Chapter Text
Beatriz siente con cansancio la vibración de su palo de kendo cuando la de su oponente choca con ella. Y los oídos le zumban con irritación al escuchar una pequeña risa burlona al otro lado.
Beatriz estaba irritada.
Ya de por sí ella no tiene mucha paciencia.
Pero este ya es el maldito límite.
Sensei Superion siempre dice que la respiración profunda ayuda a calmar una mente acelerada.
No está ayudando.
Y es que ya de por si su oponente la saca de sus cabales con solo una sonrisa de comemierda.
Ella es imposible.
Su línea de pensamiento se ve interrumpida al sentir un golpe detrás de sus rodillas haciéndola caer al suelo, seguido del sonido del golpe de un objeto duro en la colchoneta justo a un lado de su cabeza.
“Yo gano” Escucha la voz feliz de su oponente y el aplauso de sus compañeros dirigidos al enfrentamiento que acaban de presenciar.
Otra vez.
Todo una vez más.
Claramente esto no es la primera vez que sucede.
Como siempre, Beatrice se siente humillada.
Pero eso no durara mucho, por supuesto que no.
Beatrice se encontraba guardando su keikogi y el resto de sus cosas dentro de su bolso, preparándose para partir a casa cuando siente una presencia parada en la puerta a un lado de ella.
Ella sabe inmediatamente quien es.
Ella solo se arranca la curita.
“¿Si?” Beatrice pregunta en medio de un suspiro sin voltear a ver a presencia, ya tiene suficiente sintiendo su mirada quemarle agujeros a un lado de su cabeza.
“Estuviste excelente allí HoneyBea” Responde la voz, sintiendo su característica sonrisa aun sin voltearla a ver. La misma sonrisa que hace que la gente la adore como si no hubiera un mañana.
Si supieran…
“Pero tu excelencia no fue suficiente para poder derrotarme” Allí esta, ese ser despreciable que tenía como némesis en todas y cada una de sus batallas y no paraba de restregárselo en la cara. “Ya para la próxima seguro y puedes… Quizás si te esfuerzas un poquito más” Añade despegándose del marco de la puerta y acercándose a la chica mas alta con pasos cortos y burlones.
Beatrice por fin la voltea a mirar.
“Te he dicho que no me llames así” Es lo único que responde, los pequeños dijes de ira resbalándose por su tono.
La sonrisa de su rival solo crece y sus ojos adquieren ese brillo que Beatrice nunca supo como identificar.
“Pero es que eres tan dulce” Responde la mas pequeña. “No pierdas la fe, yo se que lo lograras… Algún día…”
Beatrice estalla.
“Te voy a derrotar, eso tenlo por seguro. Te vas a comer mi polvo tanto que te vas a ahogar en el. No se como lo haces siempre, pero tu y yo sabemos que quien domina mas la espada soy yo ¡Yo!” Exclama y puntúa señalando su propio pecho con su dedo índice, viendo a su rival a ambos ojos mientras la misma no ha cambiado ni un centímetro de su expresión, pero se ha ido acercando a la más alta poco a poco invadiendo su espacio personal.
La mas pequeña emite un pequeño tarareo.
“Claro que sí, Bea. Lo sabemos” Ella finaliza en un susurro por su proximidad, acercando su rostro a Beatrice y dejando un rápido beso en su mejilla.
Esta de mas decir que la acción toma a Beatrice con la guardia baja.
“Nos vemos luego, BeaBea” Se despide la castaña con su sonrisa mientras se acerca a la puerta antes de finalmente desaparecer.
Beatrice solo se queda congelada en su sitio sin saber aun cómo reaccionar.
La maldita Ava Silva.
El dojo cierra sus puertas ante una invasión pirata llevada a cabo en el pueblo.
No es que eso detenga a Beatrice de su entrenamiento.
Dios, esta chica es terca.
Beatrice desarrolla una rutina solitaria rápidamente: Se levanta, hace su carrera matutina, desayuna, entrenamiento con espada la mitad del día, entrenamiento sin espada la otra mitad, llega a su piso al anochecer, cena, duerme, repite.
