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Hot and poisoned

Summary:

Mientras los cuatro comandantes iban en busca de un tesoro en una isla extraña, Ace fue picado por un insecto gigante.

o...

Ace contrae una rara fiebre sexual.

Notes:

¡Hola!

Esta idea había estado en mi cabeza por un tiempo, así que no resistí y aquí estoy. Además de que me estanqué con mi otra historia (puedes ir a echarle un vistazo si es que te gusta el shipp) •́⁠ ⁠ ⁠‿⁠ ⁠,⁠•̀

Tengo un hc de Ace, que a pesar de que parece fuckboy, realmente es un loser patético que solo se centra en luchar, mejorar y su hermanito.

¡Dicho eso, disfruten el fic!

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Los cuatro comandantes exploraban un misterioso bosque bajo las órdenes de su padre, Barbablanca. Se decía que el bosque escondía un gran tesoro, pero debido a lo extraña y mística que era la selva, muchos piratas fracasaron en el intento. Aunque su padre era igual que un niño pequeño: terco. Desobedeció todas las advertencias que Marco le dijo y es por eso que ahora estaban adentrándose al misterioso bosque. 

Marco, Ace, Thatch e Izou estaban acostumbrados a este tipo de situaciones, aceptando cualquier peligro que existiera en la fauna. 

De todas formas, como el buen médico que era, les advirtió que tuvieran cuidado con las peligrosas plantas e insectos que merodeaban a sus alrededores. Aunque tenía años de experiencia en medicina, habían algunas islas con especies únicas, las cuales eran difíciles de estudiar e incluso de ver.

Su haki era agudo, llegando a casi al extremo de la isla, sintiendo varias presencias de monstruos e insectos cerca de ellos. El grupo hablaba de manera despreocupada, confiando lo suficiente en sus habilidades en caso de emergencia. 

–No sabía que conocías a Shanks, Ace.—admitió Thatch

–Bueno... Solo fui a darle las gracias por Luffy, pero no sé qué me habría pasado si hubiera ido con otras intenciones. Aún recuerdo su gran presencia.

–Aunque a Marco nunca le cayó bien—dijo Izo

–Era demasiado engreído para mi gusto, nada más.

Ace y Thatch siguieron hablando, mientras que Izo y Marco simplemente escuchaban y aportaban algunas veces en las conversaciones. Todo era muy calmado hasta que escucharon un ruido cerca de ellos, pasos fuertes y ramas siendo quebradas en el camino. El grupo se puso en guardia de inmediato, listo para empezar una batalla. 

No estaban asustados, más bien estaban sorprendidos. Un escorpión gigante no era algo que vieras todos los días, menos de colores tan exóticos como el rojo vivo y tonalidades marrones. Marco rápidamente se dió cuenta que era una especie venenosa por su aguijón y sus pinzas. Tomó nota mental de eso.

–Este escorpión es venenoso, tengan cuidado al momento de atacar-yoi.

Automáticamente los tres comandantes se pusieron tensos al oír eso. Si de por sí el tamaño era complicado, saber que era venenoso sería muchísimo más difícil de vencer. 

Los cuatro compartieron una pequeña mirada antes de comenzar a correr hacia el bicho, con intenciones de atacar. En poco tiempo se vieron llamas de fuego azul y naranjas, junto con ruido de balas y espadas.

El ruido que generó la batalla hizo que otros animales se acercaran, haciendo más difícil la tarea. Se pudo divisar como el escorpión tenía gran parte del cuerpo quemada, mientras que unas de sus patas estaban cortadas o explotadas. 

Izo y Thatch se encargaron de los animales e insectos que venían desde el otro lado, dejando a Marco y a Ace peleando solos contra el escorpión gigante. Los dos sabían que se estaban controlando ya que sus llamas podrían afectar a los no-usuarios del grupo. Intentaban ir contra los puntos vitales del escorpión, pero aparte de ser grande, por alguna razón, era rápido y listo. ¿Qué especie era ésta? Marco necesitaba estudiarla.

