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Marinette era una chica normal, con una vida normal, aspiraba a ser una gran diseñadora y le gustaba dibujar, diseñar y crear experiencias, sin embargo también tenía defectos, era muy insegura de sí misma, a veces se subestimaba y no reconoció su talento, llegaba a ser un poco intensa en algunos aspectos, hacia planes complicados para cosas pequeñas, pero casi nunca salían como ella quería.
Sus padres eran panaderos, por lo tanto la dulzura venía de familia. Hace poco habían decidido mudarse desde Italia a Francia, era una oportunidad de crecer, y también conocer gente nueva, amigos nuevos.
Marinette había hecho un plan infalible para presentarse y dar una nueva primera buena impresión, quería esta vez dejar atrás los abusos de su antigua escuela, que la conocieran como la nueva y mejorada Marinette que puede ser un manojo de nervios pero también una amiga incondicional y que te comprendera, pro como la suerte nunca parecía estar de lado de Marinette ese dia fue contrario a sus planes.
Su plan no incluye perderse en medio de la ciudad, y tampoco consiste en llegar tarde a la escuela, algo gracioso ya que la escuela no tenía pierde, solo estaba cruzando la calle, entonces ¿Cómo se perdió? eso es algo que la misma Marinette quisiera saber.
Durante su camino de regreso tratando de retroceder en sus pasos y buscar los lugares que recordaba, sin aviso vio una caja en el suelo en medio de la nada, la caja era negra con inscripciones rojas, era rara, pequeña y con marcas que ella no entendía, podría ser un código secreto, tenía curiosidad de abrirla, pero no se atrevió, ya que aún podría pertenecer a alguna persona.
Comenzó a ver a los alrededores para ver si no habia pasado algun carro, alguna persona o una cosa que lo haya hecho caer y así localizar al posible dueño, hasta que cerca vio a un anciano, parecía mayor de 70, con un bastón y una camisa roja a lo estilo hawaiano, ella pensó por un momento que la caja podría pertenecer a ese señor, y aunque dudaba, tampoco perdía nada con preguntar.
– Disculpe, Señor – Dijo Mari corriendo hacia el señor, el cual se volteo para verla – ¿Esta Caja le pertenece? – Y con eso saco la caja para mostrárselo.
– Oh vaya – Contestó el anciano al notar la caja – No me habia dado cuenta de que esta cajita de joyas se había caído – En ese instante tomo la caja y la abrio – Vendo estas joyas, son magicas – Continuo el señor mientras le mostraba un anillo negro.
– Bueno, en ese caso es mejor cuidarlas, no queremos que esa magia la use la gente equivocada – Dijo Mari siguiendo el juego.
– Bueno, la magia está en que tanto creas que es mágico el objeto, el limite es tu imaginación – Después de eso el hombre sacó un par de pendientes – Por ejemplo estos hermosos aretes de mariquita, te brindan buena suerte, Tomalos – Dijo el señor para después entregarlos en la mano a Marinette.
– Oh no, señor, no podría, éstos son... –.
– Insisto, se ve que es algo que necesitas... –.
Marinette se quedó en silencio por un momento antes de tomarlos más a la fuerza, no le gustaba dejar a la gente esperando y si este señor le estaba dando un regalo tampoco quería ser tan cruel para rechazarlo y con un sonrojo de vergüenza agradeció el noble regalo y continuó después de que el hombre siguió su camino.
Como era de esperarse llego tarde a la escuela, y con eso también se fue al carajo su primera buena impresión, casi nadie se acercó a ella después de que casi hace explotar el salon de quimica, parecían muy distantes, y su torpeza ya era tendencia entre los pasillos de la escuela, genial, lo que en su otra escuela evito, aquí lo implemento.
En ese punto lo que Marinette quería era ir a casa.
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Cuando el dia termino, y Marinette llego a casa,simplemente se desplomó en la casa, su primer día no había ido según lo planeado, pensó que su destino seria siempre tener mala suerte, y con ese pensamiento, recodo los aretes que aquel misterioso hombre le había regalado.
– Hija a cenar, o tu padre se comerá tu ración – Dijo Sabine desde abajo con un tono burlón y cariñoso, Marinette tuvo suerte de tenerlos.
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– Y bien hija ¿Cómo te fue en la escuela? – preguntó Tom un poco entusiasmado.