La invasión no dura mas de unas dos semanas. Dos semanas utilizadas por los piratas para saquear el bar local, destruir los lugares de comida e invadir las posadas locales con la esperanza de dormir un poco.
Dos semanas no tan de buen humor para los residentes.
Se utilizan dos días mas para comprobar que todos los piratas hayan dejado el pueblo para que los lugareños pudieran reanudar sus días como lo venían haciendo antes.
El dojo vuelve a abrir sus puertas.
Finalmente.
"¡BEA!" Escucha apenas pone un pie en el dojo abierto con sus dos espadas colgando de su lado. "Te extrañé" Ahí está la chica más baja.
Ava Silva.
No dejes que te engañe con su cabello corto desordenado, su sonrisa brillante y su personalidad burbujeante. Ella es totalmente una asesina con una espada en la mano.
Algo de lo que Beatriz está muy consciente.
Ella pone los ojos en blanco al escucharla acercarse.
Algo que tiende q hacer mucho a su alrededor.
"Ava" Suspira Beatriz a forma de un saludo cansado. La chica más baja no se inmuta, al contrario, solo se acerca más a ella con las manos detrás de la espalda y una sonrisa inocente mientras se balancea en sus talones. ¿Esta chica alguna vez se rinde?
"Lista para la lección de hoy?" Pregunta Ava.
"Si, lista para derrotarte de una vez por todas" Contesta Beatriz, ya sintiendo la pequeña ola de irritación subiendo por su cuerpo.
"Quiero verte intentando Honeybea" Responde Ava inmediatamente, su sonrisa nunca flaquea. Beatrice vuelve a poner los ojos en blanco ante el apodo. "Sin embargo, ya casi estás ahí, no te preocupes" Anima la niña. Beatrice no puede precisar si es una burla o lo dice genuinamente. "Estoy ansiosa por ver como has mejorado" Ava se acerca lentamente, invadiendo un poco de su espacio. "Un pajarito me dijo que has estado entrenando tu sola, y quiero ver esos resultados" Finaliza plantando un sonoro beso en la mejilla de la más alta, provocando el más mínimo de los sonrojos en ella y resaltando un poco más sus pecas como consecuencia. Ella necesita dejar de hacer eso.
La niña más alta hace una pequeña mueca de disgusto mientras se limpia la mejilla antes besada.
Su pequeño momento se ve interrumpido por el sonido de un bastón de madera golpeando fuertemente contra el suelo del dojo.
Sensei Superion.
"Reunirse!" El grito de mando rompe todo sonido existente en el dojo, trayendo consigo una manada de niños apurandose a ubicarse en círculo en medio del dojo y al rededor de la Sensei. Una vez instalados, Superion los observa uno por uno. No son demasiados niños, es una clase pequeña, por lo que es fácil conocerlos a todos y diferenciarlos a cada uno.
Su mirada se posa en Ava y Beatriz, paradas una al lado de la otra, enarca una ceja para ella misma y sigue su camino.
Es entendible, que estas dos estén juntas sin pelear es una hazaña.
"Pueden sentarse" Concede la sensei a sus estudiantes luego de un momento.
La clase comienza.
Beatrice no puede creer que esto haya pasado otra vez. Ella entrenó tan duro.
“No te sientas mal, Bea” Ella escucha. “En tu defensa, casi me tienes ahí” Ava sigue animando.
Beatrice no se inmuta.
“Aunque.” Continua la otra chica. “Si corrigieras tu postura como te lo he dicho varias veces, definitivamente atacarías muchísimo mejor y-”
Es todo.
Ella ve rojo.
“¡¿Podrías callarte?!” Beatrice explota con severidad. “¡Callate! ¡Callate! ¡Callate!” Ella exclama golpeando el lado del banco donde ella estaba sentada. Ava solo se queda callada desde la puerta.
Beatrice se levanta con brusquedad y Ava instintivamente da un paso hacia atrás. Beatrice solo la mira con furia en sus ojos mientras Ava solo se queda ahí pareciendo un cachorro pateado. La mas alta no dice más, se retira de la habitación casi botando humo por los oídos, no sin antes darle una severa patada al banco en donde se encontraba anteriormente.
Ava solo se queda ahí, procesando.
