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Rapsodia para dragones

Summary:

Cada vez que una persona con sangre de dragón pasaba por un evento fuerte y angustioso, la consciencia de la persona que fue en su vida pasada, despertaba.

Capítulo 1: Alicent Hightower vs el Príncipe Jedi
Capítulo 2: Viserys I Targaryen vs la Reina Asesina
Capítulo 3: Alicent Hightower vs la Princesa Jedi

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: Obi-Wan Kenobi & Anakin Skywalker

Chapter Text

Alicent no sabía qué era lo que cambió tanto en Rhaenyra, pero sí sabía cuándo sucedió.

Fue después de la cacería por el onomástico de Aegon.

Rhaenyra no sólo había regresado bañada en sangre, con un jabalí mutilado, una historia increíble de haber visto al Ciervo Blanco y una mirada dura y enfocada. No, ella regresó con la personalidad un poco cambiada.

Lo que hacía a Rhaenyra, Rhaenyra, seguía ahí.

El fuego, el orgullo, la testarudez y el pensamiento rápido, pero su comportamiento se volvió más amigable y centrado.

Oh, no que volvieran a ser las amigas que fueron antes de que Alicent se casara con el rey, pero ya no la evitaba ni la miraba con frialdad. Rhaenyra hablaba de nuevo con ella e incluso comenzó a compartir las comidas con ella y con el rey.

Lo más maravilloso de todo era que Rhaenyra también comenzó a tratar a Aegon como a un hermano y no como al enemigo que debía mantener a distancia. Lo abrazaba, jugaba con él, lo cuidaba y mimaba.

Rhaenyra había estado con Alicent durante su parto, había sostenido su mano, limpiado el sudor de su frente y dado promesas de bienestar. Los primeros brazos por los que Helaena fue acunada fueron los de Rhaenyra. Hola, ¿qué tal? Había dicho a la hija de Alicent.

Los Siete habían escuchado sus plegarias.

Alicent estaba muy feliz.

Tan feliz que las advertencias de su padre sobre Rhaenyra haciéndose fuerte no la preocuparon.

¿Por qué habría de preocuparse?

Era el derecho de Rhaenyra tener un lugar en el Consejo como Heredera al Trono, era su lugar hablar en él y proponer proyectos para el bienestar del reino. Así como era su derecho participar en las audiencias de la Corte, el escuchar, aprender y asesorar al rey.

Alicent podía no estar de acuerdo en que Rhaenyra aprendiera a manejar una espada, pero sabía que ella siempre había soñado con emular a la fuerte Reina Visenya y, además, en el futuro empuñaría Blackfyre por lo que al menos tenía que saber sostenerla para no cortarse.

Rhaenyra sólo estaba cumpliendo con su deber.

Sin embargo.

Sin embargo, ¿por qué de todos los hombres elegibles, Rhaenyra escogió casarse con Daemon Targaryen?

Más allá de las extrañas tradiciones Targaryen, el Príncipe Pícaro tenía una reputación terrible. Era un hombre violento y sanguinario, uno sin herencia ni nada, excepto su nombre y título. Un hombre que, rumoreaban, asesinó a su esposa.

—Sólo son rumores, Alicent —dijo Viserys, suspirando —. Conozco la fama de mi hermano, pero él no caería tan bajo. Daemon estaba en los Peldaños de Piedra cuando Lady Rhea falleció.

—Pudo enviar a alguien —refutó un poco desesperada.

Viserys negó con la cabeza —. Lady Arryn lo ha investigado, todo fue por obra de Gunthor Royce, el sobrino de Lady Rhea, que siempre quiso Piedra Rúnica. Rhaenyra y Daemon partieron esta mañana para impartir la justicia del rey.

Ahí es a donde habían volado, entonces.

— ¿Por qué no estaba enterada?

—Era un asunto discreto, no queríamos alertar a Lord Gunthor —explicó a medias —. Piedra Rúnica será entregada a un primo lejano de Lady Rhea.

—Pensaría que el príncipe Daemon la querría para él —no resistió decir.

