Actions

Work Header

Norteños

Summary:

Zoro estaba seguro de que no tenía ninguna posibilidad con el cocinero, un reconocido heterosexual empedernido.

Hasta que lo ve con Law y todo se va al carajo.

Notes:

Les traigo este two-shot extremadamente auto indulgente que escribí, porque amo Zosan, pero también amo la idea de que Law vea a Corazón en Sanji.

Espero que les guste!

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: El hombre del norte

Chapter Text

Todo comienza con una idea.

En ese momento, por ejemplo, comenzó con la genial idea de Luffy de hacer una alianza pirata.

         Sanji tenía una ventaja que el resto no: Había dejado de congelarse las pelotas momentáneamente mientras cocinaba un estofado lo suficientemente grande para alimentar a un batallón de soldados de la marina (qué demonios) en adición a su tripulación y un grupo de niños-convertidos-en-gigantes (en serio, qué demonios). El calor del fuego de la cocina, de la comida preparándose en la ebullición del agua, y del vapor que salía de la olla lo mantenían cobijado del frío de esa isla mitad congelada. Punk Hazard…

Punk Hazard y la alianza pirata con Trafalgar D. Law. El hombre célebre del infame incidente de Rocky Port. ¿Qué podía salir mal al confiar en alguien que así como si nada le entrega cien corazones a la marina para convertirse en Shichibukai? Seguramente nadie iba a salir traicionado de ese arreglo. Muy probablemente esto no iba a traer problemas ni caos a futuro. Y después de todo, ¿importaban sus sospechas? Era Luffy después de todo y había confiado en ese hombre que bordeaba en lo raquítico y no sonreía nunca.

El cocinero le dio una mirada al tipo, allí, bebiéndose un café a unos cuantos metros de distancia, sin socializar con nadie ni acercarse a compartir con el resto y las alarmas en su cabeza volvieron a sonar. Hasta los marinos – esos que eran sus enemigos naturales – y la hermosa Tashigi estaban compartiendo una que otra risa y alguna anécdota con ellos mientras ayudaban a los niños, pero Law no. Nada.  

Sabía que Nami-swan y Robin-chwan pensaban igual que él, y aunque no quisiera admitirlo, sabía que el espadachín también. No era que dudaran del criterio de su capitán, pero estaban a punto de emprender camino hacia Dressrosa para ayudar a Law en algo que parecía ser una venganza personal contra otro Shichibukai (ni más ni menos que Doflamingo) y en la que podrían mucho en juego… Estaban a punto de dejar entrar al Sunny a ese pirata con el que prácticamente no habían compartido nada… Y Luffy siempre tendía a ver lo mejor en las personas.

Por otro lado, Luffy era excelente juzgando caracteres y nunca se había equivocado con alguien. Nunca… No tenía por qué comenzar ahora.

- Oi. Cocinero.

- ¡¿QUÉ?! – Zoro, que acababa de llegar hasta su lado, arqueó sus cejas y lo miró con desaprobación ante la evidente sobre reacción y el poco merecido grito, así que admitiendo en parte su error, suavizó el tono -: ¿Qué?

- Estoy en alerta igual que tú con esto de la alianza pirata, pero si sigues mirando tanto al tipo le vas a hacer un hoyo en la cabeza.

         Era verdad. Durante todo el tiempo que había estado cocinando y sirviendo comida no había dejado de mirarlo y a ratos, no había sido de reojo sino directamente. El pirata ya le había devuelto la mirada un par de veces, incómodo, y solo ahí se dignaba a fijar sus ojos en la comida para fingir que no estaba pasando nada. Lo cierto era que Sanji quería intimidarlo para advertirle que no podía jugar con su capitán sin que hubiera consecuencias, él se aseguraría de eso.

         Pero hasta ahora, el único que se había sentido ligeramente intimidado por el jueguito de miradas, había sido él.

- ¿Qué sabes tú, marimo? A lo mejor lo miro porque es guapo – se excusó. Y Zoro soltó un bufido, entretenidísimo con la idea. ¿Sanji? ¿Mirando a un hombre? Sí, claro. Cualquier otra mentira hubiera sido más creíble.

Sanji podía apostar que Zoro pensaba así, por la manera en la que el rubio correteaba detrás de las mujeres históricamente. Para cualquiera, era el hombre más heterosexual del mundo. Patéticamente enamorado de cualquier mujer que se le cruzara, aún si éstas lo usaban o lo trataban mal. Sanji era capaz de sacarse la chaqueta de sus trajes caros para colocarla en el suelo y así una chica no tuviera que ensuciarse sus zapatos con tierra. ¿Cómo iba a estar mirando a Trafalgar D. Law porque lo encontraba guapo?

Bueno. Zoro no tenía idea de la verdad y se iba a quedar así.

Sanji preferiría meter sus manos a la olla con caldo hirviendo antes de que su rival supiera que el rubio estaba enamorado de él desde hacía años. Que el motivo por el cual lo trataba mal y sobre reaccionaba a todo lo que el espadachín decía había comenzado como una forma inconsciente por negar su sentimientos hacia otro hombre… ¡Zoro, más encima! ¡¿Por qué no había podido ser Luffy o Usopp?! ¿Por qué tenía que ser el marimo idiota que ni siquiera se bañaba más de una vez a la semana?