Esta chica en verdad es muy terca.
Beatrice podía sentir la tranquilidad flotando en el aire, el petricor flotando en el bosque luego de una noche lluviosa. Es el mismo olor que la acompañó en lo que fueron sus noches mas oscuras. Le recordaba las noches de insomnio luego de un día entero de ser menospreciada por su padre, un día mas de sentirse insuficiente. Le recordaba a las noches de insomnio, en donde su cabeza acelerada se preguntaba que hubiera sido de ella si su madre siguiera viva. Le recordaba las noches de insomnio en donde imaginaba y planeaba su propio futuro, el llegar a ser alguien, el sentirse completa, ¿alguna vez su padre se sentiría por lo menos satisfecho con ella? La respuesta fue más que difícil de digerir, costó trabajo, momentos, horas de sueño y lágrimas. Y una vez lograda se dio cuenta que ella no vive, solo intenta sobrevivir dentro de las cuatro paredes de la casa de su padre, intentando sin éxito que una persona aparentemente sin emociones la vea dos veces. Luego vino la realización:
Ella está sola en esto.
Lo cual fue la mayor resolución de su vida, cambio su rumbo por completo, sus pensamientos no fueron los mismos.
Y no se arrepiente de nada.
El olor le recordaba a las primeras noches luego de su mudanza, cuando al fin de deshizo de las cadenas de su padre, cuando encontró este pequeño pueblo que le permitiría ser ella misma sin que nadie la controlara, las noches sin dormir pensando en cuales deberían ser sus siguientes pasos.
Esta de mas decir que Beatrice tenia problemas para dormir desde gran parte de su vida.
Pero estas fueron las primeras noches de insomnio en que no se sentía prisionera.
Las primeras noches en que se deshizo el nudo apretado dentro de su pecho.
Las primeras noches en que sintió que podía respirar plenamente.
Beatrice inhalo y luego exhalo con cuidado, con calma, sintiendo como se enfriaba su cuerpo y como se enfriaba su carácter, sintiendo con placer como la recorría la paz que le trae la soledad. Su vieja amiga soledad, que le cayó bien una vez que la conoció sin tener el pesado puño de hierro de un tal Dominic Young en su espalda.
Posada en una roca grande en medio de un bosque de Japón no muy lejos de su casa, ojos cerrados, cabeza ligeramente hacia atrás sintiendo la pequeña brisa pasar por su rostro en una postura relajada, sintiendo como el sol comienza su hora dorada. Ella siente paz.
Hasta-
“Hey, entonces es aquí donde te escondes” Escucha esa voz que podría reconocer en un mar de personas.
No en el buen sentido.
Siente el movimiento de esta persona acercándose con pasos cortos al espacio seguro que había creado para ella misma, suelta un suspiro molesto por la interrupción y comienza a abrir los ojos con suavidad, anticipando el momento amargo que se aproxima.
Contrario a la creencia popular, Ava no es tonta, y lo demuestra en distintas ocasiones a diferentes medidas, desde su manera tan poderosa, profesional y casi artística de manejar su espada, hasta el rechazar con sutileza cada intento de coqueteo de ese chico J.C que aún le seguía insistiendo.
Por eso ella sabia que Beatrice no la soportaba, ella se daba cuenta.
No es que Beatrice lo haya mantenido en secreto tampoco.
No es que el arrebato que ocurrió hace no tanto lo ocultara tampoco.
Aunque eso mismo no le ha impedido presionar algunos botones para obtener una reacción.
Ya saben, solo por diversión.
Beatrice no responde, opta por ignorar su presencia a favor de extender unos segundos más de paz.
Eso no le impide a Ava seguir hablando.
“Hey.” Comienza. “¿Estas bien?”
Sin respuesta.
Beatrice no la voltea a ver, pero puede sentir su mirada quemando un lado de su cabeza.
Ava no se rinde. Da un pequeño paso hacia adelante.
“Yo solo-” Se interrumpe para tomar una gran bocanada de aire. “Quiero disculparme. Ya sabes, por lo de hace unos momentos…” Desde donde esta parada, pasando su peso de un pie a otro, puede escuchar a la chica mas alta exhalar bruscamente al comentario. “No fue mi intención hacerte sentir mal. Todo lo contrario, yo solo-”
“Ava.” Beatrice por fin interrumpe en voz baja.
