Chapter Text
Familia, entorno, contactos, interacciones, cada uno de esos aspectos siempre influenciara en la gente, sin importar su edad, género o posición social, algo que lleva al desarrollo de su propia persona, donde lo más esencial en ese mundo de criaturas fantásticas, es la confianza. Para unos, eso podía ser lo mas complicado, ya que superar las debilidades propias es el reto mas difícil, mientras que para otros, es algo con lo que han nacido, que se las he inculcado por medio de halagos o respecto ganado únicamente por estar vivo. De la misma manera, cuando alguien tiene talento en algo y resalta tanto entre sus semejantes como superiores, suele ser idealizado, llevando a algo que suele provocar la caída de muchos, soberbia. Tal era el caso de Cliff, un joven de una posición alta y cuyo talento mágico le hizo resaltar desde joven, provocando que tuviera una actitud engreída, al punto de escapar de su zona de confort para acudir a los gremios, auto proclamándose un hechicero de rango A, solo para presumir sus habilidades.
El no necesitaba dinero para sobrevivir, mucho menos arriesgaba la vida por un acto noble, únicamente hacia eso para satisfacer su propio ego, donde al unirse a un equipo los humillaba al hacerse cargo el mismo de todo con sus hechizos, deleitándose en sus expresiones frustradas e impotentes al tomar la gloria. Tal era su escape, su hobbie por así decirlo de su rutinaria vida de estudio, exigencias, responsabilidades o expectativas que él ya había superado, las únicas a las cuales no había cumplido, eran las propias, donde aun cuando todos eran testigos de su poder, ninguno lo aceptaba como su superior. El orgullo de otros era algo que fastidiaba al castaño, que no reconocieran su lugar en el escalón bajo más bajo, cuando él ya estaba en uno muy superior pese a su edad, ya que en ese mundo, quien tuviera mas habilidad y poder era quien estaba al mando.
Al menos, así se suponía que era.
Toda su percepción cambio el día en que se encontró con una espadachina, una joven de cabello rojo y tan hermosa que sin poder evitarlo, quiso tener su atención, ofreciendo su ayuda en su misión, solo para ser rechazado, siendo el primer golpe a su ego que le hizo soltar insultos, ganándose así el segundo golpe, que esta vez fue en su rostro. Semejante bravado alejaría a muchos hombres, sin embargo, Cliff se empeño en seguirla, incluso intento mejorar el ambiente entre ellos, dando su ayuda en su misión, donde pudo alardear de sus habilidades mágicas. No obstante, lo único que recibió era quejas, peor aún, es que lo comparaba con alguien más, su maestro de magia Rudeus, insistiendo que era mejor por ni siquiera necesitar recitar hechizos, algo que el castaño asimilo como un intento de hacerle ver superior, ya que era algo imposible.
Aun así, que idolatrara a alguien mas con semejante fervor no fue de su agrado, ya que podía ver que había algo mas de por medio, siendo lo único que necesito para seguir a su lado, intentando demostrarle su error al no reconocerlo como un mejor hechicero. Nunca espero verse involucrado en una situación de rescate, donde un grupo de hombres intentaba secuestrar a una niña que conocía bastante bien, lo cual le impedía siquiera poder actuar, pero no a su acompañante. Tal destreza, desinterés pero mas que nada valor hicieron algo reaccionar en él, una emoción que no podía poner en palabras, ya que en lugar de verla como alguien que debía caminar tras él, creía que podría hacerlo a su lado, complementarlo para formar el dúo que dejaría inclusos a los nobles incrédulos.
- Te casarías conmigo? –
Al decir esas palabras, Cliff hablaba enserio, ya que una mujer con semejante belleza y habilidades era digna de ser su pareja, al menos, de acompañarla en la cama, aunque cuando ella lo rechazo nuevamente, un sentimiento oscuro comenzó a formarse en su pecho. Desde aquel día, el castaño se enfocó aún más en sus estudios, intento alcanzar un nuevo nivel en la magia, determinado a que cuando le compararan con alguien más, no sería como un insulto, sino como un halago. Su talento le llevo a ser aceptado en la universidad de magia, no solo como un estudiante, sino como uno de los miembros de la clase especial, un grupo selecto que no debía preocuparse por seguir el ritmo de otros, sino por su propio desarrollo personal. Hechiceros de alto grado le habían reconocido como uno de ellos, un momento que sin duda se sintió como una victoria para Cliff, deseando que Eris se encontrara cerca para hacerle ver cuanto había mejorado y se arrepintiera por rechazarlo.
No obstante, tan pronto como ingreso al lugar no pudo ocultar su decepción por quienes serian sus compañeros, uno era el antiguo príncipe de una nación, otro era uno de los escoltas de la princesa que asistía a esa universidad, una ni siquiera se presentaba, mientras que otras dos eran hibridas animal con una pésima actitud. Recordándose a si mismo que ese seguía un lugar reservado para aquellos con habilidad, el castaño únicamente se enfoco en lo mejor que hacía, estudiar, mejorar sus hechizos para mantenerse en lo mas alto, aunque con compañeros como ellos, dudaba que le fuera difícil.
Lamentablemente, las apariencias engañan, tal como sucedió al enfrentarse contra Fitz, quien no necesitaba recitar hechizos para utilizarlos, de modo que Cliff no pudo contraatacar, teniendo así su primera derrota en la universidad. Semejante detalle le dejo resentido, lo suficiente para enfocarse mas que nunca en mejorar, teniendo enfrentamientos esta vez contra sus otros compañeros, un desafío mas grande de lo que hubiera esperado, donde incluso una victoria no se sentía como tal. Fue entonces que el castaño se dio cuenta de algo importante, aun si tenia una magia superior, todos tenían algo en lo que destacaban, después de todo, estaban en ese grupo especial por un motivo, aunque nada fue peor que cuando recibieron a un nuevo estudiante.
- Me llamo Rudeus Greyrat –
Tan pronto como escucho ese nombre, el libro que sostenida en sus manos casi se resbalo de sus manos, frunciendo el ceño, hizo todo lo posible para mantenerse calmado, lo suficiente para preguntar si era el mismo al cual se refería Eris, donde al ser confirmado, no supo cómo sentirse. Por años, el creía que el mago con quien había sido considerado era un adulto, alguien con años de experiencia, sin embargo, parecía ser un adolescente de su misma edad, atractivo, educado y lo peor de todo, era el detalle de que fuera más alto que él. Con una rabia asesina por dentro, intento mantener un perfil bajo, analizar a quien desde años había sido su rival en su mente, a quien debía superar para recuperar su orgullo, siendo su principal opinión que no era alguien destacable, que al igual que Fitz, con suficiente esfuerzo podría derrotarlo.
No obstante, con el paso de los días ocurrieron eventos que le hicieron reconsiderar eso, el primero de todos fue que el mago había derrotado a las salvajes Rinia y Pursena, convirtiéndose de esa manera en el “jefe” de ambas, lo cual le dejaba en cierta desventaja. Lo siguiente que sucedió fue la visita de un demonio, quien exigió batirse en duelo con él, una oportunidad que pensó seria provechosa, pues podría ver de primera mano como era su magia, aunque una vez fue testigo de cual era su capacidad, no pudo evitar apretar el puño frustrado. Aun si le dejo cierta satisfacción que el demonio hubiera dejado inconsciente a su rival tras un golpe, Cliff era consciente que de haber sido el, probablemente hubiera muerto, por lo que aun si no se habían batido en un duelo, se veía obligado a admitir que era superior a él…no, él no podía hacer eso. Si no podía derrotarlo en el campo de batalla, entonces solo le quedaba una opción, debería enfrentarlo en otro tipo de escenario, no uno donde la magia no estaría involucrada, sino la masculinidad de cada uno.
Una noche en la cual logro reunir el valor suficiente, el castaño abandono su habitación, avanzo por los pasillos con cautela, ya que no deseaba que nadie se percatara de su presencia, mucho menos, de que supieran donde se dirigía. Sin saberlo, Cliff había elegido el momento indicado, ya que dentro de la habitación, acostado en su cama tras su rutina nocturna, Rudeus se encontraba con ambas manos en su nuca, observando el techo con una expresión que delataba tanto preocupación como confusión. La causa de eso era lo que le había traído a la universidad en primer lugar, donde a diferencia de otros que buscaban expandir su conocimiento o magia, el estaba buscando la solución a un problema, el cual era el mas temido para cualquier hombre en su edad, disfunción eréctil.
Los Greyrat tenían una fama de ser mujeriegos, algo que le incluía a el y que no podía negar, ya que las pantis de su maestra que mantenía en un pequeño altar eran una evidencia de ello, siendo su posesión más preciada. Desde que era un niño, Rudeus había dejado en claro su amor por las mujeres, su deseo por ellas, donde la edad no era un impedimento, al punto que a sus 12 años perdió la virginidad con Eris, sin embargo, fue en ese punto donde todo se vino abajo. Ilusiones y rechazos habían sido los causantes, conflictos y culpa lo que le mantenían en ese pozo de depresión, sintiéndose menos hombre con cada día, ya que llevaba años en esa condición. Sin embargo, tras tanto buscarlo parecía haber encontrado la respuesta a su problema, solo que no de la manera en que esperaba, ya que la ultima vez que su miembro se había puesto rígido, había sido causado por el contacto con otro hombre.
Un rubor adorno las mejillas del mago al recordarlo, como el y Fitz se encontraron en una situación donde no solo pudo sentir sus cuerpos en contacto, sino la complexión de su cuerpo, lo que había entre sus piernas pero aun así, causo una reacción en el que le hacia apretar los dientes. El no era alguien de mente cerrada, sin embargo, nunca había pensado en la posibilidad de estar con otro hombre, peor aún, le daba miedo que ni siquiera fuera capaz de ponerse rígido si tenia intimidad con su amigo, lo cual declararía que a la corta edad de 16, su vida sexual había terminado. Sus pensamientos se vieron interrumpidos por el sonido de la puerta, haciéndole levantarse y acercarse de manera cuidadosa, preguntándose si sería el causante de sus problemas que venia a hacerse responsable, provocando que su corazón latiera mas rápido. No obstante, cuando se dio cuenta que su visitante era Cliff fue incapaz de ocultar su decepción, un detalle que el castaño pareció percatarse, ya que frunció el ceño.