Sus malos tratos verbales y patadas voladoras hacia el de cabello verde era una forma de no asumir sus sentimientos y su sexualidad, y había sido recién en el reino de Kamabakka rodeado de okamas, solo con sus pensamientos por dos años, cuando se había visto obligado a reconocer la verdad: Zoro le quitaba el sueño noche tras noche. Al principio no lo había entendido hasta que lamentablemente aquel amanecer en Thriller Bark, mientras todos estaban desmayados y a medio morir saltando, él había estado despierto para presenciar la muestra de lealtad más grande que había visto hasta la fecha.  

La batalla estaba perdida y aun así Zoro había saltado para atacar a Kuma. El cocinero estaba tan entumido por el dolor que en ese momento no le dio para hacer nada más que pensar ahora sí que lo van a matar por estúpido, hasta que las palabras que salieron de la boca del espadachín le cayeron como un balde de agua congelada. Se arrodilló para poner su vida a disposición a cambio de la de Luffy y el resto de su tripulación, y antes de darse cuenta, Sanji estaba de pie, interponiéndose entre ambos.

En ese momento, Sanji no se dio cuenta. Sus sentimientos, tan foráneos para alguien como él, fueron demasiado fáciles de maquillar como mera admiración (algo que, por cierto, jamás iba a admitir). Hasta que ocurrió el desastre de Kamabakka y el cocinero se tuvo que enfrentar a un lado de él que no conocía… O tal vez conocía, pero se había esforzado tanto por empujarlo hasta lo más profundo de su cabeza que no lo había considerado por años. Una tendencia, un afán por experimentar, alguna cosa que había sentido alguna vez en el Baratie cuando llegó un cliente masculino que lo hizo pensar cosas que tenían que estar mal, porque los demás cocineros del Baratie siempre se burlaban de ‘los raritos que les gustaba por atrás’ o ‘los degenerados que les gustaba maquillarse y usar vestido’.

Kamabakka y sus okamas.

Había un motivo por el cual Sanji nunca iba a hablar de ellos y tenía que ver con proteger su propia identidad y su retrospección, su autoconocimiento, la elaboración de aspectos de su propia vida y sus gustos. Algo tan personal y tan propio que no podía ser compartido. Era íntimo y era suyo. Al menos esa parte, porque la parte de su entrenamiento y cómo aprendió a caminar por el cielo para escapar de una horda de travestis, o como tuvo que pelear con varios de ellos para ganarse el derecho a aprender una receta… Esa parte sí la podía contar.

Zoro se fue de su lado, pero se seguía riendo. Así de gracioso había sido la idea de que a Sanji le pudiera gustar Trafalgar D. Law. Mejor así. Que creyera que era ridículo lo hacía sentir seguro. Y… Al menos Zoro había tenido éxito en algo al venir a molestarlo: Sanji había dejado de mirar al moreno y había concentrado su vista en su rival, fingiendo enojo con el ceño fruncido. Así podía admirar su rostro masculino y su perfil perfecto, el mismo que era lo último que veía todas las noches antes de quedarse dormido.

.

         Law distaba mucho de ser una persona normal. Cualquier ápice de normalidad en su vida había desaparecido en el minuto en que la enfermedad del Plomo Ámbar había destruido a su familia, por lo que solo la primera parte de su infancia se había encajado con los cánones de lo esperable. Pero luego de eso, todo se había ido al diablo a tal punto que no encajaba ni siquiera como un pirata ni mucho menos como un villano. No había pertenecido a la familia de Doflamingo ni aún antes de forjar su relación con Corazón; sin lugar a dudas no era como los demás piratas de su generación, por mucho que la gente pudiese llegar a temerle del mismo modo que a otros como Eustass Kid o Barbanegra; y definitivamente tampoco calzaba entre el resto de los Shichibukai.

         Tampoco le interesaba hacerlo.

         Y sin embargo, ahora que había forjado una alianza pirata con Luffy y se encontraba como huésped en su barco, el Thousand Sunny, se había dado cuenta de que había encontrado a otro que era tan diferente que no encajaba. Diferente como toda su tripulación de desadaptados (que él no podía hablar mucho de eso, porque tenia literalmente a un oso polar en su tripulación), de los cuales uno había llamado su atención. El cocinero. 

         Era fácil que el aroma del tabaco lo atrapara y ahogara bajo oleadas de nostalgia pero, Law tenía que admitir que no se trataba nada más de eso sino el paquete completo del rubio, cigarrillos y esa maldita sonrisa. El cocinero de los Sombrero de Paja no era Corazón, pero se le acercaba lo suficiente como para fingir, aunque fuese por unos segundos, que volvía a tenerlo frente de él y a su alcance.

La forma en la que el cigarro colgaba desde su labio inferior mientras se consumía lentamente lo había puesto repentinamente melancólico por algo que ni siquiera podía explicar, recuerdos inconexos sobre la espalda del hombre mientras lo cargaba de a un lado a otro buscando una cura para salvarlo, fracasando una y otra vez. La añoranza se mezclaba con el deseo inexplicable que tenía de desvestirlo, lo que era bastante jodido considerando que le acababa de encontrar un parecido a Cora-san… Suponía que esto contaba como tener daddy issues y si se ponía en modo psiquiatra podría psicoanalizarse de manera racional, porque el bulto que tenía en sus pantalones mientras miraba a Sanji y recordaba a Cora no podía ser normal… Bah. No era para tanto. Solo tenía que agregarle una raya más a su interminable listado de trastornos. 

Law estaba seguro que Sanji tenía una piel que se marcaba con facilidad. Era blanca como la leche, igual que la piel de Corazón… Era una lástima que su última asociación de la piel tersa de Cora fuera contrastando contra la sangre espesa salpicada en la nieve. En ese momento había querido acurrucarse junto al cuerpo inerte y taparse con el abrigo púrpura que llevaba, quedarse allí hasta que se durmiera y muriera de hipotermia, o lo encontraran y lo mataran de cualquier forma. Era lo que le hubiese gustado, pero no podía dejar que su sacrificio fuera en vano.