El rubio estaba con sus alas azules en la parte trasera del insecto, tratando quemar sus partes vitales para poder debilitarlo, mientras que Ace se encargaba de las pinzas delanteras. 

Marco comenzaba a irritarse, ¿cómo iban a tardar tanto en matar a un bicho? ¿Qué tan fuerte era y cuál sería el efecto del veneno? Un grito lo hizo salir de su burbuja, agudizando todos sus sentidos para poder reconocer de quién fue. Rápidamente, con sus alas, voló hasta arriba para poder divisar qué pasaba. Vio como Thatch se encontraba peleando con un rey marino, mientras que Izo luchaba contra una avispa absurdamente grande. 

Solo quedaba alguien por descarte.

Ace.

Voló con gran velocidad hacia donde se encontraba el pelinegro, viendo como una de las pinzas se incrustaba en el abdomen bajo del jóven. Esto era malo, muy malo. Como era una isla desconocida e inexplorada, no sabía qué tipo de especies vivían aquí, ni siquiera qué tipo de venenos tenían. No sabía cuál sería el efecto en Ace, tendrían que abandonar la batalla y correr al Moby para atenderlo. 

–¡Ace!

Su grito afortunadamente fue escuchado por sus otros compañeros, viendo con horror la escena ante sus ojos. Esquivaron los ataques y se dirigieron a dónde se encontraban los usuarios de fuego.

–¡¿Qué le pasó?!—gritó Thatch mientras atacaba a un insecto que quería acercarse.

–No lo sé, pero necesitamos atenderlo urgentemente ¡no sabemos cuál es el efecto del veneno!

–¡Vuela hasta el Moby, Marco! ¡Nosotros nos encargamos de los que quedan!–dijo el samurái.

Marco asintió como disculpa y se transformó en fénix, agarrando con cuidado al menor para transportarlo al barco.

Veía como la piel de Ace se volvía pálida, mientras que su rostro estaba contraído por el dolor. Ser doctor en el nuevo mundo era bastante difícil, solo tocaba rezar para que el veneno no fuese mortal. 

Marco, aunque no le gustaba admitirlo, se preocupaba mucho por el joven. Pero no era como la preocupación que sentía con sus otros compañeros o con su padre, era otro sentimiento que nunca supo describir. Desde que Ace puso un pie en el Moby, Marco lo sintió diferente a todos. Un chico que era muy impulsivo, leal, protector con quienes ama y con un lado sensible que no todos conocen. Y estaba orgulloso de ser una de las pocas personas con las cuales Ace logró abrirse y contar su historia. Simplemente admiraba a Ace, e incluso mucho más que eso.

Haría lo que fuera para mantener a Ace sano y salvo. 

En poco tiempo logró llegar al Moby, siendo recibido por Haruta, quien rápidamente se preocupó por su hermano menor.

–¡¿Ace?! 

–¿La enfermería principal está disponible, yoi?

–Sí... ¡¿Pero qué le pasó?!

–La isla está llena de insectos y monstruos grandes. Un escorpión venenoso gigante atacó a Ace cuando estaba distraído. 

–¡Dios mío!

 

No dijo nada más y se fue con paso rápido a la enfermería que se encontraba al final del barco, ignorando las miradas y preguntas que le hacían. No tenía tiempo y tampoco ganas de explicar con lujo de detalle lo que pasó, menos cuando Ace está en un peligro desconocido. 

Cerró la puerta de enfermería con llave para no tener visitas imprevistas y puso con cuidado el cuerpo de Ace en la cama. Su respiración estaba normal, no mostraba ningún otro indicio sospechoso aparte de la alta fiebre que presentaba. Con un poco de muestra de sangre de Ace, comenzó a investigar qué tipo de veneno tenía el insecto para poder curar al menor.

La sangre la mezclaba con diversos químicos mientras leía una enciclopedia de islas e insectos del nuevo mundo para ver si encontraba algún tipo de información. De vez en cuando escuchaba a Ace gemir de incomodidad o dolor, obligándose a sí mismo a ignorarlo y concentrarse en su trabajo.

