Chapter Text
Que sus vidas se unieran de esa manera tenía sentido. Ambos estaban en un momento algo crítico en sus vidas.
Por el lado de Reo, era algo que tenía más que ver con su aspecto financiero, pues en las noches a fin de mes se sienta con su computadora portátil y pone su mano por su frente, sintiéndose un maldito fracaso. Los números no están dando en su negocio, y sus tarjetas de crédito siguen presentándole cada vez más deudas.
—Pídeles a tus padres —había sugerido Karasu, uno de sus amigos de la secundaria y Reo solo podía negar con la cabeza. Jamás se iba a humillar de esa forma. Sus padres ya lo habían desechado de una manera implícita cuando Reo les dijo que iba a entrar a estudiar gastronomía en lugar de seguir con el negocio familiar de la Corporación Mikage tal como se le había impuesto desde el día en que tuvo suficiente consciencia para entender qué era su destino.
Su padre había sido claro: Si haces esto, no tienes mi permiso, harás eso por ti solo y no te ayudaremos con nada. Tu lugar está aquí, con un futuro seguro que trabajé para que tuvieras todo en la vida. Y aunque cualquiera podría verlo como que Reo era un hijo mal agradecido por descartar la vida que su padre había forjado para él, la verdad es que el rebelde Mikage quería ganarse las cosas por sus propios méritos. A demás, ama cocinar. Su sueño es tener su propio restaurante algún día y poder crear platillos que llenen el corazón de sus comensales.
Al egresar de la escuela de gastronomía, con su diploma en una mano y las deudas de los aranceles en la otra, comenzó a buscar trabajo de inmediato. Si bien había podido permanecer bajo el techo de sus padres mientras estudiaba, ahora que estaba graduado, pensaba que ya no lo necesitaba.
Se fue de su casa a las semanas de graduarse y encontró un departamento pequeño, pero céntrico en la gran ciudad. Repartió su currículum en varios locales y llamó a algunos contactos en busca de trabajo con bastante esperanza y ganas de comenzar a ejercer.
La realidad, sin embargo, es más cruda de lo que Reo hubiera sospechado. Dos meses habían pasado, y nada.
—Si no puedes con ellos, úneteles —había soltado ese día desde la cocina de su pequeño departamento, terminando de hornear unos panecillos. Las deudas estaban aumentando y ya no había forma de reducir sus gastos más sin que tuviera que dejar de comer, por lo que hacer preparaciones por su propia cuenta fue lo más inteligente que pudo pensar: Eso no duraría mucho, solo hasta que encontrara un trabajo real que valorara su increíble talento. ¡Todos sus profesores se lo dijeron! Tenía el talento de hacer de todo, desde las recetas más sencillas y amenas, hasta aquellas que requerían mucho tiempo, ingredientes y mano precisa.
Solo era cuestión de tiempo hasta que encontrara un trabajo, mientras tanto vendería panecillos a sus vecinos y amigos cercanos.
Todo iba a estar bien, es lo que tenía que decirse a sí mismo todas las noches. Ya llegaría alguien que vería su talento.
Por otro lado, Nagi tiene una historia algo opuesta, pues pasó casi de un día a otro de no tener nada a tenerlo todo. Fama, dinero. Un trabajo estable y varios millones en el banco. Si seguía así por unos años más, tendría la vida resuelta; todo por hacer una actividad que no requería de mucho esfuerzo. Algunos decían que era solo talento tanto por los videojuegos, o cómo sus expresiones neutras le hacían una persona misteriosa, atractiva a los demás. Cualquiera que supiera de su situación pensaría que aquel streamer no tiene preocupaciones. Pero la verdad era otra, pues aunque tuviera una seguridad increíble en cuestiones económicas, realmente Nagi sentía que no tenía nada.
Hiori fue quien lo encontró ese día. No muchas personas tenían acceso a su dirección real, no obstante, Hiori era un amigo de hace años, que más o menos entendía a Nagi en cuanto a lo que hace para vivir y sus trabas emocionales al poder verse reflejado en cierta medida. A pesar de ello, jamás esperó encontrar a su amigo así: en el suelo —tieso, como si estuviera muerto— en la mitad de la cocina.
Sin saber bien qué hacer y preso del susto, su primer instinto fue sacar su celular y marcarle a la única persona que le puede ayudar a pensar claro:
La línea fue contestada en instantes: —Dime —el tono de voz algo brusco de Karasu, el manager de Nagi, no hizo nada por ayudarlo. Hiori tardó en contestar, un poco en shock. Aquello preocupó al hombre tras la línea telefónica. —¿Qué sucede, Hio-chan? —su apodo lo hizo parpadear, una sola lágrima cayendo por su mejilla producto de la sorpresa.
—Karasu-kun, yo-yo… no sé qué hacer —no sabía cómo hablar, y él tampoco era muy bueno para estas cosas. No se había percatado que estaba temblando.
La forma en que su voz se quebró le preocupó aún más al otro.
—¿Qué pasa? ¿Hiori, dónde estás?
—Donde Nagi, vine a… ¿ah? ¿A qué vine…? —ni sabe, no puede hablar bien, su mirada está cristalizada por las lágrimas—. Karasu, Na-Nagi está… está tirado en el suelo… yo…, ¿qué hago?
El aludido se urge, y no es para menos.
—¿Qué dices? —intenta no sonar alterado, pero es en vano—. Revisa su pulso, ¿está dormido? ¿Llamaste una ambulancia?
Solo entonces Hiori da unos pasos, acercándose hacia Nagi y se pone de rodillas a su lado. Lo mira con preocupación: Había caído boca abajo, pero su rostro estaba hacia un lado. Se veía pálido.
Hiori pone dos temblorosos dedos contra su cuello, temeroso aunque valiente al mismo tiempo, y suspira con alivio al ver que sigue teniendo ritmo cardiaco.
—Tiene pulso, pero no creo que esté solo dormido —explica, recuperando un poco el raciocinio al haberse dado cuenta de que su amigo está vivo, al menos—. No puedo llamar a una ambulancia, ¿Qué dirá la prensa? —porque ese tipo de cosas no pasan inadvertidas en ese mundo del espectáculo.
Karasu suelta una maldición.
—No seas idiota, ¿qué importa eso ahora? Si está desmayado, necesita un médico. ¡Ahora! —Hiori frunce los labios y asiente con la cabeza.
Corta la llamada y pronto comienza otra, esta vez muy diferente.
La ambulancia no tarda en llegar. Nagi no había comido nada en varios días, o eso fue lo que dijo la doctora. Lo tuvieron en hospitalización unos días, asegurándose de que se recupere completamente alimentándolo con suero.
Obviamente, tan pronto como la noticia llegó a más personas, los medios no tardaron en filtrar la información. El nombre de Nagi salió en todas las redes sociales, con miles de usuarios preocupados por él.
Solo al llegar al pent-house de Nagi, este sintió que tenía que dar alguna explicación:
—Es una molestia cocinar —le había dicho a Hiori una vez volvió del hospital. Su amigo iba tras él llevando sus cosas—. Comer también lo es —fue lo que contestó al final, preocupando al otro.
Nagi se fue a dormir y Hiori al estar solo revisó la despensa, sus gabinetes y el refrigerador.
No tenía nada, ni siquiera azúcar o té.
Esto tenía que ser monitoreado por alguien.
La preocupación llegó a los oídos de Karasu, quien también estaba preocupado por su talento y el mejor amigo de Hiori:
—Tengo un amigo que estuvo en la escuela de gastronomía que al parecer sigue buscando trabajo —le había dicho Karasu cuando hablaban del problema—, veré si le gusta la idea de ser un chef personal, pero no sé si al abogado de Nagi le va a gustar gastar dinero en eso.
—Importa una mierda su opinión —contestó, pues Hiori ya tenía su computadora portátil en la mesa del comedor redactando el documento para poder contratar a alguien como chef personal de Nagi y solo se lo enviaría a Agi, el abogado del streamer, para que lo aprobara. Entre más pronto lo hiciera, más pronto sucedería—. Ni parece importarle la salud de su cliente, buscando escapes para no pagar la hospitalización.
