Chapter Text
El infierno estaba separado por círculos, en cada uno de ellos, reinaba cada uno de los pecados más poderosos del infierno, seres con gran poder que podían tentar a la humanidad a pecar y atraer su alma a su círculo, volviéndolos más poderosos.
Grandes alfas con gran poderío y respetados por todos los pecadores, o al menos lo máximo que se puede respetar a alguien en el infierno, mayormente guiados por el miedo a que su alma sea exterminada definitivamente.
Pero, había un poder mayor, mucho más grande que cualquier otro, una mezcla de lo puramente angelical y lo vastamente demoniaco, perteneciente a una sola persona, al rey del infierno, Lucifer.
Dueño y soberano de todo el infierno, el ser más poderoso existente, el ser más hermoso creado y el favorito de Dios, que terminó siendo desterrado por un error que construyó lo que es el infierno ahora.
Algunos lo llaman el fruto prohibido, otros, el ser más odiado de toda la existencia, otros, un ángel caído puramente hermoso y poderoso, su majestad.
Pero, lo más curioso de todo su ser, era que no era un alfa como los otros pecados y soberanos de los círculos, era un omega.
Un omega codiciado por muchos que trataron de doblegarlo y marcarlo como animales salvajes en celo, pero nadie podía, si lo intentaban, serían cruelmente asesinados por su bella esposa, Lilith, una alfa en todo su derecho.
Nadie se atrevía a acercarse a Lucifer, ya que Lilith era muy territorial con él, a un punto casi asfixiante, pero Lucifer parecía estar bien con eso.
No fue sorpresa cuando se vio a Lucifer con una adorable pancita, pues Lilith se había vuelto menos tolerante con cualquiera que se acercara a su esposo, y los alfas se volvían brutos cuando un omega estaba en celo o cuando estaban en espera de un bebé. Las señales eran muy claras.
No fue mucho que se tuvo que esperar para conocer a la princesa del infierno, Charlie Morningstar.
Una niña alfa, dulce, amada y respetada en lo posible, especialmente debido a su madre que como cualquier alfa, protegía a su familia.
Lucifer era un buen padre y Lilith una buena madre que brindaron amor a su hija, quien creció con amor hacia el reino del infierno y su gente.
Fue cuando Lilith desapareció que las cosas en el infierno se ponían densas, creyeron que ante la falta de la alfa, podrían aprovecharse de Lucifer para gobernar en el infierno sin mayor esfuerzo.
Pero para sorpresa de ningún pecado capital, Lucifer resultó ser un cabrón.
Tenía más poder que su esposa Lilith, y debieron ser razonables con eso, pues estaban tratando con un nacido del cielo, el hijo favorito del todopoderoso, y que a su vez tenía poder demoniaco, no podían ni con un ángel exorcista, que era un alma humana del cielo, peor iban a poder con un ángel demoniaco.
Volvieron a alejarse y tenerle más temor a su hija, pero no porque ella les resultara una amenaza, la niña no mataba ni a una mosca, sino de lo que era capaz su padre, se sabía que los omegas eran extremadamente violentos si sus cachorros se encontraban en peligro.
Charlie, por lo tanto, no se tuvo que enfrentar a la crueldad directa del infierno, es más, creyó en la bondad de los pecadores y la redención.
Con esa idea en mente, creó el Hotel Hazbin, un proyecto destinado a la redención de las almas pecadoras para alcanzar el cielo y evitar el exterminio.
Junto con el proyecto, se forjaron amistades y alianzas curiosas, era un proyecto interesante por parte de Charlie, aunque, no les iba tan bien.
—Charlie, creo que podemos hacer un mejor comercial.
—Lo sé, solo no quiero desechar todo el trabajo de Alastor, quizá... quizá podamos hacer solo unos ajustes.
Alastor, conocido como el demonio de la radio, era un alfa soberano, un alma que era dueña de su propio destino, había movido los hilos lo suficiente para hacerse un nombre y tener almas a su disposición, que de hecho, estaban en ese proyecto de Hotel de la princesa del infierno.
Se había comprometido con el proyecto de hotel de la hija de Lucifer, y ahora era considerador el anfitrión de este.
