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Cuando Shanks tenía nueve años, se confesó ante Marco luego de la riña que se llevaba a cabo cordialmente entre ambas tripulaciones. El rubio recuerda haber reído y acariciado la cabeza del menor al recibir tal propuesta, alegando que los seis años existentes entre ellos eran una gran diferencia de edad y que cuando el pelirrojo creciera tal vez aceptaría su declaración. Se lamentó de aquellas palabras los años siguientes, cuando el pirata ahora capitán de su tripulación cumplió la mayoría de edad y se confesó nuevamente.
Él fénix de solo veinticuatro años ya había olvidado la promesa que era repetida constantemente por el joven en sus años de crecimiento, la única etapa por la que no sufrió de estas solicitudes recurrentes fue cuando Roger había sido atrapado por la Marina y destripado en su ciudad natal. Obviamente con el luto atribuyó la desconexión del mundo de la piratería que llevó a cabo en silencio, no hizo preguntas, considero sería lo mejor para su duelo.
Pero cuando aquel tiempo le llevó a crecer y ser más maduro, podía notar como cada proposición era más coqueta y cercana a lo carnal. Como aquella vez cuando el pelirrojo tenía solo veinte años y lo acorraló en la entrada del camarote para pasar su lengua por su garganta, tocando varios sitios inadecuados antes de irse tan rápido como llegó. No basta con decir que al día siguiente actuaron como totales desconocidos hasta la hora de salida de su tripulación.
Creyó que todo esto era a causa del temperamento alcohólico del pirata, así que lo dejó pasar. Pero se volvió recurrente, y las palabras dulces de amor pasaron a ser una charla sucia y cargada de lujuria que arrullaba su oído en cualquier oportunidad que tenían a solas. En los inicios llegó a ignorar la práctica del menor, simplemente cambiando de tema o evitando estar totalmente en solitario con el contrario en una habitación.
Pero luego no podía escapar cuando sus manos grandes y cálidas se aferraban sin cortesía a sus caderas, cuando lo arrinconaba contra la barra del barco y respiraba contra la piel de su nuca, erizando hasta el último cabello en su cuerpo. Debe admitir que de alguna u otra forma eso era algo sexy, ignorando claramente el hecho de que estaba buscando tener relaciones con un viejo seis años mayor que él.
Obviamente penso en hacer varias cosas para que su insistencia acabará, pero en su mayoría, parecía que llamaban aún más su atención al punto de incluso darle una mamada sin previo aviso. Lo disfrutó, eso era algo de lo que es consciente y también algo que el pelirrojo notó con mucha emoción. Por ello, le siguió acorralando en cada visita recurrente que hacía al Moby Dick, era sospechoso el hecho de verlos arribar más de una vez al mes.
Pops siempre pensó que el descarado iba en cada ocasión para beber en exceso y festejar, nunca se molestó porque siempre llevaba un licor diferente por cada visita. Aminorando así las sospechas de la tripulación mientras lo encerraba en la alacena tan pronto la fiesta llegaba a su tope y abusaba de su cuerpo sin detenerse aunque lo sugiriera varias veces. Comenzó siendo contacto sin penetración, frotando su entrepierna, sexo oral, dilatación manual e incluso embestir en contra de sus muslos. Shanks parecía empeorar en cada encuentro, se volvía aún más demandante hasta el punto de llegar hasta el final.
En ese instante supo que estaba acabado, ya no había vuelta atrás, y por el maldito océano, el sexo era tan bueno. No supo en qué lapso comenzó a desear la visita de su amante, mirando por la proa cada vez que la fecha se acercaba. Se comunicaban por un den den mushi privado, a expensas de sus compañeros y nakamas. Planeaban sus encuentros en concordancia con las misiones en solitario que solían tener, obviamente todo era en secreto. Nunca lo discutieron apropiadamente pero por como iban las cosas siempre parecieron amigos con derechos, no habían tenido citas adecuadas, y solo se contactaron para saber cómo estaba el otro y acordar donde coger.
Pensó que era una buena forma de lidiar con la necesidad y el estrés, también el hecho de que sus hermanos no tuvieran ni idea de con quién se acostaba era algo que le causaba satisfacción. Se abrieron apuestas, incluso se modelaba en el comedor principal con los diferentes nombres de los participantes junto a sus contrincantes, cada una de las personas con las que había incluso hablado en alguna ocasión de su vida.
— ¡¿Por qué mierda soy el más votado?! — Preguntó una vez Ace lo suficientemente ebrio como para arrebatar contra Thatch y Haruta por los conteos.
— Te quedaste en la tripulación porque Marco lo pidió, es sospechoso. — Relato tranquilamente el creador de todo este espectáculo.
— ¡Hubo más cosas que me ayudaron a decidir! ¡No me estoy cogiendo a Marco!
— En realidad pensamos que Marco podría cogerte, era mi hipótesis. — Haruta afirmó contando el dinero que aún se recolectaba.
— No es Ace, yoi. No me gustan tan menores. — Aunque llevaba seis años de diferencia con Shanks. — Alguien veinticinco años menor que yo no es de mi gusto en general. Sin ofender, Portgas.
— No me ofende.
— Eso es más sospechoso. — Aseguró el cocinero agregando mil berries más a su apuesta inicial.
— ¡No me acuesto con Marco!
Esa fue una de las tantas situaciones que se desencadenaron en resultado de ese juego tan absurdo, lo peor es que la persona que realmente era su amante estaba de último lugar en el podio, increíblemente pensaban que una relación sería más probable con una enfermera que con Shanks, lo cual le divirtió durante semanas, incluso la excusa de sus compañeros siempre fué a raíz de las disputas que siempre se llevaban a cabo contra el capitán de los pelirrojos.
Sus dichas “disputas”, siempre era la necedad del mayor en pedir en repetidas ocasiones que se fuera a su barco y viviera junto a él, siempre negó aquel trato, después de todo el médico de la tripulación no podría renunciar de la noche a la mañana y tampoco abandonaría a su padre siendo el segundo al mando, estando de inmediato en la línea de sucesión. Si deseaba verlo con mayor claridad, era como si los comandantes de cada división fueran los pilares que sostienen a toda su tripulación, el irse o la pronta muerte de alguno de esos pilares ponía no sólo a la división a la que estaba a cargo en riesgo de no existir sino también a la misma armonía de la tripulación en peligro.
Fueron varias ocasiones donde el mismo ejemplo fué demostrado a Shanks, pero en todas ellas fué ignorado rotundamente y simplemente continuaba pidiendo que fuera parte de su tripulación para así no estar separados nuevamente por tanto tiempo. Era un gesto tierno pero aún así debía negarse ante ello, eran barcos rivales a pesar de que se visitan con regularidad, tal como su Padre solía ser con Roger en su juventud.
— ¿Por qué estoy de último? — Preguntó Shanks la primera vez que vio el tablón de la cocina por sobre su cabeza.
— Dicen que no es probable que me acueste contigo ya que discutimos a menudo. — El bar estaba solo debido a la estridente fiesta que se llevaba a las afueras del barco, solo algunos se habían quedado vigilando las estructuras y fué sorprendente cuando el comandante de primera división decidió despachar a sus compañeros con la excusa de que él podía cuidar toda la embarcación sin problema.
No hubo negativas ante su pedido, en su lugar los hombres salieron emocionados a su encuentro con la bebida amarga y la fogata repleta de carne, su padre ya estaba durmiendo temprano debido al cambio de medicamentos que se suministraban de forma intravenosa, una enfermera estaría a cargo de sus cuidados y se mantendría en su habitación como una medida extra de seguridad. En pocas palabras, estaría libre por muchas horas.
— Debería sentirme celoso de que Ace este en el primer lugar ¿Estás seguro que solo es un juego? — Indago bebiendo directamente de la botella con un mal semblante en su rostro.
— No me gusta la gente menor que yo, yoi.
— Nos llevamos seis años. — Se quejó golpeando la parte baja de la botella sobre la madera, la misma reacción que solía tener al hablar de estos temas.
— Llevo veinticinco años con Ace, no significa que me lo vaya a coger. Además si mal no recuerdo fué un joven quién insistió tanto en que saliéramos que terminó haciéndome un oral. — Hizo alusión al acto con sus manos y lengua, viendo como el contrarió aflojaba su agarre contra el embase tan maltratado en sus manos.
— No recuerdo que hayas puesto mucha resistencia ante eso.
— ¿Quién dijo que puse resistencia alguna vez? — Se apoyó ante el soporte mirando atentamente los ojos del contrario en modo de burla, con una sonrisa altanera acompañando al Pelirrojo en su rostro. Sabían muy bien en qué terminaría todo una vez que su amante tomó posición por detrás de su puesto y comenzó a masajear sus pectorales con insistencia.
— Quizás deba hacer algo para quedar en el primer puesto ¿Qué te parece el sexo público? — Jaló rápidamente su camisa arrancando con su única mano todos los botones en el transcurso de su acción. — ¿Qué rostro pondrán los demás al saber que es mi pene quien es tragado por tu culo cada noche?
— En verdad me enrede con un lunático… — Sus labios se apagaron rápidamente y se devoraron en deseo esperando a que nadie abriera las puertas de la cocina y los encontrará en aquella posición tan indecorosa.
Sorprendentemente al día siguiente Shanks se encontraba al tope de la lista, aún la tripulación vecina no se había marchado así que su capitán pudo observar aquello con orgullo. La idea inicial era que él había subido la apuesta con dinero para molestar a los demás, pero rápidamente la desechó al conocer que no se aceptaban opciones externas a la familia. Aún con ello, la inquietud que picaba en toda su piel cuando el pelirrojo se marchó era clara, alguien sabía sobre ellos.
Una mirada al momento de la despedida también reveló la preocupación del contrario, si bien sus palabras la noche anterior eran para provocarlo, era imposible que su amante quisiera que alguno de sus nakamas les oyera tener sexo. Esto basado en las múltiples veces que se mantuvo reacio en la solicitud de tapar su pecho y cubrir la piel tatuada que sobresalía libremente al exterior, era algo absurdo pero según su misma lógica, si él cayó rendido por la idea de tocar su cuerpo, alguien más podría enamorarse por lo mismo.
— Comandante Marco. — Deuce llamó tocando levemente la puerta de su oficina, una sola señal le hizo pasar y reunirse con él en su escritorio. — Pops desea verle.
— ¿Ahora? — Era extraño que citará a una junta repentina, quizás era la proximidad de la idea que esa misma semana le habían asignado, eso correspondía más responsabilidades por los nuevos territorios que habían habilitado bajo su bandera, era una fortuna que no estuviera nadando en papeleo. — A este paso me matarán, yoi. ¿Te mencionó para que era?
— Solo que era importante.
— Comprendo, muchas gracias. Te dejo la bahía médica mientras no esté.
Se levantó de su mesa y condujo a través de los largos pasillos en busca de la habitación de su padre. Una ventaja de ser el comandante de primera división era que podía llegar rápidamente a la sala principal sin mucho esfuerzo, esto también fué planeado por él, en caso de emergencia. Su principal paciente siempre fué su Capitán, su cáncer se siguió tragando sus órganos y los desmayos o colapsos eran más frecuentes de lo que desearía alguna vez, por ello su camarote estaba debajo de la sala inicial, por ello mantenía su ventana siempre abierta en caso de salir a dar atención médica, por ello se convirtió en médico en primer lugar.