Karasu soltó una risa, complacido de verlo así de empeñado haciendo algo para ayudar a su amigo.
—Me encanta cuando hablas sucio, Hio-chan —y llegó a su lado, dejándole un bowl con fruta picada. Le besó una sien y le acarició la cabeza. Hiori ajustó sus lentes, sin dejar de escribir en la computadora—. No te quedes tan tarde.
El aludido lo escuchó y asintió, sin perder la concentración. Karasu se fue a la habitación que por esta noche iban a compartir.
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Digamos que el trabajo no le cayó como anillo al dedo cuando Karasu se lo comentó a Reo.
—¿Qué te parece? —le preguntó al día siguiente de que el contrato estuviera ya listo para ser enviado—. Es buen dinero, ¿te puedo enviar las bases del contrato y ves si te parece bien?
Reo desde el balcón de su departamento exhaló y caló su cigarrillo una vez.
—No lo sé —murmuró, dubitativo—. Ser un chef privado no es realmente lo que quiero… y tener que lidiar con una persona famosa suena algo…
—¿Hmm? ¿Te preocupa no agradarle a tu cliente? —Karasu estaba bromeando, jamás puede evitar querer molestarlo. Él mismo tiene que lidiar con personas famosas cuando busca a quien representar, por lo que entiende a su amigo en ese sentido.
Reo bufa, entendiendo que no va en serio.
—No se trata de agradarle, es una relación de negocios después de todo. Es solo que… me disgustan las personas con mucho ego —fue lo que pudo decir al final, siendo sincero consigo mismo y con quien lo escuchaba—, me recuerda a cierto padre mío —cree que al decir eso se explicará mejor.
Karasu hizo un sonido de que entiende, pues no puede juzgar a Reo por tener aquel prejuicio.
—Mira, comprendo tu punto, pero tómalo así: Puedes trabajar en ello un tiempo y pagar tus cuentas, ahorrar e invertir en tu propio negocio, luego renuncias —si se lo proponía de esa manera… la verdad es que Reo no puede pensar en una forma de decir que no.
Además, necesita el dinero.
—De acuerdo, hombre, envíame el precontrato. Lo veré hoy —contestó, dando otra calada a su cigarrillo—, tampoco tengo nada mejor que hacer.
Su amigo suelta una risa.
—Así se habla —y la llamada termina.
Que sus vidas se unieran de esta manera quizás tenía algo de sentido, después de todo ambos necesitaban un empuje hacia alguna dirección. ¿Una razón para seguir esforzándose, quizás?
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El primer día de su nuevo trabajo había sido un desastre, pues, en primer lugar, ahora Reo tenía que ocultar su identidad para poder llegar a la casa de Nagi, que es, en realidad, un pent-house en la cima de un edificio que se dedica a arrendar oficinas. Parte del contrato lo estipula: no revelar ninguna información privada de Nagi mientras trabaje para él, pues está en calidad de persona famosa.
Reo ha sido informado de las comidas que le gustan y disgustan a su cliente, que se resumen en cosas con limón versus alimentos muy complicados de comer, así que el menú que ha planificado para este streamer es bastante sencillo. Ha intentado darle toques más gourmet, sabores más complejos, ya que tiene un presupuesto que utilizar, pero su cliente no parece que le importe mucho: La primera vez que se ven es en el hogar de Nagi, ahí es donde Reo cocinaría cinco días a la semana desde el desayuno a la cena, desde el medio día hasta las 10 de la noche, aunque su horario puede variar según las necesidades de su cliente. Ese era el horario estipulado por su contrato y aunque el chef dudara respecto de la hora de desayunar, suponía que su cliente era alguien que quizás estaba ocupado durante las mañanas como para comer antes del medio día.
Al llegar a la cocina con varias bolsas de supermercado, Reo frunció los labios: estaba… algo vacía. De hecho, solo había unos cuantos paquetes de ramen instantáneo en la encimera. Nada más.
Tal parece que la situación era más crítica de lo que pensó. Karasu no le dio muchos detalles, pero cuando firmó en la oficina de su contratista, el novio de Karasu, este le agradeció enormemente por aceptar el trabajo. Aquello le había llamado la atención, pero no lo había entendido hasta ahora: esta persona… no tomaba ningún tipo de cuidado en su alimentación.
Reo comenzó a guardar algunos alimentos, observando de manera tranquila todos los elementos que tenía para trabajar. Trajo varias pastas, distintos tipos de arroces, varias legumbres y especias. Compró carnes fáciles de digerir y verduras que complementaran, y algunos elementos para preparar postres.
Cuando estaba llenando el refrigerados fue que escuchó el sonido de otra persona andando por la casa. Ya eran cerca de las 12, pues solo por ser su primer día quiso llegar antes para poder acomodarse mejor.
Debería empezar el desayuno, por lo que dejó los huevos afuera y buscó el aceite con infusión de ajo.
—¿Qué haces aquí? —fue lo que escuchó a sus espaldas y Reo se sorprendió, sin alcanzar a prender la estufa de la cocina.
Se volteó y miró a su cliente. ¿Este… era… su cliente famoso…? Su cabello platinado despeinado, dando pistas de que recién se había levantado, sus ojos a penas abiertos y con una mano dentro de su pantalón de pijama, rascándose (Reo espera) el muslo.
Se miran un momento.
—Buenos… buenas tardes, soy tu chef personal —le comenta, y se voltea, dando dos pasos hacia el otro muchacho que parece ser de su misma edad y le extiende la mano—. Reo Mikage, espero nos llevemos bien.
Su cliente no deja de mirarlo, como si no comprendiera lo que está pasando. Parpadea una vez y solo entonces hace un gesto de como que comprende.
—Cierto, era hoy —y Reo ve con cierto horror cómo saca su mano de sus pantalones y es la misma que usa para darle la mano en su saludo diplomático—. Nagi Seishiro.
Ambos se sueltan y el chef se voltea de inmediato fingiendo estar tranquilo. Pretende hacer algo más y con las cosas que tiene en la encimera, pero luego se va al lavamanos, pues no puede olvidar dónde estuvo esa mano antes. La higiene antes de todo en la cocina.
Nota a Nagi revolotear tras él. Esta hirviendo agua y se da cuenta que está yendo hacia los potes de ramen instantáneo.
—Eh, voy a preparar el desayuno ya mismo, en 10 minutos estará servido —advierte, algo molesto de ser ignorado de esa manera. Se supone que está allí para hacerle de comer, ¿no? ¿Por qué se pone a preparar otra cosa frente a él? A insultarlo, además, con comida instantánea.
El aludido le manda una sola mirada, volviendo sus ojos al hervidor.
—Es una molestia esperar —murmuró y Reo cree que escuchó mal.
¿Iba en serio este muchacho?
—No serán más de 10 minutos, Nagi-san —repite algo impaciente, ya quebrando los huevos sobre el sartén precalentado—, ¿y en serio vas a desayunar eso? ¿Sabes todo el sodio que hay en esas cosas? —no quiere sonar pesado, pero de alguna manera cree que Nagi no le estaba dando una oportunidad, por lo que necesita convencerle.
El aludido le mira de reojo y Reo hace lo mismo mientras no deja su actividad sobre la cocina.
Caen en un silencio que es solo ausencia de palabras, pues el hervidor sigue haciendo burbujear el agua y el sonido de la cuchara de madera contra el sartén para revolver el huevo irrumpen en la cocina.
Pronto parece una competencia entre si Reo acabará primero el desayuno antes de que el agua hierva.
Nagi lo ve moverse rápido, mientras condimenta el huevo, tuesta el pan y calienta leche en el fuego de la cocina, mezclándolo con un saborizante de chocolate. Se percata con algo de sorpresa de que sí se le está antojando un poco lo que le prepara. Pero el agua ha terminado de hervir.
Reo entra en pánico al escuchar aquello y se voltea para ver cómo el streamer pone el agua hervida en el pote y lo vuelve a tapar.
—Espera, ya casi está —aunque el otro hace oídos sordos, se aleja alzando una mano, como pidiéndole que lo deje en paz.
