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Dulce

Summary:

—Realmente le agradas. Ha estado reacio a cualquier persona desde... desde que su madre se fue—

—Siento tu pérdida. ¿Cómo falleció? —

—Ella no murió. Ella nos abandonó—

Unos tan desentendidos de su propia sangre mientras otros hacen hasta lo imposible por la misma.

 

©Todos los derechos reservados
©Todos los derechos reservados

Notes:

Me animo a subirlo x acá pq m propuse como meta de este año subir todas las ideas q tengo, pq en mi cabeza todo tiene potencial so espero q les guste.
Comenten como si fuéramos bestis q lo necesito xfav

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Necesito tu ayuda

Chapter Text

♧♧♧ 

 

El omega tarareaba tranquilamente una canción que había escuchado a Joffrey recitar hace unos días, ahora no pudiendo quitarla de la cabeza mientras bajaba los brazos a la mesada y observaba el pastel que había estado dos horas decorando con ojo crítico.

 

—Dime que opinas— pidió colocando ambas manos sobre sus caderas y mirando entre la foto impresa en papel que había pegado a la pared y su trabajo.

 

—Me gustan los colores, te quedo igual que la foto— respondió simplemente el niño, haciendo que girará completamente a verlo con las cejas fruncidas al oír las palabras sonar tan familiares.

 

—Dame algo más que palabras complacientes, taobba — gruñó juguetonamente, volteandose de nuevo al pastel que decidió guardar para que mantuviera su forma. Caminó hasta el sillón donde su pequeño hermano estaba haciendo su tarea y se sentó al lado, tirando de él a su pecho y abrazándolo fuerte, sonriendo cuando lo oyó suspirar, pero devolviéndole el abrazo al mismo tiempo.

 

—Todo lo que haces te queda bonito y delicioso, Jacy —murmuró contra su pecho. Jace acarició los rizos chocolate de la cabeza de Joffrey y parecía divertido.

 

— ¿De dónde aprendiste ese diálogo? —preguntó, ambos mirando hacia la puerta que se abrió y dejó entrar a Lucerys con un marco casi de su tamaño a la casa, lo dejo contra la pared y comenzó a quitarse los zapatos en lo que Joffrey decía.

 

—Luke me enseñó— 

 

— ¿Qué yo te enseñé que? — preguntó el mencionado tirando su mochila al suelo y acercándose a ellos para unirse a su abrazo.

 

—A decirle siempre a Jacy que todo le queda bonito y rico para que no se ponga gruñón— dijo acariciando la nariz de Luke antes de que este se alejara de un salto y lo mirara traicionado.

 

-¡Oye! —gritó intercambiando miradas entre ambos. —Jamás dije eso, solo te dije que podías decir aquello cuando se viera estresado— murmuró encogiendo un hombro y sentándose en el sillón individual.

 

—Gracias por decirlo, es bueno que ya no pueda confiar en ninguno de ustedes para pedirles consejos— alzó el mentón y se levantó, dando apenas dos pasos antes de sentir a Joffrey envolverse en sus piernas, haciendo caer al suelo sobre la alfombra, pronto sintiendo el peso de Luke en su espalda ya ambos gimotear.

 

—No digas eso, Jace, nosotros te amamos— dijo Lucerys quejumbroso.

 

—¡Exacto! Eres nuestro mejor hacedor de pasteles, todo lo que haces te queda delicioso solo que haces muchos safriquicios y te quejas mucho y siempre te quedan preciosos, más lindos que las pinturas de Luke— dijo rápidamente Joff, lloriqueando y dando pequeños mordiscos en sus pantorrillas qué lo hacían reír.

 

—¡Oye mocoso, deja de molestarme! — gritó Luke, saliendo de encima suyo y quitando a Joff de sus piernas para comenzar a hacerle cosquillas.

 

Jace se levantó sobre sus codos después de girar boca arriba y los miró, sonriendo y suspirando al sentirse cálido y tranquilo.

 

—¡Ay Jacy! — gritó Joff volteando la cabeza hacía él. —¿Por qué no decís nada y solo te estás riendo? — preguntó en medio de risas.

 

—Ya basta, Luke, deja que termine sus tareas— ordenó sonriente, levantándose del sueño y caminando hacia la cocina donde comenzó a sacar lo necesario para hacer unos tallarines con salsa blanca.

 

Sonrió al escucharlos pelear un rato más, volteandose cuando sintió a Luke entrar a la cocina y verla tomar asiento en una silla, dejando caer dramáticamente la parte superior de su cuerpo sobre la mesa y mirarlo con las cejas fruncidas en aquella expresión medio triste que le hacía imposible decirle que no a lo que fuera que fuera a pedirle.

 

—¿Qué fue lo que hiciste? — preguntó quitando la sartén del fuego y apagando la estufa un momento. Preocupándose un poco al ver a Luke mirarlo con desesperación y mover las manos en un tic conocido cuando intenta explicar algo que hizo.

 

—¡Nada!— medió gritó lo que lo hizo alzar una ceja curioso ahora.—Es decir, hubo un pequeño error con Liana en el trabajo y me termino agendando a una cita para mañana y ahora estoy al borde de un colapso nervioso— jadeo tirando de sus rizos, levantándose de un salto.—¿Hay algo dulce? Tengo el azúcar por los suelos, un pequeño muffin va a arreglar esto— balbuceo tomando dos de la heladera y volviendo a su lugar en un principio.

 

—¿Vas a decirme el porqué de tu colapso o voy a tener que adivinar? — preguntó mirando los ojos verdes de su hermano abrirse después de meterse todo el muffin en la boca a intentar hablar de aquella manera. —Termina de tragar y ordena tus palabras— ordenó señalando con el dedo en su dirección, camino hasta la heladera, tomó dos muffin y fue a donde Joffrey para dejarle ambos en la mesa de café y un beso en la coronilla, volviendo a la cocina y poniéndose a cocinar nuevamente.

 

—Necesito tu ayuda— dijo detrás suyo.

 

—Eso es evidente— murmuró revolviendo la salsa con concentración.

 

—Bueno, sabes que Liana es mi jefa, la que se encarga de ponernos con familias respetables a cuidar a algún niño— comenzó diciendo, parándose a su lado para poder verlo a los ojos. —Me preguntó si no tenía problemas en ser niñero de un bebé de siete meses perteneciente a una casa adinerada— murmuró, bajando la mirada cuando su hermano mayor buscó la suya. —Me emocione mucho, porque es una buena oportunidad de trabajo y pagan lo suficiente como para poder cubrir la matrícula de la universidad y ayudar en la casa, así que dije que sí— y se cortó

 

—¿Qué parte te tiene nervioso? — preguntó en un tono bajo, dando un paso más cerca de su hermano para dejarle sentir su presencia.

 

—Liana me llamó antes de entrar y me dijo que la reunión es mañana a la mañana—

 

—¿Y? Luke, ¿vas a tenerme toda la noche intentando adivinar o vas a decirme que te tiene así? Estás divagando demasiado hermano— murmuró mirándolo.

 

—La cosa es que tengo el examen mañana— murmuró sonriendo sin ganas.

 

—Bueno, mierda— susurró mirando sobre su hombro para asegurarse que el niño en la casa no lo escuchara maldecir. —¿Qué tienes planeado hacer? —

 

—Mi única salvación eres tú— dijo poniendo los ojos de cachorro a los que sabía que su hermano no podía negarle nada y se apresuró a seguir diciendo. —Sé que estás cansado de sacarme las papas del horno siempre, pero de verdad te agradecería la ayuda porque si no asisto mañana a la reunión mi nombre se verá manchado y si falto al examen, mi trabajo se irá a la mierda—

 

—La boca— retó dándole una mirada de reojo mientras ahora coloca los fideos en el agua. —Ayudarte jamás es algo que me canse, Luke, ni a tí ni a Joff— murmuró acariciando el hombro de su hermano y llevándolo de la mano a la sala de estar donde Joffrey ahora miraba su programa de televisión. —Pero asumo que diste tus datos, ¿No crees que sería más irresponsable? Digo, es una empresa de confianza y el hecho de que tengan tus datos lo hace más difícil, seguramente tendrán una foto tuya y Luke, cachorro, ni siquiera tenemos el mismo largo de cabello— dijo sonriendo cuando el omega se rió mientras negaba.

 

—Lo sé, lēkia, lo sé, pero es que tu vayas y te presentes en mi lugar a que yo llame irresponsablemente ahora y cancele la cita— terminó de decir con sus ojos grandes y sus palmas unidas y pegadas a su mejilla derecha.

 

—¿A qué hora tienes tu examen? — inquirió suspirando y centrando su atención en la televisión.

 

—Mi examen es a las diez, y la reunión es a las ocho, pero aunque haya una brecha de dos horas, la casa está a hora y media de acá por lo que no me alcanza el tiempo ni aunque quisiera— soltó mirando su reloj antes de ponerse de pie. —Voy a sacar el fideo, Joff, ayúdame a colocar la mesa—

 

Jacaerys suspiró al verlos marcharse hacia la cocina, cerrando los ojos por un momento antes de sonreír e ir detrás de ellos al escucharlos gritar.

 

♧♧♧

 

—Buenas noches, Joff, avy jorrāelan— susurró besando la frente de su cachorro y subiendo las mantas hasta debajo de la barbilla, sonriendo al verlo curioso.

 

—¿Qué significa? Siempre lo dices, casi todo el tiempo, pero nunca me dijiste que significa— murmuró somnoliento, cerrando los ojos, pero espiando con uno para asegurarle qué lo escuchaba.