Estando uno frente al otro, un silencio se formo entre ellos, el mago no sabía porque había venido a buscarlo, aunque la expresión de fastidio en su rostro le impedía preguntarlo, cuando creyó que no sucedería nada, intento cerrar la puerta, solo para ser detenido por un beso. Los ojos del mago se abrieron de sobremanera, un fuerte rubor adorno sus mejillas, al igual que sus manos temblaron por el repentino gesto, tomándole unos cuantos segundos reaccionar, llevándole a intentar apartar a Cliff sin poder lograrlo, ya que él lo había rodeado con sus brazos. Un simple hechizo le pondría final a esa situación, Rudeus era consciente de eso y aun así, se encontraba paralizado, haciéndole preguntarse si el castaño había recitado algo, sin embargo, la verdad es que lo tenia a su merced por la manera en que sus labios se movían sobre los suyos.
En toda su vida, él nunca había sido besado de esa manera, posiblemente porque la única persona con la que estuvo de manera intima era tan inexperta como el, no obstante, el castaño era diferente, pues parecía saber lo que hacía y peor aún, tenía una habilidad que hacia sus piernas temblar. Cuando mordió su labio, el mago no pudo evitar jadear, un momento que Cliff aprovecho para invadir su cavidad oral con su lengua, haciendo contacto con la suya, mezclando su saliva para hacer ese beso aún más húmedo y apasionado. El contacto de sus cuerpos parecía motivar al castaño, ya que aun con la tela de por medio era capaz de sentir el físico de su rival, uno que para su desgracia, estaba seguro que era mejor que el suyo, aunque eso no significaba que por ello lo había derrotado.
Una de sus manos sujeto la nuca de Rudeus, manteniéndolo en su lugar para explorar su boca a gusto, delineando sus dientes y la zona interna de sus mejillas, sintiendo como intentaba alejarlo con su propia lengua pero lo hacia de manera tan débil que más bien, parecía estar en la duda de si aceptarlo o rechazarlo. Ciertamente era el caso, ya que el mago se encontraba abrumado por los estímulos que recibía, al punto de no importarle que fuera un hombre quien los provocaba, ya que nunca había sentido ese nivel de pasión con alguien. Su propio orgullo le hizo corresponder, intentar retomar algo de control, siendo imposible y en el momento que Cliff apretó su trasero, decidió rendirse, mejor dicho, aceptar su desafío al mover sus manos, metiéndola en el pantalón del castaño para tocar de manera directa su redondo trasero.
El simple contacto hizo que una descarga recorriera a Rudeus, la cual se extendió por su cuerpo y se enfoco en su entrepierna, sintiendo entonces como su ropa interior se sentía mas apretada, un detalle que lejos de asustarle, hizo que sus ojos se humedecieran con lagrimas de felicidad. Tal deleite fue mayor al sentir como el bulto entre sus piernas hacia contacto con el de Cliff, haciéndole consciente de que tenía una erección, había logrado excitar a otro hombre, algo que no sabia era motivo para sentirse orgulloso pero aun así, se sentía bien. Aquel apasionado beso se prolongo hasta que el aire se hizo necesario, momento en que tuvieron que separarse, sus labios aun conectados por un hilo de saliva, jadeando, se vieron uno al otro, donde el rubor en sus mejillas delataba como habían disfrutado eso más de lo esperado. Sin decir nada, el castaño sujeto la playera del mago y se la quito, pasando a hacer lo mismo con la suya, permitiendo a ambos apreciar la diferencia entre sus cuerpos, donde tal como lo había temido, era bastante evidente.
Cliff tenia la silueta delgada de un adolescente que se mantenía en buena forma, sin embargo, Rudeus tenía un físico mucho mas destacable por su rutina de ejercicios diarios con la espada, teniendo unos brazos mas gruesos, un torso firme donde destacaban sus pectorales, al igual que en su abdomen ya se marcaba musculo. Con una sonrisa engreída, el mago flexiono uno de sus brazos, como si quisiera presumir, sin saber que al igual que molestaba al castaño, también le daba la oportunidad perfecta para actuar, pues cerrando la puerta tras él, apoyo sus manos en su pecho.
Sonrojándose por ello, Rudeus no pudo evitar estremecerse por la manera en que masajeaba sus pectorales, haciéndole sentir como si fuera la chica en esa situación, sobre todo cuando apretó sus pezones, ocasionando que gimiera y su entrepierna palpitara en respuesta. Ese fue el menor de sus problemas, ya que sin haberse dado cuenta, Cliff lo había guiado a la cama, haciéndole caer de espaldas con el entre sus piernas, un momento en el cual había podido estar un par de veces pero nunca con otro hombre, mucho menos, en una posición tan vulnerable.
- Q-Que crees que haces? – Rudeus no pudo evitar sentirse un tonto por semejante pregunta, aunque era inevitable, ya que estaba nervioso y avergonzado por tan espontanea situación.
- Ya es muy tarde para lamentarse – las palabras de Cliff provoco en ambos un escalofrió, ya que era la declaración de que al llegar a ese punto, no había manera de detenerse.
El mago pudo confirmarlo al ver como se acercaba nuevamente, atrapando sus labios con los suyos en la misma pasión que lo había hecho anteriormente, una a la cual no encontraba manera de resistirse, pues el agradable cosquilleo que se hizo presente por el mero contacto se extendió por todo su cuerpo. Aquel suave pero agradable tacto era algo inusual para Rudeus, sin querer quedar en ridículo como antes, intento corresponder, seguirle el ritmo pero era inútil, ya que la manera tan segura en que lo hacía le ponía nervioso, por no decir cuando su boca fue nuevamente invadida. Un escalofrió recorrió su columna por el húmedo contacto de sus lenguas, la manera en que Cliff acariciaba la suya y la hacia danzar era alucinante, más por como exploraba su cavidad oral sin pedir permiso, terminando por chupar su lengua de una manera que no pudo evitar ahogar un gemido.
Como si no fuera suficiente, las manos del castaño acariciaban su pecho, masajeaba y apretaba sus firmes pectorales, tratándolos como si fueran los deliciosos senos de una mujer, haciendo al mago sentirse avergonzado por como no podía negar que se sentía bien, sobre todo cuando atrapo sus pezones. No importaba de quien se tratará, aquella sensible zona podía hacer a cualquiera estremecerse, al menos, eso es lo que Rudeus se dijo así mismo al sentir agradables espasmos por la manera en que Cliff estimulaba sus botones. El castaño los retorcía, estiraba, hacia movimientos circulares que sumado a la manera en que lo besaba, le dejaba completamente vulnerable, sintiendo que le faltaba el aire, siendo cuando finalmente se alejó. Jadeando, el mago intentaba recuperar el aliento, sintiendo que todo a su alrededor daba vueltas, su cuerpo ardía al igual que las zonas que su inesperado visitante había tocado, por no mencionar que sus labios vibraban, creyendo que estarían hinchados.
Rudeus no pudo contener un gemido al sentir un movimiento, bajando la mirada, su rostro completo enrojeció, apreciando no solo el enorme bulto entre sus piernas, sino el del castaño, los cuales se frotaban entre sí, provocándole agradables escalofríos. Aun si sabia que no era correcto, el mago no pudo evitar querer que la tela entre ellos desapareciera, no solo por como su hombría le dolía al estar reprimida, sino que deseaba apreciar por si mismo que realmente tenia una erección. Pese a tener conflictos porque fuera a causa de otro hombre, el recordatorio de que Fitz había provocado el mismo efecto le dio algo de consuelo, al menos lo suficiente para jadear por lo bien que se sentía ese tacto. Fue entonces que reacciono, percatándose que Cliff estaba simulando penetraciones, observándolo con una sonrisa engreída que le hizo apretar los dientes, ya que parecía decirle que era superior a él.
Negándose a dejarle todo tan fácil, Rudeus se incorporo de su lugar, al menos lo suficiente para rodear el cuello del castaño, arrastrándolo a la cama con él y una vez a su alcance, fue el quien lo tomo por sorpresa al besarlo. Aun si tenia sus dudas, el mago se sentía en derecho de actuar de la misma manera que él, por lo que mientras mordía suavemente su labio de manera provocativa, sus manos se deslizaron hacia la espalda de Cliff, sintiendo un escalofrió por la cálida sensación de sus pieles en contacto directo. Tocar a otro hombre sin duda se sentía extraño, aun así, Rudeus no negaba que el castaño tenía un físico decente, firme pero a la vez suave, siendo suficiente para que lo encontrara agradable y tuviera confianza para continuar. Cliff pareció aceptar su desafío, correspondiendo tanto su beso como sus caricias, moviendo su cadera en un ritmo firme pero constante que para su gusto, el mago no dudo en imitar, haciendo el dolor en la entrepierna de cada uno más intenso.
Pequeños gemidos hacían eco en la habitación, sonidos húmedos emitidos por ambos adolescentes tendidos en la cama, quienes se besaban de una manera que parecían amantes de toda la vida, cuando en realidad, eran un par de completos desconocidos. Aun así, cada vez que uno se alejaba para respirar, el otro se acercaba para retomar su pelea de lenguas, en la cual Rudeus comenzaba a mejorar de manera impresionante. Aquello era inevitable, ya que el mago se encontraba atrapado en la deliciosa droga que traía la pubertad, placer, algo que había extrañado demasiado, volviéndose cada vez mas intenso por como su cadera se movía con la del castaño en una danza prohibida. Sin darse cuenta, los pantalones habían abandonado sus cuerpos, olvidados en el suelo al igual que sus camisas, de modo que lo único que impedía que sus hombrías hicieran un contacto directo, era la delgada tela de la ropa interior de cada uno, la cual en ese punto se encontraba mojada en precum.
Rudeus se retorcía suavemente en su lugar, podía sentir como su dureza se frotaba con la de Cliff, un roce que hacia ese intenso cosquilleo presentarse en su pelvis, siendo que algo que no experimentaba hace años, iba a tener un orgasmo. La emoción de eso era delatado en sus gemidos, aferrándose al castaño se dejo llevar, queriendo disfrutar nuevamente ese placer que tanto había extrañado. Sin embargo, cuando estaba por explotar los movimientos de Cliff se detuvieron, su lengua abandono su boca, su cadera permaneció en su lugar, haciéndole soltar un gruñido, ya que tan pronto dijera que todo eso era una broma, iba a asesinarlo.
- Je, deberías ver tu cara – se burló el castaño relamiéndose los labios, sin creer lo fácil que había sido meterse en los pantalones de un supuesto prodigio en la magia.
- Miren quien habla…creí que no te agradaba – murmuro el mago, aun agitado y aturdido de cómo había llegado a esa situación.
