Chapter Text
Las últimas palabras de su abuela fueron para decirle que le amaba, llamar a su hijo, el padre de Mulan, un ‘bien intencionado idiota’ y el desearle buenas noches. Las últimas palabras de Mulan para su abuela fueron una serie de disculpas frenéticas y rezos para su alma. Con todo, cree que tuvo mucha suerte, no creía que mucha gente en la actualidad tuviera la oportunidad de tener tan buenas últimas palabras. Y no solo eso, sino que Mulan había sobrevivido después de que se hubieran dicho.
Para fechas recientes, había escuchado una cantidad desagradable de variaciones de ‘huye’, ‘no hagas esto’ y ‘puedo hacerlo sin tu ayuda’, todos en múltiples combinaciones con todos los tonos posibles. Así que lo tomó como una bendición de sus ancestros para dejar su hogar por otro lugar mejor.
“ Fingir hasta que lo logres ” , se dijo.
Ayudó el tomarlo como una serie de oportunidades que no había tenido antes: no casarse, cortarse el pelo, usar pantalones, practicar artes marciales sin vergüenza, comer sin vigilar una dieta, usar un arma, salir de casa sin pedir permiso, actuar sin pensar siempre en el honor de la familia Hua, usar tantas malas palabras como quisiera… Incluso si las oportunidades tomadas para cumplir sus deseos venía con las reprimendas de toda su vida rezongando en su cabeza, porque le daban también la oportunidad de escuchar de nuevo las voces de sus padres. La alentaba más porque cada una tenía también el siempre suave apoyo de su abuela.
“ Fingir hasta que lo logres " , se repitió.
Se tomó un día completo para terminar de empacar y, con sus últimos pendientes resueltos, se despidió de sus recuerdos, sus seres queridos y su casa, todo para comenzar su camino fuera de su hogar y hacia su futuro.
(****)
La única vez que Mulan pensó en tal vez cambiar la ropa de su padre, que había tomado con el vertiginoso sentimiento de una niña traviesa, por algo más femenino y de su talla como se había esperado de ella, fue también la primera vez que tuvo que esconderse de un grupo. Habían estado acampando en una tienda de ropa y no habían tenido ningún reparo en bajar la voz de sus conversaciones animadas, sonando como si el tema de conversación pudiera compararse con el clima del día o lo que habría para la cena de esa noche.
La idea de cambiarse de ropa había abandonado su mente tan rápido que sintió que su cabeza giraba, apenas recuperándose para jurar solo asaltar casas lo más que pudiera y prepararse para escapar tan silenciosa y rápidamente como pudiera. Después de todo, por el sonido, casi se mete en problemas con una horda pasando fuera de la tienda. Afortunadamente, un ruido los desvió de su pista y hacia la tienda, dejándole la calle libre.
Nadie importante, como Mulan, como mujeres inocentes, murieron por ello.
“Finge hasta que lo logres” , y el hielo del glaciar para ese juramento en particular parecía eterno.
(****)
Ping no fue su mejor momento. De hecho, todo el asunto de conocer a un gran grupo de sobrevivientes después del último no fue su mejor momento. El recuerdo de Mulan tropezando con botas demasiado grandes porque olvido los calcetines extra en su prisa, su poco sentido social masculino estereotipado y la horda de la había estado huyendo y terminó persiguiendo a todo mundo le perseguirá en sus sueños hasta el final de sus días. E incluso más allá, lo jura. No ayuda que su terror no se deba solo a la horda: todo el grupo era masculino, y el más grande era una montaña de humano que había arrojado a un trío de cosas de un manotazo contra el suelo.
También había sido molesto por su líder, un tipo de aspecto militar que había perforado sus orejas con regaños durante una hora entera en cuanto estuvieron a salvo. Solo había tenido peores regaños de la profesora de etiqueta que su abuelo, por parte de su madre, había contratado para ella, y esa mujer había sido un verdadero trabajo para soportar.