 

—Significa “te amo” en… un idioma que nos enseñaron nuestros padres— murmuró en voz baja, humedeciendo sus labios cuando dicha mención lo envolvió en nostalgia.

 

—¿Algún día volverán? — preguntó ahora mirándolo.

 

Jace se mordió la mejilla por un momento, sacudiendo la cabeza para volver a donde estaba y sonreirle al pequeño cachorro que había criado desde los ocho meses.

 

—No lo sé, valonqar, espero que nadie de nuestra familia vuelva— dijo en un susurró, apartando los rizos de la frente de su hermanito, de aquel color tan hermoso y que aun así le habría generado inseguridades de haber permanecido con su familia.—Nuestra familia no era buena, lo sabes, te lo he dicho— murmuró, encogiendo un hombro, incómodo por el tema de conversación. —Nuestra madre si lo era, demasiado para protegernos y nuestro padre… él no podía cuidarnos como debía. No con todas las condiciones con las que vivíamos, así que espero no volver a estar cerca de ninguno de ellos— terminó de decir, pasando saliva y viendo a su pequeño hermano mirarlo por un largo rato antes de asentir, haciéndolo suspirar ante la aprobación.

 

—Está bien de todos modos soy feliz solo contigo y con Luke, no necesito nada más, pero por favor no vayas a decirle porque va a ponerse insoportable— pidió bajito con ojos suplicantes.

 

—Demasiado tarde, valonqar, he escuchado todo como una chusma— avisó Lucerys, entrando a la habitación con una sonrisa suave en los labios, inclinándose a dejar un beso en la frente de Joffrey y apretándole la mejilla hasta dejarla rojiza. —Yo también soy feliz solo con ustedes y también los amo mucho, mucho— dijo, tomando asiento al lado del cuerpo de Joff y no pasó mucho para que ambos lo miraran.

 

Con los ojos grandes y expectantes, así que negó sonriendo antes de decir. —Yo también los amo y no hay nada que me haga arrepentirme de nuestra pequeña familia—

 

♧♧♧

 

—No te quedes despierto hasta tarde, por favor— pidió cuando llegaron a la puerta de la habitación de Luke, dándole un toque en la espalda, esperando a que lo viera de frente para correrle los rizos de la frente con una mano e inclinarse a dejarle un beso en la frente.

 

—Sabes, tengo dieciocho años ya, ¿no crees que es un buen momento de que dejemos de hacer esto?— quiso saber curioso, sonriendo y no realmente queriendo dejar aquella tradición de recibir las buenas noches de su hermano, no cuando era lo que lo hacía recordar los buenos momentos de su infancia.

 

—Ni siquiera estoy seguro que deje de hacerlo después de que tengas tus propios cachorros— bromeó apretando ligeramente el hombro antes de pasarlo para ir a su cuarto.

 

—Voy a reparar algunas cosas y después voy a dormir— avisó dando un paso dentro de su cuarto.

 

—Descansa, nos vemos mañana, valonqar

 

—Tu igual, lēkia

 

♧♧♧

 

—Envía la ubicación a mi celular— dijo preparando las cosas de Joffrey mientras este restregaba sus ojos y desayunaba silenciosamente entre ambos.

 

Puesto que como Jace salía demasiado temprano no iba a estar para desayunar con ellos así que había insistido en hacerles compañía y ya desayunar a pesar de que eran las seis y media de la mañana.

 

—Okay, listo— avisó bebiendo de su té.

 

—Ay, carajo— murmuró Jace, mirando hacia el refrigerador donde el pastel que terminó ayer tenía que ser entregado hoy. —Van a venir a buscar el pastel a eso de las una, Luke—

 

—Tranquilo, paso por aquí a esperar a que pasen por él y después voy a retirar a Joffrey— dijo mirándolo desde su asiento y sonriéndole tranquilo, pasándole el sentimiento que lo hizo relajar los hombros.

 

—¿Solo tienes clases a la mañana, Lu?— preguntó en un susurro Joff, tomando su taza de leche y mirándolo un poco más despierto.

 

—Sip, termina a las once, pero después de ir a buscarte podemos ir al parque o a pasear, a donde tu quieras mientras esperamos a Jace— dijo sonriente, despeinando a su hermano cuando lo vio asentir contento.

 

—De acuerdo, portense bien y tomen un taxi, no tomen el autobús, ¿si?— dijo, acercándose a Joffrey y dejándole un beso en la cabeza antes de acercarse a hacer lo mismo con Luke. —Si necesitan más dinero haganmelo saber o saquen del banco, no pasa nada— cortó a Luke cuando lo vio con intenciones de protestar. —¿Algo que se te haya olvidado decirme para que no haga el ridículo en la reunión? — interrogó colgándose el bolso al hombro y moviendo las llaves en la mano.

 

—Nop, te lo dije todo anoche, pero igualmente te mando mensajes cuando te desocupes de Rickon— murmuró despreocupado llevándose una tostada a la boca, Jace se detuvo a medio giro, volteando de nuevo hacia su hermano.

 

—¿Quien? — preguntó confundido.

 

—Rickon Stark— informó rápidamente. —Es el nombre del niño al que se supone que iba a cuidar—

 

—¿Rickon Stark? — jadeó mirándolo sorprendido. —¿Cómo el Rickon Stark que sale en las revistas al ser hijo de ese Cregan Stark?— vio a Luke apartarle la mirada y removerse en su asiento. —Luke— medio gruñó.

 

—Si, solo que no como si fuera, sino como que si es— murmuró encogido entre sus hombros, y Jace suspiró apretando sus sienes, detestando un poco a Luke por guardarse estos detalles.

 

—A esto me refería cuando te pregunte si se te olvidaba decirme algo— soltó, sacudiendo la cabeza y bajando la mirada para verificar que su ropa no tuviera algún agujero. —Maldición— susurró bajo.

 

—No creí que fuera a hacer algún cambio— murmuró mirándolo con ojos grandes.

 

Suspiró negando de nuevo. —Déjame decidir eso a mi la próxima vez, ¿si? — dijo pasando una mano por su cabello y mirando al techo por un momento, procesando la información del hecho de que fuera una de las casas que él sabía que estaba con su madre y que era peligroso para él como lo hubiera sido para Luke si se presentaba allí.

 

Parpadeó y miró a su hermano cuando lo tomó del brazo y lo guió a la puerta.

 

—Sé lo que estás pensando, pero es seguro, quedate tranquilo— murmuró no viéndolo a los ojos.

 

—¿Has estado haciendo esto desde los dieciséis? — preguntó con voz ahogada. —¿Trabajando para las casas que le juraron lealtad a los Targaryen?— susurró asegurándose con una mirada de que Joff no estuviera cerca.

 

Y ahora tenía sentido el que fuera tan lejos de donde estaban ubicados, porque de lo primero que se aseguró al llegar al Norte hace cuatro años es de haber conseguido lugar en tierra libre donde la guerra no les alcanzaría porque a pesar de estar bajo la orden del señor del Norte, eran personas que se dedicaban a existir tranquilamente sin luchadores u hombres que podían luchar en una futura guerra, por lo que era segura en un cincuenta por ciento, mucho más segura que las otras que lo rodeaban.

 

—No, es la primera vez que me dan una de las casas importantes, pero la paga es buena, Jace, lo necesitamos para reponer los supresores— dijo y se veía y oía desesperado por explicarle, temiendo ser interrumpido pese a que nunca jamás lo había hecho y suspir relajando su expresión y sus hombros porque habían cosas que no pasarían en solo seis años.—La pastelería nos genera un buen ingreso, pero necesitamos tener una cuenta de respaldo porque la que teníamos casi está en rojo. Tu necesitas dinero para las cuentas, yo para la matrícula y necesitamos dinero para lo que sea que Joffrey necesita, lo que he estado haciendo es solo niños cuidar de ricos que pagan porque mantiene a sus hijos entretenidos, no me es difícil, me gusta y asi puedo ayudarte a cubrir la mitad de las cosas, por favor, por favor, no me pides que deje a Liana— jadeó aferrándose a las manos de su hermano y su estómago se le cayó a los pies cuando se soltó de él.

 

—No voy a pedirte que dejes algo que te gusta y te da dinero, pero voy a pedirte que no tomes trabajos como este nunca— susurró acariciando la mejilla de su hermano, inclinándose a unir sus frente por un momento antes de alejarse y sonreirle apenas. — ¿Qué ibas a hacer cuando llegara a la dirección que me enviaste y viera la jodida mansión Stark? —Quiso saber inclinando la cabeza.

 

—No iba a ser tan grave— dijo en voz baja, cogiendo un hombro y liberando feromonas.

 

—No me agrada que me mientas, mucho menos cuando intento ayudarte—

 

—Solo estaba omitiendo un poco la verdad—

 

—Hasta donde yo sé es básicamente lo mismo y sabes que prefiero no tratar con esa gente— murmuró, mordiéndose la lengua para no decir groserías. — ¿Necesita supresores? — preguntó cambiando de tema, viendo a Luke mirarlo por un momento, dudando de si decirle la verdad hasta que amplió despacio.

 

Comenzó a rebuscar de inmediato en su bolso y sacó las pastillas que le quedaban, casi obligándolo a agarrarlas cuando parecía reacio.

 

—Está bien, voy a traer más conmigo a la vuelta, tú las necesitas más que yo, tomalas por favor, así puedo irme tranquilo— murmuró, suspirando cuando las aceptaba y apretándole la mano en señal de despedida, girándose y marchando hacía las escaleras.