- Por supuesto que no me agradas, aun recuerdo las palabras de Eris, siempre elogiándote, haciéndote ver como la gran cosa y mira, ni siquiera sabes besar – se podía sentir el desprecio en cada palabra de Cliff, al igual que cierta decepción por su reciente descubrimiento.
- E-Esas son dos cosas muy diferentes – gruño desviando la mirada molesto, ya que aun si era capaz de hacer magia increíble, podía contar con su mano las veces que había besado a alguien.
- Sin embargo, incluso yo debo admitirlo, eres atractivo – aun si no lo quería, Rudeus no pudo evitar sonrojarse por esas palabras – Ahora, veamos que tan hombre eres realmente – señalo el castaño, presionando con su dedo el enorme bulto entre sus piernas, donde ya se apreciaba una mancha húmeda.
El mago trago saliva, entendiendo bien que era lo que deseaba y con sus dedos temblando, sujeto el borde de su ropa interior, su corazón latía acelerado por ello, podía sentir la dureza entre sus piernas, sin embargo, ese era el momento de la verdad, donde el miedo era inevitable. Tan pronto como la tela descendió, Rudeus sintió ganas de llorar, ya que alzado en toda su gloria, se encontraba su hombría de 7 pulgadas, palpitando en busca de atención y por cuya punta expuesta liberaba abundantes gotas de precum. Queriendo confirmarlo, la toco con su mano, estremeciéndose por como estaba tan sensible que no pudo evitar gemir, aunque a la vez, ese mismo detalle fue el que le hizo sonreír. No obstante, su deleite no duro demasiado, ya que esta vez, fue Cliff quien se quito su ropa interior, provocando que un silencio se formara entre ellos, donde una de las cejas del mago tembló y una palabra vino a su mente, “grande”.
Sonriendo por su mirada perpleja, el castaño apoyo ambas manos en su cintura, como si quisiera presumir sus 9 pulgadas, las cuales siempre había presumido con sus semejantes cuando se presentara la ocasión, aunque nunca le había dado el privilegio a alguien de sentirlo. No obstante, pese a ser un virgen no se sentía nervioso, todo lo contrario, que aun pese a su falta de experiencia practica pudiera tener acorralado al mago era un deleite, haciendo su ego crecer, llevándole a querer remarcar lo superior que era. Su hombría hizo contacto con la de Rudeus, provocando en ambos un escalofrió, el cual se hizo mas intenso por como las puntas se frotaban entre sí, permitiendo a ambos apreciar la diferencia tanto en largo como en grosor, donde el castaño se llevaba la victoria. Claro que también habían similitudes, tal como el hecho de que tenían el prepucio retraído, al igual que ninguno de los dos tenia vello púbico, por no mencionar que sus bolas tenían un buen tamaño, aunque las del mago destacaban por todo el tiempo que llevaba sin descargarse.
- Je, dime, realmente fuiste capaz de complacer a Eris con ese tamaño? – pregunto el castaño de modo burlón, dándole pequeños golpes a la hombría del mago con la suya, al igual que presionando las puntas entre sí.
- P-Por supuesto, de hecho, lo tengo más grande que mi padre – jadeo el mago sonrojado, estremeciéndose por tales estímulos pero intentaba no verse afectado por su acusación, aunque claro, no sabía si esa fue la mejor respuesta.
- Entonces, tu padre lo tiene más pequeño? ...que tragedia familiar – murmuro Cliff en un falso tono agobiado, rodeando la dureza de su rival con su mano para masturbar en un ritmo lento pero constante.
- Maldito…vas a quejarte o vamos a seguir?! – gruño Rudeus molesto, ya que los movimientos de su mano eran incluso mejores que los suyos, teniéndolo al borde del orgasmo.
- Seguir?, yo creo que tienes que ganarte ese privilegio – dijo con una sonrisa traviesa, presionando la punta de su hombría con su pulgar, provocando que el mago encorvara su espalda y liberara un ronco gemido.
- De…de que hablas? – un hilo de saliva cayo de la boca del Greyrat, quien creía que estaba sufriendo la más horrible de las torturas en ese momento, al igual que la mas placentera de su vida.
- Quiero que me muestres que tan hábil eres para complacer a otro, al igual que espero seas mejor en eso que besando – se burlo Cliff, observando con gusto como su mano era cubierta en el precum de su rival, sin embargo, no quería llevarlo al orgasmo, al menos, no así.
Antes de que Rudeus pudiera reaccionar, el castaño se movió de su lugar, posicionándose en un 69, donde esas gruesas 9 pulgadas acabaron frente a su rostro, haciendo que sus mejillas enrojecieran, no solo porque se veía mas grande, sino por el fuerte olor a excitación masculina que inundo su nariz. El mago nunca pensó que se encontraría en esa situación en su vida, ni siquiera en la antigua, por lo que no sabia que hacer, ya que incluso cuando había estado con mujeres, nunca se había encontrado en esa peculiar posición. De la misma manera, su corazón latió más rápido, ya que eso significaba que finalmente, alguien iba a chupar su verga, haciendo que esta palpitara, liberando grandes gotas de precum que delataban lo excitado que estaba ante esa idea. Cliff se percato de eso, por lo que froto su mejilla contra esas 7 pulgadas, sintiendo la calidez y suavidad de aquella dureza, sacando su lengua, atrapo las gotas de precum, cuyo sabor salado le hizo sonreír, ya que no era desagradable.
Como tal, procedió a lamer desde la punta hasta la base, descendiendo hasta la pelvis de Rudeus, frotando su nariz contra esa zona, disfrutando lo suave que era al igual que se sentía aliviado de que no tuviera vello púbico, ya que no deseaba que le superara en crecimiento. Lentamente volvió a ascender, estimulando esa dureza, dándole un ruidoso beso a la punta rosada, incluso la introdujo en su boca para chuparla, tragándose todo ese precum y sintiendo con deleite como el mago se retorcía bajo. Tales reacciones le daban la confianza de que para ser su primera vez, estaba haciendo un buen trabajo, no obstante, era el único que hacia algo, por lo que molesto, froto sus bolas contra el rostro de Rudeus, dejando en claro que tenia su propio deber. El mago era consciente de ello, sin embargo, se encontraba paralizado ante la placentera sensación, ya que habían pasado años desde que experimentaba ese deleite, aquel éxtasis que recorría su columna y le hacia jadear sobre las esferas del castaño.
Apartando sus piernas, Rudeus movió su cadera, un mensaje silencioso de que deseaba más, que anhelaba sentir esos labios que le habían besado con pasión alrededor de su dureza, llegar hasta la base al igual que en tantos videos porno que solía ver. Poco sabia que su gesto fue malinterpretado, ya que Cliff tenia acceso no solo a su hombría, sino a una zona mas privada, su entrada anal. Tan pronto el castaño fue consciente de ese rosado agujero, guio uno de sus dedos hacia ese lugar, sintiendo con deleite como estaba cerrado, la evidencia de un virgen y eso era ideal, ya que si iba a ser intimo con un hombre, deseaba que al igual que el, mantuviera su virtud.
Como tal, mientras chupaba la hombría del mago, el castaño masajeo su entrada anal con uno de sus dedos, tragándose su precum pero negándose a meter más allá de la punta en su boca, al menos, hasta que el estimulara su hombría de la misma manera. Para su mala suerte, había subestimado tanto la sensibilidad como la resistencia de Rudeus, ya que los estímulos en su entrepierna relajaron su entrada anal, por lo que sin pretenderlo, su dedo se deslizo hasta el nudillo, presionando una zona que jamás había sido tocada.
- O-Ohhh!! –
El gemido de éxtasis de Rudeus hizo eco en la habitación, anunciando su orgasmo, el cual le hizo encorvar la espalda antes de descargarse en la boca del castaño, quien abrió los ojos de sorpresa por como un enorme chorro impacto su cavidad oral. A este se le unieron más, llenándolo poco a poco, al punto de que sus mejillas se inflaron al intentar retenerlo, ya que era una cantidad tan grande que sin más opción, Cliff tuvo que apartarse. Por consecuencia, uno de esos chorros blancos impacto su rostro, obligándole a cerrar los ojos, creyendo que la hombría del mago parecía un volcán en erupción, ya que ese cálido y espeso liquido continuaba saliendo, manchando tanto su entrepierna como al castaño. Una tonta expresión adornaba el rostro de Rudeus, cuya mente parecía haber hecho cortocircuito, sin saber si esas chupadas lo habían llevado al clímax o aquel dedo en su recto, un estimulo mucho mas intenso de lo que había esperado, al punto que incluso ahora, torcía los dedos de sus pies abrumado.
Las placenteras descargas hicieron que un hilo de saliva cayera de su boca, incluso su mirada se encontró opacada, ya que había olvidado lo fabuloso que era un orgasmo, inclusive, no creía haber eyaculado con tal intensidad en toda su existencia. Por ser un Greyrat, el eyaculaba mas que la gente común, al menos, así lo presumía su padre y ahora podía decir que era verdad, sin embargo, también era consciente de que en ese momento, él estaba descargando años de semen acumulado, donde el solo pensamiento le hizo inclinar la cabeza hacia atrás, creyendo que iba a llorar de la felicidad. No obstante, todo lo bueno dura muy poco, ya que en cosa de segundos, esos chorros se volvieron nada mas que gotas, manchando su pelvis, deslizándose por el largo hasta sus bolas, dándole un agradable cosquilleo y liberando un suspiro de satisfacción, anuncio su final.
Agradables espasmos aun recorrían su columna, el intenso calor en su cuerpo le hacía jadear en un intento de recuperar el aliento, una sensación que había extrañado y el detalle de que fue un hombre el causante no pareció importarle. Para deleite del Greyrat, su hombría permanecía erecta, mostrando que aun si había pasado mucho tiempo desde que se había usado para el acto sexual, estaba preparado para más, anhelando ser estimulada tras su largo letargo. No obstante, su deleite no era compartido, ya que sin tener más opción, el castaño sobre el se vio obligado a tragar el jugo masculino que lleno su boca, teniendo un escalofrió por el fuerte sabor, al igual que frunció su ceño, ya que hasta ahora, el único que había disfrutado de ello era su rival.
- Es una broma?, apenas empezamos y acabaste – gruño Cliff, limpiando su boca con su antebrazo.
- E-Estaba en mi limite…Ahhh!! – un fuerte gemido escapo de los labios del mago, quien se retorció en su lugar por como ese dedo volvió a moverse en su recto.
- Mmm, así que un agujero sensible – murmuro el castaño intrigado por esa reacción - Muy bien, es hora de que actúes como hombre y te tragues mi verga – exigió empujando su dedo mas profundo, provocando que el Greyrat encorvara la espalda y su hombría palpitara en respuesta.