Luego, entre el terror de verse rodeado, la perspectiva de ser arrojada a una horda y el deseo de callar el molesto parloteo, se presentó como Ping. Ping . Su madre lloraría. Y luego gritaría, porque ofreció algunas de sus raciones ‘por los problemas’. Como carajo se tradujo en un pedido de formar parte de su grupo, no tenía idea, pero se encontró recibiendo el resumen de sus planes, una lista de tareas y el pendiente de ‘demostrar de qué estaba hecho’.
Pensaban que era un chico raro.
Mierda.
O… ¿Qué genial?
“Fingir hasta que lo logres” , pensó histéricamente.
…
¿Cómo demonios lograría eso?
Mulan piensa, de la forma poco caritativa que aprendió en el apocalipsis, que sus compañeros de escuadra Yao, Ling y Chien Po, pueden ser unos verdaderos imbéciles. Sabía que podrían estar amargados por tener al “nuevo” con ellos, en especial porque eran considerados el grupo esencialmente inútil, pero no sentía suficiente caridad en su corazón como para sentirse mal por ellos. Especialmente por que la palabra más amable que le tenían, y venía solo de Chien Po, era Torpe, con la mayúscula al principio. Algo rico viniendo de un ex-triada ruidoso, un ingeniero en sistemas idiota y un chef talla montaña con demasiado pacifismo como para usar algo más que solo lanzamientos en este nuevo mundo.
Eran algo así como la idea de pequeños cachorros violentos en una misma jaula de una tienda de animales. Shang, el líder, parecía odiarlos.
Su forma de pensar no cambió mientras se acostumbraba a su ropa y el grupo, no cambió mientras aprendía a ser un chico con ellos y él líder parecía arrepentirse visiblemente de incluirle. No mientras Mulan y Yao creaban accidentalmente una pequeña horda, no cuando Ling perdió el agarre de sus raciones en el río, ni por Chien Po las raras veces que intervenía para calmar los ánimos y menos cuando Shang amenazaba con arrojarlos fuera del grupo directo a los brazos de una horda.
Tampoco cambió cuando Yao le salvó de la mordida de un Serpiente, o cuando Ling evitó que Mulan fuera arrinconada en una tienda, ni cuando consoló a Chien Po mientras sollozaba la muy atrasada primera vez que le aplasto la cabeza a un HuNo.
“Pero tal vez” , pensó mientras ponía una mano de consuelo sobre el hombro de Shang, el grupo mirando los restos sangrientos de la avanzada militar del padre de su líder, el primer lugar seguro al que se dirigían y que había durado tanto, “ eso no significa que sean terribles” .
Shang era… Curioso.
Conforme pasaban los días, más se daba cuenta de que le había malentendido a propósito por sus propios prejuicios, como a los demás. Fue algo que se hizo especialmente obvio después de encontrar el campamento masacrado, ya que recurrió más fuertemente a la estructura semi-militar que había instalado en su grupo para mantenerlos en orden, animados y en marcha. La clara cadena de mando, las tareas cotidianas, el protocolo y las órdenes hacían mucho por todos, podía verlo incluso en su escuadra de rebeldes.
Nunca abandonaría su paranoia, no podía, pero era una estupidez no notar lo que tenía en su cara. Cuánto miedo perdían de no saber nada con él a la cabeza, cuanto el mismo Shang dependía de tener algo más en qué concentrarse que no fuera su familia seguramente muerta, porque no podía pensar en ellos si se concentraba en gente que sí sabía que estaba viva y dependían de él para mantenerlos así.
‘Fingir hasta que lo logres’ también era su lema.
Mulan parecía encajar como esa pieza de forma extraña que no creías que pertenecía, pero cuando la ponías te dabas cuenta de que todo el rompecabezas era igual de extraño, y pertenecía muy bien. Era un poco gracias a Shang mismo que lo noto por primera vez. Fue él quien se dió cuenta de su habilidad para encontrar comida y buenos lugares de descanso, quien escuchó cuando menciono necesidades que nadie más había pensado en cuestionar su falta, que no dudaba en preguntar al respecto cuando necesitaba una opinión en las cosas en las que Mulan destacaba.