Estos rincones que más de una vez atravesó empapado en sudor y sangre, con su bata y un ejército de enfermeras detrás de sí todos asustados por un nuevo colapso que parecía peor que el anterior. Por fortuna el mal no ha llegado a los órganos importantes, en parte podría agradecer a su musculatura y anatomía de gigante por aquello, pero aún con todo eso su capitán era un reloj andante, un grano de arena que caía de a poco y que en algún momento desbordaría hasta romper por completo el vidrio llevando consigo a toda la tripulación.
— Soy Marco. — anunció luego de tocar fuertemente el gran umbral de la recámara, su padre sentado y conectado a la intravenosa le miró y sonrió amenamente.
— Pasa, cierra la puerta tras de tí. — Atendió a sus órdenes rápidamente, caminó por las enormes paredes y se instaló en la silla que siempre estaba disponible para un hijo de la familia.
— ¿Me llamó?
— Si, necesitaba saber algo. ¿Recuerdas el tablón de apuestas? — Indagó moviéndose un poco para quedar frente a su asiento.
— Lo ví esta mañana, en realidad no me molesta, después de todo no estoy viendo a nadie realmente.
— No mientas. — Agregó rápidamente dejándolo intranquilo, ahora notaba el ambiente, Pops sabía algo. — Cuando se apostó por la permanencia de Ace en el equipo, nunca accedí a invertir dinero en alguna de las opciones porque no estaba realmente seguro de que se quedará. Esto también ocurrió con varias de las ideas alocadas de tus hermanos, pero extrañamente esta mañana aposté doce mil berries a Shanks.
— ¿¡Tu!? ¿Tú pusiste a Shanks en la cima? — Las apuestas eran anónimas, después de todo las represalias y peleas eran algo que no le agradaban a la mayoría por culpa de sus juegos recurrentes, así que todos habían optado a no revelar los nombres de los contribuyentes. Pero aún con ello, nunca imaginó que su Padre dejaría de ser imparcial y elegiría un bando.
— No quería que tu amante se sintiera mal por ello, además, el mocoso de Ace vino antes para solucionar los malentendidos. Al parecer se le congela la sangre al pensar que los demás lo ven como el pasivo en una relación.
— …¿No te molesta? — Soltó lo que más le aterraba, lo que podría definir la relación con el pelirrojo o acabarla totalmente, su respuesta incluso sin saberla lo hacía ver como un mal hijo a su autopercepción.
— ¿Molestarme? — Sorprendido respondió, acercándose para acariciar su cabeza con tranquilidad. — Muchas cosas me hacen enfadar, esta no es una de ellas. Aunque no puedo negar que la situación me tiene inquieto.
— Lo siento. — Rápidamente se reverencio, ocultando su rostro ante la vergüenza que sentía al ser descubierto.
— Te enamoraste, es algo que a todos les pasa. Te ves felíz y tu semblante ha mejorado, de un tiempo para acá ya lo sabía.
— ¿Lo sabías? — Preguntó sin levantar la vista. — ¿Desde cuándo?
— Desde que tu sonrisa se hizo más amplia, cuando tenías veintiséis años. — Río un poco y tosió como consecuencia de la poca resistencia que la edad le había otorgado, el tiempo pasado no le había tratado con suavidad. — Nunca me pareció un problema, pero mi sorpresa recayó cuando nunca me lo dijiste. Dime Marco ¿He sido un mal padre?
Alzó la vista negando rápidamente, desconocía el momento en que había comenzado a llorar, pero las palabras del hombre que lo crío con tanto esmeró le llenó de culpa enormemente, y de pesar en lo más profundo del corazón. — ¡Has sido un gran padre! ¡No digas lo contrario! Solamente, estaba apenado. No es una relación oficial, no quería que estuvieras decepcionado… más de lo que debes estar ahora.
— Nunca he estado decepcionado de tí, mi amor por ti no es tan bajo como para ser reducido por algo como esto. Es tu felicidad, son tus elecciones, es tu vida. Pero debes arreglar tus cosas, soy viejo pero hasta yo sé que necesitan redefinir lo que sea que son.
— Tienes razón, hemos dado largas al asunto por muchos años.
— Bueno eso ya será entre el pelirrojo y tú. Siéntense, hablen y cojan si es necesario, son jóvenes por todos los cielos, sean felices y vivan por sueños absurdos hasta hacerlos realidad. El tiempo se los permite.
— No creo ser tan jóven, yoi.
— Aún no tienes canas, Marco. Sigues siendo un niño inexperto ante mis arrugados ojos. — Lo azul arrulló su rostro al mismo tiempo que sus grandes dedos frotaban sus mejillas con cariño.
Medito por algunos momentos, limpiando sus lágrimas y reacomodando sus lentes a su debida posición, asintiendo recurrentemente ante las ideas que brotaban en su cabeza. — ¿Puedo tomar tres días? Para arreglar todo esto.
— ¿Sólo tres días? Tómalo como parte de tus vacaciones y falta una semana, el Moby sobrevivirá sin tí.
— Dudo mucho de ello, tres días estarán bien. Tampoco debo quedarme mucho tiempo con Shanks, luego se negará a dejarme regresar, yoi. — Enrolló su camisa turquesa estirando su cuello y piernas de su corta estancia en la incómoda silla de madera.
— Se que no debo ser indiscreto, pero… ¿Por qué el pelirrojo? Hay tantos hombres menos peligrosos que él. Y hasta más lindos. — El rostro de Pops fué un poema, desde el inició sabía que no le cabría mucho la idea en la cabeza de que hubiera escogido al capitán de los pelirrojos, mucho menos que hubieran mantenido relaciones por más de diecinueve años ininterrumpidos.
— Es tierno, a su manera.
— Eso fué lo más grotesco que he escuchado, creo que Roger tuvo razón en decir que su unión sería por sobre todo peligrosa en grandes medidas.
— ¿Peligroso? Tal vez. Pero no es nada que no haya manejado antes. — Río un poco recordando el inició de su relación cuando el ansioso niño del cual estaba encantado se mostró insistente ante cualquier contacto de piel en varios momentos del día. Afortunadamente había logrado detener aquella energética necesidad en los primeros meses de sus encuentros. — No hace mucho se fueron, no deberían estar tan lejos. Lo llamaré y luego me iré.
— Marco.
— ¿Si, Pops?
— Siempre estaré agradecido con tu vida, así que no menosprecies la tuya con ideas banales. Estoy seguro que harás lo correcto, hijo mío.
— … Gracias, papá.
— Oh, y dile al Caramelo de fresa andante, que la próxima vez que venga a mi barco, debe traer más que licores si quiere que dé mi bendición.
— Eso es algo extremista, nunca consideré el hecho de casarnos, yoi.
— Y yo nunca consideré que Roger tendría razón, y creeme hijo es vergonzoso perder apuestas con muertos.
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— ¿Vendrás a Sabaody?
— Tenemos que hablar en persona, ya pedí unos días de mis vacaciones así que seguiré la vivre card que me diste. — El den den mushi de ojos azules aludía la imagen de su pollo, sus expresiones serias e incluso pequeñas monturas de lentes en tonalidades carmín.
— ¿No podemos esperar a mi regreso? Estamos en un bar esperando a Ivankov.
— No puede esperar tres meses, Shanks. Es importante, empezaré a volar para allá, no te muevas. — Rápidamente la llamada se cortó sin darle chance de responder, guardando inmediatamente el comunicador para volver a ingresar a la localidad donde se reunía su tripulación.
Al pasar entre las mesas de sus mejores hombres podías divisar como comenzaban a entrar en calor con vasos repletos de licor y desbordantes de ron añejo, la carne se pasaba con desespero por el bar que habría brindado lugar para su reunión, daba gracias que la concentración de guardias de la marina había sido mínima en los anteriores meses. El archipiélago parecía descansar un poco de los recurrentes viajes de los nobles que transitaban sin premura por las tranquilas calles de la isla.
Habían decidido el lugar de encuentro luego de varias discusiones entre el grupo de Dragon y la dirección de sus segundos al mando, un sitio para solventar detalles y por supuesto festejar. El alcohol era relevante para toda aquella discusión que se llevará a cabo con los okamas que dirigía Ivankov, sus propuestas podrían surgir desde lo más inocente hasta lo más vergonzoso que tu recóndito cerebro podría imaginar. Por lo mismo debía mantenerse en un mínimo de sobriedad antes de que el travesti optará por cruzar las puertas plegables de madera.
Avanzando hasta la barra, el lugar donde se mantenían sus compañeros más cercanos, con copas intercaladas entre vino y agua en la isla donde el gerente charlaba atentamente con Hongo y Yasopp. Deslizando su capa y extendiendo su único brazo para pedir una botella de brandy añejo para su único consumo, quitando la tapa en conjunto de que un suspiro escapaba con todos sus problemas. El encuentro con la tripulación externa no era algo alarmante, simplemente era un recuento de situaciones que se enlazaban al gobierno, una discusión e intercambio de información que solía realizarse cada tantas veces al año.
Nunca se preocupó realmente por lo que ocurría en aquellas charlas, mayormente se embriagarian y cantarían hasta el amanecer antes de tomar su lado y marcharse hasta que su siguiente encuentro fuera pactado. Como un recuerdo de su confianza y las uniones de los grupos entre si por acuerdos que traían beneficios entre ambas partes. Por su lado, la llamada de Marco le había alertado, cuando abandonó el Moby esa mañana supo que de alguna u otra forma la tripulación de Barbablanca sabía de su noviazgo, y por lo mismo quizás la charla conduciría con el final de su relación.
Sabía desde el primer día que su pajarito no estaba muy interesado en revelar que conexión le enlazaba con él ante los demás familiares del navío, siempre acepto los términos, estaba lo suficiente enamorado como para incluso aceptar lo más descabellado si eso significaba que podría estar atado a la vida de su amado por mucho más tiempo. Lo mismo fue lo que le aterró al momento de abandonar la situación, envuelto en preocupación de que el rubio decidiera terminar por completo sus encuentros causando malestar en su estómago que sólo podría ser resuelta con una gran dependencia a la bebida que no había sentido hace siglos.
— ¿Problemas en el paraíso? — Beckman consultó al verlo tan distraído con el vidrio transparente de su licor, sin haber dado un sorbo en tanto tiempo.
— Alguien supo de lo nuestro, creo que ya no tendré una relación por la cual volver después de tres meses. — Dió el primer trago, calentando su tráquea y siendo desplazada por todo el camino hasta su estómago, dejando un rastro de ardor contra la piel.
— ¿Y lo permitirás? Eso sería nuevo en tí.
— Claro que no, arrastraría a Marco al barco y lo encerraría antes de siquiera imaginar en que ya no le podré ver. — Sonrió dando una leve mirada al pelinegro antes de ahogar un lamento nuevamente contra la boquilla del Brandy. — Marco no me abandonará.
— Tu amor es algo enfermizo. — Señaló dejando su mirada vagar en los cubos de hielo del delicado vaso de vidrio que se acomodaba entre las rústicas manos del tirador.
— He estado enamorado de mi pollo desde que tengo nueve años, nunca lo has visto en una pelea. Fué tan sexy cuando se enfrentó él sólo a Rayleigh durante un día entero, y lo bien que se veía su cuerpo con apenas quince años.