 

♧♧♧

 

Chapter 2: Jacaerys Strong

Notes:

El actor con el q yo visualizo a Oscar es Aaron Taylor J en sus veinte, pero puede ser quien ustedes quieran mientras leen

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

 

♧♧♧

 

El tiempo pasó rápido y suspirar fue todo lo que pudo hacer cuando se vio obligado a detener su auto a las afueras del hogar que parecía más bien un fuerte, con su camino privado que llevaba directamente a la mansión que pertenece a los Stark desde hace siglos, ubicada en el centro de Invernalia.

 

Esperando pacientemente a que el guardia de seguridad se acercara hasta su auto, Jacaerys realmente intentó no tensarse ante el arma visible que el hombre alfa tenía en el cinturón.

 

—Buenos días, joven, ¿necesita indicaciones?— preguntó amablemente. No parecía tener más de treinta.

 

—Buenos días, no, no— negó sonriendo. —Tengo una cita dentro de diez minutos a nombre de Ja… Lucerys Strong— dijo, carraspeando mientras veía al guardia volver a la casita de seguridad y se relajó cuando segundos después la reja comenzó a abrirse.

 

Se sobresaltó al oír su celular sonar y presionó el manos libres mientras veía poco a poco la mansión hacerse más grande a medida que se iba acercando.

 

—¿Si? — preguntó sin apartar la mirada del frente porque lo que menos quería era salirse del camino y terminar chocando contra los arbustos a los lados del camino, cubiertos de nieve.

 

¿Ya llegaste? — preguntó suavemente Luke del otro lado. —Acabo de dejar a Joff en la escuela, voy a ir a la cafetería porque quede en ver a Oscar allí ya que vamos a repasar algunos temas— Jace no dijo nada, deteniendo el auto y por fin prestando atención al omega al otro lado de la línea. —De todos modos, llamaba para decirte eso y que ni bien te fuiste llame a la casa del señor Stark

 

Jace le alzó una ceja, tomando su bolso y saliendo del auto. —¿Qué dijo, Luke? — preguntó curioso mirando las enormes puertas cada vez más cerca. —Lucerys voy a asesinarte— susurró cuando lo vio hacer una mueca.

 

Puede que esté un poco a la defensiva, pero no hay nadie que pueda gritarte a ti con tu hermosa cara, así que seguro lo resuelves, avy jorrāelan, eres el mejor— y cortó porque era un maldito.

 

—Oh, definitivamente voy a matarte— dijo mientras tecleaba y enviaba lo dicho, guardando su celular y subiendo los escalones que llevaban a la doble puerta de madera oscura que contrastaba hermosamente con las paredes de ladrillo más claras.

 

Presionó el timbre y esperó casi reteniendo el aire cuando al abrirse la puerta el tiempo pareció ser más lento, lo primero que pudo ver fue a un alfa que no parecía pasar los treinta, con barba y el cabello recogido en la nuca, vestido con un traje gris sin el saco y con un pequeño bebé en brazos que no dejaba de gritar.

 

Jace separó los labios para hablar, no pudiendo decir mucho al ver la expresión fruncida del alfa que en ningún momento había detenido su balanceo y las palmadas suaves en la pequeña espalda.

 

—Buen día— fue todo lo que dijo, brusco, antes de girarse y adentrarse al lugar.

 

Jacaerys suspiró mientras lo seguía, deteniéndose al ver a la ama de llaves mirarlo.

 

—Buenos días— saludó en voz baja, la grandeza del lugar haciéndolo sonar alto. La mujer de cabello oscuro devolvió el saludo y cerró la puerta, pidiéndole las cosas antes de desaparecer en un armario destinado a ello.

 

Camino hacia el lugar por donde había visto doblar al alfa que ni siquiera le dio su nombre o preguntó el propio para asegurarse que era el enviado de su hermano. Chasqueo la lengua bajito y se adentro a lo que parecía ser la sala de estar, viendo como el alfa de cabellos rubios no parecía quedarse quieto en un lugar por el llanto incesante del bebé.

 

Jace hizo una mueca inconsciente qué se aseguró de ocultar al igual que la casi desesperación que le incomodaba en el estómago al escuchar a un cachorro llorar tan fuerte.

 

—Soy Jacaerys Strong, suplente de Lucerys Strong— habló, no quitando los ojos del bebé de cabellos idénticos a los de su padre, con los ojos cerrados e hinchados y el rostro rojizo.

 

—¿Acaso eres familiar del irresponsable? — preguntó casi en un gruñido que lo hizo erizarse por un momento, Jace lo miró durante unos segundos en busca de la furia que normalmente vendría ante la mención de su pequeño hermanos, pero suspiró y asintió al no encontrarla cuando la pequeña criatura se llevó toda su atención.

 

Jace tomó la liga de su muñeca y se recogió el cabello en un moño practicado, acercándose los pasos que los separaban de padre e hijo —¿Puedo cargarlo? — preguntó, viendo al bebé silenciarse curioso por su tono de voz, limpiándose las lágrimas con los pequeños puños para mirarlo correctamente. Jace sonrió apenas, aguantando un jadeo al ver los ojos grandes y grises brillar por las lágrimas. —Hey, hola bonito— murmuró acercando una mano al bebé y dejándola cerca, ofreciendo su otro brazo cuando el bebé sujetó con fuerza la primera.

 

Sonrió al verlo removerse en brazos de su progenitor para liberarse de estos e ir a sus brazos, Jace lo colocó contra su pecho cuando el alfa lo dejó libre, mirándolo con la misma atención que le era ofrecida.

 

—¿Qué es lo que te sucede? — preguntó bajito, acariciando la pequeña espalda con suavidad mientras su cuerpo comenzaba a mecerse suavemente de memoria, no pudiendo quitar la mirada del bonito cachorro que lo hizo extrañar a Joffrey al pensar en lo grande que su hermanito ya estaba.

 

—¿Cuál dijiste que era tu nombre? — habló el alfa, su voz ronca y baja interrumpiendo el contacto visual que mantenía con el pequeño cachorro y haciéndolo tensar sin querer.

 

Había olvidado por un segundo donde estaba.

 

—Jacaerys, suplente de Lucerys Strong, el cuidador que contrató— respondió ahora pudiendo mirar y prestar atención al alfa ya que el llanto había cesado. Sintió como el bebé jugaba con la piedra del colgante qué descansaba en medio de sus clavículas y no pudo evitar mirarlo nuevamente, sonriéndole cuando lo miró con ojos grandes.

 

—Debo decirte que me parece sumamente irresponsable de su parte lo que ha hecho— dijo más tranquilo ahora que el llanto había desaparecido, mirando al joven que tenía a su hijo entre brazos.

 

Jacaerys asintió, viendo los ojos del señor Stark, igual de grises que los de Rickon, solo que un poco más claros si eso era posible, con pestañas largas y casi invisibles debido al tono de piel pálido.

 

Parpadeó despacio en un intento de hacer a un lado los pensamientos sobre cuán idénticos padre e hijo eran. Sobre cuan atractivo el alfa era.

 

—Lo sé— dijo, y es que no podía enojarse porque tenía razón, entendía lo difícil que podía llegar a ser el llegar a estar confiado en dejar a tu hijo en manos de alguien desconocido, por más que lo recomendará una empresa de confianza. Y también entendía el enojo porque después de todo eso que encima también enviará un reemplazo a último tiempo era inaceptable. —Sin embargo si no le parece bien, puede comunicarse con la empresa. Estoy seguro que podrán enviar a alguien más capacitado y yo voy a poder irme por donde llegue— soltó esperanzado, manteniendo la mirada, pero sin dejar de mecer al cachorro.

 

—No— soltó alto, sobresaltándolos a ambos, Jace lo vio encogerse entre sus hombros antes de humedecerse los labios y decir. —No por favor, me disculpo por mi arrebato de hace unos momentos, no pudimos conciliar el sueño y tengo una reunión verdaderamente importante en media hora— suspiró despeinandose y dejándose caer en el sofá individual, recostando la cabeza en el respaldo y presionando sus ojos en un gesto demasiado familiar para él. —Lo siento, no es excusa para el mal momento que te hice pasar— siguió murmurando.

 

Y de repente Jacaerys desvió su mirada hacia el cachorro, tomando asiento y sonriendo suavemente. 

 

La gente grosera era fácil de tratar para él, era mucho más fácil poner límites ahora y no esperar nada bueno de nadie que fuera grosero con sus hermanos o él. Pero encontraba la amabilidad un poco más difícil de tratar, era complicada de encontrar y, por ende, de lidiar también, porque si de los primeros sabías qué esperar, de estos últimos no y no saber qué esperar de una persona era algo a lo que Jace le rehuía.

 

—Debe estar cortando más dientes— murmuró como una idea tardía, acercando la mano que tenía en la espalda del bebé para acariciar una mejilla suavecita y calentita, mordiéndose el labio al ver la sonrisa con cuatro dientes que le derritió el corazón. —Oh, que bonito eres— halaga con voz suave y aguda, viendo como la sonrisa se agranda en el pequeño rostro y como Rickon procedía a esconderse en su pecho.

 

—No había pensado en eso— comentó el alfa, Jacaerys sentía la mirada de este clavada en ellos, pero ni eso pudo hacerle mirarlo. —Rickon es el primer cachorro en mi familia en mucho tiempo— comentó con voz tranquila, oyendose relajado. —Me sorprende que se vea tan cómodo contigo cuando ni siquiera quiere ir con mi hermana, por cierto, me llamo Cregan— comentó como una presentación tardía.