Él era rígido, terco, un niño rico nacido de militares, severo y serio, pero era paciente mientras le enseñaba a otros defensa, era justo al repartir necesidades, siempre se aseguraba del bienestar de todos y no rehuía de compartir espacio o palabras junto al fuego. Nunca molesto a Mulan por su largo silencio autoimpuesto, ni se molesto por lo baja y ronca que sonaba por este cada vez que hablaba, incluso tomándose tiempo para enseñarle señas de comando básicas a todo mundo citando la “necesidad” de silencio.
Era un buen hombre, uno que, mientras más hablaban y pasaban tiempo juntos en sus ratos libres, también era atractivo en un ámbito mucho menos platónico. Mulan no podía evitar mirarlo de reojo. Y, curiosamente, también fue uno que la envió en una espiral de crisis de género, sexualidad e identidad cuando comenzó a devolverle las miradas.
Como la suerte no puede durar para siempre, la escuadra de Mulan se enteró de que era biológicamente mujer después de que perdieron una escuadra amiga y se separaron del grupo para intentar dispersar la horda que se los había llevado. Siempre fue irregular, pero usualmente podía confiarse de un periodo de sequía de al menos 6 meses para su menstruación. Solo que… no había llevado un buen registro de tiempo desde que su madre-
De todos modos, Ling había notado la sangre cuando se encerraron en la seguridad de una tienda abandonada que limpiaron de HuNos para pasar la noche. Sus gritos habían traído a yao y Chien Po, primero a las armas y luego para callarlo cuando no vieron ningún peligro. Luego ellos notaron la sangre y Mulan tuvo que callar a Yao mientras Chien Po parecía peligrosamente cerca de desmayarse por la conmoción de lo pálido que se había puesto. Fue necesaria una larga hora para tranquilizarlos de que no, no estaba herido, tampoco lo habían mordido, pero sangrando y estaba muy incómodo aunque su vida no peligraba.
Fue aún más incómodo cuando le preguntaron cómo sangraba sin estar herido y tuvo que explicarles. Nada del sentimiento disminuyó cuando Yao preguntó sobre por qué presentarse como hombre. ¿Cómo explicarles? Las palabras salieron de su boca lento pero seguro, sobre los peligros que corrían las mujeres incluso antes del apocalipsis, la razón de (el hombre que la había orillado a…) aprender artes marciales y del grupo de violadores al que casi había entrado por un descuido, el grupo que había aniquilado al lanzarles una horda. Chien Po le había atraído a un suave abrazo de costado mientras les contaba lo que les había oído decir sobre sus ‘grandes éxitos’.
“¿Entonces no confiabas en nosotros incluso ahora?”, preguntó dolido Ling, desconcertado, y haciendo que los otros dos se tensaran y se vieran igualmente dolidos, pese a que Yao había apartado la mirada con sombría y creciente comprensión sobre algo que no compartió esa vez.
Mulan entonces, en un salto de fe desesperada, nacida de todos sus vínculos por trauma, escupe a borbotones su primer razonamiento de usar la ropa de su padre, sobre la seguridad en sí mismo que había ganado, sobre cómo se había sentido más cómodo como Ping El Chico que como Mulan La Futura Novia, incluso el como le gustaba más y más la idea de Mulan El Chico. Les habló de cómo finalmente dejó de fingir que su cuerpo no picaba y dolía cuando pensaba en él como el de una mujer, como nunca logró ser la señorita que querían sus padres, cuanto había envidiado a los niños en su infancia por ser, bueno, niños.
Confesó cómo se asentaba en su piel cuando los hombres de otros escuadrones comenzaron a llamarlo Señor conforme Shang le confió más, como le dolía menos existir cuando ellos lo llamaban Amigo y lo trataban como tal.
