Work Text:
Sus manos se posaron a los costados de la cabeza de la fémina, sobre el escritorio en el que ella yacía recostada, dormida. Silenciosamente, sin darle espacio siquiera a su respiración —odiaría perturbar su merecido sueño—, inclinó la parte superior de su cuerpo hasta acercarla a centímetros del rostro de ella, como si quisiera eliminar cualquier rastro de paranoia.
Se lo había dicho, los demás también. No era bueno para ella ahogarse en tanto trabajo para cuidar de los demás si al final iba a terminar en un estado tan lamentable que no podía mantenerse ni de pie. Entrar en tal estado de vulnerabilidad desesperaba a Blade, una vocecita en su interior, una bestia o su propia paranoia, le gruñía, recriminándole por si algo le pasara a ella, quizás algún desgraciado oportunista que no dudaría en hacerle daño. Blade cerró los ojos, inhalando profundamente con el fin de calmarse. No necesitaba que lo primero que haga Natasha al despertar sea recriminarle su actitud de perro rabioso hacia los que se acerquen a ella cuando se dejaba llevar por esa vocecita.
Ya más tranquilo, intentó pensar que era bueno que ella finalmente esté descansando. Cuando hay tanto trabajo en la clínica, ella no pararía hasta que no quedara nada de su ser, por lo que era raro que se dejara vencer por el sueño. Suavemente, con un cuidado que nunca tendría en sí mismo —ella lo haría por él, al ser tan dedicada y amable— la tomó entre sus brazos, subiendo las escaleras de la clínica para llevarla a su habitación. Ahí la recostó en la cama y apenas la cabeza de Natasha tocó la almohada, su cabeza se giró hacia la derecha.
Blade la miró fijamente, lo haría durante horas hasta que el fin de este universo llegara y sólo él permaneciera en soledad sin recibir esa dicha.
Se acostó sobre ella, con sus piernas abiertas en los costados de su cintura y los brazos de igual forma alrededor de su cabeza con tal de mantener una distancia entre sus cuerpos. El cabello de Blade se deslizaba por sus hombros, aquellas hebras oscuras acariciando suavemente el rostro de la fémina y él no pudo evitar pensar que ella era lo más hermoso que había tenido la dicha de ver.
Firmó su adoración con un prolongado y lento beso en la mejilla.