— Lunático, en verdad no se como el primer comandante tan serio y distinguido aceptó entablar una relación contigo.
— Fué con perseverancia y mucho esfuerzo, debo agradecer a Yasopp por los consejos.
— Y yo debo hablar con Yasopp sobre los límites de sus consejos.
Aún intranquilo por la situación, logró escuchar el golpe de la campana en la entrada avisar la llegada del hombre de cabellos morados y estilo extravagante, había llegado envuelto en una túnica de tela desgastada y manchada, dando algunos pasos en compañía de dos miembros de su tripulación. El dueño de una paramecia que le permitía cambiar el sexo de sus contrincantes, una vista unica de lo que la fruta del diablo podría hacer en el cuerpo humano, realmente nunca supo cual fué el género inicial de su colega, pero con el tiempo entendió que eso no importaba realmente. En realidad nunca le interesó la magnitud de su poder, pero debía aceptar que era un buen truco de fiesta en momentos aburridos.
— ¡Estrellas Destellantes! No se preocupen su Reina está aquí. — Con un paseo de su mano por detrás de su cuello, la tela de su capucha se retiró rápidamente y su esponjado afro sobresalió de forma notoria.
— Ivankov, es un gusto verte nuevamente. Te ves muy bien. — Saludo levantándose de su asiento para encontrarse con el contrarió y estrechar sus manos en un apretón firme.
— Lo mismo digo, Shanks-boy. Cada vez que te veo tus sesgos siguen siendo fuertes y definidos, el estilo de vagabundo te da un toque único. — El comentario altamente intencionado había causado las risas bajas de algunos de los presentes, obviamente los novatos disimularon con alguna tos, pero sus colegas puestos al frente del bar no omitieron sus carcajadas.
— Tus comentarios, siempre tan refrescantes.
— ¿Mmm? ¿Que te sucede? Conociéndote ya habrías saltado a hacer un chiste de mal gusto sobre mi hermoso peinado. — Indagó acompañando su paso, deshaciéndose de la capa y dejándola en su antebrazo con suavidad.
— Solo estoy algo cansado, no hemos tenido la oportunidad para descansar entre tantos viajes y fiestas.
— La vida al límite de los piratas, me dan tanta envidia. Yo aún no he podido sacar mis vacaciones de la revolución, Dragon aún sigue insistente en tener todas las bases para las investigaciones del gobierno. — Dobló sus piernas tomando posición a su diestra en la mobiliaria de la taberna, haciendo leves señas al hombre que les atendía para hacer su pedido. — Una margarita, bocadillos y tu línea de ejercicio, guapo. — Guiño el ojo divertida ante la reacción del tabernero, carcajeando una vez este se dió la vuelta.
— Aseguremonos de beber hasta el amanecer. — Alzo levemente su botella antes de dar otro profundo trago, soltando un suspiro una vez el ardor recorrió sus sentidos. — ¿Que novedades traes?
— Nada realmente alarmante, Pelirrojo-boy. La Marina ha estado cazando a los piratas menores que están avanzando en los bajos mares, nos han pedido vigilar a la mayoría pero solo algunos han llamado la atención de los altos mandos. — Disfruto de su bebida una vez fué preparada, ahogándose en el dulzor que emitía y dejando la cereza al final.
— También he estado al tanto de ello, aposté por alguien para la nueva era. — Trazó con su mano libre el vacío de su extremidad a un costado de su cuerpo, sujetando los muñones que habían resultado de la amputación.
— Tu falta de brazo y las tres rayas en tu ojo, me preguntó si te hace más famoso entre las damas.
— ¿Tu que piensas?
— Los hombres con heridas y cicatrices son sexys pero no principalmente de mi gusto. A una mujer siempre le encantará aquello que les señale peligro en lugar de estabilidad. — Arrebató la fruta del talló jugando con la extensión fácilmente elastica de la unión.
— ¿Peligro? — Consideró si Marco sería de aquellas personas que consideraba atractivo el riesgo de una relación, esperaba que con toda la adrenalina que conllevaba esconderse de sus familiares para solamente tener un beso. Aquel subidón de energía les volvía más excitante cada encuentro que tenían, a escondidas de todos, con el riesgo de ser vistos o escuchados. — Ahora que lo mencionas quizás tienes algo de razón.
Pero ¿Qué sucede si ese peligro acaba?
Después de todo fué aquello que los envolvió en aquella situación, lo recóndito que su amor podría tomar forma y desarrollarse, con las escapadas en solitario mientras llevaban a cabo misiones en solitario. Marco había aceptado acostarse con él a cambio de que nadie lo supiera en su familia, no sabía si era alguno de sus hermanos, su padre, las enfermeras, alguien que los habría visto juntos y se hubiera guardado el secreto por más de diecinueve años.
Siempre pensaron que hacían todo bien, cuando incluso los horarios fueron planificados y algunos incluso memorizados en más de una ocasión para tener mayor precisión, se interroga sobre los sentimientos que ahora deben acechar a su pajarito, tal vez podría sentirse culpable, nunca deseo decepcionar a su familia, aunque nunca hicieron algo malo conocían que su relación no sería del todo aceptada por lo navegantes que subsisten junto a él diario.
Esa fué la razón tras sus múltiples ofertas a unirse a su equipo, quería que lo hicieran público, mostrarle al mundo que al fin estaba con la persona que tanto amó cuando solo era un infante que desconocía totalmente sobre el funcionamiento del mundo. Declarándose ante un rubio mayor y vendado por las peleas que anteriormente había librado, aquel joven que acarició su cabello felicitándolo por una gran batalla y asombrado por su perseverancia al mantener el paso de los más grandes.
Fué aquel fugaz recuerdo que siempre le llenó de felicidad, al que se aferró cuando las cosas iban mal, ya que había impresionado al hombre cuál cabello de oro chocaba contra el sol e iluminaba todo a su paso. Parecían destellos que reflejaban una nueva vida cada vez que llegaba firme y con la barbilla en alto en alguna habitación, su sonrisa que con el tiempo pasó de ser inexperta a una llena de confianza. Junto a perlas blancas cubiertas por gruesos y finos labios que mantenían grietas ante lo descuidado que era el fénix en su propia imagen.
Cuando regresó al nuevo mundo nunca se interesó realmente en volverlo a buscar, pero eso no evitaba que la última imagen de su despedida lo encontrará aún en sus sueños. Y de repente, un día sin siquiera planearlo, el Moby Dick apareció frente a ellos, en un día cualquiera sin algún acontecimiento importante el fénix de veinticuatro años bajo hasta su cubierta como una rápida inspección ante un barco desconocido circundando su área. Al inició no le reconoció, juntando el entrecejo cuando él apenas podía escuchar apropiadamente las preguntas por el latir tan fuerte de su corazón que envolvía la capa interna de sus oídos.
Nunca espero una relación durante sus primeros intentos, siempre fué recibido como una broma casual pedir que el poseedor de la fruta mitológica se uniera a su tripulación, obviamente con dieciocho años no lo tomo en cuenta, o sinceramente ni siquiera pensó que iba en serio, riéndose y acariciando su cabello tal cual como cuando era un infante. Eso le decepcionó, a los ojos de Marco seguía siendo un niño que con apenas nueve años pudo ser grumete del Rey de los Piratas.
“El niño de Roger” ese era su apodo cada vez que pisaba el roble antigüo y gastado del navío, recibiendolo con una sonrisa y desordenando su cabello con fuerza cada vez que tenía oportunidad. Ya estaba cansado, él nunca tomaba sus palabras como verídicas cada vez que declaraciones dulces y de amor escapaban por sus labios, la misma respuesta era otorgada como si de una línea fija se tratara.
“Pronto crecerás.”
No podía distinguir algún tipo de malicia en su declaración, simplemente había enternecimiento como cuando consuelas a un niño que se le ha caído su helado favorito de sus manos. Aún seguía viendo la distancia que ponía entre ambos, una línea fija por la cual no se atrevía a cruzar.
Por ello tomó la valentía de demostrar que había madurado, pidiendo consejos logró notar lo que su interés amoroso buscaba. Al inició podría decir que era curiosidad, la primera vez que lo arrinconó sus manos sudaban a mares y no podía evitar temblar ante la idea de ser fuertemente apartado y golpeado por el zoan, pero para su fortuna nada de eso sucedió, aunque a causa de ello no pudo verle a la cara por mucho tiempo. Yasopp estaba más que orgulloso por sus avances, nunca supo si era por subir su ánimo o se trataba de una realidad pero en cada ocasión traía un relato que coincidía en la mirada del rubio en su dirección y como está cambiaba gradualmente.
Jamás creyó que su trató hostil y lujurioso le llevará a algún lado, pero él forcejeó se volvía menor ante el transcurso del tiempo, sus insinuaciones eran respondidas con el mismo tono de voz que solía usar, y sus bromas ya no eran ignoradas. Ante sus ojos estaba siendo reconocido por el fénix y eso le agradaba a medida que el tiempo transcurría, incluso la iniciativa era tomada por el lado contrario siendo llevado a descubrir las reacciones que podía tomar del rostro de su enamorado, fué una evolución que logró ver a través de sus propios ojos.
El tiempo seguía caminando, las monturas rojas que ahora adornaban los ojos cansados de su amante, las arrugas en las esquinas de sus párpados que se desplegaba al reír, había podido observar esos avances en primera fila. Diecinueve años donde su propia mente había registrado cada centímetro de emoción producida por el contrario; diecinueve años que probablemente acababan ese día…
Yendo por su sexta botella de la noche, el ambiente cubierto de carcajadas y gritos emocionados por bailes y cánticos que sus hombres expresaban a través de su propia ebriedad, moviendo su propio contenedor de licor de un lado a otro en concordancia con los mismos movimientos que la okama a su lado, pidiendo aún más alcohol mientras observaban la luna descender sobre sus cabezas y la completa oscuridad ser alejada por unas pocas velas que empañaron las ventanas en humo ligero por el frío que acechaba el archipiélago.
— ¡Así que temes que tu relación acabe si hablan hoy! ¡Shanks-boy! ¡Debes relajarte y dejar la negativa de lado! — Desconocía el momento en que Ivankov se encontraba discutiendo junto a él sobre sus problemas amorosos, pero le servía de apoyo para no ahogar sus problemas en el fondo del vino.
— ¿¡Cómo relajarme!? No quiero que se vaya y luego vivir con el recuerdo de lo que fué.
— ¡Ven conmigo! ¡Se como ayudarte! — Jalo su camisa insistentemente a una de las mesas más retiradas del lugar, donde sus acompañantes habían tomado asiento para llevar una reunión más tranquila y bajo su propio ritmo. — Inazuma, Cielo. Necesito traigas mis herramientas.
— ¿Herramientas? ¿Qué planeas hacerme? — Interrogó viendo al colorado correr para acatar las órdenes.
— Nada de lo que debas alarmarte. Tibany, Linda. ¡Trae un vestido talla once de lentejuelas rojo candente!
— ¿Vestido?
— Es solo un decir, no pongas tanta atención y simplemente déjame hacer mi arte. Te lo prometo, Cariño; te sentirás renovado una vez todo acabé.