Conforme continuó la noche y los ruidos de los HuNos se apagaban fuera de su refugio, les contó de cómo una vez, en la confusión de la adolescencia, le preguntó a una de sus amigas de la secundaria al respecto. Miro al techo mientras intentaba restar importancia a la frase ‘asquerosa desviada’ con la que lo señalaron, fingió ser casual mientras mencionaba que habían llamado a sus padres, de cómo se encontró bajo la mirada asqueada de su madre, de la triste de su padre.
Los miró a los ojos, el acero en la columna y el cristal frío en la mirada mientras les decía que no quería volver a sentirse tan pequeño, tan atrapado, tan odiado, tan asqueroso; menos ahora que había probado lo que se sentía ser un hombre, como ser considerado uno sin dudas, asco o decepción. Que ya no quería ser tratado como una señorita en lugar de una persona, verse obligado a usar faldas, dar bebés, ser una damisela inútil y ser llamado por pronombres femeninos.
Se suavizó cuando admitió que eran sus primeros amigos en mucho tiempo y que no quería perderlos.
Su garganta dolía, ronca y seca. Ahora los tres sabían porque hablaba tan poco.
“Creo que sería buena idea educarnos un poco al respecto, los tres. Parece que ninguno sabe mucho al respecto, después de todo”, finalmente habló Chien Po, una gran mano suya palmeando la cabeza de Mulan con cariño, “Yao te vigilara las espaldas mientras te limpias, lavare mientras Ling vigila, y mañana pasaremos a buscar a una librería antes de regresar al grupo, los 4 chicos juntos, ¿Si?”
Mulan lloró en sus manos mientras Ling fallaba en ser gracioso intentando consolarlo y Yao le ordenaba incómodo que parara.
Crédito que se debía, ninguno de los tres cambió como lo trataban después de eso aparte de las incómodas preguntas sobre ‘esa fecha’ y finalmente darle espacio para orinar en paz. Tal vez, pensando con algo de lástima, es porque no tenían idea de como tratar a una mujer y preferían olvidar alegremente que alguna vez se enteraron de su vagina. No por ser malos, por supuesto, sino porque la rígida educación de todos podía aparecer en los peores momentos posibles, incluso con la ayuda del único libro que encontraron, que tampoco era una belleza de lectura.
Pero, y se irritaba de buen humor, no tenía que fingir que no los apreciaba, era bueno aceptar algo de esa índole y muy gracioso verlos agitarse avergonzados cuando se los señalaba. Eran sus primeros amigos en casi una década y, pensó cariñoso, le parecían muy buenos.
Si alguien se dio cuenta, no dijeron nada. Todos estaban ocupados sobreviviendo mientras se dirigían al siguiente punto de reunión que Shang había establecido. El camino se volvía más traicionero y, de forma lenta pero segura, más escaso de recursos conforme se acercaba el otoño, por lo que todos comenzaban a ponerse nerviosos. ya habían perdido dos escuadras completas y eso era horrible, pero Mulan creía que en realidad habían tenido mucha suerte. No por las muertes, sino por haber encontrado tanta comida en el segundo año de los HuNos para todos.
A veces hablaba de eso con sus amigos, sobre cómo habían vivido ese primer año. Los primeros 6 meses había sido todo muy discreto, coincidieron, todo silenciado en las noticias e internet, solo escuchando aquí y allá notas de una gripe, a veces un par de ataques terroristas de un nuevo culto, algunos accidentes muy desafortunados y jóvenes que tristemente caían en las drogas. Ahora, mirando hacía atrás, sabían que era una mierda, pero esa era la magia de la perspectiva, de pronto te señalaba lo importante con un marcador verde fosforescente cuando sabías mirar.
Yao había sido el único de ellos que se había dado cuenta antes del Quiebre de que algo muy jodido estaba pasando, dado su trabajo como carne de cañón y matón de nivel bajo (y si, decirlo así lo enojaba), pues había estado en las calles cuando su ciudad comenzó a tener casos de HuNos. De hecho, se había encontrado con uno cuando él y un amigo suyo fueron a un trabajo.