“Si?”
“Callate.”
Ava le hace caso por una vez.
“No tienes que ponerte blanda conmigo, es desagradable. Fue solo un arrebato, lo lamento.”
Ava, por primera vez en la historia, no sabia que responder, así que solo se queda callada. Ella se acerca lentamente a la roca donde se encuentra Beatrice, dándole chance para que la chica mas alta la detenga y le diga que se vaya a la mierda.
Cosa que nunca pasa.
Ava avanza y se recuesta de lado sobre la roca, admirando el paisaje que tienen adelante.
Nadie dice nada por un tiempo, ambas asimilando los eventos del día.
“Así que acá es donde vienes a llorar cada vez que pierdes contra mí?” Ava rompe el silencio, presumiendo con falsa arrogancia. “Es lindo”
Tal y como esperaba, obtiene unos cansados ojos en blanco de Beatrice al oír la frase.
“Yo no lloro” Responde Bea. “Y mucho menos por ti, ya te dije que te voy a derrotar porque soy mucho mejor que tu” Finaliza.
Ava sonríe.
Ella piensa que cada muestra de valentía por parte de Bea es adorable.
También piensa que, si ella no le tuviera tanto rencor, serian buenas amigas.
“Claro que sí, HoneyBea” Responde Ava con una sonrisa. “Estoy muy segura que eres mucho mejor que yo” El sarcasmo goteando en su voz. La burla es lo que siempre saca a Beatrice de sus cabales. Esta vez no es la excepción.
Ella se baja de la roca donde estaba sentada con un movimiento rápido, Ava se aleja. Beatrice toma sus espadas reposadas en la piedra y se acerca a la niña mas baja con pasos largos y el ceño fruncido.
“Crees que eres mejor que yo?” Muerde Beatrice. “Vamos a luchar aquí y ahora” Declara sacando ambas espadas de su vaina. “Terminemos con esto de una vez por todas, si yo te derroto, y se que lo hare, tu me dejas en paz” Finaliza mirándola fijo, esperando a que inevitablemente la otra acepte.
Ava acepta, obviamente.
“Por supuesto. Pero estas consciente que pelearemos con espadas reales y no con palos de kendo como siempre lo hacemos, no?” Comenta mientras saca su propia espada, ganándose un claro “Obviamente” por parte de Beatrice. “Vale, pero si yo gano, vas a tener que decir que Ava Silva es la mejor mejor mejor espadachin del mundo y que tu jamás jamás jamás pudiste derrotarla, en frente de toda la clase mañana mismo” Declara Ava con una sonrisa orgullosa de si misma, con el único propósito de molestar a su oponente. Beatrice alza una ceja.
“Estas repitiendo palabras”
“Lo sé, y que luego tengas que repetirlo lo hace más divertido”
Beatrice, una vez más, pone los ojos en blanco.
“Acabemos con esto.”
Beatrice siempre se ha sentido libre mientras participa en una batalla.
Siempre ha sentido como su mente se aclara, su cuerpo se extiende con el ardor del ejercicio, la tensión de sus músculos y la vibración de sus espadas cuando chocan con su oponente. Es toda una coreografía.
A ella le gusta cualquier tipo de lucha, cualquier arte marcial llama su atención por completo.
Pero debe admitir que tiene sus preferencias.
Se especializa en aikido cuando no se le permite cargar con sus confiables espadas. Es buena en eso, si tiene que presumir.
Domina bastante bien el estilo con una espada, es el mas básico, todos lo tienen que dominar.
Pero su favorito sin dudas es el estilo con dos espadas, nitōryū. Aquel que se ha convertido en su propia marca personal y esta decidida a seguir practicando y seguir mejorando. Es prácticamente el estilo que la define.
Y siguiendo con esa línea de pensamiento es lo que nos trae a este momento, la lucha de las dos chicas en el espacio abierto de un bosque. Desde lejos se podía escuchar los sonidos del esfuerzo, las espadas chocando entre sí, las respiraciones erráticas.