El muchacho de cabellos púrpuras se queda ahí solo, sintiendo que ha perdido contra un ramen instantáneo. Para rematar la culpa, ahora tenía comida de desayuno de sobra y él ya había comido.
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Pronto Reo entendió que simplemente así era Nagi. No les daba mucha importancia a las cosas en general.
Ese mismo primer día, en el rato muerto durante su trabajo, mientras esperaba entre las comidas que debía preparar, Reo se había tomado en pequeño descanso utilizando su celular para buscar respecto del streamer Nagi Seishiro. No encontró mucho al principio, y claro, pues Nagi usaba un pseudónimo para su actividad laboral (¿eso es un trabajo?), pero luego de buscar un poco más, encontró su canal de twitch y con eso dio por finalizada la búsqueda, presionando el icono morado para sintonizarlo.
Lo miró un rato, francamente sin comprender mucho debido a que Reo no conocía tantos juegos más allá de los clásicos Mario Bross y Kirbys, por lo que ver cómo el personaje cambiaba de arma una y otra vez, daba brincos y apuntaba a otros jugadores, no era realmente su fuerte o de su entera comprensión.
Se lo quedó mirando de todas maneras, y llegó a la conclusión de que así es Nagi porque cada que leía algún comentario del chat, ni siquiera reaccionaba del todo. Incluso cuando sin esfuerzo le disparaba a otros jugadores de manera consecutiva y su chat se volvía loco, Nagi solo mantenía su expresión seria —o, más bien, relajada—como si no sintiera ninguna clase de gusto por lo que hace.
—¿Está muerto por dentro, acaso? —inquirió para sí, extrañado.
El juego continuó y Reo se dedicó a leer el chat un momento. No entendía mucho del mundo de los streams y le costaba leer cada comentario pues avanzaba muy rápido (¿era normal algo así?), así que finalmente se aburrió y cerró la ventana.
Se quedó ahí, con la duda de si Nagi sentiría emoción por algo si quiera.
De todas maneras, no le importaba en demasía.
Los días iban pasando y sus interacciones no eran demasiadas. Realmente, se limitaban a hablar unas o dos palabras cuando Nagi iba a la cocina y Reo ya sentía que le estaba echando prisas. ¿Es que no puede avisarle a qué hora querrá comer? ¿Tiene que solo venir de manera aleatoria en cualquier momento del día? La primera semana no logró que Nagi comiera ni una de sus preparaciones, lo cual era una derrota total.
Y Reo se lo estaba comenzando a tomar personal.
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Se abrochó el cinturón de seguridad con disgusto, suspirando largamente.
Kunigami a su lado parpadeó al verlo así, ambas manos en el volante, mientras lo observaba acomodarse.
—¿Día largo? —inquirió su novio, con una suave sonrisa de lado.
El aludido suspiró una vez más, y asintió con la cabeza.
—Solo quiero ir a casa —murmuró, abatido. Los viernes y sábados Reo solía quedarse hasta más tarde de su horario fijo de los días de semana estipulados por el contrato, aunque llegaba más tarde también, después de todo sus horarios debían acomodarse a los de Nagi, quien durante el fin de semana solía hacer streams más largos y, por lo tanto, Reo debía estar en el pent-house al menos hasta que su cliente quiera cenar para poder cumplir con su trabajo.
En todas esas oportunidades, su amable y cariñoso novio había ofrecido ir a buscarlo, después de todo era tarde y con su nuevo trabajo no se han visto lo suficiente, por lo que Kunigami está feliz de poder ayudar a Reo de esa manera.
El muchacho de cabellos naranjas asiente suavemente, entendiendo que el otro quizás está pasando por estrés, por lo que no lo va a presionar a hablar.
Conduce por las calles hasta que se han alejado lo suficiente del recinto del streamer.
—¿Quieres quedarte en mi casa hoy? —dice Kunigami prácticamente de la nada.
Reo parpadea una vez y le manda una mirada. Acaba de decirle que quiere ir a casa, aunque siente algo feo decirle que no.
El otro capta su indecisión.
—Sé que estás cansado, pero te digo esto: si vienes, te prepararé algo de comer, y podemos solo relajarnos —es lo que le dice, sonriéndole en su dirección en una luz roja. Alza una mano y le da un tiquete pequeño en la punta de la nariz—. Te he extrañado, ¿sabes? —agrega al final, con una voz tierna, una que solo provoca que Reo sonría de vuelta, sintiendo su pecho lleno.
—Gracias, Rensuke. De acuerdo —Reo siente que puede, y mientras sea claro respecto al cansancio que siente, sabe que Kunigami va a permitirle hacer lo que él quiera—. Te he extrañado también —su mano busca la que su novio tiene fija en la palanca de cambio y le da una suave caricia.
El otro carraspea un poco.
—¿Qué te preocupa tanto? —le pregunta suavemente, sus ojos naranjas en el camino—, ¿me contarías?
Reo suspira.
Si es honesto, tiene cero ganas de hablar de Nagi. No quiere que su vida profesional y su vida personal me mezclen de esa manera. Quiere ser del tipo de persona que al salir del trabajo puede olvidarse de este y que su mente se enfoque en sus pasatiempos y las personas que quiere. Sin embargo, sabe que no es así. Lleva mal estas dos semanas de su nuevo trabajo. Si es sincero consigo mismo, hasta ha pensado en renunciar, porque la frustración que le genera su cliente es demasiada.
—No sé si pueda con él —le comenta a Kunigami en voz baja, y continúa: —He intentado de todo para que quiera comer de mi comida, pero realmente me ignora… ¿Qué no piensa en todo el esfuerzo que pongo para prepararle algo delicioso? —su voz se quiebra en una palabra y su novio le manda una mirada de reojo. Reo toma aire por la nariz, sin querer permitirse llorar por algo tan vago como esto.
No va a llorar por que su cliente es un idiota sin empatía, que lo insulta y ningunea al preferir comer solo pan en vez de sus platillos más deliciosos.
Kunigami chasquea la lengua, como si pensara en qué decir.
—¿Podrías hablar con él? —es la primera opción sensata, y Reo no lo culpa, pues no lo conoce. Por contrato tampoco puede revelar la identidad de su cliente.
—Imposible —contesta casi de inmediato, negando con la cabeza.
—Entonces… adelántate a él —las palabras de su novio salen de manera sencilla, como si Reo no lo hubiera pensado antes.
—No puedo —responde, cansado, y cierra los ojos por la frustración que siente—. Es un idiota que come a cualquier hora, es imposible para mí tener una comida lista para él cuando no sé a qué hora va a comer o qué se le va a antojar.
El auto sigue avanzando por las calles ya algo despejadas por las altas horas. Solo semáforos haciéndoles compañía y una que otra moto que desaparecía tan rápido como llegaba.
Su novio asiente.
—Eso no suena a ti —dice Kunigami y Reo reacciona—. No suena al Reo que conozco. El Reo que me gusta… descubre el patrón de cualquier persona y lo usa para poder actuar con inteligencia. ¿Dónde está ese Reo?
El aludido se llena de confianza al escucharlo y sonríe suavemente.
No falta mucho para llegar a la casa de Kunigami.
—¿Qué haría sin ti? —le pregunta a quien conduce, y este suelta una risa avergonzada.
—Ser increíble, como siempre —asegura y es turno de Reo de reír avergonzado.
Al llegar a la casa de Kunigami, este le prepara unas tostadas con aguacate. Reo sonríe por la simpleza de lo que ha preparado. Mientras come, se da cuenta de una cosa: es algo tan sencillo, que no toma mucho tiempo, pero aún así es delicioso…
Eso le daba una idea para su problema.
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Cuando Nagi sale de su habitación va directo a la cocina, algo molesto porque no siente ha dormido lo suficiente y su estómago le está pidiendo alimento. Definitivamente es una molestia el cuerpo humano, es lo que cree, a punto de cruzar la puerta de la cocina.
Se percata, entonces, que hay un rico olor en el aire. Uno que hace que su estómago haga un sonido extraño.