Sus ayudantes estuvieron de vuelta en segundos, no entendía como su velocidad les permitió arribar al puerto más cercano y traer todo lo necesario. Pilas de cajas repletas de maquillaje abarcan las dos mesas frente a él con un olor extravagante, de pronto y sin mucha platica uno de sus ayudantes se encarga de arreglar su cabello mientras que el otro arrastrar una brocha de tonalidades pálidas en sus mejillas y lo extiende por todas las orillas de su piel.
La curiosidad atrajó a los demás compañeros de marea que viajaban a su lado, algunos reían, otros opinaban seriamente con el travesti sobre los accesorios a utilizar. Cada detalle era votado por sus demás abanderados, Beckman incluso llegó a sugerir un color de sombras más oscuro en concordancia con el color de su cabello. Hasta Limejuice ayudó a colocar las uñas postizas que habían sacado del montón de cosas traídas por Ivankov.
Las bebidas siguen traspasando cada mano mientras que es el enfoque principal y cierta atracción del bar en el que se aloja. De un momento a otro incluso los hombres que habían sido delegados al puerto se turnaban para reírse de su propio espectáculo, eso llamó la atención de varios y las apuestas no dudaron en surgir, eligiendo tacones en lo extremo altos para presenciar una teoría sobre el sentido de equilibrio en su fuerte cuerpo.
— No, no, no. Lo están arruinando, sigamos con la paleta de colores inicial. — Les detuvo Yasopp observando las diferentes tonalidades que los novatos mezclaban por décima vez en sus párpados.
— ¿No están yendo más arriba de mi ceja? — Dudo de que lo estuvieran maquillando adecuadamente, parecía ser un muñeco ante las diferentes posiciones en que podían colocar su rostro para detallar el delineado de sus párpados.
— Shhhh, calladito te ves más bonito. — insistió el colega rubio del travesti mientras delineaba de rojo centelleante sus pómulos y esparcía el mismo contenido con una brocha plana.
— A ver desde cuándo esto se volvió un circo. Dejen ventilar la creatividad de mi cuerpo e ingenio, Flu flu voló. — A empujones comenzó a desplazar a las personas que anteriormente jugaban con algunos elementos de la mesa y estropeaban el proceso que irónicamente si le ayudaba a despejar la mente.
— Oh, vamos. También queremos pintar al payaso.
— Payaso su abuela de mal gusto, mis obras son alabanzas a la libertad de mi sentimiento, vuelvo a escuchar algún comentario de estos moscorrofios y me vuelvo gata que rasguña.
Algunos no pudieron evitar las risas entre la riña que presenciaban, otros se habían retirado entre susurros sospechosos y algunos arrastres de madera sobre el suelo sedimentario que las instalaciones poseía. Relajó sus ojos dejando que el trabajo continuará, otra capa de polvo fué colocada al término de algún colorante que detalla aún más la parte superior de sus ojos, más de una ocasión pudo percibir cómo el lápiz de la maquillista era dirigido a la unión de su cabello y frente. Y después de los jalones y pellizcos por parte de los organizadores aprendió a no seguir preguntando.
Un lazo fué atado por debajo de su mandíbula, podía sentir como el peso nuevo de la peluca enviaba hacia atrás la base de su cráneo y los bufidos eran silenciados por las modistas que ahora se encargaban de sus zapatos, retirando varías prendas en el camino y asegurando en más de una ocasión que no les interesaba lo que sus pantalones escondían con tanto recelo. Nuevamente un peso nuevo se atrajó por debajo de su cuello, joyas fueron expuestas en su clavícula una vez el chaleco fue colocado.
Gruesa tela empapada de tinte carmín intenso con centenares de trozos rotos de lo que parecían espejos delicadamente colocados en diagonal y siguiendo una determinada secuencia uno tras otro. Habían pedido su colaboración para colocar los entubados acampanados que cernian sobre sus piernas, de las mismas características que la parte superior. Perlas colgaban de su única mano y un pañuelo era atado en la cercanía de su hombro con fuerza, hasta lo restante de su anterior brazo izquierdo fué cubierta de joyas del mismo tipo que rodeaba los otros rincones del atuendo.
— Apoyate en mí para los tacones. — El alto hombre que había luchado con la peluca anteriormente ahora prestaba su brazo mientras los otros dos colocaban los zapatos con total concentración a que aquellos fueran de su talla.
— Gracias… — Mantuvo su mirada en el calzado que le era colocado con tanto esmeró, esté a diferencia de las demás prendas no contaba con piedras ni ornamentas estrafalarias, pero vaya que lo compensaba en altura. — Dime la verdad ¿Me veo lindo? — Bromeó pasando su mano por su mentón en un gesto rápido antes de notar que parte de su barbilla también poseía pedrería.
— Creo que el propósito de la Señora Ivankov quedó demostrado.
— Qué forma más elegante de ignorar la pregunta…
— Vamos, Shanksia. Estás en las mejores manos que Grand Line podría crear. Y el día de hoy hice magia, más que ello, he creado un milagro y finalmente mi corazón de Okama y Reina ha quedado satisfecho. — Lágrimas falsas brotaron de sus enormes ojos uno tras otro detallando la creación, jalando eventualmente su brazo y dándole soporte junto a Inazuma para conducirlo al escenario principal.
Sus hombres habían desplegado una mesa tras otra con el suficiente soporte para fabricar una pasarela, obviamente le vieron con gracia al salir caminando cual cervatillo por su propia cuenta ante la aguja de veinte centímetros que realzaba su figura y aumenta su estatura de maneras sobrehumanas. Por primera vez podría decir que entendía la incomodidad de las mujeres en usar tan peligrosos aparatos, sus tobillos se habían doblado con fuerza en más de un momento mientras tropezaba en su camino a la construcción de modelaje, obviamente iba según lo recomendado, con el pecho en frente, el pequeño bolso que no contenía absolutamente nada y equilibrando el centro de gravedad de su cuerpo ante el pesado bulto de plumas que anidaba en su cabeza.
Varios silbidos fueron dirigidos a su persona, y la taberna que en algún momento había estado medianamente llena ahora desbordaba de navegantes curiosos de ver a su capitán, es decir, capitana vestida con un traje de Drag Queen totalmente empleado en su cuerpo. Era divertido pensar que era el mismo sujeto de que los altos mandos de la Marina huían asustados y con la cola entre las patas, evitando cualquier riña ante el yonkou de la época y uno de los más fuertes en el nuevo mundo. Irónico que aún con el manejo de todos los hakis ninguno de ellos era de ayuda para atravesar la pasarela improvisada.
— ¡Capitana! ¡Una pose!
— ¡Capitana! ¡Una vuelta! ¡Vamos, una vuelta! — Las risas estallaron entre los comentarios que se lanzaban sus nakamas codeandose entre bromas, por su lado mantenía lo mejor posible el equilibrio y la altura ya no parecía ser un gran problema. Llegando incluso a posar según lo indicado por los novatos.
— ¡Jefe se le ven los huevos! — Exclamó Yassop en tono divertido.
— ¡Es parte del servicio! — Lanzó con voz aguda y moviendo constantemente su bolso en cada paso que daba por sobre la madera, se atrevió incluso a saltar y dar vueltas sobre la débil estructura, lo que eventualmente lo llevó al suelo.
— El Jefe de travesti ahora es más lindo que el Jefe normal.
— ¡Travesti no! Drag Queen, respete.
Carcajadas movieron las paredes en sacudidas violentas, incluso el suelo tembló algunos instantes ante los movimientos bruscos de sus compañeros, algunas botellas y vasos de vidrio descendieron con rapidez hasta el suelo estrellándose en montones de cristales. Ya debían tener en cuenta que el costo de su estancia aumentaría a los ojos del bartender pero aún podía verlo divertirse en conjunto con sus hombres. Fué ayudado por algunos que se acercaron a su rescate, podría ya saber manejar lo básico del calzado pero aún seguía sin idea alguna de cómo iniciar el recorrido.
Instantes de emoción fué lo que les llenó enormemente mientras repetían una ronda más, todos entusiastas de que volviera a subir a desfilar. Pero nunca debieron omitir el efecto que en un inicio quisieron abordar en el Archipiélago Sabaody, claro este no era su territorio, eso rememoró cuando la gorra inconfundible de Marines que rodearon las zonas allegadas del terreno que habían empleado para su “reunión absolutamente discreta”. Obviamente el tumulto de personas había aumentado en conjunto de que las acciones del Travesti llamaban la atención de los entrometidos que debían vigilar los alrededores inmediatos a su localidad.
— ¡Brutas la Marina! — Su voz alcanzó penetrar el bullicio de la gente y la fiesta por completo, en un tiempo casi a la par los oficiales armados comenzaron a arremeter en armas contra las pocas personas que luchaban en riña en las afueras.
Sin dudarlo mucho decidió tomar la huida trasera. Peleará, eso era un hecho que incluso los imbéciles de la ley tenían en frente al momento de decidir apresarlos, pero obviamente no lo haría en tacones y vestido de travesti. Tenía un estatus que proteger como yonkou, y aunque solía hacer cosas divertidas como aquellas no sería de su total agrado si aquella información e imágenes, que frecuentemente solían difundir los perros del gobierno, llegarán a manos de aquellos que codiciaban su lugar. Y en algún lugar, muy escondido de su mente aún mantenía una pequeña gota de dignidad y deseaba preservarla.
Atravesando las puertas y caminando lo mejor que podía con los zapatos despampanantes que rodeaban por encima de sus tobillos y lo mantienen anclado a un límite de velocidad, intentó dirigirse lo más pronto posible a los límites del bosque; con árboles los suficientemente altos como para ocultarlo por un par de horas hasta que las aguas se calmaran y fuera seguro salir. Agradece no sentir la presencia de los vice almirantes en los alrededores, tener que luchar era lo menos que necesitaba ese día con todas las cosas que acechaban su cabeza últimamente.
— Oh, discúlpeme, Señora. — Un joven que chocó contra su hombro se apresuró a ayudarle a mantener nuevamente su equilibrio, portando una capa que cubría gran parte de su cabeza y con la altitud que las plataformas le brindaban era difícil visualizar su rostro.
— No soy una Señora, pero gracias. — Agrego apenado, rechazando su ayuda para incorporarse en un equilibrio por su propia cuenta.
— Espera… ¿Shanks?
La voz chocó rápidamente contra sus oídos, giró de inmediato a tirar la tela que cubría el cabello tan característico de su amante, sus ojos repletos de impresión no dejaban de detallar con gran maravilla y asombro cada parte del vestuario. — Mierda. Marco…
¿Cuándo fué que todo empezó a marchar al Sur?
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Había seguido la vivre card todo el camino hasta Sabaody, encubriendo su identidad aún si no habían guardias merodeando por las zonas comerciales y el lugar estuviera inquietamente tranquilo, no podía bajar la guardía en un lugar tan central para las comunes vigilancias y arrestos que solía planear la Marina. Decidido a tomar aquel tiempo extra con calma, se registró en un hotel para guardar su poco equipaje, algunos ex miembros de la tripulación habían montado negocios a los alrededores de las islas y podía asegurar por la cantidad de hijos que preservaba Barbablanca bajo su mando que el territorio estaría asegurado aún si solo iba de visita.
