Chapter Text
Esa noche llovía a cántaros. En la ciudad de New york, las personas, apuradas a refugiarse de la lluvia, huían a sus casas, abajo de paraguas.
ㅤEntre todas ellas, caminando por la vereda, se encontraba un zorrillo de baja estatura, (o al menos para los humanos que habitaban ahí.), viendo por la calle si algún taxi venía, para pedirlo y refugiarse como todos los demás.
ㅤÉl se abrazaba a sí mismo por el frío que sentía, apenas traía una chaqueta de cuero, y una linda bufanda color rojo.
La gente que pasaba lo chocaba accidentalmente. Aunque bueno, eso siempre se tiene que esperar si se trata de una ciudad con gran población.
ㅤVio llegar un auto al rato, y no dudó en llamar.
ㅤ—¡Taxi!
ㅤEl auto paró, y subió lo más pronto posible a este, sin antes secar su cola.
ㅤ—Bonsoir, monsieur. Está lloviendo lindo esta noche —Saludó cordialmente.
ㅤ—Buenas noches. ¿A dónde quiere que lo lleve? —Preguntó el chofer, sin mirar atrás.
ㅤ—A la central, por favor.
ㅤ—Muy bien.
ㅤEl conductor preparó el coche, y a paso lento, pero seguro; comenzó su viaje.
ㅤPepe, el zorrillo adulto, miraba por la ventana del auto, mientras que gotitas resbalaban en el vidrio.
ㅤEn la radio comenzaba a sonar un poco de Jazz antiguo, preferencia del azabache.
ㅤPasaron unos minutos en silencio, hasta que Pepe decidió hablar.
ㅤ—¿Y cómo va el negocio?
ㅤ—Y bueno, ser taxista no es algo fácil, pero he comenzado una huerta. —Contestó.
ㅤ—¿Una huerta?, vaya, me alegro.
ㅤ—Si, por lo menos me va a satisfacer en algunas cosas. Los tiempos difíciles nunca desaparecen para siempre.
ㅤ—Y que me lo diga.
ㅤ—¿Y usted? —Preguntó el chofer, siguiendo manejando—, ¿cómo está Penélope?, ¿la sigue viendo?
ㅤPepe notó el tono de voz del hombre.
ㅤEra él.
ㅤSin demostrar asombro alguno, decidió responder la pregunta que le habían hecho con total seguridad.
—Ohh, Madame Penélope... Mi bella Penélope... Está muy bien, sigo en contacto con ella.
ㅤEl contrario calló unos minutos, mientras que el otro seguía hablando.
ㅤ—Tengo mucha suerte de haberla encontrado, ¿sabe?... Pero ahora no se trata de mi, no, ya no... —Continuó Pepe—. Aún así... ¿cómo estás tu..., Monsieur Silvestre? No he sabido nada de ti desde hace como unos tres años.
ㅤEl conductor quedó helado, y tragó un poco de saliva. Miró por el espejo retrovisor los ojos del de atrás, quién tenía una expresión distinta a la que solía tener. Esperaba una respuesta.
ㅤ—... Hola, Pepe —Saludó—. Estuve muy bien, gracias por preguntar.
ㅤ—Me alegra. Realmente me puse muy mal cuando se me pasó por la cabeza la idea de que no te vería nunca más.
ㅤEl minino tardó en contestar.
—... Qué te puedo decir.., esa era la idea.
ㅤEl otro moreno levantó sus pequeñas orejas al escuchar aquellas palabras.
ㅤLos parabrisas se movían aún de a ratos, todavía había gente en la calle; la lluvia no paraba.
La radio seguía reproduciendo música, solo se oía eso, ya que los dos adultos hicieron silencio.
ㅤLlegaron a un semáforo, y éste prendió la luz roja. Eso fue suficiente para que el zorrillo saliera de su nube de pensamientos, y se propusiera a reanudar la conversación.
ㅤ—... ¿Recuerdas cuando... salimos la primera vez?... Accidentalmente derramé un poco de vino en tu traje, me avergoncé un montón esa noche, pero ahora me resulta divertido, ja, ja —Contaba con una tierna sonrisa.
ㅤEl felino seguía en silencio, esperando a que la luz del semáforo cambiase a verde. No quitaba la vista del camino, ni un segundo para ver al francés.
ㅤ—... ¿Recuerdas cuando te dediqué una serenata?, Los tres caballeros me ayudaron esa noche. ¡JAJA!, recuerdo muy bien tu cara, tan linda, toda sonrojada. Estabas tan avergonzado, pero yo seguí cantando.
ㅤ—Ja, ja... Sí.., abuelita se despertó por tu culpa, y Piolín estuvo hinchándome más de los normal toda esa semana. —Contestó, con un pequeño rubor en sus cachetes.
