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La mano -pequeña, cálida y traviesa- no ha dejado de apretar la parte superior e interna de su muslo desde hace más de media hora, los dedos ágiles que conoce a la perfección juguetean con una falsa inocencia las costuras rígidas de su pantalón de mezclilla, pasando las yemas en un subir y bajar tentativo que causaba un cosquilleo en su bajo vientre, encaminandose prolongadamente con movimientos lentos, pero seguro, hasta la cinturilla de su pantalón, en dónde sobresalen ligeramente los rollitos de su estómago y rozan peligrosamente un poco más al centro; obligando a Max a permanecer completamente quieto, rígido como una estaca, y a aguantar la respiración.
Mierda.
No era el lugar ni el momento para ese tipo de toques bajo la mesa, estaban en la biblioteca, maldita sea, rodeados por personas que por mucho que estuvieran leyendo y concentrados en sus propios libros, podrían descubrirlos en cualquier momento, notar que algo raro estaba pasando con ellos.
Si bien Max tenía un rostro estoico, tan característico de él, que no mostraba ninguna otra expresión a pesar del fuerte burbujeo de placer que crecía conforme Sergio lo acariciaba, su cara roja era un blanco fácil para delatar su pequeña travesura.
Eran esas veces que odiaba su propia piel blanquecina, tan fácil de descifrar y descubrir sus mentiras y sus verdades. Max quiere tanto esconderse entre las páginas del grueso libro que tiene sobre la mesa y alejar esa traviesa mano de su regazo. Un gesto o un sonido que saliera de él y acabarían muy, muy mal.
Estar sereno y concentrado no era tarea fácil para la energía desbordante que era Max, hay pensamientos intrusivos como pensamientos desenfrenados que viajaban a velocidades exorbitantes por su mente, no todo el tiempo podía estarse quieto, y con Sergio a su lado se multiplicaba la dificultad para concentrarse y era sumamente cansado el poder realizar una tarea o estudiar lo más mínimo.
El calor que su novio irradia quema su cuerpo como cera caliente, como brasas ardientes, friendo las pobres neuronas de Max que le ayudan a procesar y a pensar adecuadamente ante la lujuria que amenaza constantemente que su autocontrol sea inhibido por su propio libido.
Sergio siempre lo distraía con sus toques suaves, con sus toques firmes, con sus dulces labios sabor a melocotón y con sus palabras sucias y calientes que susurraba sobre su oreja para que fueran directo a la cabeza debajo de su pantalón y le causaran un terrible dolor en ella, a él no le importa el lugar en el que estuvieran -salón de clases, cafetería, baño, cine, parque o la biblioteca, en este caso-, aprovechaba cada momento que Max no le prestaba atención para torturarlo y hacerlo sentir demasiado excitado para su propio bien.
Era un riesgo inminente su propio novio, una amenaza que acechaba con ojos de borrego y destellos verdes bajo la luz de los candiles, debió darse cuenta del lobo vestido de oveja que estaba a su lado y que no debió dejarse llevar por su aparente inocencia. Estaba demasiado absorto en lo que debía estudiar para su examen que ya era demasiado tarde poder evitar el juego arriesgado que lo ponía duro y bastante avergonzado.
Un juego demasiado peligroso como tentador que Max descubrió pocos meses después de iniciar su relación.
Al principio fue abrumador como extraño, aún le costaba creer que Sergio -su popular, carismático y guapo novio- gustara de él siendo tan distintos, completamente todo lo contrario -nerd, sabelotodo, tímido y con un pequeño, o no tan pequeño, problema de sobrepeso-, apenas y podían besarse sin que Max terminara poniéndose rojo o balbuceara incoherencias debido a que su sistema nervioso estaba crispado y su cerebro derretido ante el maravilloso gesto.
Que Sergio lo encontrara no solo atractivo emocional y románticamente, sino también sexualmente, lo ponía en una cuerda de tira y afloja entre su incomodidad y las grandes ganas por dejarse enredar por esas bonitas manos que lo tocan con tanto amor y cariño; en un tira y afloja entre detener cualquier intento por tocar debajo de su ropa y el fuerte deseo por satisfacer sus necesidades reprimidas y las de Sergio.
Quiere tanto poder ser quien haga el primer movimiento de tocar primero al otro, quien haga suspirar a Sergio más allá de unos cuantos besos acalorados y electrizantes.
Quiere tanto colarse entre esas lindas piernas y hacer ver las mismas estrellas que Sergio le hace ver cuando su boca estaba sobre su falo.
Pero por más que Max trataba de ir más allá de la pretina del pantalón de Sergio, en dónde claramente denotaba el fuerte deseo que su novio le tenía, se ponía demasiado nervioso y el temor de arruinarlo se presentaba en temblores y emociones abrumantes.
Tardaron meses para que Max le permitiera a Sergio quitarle la camisa, para que acariciara y viera el blando pecho que se escondía debajo de ella -lo que tanto había estado obsesionado a su novio desde que Max le mostró una foto suya cuando viajó a una playa en vacaciones con su familia-, y otro par de meses para que Sergio pudiera bajarle los pantalones, para que pudiera acariciarlo a su antojo y darle la mejor mamada de su vida.
Sabe lo mucho que Sergio lo desea, lo mucho que lo excita.
Cuando se portaba como todo un nerd erudito despotricando de cualquier tema aún sí Sergio no entendía completamente, cuando su ceño se fruncía debajo de sus lentes de marco negro, decorando su mirada sería y determinada, mientras sus labios se aplanaban ante la concentración de cualquier estudio o trabajo que estuviera haciendo, cuando explicaba algo y sus manos se movían en el aire con los ojos de Sergio siguiéndolos como un gato hipnotizado... eran los motivos suficientes para que Sergio comience a jadear y a removerse en su propio lugar buscando algo de consuelo antes de que desaparezca de su presencia para poder ir a masturbarse con el recuerdo de Max siendo él mismo.