—Lo único que Daemon quiere es a Rhaenyra —lo dijo con cansancio, como si se hubiera desgastado hasta aceptarlo.

— ¿El príncipe pidió casarse con Rhaenyra a cambio de Piedra Rúnica? ¿Por eso aceptaste su compromiso? Mi rey, es, es inaudito. Piedra Rúnica no era del príncipe en primer lugar y Rhaenyra, Rhaenyra no es…

—Alicent, tranquilízate, no fue nada así.

— ¿Qué fue? Mi padre… —hizo una pausa, un poco avergonzada por usar a su padre en una discusión —. Mi padre está convencido que el príncipe Daemon sólo quiere el Trono de Hierro.

 —Ah sí, Otto siempre ha estado preocupado por la ambición de mi hermano. Tal vez no estaba equivocado, una vez, pero Daemon es un hombre cambiado, la guerra lo cambió. El tiempo transcurrido desde su regreso me ha demostrado, si no convencido, de que su amor por mi hija es genuino. Además, no lo he anunciado aún ya que los documentos se están redactando, pero Daemon ha renunciado a su lugar en la sucesión y cuando Rhaenyra sea reina, él permanecerá como Príncipe Consorte.

Eso era imposible, ningún hombre estaría contento de tener menor poder que su esposa, ningún hombre aceptaría ser menos que una mujer. Sobre todo no un hombre como el príncipe Daemon. ¿Y dejar su lugar en la sucesión? Actualmente era el tercero, después de Aegon, pero no estaba tan alejado, no tanto como al padre de Alicent le gustaría.

No tanto como para no ser un peligro para los hijos de Alicent, no tanto como para no ser un peligro para Rhaenyra.

Pero ahora dejaría de serlo, para su amiga y sus hijos, ¿no?

¿O era una artimaña para un plan más grande?

¿Qué podría ser?

Alicent ni siquiera podía imaginarlo, pero su padre estaba convencido de que había algo más, algo nefasto.

—Daemon también tiene razón en que casarse con Rhaenyra no sólo mantiene el Trono de Hierro lejos de manos de extraños, sino que mis futuros nietos, los futuros herederos, serán pura sangre de dragón. No hay duda que los hijos de Daemon y Rhaenyra serán jinetes de dragones —sonrió entonces, ya imaginando esos niños posibles.

Alicent se mordió la lengua.

No creía que las palabras del rey fueron malintencionadas, ¿pero no se dio cuenta del insulto que le dio a ella y a sus hijos?

¿No era Alicent una extraña?

¿No eran Aegon y Helaena sólo mitad sangre de dragón?

Y todo eso se lo había hecho ver el príncipe Daemon.

El príncipe que era un supremacista de sangre, uno que veía menos a los hijos de Alicent por tener sangre ándal, ¿no se lo había dicho su padre?

 

 

 

 

 

 

Alicent estaba preocupada.

Estaba embarazada por tercera vez.

Embarazada y desprotegida.

Su padre había sido despedido.

El rey lo despidió como su Mano y lo envió de regreso a Oldtown.

Ha ido demasiado lejos, Alicent, no puedo confiar más en él, había dicho el rey.

¿Qué era tan terrible en vigilar a Rhaenyra y al príncipe Daemon? Las acciones de su padre nacieron de la preocupación y el deber. Él estaba preocupado por la princesa heredera y la influencia terrible que el príncipe Daemon ejercía en ella; era el deber de la Mano del Rey actuar por la seguridad del heredero y del reino.

Y Rhaenyra, obstinada y salvaje Rhaenyra, que no temía a los dioses, ciertamente no a los Siete que son Uno, y que no seguía más deseos que no fueran los suyos propios.

—Querida, estoy bastante segura que no le debo a nadie explicaciones sobre mi vida íntima —dijo Rhaenyra, mirando a Alicent con paciencia.

Como si fuera Alicent quien estaba mal.

— ¿Es verdad entonces? ¿Permitiste que el príncipe Daemon compartiera tu cama?