Después de horas de investigación, encontró el insecto en la enciclopedia y descubrió la incógnita del veneno.

Pero era algo completamente a lo que esperaba. 

 

Parecía una extraña broma de mal gusto.

 

"El escorpión ardiente es uno de los insectos mutantes que habita en varias islas del nuevo mundo. Sus colores son rojos con tonalidades café. Este tipo de escorpión es venenoso pero no mortal. El veneno de este escorpión causa que a la víctima le dé una gran fiebre, casi ardiente. Hará que la persona se sienta excitada, de ahí el apodo de este insecto. A pesar de que aún no se encuentra la cura a este veneno, muchas de las víctimas aprueban que el coito ayuda contra la fiebre sexual.

 

Síntomas: Desmayo, fiebre, excitación, sensibilidad"

 

¿Qué se supone que debía hacer con eso?

Ahora sabe que Ace tiene un veneno sexual en su organismo, y que, para colmo, la supuesta cura es el sexo. Afortunadamente Ace sigue durmiendo, ¿pero cómo lo ayudará? ¿cómo le explicaba que para ser curado, necesitaba ser follado? 

Se masajeó la sien, intentando calmar la migraña que se aproximaba. Escuchó unos fuertes golpes en la puerta, dejó de hacer lo que hacía y fue a abrirla.

–¡Ace! ¡¿Dónde está Ace?!–Gritó histérico Thatch, ganándose un golpe en la cabeza de Marco e Izo.

–Idiota, no grites, está descansando.—Marco se hizo a un lado para dejarlos pasar y poder hablar de lo que encontró en la enciclopedia.

–¿Y? ¿El veneno es mortal?–Preguntó Izo.

–Afortunadamente no lo es, yoi. Pero el veneno es mucho más extraño de lo que pensé... En mis años de experiencia nunca había visto algo así.

–¿Es grave?

–Más bien es raro. El veneno causa un efecto... Sexual. Al parecer causa fiebre, excitación y hipersensibilidad, la cura es el sexo.

Ambos pares de ojos se abrieron como platos, no era lo que esperaban. Hubo un silencio incómodo que ninguno de los tres sabía cómo romper. Finalmente escucharon un ruido tras ellos y se dieron cuenta que Ace había despertado.

Sus ojos estaban entrecerrados, su piel era palida y sus mejillas se encontraban sonrojadas por la fiebre. Miraba a todos lados, desorientado por el repentino desmayo que tuvo en medio de la batalla.

–¿Q-Qué pasó...?—dijo con voz ronca.

–El escorpión venenoso logró picarte, quedaste inconsciente en plena batalla, yoi. No es nada grave, así que no te preocupes.—podía sentir como sus compañeros lo penetraban con la mirada, sabiendo que pronto debía decirle la verdad del veneno.

–Hah... Siento como si me estuvieran quemando por dentro.

Izo se acercó para darle un vaso de agua y posó su mano en la frente del menor. Ace soltó un gemido ante el tacto, haciendo que Izo retrocediera. 

–Sí que estás hipersensible. ¿Marco...?—el samurái buscó ayuda, pero notó que el rubio todavía estaba sumido en sus pensamientos, intentando descifrar cómo decirle a Ace el tipo de veneno que tenía en su organismo.

No sabían si Ace tenía pareja, nunca mostró ningún tipo de interés romántico en todo el tiempo que llevaba en la tripulación. A veces, cuando se detenían en islas para reestablecerse de provisiones, algunos de sus compañeros iban en busca de placer para intentar saciar sus necesidades sexuales básicas. Pero Ace nunca fue a ninguna de esas salidas, siempre se quedaba vigilando el perímetro o simplemente iba al centro a comprar cosas personales. Tampoco nunca lo escucharon hablar de alguna pareja, así que muchos asumieron que simplemente no estaba interesado en las relaciones románticas ni sexuales. 

Marco no sabía qué pasaría con el veneno si el infectado no tiene sexo, ya que no lo decía en la enciclopedia. No podían obligar a Ace a tener sexo si él no quería. Se sentía frustrado por el poco conocimiento que tenía sobre los insectos y venenos en el nuevo mundo. 