Gimiendo su nombre con su espalda arqueada sobre el colchón, mientras sus manos y sus dedos hacían destrozos entre sus piernas.
Lo ha escuchado por las noches cuando Sergio cree que él estaba profundamente dormido, cuando la luz del dormitorio estaba apagada y el reloj en el escritorio marcaba más allá de las doce y media.
Lo ha escuchado rogar por él, por tenerlo entre sus piernas, la forma en que implora para que se lo coja, una y otra vez, acompañada con el sonido acuoso de sus dedos embadurnados de esperma, que entran y salen, que suben y bajan, susurrando palabras que acompañan las noches de Max -«mi gran novio», «mi bonito y sexy nerd», «más, más mi amor»-, mientras lloriquea y chilla contra la almohada hasta alcanzar el orgasmo.
Esos sonidos con su nombre entrecortandose y la gravedad rozando la agudeza, sólo evocaban pensamientos sucios, escenarios infernales en la pobre cabeza de Max, llenándolo de una frustración sexual que con cada día va aumentando y quebrantando su rígido autocontrol del que se ha estado jactando desde la primera provocación, pero que, sin duda, ya no estará por mucho tiempo.
No con Sergio estando tan cerca y siendo tan malditamente sexy.
Si su novio seguía así, tentandolo y provocandolo, Max no estaba seguro que haría a continuación con sus propias acciones, Sergio era el maestro de escapar de sus consecuencias con una sonrisa socarrona y una mirada coqueta, alborotando todo el sistema organizado de Max y poniendolo de cabeza. Hubiera sido moral y decente que en el instante que sintió el tacto de su novio, hubiera dejado en claro que nada de jueguitos en un lugar tan público como en la biblioteca, pero con su mente cansada y atiborrada de cosas, sumándole la frustración sexual que sentía, Max ya no podía negarse.
Su estúpida abstinencia auto impuesta se puede ir directo a la mierda, sinceramente, Max no cree que pueda soportar un solo minuto más sin querer darle una lección a su cachondo novio. Si Sergio quiere tanto su pene, lo tendrá, finito. Al primer apretón en su notorio bulto, Max se lo llevará directo al dormitorio y le dará la cogida que tanto ha estado pidiendo, rogando en silencio.
Sabe lo suficiente para hacer sentir bien a Sergio sin lastimarlo ni nada aun si no han llegado a la penetración, tenía un bote de lubricante escondido bajo su cama y un par de tiras de condones de su talla que solo estaban acumulando polvo desde que Max consideró el sexo en días futuros.
Nunca supo cuándo sería el día que llegaría a usar el lubricante y los condones hasta ahora.
Siguió -o intentó seguir- estudiando fingiendo normalidad con la excitación calando bajo su huesos y músculos, su pelvis duele con el cosquilleo aumentando. Sergio estaba a su lado sentado en su propia silla, viendo su teléfono con una sola mano mientras la otra trataba de colarse debajo de sus pantalones, la palma en su vientre blando era extremadamente caliente contra su piel fría, acariciaba el camino de vello suave y rubio que se extendía por debajo de su ropa y los dedos pequeños, pero ágiles, se adentraban por detrás de la cinturilla hasta rozar el vello de su pubis.
Sergio acaricia la base, haciendo rulos en su pubis, tanteando el suave terreno y jugando como todo un gato diabólico con él. Max se sobresaltó y casi gime sonoramente ante el terrible cosquilleo placentero que surgió con esa caricia, sus piernas tiemblan repentinamente y su boca jadea como un maldito perro, puede jurar que Alice, una compañera suya de clases de estadística, no muy alejada de su mesa, los estaba viendo y probablemente ya tenía una sospecha de lo que estaba pasando. A veces les lanzaba sus ojos furtivos para luego regresar a su propio libro de economía y marketing.
Esa manía de Sergio por avergonzarlo en público, de ponerlo nervioso y ruborizado hasta el cuello, mientras lo masturba lentamente hasta que Max esté suspirando y mordiéndose los labios...
No puede pedir que Sergio se detenga y fingir que era todo un santo porque sería hipócrita de su parte y la realidad era que a él también le gustaba disfrutar de la adrenalina de ser descubiertos y anhelaba con tanta fuerza el tacto de Sergio.
Su novio no era el único que rogaba por tocar y ser tocado, Max no era distinto a él por mucho que la timidez cubriera sus verdaderas fantasías.
Soltó un suspiro para amainar la cantidad de supuestas sospechas que su cabeza se creó ante la paranoia de que alguien se hubiera dado cuenta, pero ese ligero suspiro, más que ser de alivio era un tanto de placer cuando los dedos acariciaron la base de su pene y recorrieron el largo del falo hasta llegar a la punta húmeda de su uretra. Sergio sabía dónde tocar aún cuando su miembro estaba restringido y apretado por la ropa interior y sus pantalones, se sentía tan bien que Max casi pierde el juicio.
Sus párpados se abrieron tan grande como se le eran permitidos cuando Sergio dió un tirón y Max casi se suelta a gemir ahí mismo en su lugar. ¿Pero que demonios...?