Los recuerdos le hicieron aferrarse a la baranda del barco, sin darse cuenta de sus acciones, prácticamente enterrando sus uñas en la madera, mientras la bilis subía por su garganta. Cada vez que recordaba la muerte de Cora-san tenía una reacción similar bordeando en un ataque de pánico y justamente por eso se había esforzado tanto los últimos años en no pensar en ello y bloquear cualquier analepsis de esa noche maldita.

- Oi. ¿Estás bien? ¿Vas a vomitar?

         Genial. El cocinero se había dado cuenta.

- Estoy bien – murmuró entre dientes. Quién iba a decir que iba a ser el cocinero de los Sombrero de Paja el que lo iba a hacer retroceder unos cuantos pasos en sus esfuerzos por evitar pensar superar a Corazón. 

- Sígueme a la cocina, te vendría bien un vaso de agua.

         Que Sanji lo deje en paz por un jodido segundo le vendría mejor.

         Era injusto que se desquitara con el rubio que no le había hecho absolutamente nada y a quien prácticamente no conocía en lo absoluto, habiendo intercambiado nada más algunas palabras desde que se había subido a ese barco, pero el parecido era asombroso en un sentido no estrictamente físico. Era más bien como una sensación y cada vez que lo miraba, encontraba una nueva similitud. Cora era más fornido, sin duda, pero estaba seguro que Sanji y su especie-de-figura-paterna compartían la misma altura. El color de su cabello también era distinto, pero Law apostaba que la textura de sus mechones sería exactamente igual que la de Corazón. Si no se concentraba, en cualquier momento estiraría su mano para tocarlo y comprobarlo…

- ¿Debería preocuparme? ¿Llamo a Chopper? – dijo Sanji moviendo la mano frente a sus ojos, como para sacarlo del trance en el que se encontraba.

         Curiosamente, provocó que el moreno soltara una risa entre sarcástica y genuinamente entretenida. Era raro llamar a un médico cuando él mismo era un médico.

- Estoy bien - repitió.

         El cocinero se encogió de hombros y encendió un nuevo cigarro antes de que se le terminara el que ya tenía en su boca, y luego se deshizo de la colilla agonizante arrojándola al mar. Según Law se había dado cuenta en los pocos días que llevaba ahí, Sanji fumaba compulsivamente cada que podía, pero nunca dentro de la cocina. Aprovechaba esas pausas para dar rienda suelta a su vicio al aire libre para no contaminar su comida.

         En ese preciso instante, mientras fumaba, lo estaba analizando con su cabeza ladeada y sus ojos entrecerrados. Su manzana de adán sobresalía y era fácil de detectar, tal y como ocurría con Corazón. Sus venas se marcaban con facilidad y le provocaban unas ganas enfermizas y sin explicación de besar y morder su cuello, y de apretar hasta asfixiar también. Endemoniadas tendencias sadomasoquistas.

         Con una naturalidad que solo daba cuenta del tiempo que lleva inmerso en su adicción, Sanji se entretenía haciendo anillos con el humo que exhalaba de cada calada a su cigarro y provocaba un efecto hipnótico en él… Law casi no podía soportarlo más. ¿Cómo se vería Blackleg-ya con un poco de maquillaje? Labial rojo y el ojo morado.

         Mierda, estaba tan jodido.

         Y por supuesto, Sanji, en su infinita inocencia como miembro de una tripulación de gente buena e inocente, interpretó su mirada acosadora erróneamente. En vez de darse cuenta que era un pervertido comparándolo con su figura paterna con fines sexuales (Si existía un infierno, se iba a ir derecho para allá cuando muriera) le ofreció el cigarro, creyendo que Law quizás estaba en plena crisis de abstinencia y por eso no le quitaba los ojos de encima (Era una buena excusa. Mejor que ser un acosador).

         Francamente adorable.

         Lamentablemente era médico de profesión. Un médico muy aburrido que no servía para fingir y negó el cigarro con asco.

- Es veneno. Estás pagando para que te dé cáncer de pulmón o garganta. – Trafalgar D. Law, experto en frases para ligar.

         Sanji no se demoró en resoplar, entretenido.

- Algo he escuchado – respondió irónicamente -. Entonces, si no es por el cigarro, ¿qué estás mirando tanto?

         Law podría mentir, probablemente. Tenía plena claridad de lo intimidante que podía llegar a ser cuando quería – no se había ganado el apodo de Cirujano de la Muerte por nada -, y los rumores falsos que pululaban a su alrededor, especialmente después del incidente de Rocky Port ayudaban a la causa de cimentar su reputación como uno de los piratas más ruines y malvados que andaban navegando el Nuevo Mundo. Trafalgar D. Law eran malas noticias mientras que Luffy y el resto de su tripulación eran un montón de chiquillos aún. Si quisiera, Law podría asustar a Blackleg actuando siniestramente. Le salía fácil, incluso. Decir algo críptico y oscuro era algo rutinario para estas alturas y podía cortar de raíz cualquier interacción entre el rubio y él.

         Pero, por algún motivo, no tenía ganas.

- Me recuerdas a alguien – reconoció. Y luego, sin poder evitarlo (los hábitos no mueren tan fácil) agregó de manera tétrica -: Alguien que apuñalé.

- Ah. – Sanji exhaló una bocanada de aire sin darle demasiada importancia -. ¿Y? ¿Qué fue del pobre infeliz? ¿Sobrevivió?