–¿P-Por qué me miran así? ¿Pasa algo?

–Bueno, muchas gracias por venir a ver a Ace-yoi, pero ya es momento que se vayan.–dijo Marco mientras empujaba a los dos hombres por la puerta.

–¿Qué? Oy-!—Thatch intentó rechistar pero la puerta fue cerrada en su cara. Izo entendió de inmediato y se llevó arrastrando a su compañero fuera del pasillo de enfermería.

–¿Qué pasa, Marco? ¿Por qué los echaste?

–Necesito hablar contigo, Ace. Necesito que tomes máxima atención y que entiendas que no te obligaré a nada, todo queda a tu consentimiento, yoi.

Ace se puso rígido al escuchar el tono de voz de Marco; completamente serio y sin bromas. Se supone que había dicho que no era grave, ¿qué era este repentino cambio de ambiente?

El rubio soltó un gran suspiro y comenzó:–Estuve buscando en las enciclopedias el insecto y el tipo de veneno que tenía, pero terminó siendo un veneno fuera de lo normal. El veneno causa fiebre, excitación y hipersensibilidad al intoxicado. Aún no se encuentra una cura médica, pero las personas infectadas anteriormente aseguraron que el sexo es una cura al veneno. Lamentablemente no puedo investigar a fondo el escorpión, ya que no tengo más muestra que el veneno en tu sangre, además que tomaría mucho tiempo en encontrar una cura científica y medicinal. Es por eso que queda a tu criterio, pero no puedo asegurar lo que pasará si no se toma riendas del asunto. Por ahora solo puedo darte medicamentos para controlar la fiebre. 

Ace intentaba procesar toda la información, lentamente dándose cuenta de lo que implicaba. Pronto su rostro estuvo mucho más rojo y caliente de lo que estaba antes. Miraba a todos lados excepto al rubio frente de él, avergonzado. 

–D-Dios mío... Lo siento mucho, debí ser más precavido, si hubiera peleado con todas mis fuerzas no-

–No necesitas disculparte, Ace. El escorpión de por sí era muy grande y peligroso. Es un alivio de que el veneno no sea mortal. 

Ace quedó en silencio, intentando pensar qué haría. Nunca había tenido sexo hasta ahora. Podía sonar raro, pero nunca tuvo tiempo para siquiera pensar en ello, estaba bastante ocupado en entrenar para ser más fuerte. Muchas personas habían gustado de él, e incluso con intenciones sexuales. Pero siempre rechazaba cualquier tipo de invitación, no tenía interés en eso. A veces se preguntaba que se sentiría tener sexo. Ace no se preocupaba por si fuera mujer o hombre, simplemente quería saber. 

Le daba vergüenza admitir que no tenía ningún tipo de experiencia en lo romántico y en lo sexual. Tampoco quería que su primera vez fuera con una señora que está en los clubs, quería que fuera alguien cercano a él.

¿Pero quién?

 

–N-No sé que hacer.

–Puedes pensarlo con calma, no te preocupes, yoi. Estaré constantemente monitoreando tus signos vitales para ver que no esté nada fuera de lo normal. Te seguiré dando medicamentos para bajar tu temperatura. 

Ace asintió en señal de agradecimiento mientras se volvía a recostar, suspirando ante la fricción de las sábanas contra su piel. Su cuerpo quemaba como el infierno. Necesitaba algo helado que pudiese calmarlo, pero incluso los paños húmedos en su frente se ponían tibios en poco tiempo. Sentía un leve dolor en su abdomen, una incomodidad, un vacío que no podía explicar.

Marco caminó hacia la puerta, quitando el seguro y abriéndola para dejar entrar algo de aire a la sala. 

–Iré en busca de algunas plantas en la bodega, ¿sí? Procura quedarte aquí, si viene alguien a molestarte estás en todo tu derecho de echarlo a golpes.—dijo con un tono burlón al final.