Sabiendo que no podía dejar su placer en manos de alguien tan patético, Cliff tuvo que tomar acción, por lo que elevando su cadera, hizo la punta de su hombría apoyarse en los labios de Rudeus, quien entendiendo que planeaba, volteo su rostro, claramente rehusándose. Aquello divirtió al castaño, ya que parecía creer tener opciones, sin embargo, una de sus manos sujeto sus bolas y las apretó, provocando que liberara un jadeo de dolor, al igual que presiono un segundo dedo en su entrada anal, siendo un amenaza silenciosa.
Entendiendo el mensaje, el mago trago saliva y lentamente se movió, teniendo frente a el las gruesas 9 pulgadas de Cliff, respirando profundo, intento calmarse, una mala idea, ya que lo único que inhalo, fue el olor a excitación masculina, uno que le provoco un escalofrió no deseado. Sabía que debía hacerlo, no podía ser un amante egoísta, su orgullo estaba en juego, aunque por mas que se motivaba con esas palabras, la sola idea de chupar el pene de otro hombre le parecía desagradable, preguntándose si bastaría con lamerlo.
Tales dudas se vieron interrumpidas cuando el castaño empujo su cadera, forzando no solo la punta en su cavidad oral, sino el largo, deslizándose tan profundo que Rudeus no pudo reaccionar hasta que su garganta fue invadida, provocando que se atragantara y retorciera en su lugar, creyendo que iba a ahogarse. Aquel sonido y reacción hicieron sonreír a Cliff, quien se tomo un segundo para deleitarse en aquella cálida pero húmeda sensación, algo completamente nuevo y que ya podía decir que le gustaba, por lo que sin darle tiempo a ajustarse, continúo empujando.
Eso era tanto un castigo como una declaración, de que si no era lo suficientemente hombre como para darle placer, entonces no era mejor que cualquier otro y como tal, solo tenia un lugar, bajo el, siendo un simple medio para satisfacer su lujuria. Por supuesto, poder tratarlo de esa manera era algo bastante excitante, después de todo, tras ser comparado tantas veces con él, solo para poder someterlo de una manera tan sencilla alimentaba su ego, llevándolo a empujar hasta que finalmente, sintió como la nariz del Greyrat hizo contacto con sus bolas.
- Ahhh…mmm eso es, al fin tu boca sirve para algo – gruño Cliff con una expresión de satisfacción, sintiendo cosquillas por como intentaba morderlo pero no tenia las fuerzas para eso.
Los ojos del mago se encontraban humedecidos, incluso una lagrima cayo por su mejilla, desesperado por como esa dureza bloqueaba su garganta, más que eso, creía que le llegaba al esófago, haciéndole patalear por sentir que el aire no ingresaba. Al menos, así fue hasta que recordó un detalle importante, tenia nariz, sin embargo, lo único que ingresaba era el fuerte olor a excitación masculina del castaño, algo que lejos de ayudarle, le recordaba constantemente con quien compartía cama. Claro que sus prejuicios no parecían afectar a su cuerpo, ya que incluso en esa difícil situación, su hombría palpitaba, liberando precum nuevamente, provocando que su rostro enrojeciera y en ese momento, agradecía que Cliff no pudiera verlo. No pudo pensar mucho en su vergüenza, ya que el castaño comenzó a moverse, retirando su dureza en su totalidad, escuchándose un “pop” al salir la punta, solo para volver a invadir la cavidad oral de Rudeus, haciéndole atragantarse nuevamente.
Un fuerte escalofrió recorrió a ambos adolescentes, uno disfrutando esa sensación mas que el otro, llevándole a repetir ese movimiento, arremetiendo en un ritmo lento pero constante la cavidad oral del supuesto prodigio, mientras que para aumentar su propio deleite, se entretenía lamiendo la punta de su dureza. Tales estímulos impedían que el Greyrat pudiera enfocarse en alguna de esas zonas, sobre todo cuando el castaño volvió a mover su dedo, aplicando presiones para intentar meter un segundo, haciéndole sentir pánico por como en lugar de intentar resistirse, aparto sus piernas, como si le diera la bienvenida. Había caído en la locura, se encontraba atrapado en un extraño conjuro, quizás una maldición, tales eran las excusas que Rudeus se decía a si mismo, un desesperado intento de convencerse de que no estaba cachondo por estar siendo sometido por otro hombre. No obstante, su mayor temor era la manera tan positiva en que reaccionaba su cuerpo, ya que aun si no lo deseaba, su garganta comenzó a ceder, amoldarse a ese invasor, el cual ahora se deslizaba sin resistencia alguna.
La peculiar fricción de esa dureza le provocaba escalofríos al mago, sobre todo cuando fue capaz de percibir su sabor, uno que para su sorpresa no era desagradable, sino algo amargo, tomándole un segundo darse cuenta de que era por el precum que Cliff, haciendo su corazón latir más rápido y por reflejo, chupo esas 9 pulgadas. El castaño libero un ronco gruñido en respuesta, un jadeo escapo de sus labios, al igual que una sonrisa se hizo presente en su rostro, manteniendo su cadera quieta para sentir con deleite como el mismo Rudeus movía su cabeza, marcando un ritmo.
Aquello era más un reflejo, un instinto que le obligaba a saborear esa dureza, eso era lo que el mago se repetía una y otra vez, intentando convencerse de que no lo disfrutaba, aunque se veía un rastro de saliva caer por los bordes de sus labios. Complacido por su actitud, Cliff decidió corresponder, sus labios rodearon la punta de las 7 pulgadas de Rudeus, dándole una pequeña chupada antes de guiarla profundo en su cavidad oral, no obstante, esta vez fue su turno de caer ante su propio orgullo.
No importaba que tan bien podía dominar la situación, el hecho de que fuera un virgen, mas aun, que nunca hubiera chupado un pene se demostraba como al llegar a la mitad sufrió una arcada, haciendo sus mejillas arder, involuntariamente mordiendo suavemente la dureza de Rudeus, quien se sobresaltó y golpeo su muslo apresurado. Tratando de no entrar en pánico, el castaño respiro profundo, esta vez intentándolo de manera mas lenta, sintiendo como el largo se frotaba en su lengua, dejando su sabor impregnado que sin pretenderlo, hizo su cavidad oral llenarse de saliva.
Pensando que era una reacción por haber probado su semen antes, le dio pequeñas chupadas, esta vez guiando la punta hasta su garganta, atragantándose nuevamente pero esta vez no se detuvo hasta que con un esfuerzo, sus labios lograron tocar la base. Un agradable espasmo recorrió al castaño, ya que sintió su hombría vibrar por el gemido ahogado de su rival, haciendo su ego crecer y aun si no se ajustaba al tamaño, movió su cabeza, deslizando desde la punta hasta la base en su cavidad oral, atragantándose de vez en cuando pero aun así, marcando un ritmo constante.
Retorciéndose en su lugar, ambos adolescentes se encontraban abrumados por el intenso placer que recorría sus cuerpos, uno que solo se hacía más intenso conforme movían su cabeza, chupando de manera ruidosa la hombría del otro, cuyo sabor les hacia babear. Con cada segundo, Rudeus sentía que estaba perdiendo la cordura, ya que en ese momento, podía comprobar que la fantasía era superado por la realidad, donde la húmeda sensación que rodeaba su hombría era mejor que cualquier cosa experimentado antes. Tanto su moral como sus prejuicios desaparecieron, sus manos sujetaron el trasero de Cliff, masajeando esas redondas nalgas conforme seguía moviendo su cabeza, dispuesto a complacerlo si con ello podía seguir disfrutando de ese delicioso placer. Su actitud pareció complacer al castaño, quien no solo se movió a su ritmo, sino que movió aquel digito en su entrada anal, provocándole un espasmo, ya que tras haber superado el dolor y la incomodidad, lo único que sentía conforme ese intruso se deslizaba dentro y fuera de su agujero, era placer.
El Greyrat no sabia si ello era debido a su larga temporada de abstinencia, mucho menos si era porque su cuerpo era joven y sensible, aunque en ese punto ya no podía pensar, únicamente disfrutar y era exactamente lo que haría. Mientras se ahogaba en su propia lujuria, Cliff sonreía de manera prepotente, no solo por haberse ajustado al tamaño del mago, sino que había conseguido cautivarlo, hacerlo someterse y darle placer, tal como lo había planeado. Al menos, eso era lo que el engreído castaño se decía, cuando realmente el mismo se encontraba temblando, ya que tales estímulos eran más intensos de lo que pudo haber calculado, por no decir que el fuerte olor y el sabor de Rudeus le hacían babear. No había manera de detenerse, aun si quisiera hacerlo, se encontraba atrapado en ese abrumador ciclo de dar y recibir placer, uno que hacia el cosquilleo en su entrepierna crecer, provocando que liberara precum en abundancia, señalando estar en su límite.
Fue entonces cuando un sabor mas intenso se presento en su cavidad oral, uno que conocía bien y que le hizo sonreír, pues al parecer, el mago nuevamente se encontraba en sus límites, por lo que sin dudarlo, forzó un segundo dedo en su entrada anal. El grito ahogado del Greyrat hizo su entrepierna vibrar, la intensidad en la que chupaba su verga, al igual que la manera en que esas 7 pulgadas palpitaban en su garganta delataban como disfrutaba tales estímulos. Negándose a ser el primero en acabar, Cliff movió tanto su cabeza como su cadera, tragando la verga de Rudeus al tiempo que la suya arremetía su boca, siendo recibiendo de buena manera, tal como sus dígitos, los cuales hacían movimientos circulares en su apretado recto. De esa manera, comenzó el duelo entre hombres que el castaño había planeado, una simple excusa que había usado para meterse en la cama de su rival, comprobar por si mismo que no era la gran cosa, que podía dominarlo y por la cantidad de precum que liberaba en su boca, sabia que tenia la victoria asegurada.
- “Mierda…otra vez!!” – en pánico por estar cerca del orgasmo, Rudeus golpeo con sus manos el trasero del castaño, intentando advertirle pero en su lugar, todo su cuerpo vibro cuando volvió a chupar.
