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Bakugo llevaba un tiempo teniendo pensamientos impuros que involucraban a su mejor amigo. No le preocupaba que Kirishima sea el protagonista de sus imaginaciones, lo que le estresaba era no poder controlar esos pensamientos que cada vez se parecían más a impulsos.
Estar sentado junto a él en el sofá no ayudaba. Que vistiera ropa holgada debido al calor no ayudaba. Que el pelirrojo se acercara tanto a él para mostrarle algo en el teléfono no ayudaba.
Antes de hacer algo de lo que pudiera arrepentirse se levantó enojado y se dirigió al ascensor.
Kirishima no lo pensó dos veces, se levantó del sofá y subió por las escaleras. Tardó un poco más, pero tres años entrenando para ser héroe le habían dado cierta destreza, por lo que subir cuatro pisos por escalera no fue ningún problema.
Entró en la habitación sin golpear y cerró la puerta.
—¿Qué te pasa que estás tan irritable hoy?
El dueño del cuarto se dio vuelta y lo miró molesto.
—Nada. Dejame en paz.
—No. Te conozco, algo querés, ¿no? —arremetió Kirishima.
La mirada de Bakugo se volvió oscura y se acerco al pelirrojo. Se detuvo a unos pocos centímetros de su rostro.
—Me pasa que quiero tocarte, quiero llevarte al límite. Quiero verte con una expresión que solo yo conozca. Quiero que digas mi nombre con deseo. Quiero hacerte sentir algo que nunca olvides. Eso quiero, Kirishima.
El rostro del mencionado estaba muy rojo. Su boca abierta se movía tratando de decir algo.
De repente parpadeó y fue como si hubiera entendido que es lo que su amigo quiso decir.
Aquello era mucho más que una declaración de amor. Era una confesión de deseo y, viniendo de Bakugo, quizás también era un reclamo hacia él. “Quiero que seas mío”, eso es lo que había querido decir.
Pero Kirishima sabía muy bien que él le pertenecía al rubio desde hacía mucho tiempo. Por lo que no dudo ni un milisegundo en responder a las palabras de Katsuki.
—¿Y qué estás esperando?
Bakugo sonrió con la satisfacción que se siente cuando un plan bien labrado da resultados.
Pegó su cuerpo al de Eijiro, solo sus pechos estaban en contacto. Como si estuvieran en un juego de apostar quién cae primero se quedaron mirando uno al otro. Sus miradas viajaban de los ojos a la boca.
Katsuki deslizó una de sus manos por debajo de la remera de Eijiro, tocando y apretando su cintura, tiró de él para atraerlo hacia sí por completo y besarlo por fin.
El beso se volvió ardiente en un segundo. Lengua, dientes y succiones con sus labios eran los protagonistas. No había espacio para la delicadeza. Los dos querían todo y lo querían inmediatamente.
Las manos de Kirishima también se movieron, empezando por acariciar los hombros anchos de Katsuki, llegaron hasta la cabeza para despeinar los cabellos dorados.
—Sacate esto —exigió Bakugo tironeando de la ropa—. Cada vez que te veo con tu estúpido traje que no te tapa nada me dan ganas de morderte.
Sin decir nada se sacó la ropa y Bakugo se abalanzó. Lo empujó contra la puerta y mirándolo a los ojos tocó su amplio pecho. No quería perderse ningún gesto del pelirrojo.
Kirishima sentía que estaba soñando. Nunca creyó que podría ver a Bakugo de esa manera.
Las manos del rubio llegaron hasta los abdominales, recorriendo cada montículo con paciencia y devoción.
—Me hacés cosquillas —dijo con una sonrisa incómoda.
Bakugo lo miró serio y sin decir nada se arrodilló de golpe, llevándose consigo los pantalones y la ropa interior de Eijiro.
El pene erecto con un montículo de pelo negro en la base saltó como si estuviera saludando. Tomó el miembro en sus manos, y lo contempló unos instantes. Recorrió con la vista las pequeñas venas que sobresalían y apreció el color de la punta, más rosado.
Al ver salir una gota de líquido transparente por el orificio de la uretra tuvo el impulso de lamerla y así lo hizo.
—Ah —suspiró Kirishima al sentir la humedad y el calor en una zona tan sensible.
Al escucharlo, Katsuki levantó la mirada. No había visto su rostro, pero eso no era ningún problema. Podía repetir la acción.
Sin dejar de mirarlo a los ojos volvió a lamer la punta. La expresión en el rostro del pelirrojo lo hizo sonreír con satisfacción, por lo que decidió ir más allá.
Introdujo solo la punta en su boca y movió la lengua de un lado a otro. El líquido preseminal salía en abundancia.
Kirishima cerró los ojos con fuerza y suspiró. Sus rodillas parecían flaquear, pero apoyó sus manos endurecidas en la puerta para no caer.
Mientras se llenaba de éxtasis con las expresiones del chico que le gustaba Bakugo comenzó a mover su cabeza de adelante a atrás.
—Ah. Bakugo esto es…
—¿Qué? ¿Te gusta?
Eijiro abrió los ojos para encontrarse con una imagen que estaba seguro jamás olvidaría. Katsuki lo miraba como si fuera un dios. Sus labios estaban rojos, hinchados y brillantes. Y para completar la escena, su propio pene estaba a milímetros de esa boca tan apetitosa.
—Sí. No pares —pidió entre suspiros.
Bakugo sonrió con malicia y sin dejar de mirarlo acarició con la punta de la lengua el frenillo del pene frente a él. Le encanta tener a Kirishima a su merced, ver cómo había activado su quirk sin darse cuenta, escuchar los gemidos que no paraban de salir de su boca y notar su respiración acelerada. Él había provocado todo eso y podía hacer que se detuviera.
Pero no quería eso, todo lo que quería era llevar a Eijiro al límite, quería que pronuncie su nombre y que nunca se olvidara quien fue el primero en hacerlo llegar al clímax.
Volvió a introducir el pene en su boca, con su mano acarició la base de los testículos y el perineo, tanta estimulación en los lugares precisos llevó a Kirishima a terminar en la boca que le estaba mostrando lo que era el placer.
—Sí, Katsuki…
Bakugo escupió el semen en el piso de su habitación. No le importaban el desastre que tendría que limpiar más tarde ni mucho menos la puerta destrozada por las manos endurecidas de su compañero. ¿Qué importancia podría tener eso cuando había conseguido lo que llevaba meses deseando?
Se levantó sin esfuerzo y besó con desespero a Eijiro.
—Eso fue una previa. Espero que tengas energía para lo más interesante.
—Nunca te decepcionaría, Katsuki.
Fin 🔥