—¿Ajustes? No, debemos hacer todo de nuevo, ese comercial es pésimo para nuestra imagen.
Vaggie, la novia de Charlie, una mujer alfa con un fuerte carácter, era quien normalmente ponía la mano dura que su novia no podía poner.
Los enfrentamientos entre los dos alfas era una constante en el hotel por sus diferencias en pensamiento. Charlie tratando de apaciguar las aguas, mientras el personal del hotel observaba.
Angel Dust, era un omega con problemas con uno de los soberanos de ese círculo del infierno al vender su alma, al igual que Husk, un ex-soberano alfa adicto a las cartas que perdió su alma por un juego que terminó fatal contra Alastor.
Y por último estaba Niffty, la mucama del hotel, su alma también estaba atada a Alastor, pero a diferencia de Husk, ella lo disfrutaba y parecía de acuerdo con ello. Nadie sabía su casta, sospechaban que era beta.
El hotel era tan dinámico por su dueña original, pero a su vez tan vacío por la falta de personas interesadas en el proyecto, de hecho, Angel Dust estaba ahí por la posada gratis.
Charlie miraba a cada uno de sus ahora considerados amigos quienes trataban de ajustar cosas, tratando de no matarse en el proceso o que Vaggie le saliera una hernia del enojo.
Antes de ella poder argumentar algo, su teléfono sonó, en la pantalla vio un patito con sombrero, sabía de quien se trataba, así que pidió permiso para atender el teléfono en privado.
Un intercambio de palabras breve fue suficiente para generar un poco de emoción y a su vez inquietud en la joven princesa.
Su padre, Lucifer, había pedido a su hija que lo reemplazara en una reunión con el cielo, no dio detalles y había advertido a su hija de tener precaución, que lo llamara en caso de algún inconveniente.
Pero para Charlie, esta era la oportunidad que estaba buscando, poder convencer al cielo de que su proyecto funcionaba y que le ayudaran, una mano divina sería gratificante, ya que de su padre no podía esperarla, era un hombre influyente y causaba temor a muchos, si iban al hotel por miedo no iba a servir, además, había estado encerrado mucho tiempo, haciendo cosas bajo las sombras y con poco contacto con ella por razones que desconocía, todo desde la desaparición de su madre.
Pensaba en que era algo que pasaba porque su padre era un omega que prácticamente había estado mucho tiempo lejos de su alfa, pero Lucifer no parecía querer mostrarlo a su hija y se había dado por ocultar todo movimiento de parte suya.
Así que Charlie estaba sola en ello, bueno, también no es que quería hacer todo en gracia a su padre, también era independiente, pero una mano no venía mal de vez en cuando.
Sacudió la cabeza viendo delante suya la puerta de las oficinas del cielo en el infierno, donde se daría la reunión. Se adentró sin saber nada, era algo nuevo para ella, nunca había reemplazado a su padre en este tipo de cosas, pero parecía ser fastidioso para él esta vez, pues se escuchaba con pocos ánimos de asistir.
Tocó el timbre, firmó unos papeles y le hicieron ingresar en una sala, todo era oscuro hasta que la fuerte luz dio directo a sus ojos causando que se pusiera a la defensiva.
—Que onda.
Abrió los ojos, enfocándolos hasta ver delante de ella a un ángel, seguramente el encargado de la horda de exterminios de este año, a su lado una de las guerreras que ya conocía.
—Ah... sí, hola.
—¿Tú quien eres?
—Oh, yo soy Charlie, mi papá me dijo que...me reuniría contigo.
Sonrió nerviosa, nunca había tratado con un ángel y este aunque parecía que nada le importaba, también parecía que no era nada fácil de tratar.
—Mh, ya, ¿así va a comportarse ahora?
—¿Qué?
—La zorra de Lucifer, ahora decide por volver a sus andadas rebeldes del cielo y creer que voy a rogar por su culo, pues que siga esperando que no voy a hacer eso.
Tomó un bocadillo que tenía al frente para comerlo sin mayor consideración en que estaba hablando del padre de quien tenía en frente.