Algunos podrían creer que es una pelea injusta debido a que una de ellas tiene dos espadas y la otra maneja solo una.
Pero no, definitivamente no.
Si piensas eso, definitivamente estarías subestimando a Ava Silva.
Hablando de Ava Silva…
El golpe de la espalda de Beatrice contra el suelo se escucha desde kilómetros, Ava la inmoviliza mientras sostiene firmemente el filo de su espada contra la garganta de Beatrice pero sin hacer daño, solo para probar un punto.
Beatrice es 100% consciente que lo hace apropósito.
Que, si Ava quisiera, ya estaría muerta.
“Yo gano.” Anuncia Ava antes de levantarse de su posición y ofrecerle la mano a la otra chica para ayudarla a levantarse.
Y contra todo pronóstico, Beatrice la acepta.
El roce de sus manos en ese breve momento envía una carga eléctrica a ambos cuerpos desprevenidos.
No es que ninguna lo comente.
“Buen trabajo ahí, Bea” Ava alaga, como siempre lo hace.
“Gracias” Beatrice responde en un murmullo.
“No es mi intención sacar el tema nuevamente, pero en verdad, si cambiaras tu postura tu ataque mejoraría considerablemente” Beatrice no responde, ella evita el contacto visual y se encoge de hombros.
“Yo te puedo ayudar” Ava propone. “Si quieres, claro” Añade, con un pequeño matiz de timidez.
Beatrice frunce el ceño.
“¿Cuál es el truco?” Beatrice muerde, ganándose un tarareo confundido por parte de Ava. “¿Qué obtendrías tu a cambio?”
El rostro de Ava pasa por diferentes fases, desde la sorpresa, hasta la confusión y la determinación.
“Nada.” Responde luego de unos momentos.
“¿Nada?” Repite Beatrice.
“¿Te cuesta mucho creer que te quiero ayudar?” Responde Ava. Beatrice solo aparta la mirada. “Piénsalo así, Bea…” Ava se acerca hasta quedar totalmente al frente de la chica mas alta. “Nosotras dos somos las mejores del dojo de Superion, sino es que de todo el pueblo”
“Tu siempre dices que quieres ser la mejor espadachin del mundo, pero quien dice que yo no tengo ese sueño también” Ava comenta. Beatrice la mira extrañada.
“¿Lo tienes?” Pregunta.
“Y ya sabes lo que dicen, si no puedes con el enemigo, úneteles” Ava responde a cambio con una sonrisa.
“No estoy segura de estarte siguiendo aquí” Beatrice comenta. Ava suspira con falsa desesperación. Ava toma a la chica por los hombros, Beatrice se tensa por la proximidad.
“Nosotras somos las mejores” Ava repite. “Cualquiera de nosotras puede ser la numero uno de todos aquellos que están allá afuera” Ava la sacude levemente por los hombros. “Lo menos que podemos hacer es ayudarnos la una a la otra desde sus inicios”
Beatrice solo se queda allí mirando.
“Hagamos una promesa, para que todo sea mas serio” La mas pequeña continua. “Vamos a entrenar juntas hasta que una de nosotras se convierta en la mejor espadachin del mundo” Su sonrisa no cambia ni una sola vez.
Ava se separa de Beatrice y camina hacia la roca alta en donde se habían posado mas temprano.
“Yo, Ava Silva, prometo luchar hasta ser la mejor espadachin del mundo, y mi único oponente digno no es nada mas que Beatrice Young” Exclama la chica al aire, apuntando a Beatrice desde arriba con el filo de su espada, su sonrisa lo único que hace es crecer.
“Ava, esto es estúpido” Es lo único que responde la otra chica cruzándose de brazos, mirando a la castaña posada arriba de la roca.
“¡Vamos, Bea!” Ava exclama. “¡Es nuestro pacto!”
“Ava-” Comienza a negarse.
“¡Hazlo!” Ava grita a todo pulmón, apuntándola de nuevo con la espada.
“Yo, Beatrice Young, prometo luchar hasta ser la mejor espadachin del mundo” Dice, sin descruzar los brazos, solo viendo a la chica castaña.
“¿Y…?” Ava anima, Beatrice suspira.