Su vista pasa de los párrafos de textos, que ya eran borrosos ante sus ojos nublados de placer, a la extensión del brazo pecoso y moreno de Sergio que termina en su muñeca oculta bajo su pantalón, el movimiento constante de su mano sobre su hinchado y adolorido pene era erótico. Su novio lo mira de reojo y sonríe el maldito, relame con su pequeña lengua rosa lentamente sus suaves labios hasta que estos brillen bajo la luz de la lámpara, tentando aún a Max.
Sergio sabe perfectamente lo que hace, no parece arrepentido en lo absoluto. Ni siquiera mueve su mano cuando un estudiante se sienta frente a ellos, enfrascado en su teléfono y un libro de fantasía que tenía a un lado suyo.
Mierda. Mierda. Mierda.
Ya no puede tolerarlo, lo ha estado haciendo por once meses, dos semanas, tres días y treinta y cinco minutos, está claro que su día de estudio no era más que una estúpida ilusión que él mismo se inventó, que por más que se esfuerce por concentrar su cerebro en los temas importantes para su examen de anatomía, se terminará concentrando en la anatomía de la mano de Sergio y en su perfecta pequeña lengua húmeda, que no ha parado de asomarse desde hace más de tres minutos.
Ya no le importa si las responsabilidades académicas comienzan a atormentarlo con el deber y la inquisitiva y crítica mirada de su padre apareciera en su cerebro, ahora mismo tiene otra responsabilidad que tiene que atender y esa era su cachondo novio que no paraba de masturbarlo bajo la mesa.
Lento, seguro, determinado...
-Basta-susurró con una firmeza que ni él mismo se la puede creer.
Toma la muñeca de Sergio y la saca de su pantalón, sus útiles los guarda tan rápido como puede en su mochila, y antes de levantarse con la bragueta abajo y el botón desabotonado, Max jala de su suéter verde para cubrir su cintura y agarra nuevamente a Sergio para jalarlo consigo hacia el pasillo que los llevará a la puerta de la biblioteca.
Los encamina por las escaleras de piedra hacia el patio en dónde dos grandes edificios de la facultad de administración les da la bienvenida con sus emblemáticos ladrillos rojizos y las hojas de los árboles caídas formaban pequeños montículos tras la llegada del otoño, una vista tranquila para una mente turbulenta. Max piensa brevemente el camino más rápido hacia el edificio de su dormitorio, decidiendo si ir por la izquierda o la derecha, no es hasta que Sergio se acerca a él para darle un húmedo beso en el cuello que el cerebro caliente de Max toma la vía más fácil y práctica.
En menos de diez minutos ya estaban frente a las puertas de su edificio, sonriendo nerviosamente y tropezando con sus propios pies ante los toques descarados que Sergio le daba a su pobre trasero. Lo pellizcaba y lo apretaba, ni que decir de la mano que se adentraba por debajo de su suéter y playera que amasaba su costado abultado.
Una vez que llegan a la puerta de su habitación, Max mete sin preámbulos a su necesitado novio y lo empotra contra la pared más cercana, manteniéndolo bajo su dominio con ambos brazos colocados a cada lado de su cabeza y su rodilla entre sus piernas. Su vergüenza y su naturaleza tímida quieren obligarlo a desistir y a esconder la cara bajo el cuello de su suéter, esto era irreal y nada propio de sí mismo, pero debe hacer entender a su novio que sus acciones tienen consecuencias y por mucho que Max las tolere, esta vez no.
El maldito gato de casa se convirtió en un león hambriento y fiero. O eso cree...
-Uy, mi amor, no conocía está faceta tuya, me gusta-Sergio coquetea con el peligro frente a él, sonríe cuando mira los ojos serios de su novio y se frota ligeramente contra la rodilla entre sus piernas-. ¿Qué te hizo actuar tan impulsivamente? Recuerda que soy yo el más atrevido entre los dos, Maxie.
-¿Crees que es divertido tocarme en la biblioteca con un montón de estudiantes rodeandonos de esquina a esquina?-murmuró-Eres un cínico caprichoso, Checo.
-Y así me amas, leoncito. Además, no te ví muy dado a detenerme desde que empecé a tocarte-Sergio vuelve a meter su mano bajo su pantalón, su sonrisa se ensancha cuando escucha a Max jadear y cerrar instintivamente los ojos ante el subidón del placer y del calor en sus bolas-. Mírate, corazón, tan necesitado con ganas de que te toque. No te hagas la blanca paloma conmigo Max, se lo mucho que te gusta lo que hago y lo mucho que te hace sentir bien.
Un vaivén lento que se hace más fuerte gracias al esperma que Max empieza a soltar, los mantiene allí contra la pared, jadeando y encerrándose en su pequeña burbuja. El rubio recarga su frente contra el hombro del moreno permitiendo que el joven hombre tome las cuerdas de su breve dominio; Sergio le saca el pene del pantalón, lo masturba con más vehemencia y le besa su regordeta mejilla mientras le habla con palabras sucias y tiernas que ponen aún más caliente a Max.
-¿Así te gusta, bebé? Que tenga tu pene en mi mano y haga correrte en ella-otro beso va dirigido a su rostro, Sergio succiona ligeramente la piel, enrojeciendola-. Mi bonito y tímido novio, tan grande pero tan débil ante mis encantos. Quiero tanto poder subirme y brincar en tí. Ah Max, quisiera tener tu verga dentro de mí.
Sergio lo toma de la nuca y empieza a darle un profundo y necesitado beso sin dejar de masturbarlo, su lengua se adentra a su boca, acariciando cada rincón hasta que Max termina gimiendo y jadeando como todo un desesperado. La saliva baja por las comisuras de sus labios, manchando sus barbillas del fluido que llega a humedecer incluso sus cuellos, el olor corporal, a colonia masculina y a esperma inunda sus sentidos y los hace más propensos a no pensar más allá de la cabeza de sus penes.
