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El bullicio del salón de celebración en la mansión Henituse era ensordecedor. Las risas, los brindis y las historias épicas de la guerra contra la Estrella Blanca llenaban el aire. Cale Henituse, conocido como el "Héroe Escudo de Plata", observaba desde una esquina con su característico rostro aburrido. Su único pensamiento era escapar en silencio para descansar. No deseaba la atención ni el reconocimiento, mucho menos en una noche tan cargada de emociones.
Sin embargo, Alberu Crossman, el brillante rey de Roan, tenía otros aviones. Desde su posición en el centro del salón, sus ojos se deslizaban hacia Cale una y otra vez. Alberu no estaba seguro de cuándo había comenzado a interesarse tanto por aquel joven de cabello rojo y mirada cansada. Quizás fue durante la guerra, cuando Cale siempre estaba un paso adelante, sacrificándose por todos mientras insistía en que solo quería una vida holgazana.
Lo que Alberu no sabía era que Cale no solo estaba huyendo de las celebraciones, sino también de un problema mucho más personal: su segundo género como omega. Había pasado años ocultándolo, confiando en supresores y en su control impecable. Pero la guerra, el estrés y las heridas acumuladas habían desgastado su cuerpo. Esa noche, sentí una incomodidad creciente que prefería ignorar.
Cale sospechó y se dirigió hacia el balcón, lejos de la multitud. Necesitaba aire fresco. Apenas cerró las puertas tras de sí, la brisa nocturna acarició su piel sonrojada, calmando un poco el calor que lo atormentaba. "Unos minutos y me iré a dormir", pensó, frotándose las sienes.
Pero Alberu, que había notado su ausencia, lo siguió. Era una oportunidad demasiado tentadora para dejarla pasar. Cerró las puertas del balcón tras él, sonriendo con suavidad.
— ¿Huyendo ya, joven maestro Cale?
Cale rodó los ojos, demasiado cansado para discutir.
—No todos disfrutan ser el centro de atención, Su Alteza.
Alberu río, acercándose.
—Y si te dijera que solo vine a buscarte?
El comentario, aunque en tono de broma, hizo que Cale lo mirara con desconfianza. Pero antes de que pudiera responder, un mareo arrepentido lo obligó a apoyarse en la barandilla. Alberu frunció el ceño, cerrando la distancia entre ellos.
—¿Estás bien?
Cale intentó apartarse, pero el calor en su cuerpo aumentaba rápidamente. Maldijo internamente. No podía ser. No ahora. Pero la fragancia dulce y ligera del bosque con toques a pastel de manzana comenzó a emanar de él confirmando lo que tanto temía: su celo estaba comenzando.
Alberu se detuvo en seco, sus ojos dorados oscureciéndose mientras reconocía la verdad.
—Cale…eres un omega.
El silencio que siguió fue sofocante. Cale, con la mente nublada y el orgullo herido, apretó los dientes.
—Si dice una palabra de esto... te mataré.
La risa de Alberu era suave, pero había algo más en su mirada, algo que Cale no podía identificar.
—No te preocupes dongsaeng. Tu secreto está a salvo conmigo... por ahora.
Y así, en medio de una noche destinada a celebrar la victoria, comenzaba una nueva batalla para Cale Henituse: proteger su secreto, enfrentar sus propios miedos y lidiar con un rey alfa que, por alguna razón, no podía apartar la mirada de él.