– Oh, bueno, ya sabes... Una historia simple... Puede que yo, accidentalmente, haya... ¿Incendiado el laboratorio de química y ahora todos me están evitando? – Comentó Marinette mientras evitaba la mirada de sus padres y sus mejillas se ponían un poco rosas de vergüenza, pero, eventualmente lo sabrían sus padres por parte de la escuela, era mejor que ella se los dijera – Pero una persona me regalo estos aretes bonitos, me dijo que eran mágicos – Continuó, sacando unos aretes con patrón de Mariquita.
– Oh, como los helados de Andre – Dijo Tom.
– Creo que es una magia diferente... una que no trata de almas gemelas... –.
– Veo que es una mariquita, dicen que las mariquitas dan buena suerte, tal vez a eso se refería con que eran mágicas, no es la magia en sí, sino lo que representa – Comentó sonriendo Sabine.
– ¿Crees que si me las pongo tendré buena suerte? – preguntó Marinette emocionada.
– Creo que eso depende de ti... – contestó Sabine poniendo una mano sobre el hombro de Marinette y con la sonrisa más cálida que transmite sabios consejos.
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Antes de ir a la cama, Mari se probó los nuevos aretes en frente de un espejo, para verificar cómo se veían, de alguna manera tenía esperanza de que si usaba los aretes, su suerte cambiaría, y ahora sí podría mejorar en su situación, y tener aunque sea solo una amiga, y con esa esperanza se dirigió a dormir.
– Mañana será un nuevo día –.
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El día siguiente casi pasó de la misma manera, muchos alumnos evitando a Marinette, algunos susurrando a sus espaldas cualquier cosa, todo menos positivismo, parecía que en su primera semana y por el resto de su semestre ella no tendría más remedio que ser el asmereir.
su tortura siguio asi hasta la hora dell descanso, donde se sento en una mesa sola, ahora esta era su vida escolar, sola otra vez, o eso pensaba, hasta que de un momento a otro alguien comenzo a hablar.
– Hola, ¿Eres la alumna nueva? – Dijo una chica rubia con ojos azules grandes y brillantes, vestía en su mayoría de rosa y tenía una sonrisa tan risueña que parecía que iluminara el lugar – Me llamo Rose –.
– H-hola, yo soy Marinette – contestó Marinette tratando de no sonar tan nerviosa, era la primera chica desde el incidente del día pasado que se acercaba tan casualmente.
– Ayer no pude venir debido a un problemita, pero apenas te vi, supe que no eras de por aquí, y no pude evitar notar que todos hablaban de ti, y quise venir a conocerte – Dijo Rose muy animada.
– Vaya, así que soy chisme escolar, Yey... – Dijo Mari un poco desanimada porque sabía de qué iban los rumores.
–No les pongas atención, ellos siempre me juzgan, dicen que soy muy positiva para mi situación, pero si dejas que las emociones negativas se apoderen de ti, entonces cómo vas a salir adelante, ¿No crees? –.
Marinette volvió a ver más claramente a Rose, un poco sorprendida por sus palabras, vio como las mejillas de Rose se ponían un poco rosadas y bajaba un poco la mirada.
– Oh, perdón si hable un poco de más, supongo que me deje llevar jeje... – dijo Rose esta vez un poco más tímida.
– Oh, no no, está bien, la verdad me sorprendió lo que dijiste, digamos que no me caracterizo por tener muy buena suerte que digamos, así que no estoy acostumbrada a que me digan cosas positivas – Contestó Marinette inmediatamente.
La sonrisa de Rose comenzó a crecer más y casi con un salto de entusiasmo se sentó en la misma mesa con Marinette e inició una conversación.
– Oye, se que no estamos en las mismas clases, pero ¿Te parece si nos vemos en los descansos y en la salida, podemos ir a casa juntas, no tengo muchos amigos en la escuela a quienes les pueda proponer esto... – Comentó Rose un poco avergonzada.
– Claro que me gustaría, jeje, yo tampoco tengo muchos amigos, así que eso te convertiría en mi primera amiga –.
– Genial, entonces te esperaré en los escalones de la salida – Dijo Rose animadamente, casi parecía que su aura hacia el lugar más brillante, Marinette sabía que había conseguido una buena amiga.