ㅤ—Jaja, lo lamento tanto. No es mi culpa que sea tan cursi. —Bromeó.
ㅤ—De hecho, parte de la culpa es tuya.
ㅤ—¡Jaja!, no puedo evitarlo, cuando estoy enamorado me salgo de control.
ㅤLos dos comenzaron a reír, continuando con el viaje. De a ratos Silvestre veía por el pequeño espejo de adelante el rostro del zorrillo. Éste miraba la ventana sonriendo.
ㅤ—... Ja, ja... ¿Qué fue lo que pasó?... —Preguntó el de flequillo largo, llevando su mano al cuello, mirando con decepción.
ㅤEl de bigotes y nariz colorada calló nuevamente.
ㅤ—... Te dije que te amaba... —Continuó—, te dije que te necesitaba para toda la vida, que eras mi único amor... ¿Qué fue lo que te hizo alejarte de mi?...
ㅤEl auto paró a causa de otro semáforo.
ㅤEl minino se dio la vuelta, y vio los ojos relucientes de su ex-pareja.
ㅤ—...Que yo no era tu único amor.
ㅤ—...
ㅤPasó un minuto y el auto volvió a arrancar.
ㅤLa radio comenzaba a reproducir la canción ''Oh!, Darling.'' De The Beatles.
ㅤ—... ¿¡Pero por qué!?, ¿¡Qué fue lo que hice!? —Gritaba preguntando lleno de dudas.
ㅤ—¡¡Eres un maldito mujeriego!!, ¿¡Cómo no me iba a enterar lo de Penélope!? —Le respondía gritando aún más, tratando de controlarse para no chocar con algo en la calle.
ㅤ—¿¡Penélope!?, ¿¡Por qué incluyes a Madame Penélope en esto!?
ㅤ—¡Tú ya sabes por qué!. ¡Te vi aquella noche con ella, no hagas como que nunca pasó!
ㅤ—¡Pero si no pasó nada!, ¡estás diciendo cualquier cosa!.
ㅤ—¡Yo sé exactamente lo que digo! Después de eso traté de dejar de verte y olvidarte. Cegado por tu amor, no vi lo que realmente eras... Realmente apestas.
ㅤEl del asiento de atrás, sorprendido, llevó una de sus manos hacia su pecho, mirando para adelante.
ㅤ—¿Así que por eso me gritaste todas esas cosas terribles aquel día?, ¡me dijiste que ya no me necesitabas más!, ¡eso me quebró, estuve llorando por semanas sin saber lo que pasaba!
ㅤ—¡Porque eres demasiado egocéntrico como para darte cuenta, Le Pew!
ㅤ—¡Yo te amaba demasiado!, ¿no lo veías acaso?
ㅤ—¡Eso ya acabó!, ¡no te necesito de vuelta en mi vida! —Silvestre seguía gritando frustrado, apretaba el volante con rabia.
ㅤ—¡¡Pero yo sí!!
ㅤ—¡¡Me decepcionaste!!
ㅤ—¡Lo lamento, ¿okey?! ¡Nunca quise hacerte daño!, ¡¡pero por favor, no me vuelvas a dejar, no es lo mismo sin tí!!
ㅤEl auto paró de repente.
ㅤSus respiraciones estaban agitadas, sus ojos; cristalinos. Se atacaron con todo.
ㅤSilvestre, agarrando el volante, con la cabeza baja; suspiró agotado. Pepe seguía con sus ojos puestos en él, y trató de calmarse también.
ㅤLa lluvia seguía y seguía, y a ellos ya les parecía infinita, al igual que el viaje en el auto.
ㅤEl felino pasó sus dos manos por su cara, estresado, frustrado, enojado.
ㅤ—... Sólo vete —Soltó, posando su codo en la ventana.
ㅤPepe le miró.
—... ¿Pero, no quieres que te pague?
ㅤ—Sólo bájate del auto, Le Pew —Respondió fríamente.
ㅤ—...
ㅤAbrió despacio la puerta del coche, mientras que el contrario esperaba estresado a que él bajara ya para poder alejarse.
ㅤUna vez ya afuera del auto, Pepe miró su alrededor y pudo notar que ya se encontraba en su destino.
Se estaba mojando, pero ya no le importaba nada más.
ㅤSe acercó hacia donde se encontraba Silvestre, por fuera; y trató de buscar su mirada, cosa que no le resultó.
ㅤLlevó una de sus manos a su bolsillo, y se propuso a sacar la billetera, pero ya era demasiado tarde.
ㅤEl auto arrancó, y solo le alcanzó el tiempo para susurrar un ''Lo siento mucho, Monsieur Silvestre.''