Antes de si quiere poder decir algo, Max echa la cabeza hacia atrás y se corra con fuerza contra la mano de Sergio, su cuerpo tiembla por el éxtasis post orgásmico y gimotea contra el cuello de su novio. Puta madre, fue excelente, carajo, mierda.
-¿Maxie?-preguntó Sergio sobre su oreja, besando el cartílago y dejando que su aliento acaricie la piel-¿Todo bien, grandote?
Max tardó en contestar debido a que su cabeza estaba en una nube esponjosa que olía jodidamente bien. A madera y a eucalipto-Sí, mijn liefje. Todo bien, Checo.
Una vez que recupera parcialmente la conciencia después de perderse en las mil sensaciones producidas por el orgasmo, la gran mano de Max se despega de la pared y baja hacia el rostro cálido de su novio, allí sus dedos acarician la barba que crece en la barbilla -mierda, le quedaba tan bien- y gira ligeramente la cabeza de Sergio hacia su dirección para capturar los lindos labios que lo tienen completamente enamorado y alocado en un beso casto, dulce y poco apasionado que va escalando a algo más denso y prolijo.
Siente como Sergio lo suelta, su pene está endurecido debido al frote suave contra la entrepierna de Sergio y sopesa lo complicado que será limpiar el semen seco de sus pantalones y los de su novio. La mano manchada de su esperma se coloca justo detrás de su ancha espalda, incitándolo a acercarse aún más al moreno haciendo más real su cercanía, más latente sus emociones y más íntimo su pequeño momento.
Los pies del castaño anda en puntillas con su cuerpo colgando de la pierna entre las suyas y sus brazos abrazan fuertemente la espalda de Max con sus manos hechas puño en su bonito suéter verde. Al igual que Max, Sergio toma del rostro al rubio y abre aún más la boca cuando la tímida lengua le pide permiso para entrar, jadea sonoramente y hace sonidos que provenían directamente de su pecho.
Era tan romántico, tan caliente.
Sergio podrá ser un joven atrevido y un poco pervertido con actitudes quisquillosas de vez en cuando, pero también era todo un romántico que soñaba con su perfecto romance sacado de película, se derretía ante las muestras de afecto y cariño rebosantes de ternura, amaba cuando era tratado con amor y caricias suaves. Admite que le era más excitante ser tratado con dulzura que con dominancia y algo de salvajismo, sus antiguas parejas habían sido buenas pero no como su grandote y adorable Max.
Max lo trataba como todo un caballero considerado que se ruborizaba ante sus encantos y sonreía tímidamente cuando Sergio lo miraba o tomaba su mano. Por más que lo sacara de sus casillas con sus juegos y provocaciones, su novio nunca se ha comportado como un bruto y mucho menos ha sido grosero con él por mucho que Sergio se lo haya ganado incontables veces en el pasado.
Ay, haber conocido a Max fue como sacarse la lotería y ganar el premio grande y millonario. No pudo haber conseguido un mejor hombre en su vida que este que lo besaba con ternura y dedicación, tan encantador con esa mirada de gatito y ese cuerpo grande y sexy que le fascinaba. Sus ganas por desnudar a su novio eran grandes, quería su cuerpo pegado al suyo, su pecho unido al de él, amasar esa carne y rebotar sobre esas grandes piernas que amaba besar y marcar con su boca.
Fue una gran sorpresa para él cuando sintió la mano de Max colarse por debajo de su playera, tocando su abdomen con sus dedos gruesos y largos, subiendo como serpientes por las curvas de su vientre hasta su pectoral esponjoso que apretó con suavidad, provocando en él un fuerte gemido que salió disparado de su boca y un movimiento impulsivo de su cadera contra la pierna colada entre las suyas.
Sus ojos miraron el contrariado rostro de Max, asombrándose por la nueva expresión que hizo que Sergio se sintiera pequeño y dichoso. Los lentes están torcidos sobre el puente de la nariz prominente, el cabello rubio que siempre está bien peinado está desacomodado con mechones al frente, dándole un aire más liberal y salvaje al estoico neerlandés; sus labios gruesos están hinchados por tantos besos y su regordete rostro estaba completamente ruborizado con algunas perlas de sudor humedeciendo su piel.
La imagen perfecta de la lujuria que Sergio ha estado esperando ver por bastante tiempo al fin estaba presente a él.
Max se veía perfecto, se veía hermoso.
Necesitaba obtener más de esa bella pintura, retratarla en sus retinas hasta que se fundieran en ellas.
-Mi amor, estás tan bonito-gimió Sergio contra la boca hinchada, buscando besar el lunar de aquel labio superior-. Te ves espectacular. Cómo me encantas.
Sergio pasa sus manos por todo el bello y ruborizado rostro de Max, demasiado contento y excitado como para romper la cercanía y obligarlos a los dos a conseguir una posición más cómoda. Desea la suavidad de su cama pero también quiere permanecer eternamente contra la pared si es Max quien lo mantiene allí.
Lo vuelve a besar con lentitud, frotándose al mismo ritmo que sus labios se mueven.
-Checo-dijo Max una vez que separó su boca-yo quiero decirte algo.
-¿Qué es, leoncito?
De repente, esa mirada fiera que parecía devorarlo se desvanece trayendo consigo aquellos ojos de cachorro que Sergio conoce tan bien. Se quiere reír por la ironía, no puede creer que en un momento como este, después de haberlo masturbado, besado y frotado, Max se comportara tímido de nuevo.