“Ni siquiera la note al principio. El tipo se endeudo para su esposa enferma, esa cosa, y Lei se estaba divirtiendo golpeándolo junto a la cama donde ella estaba…”, había dicho con un tono indiferente, exactamente el mismo con el que Ling hablaba de la monotonía del trabajo de oficina, “al siguiente momento, muchos gritos y sangre cuando esa perra atrapó a Lei desde atrás en el cuello. Le disparé y no funciono, claramente, por qué no le di en la cabeza, y lo uso para bajar a su esposo a mordidas cuando intentó agarrarla. Fue gracias a ese idiota que finalmente logre matar a la cosa. Huí como un cobarde, lo admitió, ni siquiera termine a los otros dos, salí tan rápido de la ciudad como pude”.
Así fue como sobrevivió, apenas, dado lo que sucedió en los siguientes meses. Ling y Chien Po no habían sido tan afortunados en cuanto a huir, a ambos los había alcanzado el Quiebre de la paz. Ling había estado en el trabajo, siendo acosado por uno de sus superiores para que arreglara un desastre que no le correspondía y que al final había sido lo que le salvó la vida.
“Ni siquiera se como logro desconfigurar su computadora tan mal, de verdad, y me dejó encerrado en su oficina, mirándome por el cristal mientras bebía su café y coqueteaba con Jiajia de contaduría”, era claro que Jiajia era un punto doloroso, “lo siguiente que se son los gritos, el cristal manchado de sangre y el humo de la calle; me quede atrapado ahí un mes, dependiendo del minibar, la cocina del personal y la energía de respaldo hasta que este grupo reviso mi edificio”.
Si Mulan fuera más idiota, le diría que un hombre adulto no debería hacer pucheros, pero creía que se merecía un descanso de la burla. Era impresionante que hubiera logrado bloquear su piso y estirar sus raciones tanto. Por eso había sido tan delgado cuando se conocieron y fue él quien peor se trató esa vez que perdió raciones en el río. Esa era la razón por la que Chien Po siempre le servía primero y por la que Yao fingía que odiaba las barras de comida para dárselas, por la que ahora Mulan le enseñaba al grupo qué cosas naturales se podían comer en un puro y cuáles no. De algo tenían que servir algunas de sus clases…
En cuanto a Chien Po… Bueno, había sido una revelación, en cierto sentido, porque no había esperado que su historia incluyera a Shang. Este último había estado en el pequeño restaurante de Chien Po con sus amigos. No había querido escuchar, pero fue imposible no enterarse de que su familia no había ido a su graduación de la universidad, incluso si fue temprano y con honores, su padre había sido llamado a base y se llevó tanto a su madre como a sus hermanas con él. Chien Po le había dado un plato de su especial del día como consuelo junto a su cerveza cuando fue el único que quedó. Habían hablado un rato, pero el mayor estaba inquieto.
“Esa era mi hora pico normal y podía ver mucha gente fuera de mis puertas por el rabillo del ojo pero…”, entonces tragó saliva, viéndose muy pálido al recordarlo, “Nadie entró. Shang lo notó y él mismo se acercó a la puerta para ver. Jamás lo vi tan asustado hasta ahora como entonces. Cerró por mí y me hizo ir a cerrar el resto de mi local. Casi me atrapa uno en la puerta de atrás, uno de mis meseros que había ido a hacerme el favor de un recado de especias, había sido mordido mientras corría de regreso. De no ser por Shang, ahí también hubiera muerto, me mantuvo con vida todo este tiempo”.
Les hablo de Shang comunicándose con su padre, de las instrucciones, de ser primero alguien que tomó su restaurante para cuidar algunos sobrevivientes y luego como todos llegaron a una resolución. De encontrar lentamente más gente hasta que llegaron a los números con los que Mulan los conoció.