Ace quedó solo contra sus pensamientos. Si tuviera que elegir a alguien a quien tenía confianza, probablemente sería Deuce. Lo conocía hace mucho y confiaba en él. Aparte que en algún momento, Deuce había coqueteado con él. Después estaba... Marco. Era uno de sus compañeros en el cual más confiaba, Marco siempre estuvo ahí para él cuando más lo necesitaba. Se le revolvía el estómago cuando veía a Marco en una pelea o cuando hacía sus tareas diarias. ¿Era admiración o amor? Nunca lo supo.

¿Pero cómo le pides a alguien que tenga sexo contigo para curarte de un veneno desconocido? ¡Era demasiado vergonzoso! Y eso que Ace nunca fue tímido.

Se comenzó a sentir mareado y jadeante, agarrando con sus manos temblorosas el vaso de agua que estaba en la mesilla al lado de la cama. Se lo tomó al seco. Suspiró al sentir el agua helada viajando por su garganta.

Al parecer los síntomas recién comenzaban a manifestarse después del desmayo. 

Comenzó a preguntarse si Marco estaría dispuesto a ayudarlo. Marco era mucho mayor que él, con mucha más experiencia, lo que por alguna razón lo calentaba aún más. ¿Marco lo cuidaría? 

Si imaginación se disparó, imaginando las grandes manos de Marco sujetándolo, juntando sus cuerpos, su boca recorriendo todo su torso, mientras introducía su miemb-

¡No! ¡Demasiado! ¡Ace nunca había tenido pensamientos tan extraños! Ni siquiera sabía si el rubio quería ayudarlo.

Cada vez era más difícil mantenerse quieto, su cuerpo temblaba por lo caliente que se sentía y de a poco comenzaba a perder sus cinco sentidos. Sus pensamientos solo se concentraban en algo: conseguir placer de cualquier forma. 

Antes de que pudiera comenzar a masturbarse, escuchó como la puerta de cerraba, avisando la llegada del rubio. Estaba tan sumergido en sus pensamientos que no se dió cuenta cuando Marco se había asomado.

 

–¿Cómo va todo, Ace? Lamento la demora, yo-

–¡M-Marco! hah... No aguanto más...—jadeó el menor, casi suplicante. El veneno manejaba el 70% de su cuerpo, mientras que el 30% se encontraba en el fondo de su mente, casi como un ángel que lo mantenía a raya. 

Marco lo miró con una expresión seria, como si lo estuviera analizando profundamente. Hubo un leve silencio en dónde solo se escuchaba los pequeños gemidos que soltaba Ace. 

–Ya te dije de cómo se "cura" este veneno, yoi. ¿Tienes a alguien? ¿Una pareja que te pueda ayudar...?

–N-No tengo a nadie, Marco... ¡Ayúdame...!

Marco sintió como el aire se le iba de los pulmones, tomándolo desprevenido. ¿Ace quería que él lo ayudara...? No, no, debía estar muy drogado por el efecto del veneno, es imposible que Ace lo vea de esa manera. Significaba que Ace confiaba su cuerpo completamente en él...

¿Pero si...?

–Ace, no puedo confiar en la palabra de alguien que no está completamente consciente. ¿Qué pasa si te arrepientes-

–No me voy a arrepentir, Marco, por favor...

Marco dudó por un momento, mirando fijamente el rostro sonrojado y suplicante del menor. ¿Ace era virgen? No quería arruinarle la primera vez. Se acercó lentamente y se sentó al lado de Ace. El menor casi por instinto se acercó a él, subiéndose al regazo del rubio. Marco no iba a negar que le gustaba un poco la actitud que tenía Ace.

–No sé que pasa conmigo, pero sé que te necesito, Marco...—dijo el pelinegro con una voz jadeante.

Marco agarró su cintura, acariciando sus músculos. Cada toque que recibía Ace lo sentía como si cien cargas eléctricas estuvieran rozándole la piel, demasiado sensible. El mayor miraba fascinado cada una de sus reacciones.

Ace inclinó su cabeza hasta llegar a los suaves labios del rubio, comenzando un desordenado beso. Marco intentaba igualar su ritmo, de vez en cuando mordiendo y chupando el labio de Ace. El menor intentó quejarse, pero Marco aprovechó la oportunidad y metió su lengua, sacándole unos cuantos gemidos.