 

—Lo sé— comentó mirándolo por unos segundos antes de asentir mientras tomaba asiento. —Cregan Stark, señor del Norte— reconoció encogiéndose de hombros antes de seguir. —Sería extraño no saber del hombre que es dueño del país en el que vivo— comentó divertido, tomando las manos de Rickon y haciéndo se pararse en sus piernas. —¿Entonces me quedo fijo o solo lo cuido por hoy? — preguntó nervioso, porque estaba encantado con el cachorro, pero reacio a estar rodeado del alfa hijo del señor que juró lealtad a su abuelo.

 

Jace se confundió al ver la expresión sorprendida del alfa que no le quitaba los ojos de encima.

 

—¿Sucede algo? —

 

—No… solo me tomaste con la guardia baja, por un momento había olvidado que tendría que separarme de él— dijo colocando los codos en sus rodillas y sujetando su rostro con mientras veía fijamente hacia un punto en la espalda de Rickon.

 

—Puedo quedarme hoy y después te comunicas con la empresa y pides un reemplazo, solo necesito saber algunas cosas— murmuró sonriéndole a Rickon. —Como hace cuanto tomó el biberón, si come comida sólida, si es alérgico a algo, si alguien vendra hoy y si debo abrirle a las personas que golpeen la puerta y cosas así— habló moviendo los dedos frente a Rickon para mantener su atención en un lugar, alzando la mirada hacia Cregan esperando una respuesta.

 

—No pude pensar en nada más que tendría que dejar a Rickon con alguien desconocido— murmuró sumido en sus pensamientos.

 

—Lo entiendo, es difícil dejarlos al cuidado de alguien que no conoces y es un poco peor cuando te hacen lo que hizo mi compañero, así que lo entiendo— murmuró dejándose hacer cuando el cachorro le sujetó el rostro con ambas pequeñas manos y casi unió sus frentes. —Ellos son lo más valioso que tenemos— dijo bajo, obligándose a no besar la pequeña nariz del bebé y sentándolo en sus piernas de frente al alfa. —Y como te entiendo, debo decirte que no trabajo para la empresa de Liana, mi hermano lo hace, pero se le complicó con sus exámenes así que me envió en su lugar— confesó, manteniendo la mirada al alfa aunque su lobo interior rehuía de aquellas muestras.

 

El silencio los envolvió por un momento e incluso Rickon se mantuvo en silencio jugando con los anillos qué adornaban sus dedos, no importándole la conversación de adultos que se llevaba a cabo.

 

—¿Tienes experiencia cuidando niños? —

 

—Tengo dos cachorros— admitió, no apartando la mirada porque no estaba mintiendo.

 

No del todo. Lucerys fue suyo, su madre lo dijo cuando lo colocó en sus brazos cuando apenas tenía horas de nacido y él cuatro años. Él le daba el biberón, robaba la comida que quería y velo las largas noches en las que tenía pesadillas, Lucerys fue su primer cachorro aunque no salió de sus entrañas, y con Joffrey fue igual, porque lo crió desde los ocho meses, así que ambos eran suyos en todo menos en papel.

 

—Oh— dijo el alfa y se aclaró la garganta cuando recibió su mirada. —Lo siento, te ves demasiado joven para haber tenido cachorros— comentó y la punta de las orejas qué el cabello rubio dejaba ver se tiñeron de rojo.

 

Jacaerys apartó la mirada y comenzó a recorrer el lugar, humedeciendo sus labios antes de decir.

 

—Los tuve demasiado jóven—murmuró. —Tengo una pequeña pastelería también, pero solo los vecinos lo saben, así que no hace la diferencia que me tomé el día hoy— dijo encogiendo un hombro. Vio a Stark asentir en comprensión.

 

—Rickon tomó el biberón hace una hora, y sí come— expresó con orgullo, acercándose y tomando a Rickon en brazos que fue voluntariamente y comenzó a frotarse contra el hombro de su padre. —Estamos empezando a comer de a poco, el pediatra nos dio el visto bueno hace un mes— continuó diciendo, observando a su bebé. 

 

Jacaerys no pudo evitar morderse el labio inferior ante lo inexplicablemente atractivo que se vio el alfa frente a él solo hablando de su cachorro.

 

—Es alérgico a las fresas y por lo otro no te preocupes que solo tendrías que centrarte en Rickon, ya que Alys está aquí para encargarse de sus comidas y de todo lo demás. Hay guardias afuera. — recitó meciéndose de lado a lado a la vez que comprobaba la hora en su reloj. —Alys— llamó y Jacaerys se puso de pie, viendo a la mujer entrar silenciosamente a la habitación. —Alys, él es Jacaerys, va a cuidar a Rickon de ahora en adelante— avisó viendo a la mujer asentir antes de volverse a él. —Lo que sea que necesites para ti o para Rickon, puedes pedirselo a ella, o allí está la cocina, puedes servirte— terminó de decir. 

 

Jacaerys sintió su pecho calentarse al verlos abrazarse, vio a Rickon apoyar la mejilla contra el pecho de su padre a la par que respiraba en la piel al mismo tiempo que el alfa grande enterraba la nariz en la mata de cabellos dorados e inhalaba el aroma de su cachorro, Jacaerys miró hacia otro lado por un segundo, parpadeando despacio ante el borroso recuerdo que apareció ante sus ojos.

 

—Volveré a eso de las cinco o seis, quizás me libre antes porque son solo reuniones— dijo mirándolo antes de separarse de Rickon, sonriéndole de una manera suave al cachorro que alzó ambos brazos a tocarle el rostro en un intento de llamar su atención. —Me gusta pagar el día, y Madame Liana me ofreció un número de cuenta para depositar el dinero, asumo que al no ser Lucerys Strong el que está aquí no sé cómo proseguir—

 

—Está bien, puede ponerlo a la misma cuenta— afirmó, no viendo la curiosidad en el rostro del alfa.

 

—De acuerdo— mencionó tecleando algo rápidamente en su celular.

 

—Okay— murmuró mirando al alfa a los ojos por un momento antes de asentir y dar un paso en su dirección, moviendo las manos para llamar la atención de Rickon. —Cachorro— llamó con aquella voz suave que utilizaba para calmar a Joffrey cuando era un bebé. Sonrió al verlo voltearse en su dirección y casi pasó desapercibido el hecho de que el alfa se tensara ante su decir. —Ven conmigo, dejemos a tu padre irse—continuó diciendo en el mismo tono de voz, sonriendo cuando vio al bebé removerse en brazos del alfa y pasar a los suyos.

 

—Su cuarto de siesta y donde juega la mayoría del tiempo está por aquí— dijo el alfa, liderando el camino por un largo pasillo del primer piso.

 

Jacaerys no pudo evitar sonreír ante la única puerta pintada de celeste cielo que tenía nubes y un arcoiris. El alfa abrió la puerta y los dejó pasar primero, suspiró ante lo bonito, suave y colorido que era todo, pero lo que más se llevó su atención fue el gran ventanal que cubría toda una pared que dejaba ver el patio donde se veía toda la larga estancia cubierta de nieve.

 

Jacaerys caminó hacía una alfombra y tomó asiento, sonriendo al escuchar al bebé reír y señalar con su palma hacía unos osos que medían lo mismo que él.

 

—Bueno, tengo que irme ahora— mencionó el alfa detrás de ellos, Jacaerys asintió mientras lo miraba por sobre su hombro y lo veía atento a su celular.

 

—Okay— asintió y lo vio marcharse sin cerrar del todo la puerta, oyendo los pasos desvanecerse. Jace relajó los hombros y suspiró volviendo la mirada a Rickon para encontrar que ya lo estaba viendo. —¿Qué sucede, bonito? — preguntó bajito, como secreto. —¿No se despidió de ti? Que hombre cruel— susurró, viendo sorprendido y maravillado a Rickon reírse como si comprendiera sus palabras.

 

No sería muy difícil cuidarlo, pese a que Joff tenía ya seis años, habían cosas que uno nunca olvidaba y esa era la manera natural en la que podía calmar a los niños, el instinto que hacía todo más fácil de entender.

 

♧♧♧

 

Notes:

Gracias x leer♡♡

Chapter 3: Frío y verde

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

♧♧♧ 

 

—¿Dónde está Luke? — preguntó dejando su bolso en el recibidor y comenzando a quitarse las zapatillas. Escuchó los pasos de Joff correr en su dirección y giró justo al momento para recibir al niño que saltó a sus brazos. —Te he extrañado cachorro, ¿Cómo estuvo tu día? — quiso saber mientras inhalaba el aroma a leche del hombro de su hermano a la vez que se restregaba contra él en un intento de marcarse con su aroma.

 

—Luke se está bañando y yo también te extrañé— murmuró contra su cuello moviendo su rostro contra su hombro y haciéndolo reír por las cosquillas. —No me gusta como hueles— gruñó bajito contra su piel.

 

—¿A qué huelo? — dijo bajándolo y caminando a la cocina para fijarse que iban a cenar.

 

—Hueles a cuando cae nieve en el bosque, a frío y verde, no me gusta, no hueles como a la bebida calentita y dulce— refunfuñó siguiéndolo. —¿Es un alfa? ¿Cuidas a un niño alfa? — continuó indagando y no pudo evitar mirarlo por un momento con una sonrisa entre divertido y enternecido.

 

—Joff, cuido de un bebé y al igual que tú, no se va a presentar hasta que cumpla los doce años— dijo, revolviendole el cabello y decidiendo que pediría pizzas para cenar.

 

—¿Entonces por qué hueles fuerte? — insistió.

 

—Porque el padre del bebé es un alfa, Joff y con suerte nuestro hermano lo enamora así no tenemos que trabajar nunca más y vivir de su fortuna— dijo Lucerys entrando a la cocina con una toalla secando su rizado cabello.