Aquello marco su límite, donde incapaz de contenerlo, el mago termino eyaculando nuevamente, solo que esta vez, lo hizo en la garganta de Cliff, donde la sola idea le hizo encorvar su espalda, abrumado por cómo se sentía mucho mejor que antes. Como si fuera una reacción en cadena, el castaño dejo caer su peso, forzando sus 9 pulgadas en la garganta de Rudeus, quien pudo sentir como se hincho antes de hacer erupción, inundando su cavidad oral con ese liquido pegajoso y cálido. No fue capaz de tragarlo, mejor dicho, no tenía opción, ninguno de los dos realmente, ya que se encontraban disparando su jugo masculino tan profundo que todo descendía directamente al estomago del contrario, siendo cosa de un segundo para que el sabor se hiciera presente. Las mejillas del mago enrojecieron, ya que por mas incorrecto que fuera, no pudo evitar disfrutar ese cálido líquido, al punto de seguir chupando, intentando conseguir más.
Sus acciones hicieron al castaño estremecerse, quien estaba incrédulo al conocer un nuevo nivel de placer, donde con cada chorro que su hombría disparaba, una descarga recorría su cuerpo, llevándole a encorvar la espalda y torcer los dedos de sus pies en un gesto de éxtasis. Como si estuvieran en atrapados en un erótico trance, eran incapaces de detenerse, continuaban chupando la dureza del otro, buscando prolongar ese momento de éxtasis, en el cual conocían el sabor personal de su compañero, al igual que compartían su primera experiencia en el placer de otro hombre. Tomo varios segundos hasta que finalmente, esos chorros se convirtieran en simples gotas, aun así, agradables escalofríos recorrían sus cuerpos, permaneciendo en su lugar con la hombría del otro en su garganta, sintiendo como aun palpitaba. Lentamente, ambos se alejaron, escuchándose un “pop” cuando la hombría de su compañero abandono sus labios, apoyándose en su rostro, haciendo un rubor adornar sus mejillas, no solo por el hecho de estar cubiertas en su saliva, sino que aún permanecían erectos.
- Ahhh…qué tal? – jadeando, Rudeus sonrió de lado, dándole una pequeña nalgada al castaño, ya que para haber eyaculado de tal manera en su boca, era evidente que se había sentido bien.
- Mmm…no presumas, acabaste dos veces – señalo Cliff molesto, presionando con su dedo la punta de la hombría del mago para hacerla rebotar.
- Quizás, pero puedo seguir toda la noche – aseguro el Greyrat, sorprendiéndose de sus propias palabras, ya que demostraba cuanto deseaba que ese no fuera el final.
- Ah sí? – tomándolo como un desafío, el castaño se movió de su lugar, posicionándose en cuatro sobre la cama - En ese caso, veamos que tan bueno eres follando – le desafío con una sonrisa engreída, mostrando que estaba dispuesto a ser el bottom para ponerlo a prueba.
Una de las cejas de Rudeus tembló, no solo por el detalle de que un hombre se ofrecía ante él, sino que su actitud engreída realmente comenzaba a molestarlo, claro, lo había tenido a su merced hasta ahora, pero era únicamente porque estaba fuera de práctica. Su orgullo como hombre estaba en juego, por lo que dejando de lado cualquier prejuicio, sujeto el redondo trasero del castaño, apartando sus nalgas para apreciar su entrada anal, la cual por algún motivo, hizo su hombría ponerse rígida. Con algo de miedo, el mago se acercó para olfatear ese agujero, sintiéndose aliviado de que no tuviera un mal olor, señal de que había sido lavado previamente, un detalle que le hizo sonrojarse, ya que Cliff ciertamente había venido preparado para esa noche. Aun cuando había estado con una mujer antes, el Greyrat no podía negar que se sentía interesado por el sexo anal, después de todo, había visto muchos videos porno en su antigua vida, aunque ciertamente nunca pensó que lo experimentaría con un adolescente.
Sabiendo que lo mejor era no pensar, froto su nariz contra la entrada anal del castaño, intentando primero ajustarse, sonrojándose por como esas suaves nalgas se frotaban contra sus mejillas, sintiéndose mejor de lo que esperaba. Respirando profundo, saco su lengua, haciendo contacto con ese cerrado agujero, deslizándose de arriba a abajo, haciendo movimientos circulares, mojándolo en su saliva, aliviado de que no tuviera un sabor extraño, aunque considerando que acababa de chupar un pene, dudaba que le molestara. Tan concentrado estaba en ello que no parecía percatarse como Cliff temblaba, un rubor adornaba sus mejillas, tanto en vergüenza como morbo, sobre todo por como la mas leve caricia le provocaba un agradable cosquilleo, siendo aun mejor cuando el mago beso su zona mas privada. Atrapado en el momento, Rudeus presiono ese agujero con su lengua, intentando introducirla pero era inútil, ya que ese agujero estaba muy apretado, la evidencia de ser virgen y por algún motivo, saber que seria su primera vez le emociono bastante.
Queriendo demostrar que también tenia talento para complacer a otro hombre, el mago acaricio las 9 pulgadas del castaño, masturbándolo suavemente, disfrutando como palpitaba en respuesta, al igual que no pudo evitar sonrojarse por como el largo se encontraba mojado en su saliva. Un extraño deseo domino al Greyrat, llevándolo a deslizar su lengua desde la entrada anal de Cliff hasta sus bolas, apreciando como aun cuando había tenido un gran orgasmo, seguían bastante grandes, llevándole a meter una de esas esferas en su boca para chuparla, tal como le había pedido anteriormente. Sus acciones fueron recompensadas con un erótico gemido, un sonido que hizo un agradable calor recorrer su cuerpo, ya que era la primera vez que lo oía tan claro y le hizo sonreír, ya que era la evidencia de que hacia un buen trabajo.
Tomándose unos segundos para saborear las bolas del castaño, las libero en un ruidoso “pop”, volviendo a enfocarse en ese apretado agujero, el cual rodeo con sus labios para chuparlo de manera ruidosa, sintiendo con gusto al adolescente temblar en respuesta, al igual que esa dureza palpitar en su mano. Jadeando, Cliff apretó las sábanas de la cama, sintiendo que todo a su alrededor daba vueltas, ya que aquel estimulo en su zona anal era tan intenso como cuando el mago chupo su hombría, algo para lo cual no estaba preparado. La manera en que lamia su agujero le hacia estremecerse, sobre todo cuando esa lengua ejerció presión, como si intentara introducirse dentro y en un punto, pudo lograrlo, provocando que el castaño gritara abrumado, sintiendo una descarga recorrer su columna. Aquello no fue nada en comparación al segundo siguiente, donde pudo sentir como ese intruso se deslizaba en círculos, mojando su recto con su tibia saliva, al igual que parecía presionar sus paredes anales, haciéndole retorcerse en su lugar por tan fabulosa sensación.
Con el corazón latiendo acelerado, Rudeus parecía moverse de manera automática, incapaz de creer que realmente estaba lamiendo el agujero de otro hombre, mas aun, que estuviera babeando al lograr forzar su lengua en esa zona tan intima. No encontró un sabor particular, quizás eso era lo mejor, ya que si llegaba a gustarle, tendría que decirle adiós a su heterosexualidad, aunque en ese punto, debía asimilar que al menos era bisexual. Tontos pensamientos abarcaban su mente, intentando distraerle del hecho de que estaba devorando el trasero de otro hombre con gusto, desde darle profundas lamidas hasta ruidosos besos, por no decir fuertes chupadas, intentando dilatar ese agujero. Fue cuando el castaño se movió que reacciono, sonrojándose por como frotaba su trasero contra su rostro, claramente queriendo más de esos estímulos y se encontraba tentado a hacerlo, sin embargo, al notar que su mano se encontraba húmeda de precum, supo que era momento de actuar.
- Dime, aun crees que soy patético? – pregunto Rudeus con una sonrisa engreída, relamiéndose los labios al ver como el castaño lo observaba sobre su hombro con el ceño fruncido - Si lo quieres, tienes que pedirlo – se burlo antes de frotar su hombría entre sus nalgas, haciendo la punta apoyarse en su agujero para ejercer presiones que le provoco escalofríos a ambos.
- F-Follame – con sus orejas rojas, Cliff murmuro esa palabra, notando como el mago apoyaba una mano en su oído, siendo claro que no le había oído - Méteme tu pene de una vez!! – grito furioso y avergonzado, ya que nunca pensó que tendría que pedirle eso a un hombre, mucho menos a su rival.
Sintiendo que había logrado recuperar algo de su orgullo, el Greyrat decidió tenerle piedad al castaño y conformarse con eso, ya que realmente, el también se encontraba en su límite, las gotas de precum que liberaba su verga era un reflejo de ello. Tragando saliva, Rudeus no pudo evitar sentirse un virgen nuevamente, ya que esta vez no iba a penetrar una vagina, sino la entrada anal de un hombre, por lo que tal como en su momento, respiro profundo, sujeto su cintura y con cuidado, comenzó a empujar. Un rubor adorno sus mejillas cuando su dureza se resbalo, llevándolo a intentar nuevamente con el mismo resultado, recibiendo un gruñido de parte de Cliff, quien seguramente pensaba que lo estaba molestando, por lo que sin querer mas errores, el mago sujeto su dureza con su mano para guiarla a ese agujero. La primera presión le hizo estremecerse, ya que sin duda era muy diferente a lo que experimento con Eris, ya que en cuanto la punta logro deslizarse dentro, ese anillo muscular se cerro a su alrededor, provocando que jadeara y se estremeciera por semejante estimulo.
Cliff no se encontraba mejor, ya que la manera en que su agujero había sido expandido le provoco una punzada de dolor, aun así, él se negó a admitirlo, más bien, apretó los dientes, negándose a demostrar alguna señal de debilidad. No obstante, fue algo de lo que se arrepintió conforme el largo se forzaba dentro de él, abriendo su recto, frotándose contra sus paredes anales, llegando tan profundo que le forzaba a reconocer que su rival tenia un gran tamaño. Fueron unos agonizantes segundos que eventualmente, llegaron a su final cuando las bolas de Rudeus impactaron su trasero, haciéndole consciente de que esas 7 pulgadas estaban clavadas en su recto, llevándole a liberar un ronco gemido. Tanto los brazos como las piernas del castaño temblaban, siéndole difícil mantenerse en esa posición, aun así, su orgullo le obligaba a hacer, jadeando, intentaba acostumbrarse a semejante intrusión, agradeciendo que el mago no se moviera.