         Law no pudo evitar la sonrisa triste que apareció en su rostro.

         Sí, Corazón había sobrevivido a su puñalada solo para morir poco después, por su culpa de cualquier forma.

- No, murió.

- Bueno, si planeas apuñalarme pronto, por favor no lo hagas en mis manos. Son preciadas para mí.

         El hombre lanzó la colilla de su segundo cigarro al mar, le dio la espalda y se encaminó de regreso a la cocina como si la conversación que acababan de tener no le hubiese llamado la atención en lo absoluto. Y no era que Law se esperara que los sombrero de paja corrieran en círculos ante la sola mención de puñaladas y muerte, pero se imaginó que al menos se pondría en alerta por tener a un extraño asesino en su barco, haciendo alianzas con su capitán, en riesgo de ser traicionados por alguien que no conocían

         ¿Acaso nadie tenía instintos de supervivencia en los Sombrero de Paja?

.

Nami anunció que el log pose se había reiniciado y que la próxima isla, su destino final: Dressrosa, se encontraba a veintiún días de distancia desde Punk Hazard. La única cosa peor que estar tres semanas en un barco sin tocar tierra, era hacerlo con un potencial homicida de huésped, invitado por su propio capitán. Después de todo Luffy había traído a un Shichibukai al Thousand Sunny para ir a Dressrosa a destruir a otro… Que además era el rey de la isla. Un rey muy amado por su gente. ¿Qué podía salir mal? Después del desastre de Sabaody, Zoro se iba a asegurar de que Law no significara un peligro para la tripulación aun si tenía que dejar de dormir y mantener su haki en alerta las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana.

         A veces Law le recordaba a Robin. Eran callados y siniestros de cierta manera que solo ellos podían compartir. A lo mejor el capitán de los Piratas Corazón tenía un pasado tan brutal como el de Robin y eso lo hacía ser taciturno y espeluznante, sin que realmente significara una amenaza y él lo estaba juzgando. Si algo había aprendido con la experiencia de Robin era lo injusto que era pre-juzgar a alguien solo por cómo lucía o por lo que otros decían de esa persona. Los rumores y las circunstancias de alguien muchas veces no tenían la última palabra sobre si se trataba de alguien bueno o malo.

         Solo por eso le iba a dar el beneficio de la duda, lo que no significaba que iba a bajar la guardia. Simplemente significaba que no estaría constantemente apunto de saltar sobre él para ponerle una katana bajo el mentón ante el primer paso en falso… Pero sin duda alguna, seguiría durmiendo con ellas en caso de que se necesitara acción. No podía negar que era emocionante, después de todo. Law, como él, era un espadachín… Quizás, si alcanzaban a conocerse y entrar en confianza, podrían practicar combate sobre la cubierta.

         Eso haría enojar al estúpido cocinero que siempre estaba fingiendo que era demasiado bueno como para pelear contra alguien como él. Desde la reunión en Sabaody, se la pasaba encerrado en la cocina fingiendo que estaba demasiado ocupado en cosas importantes, reduciendo sus enfrentamientos al mínimo. A lo mejor si empezaba a darle atención a Law, Sanji regresaría con la cola entre las patas aunque fingiera desinterés.

         El rubio era así. No podía lidiar con el rechazo y no tenía idea que Zoro, por el contrario, estaba pasándola mal lidiando con su indiferencia.

         Zoro creyó que lo había superado tras pasar dos años entrenando en la mansión de Mihawk. Genuinamente pensó que la peor parte de su enamoramiento había pasado cuando los días empezaron a transcurrir sin que se acordara de Sanji o su sonrisa amable, pero en el minuto en que lo vio en Sabaody se fue todo a la mierda de la manera más espectacular posible y sintió el paquete completo de emociones que solía asociar al rubio desde que lo había visto sacándole la mierda a un cliente en el Baratie. Esa agitación que le hacía vibrar el cuerpo completo, ese endemoniado retorcijón en el estómago y ese sofocante calor que estaba seguro que tenía que ver poco con amor y más con las ganas de meterse en sus pantalones.

         Verán, el momento en el que Zoro se había dado cuenta que estaba jodido por el cocinero arrogante fue cuando se notó que estaba todo mezclado, calentura y sentimientos por igual. Si hubiera sido una u la otra, hubiese podido mantenerlo a raya. El mero deseo físico y carnal era algo que no lo había preocupado demasiado, era natural para un hombre de su edad y le había ocurrido antes con otros hombres. Sanji era deseable, lamentablemente era atractivo y tenía buen cuerpo. Su cintura pequeña versus sus piernas fornidas era prácticamente todo lo que él podía querer en la cama. Además el lenguaje ordinario de marinero de taberna sumado a la actitud de mierda que lo provocaba constantemente era un plus.  

         El espadachín había podido lidiar bien con ello porque era fácil devolver sus provocaciones con un comentario antipático que terminaba con una pelea estúpida entre ambos, y así descargaba la tensión que acumulaba en su cuerpo. Cuando eso no era suficiente, bastaba con masturbarse en la ducha y ya estaba.