 

Jacaerys le dirigió una mirada a Luke que lo hizo reírse. —Nosotros dos tenemos que hablar—

 

—¿Qué? ¿Por qué? — balbuceó nervioso, trastabillando en sus pasos.

 

—Hablé con el señor Stark antes de venir, dijo que le gustaría tomarme efectivo— murmuró enviando un mensaje a la pizzería y dejando el celular a un lado. —También me dijo que no planea tenerme toda la semana allí, solo cuatro días— informó viendo al joven omega asentir.

 

—¿Te dijo que días? — quiso saber y los tres caminaron de regreso a la sala de estar donde se dejaron caer en el único sillón grande que tenía, con Joffrey tomando asiento en medio de ambos.

 

—Lunes, miércoles, viernes y domingos— repitió, acariciando el cabello de Joff qué se recostó en sus piernas, subiendo sus piernas a las de Luke. —Mañana deberíamos ir al centro a comprar medicina y algo bonito para nosotros, ¿qué les parece? — murmuró en voz baja, relajado por el aroma de sus hermanos y el propio que había en todo el lugar.

 

Momentos como aquellos le hacían olvidar por completo de todo lo que escondía debajo de un tapiz, su índice se paseo por la nariz puntiaguda de Joffrey y suspiró cuando los ojos azules de su padre le devolvió la mirada, entrecerrados y con puro amor. Sonrió a pesar del nudo en su estómago ante el recuerdo del guardián de su madre que era más que eso, que le enseñó a cuidar y defender su sangre.

 

La punzada de dolor que volvió a su corazón ante la clara memoria de la última vez que había tenido que ver al hombre fuerte que juró protegerlos, a la cantidad de sangre que le vio derramar mientras lo empujaba a que continuara su camino hacia la salida que había planeado y de la cual había terminado por enterarse, con Joffrey sollozando contra su pecho y Lucerys hipando aferrado a su mano, presionado a su costado mientras veía a Harwin Strong dar su vida por ellos.

 

Jacaerys suspiró suavemente, ignorando el estremeciendo que le recorrió mientras apartaba la mirada de Joffrey en su regazo, inhalando profundo el arándanos con miel de Lucerys y el aroma suave a leche que tenía Joffrey qué inundaba el piso. Ningún otro aroma extraño en el aire.

 

♧♧♧

 

¿Qué estás haciendo ahora? — preguntó Joff acercándose a la cámara del celular, mostrando solo un ojo. —¿Puedes mostrarme al cachorro? — quiso saber, hablando más bajo.

 

Jacaerys sonrió mientras miraba la pantalla por un momento, que lo enfoca a él sentado en el suelo del cuarto de juegos de Rickon, con este a uno metro de distancia entre los osos que tenía, abrazado a un cisne al que le tenía más apreciación.

 

—Hace un rato terminé de darle de comer a Rickon y ahora estamos en el cuarto de juegos— dijo sonriente, mirando al cachorro que alzó la cabeza hacía él y lo miró curioso. —¿Dónde está Lucerys? ¿Ya almorzaron? — preguntó mientras miraba de reojo a su hermanito asentir, Rickon comenzó a gatear hacía él, tomando lugar entre sus piernas y mirando al frente, teniendo una clara visión de Joffrey que quedó a media frase con la boca abierta, sus ojos fijos en el cachorro. —Joff, este es Rickon, bonito, él es mi bebé— presentó con una sonrisa, divertido de la expresión de ternura que Joffrey se esforzó por ocultar. —Dime cómo están pasando este domingo sin mi genial presencia— continuó indagando, medio preocupado de que Joffrey le hiciera aquella llamada con el celular de emergencia y estuviera aparentemente solo en su cuarto.

 

Es tan pequeño— murmuró acercándose más a la cámara.

 

—Joff, no me estás hablando— recordó con voz cantarina, tomando las manos de Rickon y ayudándo a ponerse de pie.

 

Luke está hablando con su novio en su cuarto y aproveche su difracción para llamarte porque te extraño y me puse triste y luego recordé que tengo el teléfono de emergencia y me pareció una emergencia así que decidí llamarte— dijo de corrido, haciéndolo reír apenas por la palabra mal dicha.

 

—Tranquilo, respira— murmuró sonriendo, mirándolo durante un momento hasta que Rickon quiso girar en su lugar y terminaron mirándose. —La palabra correcta es “distracción” — informó como de costumbre.

 

¿No estás enojado conmigo por usar el teléfono de emergencias entonces? — preguntó con las cejas fruncidas hacía abajo y los ojos grandes atentos.

 

—Por supuesto que no, taoba issa— susurró mirándolo suavemente. —Nunca podría enojarme contigo por extrañarme— respondió rápidamente, negando para darle más énfasis a sus palabras. —Solo estaba preocupado de no ver a Luke cerca, pero si me dices que está hablando con Oscar está bien. Cuéntame qué vas a hacer durante la tarde, hablemos de eso— pidió, no pudiendo evitar sonreír ante la mueca de desagrado que hizo Joff por la mención de dicho alfa. Era un poco divertido verlo siendo protector con ellos a pesar de ser tan pequeño.

 

 —Mejor dime porque no me puedes llevar contigo— balbuceó en voz baja, retorciéndose en su cama. —Prometo que me porto bien, lo juro— insistió nuevamente con el mismo tema que había sacado a colación la segunda semana en que había comenzado a trabajar.

 

—Ya te dije por qué, taobba— murmuró acomodando en sus brazos a Rickon que comenzó a bostezar y a frotarse contra su pecho. —Vengo aquí a trabajar, a cuidar de él, no puedo traerte conmigo a no ser que sea sumamente necesario o pase algo y esperemos que no pase nunca nada malo como para que tenga que traerte conmigo aquí—

 

Pero aquí es aburrido y Luke me cae bien, pero tu me caes mejor y aparte allí se ve divertido con todos esos colores y los pocos juguetes que veo, llévame contigo por favor— se quejó alargando la última letra.

 

—Joff, hagamos algo— comenzó diciendo, meciendo al bebé en sus brazos mientras deseaba acariciar la mejilla del cachorro al otro lado de la llamada. —Cuando llegue a casa, vamos a ir a cenar con Luke, ¿te parece bien? Vamos a ir a uno de esos lugares donde hay juegos así puedes jugar antes de la comida y después si quieres también, si vomitas ya te aguantas tú— dijo con una sonrisa, viéndolo asentir de acuerdo con su plan y Jace se sintió respirar después de haber alejado el brillo de los ojos azules. —Te dejo tomar muffins del refrigerador— anunció, riendo bajito al ver como el teléfono se movía al Joffrey trotar directamente hacía la cocina.

 

¿Pueden ser cinco? — preguntó en el camino, Jacaerys frunció el ceño y negó, separando los labios a punto de decir algo que fue interrumpido por un quejido de Rickon que lo miraba en brazos con los ojos cansados, pero reacio a dormirse estando quieto.

 

—Tres— murmuró parándose con algo de dificultad al tener al bebé en brazos.

 

Cuatro— peleó con tono seguro, Jace gruñó juguetón y negó.

 

—Toma solo tres y cuelga la llamada antes de que decida no dejarte comer ninguno— anunció, escuchándolo quejarse.

 

¡Bien!— medio gritó del otro lado. —Avy jorrāelan, nos vemos más tarde, Jacy— saludó y colgó la llamada.

 

—Bien, bueno, vayamos a dar un paseo por la enorme casa en lo que duermes, ¿te gusta la idea, cachorro? — murmuró recostando a Rickon contra su pecho y comenzando a caminar hacia las escaleras.

 

Jadeó al llegar a la cima, mirando hacia abajo y riendo sin aliento al ver a Rickon mirarlo atento y con una sonrisa adormecida en el rostro.

 

—¿Qué sucede? ¿Te diviertes con mi sufrimiento? — preguntó bajo, acercándolo a su rostro para acariciar con la nariz los cabellos dorados. —Es una lastima que no puedas responderme, pero ya aprenderás— murmuró alzando la mirada y viendo los retratos de todos los Stark predecesores del que tenía en brazos. —Mira, este es el abuelo de tu abuelo— dijo, manteniendo el mismo tono de voz bajo pues la casa vacía hacía eco de la misma. —Va a ser incómodo crecer solo en esta casa— conversó continuando por el largo pasillo hacia el ventanal enorme que ocupaba casi toda la pared al final del mismo. —Quizás más adelante tienes hermanos o algunos primos con quienes jugar así no te sientes tan solo— continuó, mirando a través del vidrio la piscina en el centro del patio, las paredes de rosales qué la nieve apenas dejaba ver al cubrirlo todo, y se sintió curioso ante la escalera que daba a más allá del muro de rosas. —Este es un bonito lugar en invierno, pero apuesto a que en verano vamos a poder dar paseos por allí y ver las flores— divagó bajando la mirada al cachorro que había dejado de balbucear respuestas, no sorprendiéndose al verlo descansar tan pacíficamente. —Bajemos a la sala de juegos— murmuró girando y sobresaltándose al ver al guardia alfa al inicio de las escaleras, luciendo apresurado.

 

Unieron miradas y Jace se acercó despacio, no queriendo perturbar el sueño del cachorro que tenía en brazos.

 

—¿Sucede algo, Davos? — inquirió, mirando por sobre el hombro hacia abajo a la vez que sus brazos se tensaban alrededor de Rickon.

 

—Oh, no, lo siento, joven Strong— balbuceó el alfa, y Jace le alzó una ceja mientras sonreía de costado. —Lo siento, Jacaerys— se corrigió sacudiendo la cabeza.