Sus lenguas danzaban en un ritmo caótico, haciendo un ruido asquerosamente húmedo. Marco sentía ternura cada vez que Ace luchaba por el dominio, pero le era imposible seguir un ritmo tan profesional como el de Marco. El rubio lo acariciaba y besaba con cuidado, como si fuera un diamante que aún no se pulía. 

Ace fue el primero en romper el beso, jadeando por aire. Marco comenzó a repartir besos por su cuello, lamiendo y dejando leves marcas que en unas horas se pondrían moradas. Ace suspiraba mientras movía sus caderas buscando algo. 

–¡Marco...!

–Shh...

Marco hizo una maniobra para empujar a Ace a la cama boca arriba y debajo de él. Comenzó a desvestirlo, lenta y tortuosamente. Después de muchas quejas y ropa tirada en todos lados, finalmente Ace estaba completamente desnudo ante los ojos de Marco. Marco lo veía como si fuera un depredador a punto de devorar a su deliciosa presa. 

Ace se había ocultado tras su brazo, avergonzado al sentirse tan débil. 

–No hay necesidad de esconderse, yoi. Eres precioso, tan lindo... Perfecto para mí.

Tal vez se había vuelto loco (un poco) pero escuchó una pizca de posesividad detrás de sus palabras. Se sonrojó y se derritió ante el trato de Marco. 

–Marco, apúrate... Duele...

–Te dolerá más si no te preparo, yoi.

¿Prepararlo? ¿De qué hablaba? 

De pronto sus piernas estaban sobre los hombros de Marco, dejando su agujero desprotegido.

–¿E-Eh? 

–Al parecer mis suposiciones eran ciertas. ¿Nunca has tenido ningún encuentro sexual anteriormente, verdad?

Ace desvió su mirada por la vergüenza y asintió.

–No te avergüences, yoi. Siempre es un buen momento para aprender. Aunque me hubiera gustado hacerlo completamente sano y sin veneno, supongo que sirve.—tomó una pausa para acomodarse entre las piernas de Ace que estaban apoyadas en él—Para prepararte es necesario que estés completamente relajado, te asustará a la primera, pero pronto se sentirá bien. ¿Entendido?

–N-No sé de qué hablas, pero hazlo, siento que todo mi cuerpo se está hundiendo en el infierno. 

Marco soltó una risita baja y sacó una botella que por alguna razón, estaba en su bolsillo. Se echó una porción de un líquido extraño, y lo esparció por sus dedos. 

–Respira profundo... 

Si Ace decía que no tenía miedo estaría mintiendo. Pero la calentura en su cuerpo y mente era mucho más fuerte. Hizo lo que se le ordenó e intentó relajarse, respirando y exhalando en un ritmo calmado. Pronto sintió un punzón de dolor en su trasero, junto a algo helado. ¿Esto se supone que lo iba a preparar?

Soltó un grito, removiéndose en su lugar. Marco lo agarró fuertemente y lo miró serio.

–Si no me dejas prepararte, te dolerá mucho más después. 

–L-Lo siento, solo que... ¡Duele!

Marco sacaba e introducía el dedo, esperando que Ace estuviera lo suficientemente relajado para introducir el otro. Maseajaba sus piernas en un intento de distraerlo de la incomodidad. Funcionó. 

Ace dejó de quejarse y comenzó a moverse incómodo. No iba a admitir en voz alta que la extraña introducción calmó un poco el vacío que sentía dentro suyo, pero su cuerpo anhelaba más, algo más grande, necesitaba más. De tan solo pensarlo su mente se nublaba de la excitación.

Marco sintió que era momento para meter otro dedo, y lo hizo con cuidado. Ace soltó un quejido ante la abrupta intromisión de otro dedo. Las manos de Marco eran grandes y sus dedos eran largos, muy útil, pensó Ace.

El rubio comenzó a abrir sus dedos como tijera, recorriendo completamente sus paredes internas, tratando de buscar algo. 