Reo está dentro y a penas lo ve, le manda una sonrisa.
—¡Buenos días! —le saluda, animoso, a diferencia de otros días donde a penas lo mira por tener las narices en las ollas.
Nagi lo ve ir hacia él con una plato ya servido.
—Desayuno —un plato con hotcakes es puesto en sus manos.
El recién llegado frunce un poco el ceño. Parece una molestia comer algo así.
—Reo, solo pan está bien… —murmura, está algo molesto porque odia esforzarse por una actividad tan mundana como comer.
El aludido le entrega un tenedor, dejándolo sobre el plato.
—Pruébalo. Si no te gusta, tengo un plan B —no se trata de que si le gustaría o no, sino de que no quiere hacer el esfuerzo.
Sin embargo, posa sus ojos por los púrpuras del otro muchacho que lo mira de frente y solo puede suspirar. Toma el tenedor y ahí mismo de pie frente a él, prueba el hotcake de banana.
Nagi se sorprende de lo rico que está. Lo fácil que es de comer, pues se deshacen en la boca.
—¿Te gustó? —inquiere el chef con una sonrisa de lado y el otro solo le manda una mirada.
—Está bien —responde con aparente desinterés, pero vuelve por un poco más de aquella rica preparación. Tiene sirope encima y un pequeño espolvoreado de canela y azúcar. El relleno del hotcake es de mantequilla de maní, por lo que le aporta proteínas también.
Nagi se queda ahí mismo comiendo, sin quiera tomar asiento.
Reo está tan feliz que no puede evitar soltar: —Kunigami tenía razón —en un murmuro, pero que el otro alcanza a captar, y este le manda una mirada curiosa.
—¿Quién? —pregunta con un interés que no había demostrado esas semanas.
Reo pasa saliva. No tiene ganas de hablar de hablar de su vida privada con su cliente, pero este está esperando una respuesta.
—Na-nadie… —contesta en un hilo de voz, y espera a que Nagi pierda el interés con eso. Se siente algo culpable de haberse referido a su novio como un nadie.
Nagi por otro lado termina de masticar la suave y esponjosa masa para rebatirlo: —No suena a nadie… —porque la expresión que puso su chef personal fue muy linda como para estarse inventando nombres. Reo quizás no lo notó, pero sus ojos brillaron y sus mejillas se tornaron más sonrosadas al solo nombrar a aquella persona; eso fue lo que llenó a Nagi de curiosidad, porque en todos estos días, no había visto una expresión similar en su empleado. Siente que necesita saber quien es esa persona.
Reo por su parte suspira y desvía la mirada.
—Alguien que me gusta, es todo —responde intentando alivianar su culpa de haber hecho como que su novio no existe o no es nadie en su vida. Es todo lo opuesto, Kunigami es una persona muy especial para él, pero la verdad es que no se siente cómodo hablando de eso con esta persona de la cual era responsable.
Nota luego como Nagi parece ensimismado. Arque una ceja.
—¿Nagi? —le llama, recordando que el mismo muchacho le había dicho que abandonara los honoríficos con él, pues los odiaba.
El aludido parpadea una vez y solo lo dice: —Reo dice… que… le gusta un hombre, ¿verdad? —la manera cuidadosa en que está armando esa oración hace que el chef quiera saltar por la ventana.
¡Era un completo idiota! Sin querer había ventilado parte de su vida privada en un intento por cubrir otra parte. Y lo había hecho solo porque está tan acostumbrado a su sexualidad que ni siquiera lo pensó dos veces, no recordó en ese momento de presión que hay personas que siguen pensando que eso era extraño. ¿Nagi sería el caso?
—Eso es… ¿un problema para ti? —lo pregunta porque es lo único importante en ese momento. La mente de Reo comienza a sobre pensar, creyendo en que quizás sea la oportunidad de renunciar a su trabajo, sacándolo por discriminación laboral.
Sin embargo, a pesar de que le toma unos largos segundos, Nagi niega con la cabeza, soltando un único “no”, pero dando la media vuelta y volviéndose por dónde llegó.
Reo queda ahí, algo incómodo consigo mismo por la idiotez que acaba de cometer. La gloria de haber podido hacer comer a Nagi había sido olvidada casi de inmediato.
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Ha pasado cerca de un mes en su nuevo trabajo y Reo cree que ya lo tiene más o menos dominado. Se condena a sí mismo por haber pensado en renunciar cuando todo lo que necesitaba era paciencia.
Reo está a punto de revisar el horno, el cual acaba de sonar hace solo unos segundos indicando que ha acabado el cronómetro, cuando escucha la puerta del fondo siendo abierta. Resiste la urgencia de suspirar con pesadez al saber quien se aproxima hacia sí. De todas manera se mueve hacia el horno, baja la pequeña puerta y revisa el pollo. Sonríe con una mezcla de orgullo y felicidad cuando se da cuenta que está tal y como le gusta dejarlo: crocante por fuera y jugoso por dentro, por lo que se mueve hacia un costado y toma la tenazas, listo para sacarlo de la fuente de calor.
—¿Hay pan? —la pregunta le ofende un poco y Reo frunce los labios, sin voltearse a ver a su jefe. O tal vez esa palabra le queda grande, más bien, Nagi es como un niño al que está cuidando; no le pagan lo suficiente por esto, es lo que piensa.
Logra sacar el pollo, tomando la bandeja con sus manos protegidas y lo lleva al mesón, ahora sí soltando un suspiro.
—Nada de pan —rebate, y comienza a desmenuzar una parte de la carne tierna—. Vas a cenar como un adulto.
No necesita ver la expresión de Nagi, pues seguramente está haciendo un puchero.
—Necesito volver rápido, así que pan está bien —responde, llevándole la contraria como siempre—. Cenaré luego.
Reo frunce el ceño, aunque a pesar del creciente enfado que siente, se mueve rápido. Toma un plato hondo y sirve parte del pollo, luego va hacia la olla de arroz recién hecho.
—¿Cuándo es luego para ti? ¿Eh? ¿A las cuatro de la mañana? —el chef no pretende ser borde, pero es algo difícil con una persona tan densa como Nagi. Si, sabe que debería tratarlo con más respeto, pues sí, es su cliente después de todo, no obstante, desde la última vez que aceptó su intento de solo comer pan mientras estaba en stream, luego tuvo a Karasu hablándole por teléfono temprano para comunicarle que Nagi se había saltado unas comidas otra vez. “Es tu trabajo, hombre”, le había dicho con un tono plano, no molesto necesariamente, pero sí que hacía que las alarmas de Reo se activaran. No es mi trabajo, hubiera querido responderle en ese momento, su trabajo es preparar la comida, no dársela en la boca.
Sin embargo, en esa ocasión se había quedado en silencio, aceptando el comentario de su real jefe.
El streamer no responde, por lo que Reo asume que es una pequeña victoria. Se mueve por último hacia el lado opuesto de la cocina, donde tiene vegetales varios recién cortados y sazonados. Emplata y deja todo sobre una conveniente bandeja. Pone un vaso de jugo natural y una barrita de proteína, en caso de que Nagi quede con hambre y así de fácil, su cena está servida.
Con una mirada rebosante de confianza, le entrega la bandeja lista al otro.
—Que proveche —murmura, y una sonrisa de lado.
Nagi solo lo mira, inexpresivo como siempre, mas sostiene la bandeja que le entrega y suspira.
—Solo pan estaba bien —es lo último que responde y se voltea. Da pasos pesados hasta la habitación del fondo, donde está su habitación donde tiene todo su equipo para hacer streams, y tarda un poco para volver a cerrar la puerta.
Reo queda algo cansado, pues había hecho todo en un tiempo rapidísimo al darse cuenta de que pronto Nagi vendría por la cena, así que se sentó un momento en las sillas altas de la cocina. Tomó su celular y sintonizó el stream de Nagi, curioso sobre qué le dirían sus seguidores esta vez de su comida y qué respondería él.
Verlo desde la pantalla era diferente, pensaba Reo mientras esperaba a que empezaran a aparecer los comentarios sobre la cena que le ha preparado, que no tardaron mucho más cuando Nagi comenzó a comer. Era diferente al Nagi que vagaba por su casa hasta que estuviera en la hora de comenzar su jornada laboral.