Rhaenyra se cruzó de brazos y la observó con atención.

—Lo permití, sí.

Alicent se lanzó hacia adelante, tomándola de los brazos y mirándola con desesperación.

—Está mal, ¿no te das cuenta?

— ¿Tan mal como seducir a escondidas al padre de tu amiga?

La soltó de golpe y sintió que sus palmas ardían, retrocedió.

No estaba segura qué la quemó más, las palabras o la mirada de casi lástima de Rhaenyra.

—Pensé que eso estaba en el pasado, pensé que estábamos bien.

—Así fue y, en lo que a mí respecta, estamos bien. Eres tú quien insiste en involucrarse en asuntos que no te incumben —Alicent odiaba cuando Rhaenyra actuaba como si fuera un maestre dando una lección a un niño descarriado —. Voy a casarme con Daemon dentro de una semana, no hay daño en nuestras relaciones prematuras. Y si quieres enojarte con alguien, que sea con él. Fue Daemon quien no dejó de rogar hasta que cedí, ahora actúa más como un niño que la última vez —susurró la última oración, pero Alicent lo escuchó perfectamente.

Por supuesto, Daemon Targaryen había corrompido a Rhaenyra.

El rey dijo que la guerra lo había cambiado y tal vez era verdad hasta cierto punto.

El Príncipe Pícaro actuaba más como un niño hombre, siguiendo a Rhaenyra en todo momento y llamándola tesoro.

Eso ni siquiera era lo más raro que había visto o escuchado del príncipe Daemon.

Había perdido la cuenta de las veces que lo escuchó llamar a Rheanyra, maestro. O las veces que lo escuchó exclamar ¡Fuerza! Él también tendía a actuar subordinado a Rhaenyra, esperando y escuchando sus instrucciones, buscándolas de la misma manera que siempre buscaba su atención. Daemon Targaryen parecía incapaz de soportar que la atención de Rhaenyra no estuviera en él cada segundo.

Él estaba llevando a Rhaenyra a la depravación y él la estaba alejando de Alicent, tal como había alejado a su padre.

Había sido él quien evidenció las acciones de su padre con el rey, quien trastornó su preocupación con malicia y quien nunca había mostrado respeto sincero por Alicent.

Alicent estaba preocupada, ¿cómo iba a proteger a sus hijos y a Rhaenyra sin el apoyo de su padre?

 

 

 

 

 

 

No podía creer lo lejos que había llegado el príncipe Daemon un día antes de su boda con Rhaenyra.

Fue durante la sesión del Consejo que el príncipe escoltó a su prostituta, la misma prostituta con la que casi tuvo un hijo, la misma prostituta por quien robó un huevo de dragón que Rhaenyra tuvo que volar para recuperar. La prostituta que presentó como Mysaria, como la nueva Maestra de los Susurros.

¿Qué estaba pasando?

¿Por qué el rey lo permitía?

¿Por qué sólo ella y los consejeros eran los únicos que veían que estaba mal?

Rhaenyra le había dado la bienvenida, mirada tranquila y voz uniforme, pero para Alicent no pasó desapercibido el ceño fruncido con que siguió al príncipe Daemon mientras él salía de la sala del Consejo.

Alicent se estiró un poco para tomar su mano, dándole un apretón reconfortante, tratando de transmitirle que no estaba sola. Rhaenyra aceptó su agarre y le sonrió un poco, mirándola con una ceja alzada.

Rhaenyra podía estar dispuesta a pasar por alto esta humillación por el bien del reino, tal como había defendido la presencia de la prostituta cuando la mitad de los consejeros se quejaron, pero Alicent no lo dejaría pasar en silencio.

Y no lo hizo.

Mientras cambiaba su vestido para la ceremonia religiosa por uno más adecuado para el banquete, recordó las palabras de la Casa Hightower.

Iluminamos el camino.

Alicent estaba decidida a iluminar el camino de Rhaenyra, a protegerla, así fuera declarando la guerra al príncipe Daemon.

