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Habían ocasiones en las que Hanzo se lamentaba de haber sido tan complaciente con su hermano menor en el pasado, se podría decir que lo había mal acostumbrado. Como ahora mismo, que tenía al niño revoltoso golpeando su puerta en medio de la noche.
–Ya sabes que a Otou-san no le agrada que te comportes así, Genji. –le dijo una vez que le cedió el paso hacía su cuarto, no es como si deseara ser molestado el resto de la noche, tenía deberes que cumplir desde temprano.
El joven no perdió el tiempo y se lanzó a abrazar a Hanzo una vez que la puerta fue abierta, feliz de frotar su rostro en su clavícula y captar su fresco aroma– Anijaaa, te preocupes demasiado por papá...él ni siquiera está en casa estos días. ¿Qué me impide venir a visitarte...? –era un gran alivio para el hijo menor, a decir verdad. El señor Shimada empezaba a ser más duro con ambos hijos, al pequeño gorrión en específico, le había prohibido correr a los brazos de su hermano mayor...
–Porque ya estás grande. –Hanzo rió entre dientes al tener al duendesillo peliverde rodeando con fuerza su cintura– Pero dime...¿Acaso fue otra pesadilla?
Genji infló las mejillas en desacuerdo, desde su cumpleaños número 13 todo mundo lo trataba diferente, podía esperarlo de los ancianos del clan, e incluso de papá, pero no de Hanzo.
–Algo así... no podía dormir. –se sinceró, pero Hanzo pudo notar la duda en su voz, lo que le hizo entrecerrar los ojos con sospecha. No era raro que su hermano buscara compañía con él, después de todo solo se tenían el uno al otro en ese enorme castillo, pero últimamente sus acciones no eran las más coherentes.
Pero de pronto sus dudas de disiparon, cuando sintió movimiento por parte de Genji...sus caderas se movían lentamente contra su muslo, como si buscara la satisfacción que no pudo conseguir con su propia mano horas antes, Hanzo no tuvo más remedio que empujar al niño contra el suelo. Claro...él no venía para dormir juntos como hacían hace años.
–Genji...–su voz sonó amenazante pero su rostro no podía mostrar nada más que vergüenza, con el color rojizo cubriendo sus altos pómulos y sus labios haciendo una mueca enojada, no podía creer que esto estuviera pasando de nuevo.
–La última vez me dejaste al menos tocarte un poco, anija... juro que no me sobrepasaré –sus manos se alzaron en son de paz y una sonrisita nerviosa se dibujó en su joven rostro. Hanzo odió ser tan débil ante él– Por favooor... no me dejarías así. ¿No? –el pequeño bulto en sus pantalones de pijama causaron un resoplido por parte del mayor.
Las hormonas golpearon fuerte a Genji...no fue culpa de Hanzo haber estado en el lugar equivocado en el momento equivocado aquella vez, ¡No podía dejar a su hermanito llorando de dolor por su primera erección! No fue su culpa, él solo quiso ayudar...
Los recuerdos de ocasiones anteriores llegaron a su mente y Hanzo sintió ganas de vomitar, volteandose con fuerza sintiendose tentado a echar a Genji de su habitación.
–Tú...tú sabes que no quiero hacer esto, Genji. –tartamudeó solo como un adolescente nervioso podía hacer, cerraron los ojos con fuerza cuando un par de bracitos rodearon sus caderas y lo atrajeron hacía atrás. Jadeó por el trato brusco, ¿Qué tan humillante era que solo tu hermanito menor quiera tocarte...?
Igual de humillante que permitirle continuar, seguramente. Hanzo se mordió el labio y pronto su cabello fue soltado, Genji tenía un gran gusto por ver su cabello largo llegar hasta su cintura, "Te pareces a las niñas de mi escuela, pero infinitamente más sexy..." lo había oído decir una vez, demasiado perdido en el placer como para regañarlo por el vocabulario vulgar.
–¿Pensaste que solo quería dormir contigo, anija...? Vamos, ya sabías a lo que venía, si no, no me hubieras dejado entrar. –con un tono burlón empezó a forcejear con torpeza la yukata de Hanzo, hasta que logró desatar el nudo y sus manos temblorosas no tardaron en descender por su pecho hasta su abdomen, el hermano mayor no comentó nada sobre aquel escalofrío a sus espaldas y la respiración acelerada de Genji– M-Me haces tan feliz... ahh. –sus manitas presionaban los pectorales en formación de Hanzo con demasiada insistencia, lo que generó un par de jadeos agudos a cambio.
No pasó mucho tiempo hasta que su propio cuerpo reaccionara a las estimulaciones, casi deseó que su hermanito bajara más las manos.
–Anija... me duele demasiado. Por favor, ayúdame. –pidió con la voz más lastimera que podía generar, Hanzo sintió su instino fraternal gritar ante la idea de que Genji estaba sufriendo. Su erección latía dura contra su muslo, frotándose casi instintivamente. Hasta que el niño se hartó de esperar y jaloneó el cuerpo de su hermano, como si se tratara de algún otro berrinche, no se podía esperar menos del joven maestro que fue consentido toda su vida– Esto es tu culpa... encárgate! –sonó más mandón de lo que a Hanzo le hubiese gustado, pero no tardó en obedecer.
La mandíbula del más joven casi toca el suelo ante la imagen que se le presentó. El mayor se puso de rodillas frente a él, aún con su yukata suelta y el cabello cayendo como tinta negra alrededor de su rostro, demasiado seductor para alguien de su edad– Apurate, gorrión...creí que tenías prisa.