Aquella cualidad que caracteriza a su novio lo había enamorado en primer lugar.
-Lo he estado pensando por mucho tiempo y, sinceramente, quiero hacerlo-Max, a pesar de la vergüenza reflejada en su rostro, se mantiene firme y mira a Sergio a los ojos-. Quiero que tengamos sexo, quiere hacerte sentir tan bien como tú lo haces conmigo. Quiere conocerte más, mijn zonnebloem.
-¿En serio? ¿Esto no es por qué te sientes presionado, verdad Max?-pregunta serio el moreno, ya no le interesa el deseo bajo su piel y el dolor bajo su pantalón, había querido escuchar esas palabras de parte de su novio pero Sergio no estaba cien por ciento seguro que Max fuera completamente honesto-¿Realmente quieres hacerlo? No me importa si no es así, corazón, podemos únicamente besarnos y tocarnos de forma superficial-
-Sergio-la profunda voz lo calla, el cuerpo de Max se vuelve a acercar con su pecho presionando el suyo, acorralandolo nuevamente contra la pared. Sergio tiene demasiado alterado el corazón y probablemente su sangre se fue directamente a su pene por lo que su mente se puso en blanco-, hablo muy en serio. Quiero hacerlo contigo y no porque me sienta presionado. Te quiero y te amo, Checo.
Ahora el que está tímido y un poco retraído es él, Sergio puede sentir como su rostro se calienta a niveles inimaginables, como su cuerpo se llena de escalofríos y en su vientre mariposas revoloteando. Podría chillar de la emoción, saltar ahí mismo, lo habría hecho si no fuera por su posición actual y porque estaba demasiado absorto en la seriedad de su novio, la manera en que lo miraba y el tono que uso para confesarle que lo amaba... ¿Cómo negarse ante tal bonita proclamación?
Su chico grande siempre lo sorprendía, no importa si ya llevaban tres años de conocerse y casi un año siendo novio.
Siempre hay algo nuevo por descubrir.
-Maxie, yo también te amo-Sergio sonríe, se veía tan lindo que Max no puede evitar besarlo otra vez.
Está nervioso, no cabe duda, hace el esfuerzo para no dejar que se refleje en el instante que toma a su novio de la cadera y del trasero para poder cargarlo y hacer que se quedará prendado de su cintura. Su pene está duro como madera, completamente despierto y expulsando presemen, duele un poco por la presión pero esa sensación se desvanece cuando Max los lleva a la cama más cercana -la suya- y Sergio comienza a tocarlo más allá de su suéter y su playera.
Antes se hubiera sentido cohibido con el tacto ajeno sobre él, avergonzado de sí mismo por no ser el novio atractivo que Sergio se merecía tener, su sobrepeso siempre fue su mayor complejo, su más grande batalla desde que era un niño.
Pero con los besos cayendo sobre su piel, los susurros cariñosos llenando sus oídos y el deseo mutuo que Sergio le demostraba por la manera en que se frotaba contra él y hacia sonidos necesitados, Max acalla esa vocecita molesta de su cabeza y deja que Sergio haga lo que quiera con él.
Deja que lo toque.
Deja que lo aprecie.
Deja que lo ame.
Su suéter verde desaparece al igual que su playera, prendas lanzadas y botadas al suelo, pasando a último plano para ambos hombres de veintitantos que seguían besándose hasta el cansancio. El frío en el dormitorio es notorio, la baja temperatura se sentía desde inicios de septiembre ante la llegada del otoño, Max tiembla ligeramente y se refugia en el calor de Sergio cuando lo abraza y lo atrae aún más hacia él.
Su novio se encarga de contrarrestar sus frívolos temblores por unos más cálido y emocionantes, jadeando cuando Sergio aprieta su pecho y baja su cabeza hacia su cuello para comenzar a chuparlo y marcarlo.
Estaba en la gloria con su novio sentado en su regazo, frotándose contra sus piernas y su excitado pene, no quiere ser él único casi semi desnudo en la habitación, no lo veía justo, por lo que levanta el borde de la playera manga larga de su novio y con solo una mirada hacia los orbes de Sergio, pide permiso en silencio hasta que Sergio hace un sonido de confirmación.
Cuando conoció la desnudez de Sergio la primera vez, sintió la pequeña espinita de la envidia calando en sus costillas aunque hubo algo más grande que acaparó ese amargo sentimiento; su novio era músculo magro y silueta esbelta, no era delgado como un modelo de revista, pero el ligero abultamiento en su vientre era lo que Max consideraba sexy, tenía un pecho suave y relleno con relieves que sobresalen con cada playera o camisa que viste, tenía unas piernas delgadas, pero fuertes, trabajadas con años de entrenamiento en un equipo de fútbol local que ahora servían para abrazarlo y someterlo contra la cama, tenía un par de brazos fuertes besados por el sol que abrazaban el suave cuerpo de Max cuando caía la noche, y por último, tenía un bonito pene de tamaño perfecto que cabía bien en la mano de Max.
Todo en él era perfecto.
-Maxie, tócame por favor.
Un ruego o posiblemente una súplica. La desesperación es palpable con cada palabra y no permite que siga fluyendo colocando sus manos sobre la piel cálida y comenzando a tocar con tanta libertad a su novio. Suave, Sergio era suave a pesar del músculo firme debajo de él.
Mientras Sergio seguía besándolo, Max se encargaba de explorar las zonas, de reconocer el terreno que le es parcialmente desconocido, gime con fuerza cuando la mano de su novio lo toma otra vez, cuando el vaivén se une con la sensación de los besos húmedos y el frote constante de ese culo sobre su regazo.