Había algo en su pecho, después de eso, que palpitaba de manera extra cuando pensaba en él, y pensaba en el tiempo que pasó con ellos desde que se unió. Ahora entendía porque su escuadra se había mantenido hasta que él llegó, no solo por que su líder era un buen tipo, sino que estaba muy apegado a su mayor y, en consecuencia, a los perros callejeros que había recogido bajo su ala… Un poco como él.
No era exactamente odio, pensó, lo que había visto en sus ojos los primeros días. Probablemente irritación y envidia de la libertad de ser el desastre que ellos habían sido en lugar del líder, si esta vez lo había medido correctamente. Sus cavilaciones y corazón travieso, por las miradas divertidas y las burlas de Yao, no habían sido un secreto para sus amigos, pero, Oh Antepasados, que Shang no lo notara, por favor.
Va a fingir hasta lograr que su propio cerebro no se burlaba haciéndole creer que sus antepasados se estaban riendo de él.
Shang lo besa cuando va con su escuadra a investigar un pueblo a las afueras para pasar el invierno.
Ambos son torpes e inexpertos, un poco incómodos porque Mulan estaba demasiado sorprendido como para corresponder desde el principio. Están en un callejón y sonríe cuando, después de golpearlo contra una pared para bajarlo a su altura, puede ver la cara increíblemente roja de su líder al separarse de su sesión de besuqueo. La culpa cuaja en su estómago, pero sus labios saben dulces y su corazón late con fuerza. Puede escuchar en su cabeza las burlas de sus amigos y sus propias recriminaciones por sus secretos, pero mientras él le sonríe avergonzado, Mulan puede ignorarlo.
No se detienen, encontrando momentos juntos en búsquedas y turnos de guardia, intercambiando miradas enamoradas y a veces un poco acaloradas cuando nadie más vez, sentándose juntos frente a los juegos que aparecen más y más conforme se asienta el otoño sobre ellos. El latido de su corazón aumenta y acelera más y más, hasta que sus costillas duelen y se aprietan alrededor del nudo duro de la culpa en su estómago, hasta que sus labios pican con fuerza al separarse de él demasiado pronto cuando las cosas se calientan.
Chien Po frunce los labios incluso si no mueve el ceño, Ling y Yao comienzan a verse realmente incómodos.
Su grupo comienza a notar que algo pasa pero no saben que. Mulan se había ido allanando el puesto hacia el segundo al mando, su esfuerzo era algo que claramente todos podían ver y había un par que claramente estaba aliviado de que no fueran a implosionar de forma militante, por lo que nadie sospechaba de la naturaleza real de la tensión entre ellos… O eso esperaban.
Duele, pica y lastima. Mulan no puede fingir, no con esto, no cuando los está lastimando a ambos. Entonces se arma de valor y en una salida con su escuadra le pide que se tomen un momento para hablar. Se quedan atrás por la distancia suficiente para hablar pero también recibir apoyo a gritos. Comienza lento e incómodo, como solo pueden ser ellos, asegurando que no es nada malo pero que puede entender si lo odia después. Ríe de su cara confundida y escandalizada, nervioso mientras abre a boca para decir-
No entiende mucho durante un largo tiempo, nada se queda lo suficiente entre largos periodos de negro y vista borrosa. Recuerda la cara aterrorizada de Shang, el dolor sordo mientras Yao hacía algo en su costado, mucho de Chien Po cuidando fiebre o haciéndole comer, la cara de estreñimiento de Ling mientras lo acompaña al baño, pero poco más. A veces, cree escuchar voces discutiendo en sus sueños, tiene la sensación de que a veces se mueven, reconoce los brazos de Chien Po y el balanceo de su caminar.
Hace frío. Luego no tanto.
