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Bestia de el Viento

Summary:

Fem! Shinazugawa [Reader-insert], JJK

❝¿Eh? ¿Mi técnica maldita? ¡A la mierda esa brujería barata! ¡Yo tengo algo mejor!❞

Shinazugawa [Nombre], una joven de 21 años que trabaja como docente de medio tiempo dentro del Colegio Técnico de Hechicería Metropolitana de Tokio.

En este mundo, los demonios y maldiciones se han combinado, creando una nueva subespecie diferente. Solos las personas que poseen tanto la energía maldita como la habilidad de usar los estilos de respiración son capaces de acabar con ellos.

Ahora mismo parece ser que [Nombre] es la única persona que queda viva con aquella habilidad. Así que queda todo en sus manos si estos demonios desaparecerán o no, pero antes eso, retrocedamos en el tiempo para conocer un poco de su historia de origen.

 

Los personajes no son de mi propiedad a excepción de '[Nombre]' Créditos a Gotouge Koyoharu & Akutami Gege.

Notes:

• Actualizaciones lentas.
• Estoy aprendiendo a usar AO3, así que puedo cometer muchos errores ;).
• Cualquier crítica construtiva es bienvenida.
• Cualquier falta de ortografía encontrada puede ser resaltada sin problema alguno, esto me es de gran ayuda para corregir cualquier error.
• Esta historia también está siendo publicada en mis perfiles de Wattpad e inkitt; Jenauh.

Chapter 1: Prólogo

Summary:

La chica de cabellera blanquecina

Chapter Text

El viento susurraba con una suave brisa veraniega, mientras el sol descendía lentamente por el horizonte, pintando el paisaje con su resplandor dorado y reflejando su brillo en cada rincón de la tierra.

Los brillantes ojos de una niña de cabellera blanca, lo completaban. Las telas recién lavadas ondeaban suavemente al compás de la cálida brisa que las acariciaba. Las hojas de los árboles caían en mayor número que antes, como si estuvieran anticipando la llegada inminente del otoño.

Su mirada quedaba completamente absorbida por la belleza del paisaje. La tranquilidad del ambiente capturaba su atención por completo, desviándola de cualquier otra cosa; incluso la manta que reposaba sobre sus pequeños brazos podría ser arrastrada con facilidad por el aire si este se intensificaba.

Sus oídos capturaban los trinos de las aves que descansaban en la pequeña fuente de agua cerca del lugar. Las avecillas disfrutaban de remojar su plumaje en la fresca agua proporcionada por el bebedero.

Mirando el amanecer, su mirada se entristeció. Recordó las criaturas de los relatos de su madre, incapaces de posarse sobre la luz del sol y perdiéndose la belleza de este mismo.

"Que tristeza, no son capaces de mirar el amanecer" Razonó sobre la situación, se preguntó a si misma si aquellos seres nocturnos anhelaban el posarse bajo la calidez del sol.

"A mi me pondría triste el no poder ver el sol" Sus labios se torcieron en un pequeño puchero. La idea de perder la posibilidad de admirar el amanecer revolvía sus sentimientos en un amargo sabor.

La niña seguía hipnotizada bajo los colores de el alborear. Sus sentidos fascinados por este, la cegaron de todo lo demás. Esto cambió cuando inesperadamente, el viento se tornó salvaje, ocasionado que las sábanas en sus brazos fueran despojadas de estos.

Sus ojos se abrieron observando las telas alejarse de ella. Sus piernas rápidamente corrieron hacía estas, en un intento de atraparlas.

Persiguió las sábanas velozmente, alcanzandolas en unos pocos segundos. Sujetó con un fuerte agarre las telas en el aire. Las atrajo hacía su cuerpo, evitando que terminaran por caer en el suelo.

Un suspiró de alivió escapó de sus labios al haber evitado que las sábanas escaparan más allá de su alcance o el haber aterrizado en el suelo y terminar sucias nuevamente.

Se dió la vuelta para regresar a la zona de los tendederos de ropa. Colocó las sábanas en la canasta donde permanecían el resto de estas. Su mano se movió a la pequeña caja de pinzas para colgar.

Lentamente repartió por los tendederos el resto de sábanas y diversas prendas recién lavadas. Se aseguró de sujetarlas correctamente para evitar ser arrastradas por el viento.

Al finalizar su tarea, se dirigió a el interior de su casa. Antes de entrar, retiró sus zapatos paa evitar ensuciar el suelo de la morada.

Caminó por los pasillos hasta la habitación de lavandería, dejándo la cesta de ropa y las pinzas para estas mismas. Al mismo tiempo, desconectó el enchufe de la lavadora, acomodando este en su lugar.