         Por eso su vida se fue al carajo (en más formas que una) cuando el cocinero intentó sacrificarse por él en Thriller Bark y el pánico que sintió fue tan profundo, que se dio cuenta irrevocablemente que estaba enamorado del estúpido cocinero. Obviamente no se dio cuenta en el minuto, cuando estaba al borde de la muerte. Sino después, cuando despertó y se recuperó y más encima se enteró que el rubio había estado ahí, haciéndole compañía en su inconsciencia cual perro guardián…

Sanji lo había encontrado y no había dicho nada a su capitán. Si no suponía mal, también había llegado a la conclusión de que su nakama había descubierto exactamente lo que había ocurrido con Kuma, y aun así no había dicho nada a nadie, respetando su deseo de mantenerlo en secreto. No pasó nada y Sanji le había sido leal al no decir nada, aun cuando Chopper seguramente le había exigido información con fines médicos.

¿Qué podía decir? El rubio se lo había ganado así. De la forma más silenciosa posible (en sentido figurativo, obviamente) se había encargado de ocupar demasiado espacio en su cabeza y en su corazón. El hombre era así de irritante, que ahora hasta se sentía culpable cuando pensaba en él para darse alivio en la ducha. Hasta eso le había arruinado sin darse cuenta de nada, como ahora que se paseaba con una sonrisa ridícula por la cubierta, coqueteando con las chicas que no le daban ni un segundo de su atención.

Zoro no pudo evitarlo y le hizo una zancadilla, pero no logró que perdiera el equilibrio. Solo logró que lo mirara feo y luego, sin darse por vencido, continuó llenando de halagos a Nami y a Robin mientras les entregaba un trago dulce y precioso, lleno de atención, muy diferente a cualquiera que le hubiese preparado a un tripulante hombre… Con excepción de él, a quien no le había preparado ningún bebestible en absoluto.

         Y luego notó con intriga, que aquel que le acercó a Law era bastante elaborado. Tan bonito y colorido como el de las chicas, con una pequeña sombrilla de papel y una torreja de limón adherida al borde de la copa. Un trato especial que tampoco había visto con otros huéspedes hombres que habían tenido antes… Salvo tal vez, por Ace, cuando estuvieron en Alabasta. Pero Zoro supuso que ese trato especial se debió exclusivamente porque el rubio y el hermano de Luffy habían hecho buenas migas y habían conversado un montón hasta largas horas de la noche…

- Toma – le dijo con una sonrisa de medio lado a un igualmente intrigado Law. – Te va a hacer bien.

¿Qué demonios?

.

A Sanji no le gustaba Trafalgar Law. No le gustaba que, al igual que él, durmiera tan poco. Eso provocaba que se lo topara constantemente en la madrugada, cuando iba a la cocina del Sunny a hacerse un café para pasar su insomnio al mismo tiempo que Sanji revisaba el inventario; o cuando Sanji se levantaba a las cinco de la mañana a preparar el desayuno y Law estaba ahí también, parado junto a la baranda del barco con la mirada perdida en el mar, esperando a que el sol comenzara a salir tras el horizonte.

Había algo sobre el hombre que le ponía los pelos de punta y que no tenía nada que ver con lo que los otros veían siniestro en él. Nada que ver con sus aprehensiones iniciales, sino más bien con un olor distintivo en el moreno, que lo seguía como un halo de perfume a donde quiera que iba y nadie más parecía notarlo, salvo por Chopper, que tenía su olfato mucho más desarrollado que el del resto, por ser un animal… ¿Y Sanji? Bueno, él trabajaba con los olores. Por su oficio, su olfato era una herramienta y en la preparación de un plato, muchas veces era el aroma lo que le indicaba hacia dónde ir. ¿Qué faltaba? El condimento perfecto, el punto exacto de cocción, cuántos minutos o segundos le faltaban o cuánta debía ser la temperatura bajo la sartén…

- Es distintivo, pero no sé lo que es. – El doctor de su tripulación estaba manipulando un líquido amarillo en su escritorio mientras le daba la espalda, probablemente intentando trabajar con algún tipo de antídoto de su creación.

         Era la tercera vez que tenían esa conversación y Sanji ya se había dado cuenta que el pequeño tripulante no le daba la misma importancia que él al asunto. Al contrario… Law era un médico también, así que tras despejar las dudas iniciales, se estaban llevando bastante bien y Chopper parecía agradecido por todo el conocimiento que el pirata le había entregado a través de sus libros, consejos, recomendaciones y… Otras cosas anormales que podía hacer, gracias a su fruta del diablo.

- No lo sé, Sanji… - El reno se puso de pie y se acercó a la repisa en donde mantenía sus libros médicos de consulta, para sacar uno de ellos y enfrascarse en una lectura rápida que le dio a entender que la conversación se había terminado.

         El rubio se dio por vencido y salió de la enfermería derrotado. Si Chopper, que tenía el mejor olfato de la tripulación, no había sido capaz de identificarlo, entonces no valía la pena comentarlo con nadie más. Los orificios nasales de Luffy solo servían para oler carne, los de Zoro para buscar alcohol, y los de Nami, para buscar dinero. Usopp trabajaba con elementos y especias, como él… Pero si hubiese sentido algo raro ya se lo hubiera comentado, como cuando se le acercaba para decirle que las axilas de Zoro olían como cebolla (yikes).

         Suspiró mientras se acercó a la baranda de la cubierta para fumar un cigarro antes de tener que regresar a la cocina a preparar las meriendas de media tarde. El día anterior había estado en ello cuando había tenido una conversación extraña con Law, que en cualquier otra ocasión le habría erizado el vello en su espalda, pero en este caso en particular… Bueno, digamos que Sanji tenía una debilidad por la gente vulnerable y le dio la impresión de que el capitán de los Piratas Corazón se veía más vulnerable que nunca…

         A lo mejor, Trafalgar D. Law le gustaba un poquito. Si de apariencias se trataba, Sanji sabía que estas podían ser engañosas. El hombre que se había visto tan silencioso y amenazante, de un segundo a otro no le provocaba más esa sensación de intimidación sino de algo similar a la tristeza. Parecía que Trafalgar era un hombre roto y… Tomaba uno para reconocer a otro. Se preguntaba si Law lo había identificado a él de la misma manera y por eso le había hablado, pero el rubio no era estúpido.