Ciertamente era imposible para Rudeus, ya que el también se encontraba abrumado por la abrumadora sensación que le recorría, una mucho más intensa que cuando estuvo con Eris, ya que las apretadas paredes anales de Cliff apretaban su verga, estimulándola desde diversos ángulos. No solo era eso, sino que la saliva que cubría su dureza apenas servía como lubricante, de modo que la más simple fricción le provocaba placenteras descargas que recorrían su cuerpo, por no decir que la calidez de ese pasaje anal le hacia babear. Sin duda esa era una de las experiencias que no se pueden relatar, solo vivir y disfrutar, un cosquilleo en su pelvis hizo reaccionar al mago, sabiendo que debía moverse o de lo contrario, seguramente tendría un orgasmo. Tan pronto como movió su cadera escucho un quejido, aunque era de esperarse, después de todo, el castaño tenia algo clavado en su culo, por lo que con un poco de delicadeza comenzó a retirar su verga, siendo quizás una mala idea, pues con cada pulgada, sentía que iba a perder la cabeza por la abrumadora fricción.
A los pocos segundos, Rudeus logro sacarlo completamente, sonrojándose al apreciar como la entrada anal de Cliff estaba mas dilatada, incluso se contraía, llevándolo a introducir su hombría nuevamente, esta vez con una mayor confianza, aunque no pudo evitar gemir tan pronto logro deslizarse por completo. Esta vez el pasaje anal del castaño no presento mucha resistencia, interpretándolo como algo positivo, el mago repitió esa acción una y otra vez, buscando ajustarse a esa intensa sensación, la cual hacia una sonrisa adornar su rostro. No solo era por el nuevo placer que estaba experimentando, sino por el detalle de que nuevamente, tras tantos años, era capaz de usar su hombría nuevamente, no para orinar, sino para una de las grandes satisfacciones de ser un hombre, penetrar a alguien. Semejante dicha le hizo aumentar el ritmo, anhelando mas de aquella fabulosa sensación y mas que nada, queriendo darle un uso pleno a su verga tras su largo letargo.
Tan enfocado estaba en su propio placer que no parecía percatarse de Cliff, algo que quizás, había sido una ventaja para el castaño, quien a lo bajo había estado susurrando un hechizo de curación, aunque con cada arremetida se veía interrumpido. El dolor presente en su zona anal le hacia retorcerse en su lugar, la fricción era una sentimiento nuevo que le hacia entrar en pánico, por no decir que el constante impacto de esas bolas en su trasero le hacían gruñir, pensando que había sido un error ofrecerse de semejante manera. Al menos así fue hasta que en un movimiento, la punta de esa dureza toco algo dentro de él, enviando una descarga por cada fibra de su cuerpo que por un segundo, mitigo esa horrible sensación. No tuvo tiempo para pensar al respecto, ya que ese sitio fue estimulado nuevamente, haciéndole encorvar la espalda por como en ese momento, el dolor fue contrarrestado por el placer, uno que lentamente comenzó a crecer con cada impacto.
Una sonrisa adorno el rostro del Cliff, ya que al parecer, su cuerpo finalmente había logrado adaptarse al intruso dentro de él, mejor dicho, esa dureza había tocado lo que tantos libros le habían enseñado, algo llamado “próstata”, mejor conocido como el punto de placer masculino. Aquellos eróticos textos siempre lo hacían ver como algo mágico, asegurando que cuando era estimulado, un hombre podía conocer un tipo de éxtasis diferente a la masturbación, siendo suficiente para que hubieran llamado la atención del castaño. Por supuesto, dado su posición no podía simplemente exigirle a alguien que lo penetrara, ya que ninguno estaba a su altura para semejante honor. Sin embargo, en ese duelo con Rudeus todo era válido, no era alguien de clase privilegiada, solo un adolescente en un apasionado encuentro con su rival, donde finalmente, parecía ser su turno de disfrutar.
La fricción paso de ser algo extraño a un estimulante masaje en su zona anal, uno que hacia su cuerpo vibrar, por no decir que la manera en que la punta no solo golpeaba ese punto erógeno, sino que casi llegaba al fondo de su recto, hacia una sensación de adrenalina recorrerle. El dolor aún permanecía, mezclándose con aquel placer dando como resultado algo que abrumaba a Cliff, lo suficiente para hacerle gemir, dejar salir esos eróticos sonidos que no solo hacían eco en la habitación, sino en los oídos del Greyrat, haciendo su pecho arder con orgullo.
Una fuerte arremetida fue su respuesta, ocasionando que el castaño gritara y temblara en su lugar, sus brazos siendo incapaces de mantenerse firmes, provocando que su cabeza cayera en una de las almohadas, mientras que su trasero permanecía alzado, a la merced de su rival. Incapaz de resistirse a semejante oportunidad, Rudeus ajusto su posición, apoyando sus pies en el colchón para montar ese fabuloso trasero, tomando un ritmo mas fuerte y salvaje, haciendo la satisfacción que sentía en cada segundo mas intensa, sobre todo por como ese pasaje anal se apretaba en respuesta, como si pidiera por más.
Perdidos en la lujuria, ambos adolescentes estaban dominados por el placer sexual que experimentaban, uno que hacia sus cuerpos sudar, el olor a excitación masculina llenar todo el lugar, siendo un afrodisiaco que los llevaba a mover sus cuerpos, buscando sincronizarse con el otro. Los eróticos sonidos que escapaban de sus labios hacían sus mejillas enrojecer, el impacto de las bolas del mago contra el trasero de Cliff les hacia conscientes de estar completamente unidos. Un hilo de saliva cayo por la boca del castaño, quien jadeando, podía sentir como un intenso cosquilleo en su pelvis, como su hombría palpitaba, liberando precum sobre la cama, un detalle que le abrumaba, ya que pese a no haberse tocado, se encontraba al borde del orgasmo. La húmeda sensación que se hizo presente en su recto mostro que no era el único, de hecho, Rudeus parecía hacer su mayor esfuerzo por prologar ese momento de éxtasis, sin embargo, por mas que lo intentaba, el deseo de alcanzar el clímax era mucho más fuerte que su voluntad.
- Ahhh…voy…voy a – abrumado por las intensas sensaciones, Cliff ni siquiera era capaz de completar una oración, sobre todo por como las arremetidas del mago tomaban velocidad, dejando en claro que no se detendría.
- Yo también…acabare dentro de ti! – aquella declaración provoco que un escalofrió recorriera a ambos, haciéndoles perderse en aquel placer que los llevo finalmente a sus límites.
Sintiendo una presión en su zona erógena, el castaño no pudo luchar contra las olas de placer que recorrieron su cuerpo, llevándole a liberar un grito y acabar sobre las sábanas, sacando la lengua en un gesto de éxtasis por como sus chorros eran disparados con tal fuerza que no solo su hombría vibraba, sino sus bolas. Aquella sensación era aun mas intensa por como el mago seguía arremetiéndolo, forzando su dureza en su pasaje anal, provocando una fricción que le hacia retorcerse en su lugar. Jadeando, Rudeus inclino su cabeza hacia atrás, abrumado por como el recto de Cliff se había cerrado en respuesta al orgasmo, succionando su dureza con tal intensidad que no pudo presentar resistencia alguna. Con un firme movimiento, clavo sus 7 pulgadas en el castaño, llegando lo mas profundo que pudo para liberar un rugido, sintiendo cada uno de sus músculos ponerse tensos, solo para relajarse al descargarse en ese apretado agujero, cuya virginidad reclamaba con su jugo masculino.
Un intenso espasmo recorrió a Cliff al sentir la dureza de su rival hincharse y hacer erupción, solo que esta vez, lo hacia en su recto, disparando un chorro tras otro de ese liquido espeso que había tragado, solo que ahora, estaba llenando su zona más privada, dándole una sensación de éxtasis que le llevo a gemir. Tal placer se repetía en cada segundo, uno que era compartido por el mago, quien temblaba en su lugar, sintiendo como la pegajosa y tibia sensación de su propio semen rodeaba su dureza, haciéndole consciente de como llenaba esa cavidad lentamente. Cerrando sus ojos, Rudeus se dejo llevar por tan intenso espasmo, uno que le recordaba que nuevamente tenia su virilidad, que no solo era capaz de tener una erección o un orgasmo, sino de follar, haciéndole sentir como un hombre completo nuevamente. Por su parte, el castaño se deleitaba en la satisfacción de perder su virginidad, dejar atrás esa inocencia y la ficción para entregarse a la realidad, una la cual había excedido por mucho cualquier fantasía que hubiera tenido en ese momento.
Tras unos momentos que parecieron una eternidad, el orgasmo comenzó a perder fuerzas, siendo Cliff el primero en alcanzar su fin, mientras que el de Rudeus duro un par de segundos, haciendo que sus cuerpos se relajaran y perdieran fuerza, cayendo de esa manera sobre la cama. El castaño no pudo evitar estremecerse, no solo porque había caído sobre su propio semen, el cual ahora manchaba su entrepierna, sino por el intimo contacto de sus cuerpos desnudos, mas aun, por como sentía que la hombría del mago permanecía erecta dentro de él. Aquello era inevitable, después de todo, el mago nunca había experimentado semejante placer, uno que superaba con creces el de su primera vez, llevándole a abrazar al adolescente bajo el, ya sin importarle que se tratara de un hombre, simplemente deseaba sentir su calidez después de un acto tan apasionado.
Ninguno de los dos hizo esfuerzo por moverse, permanecieron así hasta recuperar el aliento, con ello, el sentido común parecía haber regresado, haciéndoles conscientes de la posición en la que estaban, donde un rubor adorno sus mejillas. Pensando que debía incomodarlo, Rudeus se movió lentamente, retirando su hombría con todo cuidado, tragando saliva por como al sacar la punta, pudo apreciar lo dilatada que estaba la entrada anal de Cliff, por no mencionar, como su semen lentamente salía de este. Acostándose a su lado, observo como el castaño permanecía en su posición, teniendo una expresión relajada, muy por el contrario a como había llegado, haciendo su pecho inflarse de orgullo por ser el causante.
- Y bien?, qué tal? - sin poder evitarlo, Rudeus adopto una actitud engreída, queriendo escuchar elogios por su talento en la cama.
- Nada mal – admitió Cliff, haciendo que el mago sonriera de manera engreída - Aunque ahora es mi turno – dijo incorporándose de su lugar.
- W-Wow, espera, que? – gimoteo el Greyrat nervioso, sonrojándose por como nuevamente el castaño se posiciono entre sus piernas.
- Según tú, podías continuar toda la noche – menciono, provocando que su rival se pusiera tenso y abriera la boca, intentando pensar en algún tipo de excusa - Además, he querido follarte desde que gemiste por mis dedos – añadió con una sonrisa seductora, enseñando con orgullo sus rígidas 9 pulgadas.