Sin ver, Max lleva sus manos hasta la espalda baja, en el borde del pantalón de Sergio, se atreve a comenzar a adentrarse entre la tela del pantalón y el boxer, y amasa ese exquisito trasero con ambas palmas, apretándolo, haciendo suspirar y jadear a Sergio.
-Ahh, Max.
Sergio se separa de su cuello, jala su cabello rubio y lo besa sin dejar de masturbarlo, Max aprovecha para desabotonar el pantalón y bajar el cierre, la parcial libertad le permite tocar más allá, a pasar su mano por el bulto húmedo y duro de Sergio, y dar la misma caricia que su novio bonito.
Han sido las pocas veces que ha tocado el pene de Sergio, pero nunca se cansará de tenerlo bajo sus dedos, de ver a su coqueto y seguro novio desmoronarse frente a él.
-Haces ruidos muy bonitos, Checo.
-¿Sí?-Sergio sonríe-No soy el único, grandote.
Frote tras frote, el esperma se desborda, la saliva humedece sus bocas, sus pechos se tocan y sus calor corporal se vuelve infernal; al llegar al orgasmo, solo les tomó unos breves segundos recuperarse antes de que los dos se arrastraran al centro de la cama individual y se desnudaran por completo. Sergio, el más atrevido de los dos y el que siempre da el primer paso, se quitó sus pantalones junto con su ropa interior y zapatos, quedando únicamente con sus calcetines acolchados, se quitó del regazo de Max y ayudó a su novio a quitarse el resto de su ropa. Se quedó un poco atontado por ver la piel rojiza y blanquecina de Max, los lunes y el vello que está esparcido en todo su cuerpo.
El pene rígido se veía hermoso entre esas grandes piernas, la cabeza es rojiza con una vena sobresaliendo a lo largo del tronco, sus bolas debajo de el están hinchados y el pubis que crecía en la base tiene un tono color ocre más oscuro que el cabello en la cabeza de Max.
Su boca se siente seca, tiene grandes ganas de chupársela a Max, de saborear el sabor del semen en su lengua.
-¿Pasa algo, Checo?
Debió darse cuenta que algo le sucedía por el silencio y la falta de acción.
-Maxie-Sergio se coló entre las piernas de Max, mirándolo con ojos de borrego y súplica-¿me dejas chupártela?
Oh, mierda.
-...-Bochorno, nervios. Maldita sea Sergio y su manera de hacer que una mirada tan tierna fuera tan erótica-S-Sí.
-Gracias, cariño.
Primero son besos, lamidas de gatito, es caliente, tierno pero duro, tiene un sabor algo salado pero a Sergio no le importa. Escucha a su novio suspirar y aguantarse los sonidos que le provocaba, levanta la vista y sonríe internamente al ver a Max echar la cabeza hacia atrás, hacer una mueca cuando le da una larga lamida desde la base hasta la punta; se veía muy, muy guapo con su cabello despeinado y los lentes desacomodados, su pecho sube y baja haciendo notar la curvatura y sus piernas se abren más para que Sergio se acerque y pueda chupar con más libertad.
-Ga zo door, Sergio. Je doet het zo goed, liefje. (Sigue así Sergio. Lo haces tan bien, amor.)
No le da momentos a Max para respirar ni para aclarar la mente, el menor se retuerce debajo suyo, temblando y gimiendo con más fuerza conforme seguía chupándosela. Hace un excelente trabajo tragando el trozo de carne caliente hasta que llegue al fondo de su garganta, soportando las arcadas cuando Max coloca una mano en su cabeza para que bajara aún más.
-¡Mierda, Checo!
Sergio se ve obligado a agarrar los muslos gruesos para darse la fuerza por tragar todo el semen que su novio expulsa en su boca. Casi se ahoga. El pene se desliza por su lengua y sus labios, cayendo sin gracia sobre la pelvis de Max, los labios de Sergio tienen hilos acuosos de fluido espeso que limpiar con la lengua para posteriormente subir al regazo de Max y acercarse a besar la mejilla sudorosa y sonrojada.
Exhala e inhala fuertemente, Max está que se lo llevaba el maldito diablo pero no en el mal sentido, su novio lo mima mientras la euforia del orgasmo seguía alterando la química de su cerebro, su cuerpo está pesado y su corazón parece querer salir de su pecho, no sabía que necesitaba esto, el estrés por su examen se había esfumado -temporalmente.
Si tuviera la capacidad de ronronear, probablemente ya lo estaría haciendo, su persona favorita estaba justo recostado encima de él, colmándolo de caricias reconfortantes mientras el calor los abraza.
Su bonito novio ha sido bastante paciente con él y debe recompensar el tiempo perdido.
-Me haces sentir increíble, pecas-Max acaricia el cabello suave con los dedos-. Permíteme devolverte el favor.
Estira su brazo hacia el borde de su cama, entre la base y la pared, sacando el bote de lubricante color rojo, sabor a frambuesa, junto con una tira de condones el cual arranca un sobre con la boca, todo siendo observado por Sergio quien está anonadado cómo desconcertado.
-¿Cuando compraste esto? ¿Desde cuándo lo tienes, Max?
-Mmh... Tal vez... ¿cuatro meses?
-¿Has tenido lubricante y condones durante cuatro meses, escondidos en tu cama?
Max asiente.
-Si que lo tenías pensado, amor.
-En mi defensa, no sabía cuándo sería el momento que lo usaría, quería que cuando llegara el momento de estar preparado.
-Oh, Max-Sergio agarra sus mejillas y le da un largo beso-. Por eso me encantas.
-También tu me encantas-contesta.