Mulan despierta verdaderamente lúcida mirando un techo que no reconoce, en una cama real, arropado hasta la barbilla y el pecho más libre de lo que lo había sentido desde que Ling casi se mata consiguiendo para él, en una pequeña tienda especializada que parecía más vandalizada que víctima del apocalipsis pese a la pequeña horda en ella, su propio binder. Su cerebro se siente lento, lleno de algodón, con un latido sordo en su costado que irradiaba calor en lugar de dolor.
¿O era dolor pero lo sentía como calor?
No había ruido, estaba solo, y el árbol afuera de la ventana había perdido la última hoja de la corona justo cuando miro.
Le habían disparado.
Chien Po se lo dijo cuando le trajo la cena.
Un grupo de sobrevivientes carroñeros que los vieron como una presa fácil, sin esperar a sus amigos como respaldo.
Yao lo reprendió más tarde mientras Ling berreaba de alivio porque mejoró. Se fueron poco después juntos y Mulan se quedó solo.
Se quedó solo mucho tiempo.
Esperaba algo así y creía que se lo merecía.
(****)
Cuando Mulan tenía 14 años condenó la vida de su padre, incluso si en ese momento no lo sabía.
Era una adolescente enojada y herida, incómoda en su propia piel, cuyo corazón se marchitaba conforme su madre le endilgaba más faldas y vestidos en el armario, que no sabía porqué ser una ‘dama’ dolía tanto. Una noche, durante la cena, mientras su madre hablaba y balbuceaba sobre la idea de visitar a una casamentera para poder saber cómo prepararse para el futuro, Mulan espetó. Gritó y lloró, soltando recriminaciones, escupiendo odio por la actitud de su madre, señalando con dureza cuán horrible era la forma en la que la miraban. Y, por primera vez en semanas después de que los llamaran a su secundaria, su padre la miro y hablo.
“No le hables así a tu madre”
Entonces corrió.
Salió de casa tan rápido que apenas recordó ponerse los zapatos, las lágrimas corriendo por su rostro mientras daba tumbos por las calles oscuras, hasta que por algún milagro terminó en un parque. Se sentó en una banca vacía bajo una farola y sollozó ruidosamente, siendo el único sonido en el lugar hasta que escuchó una voz.
Burla mal escondida bajo la imitación de preocupación, júbilo detrás de la suavidad.
La voz de ese hombre.
Lo único que importa de ese recuerdo es su padre saltando para quitárselo de encima, peleando en la oscuridad mientras su madre cae de rodillas al lado de Mulan con el teléfono en la mano, llamando a la policía. Su padre había sido un militar orgulloso en su juventud y nunca dejó que su entrenamiento se olvidara, pero ya era un hombre mayor, diabetico y oficinista. El repugnante sonido de su pierna al romperse pareció llenar el silencio del parque incluso más que las ruidosas sirenas policiacas que se acercaban.
‘ ¿Qué hacías tan tarde fuera? ¿Qué es lo que llevabas puesto? ¿Qué le dijiste? ¿Lo conocías de antes? ¿Eres virgen? ¿Cuántos años tienes? ¿Usas aplicaciones de citas? ’
‘ Si no hubieras sido difícil y te quedarás en casa, nada de esto habría pasado ’
Incluso si su padre había mirado horrorizado a su esposa por decirle esto último, recostado en su cama de hospital, Mulan no lo había notado. Su mente estaba lejos, muy lejos, incluso si su cuerpo estuviera acurrucado bajo una manta que no sabía de dónde vino, su mirada fija en la pierna vendada de su padre. La pierna que necesitaría cirugía para ajustar los huesos rotos y la necesidad de una placa de metal atornillada para mantenerlos en su lugar.
La que no sanaría correctamente, que quedaría relativamente frágil y que dejaría a su padre con una cojera permanente. Por la que la abuela se mudaría con ellos para ayudar, por la que a veces el dolor lo despertara por la noche y no podría silenciar su miseria, haciendo que las ojeras en el rostro de su madre se volvieran oscuras y pronunciadas.