Lo próximo que sintió Ace fue increíble. Su cuerpo comenzó a convulsionar, sintiendo cargas eléctricas recorriéndolo desde su espalda baja. Su espalda estaba completamente arqueada, casi dolorosamente. Su gemido probablemente se escuchó hasta fuera de la habitación, pero no tenía tiempo de pensar en eso.

Marco sonrió victorioso, había encontrado el punto dulce que tanto buscaba. Miró como Ace se volvía loco por un momento, jadeando y temblando después de sentir el fuerte placer.

–¿Q-Qué fue eso...?

–Es tu próstata, yoi. Es un punto de terminaciones nerviosas que causan placer. ¿Te gustó?

Ace asintió, sintiendo como sus sentidos se perdían nuevamente en la excitación. –M-Más... por favor.

Marco hizo caso e introdujo el tercer y último dedo. Abría y metía sus dedos, masajeando el punto dulce de Ace, volviéndolo loco. Gemía, temblaba, suplicaba, maldecía, todo a la vez sin pensar. 

Solo con 3 dedos dentro de él ya estaba hecho un desastre. Amaba volverlo loco con solo sus dedos. 

Cuando Ace comenzó a tener espasmos y aumentar sus gemidos, se dió cuenta que estaba a su límite. Rápidamente sacó sus dedos. No quería que Ace se corriera tan rápido. Ace comenzó a removerse y quejarse por la perdida.

–M-Marcoo... ¿Por qué te detuviste?—Ace lloriqueó al sentir como volvía el dolor y vacío del principio.

–Todavía no termino. Viene la mejor parte.

Marco bajó las piernas de sus hombros, viendo como temblaban violentamente. Comenzó a quitarse las prendas de abajo, sintiendo la fuerte y devoradora mirada del pelinegro. 

–¿Te gusta lo que ves?

–A-Apúrate... Arde...

Cuando Marco estuvo listo fue imposible no mirar para abajo. Desde el momento uno supo que Marco era grande, pero confirmarlo se sentía diferente. Si solo un dedo le dolió como el infierno, cómo sería cuando Marco metiera su miembro? 

–¿En qué posición lo quieres? 

–¿E-Eh?

–Me refiero si quieres montarme, o en cuatro patas o..-

–¡Solo mételo y ya! ¡Siento como si mi cuerpo estuviera suplicando por ti, por favor, lléname y quita este horrible vacío que siento!

Marco se sorprendió por un momento, pero después lo agarró y lo besó violentamente, casi devorándolo. Sí, amaba como Ace le suplicaba. 

–Lo que digas, bonito.

Marco untó nuevamente de ese liquido y lo puso en su miembro, rodeándolo completamente mientras suspiraba.

–No tengo condón, espero no te moleste.

–Házlo...

El mayor levantó fácilmente las caderas del pelinegro, alineando la punta en su agujero. Lentamente comenzó a sumergirse, maldiciendo por dentro al sentir lo apretado que estaba Ace a pesar de la preparación previa. Ace cerró fuertemente los ojos mientras intentaba calmarse, sabía que Marco haría lo posible para no dañarlo en el proceso y confiaba en él.

Comenzó a hundirse, escuchando como Ace gemía y lloriqueaba. Intentaba tragarse sus gruñidos, pero sentir a Ace tan cerca y profundo lo llevaba al límite. Cuando estuvo completamente sumergido, empezó a repartir caricias y besos por todas partes, tratando de relajarlo. Limpiaba las lágrimas que habían brotado y lo halagaba.

–¡Ngh! 

Ace podía decir que finalmente se sentía lleno, pero no satisfecho. Necesitaba sentir esa sensación de nuevo. Enrolló sus piernas en la cintura de Marco y comenzó moler sus caderas, dándole una señal a Marco que ya estaba listo.

–¿Desesperado, yoi?

Ace gimió en respuesta, desesperado por la excitación.