Se hace un pequeño silencio después del beso, Max mira con duda, ya era el momento para lo que venía a continuación, pero aún cuando era notorio quien iba a tomar cierto papel, no evita que la pregunta saliera de sus labios-. ¿Quieres que te prepare o tú me preparas? No me importa estar abajo mientras seas tú.
Y era verdad. Sí, daba miedo el solo pensar tener algo dentro de él, pero con Sergio ese temor no duraría mucho, su novio por más desesperado que esté nunca, jamás lo lastimaría.
-Ay Max, no sé qué sería de mi vida sin tí. Es bonito escucharte decir eso, pero sinceramente, ahora lo que yo quiero es montarte, una y otra vez hasta que me canse y te ruegue para que me cojas. Ya luego veré cómo tener esas bonitas piernas alrededor mío.
Max ríe.-Mierda, Checo.
-Vamos, grandote, prepárame.
El neerlandés se sienta y jala a Sergio consigo, toma la cintura de su novio, masajeando el hueso de la cadera y la curva de su trasero, se besan una última vez y Max abre el bote de lubricante sin usar para colocarlo en sus dedos. Una cantidad generosa pero suficiente para poder entrar y salir con facilidad de su novio. Acaricia a Sergio para relajar la tensión en él, suave y lento mientras lleva su mano hacia las nalgas separadas, el calor del lubricante y del cuerpo de su novio se siente exquisito con la temperatura baja colándose en la habitación, la punta de su índice toca el borde y Sergio salta sobre él.
-Perdón.
-Está bien, pecas.
Juega con él, acaricia alrededor con toques superficiales y luego se hunde poco a poco en el interior de su novio para empezar un prolongado entra y sale para ayudar que Sergio se acostumbre a él. Tenía un largo camino que recorrer, Max era grande en todos los aspectos, no solo hablando de su estómago.
-Mmh, Max.
-Si te duele y te lastimo, me dices, mijn liefje.
-Sabes que lo haré-¡Ah Max!
Un dedo se vuelven dos y su caricia en el pene de Sergio se hace más rápido, escucha a su novio jadear contra su cuello y el aliento calienta la sangre en su carótida, agrega otro dedo en el agujero de Sergio y aumenta la velocidad sobre el vaivén de su masturbación.
-Más, más, Maxie. Ah, Max.
Max nota la tensión y también que incomodidad en Sergio por la forma en que su rostro se convierte en una mueca, sólo se detiene un momento para recostarse sobre su cama y tener a Sergio sobre su pecho, lloriqueando y gimiendo. Es más complicado masturbar a su novio pero no le impide a Max seguir tocándolo.
-¿Te gusta, Checo? ¿Lo hago bien, mijn liefje?-pregunta. Su respuesta fue un fuerte gemido acompañado de una jadeo.
-Ah. Max, cariño. L-Lo haces muy bien, siento que me correré p-pronto.
El tercero dedo entra con el roce de un cuarto, las penetraciones se avivan aún más y cuando Max cree que Sergio alcanzó la cúspide de la comodidad, roza la próstata, justo dónde un hombre puede ver estrellas sin la necesidad de tener algo rodeando su miembro.
-¡A-Amor!
Roza y no deja de tocar ese lugar, las penetraciones van al compas de su vaivén y Sergio no para de moverse sobre él buscando su orgasmo.
De repente, el moreno se sienta, su boca está completamente abierta con su voz tornandose aguda y su cabeza hacia atrás, Sergio estaba explotando por todas partes.
Hilos de esperma salen entre sus dedos, desbordándose y cayendo en gotas pequeñas hasta su vientre, Max saca sus dedos y agarra el condón que estaba a lado de su cadera, siente su mano entumecida y le cuesta abrir el aluminio.
-P-Perdón si tardo, pecas-el nerviosismo es notorio.
-Ey, Max, tranquilo. Te ayudo, grandote.
Con una experiencia envidiable y cuestionable, Sergio toma el condón que Max tenía en la mano, rompe fácilmente el aluminio y saca el aro de plástico para colocarlo en el pene endurecido debajo suyo, sus dedos deslizan sin dificultad el condón hasta que cubrir todo el falo, y una vez hecho su trabajo, Sergio sonríe con una coquetería que lo caracteriza para comenzar a moverse sensualmente.
-Corazón, ¿sabes lo caliente qué eres para mí, lo duro que siempre me pones, Max? He soñado tantas veces con tenerte entre mis piernas que ya es un sufrimiento el solo pensarlo, esa verga tan bonita no debe serme escondida de aquí en adelante.
-Mmh... Checo.
-Ese es mi nombre, Max.
Lleva su mano al pene, lo acaricia brevemente y luego lo dirige hacia su agujero húmedo y dilatado, los dos gimen al mismo tiempo y Max ayuda a Sergio a ir despacio mientras le toca las piernas, la cadera o cualquier otro lugar para distraerlo.
-S-Si que eres grande, bebé.
-Mierda, estás muy apretado y caliente, pecas. No te muevas, por favor, bebé.
-¿Por?
Max se quita los lentes -Sergio jura que casi tiene un orgasmo- y toma el rostro del moreno.
-Porque si lo haces, no creo poder resistirme.
-Entonces, no lo hagas, guapo.
Todo es brasas, llamas y fuego pasional. Sergio es mejor que una aprobatoria en el examen más complicado o el final de un proyecto agotador. Fascinante, erótico y hermoso, tres cualidades fusionadas con las que identifica la bella imagen de Sergio saltando sobre él.