Tomándose las cosas con calma, entro a un bar que por las afueras parecía cerrado, una pequeña señal de su bandera estaba rayado en pequeños trazos sobre la madera del umbral, una zona que se había designado a los tripulantes de su navío, siendo cuidada cada tanto por hombres que cambiaban sus turnos entre cada mes. Dentro podrías encontrar escondido algo de dinero, licor e incluso comida, aunque no era abierto al público nunca se levantó la sospecha de que esta era una bodega recargable para los diferentes miembros que requerían ayuda.
Estaba sucio, la mayoría del polvo lo hizo estornudar y toser. No recordaba haber asignado a alguien a la limpieza del establecimiento, pero aún guardaba las esperanzas de que las ratas no deshicieran el pan y acompañamientos de ese mes. Apartó la tela extra, subiendo sus mangas y abriendo un par de ventanas para dejar que la ventilación llevará el olor a baúl que se encerraba en la barra. Sacudió la tela de las pocas mesas y aseguró la escoba en sus manos para trazar en el suelo e intentar desplazar la suciedad a alguna esquina cercana, monstruosamente había aún más mugre mientras más limpiaba, el lado bueno es que parecía que la madera (la cual era realmente de un color claro, en lugar de roble oscuro) podía verse detrás de las capas de inmundicia.
Era una buena forma de hacer más ligero el tiempo, vertiendo cantidades moderadas de jabón en el suelo y raspando el abeto con fuerza hasta hacerlo brillar. Debía encontrar una solución una vez regresara al Moby, el personal parecía saltar algunas de sus obligaciones con tal de cumplir simplemente con el repartimiento mensual de bienes; un miedo intenso se apoderó de su cuerpo antes de siquiera dar una ojeada a la alacena, si solamente habían arrojado la comida nueva sin retirar la antigua del refrigerador se aseguraría de asesinar a todo la división de Namur y en consecuencia también a su comandante como acción colateral.
— Nada parece realmente podrido. — Olfateo al dar sus primeros pasos, nada parecía estar mal así que su Padre se había salvado de observar un genocidio y la eliminación de uno de sus pilares principales.
Ató un pañuelo para evitar ensuciar su cabello, ya había pescado el olor del lugar, no deseaba también poseer todas las partículas que viajaban en el aire al encontrarse con Shanks. Había llegado antes de lo previsto así que debería darle algo de tiempo para no interrumpir sus labores, no deseaba ser una molestia en sus negociaciones y charlas anuales ya que al final del día él era el encargado de su propio barco, podía entender a medias sus responsabilidades y labores así que el peso de algunas de sus acciones inclinaría la balanza eventualmente. Recogiendo los trapos sucios pudo sentir su den den mushi personal vibrar por debajo de su camisa, al alzar el que compartía con el Pelirrojo estaba apagado contrario al principal del Moby que repetía estridentemente en aviso una llamada entrante.
— Aquí Marco, yoi. — Respondió al presionar el intercomunicador.
— Es Haruta. Padre pregunta si ya has llegado al Archipiélago Sabaody; no te habías reportado así que pensamos que te habías hundido en el mar.
— Eso es lindo de tu parte. No hubo contratiempos y ya llegué, estoy ordenando la alacena de la octava división.
— ¿Eso es un nuevo código para sexo? — La voz de Thatch interrumpió la señal, demostrando que no habían llamado para evaluar su estado solamente.
— Mi amante no está aquí. — Mintió, después de todo no era de su total conocimiento la causa de su repentina ida. — ¿Quién más está allí?
— Izo llamó hace un rato e hizo su apuesta, y Ace está tratando de convencerlo que no son pareja. — Una discusión se hizo aún más notoria, quizás lo acercaron al lugar de los hechos donde se escuchaba al comandante de la segunda división afónico de tanto hablar.
— ¡No soy gay! ¡Me gustan las mujeres de pechos grandes!
— Marco tiene un buen frente. — Izo recalcó.
— ¡Que no me acuesto con él! — Un golpe sordo detonó en su tímpano, luego de murmullos y quizás el repentino sonido de que habían abierto una ventana.
— Marco, llámanos luego. Ace está incendiando el pasillo. — La voz del cocinero predominó por sobre algunos gritos y quejidos externos antes de colgar y cerrar cualquier conversación.
Sonrió divertido ante las ocurrencias de su hogar, a este paso debía determinar la relación con el Yonkou antes de que el puño de fuego de Ace terminará por destruir todas las habitaciones importantes hasta reducirlas a cenizas. Si resultaba ser una conversación efectiva darían por terminada el ridículo juego que sus hermanos habían iniciado, y si este no era el caso deberían atormentar a Portgas hasta que un nuevo tema se lleve la atención de todo el barco.
Era un golpe de agua fría haber mantenido una conversación con su Padre. No podía omitir que dió largas al asunto de su relación, siempre existió un mínimo miedo atrapado en su corazón sobre cómo acabarían las cosas. El acto carnal había sido lo esencial de su vida como pareja, no tenían un título claro de lo que cometían solo sabían que si nadie resulta herido era un sinónimo de que estaban hechos el uno para el otro aunque no identificaran los hilos que les ataban. Mientras más lo meditaba, más caía en cuenta que esa falta de comunicación puede haber traído a colación varios malentendidos entre ambos.
“Novios”, “Prometidos”, “Esposos”. Algo muy diferente a solo “Amantes” algo que sonaba incluso poderoso y capaz de intercambiar el cielo por la tierra en un segundo, la unión del alma atando y envolviendo fuertemente el corazón como un ancla que evitaba a la sangre dejar llevar los coágulos de purpurina. Una entidad soñada de lo que parecía la perfección, nunca se dejó cegar por los deseos lúbricos que tanto movían su interior, aprendió a controlarlos a convertir esa ancla en un yunque inmovil que no deseara lo que no merecía ni sabía aceptar. Fué así hasta que el joven de veinte años comenzó a cortejarlo, ignorante creyó que ceder a sus acciones solo lo harían retroceder, luego consideró que un beso le haría arrepentirse, después creyó que dormir con él apartaría su curiosidad.
Pero contra viento y marea eso solo le obsesionó aún más, a un punto casi irreversible y que amenazaba por devorarlo vivo o preservarlo en la esquina de la habitación hasta que la última pluma de su fénix desapareciera, o en el momento en que su aliento se volviera polvo y retornará al mar. Esa ilusión que conllevo a ser una muñeca de porcelana, inquebrantable y adorada cada día, en cada momento, por cada instante y vez que era observada. Una duda surgió ante los atentos toques y roces, al general cuidado de cada instancia de su piel y al seguimiento de cada marca que su cuerpo ocultaba bajo prendas.
Le hacía preguntarse si eso era lo que significaba ser totalmente amado.
O si sólo era resultado de la manía de un hombre que nunca logró comprender.
Viendo la hora en su pared y la oscuridad besar por completo el suelo del lugar, se dispuso a salir en busca de Shanks. Las dudas que ahora transpiraba a cada segundo parecían ahogarlo en cada paso que la vivre card le llevaba, algo enredado por las calles, tropezando incluso con el mínimo montículo de tierra en el camino y con ganas de morder sus uñas en más de una ocasión, esto era tener el nerviosismo a flor de piel. Sentirse como una doncella que aguardaba en el puerto, con el corazón latiendo descontroladamente y a punto de salir por su boca hasta llegar a sus manos; manteniendo la garganta seca y rasposa a un límite de poder escupir sangre y pétalos de rosas, si no fuera imposible por su anatomía.
El papel parecía temblar al compás de su mano, manteniéndola débilmente alzada en contra de la túnica marrón oscuro que cubría su cuerpo, caminando despacio buscando no llamar la suficiente atención al momento de ver guardias recorrer con rapidez las instalaciones adyacentes a un viejo y gastado bar. Decidió guardar espera en un lugar cercano, manteniendo vigilancia sobre lo que ocurría a las afueras, varios hombres del Pelirrojo entraban y salían algo borrachos por no decir que estaban ebrios en su totalidad; llamando a otros, jalando y bailando mientras lanzaban alaridos.
Obviamente los pocos infantes que se mantenían cerca tenían una sola misión al tomar formación, la madera de afuera tenía el Rolly Roger de Shanks por lo tanto podía suponer que eran estúpidos o simplemente seguían ciegamente órdenes de algún superior, y en eso si podría atinar que era un estupido. No tenía el afán de entrometerse en asuntos privados de los soldados, pero debían aceptar que gran parte de su locura debía proceder de algún lado que le faltará materia gris. Camino con tranquilidad no había necesidad de algún guiador para saber que su amante sería desechado por la puerta trasera, con las altas horas de la noche podía atinar que estaba parcialmente fuera de sí, lo que parecía ser beneficioso si quería mantener una conversación tranquila y abierta con el capitán.
Los gritos no tardaron en llegar cuando ya se encontraba en la parte opuesta de la lucha, algunos disparos fueron altos alarmantes de los sucesos que marcarían los periódicos como necesarios para la alta defensa de los principios humanos. Las personas normales comenzaron a correr y a cundir en pánico, solo le quedaba esperar ante el revuelo que escapaba a montones de la salida del bar, varios piratas reían y se tropezaban. Imagino que solo se quedarían los tontos que necesitan elevar su rango entre sus demás compañeros, los que en verdad ya no requerían más guerrillas se irían pacíficamente y no causarían estragos por lo que continuaba de la noche.
Estirando su cuello para visualizar más allá de la multitud alguna cabeza plagada de cabellos lacios y de aspecto mugriento o descuidado entre los hombres que tomaban direcciones distintas al bosque. Siendo empujado más de una vez e insultado al interrumpir su transcurso de huida y escondite, era de su conocimiento que estaba algo atravesado en el camino de los novatos pero no podía hacer más si deseaba encontrar al capitán. Y en algún momento alguien lo empujo lo suficientemente fuerte como para chocar con una alta mujer de cabellos carmín y traje extravagante.
— Oh, discúlpeme, Señora. — Le ayudó a recuperarse, los tacones parecían ser lo suficientemente afilados y altos como para atravesar el cuello de un hombre.
— No soy una Señora, pero gracias. — Al inició vino a su mente que podría ser algún travesti que viajaba con Ivankov al notar la dura tonalidad de su voz, pero mientras más envolvían sus oídos el sonido más claro aparecía la imágen de otra persona en su mente.
— Espera… ¿Shanks? — Escupió débilmente, encontrando sus rasgos tan marcados por debajo de todo aquel maquillaje.
El contrarió también pareció reconocer el sonido de sus palabras, tirando de su capucha en cierta brusquedad para luego quedar paralizado en su lugar. — Mierda. Marco…
Quedaron estáticos por algunos momentos, detalló cada pequeño azulejo que estaba adherido fuertemente a la tela que aparentaba cuero fuerte y grueso, cubriendo cada esquina de su tórax y anidando de forma entallada la figura que ocultaba el menor tras sus ropas holgadas ocasionales, le sorprendió saber que tenía una cintura tan bien definida y en el mejor de los casos que los brillos en sus párpados acentuaron aún más sus ojos escarlatas. Pero, aún con todo lo nuevo no pudo evitar bufar ante la simple idea de verlo disfrazado de Drag Queen.
— No finjas que no te da risa. — Seriamente apuntó a su dirección moviendo el bolso en compañía de sus acciones, haciendo que fuera casi imposible aguantar la respiración.