El peliverde por poco pegaba un saltito emocionado mientras se deshacía de sus pantalones lo más rápido que podía, dejando libre su erección, roja en la punta y completamente erguida. Hanzo ya lo había visto antes, más allá de ayudarlo en situaciones parecidas, habían compartido duchas la mayor parte de sus vidas. Nunca esperó que aquel flácido miembro del cual solía burlarse en medio de sus juegos terminaría envuelto por sus labios y siendo saboreado por su lengua, sus ojos se cerraron mientras ahuecaba sus mejillas, sintiendo una mano sujetar su cabeza con fuerza.
–¡Ahmm, ahh! ¡Hanzo...ya, ya! –gritaba desesperado por la placentera sensación que lo llevaba al límite, sus piernas temblaban mientras intentaba mantenerse de pie para no salir de ese paraíso. Hanzo disfrutó del aroma y sabor del jabón después del baño de Genji, pronto tendría toda la carga muy al fondo de su garganta, gimió ante la idea— A-Anija...~ déjame...déjame entrar en ti, ¿Si? ¿Por favor?
De pronto toda la concentración se perdió y Hanzo soltó el flaco miembro con un sonido viscoso, lo que causó un gran estremecimiento por parte del niño, que tuvo que morderse el labio y gritar para sí mismo.
–¿Q-Qué acabas de decir...? ¡Genji, la vida real no es como los vídeos que ves en internet! –le gritó en forma de susurros, como si alquien en ese enorme lugar pudiera descubrir la perversión que sucedía detrás de esas paredes.
Una vez que se tranquilizó, el pequeño lo tomó de los hombros con una sonrisa confiada– ¡Anija, tienes que escucharme! Básicamente soy un experto, ya sé todo lo que se tiene que hacer...¡Entre chicos también funciona!
Hanzo deseaba que la tierra se lo trague, no tenía tanto tiempo libre como Genji para informarse sobre...ese tipo de trivialidades. Su rostro solo podía expresar sorpresa e indignación, por Dios, sus clases de nivel avanzado y de pelea habían sido superados por un mocoso con mucho lívido.
No supo cómo terminó siendo acomodado por un entusiasmado Genji, su cuerpo era más grande pero tal parece que su hermanito no tuvo problema para acostarlo boca abajo sobre el futón, escuchándolo sisear con lujuria mientras golpeaba uno de sus glúteos, se quejó sobre la almohada y prefirió hundirse por completo en ella, ya había pasado por mucha humillación ese día.
–Okay...bien, así. –sonó contento con su trabajo– Vaya Hanzo...realmente tengo suerte. –concluyó el joven al presenciar el hermoso cuerpo de su hermano acostado para él– Solo...alza un poco ese trasero, anija, no quisiera lastimarte. –rió como un tonto, algo más común de él.
Hanzo resopló y aunque aún no se sentía preparado para lo que vendría, alzó su parte inferior creando una linda curva en su cintura, presentandole al menor Shimada su fruncida entrada virginal. Escuchó a Genji respirar con pesadez, como si no pudiera creer que todo esto estuviese pasando.
Él tampoco lo podía creer.
No pasó mucho tiempo hasta sentir las juveniles manos acariciar sus caderas con extremo cuidado y admiración, hasta que sus caderas se acercaron y Genji presionó la punta de su verga contra él, Hanzo abrió los ojos en alerta. No estaba listo para esto...su hermano menor en verdad sería su primera vez.
–¡A-Ahhh...! –Hanzo podía jugar que incluso los vecinos de la otra calle pudieron escuchar aquel grito agudo proveniente de Genji, una vez que metió sin más todo su miembro, de una sola estocada tocó el interior de su hermano mayor. El dolor inicial dejó siseando a Hanzo, mordiendo la almohada e intentando no sobreactuar. Era el mayor allí, debía actuar como tal.
Pero se le dificultaba por cada embestida enérgica del niño, Genji básicamente babeaba mientras montaba a su hermano, completamente desesperado con sus caderas moviéndose sin un ritmo fijo ni algún cuidado.
–¡Mmhg, ahh...Genji, Genji! –Hanzo rompió su silencio con una serie de largos gemidos, podía sentir sus paredes internas moldearse para recibir a su hermanito, quien dejó largas líneas rojas por su cintura las cuales podría admirar por la mañana. Nunca creyó que eso se sentiría tan bien.
Solo bastaron un par de empujones más para que el niño se detuviera de golpe, completamente hiperventilado mientras se vaciaba en el interior de Hanzo, gota tras gota hasta estar seguro de que fue todo. La osadía fue impresionante– A-Ah... Anija...~ –llamó exhausto y con el cabello pegado a la frente por el sudor, cayendo acostado sobre su espalda a lo que el mencionado gritó, quejándose. No solo el acto había durado poco, sino que su pequeño hermano no soportaba tener un orgasmo sin caer inconsciente, Hanzo jadeó hipersensible intentando quitarselo de encima.
Para sorpresa de nadie fue Hanzo quien tuvo que acomodar las ropas de ambos y alistar a Genji para dormir, no sin antes maldecir por haber caído nuevamente ante su hermano y no haber dicho que "no", pensó en todo el mal que estaba generando con sus acciones y como podrían afectar al clan Shimada Gumi en un futuro, ¿Qué pensarían los ancianos...? ¿Su padre aún lo consideraría digno de ser su sucesor si se enterara?
Se torturó en silencio mientras el semen caliente goteaba de su entrada.