—Oye, no te expreses así de mi papá.
Charlie no quería perder la compostura en una sala divina, pero como lo había sentido, el tipo era intratable.
—Agh, odio hablar de política celestial sin estar cogiéndomelo. Mierda. Se arruinó el puto día. Lute, dale los papeles y que se vaya.
La mujer a su lado tomó un sobre y se lo entregó a Charlie quien lo tomó sin abrirlo chocándolo con la mesa.
—¡Espera! Tengo algo que-
—Nah-ah. Es todo el asunto a tratar, dile a tu padre la próxima vez que deje de hacer el puto drama, ni que el cielo no estuviera enterado de sus andadas.
Charlie se sentía confundida porque no entendía nada de lo que el ángel estaba hablando, y si que hablaba.
—Soy el puto Adán, me dejaron a cargo de la exterminación por un solo motivo, soy el más capaz para manejar todo esto, ¡claramente iban a vigilarme! Estas reuniones son en un puto complejo del cielo, él debería saber mejor que nadie que tienen un ojo en toda la creación.
Charlie hizo una mueca y miró alrededor, al igual que en el infierno había rastros de ojos por toda la pared, pero pasaban muy desapercibidos para una visita rápida.
—Espera, ¿eres Adán? ¿El primer hombre en la Tierra?... Eso explica muchas cosas...
—El primero en todo, princesita, la primera verga de la humanidad, de mi descienden todas las vergas del mundo, soy la verga.
Adán sonrió con aires de superioridad, Charlie ya se había estresado con solo oírlo, fue peor cuando empezó a contar varias cosas extendiendo la reunión más de lo planeado.
Su intención era presentarle el hotel, así que cortándole educadamente decidió por planteárselo, pero recibió un "No" rotundo, y a Adán se unió Lute a decirle las razones por las que no podían permitir una cosa semejante.
No le dieron más momentos para hablar y la sacaron de la oficina con la noticia de que el siguiente exterminio se iba a adelantar, dejándola desconcertada y dolida.
El regreso al hotel fue fatal, con malas noticias y conflictos sin resolver, y claro, enterarse que su padre se acostaba con Adán también, no le sorprendía mucho que se estuviera acostando con alguien que no fuera su madre, pues ella le había dado libertinaje, pero sí le sorprendía que fuera con Adán, quien era un pendejo.
Además, algo había pasado que su padre se escuchaba irritado y Adán hablaba cosas sin sentido del cielo observándolos; si tanto observaban a su papá, quien estaría jodido sería Adán por coger con el ángel caído, pero por como sonaba, parecía que el jodido era su padre.
No quería preguntarle directamente, pero al igual que su emoción era grande, su curiosidad también.
Se recostó en la cama con la cara a las almohadas, Vaggie se sentó a su lado, ya sabía todo debido a que habían charlado previamente.
—¿Y sí... hablas con tu papá?
—No me va a escuchar, o más bien, no me va a querer contar, todo lo mantiene alejado de mi, seguramente lo negará, aunque podría creerle porque me imagino que coger con Adán debe ser fatal, pero también... los ángeles no mienten... ¿verdad?
—Si lo pones así, no, pero por eso mismo, tu papá no va a mentirte.
—Sé que no lo hará, pero si quiere evitar un tema, lo hará, no quiero ponerlo incómodo.
—¿Y si lo invitas al hotel?
—No, no, no quisiera depender de él, además, no creo que le guste mi idea.
—Inténtalo, cariño, estaré ahí para apoyarte. Aunque sea, piénsalo, mañana, por ahora, descansemos.
Con un beso suave ambas se recostaron.
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—¡Mierda!
Una voz se escuchaba rasposa y dolida, la sangre fluía por toda la cama y el sonido de cadenas era estridente.
Un cuerpo blanquecino se presentaba angelicalmente encima de un cuerpo magullado, dulces garras negras estaban clavadas en el pecho de aquel que había sido un influyente del infierno.
Unos ojos amarillos en un mar rojo miraban hacia aquel ser inferior, unas mejillas rojizas en la piel blanca de un ser rubio con cuernos rojos que una serpiente dorada rodeaba.