Sus pechos rebotan, su cabello baila en el aire y sus ojos, rebosante de amor, brillan como estrellas que iluminan la noche. Rico, apretado y húmedo. Max casi se desmaya por lo irreal que es el encuentro, casi un sueño que es tangible y puede tocar con cada centímetro de su cuerpo.
Agarra la cadera de Sergio ayudándolo a rebotar sobre su pene hasta solo escuchar su nombre salir de su bonita boca, se impulsa a si mismo para penetrar a Sergio y poner su mundo de cabeza, las nalgas firmes chocan contra sus muslos y Max se puede ver a él mismo entrando y saliendo de ese delicioso agujero.
Mientras Max quedaba debajo del insaciable Sergio, Sergio no es más que un saco de nervios a punto de reventar y desastre de fluidos y lloriqueos ante las maravillosas formas que su novio -timido, serio y grande- le hace el amor. Todo... todo en él lo electrifica, no puede sacar sus manos del pecho, del vientre y de las mejillas de Max, el sudor sabe a gloria en su lengua y esa verga... ¡Gloriosa como siempre ha imaginado!
Daba justo en su punto, lo llenaba a la perfección, se hace adicto a la verga de Max y a su sabor almizclado.
Grande. Max era grande...
-¡Así, grandote, lo estás haciendo muy bien! ¡Me pones tan cachondo y necesitado, tan enamorado, mi vida!
Sergio se masturba a si mismo, sus saltos se hacen más desesperados y profundos, Max cree que se va a partir.
-¡Más, Maxie! ¡Dame más, bebé! ¡Ah, ah, ah! ¡Lo haces bien, lo estás haciendo bien para mí!
-¿Sí, Checo? ¿Lo hago bien para ti?
-¡Sí, Max! Eres perfecto cariño-Sergio rozo el pecho Max sin dejar de moverse-. E-Eres el único quien me hace sentir tan bien, leoncito.
-¿E-En serio?
Sergio asiente-Solo mírame como me pongo contigo dentro de mí.
Una, dos, tres, cuatro veces Sergio se penetra, montando con excelencia a Max, diciéndole entre gemidos que lo quiere y lo que le hace sentir.
-Dime que también te hago sentir bien, leoncito.
-A-Ah, Checo...
-¿Qué dices, bonito? ¿Te gusta mi culo? ¿Te gusta tenerme con las piernas abiertas y entrar en mi?
-¡S-Sí, sí, sí!-Max abraza a Sergio, girandolos a los para invertir la posición-¡Me gusta estar dentro de tí, te usaría todo el tiempo si me lo permites!
Mientras decías aquellas palabras, Max, más excitado y nublado del juicio, tomó a Sergio de las piernas y lo penetró con ímpetu, sus voces se combinan y su sudor humedece su piel.
No puede detenerse, su cuerpo le exige cogerse a ese hombre, volver su cerebro pasillo y llenarlo de él. Sergio con piernas abiertas y pecas cubiertas del rubor por el bochorno y el esfuerzo físico es algo que debe guardar en su mente.
-¡Me tomas tan bien, mijn liefje! ¡Ah, Checo!
Casi se corre cuando Sergio apretó su agujero ante la llegada del orgasmo, Max jadea y sigue con las estocadas, su cadera se mueve pero conforme la deliciosa sensación se acrecienta en su vientre, se vuelve lento y profundo.
Solo bastó diez minutos para que Max llegara al climax -maldigo y exquisito climax- y se acostara parcialmente sobre Sergio, gran parte de su peso está sobre el colchón, pero su novio le exigía atención y su calor. Sergio estaba más perdido en su subconsciente debido a la sobre estimulación, lloriqueaba suavemente y, aunque no decía nada, quería besos y cariñitos.
-Aquí estoy, zonnebloem.
Permanecieron un rato allí sin decir nada, sus piernas y la sabana son un desorden y ni qué decir de sus entrepiernas, a lo mejor más de un estudiante vecino quedó traumado y con tal vez un problema en los pantalones, las paredes no eran completamente gruesas, lo que era un problema ahora para ellos ya que el sexo sería más frecuente a partir de ahora.
Max y Sergio.
Dos jóvenes tan diferentes pero que se complementaban a la perfección.
Mientras uno era tímido, el otro era desvergonzado.
Tal vez ni siquiera tenían nada en común, pero ellos se amaban y eso era lo único que importaba.
Sergio abrió los ojos lentamente, topandose con el azul de Max, eran claros como el mar cristalino, cálidos como el cielo del verano, se puede hundir en ellos y nunca querer salir.
-Me gustó, leoncito. No sabes cuánto-deja un besito en el cachete de Max.
-Que bueno porque creo que voy a querer volver hacerlo otra vez.
Sergio se ríe suavemente-¿Y eso que no te pones tímido, mi corazón?
-¿Cómo me pondré tímido cuando aún sigo dentro de tí, pecas?
Max recalca su punto moviendo sus piernas, provocando que Sergio suspirara.
-Entiendo, entiendo.
-¿Quieres seguir estando abajo o quieres cambiar?
El moreno sopesó.
-Cómo gustes, amor.
-Solo por esta vez dejame ser nuevamente el de arriba.
-Oh, creo que creé un monstruo.
Max besa sus labios-No, solo lo sacaste de su cueva, pecas.
Volvieron hacer el amor con otro condón nuevo y más lubricante de por medio, está vez más lento y con la misma cantidad de sentimientos ardientes, Sergio terminó con la cara contra la almohada y su culo alzado siendo tomado por Max.
Las provocaciones tendrán más sentido ahora que Max era más abierto al sexo y Sergio ya piensa en lo que hará en los días futuros cuando la oportunidad se le sea dada.