Tragando saliva nervioso, Rudeus intento rehusarse, ya que no tenía previsto que también el seria penetrado, dándole cierto temor ya que no solo la verga de Cliff era mas grande, sino gruesa. No obstante, antes de poder decir algo sus piernas fueron alzadas al igual que su cadera, dejando su firme trasero a la merced del castaño, quien se relamió los labios al poder apreciar de mejor manera aquel agujero con el cual había jugado anteriormente. Sin dudarlo, acerco su rostro para frotar su nariz contra la entrada anal de su rival, olfateándola suavemente, deleitándose en ese fuerte olor a excitación masculina aun presente, una droga que opacaba el sentido común y que le hacia querer actuar. En venganza por haberlo hecho gemir antes, Cliff comenzó a lamer ese apretado agujero, escuchando con deleite como el mago gemía de sorpresa al igual que se estremecía, algo que era de esperarse, pues el tuvo la misma reacción en su momento.
Aun si no era virgen, el Greyrat debía admitir que estaba experimentado mas con aquel adolescente que en su primera vez, ya que no solo había hecho un 69, sino un rimjob, aunque nunca pensó que recibiría uno, siendo algo vergonzoso pero de cierta manera excitante. Decir que se sentía extraño era poco, sin embargo, tal como cuando el castaño deslizo sus dedos en su agujero, era algo incomodo, sin embargo, conforme se repetía, se convirtió en algo agradable, sobre todo por como su zona privada era mojada en esa cálida saliva. Un rubor adorno sus mejillas al sentir como Cliff besaba su entrada anal, la sensación volviéndose más intensa cuando esos suaves labios que iniciaron todo rodearon su agujero, dándole una chupada que hizo tanto su recto como su cuerpo vibrar, obligándolo a liberar un erótico gemido. Sus manos apretaron las sabanas de la cama, jadeando, Rudeus sentía como esa lengua presionaba su entrada anal, intentando forzarse dentro, haciéndole torcer los dedos de sus pies al igual que su hombría palpito, incrédulo de lo bien que se sentía la estimulación anal.
El castaño parecía divertirse con las reacciones de su rival, unas que le motivaban a continuar, donde pese a que era la primera vez que hacia un rimjob, el haber experimentado como se sentía le daba la confianza para deslizar su lengua, queriendo que el mago sintiera el mismo placer que le había dado. No pudo apreciar ningún sabor en particular, sin embargo, el simple hecho de lamer una zona tan privada del supuesto genio era algo que le motivaba a continuar. Conforme su lengua ejercía presión sobre ese apretado agujero, sus manos acariciaron el trasero del mago, sintiendo con deleite lo suave pero firme que era, tanto que no pudo contenerse y le dio una nalgada, escuchando tanto el sonido del impacto como un gemido el cual resonó en sus oídos, haciendo su hombría palpitar de emoción.
Su deleite fue aún mayor cuando tras unos segundos, la entrada anal del Greyrat cedió, permitiéndole deslizar su lengua dentro, siendo recompensando por un erótico grito que hizo eco en la habitación. Retorciéndose en su lugar, un hilo de saliva cayo por la boca de Rudeus, quien abrumado sentía como ese intruso se deslizaba en círculos dentro de su recto, estimulando sus paredes anales, mojándolo con su saliva, ejerciendo una fricción que le hizo encorvar la espalda. Un intenso cosquilleo se hizo presente en su pelvis, llevándole a bajar la mirada y entonces, sintió su rostro completo arder, ya que su hombría palpitaba ante el más mínimo estimulo, liberando abundantes gotas de precum en su abdomen. Aquello era inevitable, ya que nunca pensó que podría llegar a sentir placer desde ese lugar, haciéndole imposible presentar resistencia, mucho menos poder contener sus gemidos, sobre todo cuando sentía como chupaba su zona anal, enviando una descarga por su cuerpo que le hizo encorvar la espalda.
- E-Espera…Ahhh – jadeando, el Greyrat apoyo una mano en la cabeza de su amante, intentando detenerlo al saber que a ese ritmo, lo llevaría al orgasmo.
- Se siente genial verdad? – sonrojado, el mago asintió, incapaz de negar que así era – Pero créeme, cuando meta esto te sentirás mucho mejor – sonrió Cliff de manera engreída, frotando la punta de su dureza contra ese agujero húmedo, relamiéndose los labios ansioso por el evento principal.
Pequeños escalofríos recorrían el cuerpo del mago por aquella peculiar fricción, una que el día anterior encontraría desagradable, incluso, le haría conjurar un hechizo para destruir a quien se atrevía a hacer eso, sin embargo, en esos momentos le parecía otro tipo de tortura. El Greyrat pensaba que finalmente había perdido la cordura, ya que lejos de molestarle, no podía evitar sentirse curioso, preguntarse si lo que decía el castaño era verdad y si permitía que lo penetrara, conocería un placer mucho mas grande al que había experimentado a su lado esa noche. Había podido comprobar por sí mismo que el placer anal existía al follar a Cliff, visto de cierta manera, estaría siendo justo si también se abría de piernas para el adolescente, solo que olvidaba un detalle, siendo que su opinión no importaba en esos momentos. Aquella punta se apoyo en su agujero, ejerciendo presión, provocando que Rudeus abriera su boca, queriendo que al menos fuera suave pero lo único que pudo hacer, fue gritar cuando su entrada anal se expandió de una manera que no creía posible.
Durante su aventura en esa nueva vida, el Greyrat había experimentado diversos tipos de dolor, tanto físicos como emocionales, sin embargo, lo que sucedía en ese momento era algo nuevo, ya que aun cuando le hacia torcer los dedos de sus pies y era incomodo, por algún motivo su hombría liberaba precum en abundancia. ¿Se había convertido en un masoquista?, quizás ese era el motivo por el cual encorvo su espalda al sentir como el largo se deslizaba dentro, invadiéndolo, abriendo su pasaje anal y provocándole un sentimiento que no tenía manera de describir. La saliva era el único lubricante que había, algo casi inútil, ya que la fricción era tan intensa que hacia vibrar todo su recto, siendo mucho mas intenso que unos dedos o la lengua del castaño, siéndole increíble que él hubiera podido soportar eso.
Con cada segundo, una pulgada mas se deslizaba dentro, haciendo a Cliff jadear por el nuevo placer que experimentaba, uno que solo aumentaba conforme invadía ese cálido pasaje anal apretaba su hombría, estimulándola de una manera mucho mas intensa que cuando estuvo en la garganta del mago. Tan fabulosa sensación solo podía compararse con ser penetrado, sin embargo, había un detalle que lo hacia mucho mejor, siendo el hecho de que estaba follando al supuesto genio de la academia, a quien habían osado comparar ahora se encontraba bajo el, recibiendo su verga. Las expresiones que hacia Rudeus eran un show tanto divertido como erótico, ya que era evidente que buscaba decirle que fuera mas despacio, donde en su lugar, el castaño aplicaba más presión, deleitándose en cómo se retorcía en respuesta. No obstante, todo fue aún mejor cuando sintió la punta de su dureza tocar algo, tomándole un segundo comprender que era el fondo de su recto, haciendo su cuerpo vibrar de la emoción al igual que su pecho llenarse de orgullo, mientras que el mago libero un fuerte gemido, inclinando su cabeza hacia atrás en un gesto de estar abrumado.
- Ahhh…al fin…esta todo – jadeo Rudeus, intentando ajustarse a la abrumadora sensación, siéndole imposible por como sentía que presionaba algo en el que le hacia retorcerse en su lugar.
- De que hablas?, aún falta más – señalo Cliff con una sonrisa engreída.
-…Eh? –
Al bajar la mirada, el mago aprecio con terror como en efecto faltaban varios centímetros más, haciéndole mover su cabeza de un lado a otro, diciendo que no podría ya que literalmente estaba lleno, una actitud que hizo al castaño relamerse los labios, pues esa reacción era todo un deleite. Haciendo caso omiso a sus quejas, Cliff comenzó a mover su cadera, retirando lentamente su hombría, liberando un jadeo de placer por como la manera en que ese pasaje apretaba su dureza hacia la fricción más intensa, logrando dejar únicamente la punta dentro, solo para forzarlo todo nuevamente hasta ese límite. Rudeus libero un grito en respuesta, jadeando, le pedía ir más despacio, haciendo al castaño sentirse orgulloso de si mismo, ya que cuando fue su turno, él no se quejó en ningún momento, mostrando que podía recibir un pene mucho mejor que el supuesto genio. Sin dudarlo repitió ese movimiento, marcando un ritmo lento pero firme, buscando ajustarse a tal abrumadora sensación, al igual que ese punto dentro del mago que le hiciera gritar de placer, tal como sucedió con él.
Con cada impacto, el Greyrat sentía que iba a ser partido en dos, ya que la verga del castaño era tan grande que le parecía increíble había estado en su boca, llevándolo a cerrar los ojos, intentando mantenerse firme ante tan intenso momento. No obstante, algo le tomo por sorpresa, siendo que sus labios fueron atrapados por los de Cliff, quien se había inclinado en su lugar para besarlo, provocándole un agradable escalofrió. Sonrojado, Rudeus rodeo su cuello con sus brazos, correspondiendo aquel gesto tan agradable, buscando distraerse aunque no pudo evitar estremecerse, ya que era consciente que esa lengua que acariciaba la suya había estado en su agujero. El mago se sentía como un niño siendo consolado, algo vergonzoso pero para su sorpresa funciono, ya que a los pocos minutos el dolor comenzó a desvanecerse, la verdadera causa era como algo era presionado dentro de él, enviando una descarga por todo su cuerpo el cual temblaba al experimentar algo que anhelaba, placer.
Los impactos hacían a Rudeus estremecerse, su hombría palpitaba en respuesta, estando atrapada entre su abdomen y el de su amante, cuya fricción contra sus pieles le provocaba escalofríos, haciendo esa agradable sensación mas intensa. Su pasaje anal parecía finalmente haber cedido, amoldado a la dureza de Cliff, permitiéndole deslizarse mas fácil, tomando velocidad y provocando que en respuesta se aferrara a él, gimiendo en voz alta por como chupaba uno de sus pezones. El castaño estimulaba los apetitosos botones del mago, deslizaba su lengua en círculos, lo atrapaba con sus dientes para jalarlos suavemente antes de succionarlos, casi como si intentara sacar algo de estos, haciendo al Greyrat jadear abrumado, ya que parecía tratarlo como una mujer. No obstante, Cliff interpreto eso como que estaba listo para la mejor parte, por lo que sujetando las piernas del mago, las apoyo en sus hombros, ejerciendo más presión en ese límite y con un esfuerzo final, las ultimas pulgadas se deslizaron dentro de él.