 

Davos Blackwood era uno de los guardias alfas que cuidaban de Rickon cuando Cregan Stark salía de la casa. Era cercano a su edad, todavía no sabía que tanto, y era agradable a pesar de ser alfa. Era un poco más alto que él, con el cabello oscuro y corto a los costados, amable y lo que más le agradaba era el hecho de que hablara suavemente, aunque había algo en el par de ojos de color cambiante que le causaba un escalofrío si lo miraba fijamente por lo que mantenía su mirada en Rickon.

 

—El señor Stark me pidió que le dijera que no deambule en la segunda planta— informó manteniendo la mirada baja.

 

—Oh— soltó, cuadrando los hombros e irguiendo más su postura, sus brazos apretando un poco a Rickon que se removió y se aferró más a su camisa. —No lo sabía— dijo, humedeciendo los labios cuando su voz sonó demasiado irritada.

 

Y no debería molestarle el hecho de que el alfa monitoreara todo lo que hacía a pesar de tener tres semanas trabajando para él. Con la mayoría de esos días con él presente en el hogar. No debería de molestarle, pero lo hizo porque la sensación de que lo vigilaban era incómoda y en todo caso un aviso verbal de que no podía pasear por el maldito pasillo de la segunda planta hubiera bastado para que se anclara al primer piso.

 

—Bajemos, no vaya a ser cosa que molestemos a las pinturas— murmuró pasando al alfa que suspiro detrás suyo, siguiéndolo.

 

—Es más por seguridad, joven St… Jacaerys—

 

—Esta bien, haces tu trabajo, yo el mío— conversó, bajando cuidadosamente escalera por escalera hasta que el alfa se paró a su lado en el mismo escalón y le hizo una seña en ofrecimiento de ayuda. Jace asintió e intentó no incomodarse ante el brazo en su espalda qué lo ayudó a tener más soporte al bajar las escaleras. —¿Dónde está Aeron? — preguntó a modo de conversación, mirando el perfil del alfa que mantenía los ojos fijos en los escalones.

 

—Afuera, se me aviso solo a mi entrar—

 

—¿No hace demasiado frío para que estén fuera? — quiso saber, suspirando al llegar al último escalón y sentir al alfa soltarlo de inmediato. Davos se paró frente a él por un momento, y vaciló antes de asentir.

 

—Un poco, pero hemos vivido bastante tiempo aquí para saber que los inviernos son crudos en el Norte, no es nada nuevo— respondió escueto, asintiendo hacia él una vez más antes de girarse y caminar hacia la salida.

 

Jace suspiró mientras caminaba hacía el cuarto de juegos donde prefería dejar dormir a Rickon ya que quedaba cerca y él podía prepararle la merienda y tenerla lista para cuando se despertara. La buena suerte de hoy era que Alys no estaba así que era libre de usar la cocina a su gusto. Recostó a Rickon en el colchón qué tenía en el suelo, cubriéndolo con una manta delgada ya que la calefacción de la mansión hacía lo suyo manteniendo todo el lugar cálido. Lo suficiente como para que él anduviera descalzo sin preocuparse por resfriarse.

 

Tarareando devolvió sus pasos hacia la cocina donde procedió a preparar chocolate caliente y unos pequeños sándwiches salados para comer, porque no había ingerido nada desde la mañana y el hambre comenzaba a incomodarle. Cuando el aroma a chocolate llenó todo el lugar, apagó la estufa y salió de la cocina directo a la puerta, abriendola y asomando la cabeza apenas, sonriendo al tener la mirada de ambos alfas.

 

—¿Podrían acompañarme un momento? — preguntó sin darle oportunidad a replicar porque se encaminó hacía el lugar más cálido de la casa, escuchando el ruido de los zapatos de Aeron y Davos seguirlo. —Preparé un poco de chocolate caliente y calculé mal, así que les serví— explicó a ambos alfas que se mantenían quietos en el umbral de la puerta de la cocina, sin acercarse a él. —También hice demasiados sándwiches para mí solo, así que pueden servirse— continuó, llevándose la taza a los labios y tomando un largo sorbo del líquido espeso que le quemó las papilas gustativas.

 

—Estamos de guardía— fue lo que dijo Aeron, mirándolo como si le hubiera salido una segunda cabeza, ni siquiera bajando la mirada a la mesada donde descansaban dos tazas humeantes.

 

—Lo sé, por eso pueden llevarse la taza con ustedes afuera, o beberlo aquí y después irse, solo tomenlo, está calentito y el chocolate caliente es una de mis especialidades, sería una pena tener que tirarlo— murmuró mirando su taza por un momento antes de tomar el pequeño plato que había apartado con tres sándwiches para sí mismo. —Yo voy donde Rickon— soltó mientras tomaba el plato y los rodeaba, dirigiéndose directamente hacía el cuarto de juegos y suspirando ante lo difícil que era aquel alfa de cabello oscuro y ojos verdes.

 

Antes de llegar a la puerta abierta donde estaba Rickon, escuchó pasos y una voz baja decir.

 

—Gracias joven Strong—

 

—No fue nada— respondió moviendo una mano y sonriendo antes de entrar al cuarto y apoyar la puerta, relajándose de que su chocolate caliente haya sido aceptado por ambos.

 

♧♧♧ 

Notes:

Otro capitulo con mi Jace hermoso siendo un hermano amoroso y un niñero excepcional, mi Jace se relaciona con Rickon como yo con los bebés, tengo cierta debilidad por las personas chikitas así q si x ahí parece re fuera de contexto es x eso y pq es mi fic y quiero q sea así xd

Como siempre, espero q les esté gustando pq a mi m esta encantando y bueno, comenten o voten para hacérmelo saber, les tkm cuídense, tomen agua y disfruten el fin de semana

♡☆♡☆

Chapter 4: Nos abandonó

Notes:

Holis, voy a tratar de subir un cap a la semana pq estoy trabajando en otro fic y la vdd escribo en el celular entonces me lleva todo el día encontrar un momento justo para escribir😪

AAAAA tmb, m acabo de hacer las uñas (me arrepiento totalmente) y ya estoy deseando q se me salgan, la única buena decisión de eso es q las pegue con pegamento en lugar del top😪😪

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

 

♧♧♧

 

—¿Qué? — preguntó inclinándose más cerca de Gillian que le ofreció una mueca de labios cerrados. —¿Por qué? —

 

—Hubo un retraso y los supresores no llegaron, Jace, lo siento— repitió la beta sonando verdaderamente apenada.

 

—No puede ser— dijo para sí mismo, bajando la mirada a sus manos sobre el mostrador. —¿Y qué me dices acerca de los neutralizadores de aroma? — inquirió con una mueca. Los supresores en aerosol hacían solo eso, suprimían solo el aroma, no dormían a su omega como las pastillas y el riesgo de comenzar a ser fértil por no tomarlas era lo que lo hacía sentir ansioso.

 

No por él mismo, sino por Luke. Una de las cosas que no necesitaba era lidiar con un cachorro en cinta.

 

—Jace, no hay ningún tipo de supresor en todo Invernalia— murmuró la beta apenada. —Me pidieron que no diera esta información, pero hay conflictos con los proveedores Lannister, así que no habrá supresores hasta nuevo aviso—

 

—Mierda— dijo, cerró los ojos por un momento y pensó en el hecho de que tendría que sacar los de su reserva y eran suficiente solo para uno de los dos. Abrió los ojos y vio a Joffrey mover los pies que no le llegaban al suelo, sentado donde le había pedido a una buena distancia de donde estaba. —Mierda— repitió aprovechando que no lo podía escuchar, pensando porque antes no era un problema el no tomarlas, él no tenía una vida sexual muy activa que digamos, no desde hacía un buen tiempo, pero los supresores le ayudaban a ocultar su condición y reprimir sus celos, y antes no estaba rodeado de tantos alfas como ahora que trabajaba cuidando al hijo de uno con dos más cerca.

 

Hacía unos buenos cuatro años que no tenía su celo, no desde él, así que suspiró resignándose a que el que tendría el mes próximo sería una tortura a menos de que aquel conflicto se solucionara y se maldecía internamente por no haber predicho aquello y llenar su reserva, las noticias volaban y aquello estaba escrito, y él era un idiota por no haberse fijado en aquello para la seguridad de Lucerys y la propia.

 

—Lo siento— dijo Gillian interrumpiendo su castigo mental, oyéndose realmente culpable.

 

—Discúlpame tu a mi, no está en tus manos esto, así que lo siento si fui grosero— se apresuró a disculparse, golpeando las uñas contra el mostrador. —¿Podrías enviarme un mensaje ni bien lleguen los supresores de la marca que utilizó? — preguntó bajo, mordiéndose el labio inferior. —Sé que no deberías, pero de verdad te lo agradecería— susurró parpadeando algunas veces y sonriendo suave, viendo los pómulos de Gillian sonrojarse y de verdad se odiaba por hacer aquello, pero existía gente que hacía cosas mucho peores que coquetear un poco con la farmacéutica para recibir información. —Por favor— murmuró.

 

♧♧♧

 

—Tenemos que hablar— dijo cerrando la puerta detrás suyo, viendo a Lucerys abrir los ojos grandes y quedarse quieto con la boca abierta a medio comer pastel.

 

—Bueno, yo me voy a mi cuarto y prometo no escuchar a sentadillas— dijo Joffrey con una paleta en la mano, caminando hacía su cuarto.

 

—Se dice “a hurtadillas” Joff— corrigió Luke con la boca llena.

 

—¡Es lo mismo porque ustedes me entienden! — gritó desde su cuarto.