Marco empezó a mover sus caderas, generando un ritmo lento pero fuerte en sus embestidas. Gruñía cada vez que Ace apretaba inconscientemente (o no) sus paredes internas. Marco también comenzaba a desesperarse, pero temía de hacerle daño a Ace. Se estaba limitando. Ace soltaba pequeños "ah, ah, ah" que solo lo ansiaban de poder escuchar sus gemidos más fuertes.

–M-Más rápido...—dijo Ace en un susurro.

–¿Hm? Debes decirlo fuerte y claro, yoi.

–¡Más rápido, n-necesito más!

–Buen chico.

Tal como le pidieron, comenzó a embestir mucho más rápido, llegando mucho más profundo y estimulando su próstata. Besaba y dejaba marcas por todo el cuello de Ace, mientras él gemía, rasguñaba y se apretaba a su alrededor. Tan delicioso. Se sentía afortunado de ser la primera persona que logra verlo y escucharlo de esta forma. Sus gemidos eran música para sus oídos. El sonido de las pieles chocando lo ponían caliente aún más.

–Hah... ¡M-Más! ¡Marco!

–Amo cuando gritas mi nombre.

Sus embestidas se volvieron frenéticas y desordenadas, anunciando que pronto se iba a correr. Ace estaba igual, escondiendo su cara en el cuello del mayor, mordiendo para apaciguar sus gritos. Marco bajó una mano hasta el miembro del pelinegro, comenzando a masturbarlo al ritmo de sus embestidas. Ace se sentía en el cielo, sintiendo como su cuerpo ardía en llamas, su mente nublada por la excitación y sus ojos llorosos. 

Se sentía tan lleno.

–¡Ah, ah! ¡M-Marco! Mhng-

Se necesitaron algunas embestidas más para que Ace se corriera con un fuerte grito, su cuerpo comenzó a tener espasmos mientras abrazaba fuertemente al mayor como si su vida dependiera de ello. Marco siguió follándolo a través de su orgasmo, sobreestimulándolo hasta su límite. Finalmente se corrió dentro de él con un gruñido. 

–Mierda...

Los dos quedaron así por un momento, intentando recuperarse después del fuerte orgasmo. Sus respiraciones y jadeos era lo único que se escuchaba en la sala. Ace finalmente se soltó de Marco y cayó muerto en la cama. Marco admiró el desastre que había hecho; Cabello desordenado y húmedo, chupones rojos por todo el cuello, piernas temblorosas con semen en sus muslos. Hermoso. Ace era tan hermoso que su fénix interior quería dejárselo solo para él.

Se vistió y buscó unos paños húmedos para limpiar al menor. Lo limpió y lo dejó dormir, sentado a su lado mientras lo miraba. Los demás probablemente ya sabían lo que estaban haciendo, y si no se enteraron, probablemente se darían cuenta al ver las marcas rojizas en todo el cuerpo del menor. 

Se paró para ir a buscar algo de comida para Ace, ya que no había comido desde que llegó al barco. Algo lo detuvo, una mano lo agarró fuertemente evitando que siguiera caminando.

–Q-Quédate aquí, por favor.—dijo con una voz ronca y temblorosa por los gemidos que soltó hace un rato.

Marco sonrió y asintió, recostándose junto a él y dejando que Ace lo abrazara para seguir durmiendo.

 


 

Thatch había ido a la zona de enfermería del barco para dejarle comida nutritiva a Ace, ya que quedó muy preocupado como el buen hermano mayor que era. Izo le había dicho que no se metiera y que esperara hasta que Marco o Ace salieran y dieran señales de vida, pero lo ignoró (como siempre) y caminó hasta la puerta donde se encontraban sus compañeros.

Cuando estaba a punto de abrir la puerta, unos gritos y gemidos lo detuvieron, helándole la sangre.

 

"¡Ah, ah, hah! ¡M-Marco! ngh..."

 

Tuvo suerte que su plato de comida no cayó al suelo, sino lo delataría.

 

Debió hacerle caso a su querido Izo.

 

Notes:

Había querido traer esta historia en inglés, pero mi inglés no es muy bueno y no quería humillarme :d

Espero les haya gustado, sería de mucha ayuda si dejan un kudo o un comentario
¡Gracias por leer!
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