- A-Ahhh!! –
Ambos adolescentes liberaron un grito en respuesta, el de Cliff siendo de absoluto placer, mientras que el de Rudeus fue una mezcla de dolor y éxtasis, llevándole a apoyar sus manos en su abdomen, sintiendo como un bulto se hacia presente en esa zona. El castaño lo había roto, sus 9 pulgadas atravesado su límite, haciéndole sentirse más lleno de lo que estaba, debería sentirse desesperado, retorcerse en agonía pero en su lugar, el mago saco su lengua en un gesto de placer. Podía sentir como esa dureza estaba presionando algo en él, ese punto que le hacia sentir extraño y que enviaba constantes descargas por su cuerpo, haciéndole temblar cuando el castaño comenzó a moverse nuevamente. Cada pulgada que era retirada hacia ese nuevo sentimiento mas intenso, sobre todo cuando volvieron a introducirse, presionando su limite para volver a atravesarlo, haciendo a Rudeus gritar y aferrarse a Cliff.
Sin tenerle piedad alguna, el castaño repitió esa acción una y otra vez, buscando retomar el ritmo de antes, disfrutando la manera en que el pasaje anal de su rival parecía succionarlo, intentando detenerlo pero en su lugar, hacia la fricción mucho más intensa. El impacto de sus bolas contra el firme trasero del Greyrat era algo que le provocaba escalofríos, ya que era un anuncio constante de que estaba completamente dentro de él, que había forzado sus 9 pulgadas en ese pequeño agujero virgen. No obstante, lo que más excitaba a Cliff sin duda alguna era la expresión del mago, una que no solo delataba que estaba abrumado, sino que se encontraba a su completa merced, abierto de piernas y gimiendo su nombre, tal como lo había planeado pero siendo incluso mejor de lo esperado. La evidencia estaba en que su voz hacia eco en sus oídos, haciendo su cuerpo arder en deseo, llevándolo a inclinarse para atrapar sus labios nuevamente, buscando un mayor contacto conforme aumentaba el ritmo de sus arremetidas, buscando reclamarlo completamente.
Poco sabia Cliff que eso era algo que ya había logrado, pues en ese momento, no solo había destruido la moral y el prejuicio de Rudeus, sino su sexualidad…no, mejor dicho, había revivido aquello que el tanto había extrañado, haciéndole sentir un nuevo hombre, el cual correspondía su beso con todo gusto. La causa de ese cambio de actitud eran las constantes presiones en su zona anal, ese sitio que el mago nunca pensó en estimular y que se rehusaba a permitir que alguien lo hiciera, aun así, ahí estaba, completamente ebrio por aquel sentimiento que inundaba cada uno de sus sentidos. Su mirada se encontraba opacada por los intensos estímulos, sus labios estaban hinchados por los besos de su amante, cuyo sabor aún permanecía, sus oídos vibraban por el sonido de sus gemidos, los cuales llamaban su nombre, mientras que el fuerte olor a hombre que inhalaba le hacia retorcerse en su lugar.
Su hombría rebotaba al ritmo de las intensas arremetidas, mojando tanto su abdomen como el de su amante en precum, un símbolo del placer que estaba sintiendo, al igual que como lo acercaba al orgasmo con cada impacto. Inclinando su cabeza hacia atrás, el Greyrat saco su lengua abrumado por como una húmeda y pegajosa sensación se hizo presente en su recto, más que eso, sentía claramente como la verga del castaño palpitaba, anunciando que el también se encontraba en sus límites. Atrapado en un matting press, Rudeus se entregó completamente a ese momento de pasión, el cual solo se hacía más intenso con cada segundo, haciendo cada fibra de su cuerpo vibrar al ser consciente que no iba a detenerse, que planeaba acabar dentro de él y lejos de disgustarle, rodeo la cintura de Cliff con sus piernas.
- Ohhh!!! –
Liberando un grito de éxtasis, Rudeus alcanzo nuevamente el orgasmo, sin embargo, este fue más intenso que los anteriores, no solo por el hecho de no haberse tocado, sino que en ningún momento el castaño se detuvo, aplastando sin piedad su próstata la cual hacia su dureza vibrar. El primer chorro mojo el torso de ambos por la cercanía, el siguiente su abdomen, pelvis, con cada segundo liberaba más, haciendo al mago retorcerse en su lugar por como sus bolas vibraban, vaciando todo el semen que había acumulado esos años en un momento tan placentero que le hacia babear. Apretando los dientes, Cliff sintió una descarga recorrer su cuerpo, ya que el pasaje anal del Greyrat se había cerrado alrededor de su dureza, mas que eso, la succionaba con tal fuerza que fue incapaz de contenerlo más. Liberando un rugido, el castaño forzó cada una de sus 9 pulgadas en ese apretado agujero, sintiendo como su hombría se hinchaba y al segundo siguiente hacia erupción, disparando su jugo masculino con una intensidad que le hizo sacar la lengua por tan abrumadora sensación.
Los ojos del Greyrat rodaron en su cabeza en respuesta, creyendo que iba a desmayarse, ya que la cantidad que era expulsada dentro de el era mas de lo que podía contener, pensando que iba a desbordarse pero en su lugar, todo se deslizo mas profundo, al punto que lo sintió ingresar a su estómago. Sabia que era algo imposible, sin embargo, la sola idea le hacia retorcerse en su lugar, aferrarse a su amante quien gemía en su oído, provocándole espasmos tan intenso que únicamente prolongaban su propio clímax. Jadeando, Cliff podía sentir como esa placentera descarga recorría cada fibra de su ser, siendo similar a cuando fue penetrado, sin embargo, la satisfacción era aún mayor por como ahora era el quien había acabado dentro de su rival. Los libros habían prometido placer y lo habían cumplido, inclusive, había sido mejor que cualquiera de sus fantasías en su primera vez, ya que no solo había reclamado la virginidad anal de Rudeus, sino que le había entregado su virtud por completo.
Ninguno de los dos fue consciente por cuanto se extendió ese peculiar momento, simplemente permanecieron así, aferrados uno al otro hasta que eventualmente, el orgasmo perdió intensidad y con ello, las fuerzas los abandonaron. Liberando un gemido de satisfacción, ambos cayeron sobre la cama agotados, con ese último acto habían alcanzado sus límites, la evidencia estaba en como lentamente, sus hombrías perdían rigidez, marcando el final de aquella espontanea noche de pasión. Conforme recuperaban el aliento, la conciencia de ambos se hizo presente nuevamente, llevándolos a mirarse uno al otro, donde sin decir nada se acercaron para besarse, solo que esta vez, de una manera más suave. Rudeus ya no podía negar que sentía atracción hacia los hombres, quizás Fitz lo había logrado de manera emocional, pero ahora, Cliff lo había confirmado tanto de manera física como sexual, dejándole un grave conflicto, ya que no creía que simplemente pudiera dejarlo como algo de una sola noche.
El mago nunca antes había experimentado semejante placer antes, mas que eso, nadie le había demostrado semejante pasión, una que no solo supero sus prejuicios, sino que aun tras el acto, no sentía culpa alguna, sino una gran alegría. Había recuperado su sexualidad, más que eso, había conocido lo que era sentirse verdaderamente deseado, algo que superaba por mucho lo experimentado con Eris y a lo cual creía poder acostumbrarse. Por otro lado, Cliff había logrado su cometido, se había impuesto como el superior entre ellos dos, había logrado recuperar el orgullo que había sido lastimado años atrás, sin embargo, no le daba la satisfacción que él había buscado. Mejor dicho, en medio de ese apasionado acto el mismo había quedado fascinado con el prodigio, donde la sola idea de que alguien mas estuviera entre sus piernas le molestaba, ya que Rudeus había tenido el honor de tener su virtud, como tal, debía hacerse responsable por ello.
- Y bien?, Que tal estuvo? – sin duda alguna los papeles se habían invertido, ya que ahora, era turno de Cliff para ser engreído, algo que hizo al mago inflar las mejillas en un puchero.
- Sin duda eres mejor top que yo – admitió Rudeus aun incrédulo de todo lo sucedido, aunque claro, también existía la posibilidad de que el fuera mejor bottom que el adolescente – Cliff? – un escalofrió le recorrió cuando sujeto su mentón para que lo observara.
- Eres mío, ahora y para siempre, entendido? – un rubor adorno las mejillas del Greyrat, ya que eso no era una simple declaración de territorio, sino que podía ver en la mirada del castaño que parecía ser algo más.
-…Claro – afirmo con una pequeña sonrisa, pensando que si podía experimentar ese tipo de sentimiento a su lado, no seria tan malo convertirse en su esposa.
Ninguno necesito decir algo más, tampoco creían poder hacerlo, ya que el cansancio hacia sus parpados sentirse pesados, por lo que acomodándose en la cama mojada de sudor y semen, cubrieron sus cuerpos desnudos con una sábana. Rudeus no pudo evitar sonrojarse, ya que Cliff se había negado a sacar su hombría de su agujero, permaneciendo en una posición de cucharita, siendo algo vergonzoso, aunque no negaba que era algo agradable, sobre todo por como lo abrazo por detrás, apegando su pecho a su espalda. El contacto de sus pieles desnudas le hacia consciente de que estaba en compañía de alguien, siendo algo que esperaba perdurara a la mañana siguiente, donde podrían definir mejor su relación. Poco a poco, la respiración de ambos se relajó, anunciando como se habían quedado dormidos, ninguno de los dos era consciente de que alguien había sido testigo de lo que había sucedido.
Apoyado en la puerta que ahora se encontraba entreabierta, Fitz jadeaba sonrojado, sus pantalones se encontraban en sus tobillos, su hombría semi erecta de 8 pulgadas en su mano, al igual que semen fresco manchaba la pared cercana. El joven albino había venido esa noche para poder platicar con Rudeus, nunca esperando que alguien se adelantara, mas aun, que hiciera algo de lo que no se creía capaz, pero que deseaba. Mordiendo su labio, acomodo sus ropas e ingreso al lugar, observando al par de adolescentes dormir apaciblemente, sintiendo envidia al igual que vergüenza, ya que el solo observar como follaban hizo su cuerpo reaccionar, al punto de tocarse a si mismo. Su mirada se poso en Cliff, teniendo que darle la victoria esa noche, sin embargo, no seria tan sencillo desde ese punto, por lo que apagando la lampara se retiró, prometiéndose a sí mismo que la próxima vez, seria el quien sintiera el afecto del mago.
No lo entregaría tan fácilmente.