Y Mulan había intentado compensarlo. Dejó de quejarse, guardó silencio de todos menos lo que hacía feliz a su madre. Su armario cambió hasta que el único pantalón que había era el de sus prácticas de artes marciales, e incluso ese se fue cuando llegó a un nivel que su madre declaró suficiente para su seguridad y frenó sus clases para evitar los ‘músculos desagradables’, no importa cuánto haya llegado a amarlas. Tomó más tareas en el hogar, aprendió a cocinar, de curaciones y de medicinas para su padre, hizo dieta, fue a la casamentera cuando cumplió 16 como era tradición en la familia de su madre.
Nada de eso sirvió cuando el Quiebre de la paz llegó a su hogar y su padre no pudo correr para ponerse a salvo, cuando tropezó y cayó en medio de la calle y, en lugar de pedir ayuda, le gritó a Mulan que pusiera a salvo a su madre. Qué las amaba, que se cuidaran, que corrieran.
El mundo gritó y se rompió a su alrededor, pero sus oídos solo podían captar el final de la vida de su padre y los lamentos de su madre mientras tiraba de esta última hacía su casa, donde el silencio regresó como un telón cuando termino de explicarle lo que había pasado a su abuela y su madre quedó catatónica.
Tenía 14 años cuando condenó la vida de su padre, tenía sentido que el universo no le confiara otra vez la compañía de a quienes amaba.
(****)
Chien Po piensa, exasperado, que Shang y Pi- Mulan son muy parecidos. Ambos son prácticos y pragmáticos a la hora de sobrevivir, son líderes centrados y confiables, manejan bien situaciones de estrés y hay pocas cosas que los sorprendan cuando pelean… También son muy malos lidiando con sus propios sentimientos, Shang un poco peor porque también le cuesta lidiar con los ‘blandos’ de otros. Creía que alguna deidad patrona había enviado un milagro cuando su líder siguió su consejo de ‘cualquier momento puede ser el último’ y beso a Mulan, todo había ido tan bien que debería haber sabido que algo se derrumbaría pronto.
Y vaya que lo hizo, de forma espectacular, además.
Toparse con un grupo violento justo cuando Mulan captaba la indirecta muy directa de Chien Po para ser sincero y comunicarse con Shang, su amigo herido, la primera muerte de un humano de Ling, la inminente tormenta emocional de Shang y un yao hosco porque siempre odio tratar con heridas de bala. Bala que además provocó una ligera infección que realmente preocupó a Chien Po.
Habían tenido que retroceder hasta su grupo, y luego todos juntos, para tomar sus cosas y mudarse de ahí. No fue genial. Si bien su grupo de sobrevivientes había optado por una forma de estructura militar, en realidad ninguno tenía la fibra para ser verdaderos soldados, al menos todavía no. Por lo menos la mitad aún no había llegado a la edad mínima para el servicio militar y la otra mitad lo había aplazado con sus estudios. O trabajo y vida delictiva, si miraba a sus compañeros de escuadra.
Los más jóvenes entraron en pánico, los mayores casi salían corriendo por su cuenta, Mulan había estado claramente sangrando y la cabeza de Shang obviamente no había estado del todo ahí al principio. Finalmente, habían logrado retroceder y hacer base en un cúmulo de casa que Mulan y Shang habían considerado fáciles de defender, pero que habían descartado en un inicio para usar porque aún tenían tiempo antes de invierno para avanzar más. Eran útiles ahora.
Él no mentiría, sentía un cansancio profundo por el estrés de cuidar la salud de su amigo y que Shang lo evitara como una plaga cuando estaba con Mulan, pero tampoco hablará cuando pasaban tiempo juntos. Estaba preocupado, muy preocupado, por los dos. Mulan no lo diría, pero ser evitado claramente le pasaba factura, apagando el brillo en sus ojos que había comenzado a tener desde que lo conoció. Shang estaba igual, inquieto y con ojos perdidos, rebotando de tarea en tarea, a veces ni siquiera comiendo adecuadamente.
Esto tenía que parar.