Al terminar, pensó un poco en caso de haber olvidado alguna cosa por hacer en la habitación de lavandería. Al concluir que no, salió de el cuarto cerrando la puerta con cuidado.

Al caminar por el pasillo, escuchó a alguien llamarla "¡Nee-chan!" Su hermano menor se aferró a una de sus piernas a causa de la de diferencia de altura.

Ella se agacho para que el niño pudiera abrazarla de mejor forma. Este mismo así lo hizo. "¿Necesitas algo, Genya?" Preguntó la niña a su hermano.

El pequeño negó con la cabeza "Tiempo Nee-" Inesperadamente la puerta principal fue abierta bruscamente con un estruendoso golpe.

La niña con una mirada asustada se levantó de su posición. Tomando de la mano a su hermano y llevándolo de vuelta a su habitación compartida.

"Genya, quédate aquí" El niño iba a negarse, pero al ver la mirada nerviosa de su hermana no tuvo más opción que resignarse. La mayor cerró la puerta, alejándose de ahí inmediatamente.

Fue acercándose al hombre recién llegado. Se quedó en la punta del pasillo intentando no ser del todo visible.

Su ceño se frunció ligeramente al notar el estado del hombre. Este se tambaleaba sin cuidado por todos lados mientras balbuceaba cosas sin ningún sentido. Lo que más lo delataba era el hedor a alcohol que despedía.

'Este maldito' Un enojo creció dentro de la niña. Sencillamente ella destetaba a su progenitor. Aquel hombre era cualquier cosa menos un buen padre. Un maltratador sin futuro que solo consiguió esposa a base de un matrimonio arreglado.

Aunque la niña odiara a su padre, no había mucho que pudiese hacer contra él. Fuera del ingenio era imposible que una pequeña de siete años ganara contra un hombre adulto.

Incluso para esta niña que resaltaba por ser más alta que el promedio, era algo impensable.

Pensaba de alejarse de el lugar hasta que su padre se fuera pero antes de eso fue vista por este. Un escalofrío recorrió por su cuerpo al fijar sus ojos en los del hombre.

La niña iba a moverse apresuradamente pero el hombre agarró uno de sus brazos "Allí estas, mocosa" Ella intentó zafarse de su agarré a lo que el adulto lo apretó con mayor fuerza ocasionado que ella dejara escapar un quejido de dolor.

"Se útil de una vez y cocina algo" Le ordenó aventando a la niña al suelo. Ella soltó un quejido al caer en el piso de madera. Las lágrimas se acumularon en las esquinas de sus ojos, lo que molestó al hombre.

El hombre la jaló sin piedad de el cabello para acercarla a él "Ni se te ocurra llorar, a nadie le interesa una mocosa llorona" Apretó con mayor fuerza los mechones de pelo mientras la menor intentaba alejarse de él.

Finalmente, el hombre la soltó arrojandola nuevamente al suelo. Sin razón alguna, salió por la entrada de la vivienda, dejando sola a la temblorosa niña.

Las lágrimas aún deseaban caer por sus ojos aunque la niña intentaba coercerlas. '¡No debería de llorar!' Se dijo a si misma.

Para su descontento, de igual forma las lágrimas brotaron de sus ojos. Con sus manos, se apresuró a secarlas sin cuidado alguno.

.

.

La mirada de la pálida niña permanecía en blanco mientras revolvía los ingredientes que cocinaba en la olla. Aún si su padre había desaparecido, era probable que volviera más tarde y no se arriesgaría a que este le hiciera algo por desobedecer sus 'ordenes'.

Al escuchar la puerta principal ser abierta, finalmente despegó sus ojos de lo que preparaba. Un alivió llegó a ella al notar que la persona era su madre.

La mujer no era muy vista en el hogar, era alguien que trabajaba desde que amanece hasta que anochece. Esto sin duda no le daba el tiempo de cuidar a sus hijos debidamente, pero eso no le importaba a la niña de cabellera blanca, pues sabía lo mucho que ella se esforzaba.

La mujer sonrió al notar a su hija mayor. "[Nombre], ¿Qué estás cocinando?" Preguntó dulcemente apoyando un mano en el cabello de la niña para dar una suave caricia.

"Ahora mismo, estoy cocinando las verduras" La mujer notó la falta de entusiasmo en su tono.

"¿Paso algo?" Preguntó con cuidado a la niña.

"Lo de siempre" Respondió refiriéndose a su padre. Le rostro de la mujer se contrajo en tristeza.

"Lo siento [Nombre], nunca estoy aquí para protegerlos" Pidió disculpas sintiéndose culpable de ocasionar que ella suela resultar lastimada.