Seis alas blancas con rojo se abrían gloriosamente, tres pares a cada lado. Una cola negra finalizada en lo que parecía la punta de una flecha con un simpático corazón rojizo en medio se movía alrededor.
Todo aquel ser glorioso era Lucifer en su forma demoniaca, desnudo dejando a relucir su angelical cuerpo, pero tan sádico como lo dictaba la necesidad en esa situación.
—Fue lindo coger contigo, pero, lastimosamente no me convences, no has pagado lo que debes y no tengo la paciencia para esperarte.
—M-Mi señor, solo una oportunidad le pido, su divinidad, le prometo que conseguiré el dinero e incluso más.
Lucifer movió su mano para tocar la barbilla de aquella alma en desgracia en una caricia dolosa debido a sus grandes garras que lo estaban lastimando.
—¿Y qué haré contigo si no cumples? ¿Crees que puedes escapar del infierno? ¿Crees siquiera posible el poder ocultarte?
—¡No, su majestad! ¡No pensaba en huir! S-Sé perfectamente que no podríamos huir de...usted, mi señor.
—Qué buen chico. Si no me traes mi dinero en tres días, lo único que cogerás será una bala en tus dos cabezas.
—P-Pero solo tengo una, su majestad.
Lucifer se movió para dar una sentada fuerte causando un gemido en el contrario.
—E-Entendido, su majestad.
Lucifer continuó divirtiéndose con aquel hombre hasta dejarlo ir, arregló su ropa con la elegancia que siempre portaba y volvió a su casa con normalidad, las calles pasaban muy desoladas a esa hora.
Llegó a su oficina haciendo espacio entre sus patitos y se sirvió un poco de té, miró hacia arriba y finalmente soltó esa postura de elegancia gobernante para desparramarse en el sofá.
—Maldita sea, Adán, desgraciado hijo de- mierda, espero Charlie no haya tenido problemas con él.
Miró su celular dudando si llamar o no a su hija, claro que con Adán discutían asuntos políticos, pero usualmente sabían divertirse en medio de ello. Pero no tenía motivos ni ánimos de ver al idiota aquel, no después de lo que había hecho.
Miró a su alrededor lleno de patitos de goma que había estado haciendo, las fotos familiares y una que otra pasada. Cerró los ojos dejándose llevar por el cansancio, ya lo resolvería otro día, hoy no tenía la cabeza para pensar en algo coherente y práctico.
.(•◡•)(•◡•)(•◡•)(•◡•)(•◡•)
—Dijiste que era mi prometido años atrás y ahora me dices que debo ir a buscarlo ¿luego de haberlo botado a ese maldito lugar?
—Miguel, contrólate.
—¡No me voy a controlar, Sera! ¡¿No lo pensaron antes?! ¡¿Controlar a un chiquillo fue tanto para el cielo?! ¡Ahora miren donde está! ¿¡Que mierda pasaba por sus PUTAS cabezas!?
Miguel, el mejor arcángel guerrero del cielo, un alfa que usualmente manejaba una elegancia divina digno de su posición, pero en ese momento se quería arrancar los cabellos de la frustración y enojo.
—Miguel, trae a Lucifer al cielo antes de que el exterminio se de, él no puede perecer ahí, es un ángel con demasiado poder, se le purifi-
—¡Ya lo sé, Sera! Mierda, un omega en un infierno de pecadores degenerados, ¿¡Qué mierda les pasa!? ¡Agh!
Sacó su espada y mandó sus cabellos para atrás en un suspiro tratando de mantener la compostura que no tenía en ese momento.
—Lo traeré de vuelta, antes que el infierno caiga, dile a Adán que necesito reunirme con él para que no se enfrente a Lucifer... sé que no le interesa esos pecadores, pero sé que el idiota va a reunirse con él a joderlo, si lo vuelve a tocar, yo mismo mataré a Adán.
—Miguel, contrólate. Luego de dar inicio al exterminio, bajarás por Lucifer.
—Sí, limpiaré la maldad que se haya impregnado en su cuerpo y cumpliremos el trato celestial...
—Un heredero del cielo.
—Mi omega.