— Te ves ridículo. — Apretó sus dientes en un intento de no carcajear, apretando consecuentemente su mano contra sus labios y rostro suprimiendo el ruido. Shanks pareció caer en lo mismo, mirándole divertido y mordiendo su labio con insistencia. — Ni siquiera preguntaré qué haces vestido así, yoi.
— Ivankov.
— Lo imaginé. La peluca me dió una pista. — Señaló acariciando un poco del cabello sintético que imita débilmente el color genuino.
— Creí que las lentejuelas lo harían aún más evidentes. — Bajó el tono de su voz, acercándose para enganchar su mano alrededor de su cintura.
— Creí que era un nuevo look que intentaban probar, la moda del este es diferente según las épocas de año.
— Pollito. — Apoyo parte de su cuerpo sobre su hombro, dejándolo como soporte principal para el equilibrio que necesitaba. — Solo admítelo, me veo hermoso con cualquier cosa que me ponga.
— Eso es un hecho, Muñeca. — Escucho el chasquido entre dientes del contrario, aprisionando su cuerpo aún más cerca del suyo.
— Recuerda que aunque me vea así aún puedo dominarte en la cama.
— Eso lo sé. Los tacones le quitan toda la seriedad, yoi.
— Los tacones son asombrosos, me siento poderoso y mi pecho se ha abierto es como si respirará un nuevo aire que con el calzado anterior no sentía.
— Ahora temo que esto sea algo común, pero si decides usar un nuevo par de zapatos no me opondré. Será algo divertido. — Beso su mejilla y arrullo su rostro en suaves caricias, el Pelirrojo se separó un poco para enfocarse en el sentimiento mirándole fijamente.
— Si tu lo dices puedo llegar a considerarlo. — Con su pulgar apretó y formó pequeños círculos en sus pómulos, tirando la piel y estirando sus rasgos. — Eres tan lindo, Marco. Quisiera comerte a besos.
— ¿Entonces…? — Un estallido resonó fuertemente y un sentimiento próximo recorrió su espalda, instintivamente empujó a su pareja al momento en que una bala cruzó el lugar que anteriormente ocupaban. — Oh, claro. La Marina.
— ¡Rindanse en nombre del gobierno mundial! — El rifle brilló por sobre toda la oscuridad, varios hombres los rodearon en segundos todos uniformados y con sus armas apuntando firmemente a ellos.
— ¿Crees poder usar Haki? — Preguntó alzando sus manos ante los marines.
— Me prohibieron llamar la atención.
— Y lo dices vestido de esa forma, yoi. — Tomando posición firme y caminando en dirección a la brigada que disparaba con cierta insistencia, su cuerpo atrapaba las balas y las restantes eran contrarrestadas con movimientos rápidos. Al momento de darse cuenta de su identidad ya una garra golpeaba hasta el cansancio a sus oponentes. — ¡Será mejor que sepas correr!
Un ala golpeó el aire enviando una rafaga de viento entremezclado con fuego en tonalidades turquesa, los hombres siendo ignorantes comenzaron a apagar las llamas en escándalos imaginando que esta era abrasiva cuando el hecho resultaba ser contrario y desperdiciaban una cantidad considerada de llama vital. Aún así no desaprovecharon la oportunidad, corriendo con fuerza y algunos tropezones al interior del bosque, los altos árboles y las burbujas que les rodeaban hacía que su rastro fuera fácil de perder, también estaba el hecho de que varios marineros habían elegido escapar por los mismos medios.
Tirando fuertemente de la unión entre ambas manos, saltando sobre las raíces y con sus garras aferrándose a cualquier superficie plana o segura que lograba encontrar, rompiendo incluso los obstáculos minúsculos que se atravesaban en su camino. Claro el viento les golpeaba con fuerza, empañando su rostro con el agua que se conservaba en la atmósfera y a colación un recuerdo corto apareció en su mente, siendo arrastrado por el pelirrojo a una aventura cuando apenas era un niño. Deseante de conocimiento se adentra a las llanuras con una personalidad explosiva, haciéndolo correr y saltar por todas partes. El niño de ese entonces de alguna forma le llenó de paz momentáneamente.
— ¿Recuerdas la dirección de tu barco? — Indagó una vez estuvieron lo suficientemente lejos del pueblo, la luz ahora era filtrada por los pocos rayos de luna que traspasaba las suaves hojas revoloteantes. — ¿Shanks? — Regresó su mirada al no escuchar respuesta encontrando al mismo a un instante del colapso. — ¿Estás bien?
— Creo que ya se el porque las mujeres odian estas cosas. — Tomó asiento apartando el seguro de los calzados y sacudiendo a los mismos con furia una vez estos estuvieron flojos. — Esto es una tortura…
— Veo que ya no te parecen tan fantásticos. — Se acercó tomando asiento frente a su amante y ayudando para quitar el tacón faltante, dejándolo a un costado vió las medias blancas que cubrían el rastro de sus piernas y sus manos envolvieron el lugar prominente dando pequeños masajes en la parte inflamada.
— Marco.
— Dime. — Continúo su labor, empujando la piel con sus dedos y presionando con fuerza para regresar su mirada breves segundos antes de volver a los pies magullados.
— Si sigues así creo que podría tener un orgasmo.
Y allí soltó una carcajada, apartando su rostro y cerrando con fuerza sus ojos sintiendo con fuerza como su torso se comprimía rítmicamente en cada respiración que lograba apenas mantener en sus pulmones sin ser soltada junto a un leve ahogo. El contrario no se encontraba menos afectado, los sonidos de su risa creaban una leve resonancia entre la madera de los árboles antes de regresar de nuevo a ambos, un círculo perfecto que se siguió repitiendo en el transcurso del tiempo en que permanecían juntos.
— Déjame también quitar esa peluca. — Se estiró lo suficiente para desabrochar el gancho debajo de su barbilla y los demás lazos que la mantenían estable.
— Oh, siento mi cerebro otra vez. — Rasco su cuero cabelludo con fuerza mientras suspiraba en alivió puro.
— ¿Alguna vez tuviste uno?
— Claro que sí. Después de todo, ahí has estado viviendo sin pagar renta. — Los malos coqueteos eran parte de la rutina ocasional de Shanks, eso y los tratos sorpresivos de afecto.
— Estoy reconsiderando seriamente ayudarte. — Tomó las prendas sueltas del contrarió y las empujó contra su pecho destellante.
— Tu corazón de pollo no me dejaría aquí tirado. — Se levantó marcando la gran diferencia de tamaño entre ambos aún sin los quince centímetros extra.
— Mi “corazón de pollo” fue el que hizo que no te dejará con la Marina.
— Grácias por no emprender vuelo sin mí, Cielo.
— Aún es peligroso mantenernos aquí ¿Iremos a tu barco? — Comentó iniciando su ruta hacía los muelles siendo detenido segundos después por un leve tirón de su capa. — ¿No quieres regresar?
— No de esta forma. — Señaló la ropa que portaba con un rostro que atinaba a lo obvio.
— Si mal no recuerdo, estuviste en un bar con varios de tus hombres disfrazado de esta forma ¿En serio te preocupa que te vean así?
— Quiero conservar algo de dignidad.
— Oh Linda, eso se fué cuando te maquillaron. — Golpeó suavemente su rostro, en específico la mejilla en tonos blancos repleta de polvos cosméticos que se quedaron impregnados entre sus dedos al finalizar la acción. — ¿Qué sugieres?
— ¿Dónde te estás quedando?
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— Bienvenido de vuelta, Señor Newgate. — El amable jóven que atendía la recepción le recibió con un pequeño saludo, inclinándose innecesariamente ante su presencia; era incómodo pero no podía hacer nada si ya se había vuelto costumbre.
— ¿Alguna llamada mientras no estuve? — Se acercó a firmar su entrada, cada miembro de la tripulación debía tener un seguro en caso de investigaciones en su contra por lo que tener un testigo o dos era siempre un buen respaldo.
— Ninguna… Disculpe la falta. Pero, ¿Quién es la Señora que le acompaña?
Detrás de sí la figura musculada del Pelirrojo se alzaba observando el pergamino que llenaba con tranquilidad, dando leves miradas al muchacho que les atendía con cierta molestia. — Shanks.
— ¿Estás segura, muñeca? — Mencionó con cierto sarcasmo ante la respuesta grave de su amante.
— No sea atrevido. Soy realmente Shanks. — Señaló directamente al cartel que adornaba la pared del aficionado, entre ellas estaban su propia recompensa y unos pocos centímetros a la derecha se encontraba la del Travesti que era su pareja. — Mira, estoy ahí.
— Y yo soy GolD Roger. — Completo tomando entre manos las páginas y guardandolas nuevamente, girando a buscar las llaves de su recamara.
— No te emociones tanto en revelar tu identidad, yoi. Recuerda que estamos siendo perseguidos por la Marina. — Una leve mirada bastó para ver las figuras de los uniformados recorrer el cristal principal con intenciones directas de ingresar al local. — Hablando del Rey.
Tomó la muñeca del contrario arrastrándolo por detrás de la barra de recibimiento, escondiéndose en el único espacio vacío que no era ocupado por montañas de artículos de limpieza. El vigía del hotel entendió la situación rápidamente y se mantuvo en posición esbozando una gran sonrisa ante los Marines que empujaban apresuradamente las grandes y refinadas puertas de cristal. Un golpe tras otro penetraba ante los tablones del suelo siendo contados los trece pasos que llevaba con lentitud por todo el largo del recorrido.
— Buenas noches, ¿Hay algo en que pueda ayudarle? — Recibió cordialmente como si de cualquier inquilino se tratará.
— ¿Ha visto alguna persona sospechosa últimamente? — Fué al punto batiendo sus dedos contra la madera de la mesa en leves tamborileos.
— ¿Sospechoso? No hay nadie que resalte realmente entre los turistas de hoy.
— ¿Está bien si hacemos un recorrido por sus instalaciones?
— Si no molestan a los inquilinos el gobierno es libre de inspeccionar.
El silencio se llevó a cabo por algunos minutos, murmullos fueron lo que llenó el espacio tan incómodo que mantenían en la entrada. Rápidamente al momento de repartir sus labores múltiples pasos condujeron a direcciónes distintas dentro de la edificación, pasos de militares que andaban cual robot marchando en derecha luego de izquierda y por detrás de sus manos encorvadas. Estaba agradecido de no haber subido antes de la llegada de los uniformados, de seguro ya le habían puesto el ojo a su habitación mucho antes de su arribar a la isla esa tarde.
Aguardando mientras el reloj marcaba el paso y las pisadas hacían menor eco en los pasillos. Fue entonces cuando todo se mantuvo en calma que el encargado los dirigió al pasillo que conectaba a la salida trasera de emergencia. Tirando unas llaves con rapidez y regresando a su puesto directamente; condujo en silencio por la oscuridad encendiendo parte de sus llamas para no tropezar con los objetos repartidos en el suelo en completo desorden. Jalando la muñeca de su amante en suaves tirones intentando que la flama no se intensificará ante los fuertes latidos de su corazón, respirando profundamente una vez las llaves giraron correctamente en el cerrojo de la puerta roja.