Así que se vistió de verde, entró con la cabeza en alto al salón, mirando directamente al príncipe Daemon.

Sólo que él no la estaba viendo, su atención estaba únicamente en Rhaenyra, mirándola como si no pudiera creer que ella era su esposa ahora. Una excelente actuación, Alicent casi lo creía.

Tomó asiento y se tomó un momento para mirar a Rhaenyra.

Su querida amiga la miraba con algo cercano a la decepción.

Dolía, pero Alicent estaba decidida.

Rhaenyra no lo entendía ahora, pero lo haría un día.

 

 

 

 

 

 

Aemond también fue acunado por primera vez por los brazos de Rhaenyra, pero no fueron los brazos de Alicent quienes sostuvieron por primera vez a Aerion.

El hermoso príncipe que Rhaenyra luchó por más de un día en traer al mundo fue abrazado primero por su padre, el príncipe Daemon.

Sin embargo, sí logró abrazar al dulce príncipe Baelon, todo gracias a la ausencia del príncipe Daemon.

Él había volado al Valle, enviado para encargarse de los Clanes de la Montaña que se habían vuelto más audaces en sus incursiones. El Príncipe Pícaro nunca se había preocupado por ese reino cuando su esposa fue Lady Royce, pero ahora que uno de sus hijos sería Lord Arryn en el futuro, protegía esas tierras con mucho gusto.

Alicent no estaba sorprendida por su hipocresía.

Tampoco le sorprendería si esto era parte de su plan desde el principio; no había escapado a Alicent la sonrisa satisfecha cuando se hizo oficial el decreto sobre el segundo hijo, fuera niño o niña, de Rhaenyra convirtiéndose en el heredero de Lady Jayne Arryn. Él había sonreído tan orgulloso, como si hubiera sido él quien negoció con Lady Arryn, como si no hubiera sido el trabajo de Rhaenyra, como si no se debiera al hecho principal de que el niño tendría sangre Arryn.

El mismo orgullo que había emanado de él cuando Rhaenyra negoció el matrimonio entre Lady Laena Velaryon y Lord Rickon Stark. Como su dama de honor, fue el derecho de Rhaenyra organizar un buen compromiso para Lady Laena y ya que Lord Rickon tenía un heredero, acordaron que el primero hijo o hija que tuvieran sería el futuro Lord o Lady de las Mareas.

Alicent no lo había entendido y seguía sin entenderlo, pero Lord Laenor era el más contento con la decisión, casi parecía aliviado al ya no estar obligado a tener hijos propios que heredaran después de él. Incluso Lord Corlys parecía satisfecho, a pesar de seguir tan lejos del Trono, pero también estaba relacionado a que la Princesa Rhaenys había sido nombrada Mano del Rey.

Princesa Rhaenyra Targaryen, la Negociadora, el príncipe Daemon alababa siempre que podía y Alicent lo sentía como un insulto contra sí misma.

Tal como se sintió insultada en el nombre de Rhaenyra cuando el príncipe regresó y conoció a su nuevo hijo.

Mira este cabello, si hubiera nacido mujer, podríamos haberla nombrado Shmi, había dicho después de reír odiosamente.

Shmi, el nombre de alguna otra de sus putas, sin duda.

No fue la primera vez que Alicent escuchó el nombre de otra mujer de su boca. Había escuchado sobre una Padmé en varias ocasiones, sobre una Leia, un Luke y un Jinn. Alicent había estado horrorizada cuando la realización la golpeó; el príncipe Daemon tenía interés en su propio género.

Sin embargo, su horror no era nada en comparación con su furia.

Furia que incrementaba cada vez que era testigo de Rhaenyra consolando al príncipe por sus amantes perdidos. O cada vez que Ser Criston –quien estaba tan invertido en el bienestar de Rhaenyra como Alicent y quien odiaba a Daemon Targaryen tanto como ella, también– le contaba que el príncipe a veces gritaba el nombre de alguno de esos amantes en sus habitaciones. ¿Cómo se atrevía a decir los nombres de sus putas en el espacio, en la cama, que compartía con Rhaenyra?

