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Perder a tu alma gemela es perderte a ti mismo. Es ver cómo tu mundo se desmorona, cómo todo pierde sentido, cómo el aire se vuelve denso en tus pulmones y cómo, por un momento, tu corazón parece detenerse, solo para volver a latir con un dolor profundo y angustiante.
Y como si fuera poco, el universo decide mostrarte la verdad de la manera más cruel.
En este mundo, todos nacen sin la capacidad de ver colores, condenados a ver en tonos de gris hasta que encuentran a su otra mitad. Al encontrar a su alma gemela, el mundo se ilumina: sientes el cálido amarillo, el apasionado rojo, la serenidad del azul. El mundo comienza a tener sentido; es más brillante y fácil de habitar. Tener a alguien que te acompañe en las buenas y en las malas, alguien que te apoye incondicionalmente, es la mejor sensación del mundo. Pero todo inicio tiene un final, y nada es para siempre.
Al perder a un alma gemela, el color se desvanece lentamente y el mundo vuelve a ser gris, triste, como era antes. Pero ahora, después de conocer ese mundo colorido, el gris se convierte en el más cruel de los recuerdos.
Ranpo jamás imaginó encontrar a su alma gemela. Siempre pensó que viviría en un mundo en tonos grises, convencido de que el color no sería importante. No necesitaba saber si un árbol era rojo o azul, si el asfalto era verde o amarillo; no era necesario para cumplir ningún caso. Vivió en esa tranquila apatía hasta que, una noche, encontró a un chico tigre inconsciente en un depósito abandonado.
Al ayudar a Dazai a poner al chico boca arriba, el mundo de Ranpo comenzó a llenarse de color. En ese instante, una cálida sensación de "Al fin te encontré" inundó su ser. Sin embargo, Ranpo decidió mantener en secreto esa conexión, convencido de que así podría ignorar el deseo de estar cerca de Atsushi.
Pero el destino es caprichoso, y cuanto más intentaba alejarse de Atsushi, más dolorosa se volvía su ausencia. Atsushi era imposible de odiar: Era amable, inocente, con una sonrisa radiante que podría opacar al mismo y ojos tan bellos que merecían un poema, pero aún asi Ranpo sentía que les haría justicia. Atsushi era hermoso tanto por dentro como por fuera y, por sobretodo, inesperadamente inteligente. Pronto, Atsushi notó que gracias a Ranpo había visto colores por primera vez. Sin presionarlo, le dio espacio, asegurándole que, pasara lo que pasara, siempre estaría allí para él (Atsushi siempre fue demasiado bueno para su propio bien).
—Sé que hay una razón por la que no me lo dijiste en su momento, Ranpo-san —dijo Atsushi con una sonrisa—. No es necesario que hablemos de esto ahora, solo quiero que sepas que siempre estaré aquí para ti, siempre podrás contar conmigo en lo que sea, es lo menos que puedo hacer por mi alma gemela, prometo protegerte con mi vida si es necesario.
Pero ni la gran inteligencia de Ranpo pudo anticipar el destino que les esperaba.
Había pasado solo un año desde que Atsushi se unió a la Agencia de Detectives Armados, apenas 365 días en los que Ranpo disfrutó de su compañía. Ranpo sintió que el tiempo era demasiado corto, demasiado corto para disfrutar a plenitud a Atsushi. Quería mucho más tiempo.
Ahora mismo, se encuentran una misión peligrosa que hace entrar a Ranpo en desesperación por estar tan alejado Atsushi. Ranpo por primera vez en su vida tiene miedo por lo que trata de calmarse tratando de poner todo de sí para completar su misión con éxito y poder salir a buscar a Atsushi y asegurarse que estuviera a salvo. Odia estar tan alejado de él, odia estar incomunicado, odia estar aquí mientras quien sabe donde se encuentra Atsushi o si se encuentra bien. Ranpo comienza a temer tanto por el bienestar de Atsushi que comienza arrepentirse por no haber disfrutado a plenitud lo que significa tener a Atsushi como alma gemela. Pero intenta usar ese arrepentimiento como un impulso para mantenerse de pie, así cuando vuelva a reencontrarse con Atsushi, pueda confesarse y poder, al fina disfrutar tener a Atsushi como su media naranja. Ranpo podía imaginar como sería ese momento, las lindas mejillas de Atsushi tornándose de color rojizo, el tierno tartamudeo de Atsushi y su adorable temblor ansioso demostrándole lo nervioso que está y Ranpo simplemente se acercaría, lo abrazaría y por fin sabría a que sabe esos esponjosos y apetecibles labios rosados. Ranpo soñaba despierto con ese momento mientras cumplía su misión de rescatar a los demás miembros de la ADA.
Mientras se ponía al día con sus compañeros luego de rescatarlos disfrazado de Kamui, notó que los colores comenzaban a desvanecerse, primero fue de a poco, un minimo cambio que podría pasar desapercibido ante la vista de cualquiera, menos por la vista analítica de Ranpo. La mariposa en el cabello de Yosano perdió su color, y el gris invadió todo a su alrededor. Con el corazón en un puño, intenta comunicarse con alguien, ya sea Kyouka, Lucy, Anko, con cualquiera que pudiera decirle que estaba exagerando, que Atsushi estaba bien. Pero nadie contestó.
Miró sus manos grises, que ahora eran solo sombras de lo que antes tenían vida y color. Supo entonces la terrible verdad: Atsushi se había ido.
Sin estar consciente, Ranpo llora en silencio. Atsushi había partido sin saber cuánto significaba para él, sin que Ranpo pudiera decirle que el que él fuera su alma geme fue mejor que le había pasado en la vida. Ranpo se dio cuenta de que, quizás, siempre tuvo la oportunidad de expresar sus sentimientos, pero el orgullo le había ganado, y ahora era demasiado tarde.
Con el alma desgarrada, Ranpo gritó, suplicando a quien fuera que le devolviera a Atsushi, que lo necesitaba para vivir para darle sentido a su existencia. Pero el mundo no cambió.
El gris había vuelto, como antes de conocer a Atsushi. Solo que esta vez, toda posibilidad de sentir se fue con él.