         Para estas alturas sabía reconocer cuando un hombre estaba interesado en él de forma física (Triste e irónicamente, le iba bastante mejor con los hombres que con las mujeres). La forma en la que Law lo había mirado, observando fijamente como se llevaba el cigarro a la boca para inhalar y exhalar, la forma en la que se había concentrado en su manzana de adán cada vez que tragaba saliva… Le hacían creer que el pirata lo deseaba.

         ¿Y él? Era un hombre en sus veintes. No iba a desperdiciar una oportunidad cuando la tenía y menos cuando el viaje a Dressrosa tomaría tres semanas.

         Todo comienza con una idea.

         A veces, era tirarse a la persona correcta por las razones equivocadas.

A veces, era tirarse a la persona equivocada por las razones correctas.

Desde que Sanji había renunciado a la idea de que cualquier cosa pudiera pasar entre él y el marimo, se había contentado con la idea de tener aventuras pasajeras con otros hombres en burdeles, pero era demasiado impersonal para él y al final terminaba sintiendo auto desprecio por alrededor de una semana finalizado el encuentro casual. ¿De las mujeres? Ni hablar. Las amaba y respetaba demasiado como para ser capaz de pagar por una.   

Por eso con Law podía ser diferente. Tal vez no fuesen cercanos ni amigos, pero había una base entre ambos como para darse el lote sin que al día siguiente se sintiera como una absoluta mierda. Había suficiente confianza como para ser compañeros si estaban juntos en medio de una alianza pirata y prestos a jugarse la vida tratando de derrocar a Doflamingo…

         En Alabasta, Ace había hecho una movida una noche en que se habían quedado solos en la cocina. Sanji estaba lavando los platos después de la cena, el resto de su tripulación se fue y Ace se quedó sentado en la mesa mirándolo sugerentemente, poniéndolo tenso. En esa época solo tenía diecinueve años y nada resuelto, especialmente sus conflictos internos por su sexualidad. Así que, como era de esperarse, se hizo el tonto y no correspondió los avances del hermano de Luffy. En vez de eso, entró en pánico y tuvo una crisis existencial.

         Ahora que sus temas estaban más o menos resueltos, se preguntaba qué hubiese ocurrido si esa noche hubiera sido menos estúpido, menos rígido. ¿Qué hubiera pasado si hubiese cedido a sus deseos aunque le dieran miedo? Ahora Ace estaba muerto y nunca podría saberlo.

         Pero Law estaba vivo. No era Zoro, pero estaba justo allí.

.

         Law podía ver más allá que la mayoría de las personas.

         Podía ser gracias a los poderes que le había dado su fruta del diablo o simplemente porque era un genio (después de todo, es un médico de excelencia). Para el tercer desayuno en el Thounsand Sunny había descubierto que Blackleg había pasado hambre en el pasado. Era fácil, juzgado la forma en la que contaba una y otra vez la comida que le quedaba en la despensa y bueno, por la regla inquebrantable de prohibido-botar-comida.

         Pero Law también podía notar cosas que ni siquiera Tony-ya había notado: Tenía algún grado de desorden alimenticio, obviamente como consecuencia de haber pasado hambre. Había conductas que daban cuenta de ansiedad y un leve estrés post traumático que era muy bueno escondiendo, activamente. Sí, Blackleg era un muy buen actor, pero él era mejor. Se necesitaba a uno para descubrir a otro

         Y Law también notó que, como él, Sanji era un hombre del Norte.

         Cuando todos los miembros de la tripulación dejaron la cocina tras haber terminado con el contundente y esquicito desayuno (había que admitir que era lo mejor que había probado) y solo quedó el cocinero lavando los platos y él, se aproximó hasta el lavaplatos para dejar su loza sucia.

- Espero que haya sido de tu gusto.

- Estaba delicioso - admitió. El cumplido le valió la sonrisa más brillante y honesta hasta ese momento. Una maldita sonrisa gigante y llena de dientes blancos y rectos, tal como la de Corazón -. Así que, Blackleg-ya. ¿Eres del norte?

         Sanji se paralizó en su lugar nada más por un segundo o menos. Prosiguió lavando la loza como si nada, fingiendo a la perfección que no se había puesto tenso con la pregunta que le había hecho Law, y tal vez otra persona no se hubiera dado cuenta. No alcanzaba a ser una conducta sospechosa, pero sí algo que había llamado la atención del moreno. Ahora estaba interesado: ¿Por qué una pregunta tan sencilla como esa había provocado esa reacción?

- Sí. Tú también, ¿verdad?

- Casi no se te nota, pero a veces, la forma en la que pronuncias la ‘S’ deja al descubierto el dialecto del norte.

- Nací en el norte pero me crié en el mar del Este. Ahí fue donde conocí a estos payasos. – Sanji estaba en alerta aunque intentara bromear al respecto. De hecho, Sanji estaba tan alerta que a Law no le hubiese extrañado si en cualquier momento Roronoa-ya hubiera entrado con su Haki haciendo sonar todas las alarmas.

         Aun así, el pirata decidió seguir presionando a ver qué podía descubrir.

- ¿En qué isla naciste?

         El rubio finalmente dejó de lavar los platos que le quedaban y cerró la llave del escusado.