 

—¡Pero no deberíamos tener que adivinar!— peleó con una sonrisa, mirándolo y enseriando un poco la expresión. —¿De qué tenemos que hablar? — preguntó el omega pelinegro mirándolo serio, aunque Jace sonrió porque tenía chocolate alrededor de la boca. Camino hacía donde estaba, tomando asiento a su lado y estiró la mano para pasarle el pulgar por la comisura de la boca, enseñándole dicho dedo para que procediera a limpiarse.

 

—Acerca de Oscar— puntualizó, alzando una ceja ante la ligera tensión en los hombros de su hermano que se obligó a relajar, pero era tarde porque Jace ya lo había visto.

 

Había sido criado durante dieciséis años en un lugar donde tenía que cuidar cada movimiento y saber ver los ajenos para sobrevivir, no era algo que se iría en solo seis años.

 

—¿Qué pasa con Oscar? — preguntó mirándolo por un momento antes de centrar la mirada en su postre.

 

—Es respecto al cuidado que tienen— empezó diciendo, obligándose a no reírse cuando Luke alzó la cabeza rápido para verlo. —Hay un problema con respecto a los supresores, en todo Invernalia, así que solo quedan dos frascos de pastillas—

 

—Uno para cada uno— dijo obvio, frunciendo las cejas confundido.

 

Jace negó antes de decir. —No, ambos para ti— señaló con un tono de voz que no daba espacio a discusiones. —No creo que pueda existir tranquilo si sé que no tienes supresores—

 

—¿Y qué indicaciones te di de que yo si podría vivir conmigo vaciando nuestra reserva solo? — devolvió y maldita sea, era válido. —Tu eres el que está rodeado de alfas ahora— señaló como si no lo hubiera considerado ya.

 

—Pero eres tú quien íntima con uno, así que no más discusión— dijo dando por terminada aquella conversación y poniéndose de pie para ir a su cuarto.

 

—Me parece injusto que tomes decisiones por todos— continuó Luke siguiéndolo, el tono de voz agudo indicando que aquello le llevaría un buen rato. Suspiró y continuó caminando hacía su cuarto, no queriendo detenerse frente al de Joff a discutir aquel tema. —Que tomes este tipo de decisiones como si yo no tuviera voz y voto en nada— continuó más bajo, tranquilo pese a la elección de palabras.

 

Se giró a ver a su hermano, de brazos cruzados y expresión fruncida, lejos de ser el niño lloroso que se aferraba a su brazo con miedo y que se metía en su cama cuando las pesadillas lo asaltaban. Era un joven ahora, uno de dieciocho años del que seguramente sus padres estarían orgullosos de ver, y el estómago se retorció ante el recuerdo de dichas personas, porque aunque no quisiera, los extrañaba, pero se negaba a buscar cualquier cosa de su familia. Estaba bien sin saber qué fue de ellos.

 

—Y no te atrevas a meter mi vida sexual en la conversación, porque Oscar y yo nos cuidamos, los dioses saben que no me tocaría sin tener un maldito condón encima porque no queremos hijos cuando ni siquiera sabemos si queremos estar juntos como pareja, así que no, no es un tema que voy a dejar porque dices que “se terminó y punto”— dijo trayéndolo al presente. Lucerys entró a la habitación y cerró la puerta con cuidado detrás suyo. —Así que vamos a hablar hasta llegar a la conclusión de que ambos vamos a tener un frasco de supresores cada uno— puntualizó suavemente, más calmado.

 

Jacaerys suspiró y lo miró por un momento, más corto antes de decir. —Los supresores van a ser para ti, no hay nada que discutir porque ya tomé esa decisión— comenzó diciendo, alzando una mano y el dedo índice para silenciarlo y poder continuar. —La única otra manera en la acepte tu propuesta es si sé que no vas a ver a Oscar hasta que todo se solucione— divagó tomando asiento al borde de su cama y viendo al omega asentir y abrir la boca, pero interrumpiendo antes. —Lo cual puede llevar dos o más meses y te conozco, Luke, no podrías pasar tanto tiempo sin saltarle encima a Oscar y lo último que necesito es que mi cachorro tenga un cachorro, así que dejemos el tema aquí, por favor—

 

—Me niego— casi gritó, dando un pisotón en el piso y frunciendo el ceño. Jace se mordió el interior de la boca para no reírse ante aquello, ante el fugaz recuerdo de verlo hacer lo mismo cuando no obtenía lo que quería siento un cachorro. —Tu te preocupas por que yo no tenga cachorros, ¿y tú? ¿quieres que crea que estás bien con quedarte en estado? No seas estúpido, no voy a dejar que sigas sacrificando cosas por nosotros, ya no tengo doce años, Jacaerys— 

 

Y suspiró, dejando caer los hombros mientras miraba a su pequeño hermano que ya no era tan pequeño, sintiendo algo doler en su pecho ante las palabras usadas. En la nube de enojo que sentía ante lo dicho encontró la calma que aprendió con la crianza de ambos, inspiró y busco en la mirada verdosa de Lucerys algo, suspiró y se puso de pie cuando lo encontró, caminando hacía él hasta que los separaba dos pasos, alzando una mano hacía el hombro izquierdo.

 

—Primero que todo— comenzó diciendo en voz baja, no necesitando alzarla cuando el miedo era claro en el musgo de los ojos de su hermano. —Jamás, escúchame, jamás he sacrificado nada por ustedes—

 

—Pero…—

 

—Pero nada— cortó negando, subiendo su mano para sujetarlo de la mejilla. —Jamás he sacrificado nada, porque los amo con todo lo que tengo, y amarlos jamás va a significar un sacrificio para mí, Luke— murmuró, sonriendo poquito al ver los ojos ajenos brillar con lágrimas. —Eres una de mis razones para continuar viviendo y no me arrepiento de nada, absolutamente de ninguna de mis decisiones si ellas me trajeron al aquí, al ahora, con la seguridad de que después de esto vas a ir a terminar tu pastel y después a dormir y que Joff seguramente se esté esforzando en escuchar esta conversación. Me siento pleno al saber que en uno o cinco años van a seguir conmigo— dijo, ambos sonriendo al escuchar un golpe en la pared que daba a la habitación del nombrado. —No me arrepiento de haber tomado las decisiones que tome, porque estamos juntos y estamos vivos. No he sacrificado nada por ustedes porque ustedes me dieron fuerzas y me las siguen dando— suspiró y limpió una lágrima que resbaló por la mejilla hasta su pulgar, se acercó a dejarle un beso en la frente a su hermano, sonriendo cuando los brazos delgados lo envolvieron en un abrazo que devolvió con entusiasmo. —Ambos sabemos que más fácil no siempre significa cómodo—

 

Se quedaron en silencio por un largo momento, allí de pie y envueltos en el calor y el aroma del otro, simplemente sumidos en sus pensamientos con el consuelo de los brazos de la única persona que siempre estaría allí.

 

—No estoy preparado para que tengas tus propios cachorros— dijo de la nada Lucerys, sorprendiéndolo al punto de buscar alejarse para verlo a los ojos.

 

—¿Qué? — dijo confundido porque no sabía cuándo había llegado a esa conclusión.

 

—Escuchaste bien, no quiero que tengas cachorros todavía, ni siquiera quiero que tengas un alfa, va a robarte de nosotros y me va a caer mal— refunfuñó como el niño pequeño que recordaba, sacándole una sonrisa aunque no pudo evitar la tristeza que lo hizo tambalear apenas. —¿Estás bien? — preguntó preocupado, empujándolo hacía la cama donde ambos tomaron asiento en el borde, Luke subiendo una pierna para mirarlo correctamente.

 

Y lo había mantenido para sí durante demasiado tiempo. —No puedo… no puedo tener cachorros, Luke— confesó con voz ahogada, carraspeando porque era algo con lo que había hecho las paces hace tiempo.

 

—¿Qué? ¿Qué quieres decir con que no puedes tener cachorros? — preguntó sonando ofendido, aquello haciéndolo sonreír apenas.

 

—Como escuchaste, no puedo quedarme en estado, por eso quiero que tengas los supresores, no hay riesgo de que yo… quede en estado, pero tú…—

 

—¿Desde cuándo? ¿Por qué? — quiso saber, apretando las manos en las suyas en señal de apoyo.

 

Jacaerys suspiro y miro a su hermano por un momento, bajando la mirada antes de negar y contarle todo. —Te cuento con la condición de que aceptes mi decisión— sonrió

 

—Te detesto por hacerme esto— gruñó, pero asintió.

 

♧♧♧

 

—Buenos días, Alys— saludó a la mujer, de pie en el umbral de la cocina viéndola revolver algo, se dio por satisfecho cuando la escuchó gruñir y caminó hacía el cuarto de juegos que era de donde oía ruidos.

 

—... investiga eso y después me dices—

 

Escuchó decir al alfa de la casa. Jace se apresuró a golpear la puerta para informar que estaba allí y no estaba espiando a escondidas.

 

—Adelante— dijo con voz ronca, viendo la puerta abrirse para dejar ver al niñero.

 

—Buenos días— saludó, viendo a Davos y Aeron cerca de la puerta. —Hola— saludó mirándolos, sonriendo cuando ambos le asintieron y procedieron a marcharse, dejándolo solo con el alfa y el cachorro. —Buenos días, señor Stark, hola bonito— dijo desde su lugar, moviendo una mano para saludar a Rickon que lo miró con ojos grandes y sonrió, jadeando ansioso y comenzando a gatear hacía él.