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En su camino a casa, esta vez acompañada, Marinette y Rose hablaron de sus gustos y de sus motivaciones, Marinette estaba muy feliz de finalmente tener una amiga que no parecía prejuiciosa, una amiga que era vivaz, amable y muy extrovertida, a Mari siempre le gusto considerar que no importaba la cantidad, sino la calidad de amistades, por ello se sentía feliz de tener una amiga auténtica.
Los días y semanas fueron pasando y ellas seguian creciendo con su amistad, hasta que un dia una joven misteriosa arribo con las dos, era una joven alta, parecia tener un estilo gotico, vestia de negro y morado, su cabello largo y lacio y una finta amenazante pero amable. Rose le había dicho que quería presentarle a alguien pero Mari no pensó que sería alguien tan genial.
Rose corrió para abrazar a la chica, parecían muy felices de estar juntas, y después de un momento de hablar entre ellas Rose se giró para ver a Marinette.
– Por cierto, te tengo que presentar a mi nueva amiga, ella es Marinette – Dijo Rose tan feliz y positiva como era ella.
La chica alta se volvió para ver a Marinette, mientras ella se sentía pequeña ante la mirada de la joven gótica, tenía miedo, se sentía vigilada, tal vez a esa joven no le agradaria, Marinette solía ser catastrófica por lo cual comenzó a caer en espiral pensando en lo peor, hasta que la chica habló.
– Vaya, vaya, así que tu eres la famosa Marinette, me llamo Juleka – Dijo con una sonrisa, mientras Marinette se hacía más pequeña y balbuceaba incoherencias – Tu amiga es graciosa, ¿Les parece si nos vamos? –.
Las chicas se fueron alejando, mientras Marinette se quedaba atrás, ella no estaba segura de seguirlas, una parte de ella decía que ya había causado una mala impresión, seguía cayendo en espiral de desesperanza y autodesprecio, pensando en él hubiera, hasta que una voz entra en su rango auditivo, era Juleka que estaba parada a unos pasos junto con Rose.
– Oye, ¿No vienes? – Dijo con una sonrisa que a ojos de Marinette parecía enigmática.
– ¿Tu, me estás invitando? – Comentó Marinette un poco avergonzada de los pensamientos que pasaban por su mente.
– Claro, ¿Por qué no lo haría? Se supone que tu eras la invitada especial – Dijo Juleka ahora dejando ver sus verdaderos colores, que al igual que Rose eran brillantes a pesar de verse oscuros, ella era otra joven como Rose y Marinette.
Las chicas siguieron caminando hasta llegar a la orilla del Río Sena, donde había un barco que parecía un hogar, al parecer era la casa de Juleka y su familia, eso asombró un poco a Marinette, tenía poco tiempo viviendo en París así que cosas como estas llegaban a sorprenderla con cierta facilidad.
En cuanto subieron al barco una señora de mediana edad estaba arreglando algunos artículos, al parecer su negocio era la venta de objetos raros, parecía algo parecido a la pirateria, y con todo el barco y la temática tenía sentido que fueran piratas.
– Oh, Juleka, veo que llegaste y trajiste nuevas esclavas a la tripulación, Me llamo Anarke, pero puedes llamarme Capitana Hardrock – Comentó la señora con una sonrisa pícara.
– Oye Ma, ¿Dónde quieres que te ponga el... – Comento de la nada un joven que salio de uno de los cuartos de la embarcación, dicho joven vestia un poco despreocupado pero con estilo, un gorro guindo cabello negro con azul y ojos igual aparentando la misma edad que Juleka.
– Oh, Luka deja eso por ahí, ven a conocer a la nueva amiga de Juleka y Rose – Dijo Anarke mientras Luka se acercaba y con un movimiento rápido Anarke rodeo a Luka con un brazo en un abrazo lateral – Les presento a mi hijo, el muchacho más lindo que existe en la faz de la tierra – .
– Ho-Hola, me llamo Ma-Ma-Marinette – dijo Marinette tratando de tomar la iniciativa y extendiendo su mano en un saludo formal.
– Hola Ma-Ma-Marinete, es un placer conocerte, Mi nombre es Luka Coufaine, Espero verte mas seguido por aquí – Comentó Luka con la sonrisa mas brillante que Mari haya visto jamas, finalmente se sentía feliz, finalmente tenía amigos, y eso era algo que la llenaba de esperanza y felicidad.