- ¿En qué isla naciste ? – contraatacó.

         Así que eso era lo que lo estaba haciendo sentir incómodo: El pasado que Blackleg tuvo en su isla natal, tal y como le ocurría a él con Flevance. Law ya se había acostumbrado a no revelar su lugar de origen, pero menos lo iba a ser con un norteño como él, que probablemente estaría al tanto del síndrome del plomo ámbar. No quería lidiar con las miradas discriminadoras que le daba la gente cuando creía que estaba en peligro de contagiarse de la enfermedad mortal en el mejor de los casos, ni lidiar con las miradas de lástima, como quien ve a un perrito agonizando antes de ponerle la inyección de la eutanasia, en el peor de los casos…

         Además, los Sombrero de Paja eran un grupo demasiado disfuncional. Prefería meterse un tiro en la cabeza antes de tener que sentarse a contarles su triste historia. Lo importante era que Sanji y él tenían un punto en común: Su pasado en el Norte era un secreto y debía mantenerse así.

- Sabes, Blackleg-ya… La persona sobre la que te hablé el otro día, la que apuñalé… Era muy importante para mí – reveló, sin tener idea por qué. Tal vez era su forma de levantar la banderita blanca en el aire, un ofrecimiento de paz.

         Los ojos de Sanji se suavizaron inmediatamente al entender las implicancias. Entre lo que había contado en la cubierta y ahora, era sencillo sumar dos más dos. Law había matado a alguien que amaba.

- Y yo te recuerdo a él – dijo apoyando su cuerpo en el lavavajillas para mirarlo sugerentemente.

- Y tú me recuerdas a él – confirmó, porque… A la mierda. Deseaba al rubio desde la primera vez que lo había visto fumar. 

         Lo agarró por la corbata para acercarlo a él de un tirón y estampó sus labios contra los del rubio, sintiendo cómo este abría su boca inmediatamente para darle la bienvenida, reciprocando cuál fuese esta rara obsesión que había partido de la nada e introduciendo su lengua inmediatamente en la boca del moreno para jugar con la suya.  (Y por si a alguien le interesaba, lo de agarrar por la corbata se veía mejor en las películas que en la vida real. No otorgaba demasiada movilidad y era incómodo.)

         Se separó para desabrochar los botones de la camisa del rubio con una paciencia admirable, considerando la desesperación por follárselo en ese preciso instante y en ese lugar, entrara quien entrara, oyera quien oyera.  

- ¿Tienes alguna idea de cómo vamos a hacer esto? – le preguntó al cocinero.

- Obviamente – replicó riendo.

- ¿En serio? Siempre te vi más como un heterosexual empedernido. Estaba temiendo que fueras virgen.

         Hasta donde había podido ver tanto en Sabaody como en Punk Hazard, el sombrero de paja solo existía para servir a las mujeres a su alrededor, sin darle ninguna atención a los hombres que evidentemente lo miraban. Que tuviera algún tipo de experiencia en relaciones sexuales con personas de su mismo género era un detalle grato que mejoraba sus expectativas de lo que podía resultar de esto.

- Difícilmente. Pasé dos años en el infierno – comentó casualmente y sin darle contexto. Law hubiera preguntado, si no hubiera sido porque algo más había llamado la atención.

         Sanji acababa de sacar una botellita de aceite de la despensa y el moreno estaba seguro de que no era para cocinar.

- Estás lleno de sorpresas, Blackleg-ya.

- ¿Cómo quieres hacerlo? ¿Me preparo yo o me preparas tú? – preguntó levantando la botella en el aire.

- Pensé que tú me ibas a follar a mí.

         Genial. Los dos eran pasivos.

- Podríamos turnarnos – sugirió el rubio tras un segundo de silencio.

         Solo había una respuesta correcta y Sanji acababa de decirla. Sin duda esto iba a funcionar.  

         Law suspiró contra él, con sus manos deambulando por su cuerpo mientras comenzaba a dejar un camino de besos y mordidas por su garganta haciendo que su respiración se volviera cada vez más profunda y desesperada. Podía hacerlo. Podía jugar a ser el activo por una noche. De hecho, por algún motivo la expectativa de follarse a Sanji estaba haciendo que el bulto en sus pantalones creciera dolorosamente.

- Quiero sentirte – dijo pasando la yema de su pulgar suavemente por el cuello del rubio, sacándole un escalofríos -. Quiero estar dentro de ti, hacerte sentir bien. ¿Está bien?

- Sí – dijo en un respiro mientras la pelvis de Law rozaba la suya -. Sí – repitió, tragando saliva.

- Sabes, Blackleg-ya – dijo el hombre mientras comenzó a bajar hasta arrodillarse frente a él, dejando una fila de besos por su pecho y justo hasta donde comenzaba la línea de su pantalón. Notó que el cocinero estaba temblando, aunque tratara de ocultarlo -. He estado fantaseando con esto los últimos días.

         Lo miró hacia arriba y le bajó el cierre. El cocinero estaba sonrojado y mordiéndose el labio para evitar que cualquier sonido que pudiera dejarlo en vergüenza saliera de su boca y Law decidió en ese momento que iba a hacer lo que tuviera que hacer para escucharlo perder el control y escuchar su voz, gimiendo y rogándole, al límite. Le bajó el pantalón y el calzoncillo a Sanji tan solo lo suficiente para poder liberar su miembro, firme y erecto, justo frente a él.

         Tenía un tamaño decente que lo hizo saborearse.