—Si a eso se le puede decir jornada laboral —murmuró para sí mientras Nagi estaba leyendo unos comentarios en voz alta.
—“¿Tu mamá te cocinó, Nagi?” —el primer comentario fue leído, y el nombrado movió su lengua dentro de su boca como meditando una respuesta—. Así es, podría decirse que es mi mamá.
Reo frunció el ceño y quitó el stream. Qué hijo de puta, en verdad. ¡No es su mamá! ¡Es su maldito trabajo! Jura que el día que no necesite más este dinero, va a irse por la puerta ancha, sin tener que tolerar más a ese hombre que es una mezcla entre un vago profesional, un fanfarrón y un zombie.
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—No es como que lo odie —murmuró en respuesta a la pregunta de su amigo, mientras los sonido del videojuego que estaban disfrutando les llenaba los auriculares.
Hiori hizo un sonido con la garganta, señal de que no le bastaba con esa pobre excusa.
—De verdad —agregó Nagi, presionando los botones de su control algo más fuerte de lo necesario.
De la otra línea solo se escuchó un suspiro.
—Por cómo me lo cuenta Karasu, le estás haciendo su trabajo un poco difícil —explicó brevemente, y en la pantalla seguían andando en un auto escapando de la policía. Hiori conducía y Nagi estaba disparando a cualquier auto que se acercara demasiado para evitar su gran escape, acertando cada vez.
El aludido frunció suavemente el ceño.
—No es así.
—¿Entonces, cómo es? —inquirió el otro, capcioso y decidido a obtener una respuesta real de su amigo.
Nagi odiaba estresarse. Su psicólogo le decía que evitara el estrés innecesario.
—Preguntas mucho —y es que no tiene ganas de tener esta conversación, no ahora que está divertido jugando, aunque tampoco sabe si en algún momento querrá explicarse a sí mismo qué es lo que está pasando por su mente.
Hiori hace un movimiento raro con el auto. Están jugando en línea, por lo que no se ven a la cara, pero eso no significa que Nagi no entienda que está empezando a picarse por el hecho de que la conversación no fuese hacia el lado que él quería. Ninguno de los dos es especialmente bueno en este tipo de conversación, aunque debe reconocer que luego de su accidente Hiori parece querer estar más presente, cosa que a Nagi no le termina de agradar del todo debido a su personalidad más retraída. Pero su psicólogo le dice que debe permitir que las personas sean cercanas, que debe hablar con ellas en la medida de lo posible.
Supone que Hiori es en quien puede confiar, pues no tiene a nadie más, sin embargo… es raro. Es como que está saliendo de su zona de confort y eso no termina de gustarle. Preferiría no hacerlo, si tuviera la opción, ¿tan difícil era de entender algo así?
No quiere ni pensar en la posibilidad de que Hiori lo hiciera por lástima. Que intenta estar interesado en él por pena o nerviosismo de que tuviera alguna recaída.
—Tú respondes muy poco —contestó el otro, logrando llegar a un punto seguro de la policía. Ahora solo restaba esperar bajo ese puente mientras los sonidos de las sirenas de los personajes que los perseguían se iban desvaneciendo muy lentamente—, solo dime, ¿qué te pasa con él? ¿Es molesto? —intenta con todas las ganas de querer entenderlo.
Nagi suspira largamente.
—No es Reo el problema, o bueno, sí es un poco molesto a veces, pero… hmm… me gusta que esté aquí. Su presencia en la casa me ayuda, supongo… —hace tiempo no da una respuesta tan larga, y se sorprende a sí mismo al poner en palabras lo que siente por su nuevo empleado.
Al otro lado de la línea, Hiori se sorprende un poco.
—¿Entonces? —le presiona, pues aún quiere entender por qué Nagi está siendo difícil con Reo.
—Es solo que… ¿tiene que cuidarme así?
Una suave risa por parte de Hiori se escucha.
—¿Así cómo? —necesita entender.
Nagi está algo frustrado. Suelta el mando y una de sus manos pasa por su frente en un gesto que refleja lo que siente: confusión.
—Me trata como… si fuese alguien querido para él —responde, sin tanto filtro, y en su mente recuerda a Reo: cómo le ordena las cosas en la bandeja, cómo le pregunta cómo estuvo la comida y cómo le sonríe cada vez que tiene la oportunidad de verlo. La comida que prepara sabe tan bien, como si fuese hecha con amor. Le recuerda a su madre. Y eso le incomodaba un poco—, no siento que sea solo profesional conmigo.
Hiori se toma unos segundos en responder: —¿Piensas… que te está coqueteando? —su tono de voz es en mitad seria y mitad burla.
El aludido bufa, pues por supuesto que eso sería lo más lógico que pensar, mas no es así.
—No diría eso… No sé cómo explicarlo bien, pero es como que yo le importara y… yo no he hecho nada para que me tenga esa dedicación —su garganta está seca, por lo que alza la mano para sostener su botella de agua y poder beber de esta por la pajilla.
—Hm, creo que entiendo. Pues, así es Reo, es una persona amable y pone su corazón en todo lo que hace —concluye, pero suelta un risa al final: —Sería gracioso si piensas que le gustas, porque es imposible.
Aquello atrajo la atención de Nagi.
—No lo sé, ya me comentó que gustan los hombres —respondió, para hacerle ver a su amigo que no era una posibilidad tan alocada.
—Pues sí —acepta Hiori, pero lo siguiente no se lo esperaba: —Pero tiene novio de hace un año… y es bastante… digamos, diferente a ti. No creo que seas su tipo.
La policía no los encuentra en el videojuego y obtienen cinco estrellas en la misión, sin embargo, todo lo que Nagi puede pensar es en eso que le dijo Hiori. ¿Reo… tiene novio?
—Me tengo que ir, Hiori —es todo lo que avisa antes de terminar la llamada por discord.
Nagi se empuja con sus manos hacia atrás haciendo que las rueditas de su silla le alejen del escritorio y mira el suelo entre sus rodillas, sin entender nada. Intenta pensar con lógica entre todo ese mar de confusiones que tiene en la mente: En primer lugar, ¿por qué Reo nunca se lo dijo? Es decir, fue tan lejos como para decirle que le gustaban los hombres, ¿pero olvidó el detalle —el minúsculo detalle— de mencionar que tiene un novio? ¿Sería para parecer disponible? ¿Es que estaba intentando algo con él…?
Ahora. El otro punto: ¿Por qué… le estaba alterando tanto esa información?
No lo entendía. El día que supo que Hiori estaba saliendo de vez en cuando con su manager le dio igual. Es a lo único que lo puede comparar, pues no tiene más redes de ese estilo. No lo entiende, ¿qué le importa que Reo tenga novio?
No lo puede entender, así que solo puede pensar en una solución.
—Necesito fumar —es lo que sale de sus labios y se pone de pie. Mira la hora en su computadora, aún faltan cerca de dos horas para que llegue Reo, así que tiene tiempo.
Busca su moledor en la gaveta de su escritorio y hace el movimiento sobre la tapa de este para comenzar a moler, ansioso por poder enrolar de una vez.
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Unos días después, Reo sonríe a la pantalla de su celular. Kunigami le acaba de mandar una fotografía muy linda y no podía evitarlo. Su corazón se sentía ligero al ver la sonrisa de su novio en la selfie que se tomó con un gato negro en su hombro. Se veía muy lindo.
—¿Qué es lo divertido? —la voz de Nagi lo desconcertó, provocándole un respingo involuntario. El streamer pasó por su lado en la cocina, llegando hasta el lavamanos y llenar la gran botella de agua que solía beber mientras estaba en vivo.
Reo frunce los labios, pues no lo escuchó acercarse y no sabía qué pensaba Nagi del uso de celulares en su lugar de trabajo. Hasta entonces lo había estado usando cuando iba al baño o cuando estaba seguro de que Nagi no se acercaría a la cocina, sin embargo, el mensaje de Kunigami lo tomó por sorpresa y no pudo resistir echar una ojeada a qué era. Por alguna razón siente como que hubiera sido atrapado haciendo algo malo.