— ¿A dónde iremos ahora? — Indaga una vez el fuerte viento del callejón chocó contra sus cuerpos.
— Tengo un lugar en mente…
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— ¿Un bar? ¿Planeas emborracharme, pajarito? — Las luces apagadas rodeaban el lugar, había asegurado cada entrada y salida con llave previo a ir a su encuentro por lo que ningún marinero pudo haber ingresado o requisado.
— Es solo la fachada, es el almacén de una de las divisiones. Es usado en caso de necesitar alojamiento inmediato en Sabaody, ergo nuestra situación actual. — Empujo la puerta ingresando rápidamente al interior enciendo un par de luces en su camino a la barra.
— Es un lindo lugar. — Comentó cerrando la puerta e ingresando con tranquilidad, tocando las mesas y deslizando sus dedos por todo el ancho de la madera
— Pase toda la tarde limpiando, tal parece mis hermanos no saben el sentido esencial del orden. — Cubrió las ventanas con cortinas, asegurando las salidas con llave o muebles, atascando los pestillos con cada mobiliaria.
— Eres lindo cuando te ves enojado, Cielo. — Una mano ajena navegó por debajo de su ropa, dejando huellas en su piel donde los callos se frotaban con fuerza en su abdomen.
— Si intentas coquetearme no lo hagas disfrazado de travesti. — Acarició la barbilla que se posaba por su hombro manchando nuevamente parte de sus falanges con maquillaje. — Ugh, ve al baño a quitar la pintura de tu cara. Buscaré algo de ropa que puedas usar, yoi.
— No necesito ropa, no me molestaría caminar por aquí sin nada. — Aún con esas palabras caminó obedientemente hasta la habitación señalada manteniendo una sonrisa en todo el transcurso.
— Y aún… aún necesitamos hablar. — La razón por la que había arribado a la isla había sido olvidada por algunas horas, no fue hasta que pisó nuevamente el establecimiento que su corazón regresó a su pesadez.
Shanks pareció entenderlo, ingresando en silencio al cuarto de baño donde la ducha lleno de ruido el espacio tan reducido en que se encontraban. Rebuscó en la alacena, encontrando alguna que otra prenda que había sido dejada atrás, junto a toallas y productos de belleza que aseguraba había sido Izo quien los había encargado, escuchando el agua caer y al Pelirrojo tararear la vieja canción de los mares. El Sake de Binks fue incluso tocada armónicamente en su mente, lo que le impulsó a seguir los tarareos por su cuenta, quitando las pequeñas imperfecciones de la ropa se apoyó en la fila de la taberna dando espaldas al cuarto donde el agua comenzaba a disminuir gradualmente.
Pasos descalzos fueron guiados a su dirección, sabiendo quien era no hizo algún ademán en dar la vuelta. El agua estalló contra el suelo en su andar escuchando cada gota reventar en líquido una vez su forma era desmantelada, escurriendo y trazando una línea sólida de rastros húmedos, podía incluso notar el leve cojeó que su pierna dibujaba por el uso prolongado del calzado. Se detuvo detrás de su cuerpo, estático como si esperará alguna negativa ante su presencia pero no había ninguna.
— Encontré está ropa, es la más grande que pude ver. — El cabello carmín fué captado por el rabillo de su ojo, aún escurría algo de agua y se encontraba totalmente empapado, llevando la misma sustancia a su camisa. — Me estas mojando, tonto.
— Quédate así, no creo ser capaz de mirarte a la cara si decides… — ¿Si él decidiera? Las palabras no acabaron y un brazo fuerte y estable se sujetó a su pecho dejándolo atrapado entre la madera y él. — ¿Quién nos descubrió?
— Pops.
— … ¿El fué quien apostó por mí?
— Dijo que ya lo sabía desde hace un tiempo y que deberíamos definir todo antes de que se formarán malentendidos. — El temblor de sus manos debió ser una ilusión pero la presión que le dejaba sin aliento no parecía ser imaginario. — Shanks.
En un intento de girar su rostro, su mandíbula fue atrapada fuertemente para hacerlo mirar al frente en lugar de a su dirección. — ¿Me dejarás?
— ¿Qué? — Asombrado por la pregunta intentó zafarse de su agarre pero era inutil cuando la fuerza aumentaba en su contra; arrinconando su ser aún más contra la madera al punto de dejar su torso golpear contra la isla. — ¡Shanks suéltame!
— No me dejes. No puedes dejarme. — Su cabeza chocaba contra su espalda y se frotaba constantemente mientras que su mano arrebata bruscamente su camisa sin algún cuidado esencial. — No me abandones.
Al ver una pequeña brecha se dió la vuelta, golpeando con su codo la mejilla del contrario el cual solamente giro a un costado manteniéndose firme en su lugar, sorprendido por su acto le miró con ambos ojos abiertos grandemente, marcas del rimel y partes del maquillaje no habían sido lavadas adecuadamente por lo que debajo de sus ojeras el negro se escurría hasta sus mejillas. — ¿Estás loco? ¡Casi me rompes la barbilla! — Aún seguía aprisionado y la mirada de terror en los orbes ajenos parecía seguir cada pequeño movimiento.
— No te vayas, Marco.
— Nuevamente con eso, déjame primero hablar antes de tomar tus propias conclusiones… — Le observó con detenimiento aún se veía prominente al alzar su mirada para chocar con la suya. — Tú fuiste quién me atacó ¿Porque luces más herido que yo?
La vista de un perro que perdió a su dueño llegó a su mente, acarició la mejilla que previamente había golpeado recibiendo calidez y un fuerte apego cuando el tacto se afianzó contra la piel. — No rompas conmigo, te lo prohíbo. — Parecía un niño malcriado y abnegado a entregar su dulce favorito, y eso solo le hizo recordar la propuesta de su juventud cuando el pelirrojo era solo un niño. — Te amo.
— ¿Qué?
— Te amo.
— Tú… ¿Cómo puedes decir eso a la ligera? — Podía sentir la sangre subir a sus mejillas mientras el yonkou se acercaba aún más para besar su piel con suavidad, un trato diferente al anterior que hizo erizar cada parte de su cuerpo.
— He amado por mucho tiempo a un solo hombre, al mismo que me declare cuando era solo un niño, con el que me llevó seis años de diferencia. — Su cara y cuello fueron cubiertos de caricias y marcas mientras escuchaba atentamente el relato. — Se mío, únicamente mío, firmemente mío porque yo ya soy enteramente tuyo.
— Nunca hablaste de estos sentimientos antes.
— Temía que no me correspondieras de la misma forma o que te sintieras presionado por mí.
Río profusamente ante la situación. — Dices no querer presionarme pero mira en la posición a la que me tienes, yoi. — El contrario nuevamente agacho su rostro retrocediendo unos pasos antes de ser atrapado entre sus piernas y traído nuevamente a su posición inicial. Anonadado solamente le pudo mirar con un leve brillo en su iris. — Tonto, en verdad con tan descomunal cuerpo parece que lo único que no crece es tu cerebro. — Pasó sus manos por su cuello y comenzó a tirar firmemente de su cabello una vez las puntas estuvieron a su alcance.
— Marco… — Se quejó ante el repentino movimiento totalmente desconcertado.
— No me acuesto con cualquiera, Imbécil. No fabriques incongruencias en tu mente de cosas que no han ocurrido ni ocurrirán en algún minuto de mi vida. — Beso firmemente los labios opuestos con deseo infundado completamente enredando suspiros al momento de separarse y unirse nuevamente con fuerza. — El que debería estar temblando debería ser yo, nunca cruzó por mi mente la simple idea de abandonarte, yoi.
— Tu… Lo hubieras dicho antes. — Dejó caer su cuerpo contra el suyo, desequilibrando sus sentidos hasta que pudo mantenerlo entre sus manos.
— Tenía miedo también. — Abrazo su espalda fuertemente, sintiendo el ritmo de sus corazones mezclarse en uno solo junto a sus respiraciones.
— Marco.
— Dime, Pelirrojo.
— ¿Tienes cremita? Mis ojos me duelen por el rimel. — Una carcajada fué escondida por detrás de su muñeca, el gesto de satisfacción del ajeno parecía reposar contra su pecho en total calma, se alegraba de haber hablado de ese tema aunque no de la manera tan pacífica como planeaba.
— Creo que Izo mantuvo algunas cosas aquí. — Alcanzó la caja de cosméticos y tratamiento facial que había conseguido de la alacena, por su parte su amante tomó asiento a su costado aún portando la toalla alrededor de su cintura. — ¿No vas a vestirte?
— No creo que sea necesario. — Golpeó su muslo indicando que tomara asiento, a lo que obedientemente accedió. — Estás siendo muy dócil el día de hoy.
— La imagen de un hombre casi al borde del llanto me conmovió, disfruta mientras puedas, yoi. — Sus palabras parecieron darle una idea, marcando el paso alrededor de sus muslos a la par que aplicaba la crema sobre las manchas en sus párpados y el resto de labial en aceite que se había escurrido por sus labios. Tallando por la parte superior de su cuerpo desnudo y trazando el tatuaje en su pecho, parecía totalmente concentrado en ello. — Gracias a ti perdí mi camisa favorita.
— Lo siento, compraré una nueva. — Una promesa vacía se deslizó por sus labios antes de encajarse en su clavícula con fuerza provocando un gutural quejido al instante de reconocer el haki impregnado en la acción.
— ¿Haki? — El área afectada fue lamida con tranquilidad, pasando la rasposa lengua por toda la longitud del hueso.
— Antes me abstenía de dejar marcas que no pudieras curar por tu miedo a ser atrapado. — Envolviendo su antebrazo y acercándose a su pelvis su miembro erecto presionó contra el suyo alterando toda su concentración y conduciendo a que también se alzará su excitación. — Ahora no escaparas de mí tan fácilmente, pajarito azul.
— Espera ¡Ah! — En movimientos firmes comenzó a girar sus caderas contra las suyas, estrujando con fuerza sus virilidades aún por encima de la ropa, sosteniendo las arcajas con sus dedos firmemente puestos en su columna.
— Tus huesos pueden sentirse en esta posición, cada bulto es tan sexy. — Lo levantó por encima de su cuerpo, y nuevamente lo atrapó contra el abeto de la barra dejándolo sin aire por algunos instantes. — En verdad no se si es porque discutimos antes, pero quiero meterlo tan profundo como sea posible.
— Tú… ¡Estás demente! ¡Lo hicimos ayer, no puedo hacerlo hoy también!
— Cierto, ayer fuí a tu barco. — Meditó por unos instantes desatando su correa con firmeza. — Eso significa que no debe dilatarse tanto.
— ¡Lunático! — Intentó golpear su costado pero su pierna fué atrapada rápidamente y apresada tras su cintura.
— Los forcejeos son inútiles, pero siento que es más excitante así. — La toalla cayó ante los movimientos repentinos por lo que su desnudes fué revelada en segundos y su falo fue apoyado sobre el pantalón, presionando frecuentemente el mismo lugar.
— Pareces un animal en celo.
— ¿Es así? — No dió resistencia cuando el cierre fué abierto en pares, tirando de la tela e incluso levantando su cintura ayudó en pequeñas partes mientras que su respiración se volvía aún más pesada y el tacto quemaba su piel en el más ligero toque. — No te veo poniendo resistencia.