- He pensado en hacértelo – murmuró acercando su boca a la punta del pene frente a él, dándole una lamida tentativa. Como era de esperarse de todo ese olor a champú y perfume, el cocinero estaba limpio también allí abajo -. Pensado en los sonidos que podrías hacer solo gracias a mi lengua – continuó, esta vez metiendo la cabeza dentro de su boca para balancear su cabeza un par de veces.

- Mierda, Law. – Sanji se tensó y arqueó en su lugar, aferrándose al borde del lavavajillas.      

- Así mismo. – Se separó con un pop para levantar su mirada y presenciar al rubio mordiéndose el dorso de la mano, hecho un verdadero desastre.

         Iba a ser una noche divertida después de todo.

.

         Una semana desde que habían zarpado desde Dressrosa, Usopp había gritado tierra a la vista desde el puesto del vigía.

         Era una isla tan pequeña que el log pose no la tomaba en consideración de camino a su destino. Aunque solo tenía un pequeño poblado de unas veinte casas para ofrecer, Luffy estaba emocionado por la idea de perderse en el bosque extenso que había detrás del pueblo y tener una pequeña última aventura antes de tener que llegar a Dressrosa a luchar contra Doflamingo.

         Aparte de Law, que estaba sospechosamente ansioso por llegar rápido, nadie se opuso. Tres semanas de viaje en mar podían llegar a ser cansadoras tanto física como mentalmente ante las consecuencias del encierro y de las guardias nocturnas, y tanto Chopper como el cocinero mencionaron la necesidad de parar para reabastecerse con lo que pudieran de medicamentos y comida.

         No era que la isla tuviera mucho que aportar en ese sentido, pero sí tenía una feria y una pequeña enfermería que sirvió para hacer un par de intercambios, para mala suerte de Nami, que estaba en una política estricta de gastar la menor cantidad posible de dinero. Aun así, aburridos de llevar una semana en el barco y ante la expectativa de que aún faltaban dos semanas navegando, la colorina permitió que la tripulación se quedara en la única hostal que había en el lugar. Aun si tenían que compartir la habitación con alguien más (porque una suite para cada uno hubiera sido demasiado pedir), Zoro agradecía poder dormir junto a una persona en vez de seis y su festival de ronquitos y pedos.   

         Normalmente cuando tenían que compartir una habitación en un hotel, sacaban pajitas para sortear y así evitar cualquier tipo de discusión. Era la norma que había puesto Nami después de una vez que Sanji y él habían terminado peleando tan fuerte que habían destruido una puerta y la navegante había tenido que costear la reparación. Pero esta vez, Law solicitó expresamente compartir habitación con Blackleg-ya, y nadie pudo negarse. Después de solo una semana compartiendo nadie iba a negarle compartir con la única persona con la que parecía sentirse un poco más cómodo.

         Así que Zoro quedó con Usopp, Chopper junto a Franky, y Luffy con Brook.

         Fue solo una coincidencia (¡no tenía nada que ver con su sentido de la orientación!) que tras la cena, cuando subió a su habitación, se equivocó y terminó entrando a una pieza que no era la de él. Sin embargo, antes de poder marcharse quedó paralizado en su lugar como si lo hubieran clavado al suelo, como si estuviera siendo víctima de una fruta del diablo sin saberlo, por lo que estaba viendo: Law estaba de pie en medio de la habitación, sin la camisa que usaba habitualmente, llevando nada más sus vaqueros. Sus manos huesudas y bronceadas estaban deambulando con demasiada confianza debajo de la camisa de Sanji, que estaba desbotonada. Tocando la piel del rubio con una intimidad y una suavidad que lo hizo apretar su mandíbula y empuñar sus manos.

El rubio tomó una calada de su cigarro, tragó el humo para mantenerlo en su garganta, y como si la cosa no se pudiera poner peor, como si no estuviese ya presenciando su peor pesadilla, Sanji  besó a Law. Así. Como si nada. Con esa misma confianza que le daba a entender que llevaban un tiempo haciendo esto.

         Tan pronto como el beso terminó y se separaron, Law botó el humo del cigarro que Sanji le había traspasado, directo en la cara del rubio, apropósito para provocarlo, y logró que éste le sonriera de manera burlesca, tentándolo a más. Si Zoro no hubiese estado en un absoluto shock de ver a Sanji con otra persona, con un hombre, hubiera pensado que era lo más erótico que había visto.

         En ese momento Law se dio cuenta de su presencia. Supuso que el haki lo había alertado, pese a lo ensimismado que estaba con el cocinero, de que había un intruso observándolos desde la puerta. Se fijó en su cara, luego miró hacia su mano en la manilla, y esto bastó para que Sanji también se girara sobre su eje para verlo.

         Al menos tuvo la decencia de verse sorprendido y avergonzado por verse descubierto, aunque solo hubiera sido por un segundo.

- ¿Necesitas algo? – le preguntó, intentando parecer apático.

- No – respondió aclarándose la garganta. De pronto era como si se hubiera quedado sin voz…

- Bien. – Sanji se acercó a paso decidido y sin decirle nada más, le cerró la puerta en la cara. - ¿Dónde estábamos? – Fue lo último que alcanzó a escuchar a través de la madera, pero no era una pregunta dirigida a él, sino para Trafalgar D. Law.

         Y como un tonto, siguió clavado al suelo al otro lado de la puerta, por al menos unos cuantos segundos más, con el corazón latiéndole a mil por hora, sus manos temblando y su cabeza retumbando con un zumbido molesto que, hasta ese momento, no había sabido que era capaz de escuchar.

Si Kuma le había provocado el mayor dolor físico en el mundo, Sanji acababa de hacerlo trizas por dentro.