—Disculpa —musitó en voz baja, devolviéndose hacia la olla donde estaba preparando la crema de verduras. Estaba esperando a que se hiciera la debida reducción del caldo, así que en teoría no tenía nada en qué ocuparse en temas laborales, aunque Reo pensó en que si explicaba aquello quizás se vería menos profesional aún.
Nagi arqueó una ceja, notando que su empleado guardó su celular de inmediato en el bolsillo. Creyó haber entendido.
—¿Disculpa, de qué? —y se acercó hacia el muchacho, poniéndose a su lado mientras bebía agua de su usual botella. Reo lo ignoró un momento, poniendo su atención en la olla y cómo burbujeaba el contenido. Nagi también observó, curioso, mas su curiosidad real radicaba en aquello que había preguntado al ver al otro con una sonrisa tan linda en los labios, por lo que sus ojos se posaron al rostro ajeno. Desde su punto de vista, pudo fijarse mejor en sus pestañas y la forma de su nariz. Cómo sus pómulos resaltaban en su estructura ósea, lo lisa que era su piel—. Solo quiero saber qué es lo divertido, Reo —fue lo que pudo decirle.
El aludido le miró un segundo, dudoso.
—¿En serio quieres saber? —pregunta porque no sabe a qué va. ¿Desde cuando a Nagi le importa lo que hace? El ser humano del cual es prácticamente responsable no parecía que diera un mísero comino por su existencia.
La expresión que tenía en su rostro, relajada y bordeando lo aburrida, se lo confirmaba. Sus párpados perezosos y sus labios en un semi puchero le daban a entender que no le interesaba realmente.
Contrario a lo que Reo podía interpretar, su acompañante asintió con la cabeza con bastante lentitud.
Reo ladeó la cabeza, y mandó una mirada furtiva hacia la salida de la cocina del pent-house. —¿No tienes que volver rápido? —quiere agregar un “como siempre”, pero se muerde la lengua, sin querer sonar borde.
Quien lo escucha ahora niega con la cabeza, lentamente.
—Quiero saber —explica brevemente y parece quedarse esperando.
Si lo piensa bien, no ve qué hay de malo en que pregunte. Lleva ya varias semanas trabajando para Nagi, además de que pasa más tiempo en esta casa que en su propio departamento, así que supone que es el suficiente tiempo para poder abrirse un poco más con el muchacho. Es su jefe —no realmente, se corrige, es su cliente—, supone que no tiene nada de malo.
Así que Reo lleva su mano a su bolsillo buscando su teléfono celular, echando el último ojo a la reducción en la olla, y desbloquea su equipo. En dos toques a su pantalla, Nagi ve maravillado cómo vuelve a aflorar la hermosa sonrisa que vio antes. ¿Cómo Reo era capaz de hacer una expresión tan hermosa?
La pantalla del celular le bloquea la vista de la sonrisa que quiere admirar y ahora puede ver el motivo de esta. Es una fotografía. Una tomada desde arriba. Es un muchacho. Nagi no sabe quien es, y en su mente recuerda lo que le dijo Hiori el otro día.
¿Su novio…?
—Es mi novio —no tiene mucho espacio para dudar respecto a la identidad de quien está frente a él—. Está donde su amigo y sus gatos lo aman, me mandó esa foto y me dio gusto verla.
Suena tan honesto que Nagi debe volver a ver la foto, esta vez con más atención. El novio de Reo se ve fuerte, no puede decir lo contrario, y en el fondo de su mente, en un pensamiento algo retrogrado quizás, pero que no puede evitar, piensa en que si tuvieran que pelear por Reo, sabe perfectamente que saldría perdiendo.
Nagi pasa saliva, sin entender bien por qué ha tenido ese pensamiento. ¿Por qué pelearía por Reo?
—Así que ese es tu novio —murmura más para sí, y el otro muchacho acentúa su sonrisa, provocando en Nagi una sensación horrenda en el pecho. No se entiende a sí mismo.
—Sí, lindo, ¿no? —le pregunta devolviendo la fotografía hacia su propio rostro. Quien lo acompaña observa cómo selecciona la fotografía y la acomoda para ponerla de fondo de pantalla.
Hace un sonido de molestia. No se entiende.
—No puedo opinar —responde, sacando una suave risa de Reo. Luego, se voltea, afirmando y espalda baja en el mueble de la cocina, bebiendo agua de su botella—. No es mi tipo.
Reo se sorprende, y le mira de reojo.
—¿Tu tipo? —inquiere, casi sin palabras—. No sabía que…
Nagi niega con la cabeza.
—No tienes cómo saber, es algo que pensé desde que Reo lo mencionó —no quiere entrar mucho en detalle, porque realmente no sabe tampoco qué le pasa respecto de eso.
Sin embargo, el otro parece entender.
—Ya veo —concede y se acerca hasta darle un empujoncito en el hombro con el propio. Nagi se sorprende. Al punto de sonrosarse por la acción y agradece que Reo esté revolviendo la olla, sin que se de cuenta de lo que acaba de pasar—. Cuando quieras puede contarme cual es tu tipo.
Nagi se espanta un poco. Reo no puede saber cual es su tipo, porque —francamente— si es completamente honesto, va a soltar que solo piensa en él desde que está reconsiderando su sexualidad.
—Me voy —con eso acaba la conversación y Nagi sale a paso apresurado.
—Ah, estará listo en una hora —es lo que escucha que le dice a sus espaldas, así que Nagi solo le enseña el dedo pulgar, saliendo aún más rápido de ahí.
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Nagi sigue sin entender qué le pasa bien. Lleva días en un estado extraño. Él siempre se sintió un extraño en general, pero ahora no se entiende a sí mismo. No es el tipo de extrañeza a la que está acostumbrado.
Ese día volvía de su terapia y estaba drenado emocionalmente. Había sido una sesión normal, donde su psicólogo le hacía algunas preguntas y él contestaba calmadamente, sin embargo, estaba exhausto porque a demás de responder a lo que le decía, también estaba ocupado de no soltar algo de lo que realmente quiere hablar. Odia pensar en Reo de esa manera. No entiende qué le pasa y no quiere entenderlo del todo tampoco, teme contarle respecto de lo que le pasa a su terapeuta, por miedo a que le ayude a darse cuenta de algo que no quiere.
No sabe qué va a hacer con esto. Nagi se estira en su cama y su cabeza está algo perdida en pensamientos. Se da cuenta de que no está de humor. Hoy no prenderá stream, por lo que le envía un mensaje a su manager, explicándole brevemente que está agotado. Sabe que Karasu lo va a entender y un día de escapar de la exposición tampoco va a hacer mucha diferencia.
Nagi deja su celular de lado y se sienta en su cama. Sabe lo que necesita hacer para sentirse relajado, así que no lo piensa mucho más y busca en su mesita auxiliar algún porro que ya tuviera armado. No iba a fumar mucho, solo lo suficiente como para sentirse tranquilo y que las voces en su cabeza no lo estuviesen sofocando.
Se preocupa de abrir una ventana y busca un encendedor. Encuentra uno y no prende. Busca otro y tampoco enciende.
Aquello le molesta un poco y decide solo dejarlo así. Vuelve a buscar su celular y piensa en a quien puede pedirle que venga a dejarle un encendedor porque no había forma de que fuese a salir solo para eso. Busca en sus mensajes hasta que encuentra el nombre de Reo, y solo entonces recuerda que debería avisarle que no venga, pues hoy no hará stream. En teoría no necesita venir.
Nagi frunce los labios, pensando.
Luego de unos largos segundos, vuelve a dejar su celular en la mesa, sin decirle nada a Reo, pues recuerda que una vez lo vio fumando un cigarro en el balcón.
—De seguro tiene un encendedor —murmura para sí, y se acomoda sobre su cama, decidiendo distraerse en sus pensamientos mientras espera que llegue Reo.