“Mi único oponente digno será Ava Silva” Termina. Ava grita al aire contenta, alzando su espada con felicidad.
Beatrice puede sentirse a si misma reprimiendo una sonrisa que trata de salir en contra de su voluntad.
“¡Bea, vamos a ser unas leyendas!” La más pequeña exclama mientras se baja de la roca de un salto y se acerca a la otra chica.
Beatrice solo piensa en lo que se acaba de meter.
Beatrice se sienta en su roca de siempre sintiendo la paz atraída por la brisa de las 5pm y el calor del sol en su plena hora dorada, esperando pacientemente a su rival eterno para la lucha de hoy.
A decir verdad, las cosas se han estado aclimatando entre ellas, aunque a Beatrice no la hallarán muerta diciendo que es "amiga" de Ava Silva, ciertamente el camino entre las dos se ha desviado hacia otro rumbo, lo cual no es tan malo como pensó que sería.
Se han instalado cómodamente en una rutina, ambas felices de tener un poco de tiempo más con práctica de sus habilidades.
Y aunque a ambas casi les duela físicamente admitirlo, no les molesta del todo la compañía, les cuesta admitir la fascinación de ambas con lo cálidas que se sienten con sus encuentros en su lugar de reunión en pleno bosque.
Beatrice siempre llega primero, siempre temprano, recogiendo las pocas olas de calor de la tarde que quedan antes de dar paso a la brisa fresca del anochecer.
Ava siempre llega unos minutos tarde, es parte de su esencia. Cada reunión saluda entusiasta a su oponente, saludo que es recibido sin falta por unos ojos en blanco de la chica.
Nada fuera de lo normal.
La soledad de la chica mayor es interrumpida al sentir una presencia detrás suya, ella no se inmuta.
"Llegas a tiempo" Alza la voz a la presencia. "Eso es nuevo" Añade con una sonrisa vislumbrando en sus labios. Ella comienza a bajarse de la roca con el cuidado de siempre. "Debes estar ansiosa por perd-" Detiene su discurso abruptamente al darse cuenta que la persona detrás de ella no es la chica castaña que esperaba.
"Sensei" Ella dice a cambio, terminando de bajar de la roca y posando firmemente ambos pies en la tierra. "No la esperaba aquí"
La mujer mayor se permite acercarse más a la chica, su rostro inexpresivo no es nada fuera de lo común para ella. "Beatrice" Saluda por fin.
"Sensei Superion" Repite Beatrice, saludando y haciendo una reverencia ante su superior.
"Recupérate, ya te he dicho que no me llames sensei fuera del dojo, Hija" Despide Superion mientras Beatrice se recupera. "Llámame Suzanne, te lo he repetido"
"Suzanne" Murmura Beatrice, como siempre lo hace cada vez que tienen esta misma conversación. Ella nunca hace caso.
Suzanne solo asiente solemne, como siempre lo hace.
"Si no le importa que pregunte..." Comienza Beatrice con cuidado. "¿Que está haciendo por aquí?" Suzanne deja salir un suspiro pesado en respuesta.
Eso no hace nada para disipar la confusión de Beatrice.
"¿Vino a ver el combate?" Otra pregunta. "He estado entrenando duro para esto" Continúa con emoción. "Estoy esperando a Ava para que coma mí polvo en este combate. Al fin voy a derrotarla y ser la mejor espadachín del mundo" Concluye con una sonrisa, queriendo presumir delante de su sensei, quien no ha emitido un solo sonido durante su explicación, nada fuera de lo común.
Lo que es fuera de lo común es la mínima expresión de tristeza que cruza el rostro de la mujer mayor antes de que desaparezca tan rápido como apareció.
Beatrice, porque por supuesto que lo hace, se da cuenta.
Ella se detiene.
Su sonrisa flanquea.
"¿Que sucede?" La menor pregunta.
Otro suspiro profundo.
La confusión se transforma en el má2s mínimo miedo recorriendo el cuerpo de Beatrice.
La más mínima expresión de un mal presentimiento pasando por su espina dorsal.