Lo último que le hubiera deseado a Rhaenyra sería sentirse insuficiente en comparación con un amante del pasado. Alicent lo experimentaba diario, pero la reina Aemma había sido la esposa legitima de Viserys y sólo le había tomado el primer año de su matrimonio darse cuenta que su relación nunca sería como las de las canciones. Hacía mucho tiempo que había dejado de esperar ese tipo de amor de su esposo.

Al contrario de Rhaenyra, que seguía viendo al príncipe Daemon con un amor tan evidente y estremecedor. Un amor que no moría sin importar lo que el príncipe hiciera.

O Aemma, es por ella que un día hubiera sido Lady Arryn, después de todo, había contratacado Rhaenyra y Alicent nunca se había sentido tan orgullosa, viendo a su amiga acariciar con amor la cabecita oscura. Todavía podemos cambiar su nombre a Rodrik, supongo.

Déjalo, un día perderá el apellido Targaryen, que sus ojos y su nombre sean muestra de donde proviene, el príncipe había regresado al príncipe Baelon a los brazos de Rhaenyra, podemos discutir nombres de nuevo cuando tengamos nuestro tercer hijo; una hija, espero.

Sólo si eres tú quien la da a luz, he tenido suficiente con dos, Rhaenyra le había dado una mirada que prometía muerte.

Alicent pellizcó sus dedos con fuerza.

Por supuesto que un hombre tan obsesionado con la pureza de sangre como él estaría disgustado con un hijo que no luciera completamente Targaryen. ¿Y cómo se atrevía a pedir más hijos a Rhaenyra como si fuera tan fácil traerlos al mundo?

Pero no importaba.

Alicent amaría a Baelon el doble, ya que su padre no parecía tan dispuesto a hacerlo.

 

 

 

 

 

 

Alicent observó con una sonrisa mientras Rhaenyra jugaba en el jardín con sus hermanos e hijos.

Los hijos y nietos de Alicent reían y disfrutaban de la atención que Rhaenyra les daba.

Su sonrisa se atenuó cuando vio el vientre abultado de su querida amiga.

Rhaenyra estaba embarazada de nuevo.

Daemon Targaryen no había respetado su decisión de no tener más hijos.

Alicent nunca pensó que llegaría el día donde estaría tan triste por ver a Rhaenyra cumpliendo con su deber.

Eso no significaba que estuviera disgustada, ella amaría al nuevo bebé tanto como amaba a Aerion y Baelon, después de todo ellos no tenía la culpa de ser hijos de Daemon Targaryen.

En lo que a ella respectaba, que esos niños fueran mitad Rhaenyra era lo único que importaba. Rhaenyra era su madre y por ella eran herederos de la Corona y del Valle, nada más importaba.

Era una bendición de los Siete que Viserys aprobara el regreso del padre de Alicent, con él de vuelta en la Corte encontrarían la manera de deshacerse de una vez por todas del Príncipe Pícaro.

Rhaenyra estaría libre y a salvo.

Daemon ya había cumplido al dar su semilla para que Rhaenyra tuviera sus herederos y ella no lo necesitaba para ser reina.

Rhaenyra tenía a Alicent y hermanos que siempre la protegerían y apoyarían, tanto a ella como a sus hijos. Aegon sería una excelente Mano de la Reina y Aemond ya tenía la madera para convertirse en un fuerte Guardia Real. Y Helaena, hermosa Helaena, sería una maravillosa Reina Consorte para Aerion.

Esa era la propuesta que Alicent haría a Rhaenyra en la próxima sesión del Consejo, unir más ambas líneas familiares.

Alicent y Rhaenyra compartirían los mismos nietos.

Sonrió al pensar en el futuro.

Rhaenyra, una reina de la que se hablará por generaciones.

Niños con los rasgos combinados de Alicent y Rhaenyra.

Otra reina con sangre Hightower y un futuro rey también, como el padre de Alicent tanto deseaba.

Y no más Daemon Targaryen.