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Ese mismo día, cuando Reo llega, de inmediato se va a la cocina. Acomoda unas bolsas de productos sobre la encimera, y justo en ese momento Nagi lo encuentra en la puerta.
—Reo —lo llama, y este se voltea algo sorprendido a verlo. A esta hora ya debería estar en vivo, por lo que es algo extraño que vaya a recibirlo.
—Nagi, buenas tardes —le saluda con una sonrisa linda y su mente avanza rápido, intentando entender por qué lo buscaba tan pronto: —Ah, ¿tienes hambre? Puedo llevarte un sándwich si está bien, te lo dejo afuera de la puerta para no interrumpirte.
El aludido le queda mirando un momento, pero niega con la cabeza. Solo entonces Reo se fija en que no está vestido como usualmente lo hace para hacer streams, sino que lleva un buzo gris a juego como si fueran pijamas. Ahora, Nagi no era de producirse para salir en cámara, pero al menos siempre se preocupaba de cambiarse su playera y ponerse algo un poco más llamativo como parte de su branding.
—Hoy no prendo —explicó brevemente y se acercó unos pasos hacia él, sin dejar de mirarlo a los ojos—, ¿tienes fuego?
El chef parpadea un poco, confundido, pero sus manos bailotean por sus bolsillos en busca de un encendedor. Lo encuentra de inmediato y se lo entrega. Nagi saca el cigarrillo de marihuana que tenía en el bolsillo y lo prende frente a Reo, quien no puede apartar los ojos de los otros. Ninguno se da cuenta, pero no se han dejado de mirar a los ojos en todo ese rato.
—Es todo, puedes irte —comenta Nagi, dándose la media vuelta, dirigiéndose a su habitación.
Reo se encuentra algo perdido en la mitad de la cocina.
No quiere dejar las cosas tan así, por lo que sus piernas se mueven solas, siguiendo el rastro de Nagi por el pent-house, hasta llegar a la habitación que jamás había entrado. Y con razón, pues Reo solo trabaja en la cocina.
Su cliente está recostado en una cama grande, la cual tiene todas las sabanas en el suelo y la ventana está entreabierta, seguramente para que no quede tanto olor de lo que fuma.
Reo lo ve desde la puerta, inseguro.
—¿Te ha pasado algo, Nagi? —no puede evitar preocuparse. Lleva demasiado tiempo conviviendo (o algo así) con el otro muchacho como para no darse cuenta de que a pesar de que el streamer era una persona sumamente holgazana y sin ganas, jamás se perdía un día de trabajo (si es que a eso se le llamaba trabajo).
El aludido se sorprende al escucharlo, alzando la cabeza de la almohada. Parpadea una vez y vuelve a su posición.
—No, solo no quiero por hoy. Como dije, puedes irte, Reo —suelta Nagi, esperando que el muchacho de cabellos morados se vaya.
No obstante, este no se mueve ni un ápice.
—¿Seguro? Yo… —le responde, y Nagi decide incorporarse un poco en la cama para poder verlo mejor. Quizás no debió, pues la expresión de Reo es algo preocupada y no está seguro de que le gusta verlo así—. Yo… puedo hacerte compañía, si está bien para ti.
Nagi quiere gritar que quiere que se quede con él y si no fuera por todo lo que siente que lo confunde, lo haría. Su reacción es algo contraria. Se sienta mejor y le extiende el cigarrillo hacia Reo.
—Esta es mi condición, si quieres quedarte —no está bien que lo haga, pero no quiere que Reo esté lucido si va a compartir parte de su tristeza con él. Es la única forma en que no se sentirá juzgado por otra persona.
El muchacho en la puerta pasa saliva. Luego suspira, ya que no es como que nunca le haya causado curiosidad probar algo así. Vamos, que ya es mayor de edad hace tiempo, por lo que no cree que estará mal.
Camina hacia Nagi y recibe el porro.
—Fuma como si fuera un cigarro, no tan fuerte —le recomienda y Reo le hace caso. Pone el pequeño tubo en sus labios y succiona. Nagi no lo deja de mirar, pensando en cómo es un beso indirecto entre ellos dos, aunque se da algo de asco al pensar así mientras el otro muchacho está siendo confiado de lo que le está dando.
Cuando Reo exhala, suelta un pesado humo y tose dos o tres veces, aunque de manera controlada.
—Reo debería sentarse —le invita Nagi, palpando el costado de su cama.
El aludido así lo hace y se queda solo así, devolviéndole el cigarrillo a Nagi.
—Esto no es una prueba o algo así, ¿verdad? —inquiere Reo con una sonrisa de lado divertida—, no me estas probando como para ver si soy un empleado que diría no a las drogas, ¿o sí?
Nagi usualmente no ríe, pero en este estado ya afectado por el dulce relajo de la marihuana, es capaz de esbozar una pequeña sonrisa. Los músculos de su cara se sienten tiesos, pues jamás se sonríe por voluntad propia.
—No soy ese tipo de jefe —aclara, y vuelve a echarse hacia atrás, dando una calada más fuerte.
Aprovecha, también de moverse hacia un lado, dejando que Reo se recueste a su lado, aunque dejando un saludable espacio entre ellos donde además hay un cenicero.
Así se quedan terminando el cigarrillo, sin decir mucho, solo en la compañía del otro.
Al cabo de un rato, Nagi nota que Reo lo está mirando y se devuelve a verlo. Se da cuenta que sus ojos ya están algo más rojos, lo cual le causa algo de diversión pues sus porros jamás son tan grandes, solo lo suficiente para poder relajarse, así que ver a Reo afectado por esa mínima cantidad le llama la atención.
—¿Estás bien? —es lo que le puede preguntar.
El muchacho suelta una risa, afectado de manera positiva por la marihuana.
—Sí, es diferente —explica, y vuelve a mirar el techo, sin dejar una sonrisa pronunciada en sus labios—, con el cigarro normal es solo un mareo pequeño, pero esto… es como si… estuviera…
—¿Volando? —suelta Nagi, algo más dispuesto a hablar ahora que está bajo los efectos de aquella droga.
Reo suelta una risa, como si hubiera sido lo más divertido que ha escuchado en años.
Nagi se siente divertido al verlo así, aunque parte de su mente le dice que tampoco es bueno que se airee tanto. Se vuelve hacia su mesita y abre su reproductor de música de su celular. Quiere poner algo tranquilo para que Reo no se altere tanto.
Por lo que de pronto empieza a sonar música clásica. Algo amable y un piano.
Reo se calma visiblemente y parece querer escuchar con atención.
—Qué lindo —murmura y Nagi se siente mejor así, cierra los ojos también—, no sabía que escuchabas este estilo de música.
Si Nagi pudiera expresarse mejor o si tuviera las intenciones de compartir su mundo interior con Reo, le confesaría que escucha Debussy por su madre. Que ella solía tocar el piano a veces, cuando estaba bien.
—¿Reo cree que por ser streamer de videojuegos tengo que escuchar phonx y remixes de League of Leyends? —es lo que pregunta, y Reo se ríe, pero suavemente, ya no de manera estrepitosa como antes.
—Pues claro —contesta y parece relajado. A Nagi le gusta verlo así—. Me gusta cómo suena, solo que es difícil bailar este estilo.
—¿Bailar música clásica? —inquiere, dudoso.
Reo asiente y alza las manos, y finge que está dirigiendo una orquesta con sus manos sosteniendo palillos imaginarios. El otro suelta un carraspeo similar a una risa.
—Se puede… como un vals, supongo —comenta Nagi, sin querer seguir tanto el tema. Quiere escuchar la música.
Sin embargo, aquello hace que Reo se siente derecho en la cama, para luego ponerse de pie.
—Ven —le dice, emocionado.
Nagi frunce el ceño.
—¿Para qué?
Reo le saca la lengua.
—Para que bailemos, obviamente —y se ríe tiernamente.
Quien lo escucha suspira, pensando en que debió quedarse callado. Se pone de pie con pesadez, y Reo lo ayuda de una mano. Pronto están frente a frente, mirándose a los ojos.