"Hija, necesito hablar contigo un segundo" Responde finalmente la mujer. "¿Podemos sentarnos un momento?" Pregunta moviéndose hacia la roca en donde ella reposaba hace solo diez minutos.
Diez minutos.
Ya han pasado diez minutos.
Diez minutos después de su hora pautada para reunirse.
Ava siempre llega tarde.
Pero nunca se excede de los cinco minutos.
Ava.
Las alarmas en la cabeza de Beatrice se activan casi de inmediato.
No.
Esto no puede ser sobre ella, verdad?
Verdad?
No.
Ella está exagerando.
Su sentido de pulcritud y su remilgada personalidad solo le están tendiendo una mala pasada.
Ella respira.
Una.
Dos.
Tres veces.
Superion solo se queda allí sentada pacientemente esperando a que la chica se recupere y se siente a su lado.
"¿Que sucede?" Hace la misma pregunta por segunda vez, sentándose al lado de la mujer mayor. Ella mantiene la calma. "No quiero ofenderla, pero quiero calentar un poco antes de la llegada de Ava" Añade. "Ella está llegando inusualmente tarde, alguien le tiene que enseñar una lección" Concluye de la forma remilgada que solo ella conoce, escondiendo muy bien sus propios pensamientos.
Superion aparta la mirada de ella ante la frase.
Esa fue la gota que derramó el vaso.
No.
Si la sonrisa de Beatrice no se había borrado antes, ahora sí lo hizo.
"Beatrice..." Comienza Superion.
En este momento es que Beatrice piensa lo peor.
Su corazón se hunde.
"Ava no va a volver" Arroja la bomba.
Beatrice no sabe como sentirse.
Definitivamente no es bueno.
Beatrice solo emite un sonido.2
Tararea pidiendo más detalles, no confiando en si misma para poder formular una frase completa.
El nudo en su garganta lo único que hace es crecer.
"Hija... Los Silva son una familia muy problemática" Superion comienza con una suavidad que la niña nunca había visto en su superior. "Son una familia de cazarecompensas con muy mala fama entre los piratas"
Beatrice solo se queda paralizada mientras escucha.
"Esta mañana llegó un barco al pueblo, no hicieron escándalo, probablemente no te hayas enterado. Gente que los vió en el bar local dicen que preguntaban por Anthony Silva, que tenía una deuda grande pendiente con ellos. Las personas aterrorizadas le dieron la dirección de la casa..."
Beatrice no es tonta, eso es algo que se sabe.
Ella tenía la ligera sospecha de a dónde se dirigía esto.
Sin embargo no dijo una sola palabra.
"La gente que vio a la tripulación pasar por el pueblo dice que su capitán se veía más que enojado, estaba furioso. Sin embargo, no se metieron con nadie más" Continúa Suzanne. "Las malas lenguas dicen que en la casa solo se encontraban Ava junto con su madre y, al hombre no estar en casa, las mujeres son las que tuvieron la mala suerte de recibir la visita de la tripulación de piratas"
Beatrice no sabía que decir.
No sabía como reaccionar.
El nudo en su garganta era tan gigantesco que empujaba a las lágrimas a salir sin el consentimiento de la chica.
Beatrice desvía la mirada al suelo.
Sus pequeñas lágrimas escapando de sus ojos y volando hacia las hojas esparcidas sobre la tierra a sus pies.
No queriendo parecer tan vulnerable ante la mujer acompañándola, fracasando enormemente.
"La gente del pueblo dice que Anthony Silva al llegar a su hogar no encontró a su familia adentro” Continua brevemente. “Quedaron dos personas en la casa cuando el se fue” Ella hace una pausa, un pequeño intento de que su voz no se corte revelando sus verdaderos sentimientos. Respira. “Y cuando regreso, solo quedaba un cuerpo” Su voz logra quebrarse al final.
Superion, aún después de prepararse fuertemente para transmitir la noticia a su alumna, le duele enormemente por ambas chicas.
Ella tampoco tiene la fuerza ni la energía para si quiera tratar de controlar las lágrimas por el suceso.
Es mucho peor al ver el estado de su otra alumna.
Aún así es paciente, es constante, intenta ser fuerte por la chica menor que está con ella, siempre ha intentado estar ahí y ser un apoyo para todos sus alumnos y este momento no es una excepción.