— ¿Quién dijo que me resisto? — Se apoyó para alcanzar los hombros ajenos, teniendo un contacto más cercano y erótico. — Como tu dijiste, la lucha lo hace aún más excitante.
— Que pervertido. — Pareció emocionarse empujando su cuerpo contra el suyo y enganchando sus dedos en su trasero presionando la entrada con insistencia. — Aunque te negaste al inició, no traías ropa interior. — Simuló embestidas fuertes una y otra vez contra el mismo lugar.
Los gemidos eran ahogados contra la piel de su hombro, mordiendo y devolviendo las marcas que tanto había insistido en hacer contra su tez. Aunque no posee haki sabía que no se borraría fácilmente con el tiempo, tampoco permitiría que desaparecieran por completo. — Deja de dilatar, yoi. — Se recargó sobre el opuesto guiando con su mano libre el miembro erecto presionando contra los dedos aún incrustados en su piel. — Ya entra.
— Eres lindo al darme órdenes. — Enterró su verga en un movimiento rápido, golpeando hasta el fondo y llegando hasta la base. Apretó sus dientes ante el fuerte abuso, capturando un grito y presionando su lengua sintiendo incluso la sangre llenar su boca y paladar. — Sigues tan suelto como anoche, es tan suave dentro de tí.
— ¡Cállate! — Jalo nuevamente las hebras de su cabello, resistiendo el dolor de sus caderas al ensancharse como si se partiera por completo a la mitad. — ¡Saca tus dedos! ¡Duele!
— ¿Duele? — Sus falanges se removieron estirando y tirando desvergonzadamente del anillo mientras su iris penetraba minuciosamente la acción llevada a cabo. — ¿Duele mucho? Pero si estás a punto de correrte.
El líquido seminal brotaba en pequeñas cantidades y lograba sentir como sus piernas se debilitaban al mantenerse en esa posición tan incómoda. — No digas tonterías ¡Mmm!
— Está posición te está causando conflictos ¿No es así? — Lo dejo caer sobre la mesa empujando su pecho contra el rústico material dejándolo reposar al iniciar a moverse, saliendo y entrando de su interior, chocando con fuerza y de forma certera contra sus glúteos rítmicamente. — ¿Ya te corriste?
Él jadeó y las respiraciones entrecortadas seguían doliendo en la difícil posición pero eso solamente causa más estragos a flor de piel, y su lujuria solo iría en aumento aún con las laceraciones que sufriría su carne. La primera vez que tuvieron sexo también fué así de sucio y violento, con Shanks mordiendo hasta dejar que la sangre corra sin cuidado por sus costados y el siendo un manojo de nervios, jadeos y gritos que no podía detenerse aún con haber liberado su semen y manchado la mobiliaria más de una vez.
Diferentes posiciones, tirando sus pezones consecuentemente y mordiendo la carne con tanta persistencia como si fuera a comerlo vivo, moviendo su pelvis con insistencia y aumentando la velocidad cada vez que alguna parte de su cuerpo era devorada. — ¿Por qué tan silencioso, Marco? — Otra embestida profunda se pronunció en la boca de su estómago, asfixiando su tráquea y liberando un sollozo. — Veamos…
Su perfíl fué volteado a su favor, percibió los ojos repletos de deseo y como la excitación se expandió en su interior. No entendió porqué o cuál fué la razón de que los movimientos fueran más violentos pero su garganta sufrió incluso un desgarro que acabó en quejidos silenciosos por su parte. Shanks seguía moviendo su cuerpo en diferentes direcciones, penetrando hasta quedar satisfecho al llenar su interior hasta el tope donde el mismo líquido se desbordaba y corría por sus entrepiernas. No sabe en qué momentos se desmayó, mucho menos lo que sucedió cuando su conciencia regresó en sí. Todas las posiciones eran diferentes, algunas nuevas, otras usadas en anteriores encuentros siendo las habituales. Las marcas solamente empeoran, una sobre otra e incluso puestas entre sus dedos, sus poderes tampoco podían aportar alguna fortaleza para aumentar su rendimiento, era una causa perdida incluso llamar a sus llamas si no había nada que pudiera curar con certeza.
— ¿Despertaste? Ya ni siquiera sé a qué hora te desvaneciste pero algunas velas se han derretido. — Habían cambiado nuevamente de lugar, puestos en una silla estando por encima de su cuerpo y siendo sujeto por sus muñecas.
— Ya no puedo más. Detente. — Sentía su propia voz desgastada y exhausta de pelear contra el Pelirrojo que hacía oídos sordos y continuaba moviéndose en su interior.
— Una vez más, solamente una vez más. — Sonrió a medio lado, sus ojos se veían igual de cansados que los suyos por lo que presentía que ya pronto su estamina se agotará o por lo menos eso esperaba.
— … Solo una vez ¡Más! ¡Ahhhhh! — Contribuyó a los movimientos aún si no sentía gran parte de su cuerpo y sus ojos hinchados le impidieron gran parte de sus sentidos, alzando su cuerpo por sobre sus piernas antes de dejarlo caer abruptamente.
— De eso hablo, pajarito. — Su cuello fué marcado nuevamente bajo sus perlas blancas, llevando cada estampida a la profundidad de su conducto y estirando su vientre al punto de pensar que se rompería, fueron suspiros los que brotaron llenando aún más el ambiente junto a sus lamentos presididos de lágrimas e hipos.
— Shanks… Shanks. — Repitió lo mejor que pudo en pequeños balbuceos que su lengua entumecida flexiona torpemente. — Ya no… no más. — El semen les empapó ambos abdominales y parte de su pecho teniendo un ritmo menos acelerado y con el dolor de su estómago siendo más constante y ácido pudo percibir que su amante había terminado nuevamente dentro; sollozando ante el extremo ardor que le daba arcajas y estremecimiento general, sintiendo que podría incluso vomitar en medio de su orgasmo.
— Shhh, tranquilo. Ya no seguiremos, descansa. — Por primera vez su cuerpo sintió la ausencia total de su complemento. Las horas habían pasado y el cansancio le llenó completamente así que su cabeza cayó nuevamente en el hombro contrario. — Me encargaré de limpiar, así que puedes cerrar tus ojos, pajarito.
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Sentía su cuerpo totalmente adolorido arrastrarse por debajo de las sábanas que le protegían del frío suelo, el ruido constante de un den den mushi había perturbado su sueño y recuperación ante un ruido molesto y estridente que se acercaba junto a pasos descalzos a su dirección. No se atrevió a abrir sus ojos aún con los rayos de sol que continuaron pegando contra sus hombros y espalda siendo recibidos por el mismo calor que emitía su fruta en reconocimiento.
— Cielo, han estado llamando hace horas. Creo que es importante. — La voz de su ahora pareja sonó tranquilamente y retumbó en sus tímpanos con sutileza y cuidado, casi como si estuviera preocupado de su estado en lugar de disfrutar de su fuerza tan debilitada.
— Cállate, siento que te dejaré calvo si veo tu cara. — A diferencia de sentirse molesto esto solo le causó risa e ilusión de jugar con su cabello y acostarse con él en el suelo en su lugar de la manta, abrazando fuertemente su pecho y apoyándolo contra sí mismo. — Te ves muy feliz, es molesto.
— Atiende la llamada, también me despertó el ruido hace unas horas. — Ignoró sus palabras presionando el intercomunicador para contestar.
— ¡Marco! ¡Menos mal contestas! ¡Ace está por hundir el Moby y Pops solamente se ríe! ¡¿Qué hacemos?! — La voz de Jozu se escuchaba totalmente aterrada y repleta de desesperanza junto con el cansancio que de seguro había acumulado.
— Llévame con Ace para saber que pasa. Si no entra en razón tener a la mano una piedra del mar o que Namur lo mueva al océano, doy mi permiso de retenerlo ahí abajo hasta que pierda la consciencia. — Aunque no hubo respuesta pudo reconocer los golpes de los zapatos contra la madera de los pasillos y resonaban en multitud contra los ecos.
— ¿Porque Ace enloqueció de ese modo? — Susurró el Pelirrojo tratando de no ser oído por el otro lado del comunicador.
— Es por la apuesta, lo último que supe es que lo habían puesto nuevamente en la cima con el dinero de Izo y eso pareció molestarlo aún más.
— ¿Le aterra tanto la idea de acostarse contigo?
— No tengo idea, creo que es más porque siguen sin tratarlo como un miembro relevante del equipo y lo siguen viendo como un niño, yoi. — Acomodó su posición recostando su pecho contra la cama improvisada y dejando el den den mushi sobre la almohada a un costado de su cabeza.
- ¡Ace! ¡Es Marco! ¡Quiere hablar contigo así que tranquilízate! — Unos pocos traqueteos fueron golpeados contra la bocina del auricular antes de que un grito y correteos fueran captados.
— ¿Aló? ¡¿Marco?! Te conectaré a los altavoces, necesito que arregles este asunto.
— ¿Ace acaso estás en la pubertad? ¿Qué te sucede para estallar así en el Moby? — Preguntó seriamente intentando no alzar la voz y maldecir al segundo comandante.
— ¡Ya te conectas! — ¿Acaso alguien escucha lo que dice? Frustrado se ahogó en un quejido y controló las ganas de romper el transmisor en pedacitos.
— ¿Qué quieres que diga?
— ¿Quién es tu amante? ¡Siguen insistiendo en que lo soy pero yo no lo soy! — Debía comprender que un niño veinte años menor a él no se comportaría ciertamente como un pirata adulto.
— Tu no eres mi amante, yoi. Estoy con mi pareja ahora mismo y… ¡Oye! — Shanks se adueñó del aparato, no intentó luchar o intentar recuperar el objeto ante las agujas de dolor que se instalaron en la zona baja de su cuerpo.
— ¿Hola? ¿Todos me escuchan? — Bufó por lo bajo al escuchar su propio eco, lo que significaba que los altavoces de la embarcación reproducen el sonido de su voz. — Para los que no reconocen mi voz, soy Shanks capitán de los Piratas Pelirrojos y novio por no decir prometido de Marco Newgate. Lamento que me conozcan de está forma pero la apuesta también me molestaba un poco, los que ganaron dinero felicidades por reconocer el buen gusto.
—Eres un idiota. — Su mejilla continuó apoyada en la suave almohada, sonrojándose por las palabras que continuaban brotando de sus labios.
—Oh, y para el Viejo. La próxima vez me presentará como se debe, después de todo ahora somos familia. Cambio y fuera. — El teléfono fue colgado y arrojado a alguna parte de la habitación, volviendo a su lado enganchó su mano a su espalda dejando leves pases por su piel y enmarcando la calidez en cada caricia. — Problema resuelto.
— Lunático ¿Crees que no me llenarán con preguntas en mi regreso?
—Solo ignorámoslos.
— Es fácil para ti decirlo, no tienes hermanos molestos… Y a todo esto ¿Que es eso de prometido?
— Éramos novios antes, ahora estamos comprometidos. — Respondió con mucha confianza enlazando los dedos de su mano, brillando de felicidad.
— ¿Como diablos te decides solo? Además, ¿Novios? ¿No éramos amigos con derechos?
— … — Su rostro se oscureció rápidamente, y el agarre se ajustó entre sus dedos.
Al final, Marco creyó necesitar la semana completa de vacaciones.
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