Chapter Text
- Han atacado Reposo del Grajo y debemos responder
Con esa frase la reina Rhaenyra envió a Corlys Velaryon junto a sus marinos para que contraatacaran, la princesa Rhaenys, fiel consejera de la reina, iba como apoyo junto a su gran dragona Meleys, la reina roja.
Cuando llegaron a enfrentar al ejercito de Criston Cole Sunfire apareció cruzando el cielo con su hermoso color dorado y sobre su lomo estaba su ebrio jinete, Aegon Targaryen el usurpador. No fueron mayor problema para la dragona y su jinete experimentadas en batalla, lo difícil de verdad vino después, Vhagar la bestia verde salió monstruosa desde los arboles con Aemond el tuerto sobre ella dirigiéndola a la batalla contra la dragona roja. Ambas dragonas lucharon con fiereza, pero las consecuencias de la pelea contra el dragón dorado salieron poco a poco, Meleys estaba cansada tanto por el enfrentamiento anterior como por todos los días anteriores de patrullas sobre el mar. Lord Corlys tanto asustado como envalentonado por el amor que tenía a su esposa fue corriendo hacia los escorpines y disparó hacia la ala de la más vieja de las dragonas para que soltara a Meleys pues la tenia agarrada por el cuello para matarla, Vhagar acabó soltando a la otra dragona y mientras esta escapaba a pesar de los gritos de su jinete la dragona verde quemó vivo al señor de las mareas.
Rhaenys lo vio todo, ella gritaba y lloraba desesperada del dolor, había perdido a su esposo, al padre de sus hijos fallecidos y abuelo de sus nietos. Acababa de ver como el amor de su vida era quemado por la dragona que perteneció a su tío y después a su hija. Meleys se la llevó de ahí, esta conocía a su jinete, sabia que querría contraatacar aún que le costará la vida a ambas.
La dragona llegó entre rugidos y alaridos de dolor llamando la atención de todos los que vivían en la fortaleza negra haciendo que todos fueran corriendo a donde estaban los dragones. Cuando llegaron vieron bajar a la princesa Rhaenys del lomo de su herida dragona, mientras la reina roja iba con el resto de dragones para que la cuidaran su jinete se derrumbó sobre sus rodillas llorando desesperada mientras su sobrina y sus nietos le miraban incrédulos pues nunca le habían visto llorar, Baela se acercó corriendo a donde estaba mientras le preguntaba que ocurría y que donde estaba su abuelo.
En ese momento Rhaenyra entendió todo lo que le ocurría y se sentó en el suelo abrazando a su tía y acunándola como si fuera una niña pequeña otra vez. Jacaerys llamó al consejo para dar la noticia. Baela se llevó a su abuela a sus aposentos donde no solo vio el dolor de la mujer si no una parte de esta que nunca imaginaria que llegaría a ver alguna vez.
- ¡Quiero su cabeza! ¡Quiero ver la cabeza de esa puta dragona deforme colgada en mi pared! - Cuando la mujer por fin descargó toda su ira se quedó en silencio sentada en la cama, su nieta con algo de miedo abrazó a su abuela acariciando su pelo.
- Baela, quiero que le digas a la reina que ya me encuentro algo mejor y que en breve me uniré al consejo.
Su nieta algo indecisa hizo caso e interrumpió la reunión del consejo para dar las noticias, muchos de los hombres presentes e incluso la reina y su heredero dudaban de que eso fuera una buena idea ya que todos habían visto el estado en el que esta había llegado. Siguieron hablando del tema hasta que Rhaenys apareció por las puertas, ya no eran los colores Velaryon los que llevaba cuando llegó si no los colores Targaryen, iba entera de negro y rojo. Un vestido negro con una tela fina de un color rojo vino sobre la falda, llevaba todo el pelo recogido en una gran trenza hecha de otras trenzas. Los maestres aguantaron la respiración, les recordaba a las descripciones de la reina Visenya Targaryen.
- Lady Rhaenys esta segura de...
- ¿Cuántos dragones sanos tenemos? - La princesa interrumpió a su nieto, no quería que le trataran dijeran que hacer y que no.
Estuvieron hablando y tramando estrategias durante unas horas hasta que se hizo la hora de cenar, entonces todos se marcharon menos Rhaenys y Rhaenyra. Ambas mujeres se sentaron junto al fuego mientras compartían una copa de vino y otras palabras tanto dolorosas como de cariño.
