprometido a nivel emocional. Quería ser lo más independiente posible, siendo leal a sus sentimientos por Bruno. Pero allí se encontraba, sintiendo los fuertes latidos de su corazón. El beso se hizo más profundo, y el refresco cayó al suelo derramando el líquido. A Pannacotta no le importó en lo más mínimo. Sentir las lenguas entrelazarse era como estar en los cielos, y es que Risotto besaba muy bien, demasiado bien.

Se separaron jadeando, Fugo deseoso observó los carnosos labios de Risotto. De alguna forma, habían conseguido que olvidase por un tiempo su tristeza por Bucciarati. Necesitaba más, y quería más. No solo eso, quería conocer más sobre ese misterioso hombre. Comprender sus emociones, y lo que siempre tiene en mente.

— ¿Es que estás acostumbrado a besar siempre a los directores de tus películas? — Risotto tomó la cintura de Fugo, de una forma un poco descarada.

— Eres verdaderamente molesto — gruñó, Fugo.

Quizás no había mucho del que comprender, ese hombre era demasiado honesto. Pero, en el fondo le agradaba que fuera así. El siguiente beso fue más desesperado, y Fugo se dejó llevar. Por primera vez, sus acciones fueron para disfrutar el momento, dejando de estar preocupado por su futuro, su imagen, y lo que los demás esperasen de él.

Este hecho le hizo sentir esperanza.