Ahora más que nunca es que la necesitan.
Su línea de pensamiento se es abruptamente interrumpido por Beatrice levantándose de su asiento de manera brusca.
"¡No es cierto!" Alza la voz la chica menor, aún sin hacer contacto visual. "¡Dígame que no es cierto!" "¡Ava todavía sigue allí! ¡Ella no se ha ido!"
Superion intenta con todas sus fuerzas quedarse al margen, dejar que la chica deje todo salir de su sistema.
Ella no puede.
Por eso es que cuando Beatrice no puede contenerlo más, se rompe.
La sensei se rompe con ella.
La mujer mayor atrae a la chica hacia su cuerpo en un abrazo que sabe que ambas necesitan.
Puede sentir las lagrimas de Beatrice manchando su ropa.
A ella no le puede importar menos.
Sus propias lagrimas resbalan de sus mejillas mientras intenta consolar a la chica frotándole la espalda y susurrándole algunas palabras.
Todavía siente a Beatrice golpeando suavemente su pecho, murmurando el dolor que ella misma siente en frases entrecortadas “Ella no se fue” “Ella sigue ahí” “Teníamos una promesa” “No es verdad”, cada una de ellas puntuada con golpes en el pecho que van disminuyendo en fuerza conforme a va perdiendo la batalla contra el dolor agudo en su propio pecho, las lagrimas empapando sus mejillas y los sollozos que han comenzado a unirse sin su consentimiento.
Ambas mujeres se quedan allí por quien sabe cuánto tiempo.
Ambas consumidas por el dolor de una perdida que ha golpeado a partes desiguales los corazones de ambas.
Y si Beatrice, una vez secadas las lágrimas, le pide disculpas mil veces a su Sensei por la vulnerabilidad, no es asunto de nadie.
Y si Superion le reitera que la vulnerabilidad no es motivo de vergüenza, no es asunto de nadie.
Y si Beatrice por el resto de la noche se siente fuera de sí, omite su cena por falta de apetito y llora un poco mas hasta quedarse dormida por el revuelo de emociones que existe dentro de ella, la confusión, la ira, la tristeza, la ansiedad, la realización.
Bueno.
Eso no es asunto de nadie.
Sensei organiza un pequeño altar en el dojo una mañana nublada. Constante de unos pequeños ramos de flores, unas cuantas velas encendidas, una foto enmarcada de la chica castaña y su mayor representación:
Su espada Wadō Ichimonji.
Firmemente postrada en su soporte debajo de la foto.
Todo.
En memoria de Ava Silva.
Ese día llevaban su keikogi de color negro, se reunieron alrededor del altar a ofrecer respetos y celebrar la vida de quien fue su mejor alumna y compañera.
Beatrice no podía soportarlo más.
Cada vez le costaba respirar más, ella no se podía quedar de brazos cruzados.
Ella no se iba a quedar de brazos cruzados.
Beatrice se acerca con pasos firmes a su Sensei que se encontraba parada a un lado del altar.
Hace una reverencia ante su superior, girando la cabeza en dirección al altar, pidiendo permiso para avanzar.
Su Sensei asiente, concediendo el permiso.
Beatrice se recupera y avanza observando la imagen de una Ava que le devolvía la mirada con una sonrisa gigante.
Ella tenía que hacerlo.
Se agacha con cuidado hacia la espada postrada debajo de la foto, tomándola entre sus manos y alzándola hacia la imagen.
“Rei!” (礼) Exclama Beatrice hacia el altar.
Se recupera y voltea hacia su Sensei. Ella posa la espada de Ava en su cadera junto a sus dos espadas propias.
Ella tiene una promesa que cumplir.
“Yo, Beatrice Young” Ella comienza, dirigiéndose fijamente hasta su sensei. “Voy a luchar hasta ser la mejor espadachin del mundo” Ella recita. “Y no existe ningún oponente digno para detenerme de conseguir mi título”
Beatrice se da la vuelta, encarando a sus compañeros, con la espada de Ava firmemente equipada.
“Por Ava Silva” Exclama. “En esta vida o en la siguiente.”