[Nombre] se quedó incrédula ante sus palabras "¡Mamá, no es tu culpa!" Gritó negando la cabeza continuamente "Tu trabajas todo el tiempo solo para que nosotros podamos tener algo para comer, no puedes hacer tantas cosas al mismo tiempo"

"Lo se, pero querida... ni siquiera te enseñé a escribir" La menor entendió que su madre tenía sus propios conflictos internos, pensando claramente que no era una buena madre.

Los iris color violeta lanzaron una mirada molesta "No importa, eres una buena madre y yo te quiero así" La mujer podía sentir sus ojos humedecer. Se adentro a abrazar a la menor con la mayor suavidad posible. [Nombre] no se resistió al ser su madre de quien se trataba.

Envolvió de igual forma a su progenitora con sus pequeños brazos. No le dio importancia alguna al sentir las silenciosas lágrimas de su madre impregnarse en su ropa.

"Me hace muy feliz tenerte como mi hija [Nombre]" Mencionó la mujer, abrazándola con un poco más de fuerza.

"A mi también me hace feliz ser tu hija, mamá" [Nombre] dejó que su madre continuara enrollando sus brazos alrededor de ella.

La niña de cabellera blanca, sintió una mano jalar un lado de su vestimenta. Se volteó a ver a su hermano menor, quien mantenía un puchero en su rostro.

La menor abrió uno de sus brazos, permitiendo al más pequeño abrazar a ambas mujeres. "Mamá...¿Prefiere hermana?" Preguntó el pequeño aferrándose a la cintura de su madre.

La mujer le sonrió "No, yo los amo a ambos por igual" El pequeño se mostró feliz, abrazando de nueva cuenta a su madre. 'Por qué los niños pequeños son tan jodidamente celosos?' Se preguntó [Nombre] al observar el 'berrinche' de su hermano menor.

El hogar de la niña de cabello blanco permanecía en silencio bajo la luz de la luna. [Nombre] salió de la habitación que compartía con su hermano menor para ir al baño.

Viajó por el pasillo a su destino. Apunto de tomar la perilla de la puerta, escuchó el timbre sonar. Caminó más de cerca a la entrada para observar a su madre quitando la cerradura.

Un misterioso hombre apareció en su vista en el momento que la puerta fue abierta. [Nombre] se acercó en silencio para escuchar la conversación.

"Shinazugawa-san, nos gustaría que su hija se convirtiera en una hechicera" Los ojos de [Nombre] se abrieron al escuchar la petición de el desconocido.

"Sobre eso, ¿No cree que es muy... pequeña?... [Nombre] es solo una niña todavía" La mujer se mostraba nerviosa mientras jugaba con sus manos.

"Creemos que su hija tiene un gran potencial el cual debería ser explorado lo más pronto posible" Mencionó el hombre.

La mujer trago saliva "Creo que es mejor que [Nombre] sea quien tome esa decisión" Intentó negociar nuevamente.

"No es necesario en este caso, solo necesitamos el permiso de usted o su marido" [Nombre] frunció el ceño preguntándose porque su opinión no tenía relevancia alguna en este situación.

"Ah... entonces, necesito conversar de eso con mi esposo" La madre de [Nombre] seguía negándose a aceptar esta 'oferta'.

El hombre se quedó en silencio unos segundos antes de asentir "Entonces, volveré en unos días para que puedan tomar una decisión" De dio la vuelta, alejándose de la morada.

Inmediatamente la mujer cerró la puerta con las manos temblorosas. Un suspiró salió de sus labios al haber finalizado con aquel incómodo escenario.

'Incluso si dicen que podemos rechazar, se que no van a aceptar un 'no' por respuesta' Pensó recordando recibir ofertas para que [Nombre] entrara al mundo de la hechicería.

La niña que había escuchado todo, se levantó de donde permanecía para después ingresar al baño lo más silenciosamente posible.

Colocó sus manos en el borde de el lavabo, apretando estos mismos con fuerza. Miró su reflejo, observando el ceño fruncido en su rostro.

'Los hechiceros son una mierda' Deseaba que su madre lograra evitar que ella entrara en ese mundo.

El miedo a la incógnita la abrumo al recordar el como si su padre deseaba, podía sellar su futuro como hechicera. Esperaba ansiosamente que eso no fuera a ocurrir.

Decidió usar el baño como había pensado hacer desde el principio para intentar despejar su mente de los malos pensamientos. Al terminar, regresó a su habitación para continuar durmiendo.

Se dejó caer en su futón con delicadeza. Abrazó con fuerza la almohada y cerrando los ojos en busca de caer en un sueño profundo.

Deseó que sus problemas se resolvieran, obteniendo el resultado que anhela.