—¿Reo sabe bailar vals? —suelta dudoso. El aludido se ríe y asiente con la cabeza. Nagi lo ve alzar sus manos y él hace lo mismo: antes de que Reo pueda decidir dónde sujetarse de él, Nagi ya tiene una mano en su cintura y con la otra le sostiene una mano.
Su compañero parece algo sorprendido, mas no replica nada, solo acomoda su mano libre sobre el hombro de Nagi y sonríe.
—Sígueme —se refiere a sus pasos de baile, aunque Nagi cree que lo seguiría a cualquier parte.
Reo le indica que se mueva a su velocidad, siguiendo sus pasos. La música tiene un ritmo perfecto, y cuando Reo mueve su pie hacia atrás, Nagi lo hace hacia adelante, y en viceversa. Pronto están moviéndose en un círculo característico del vals, sin giros ni movimientos extraños, solo caminando y avanzando con ritmo entre ellos, sujetados de las manos y sosteniéndose del otro con sus dedos.
Todo el tiempo van mirando el suelo, fijándose en sus pasos, hasta que eventualmente alzan la mirada y se quedan observando, sus cuerpos bailando en armonía por la inercia de la coordinación ya lograda.
—Nunca había bailado —musita Nagi, el movimiento del baile le está gustando y más si Reo es quien lo está acompañando.
Reo suelta una risa, sin perder el ritmo de sus pies.
—Yo sí —responde y le cuenta: —Mis padre suelen ir a estas fiestas para gente rica. Entenderás que cualquier baile que no sea Vals es un poco mal visto.
Nagi asiente con una pequeña sonrisa, pues le hace gracia.
—No imagino a la oligarquía bailando cumbia, la verdad —comenta y Reo se ríe, ahora algo más estrepitoso como antes. Es tanta su risa que debe detener su baile y se sostiene de Nagi para no perder su balance.
Inevitablemente se termina abrazando de él, y Nagi pone una mano sobre la espalda del otro, soportando su risa. No quiere abusar del contacto físico, así que no lo toca de más, aunque se da cuenta que muere por hacerlo. Mientras bailaban, el agarre en su cintura estuvo firme, aunque ahora se siente algo avergonzado de haberlo apretado de esa manera. Se pregunta si Reo se habrá dado cuenta de que lo estaba sosteniendo con tanta posesividad.
Cuando ni siquiera es suyo.
Reo acaba de reírse y lo mira. Están muy cerca, y las manos de Reo lo presionan de los hombros.
—Esto es lindo —escucha que le confiesa, y Nagi no entiende bien—. Siempre pensé que eras más serio, sin gracia, pero ahora estás siendo algo interesante, Nagi-kun.
Su cerebro no le ayuda a procesar. No quiere procesar, pero debe controlarse. Teniéndolo tan cerca y escuchándolo decirle esas cosas, no sabe qué va a hacer.
Decide interrumpir el momento. No va a hacer algo indebido, menos con Reo em este estado. Que aunque le gusta verlo así, relajado y sin tanta etiqueta, no corresponde que se aproveche de eso. No de su vulnerabilidad.
—Tengo hambre —dice Nagi, y se separan un poco.
La música sigue de fondo. Reo parece darse cuenta de que también tiene hambre.
—Prepararé comida —le dice, como recordando que él es el chef, pero el otro muchacho niega.
—Yo prepararé algo —advierte, y se va hacia la salida. Reo lo queda mirando con curiosidad—, ven, Reo.
Y este obedece de inmediato, yendo tras suyo.
Ya en la cocina, Nagi pone a hervir agua y Reo lo ve con atención buscar un paquete de fideos. El chef debe admitir que tiene curiosidad, ya que por primera vez lo ve preparar algo diferente a los ramen instantáneos o un pan sin nada de relleno.
—Esto es raro —comenta Reo afirmado sobre el refrigerador, refiriéndose al cambio de roles.
Nagi le manda una mirada con un sonido similar a una risa corta, poniendo una olla pequeña y llenándola de agua hervida.
—¿Seguro que no quieres que cocine? —inquiere algo dudoso.
El otro pone la pasta en forma de espiral dentro de la burbujeante agua. Reo quiere señalar que ha olvidado salar el agua, pero se frena, pues Nagi le queda mirando cuando acaba de echarla toda.
—Quiero hacer algo por Reo —su tono es bajito y el aludido no sabe cómo tomárselo. Arquea una ceja en duda.
—¿De a… cuerdo? —responde, sacado de onda, pero no objeta. Por el contrario, se va a sentar a la barra de la cocina, decidiendo darle la espalda a su cliente y distraerse con cualquier otra cosa que no sea mirar al otro muchacho mientras espera a que la comida esté lista.
Terminan comiendo un plato gigante de fideos con salsa roja sobre el mesón de la cocina, sin hablar nada, solo comiendo en silencio, cada uno metido en sus pensamientos.
Al acabar de comer, vuelven a la habitación y de nuevo se recuestan en la cama. Ahora ninguno habla mucho, solo cierran los ojos con la música de fondo. Ninguno se da real cuenta de cuando se quedan dormidos.
Luego de unas horas, Reo es el primero en despertar. Está atardeciendo, a penas unos rayos de sol presentes en la habitación.
Se despereza un poco, perdido al no saber en qué momento se quedó dormido. La música ya se ha detenido y se da cuenta que está dormido en el brazo de Nagi como almohada. También que el otro brazo del otro muchacho está sobre su cintura, sin fuerzas. Reo sonríe suavemente, algo enternecido en la manera de acurrucarse del otro sobre él. Su frente está reposada en su espalda y sus piernas enroscadas con las suyas. Reo está calentito gracias a eso, pues las sábanas de la cama siguen en el suelo.
Decide que no le importa, pues Nagi parece dormido aun, pero quiere saber qué hora es, y se ha dejado el teléfono móvil en su mochila. Debería prepararle algo de cenar a Nagi e irse, al menos para no sentirse tan culpable de que ha estado todo el día ahí sin cumplir su trabajo y que le vayan a pagar igualmente.
Con un dedo le toca el dorso de la mano a Nagi, esperando que despierte.
—Nagi, me voy a levantar —le dice en voz baja, y se remueve un poco, sin embargo, eso solo causa que el otro lo presione más contra su cuerpo.
—Cinco minutos más —suena a un ruego y Reo suelta una risita.
—De acuerdo —no puede hacer más que dejarse llevar por su petición, aunque sí se gira hasta quedar boca arriba. Se siente más que satisfecho de todo lo que comieron antes de dormir y pone una mano en su estómago, sobándose. Piensa en que ha sido un cambio interesante haber visto a su cliente cocinarle, lo cual lo hace sonreír. Luego, gira su rostro hacia Nagi y lo mira. No sabe por qué lo observa con atención: se fija en las pestañas blancas, en la punta de su nariz que brilla, la textura de su piel en la zona del rubor y lo pálidos que están sus labios, aunque realmente siempre lo estaban.
Reo se fija más. En la forma de su rostro, cómo caen sus cabellos por el puente de su nariz y en lo pacífico que se ve al dormir. La forma en que lo abraza para seguir durmiendo también le está llamando la atención. Se siente extraño del estómago, pero está convencido que es por la comida de antes, aunque el pensamiento de querer alzar la mano y acariciar su cabello no puede atribuirlo a nada más que a está pensando que Nagi es lindo. Se ve lindo así.
Y bueno, si lo piensa, debe ser algo atractivo si puede tener un público masivo en sus directos.
No debe ser nada nuevo para el streamer, así que Reo aparta la vista, sin querer ceder hacia ese pensamiento. Le urge hablar con Kunigami y saber de su día. Su novio no estaría contento si sabe que está así de acurrucado con un muchacho que no sea él, ni que tampoco sea un amigo que él conoce.
—Ya me voy a levantar —le advierte por última vez y se empieza a levantar. Nagi gime en molesta, pero lo suelta.
Reo queda sentado, observando alrededor con atención. Suspira una vez, y se pone de pie, abandonando la cama.
Nagi abre los ojos cuando se va y se queda mirando el espacio que ha dejado Reo en la cama, sintiendo el frío de las sábanas de inmediato.