 

—Solo Cregan está bien, Jacaerys—

 

Le escuchó decir, pero no pudo apartar sus ojos de Rickon que gateaba, se apuró a dejar su bolso a un lado y se arrodilló esperándolo, pegando al bebé contra su pecho mientras le decía que lo había hecho bien.

 

—Hoy estaré en el estudio— informó.

 

—De acuerdo— dijo mirando al alfa, pasando saliva y volviendo su atención al bebe cuando el aroma del hombre le distrajo demasiado. —Vamos a tener que ser silenciosos hoy, cachorro— murmuró sonriente hacía Rickon que pegó un grito antes de sujetarle el cabello con fuerza y pegar su boca a su mejilla a modo de saludo. —Yo también te extrañe, bonito— dijo bajito acariciando la espalda suavemente. Parpadeando al cruzar su mirada con la grisácea del padre del bebé que mantenía pegado contra sí, avergonzado, pero más confundido de que siguiera allí, mirándolo con curiosidad y una sonrisa ligera en la comisura de la boca que desapareció ante el escrutinio. —¿Ya desayunaron? — decidió preguntar para llenar el silencio, sentándose en sus pantorrillas.

 

—No, todavía no, él acaba de levantarse y no me gusta comer solo— informó mirándolo durante un momento más antes de ponerse de pie y caminar hacía ellos, ofreciéndole la mano. —¿Ya has desayunado tú? — devolvió, apretando sus dedos al ponerlo de pie.

 

Negó, lo suficientemente cerca como para oler el roble helado del aroma contrario, Jace se soltó de la mano contraría y se giró, caminando hacía la cocina con el calor de la cercanía molestando en sus mejillas.

 

—¿Qué podemos hacer hoy, bonito? —preguntó adentrándose a la cocina, viendo a Alys poner un plato con cilindros de huevo revueltos rellenos de queso en el centro de la isla, el aroma era delicioso allí.

 

Alys alzó la mirada al verlos entrar, el rostro neutro de la omega lo hizo removerse en su lugar, era demasiado obvio el rechazo hacía su persona que expresaba la mujer, aunque todavía no sabía bien el porqué de dicho desagrado si solo habían hablado un máximo de diez veces desde que trabaja allí y solo eran saludos de su parte y murmullos de la de ella.

 

—Alys, coloca un plato para Jacaerys, desayunara conmigo y Rickon hoy— informó Cregan entrando a la cocina, viendo a la omega asentir y girarse a hacer lo pedido. —¿Podrías plancharme las camisas que deje sobre la cama después? Gracias— murmuró al verla colocar las cosas en la isla, asentir y marcharse. —Toma asiento por favor— pidió sacando un taburete en ofrecimiento que el omega tomó.

 

—Gracias— murmuró tomando asiento con Rickon en sus piernas, viendo a Cregan asentir y mover todas sus cosas al lado suyo para sentarse allí también. —¿A qué hora comen Alys, Davos y Aeron? — preguntó inclinándose a tomar el biberón para alcanzarlo a Rickon y darle de beber, girando su rostro hacía el alfa rubio que se servía huevos y tocino.

 

—Desayunan temprano porque comienzan temprano— murmuró cortando los huevos revueltos y un poco de tocino. —Si comen, solo que lo hacen cuando no los ves— informó, pues había notado que el omega había comenzado a llevar cosas dulces que les invitaba a sus alfas a cargo de su cuidado y les preparaba bebidas calientes. Alzó el tenedor y lo llevó a la boca del omega, que se inclinó y tomó bocado.

 

Ambos se congelaron, mirándose por un momento a los ojos en lo que caían en cuenta de lo hecho, Cregan siendo el primero en apartar la mirada, centrándose en su plato.

 

—Lo siento— se apuró a decir Cregan, viendo al omega luchar para masticar rápido y tragar antes de negar.

 

—Está bien, la memoria muscular es un tema, no pasó nada, ¿no es cierto, cachorro? — se apuró a decir, tomando el biberón a medio vaciar cuando Rickon casi la tiro. Jace se lamió los labios nervioso y acalorado, mirando al alfa que ya lo veía y que asintió hacía él. —¿Puedo tener la fruta? — murmuró, no moviéndose hasta obtener un asentimiento. Solo que en su lugar, el hombre le entregó el cuenco. —Gracias— soltó bajo, frunciendo el ceño mientras tomaba un cuchillo y comenzaba a cortar en bocados más pequeños, ofreciéndole un trozo a Rickon que jadeo extasiado antes de solo hacer ruidos satisfechos.

 

Cregan vio aquello, sacudiendo su cabeza para liberarla de los pensamientos antes de levantarse e ir por la sillita de Rickon, acomodándola en medio de ambos y tomando a su cachorro que protestó un poco por ser alejado del calor del omega, pero lo miro con ojos brillantes cuando le ofreció un gajo de mandarina. Sonrió por aquello, tomando asiento y estirando una mano para acariciarle la mejilla rellena de su hijo, subió su mirada al omega que ya lo estaba viendo con el labio inferior entre los dientes y apartó la mirada al ser consciente de sus ojos.

 

—¿Hay algo en particular que no te guste de aquí? — preguntó mirándolo curioso.

 

—No, todo se ve y huele delicioso— respondió parpadeando hacía el alfa antes de volver su mirada hacía lo que podía ver de Rickon. Se encogió entre sus hombros al ver al alfa servir en su plato los huevos revueltos, el tocino, un cuenco con frutas y otro con avena y cereales, también le sirvió dos panqueques y del té que olía exquisito. —Gracias— murmuró tímido, luchando contra la voz de su omega que gemía y se retorcía en su interior, satisfecho por aquel alfa que claramente podría proveer y maldita sea, ni siquiera hacía una semana que había dejado de tomar los supresores y era preocupante lo mucho que su omega, que él quería apoyarse contra cualquier superficie y dejarse tomar por aquel alfa grande y fuerte que le hacía pensar a su omega que sería capaz de preñarlo.

 

Se removió incómodo en su lugar, apretando sus brazos a su alrededor antes de girar su cabeza y mirar a Rickon que balbuceo y alzó el rostro para mirarlo, con una expresión tan agradecida en el rostro que ni siquiera dudó en inclinarse a dejarle un pequeño beso en la frente.

 

—Realmente le agradas— dijo para romper el silencio que se había instalado. Cregan respiró mientras observaba a su hijo, llenándose sin pensar del aroma a café con vainilla dulce que le embotó los sentidos entremezclado con el suave de Rickon. —Ha estado reacio a cualquier persona desde… desde que su madre se fue— murmuró y frunció el ceño para sí mismo, porque no debería querer contar aquello.

 

No debería querer acercarse al omega, no cuando todavía necesitaba respuestas que solo la investigación que le pidió a Aeron le daría.

 

—Siento tu perdida— murmuró Jacaerys, parpadeando en su plato mientras intentaba no liberar feromonas para calmar a dicho alfa que sonó tan desdichado en su decir.

 

—¿Cómo falleció? — se escuchó preguntar y se maldijo porque no pasó mucho antes de que el alfa dejará los cubiertos suavemente en la mesa y se volteara a mirar a su hijo.

 

Los ojos grises brillando con una emoción que él reconocía.

 

—Ella no murió— confesó neutral, relajando apenas su expresión cuando vio al omega morderse el labio. —Ella nos abandonó—

 

 

♧♧♧

Notes:

Comentennnn, la paso genial cuando leo sus comentarios o lo q piensan sobre el cap y así💕

Tmb q subo esto a wattpad (aferradisima a la app q m instruyó leer fics) x si a alguien le interesa díganme y en el próximo del lejos mi usuario.

Les tkm q tengan días agradables y les pasen cosas buenas✨️🫂🫶

Chapter 5: No se ve apetitoso

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

♧♧♧

 

Las palabras dichas por Cregan estuvieron en su cabeza lo que restó del día. Volvían a su mente cada que bajaba la mirada y veía a Rickon reír tan dulcemente qué derretía su corazón ante lo bonito y suave que era.

 

Siempre fue del tipo de persona que aceptaba y entendía cualquier punto y decisión que tomaran las personas, pero no había cabida en sí mismo para excusar a alguien que debería tener el corazón de piedra por haber abandonado a su propio cachorro. No lo entendía, no cuando él mismo no pudo irse y dejar atrás a sus hermanos, dos seres que no habían vivido dentro suyo y que sentían como propios de una manera en la que sabía que no volvería a pasarle a menos que sus hermanos tuvieran sus propios hijos.

 

—No veo la hora en que sea primavera así podemos dar largos paseos— dijo devolviendo la pelota que Rickon le paso. —Vamos a salir a ver las flores, los árboles y quizás nademos también, ¿te gustaría eso? — preguntó inclinándose hacia el bebé que rió maravillado por la atención. —También vamos a aprender a caminar— dijo jadeando bajo y sonriendo al hacer reír a Rickon, comenzando a bailar por la estancia la canción que llenó la sala de estar, proveniente de su celular.

 

Con sus brazos alrededor del pequeño cuerpo se inclinó hacia adelante y sonriendo al escuchar la risa divertida de Rickon que lo miraba con ojos grandes y brillantes. Estaba sumido en su pareja de baile qué era increíblemente encantadora, al punto de que no era consciente de la presencia que llevaba un rato mirándolo.

 

—Deberíamos descansar, no tengo aliento— susurró entre jadeos, suspirando al sentir a Rickon apoyándose contra su hombro y descansando allí. —Vamos por un poco de agua— conversó, porque hablarles en voz alta era bueno para ellos en cualquier edad. Se giró silenciosamente debido a la ausencia del calzado, dando un paso hacía el umbral antes de detenerse de golpe, parpadeando ante la persona que lo miraba con la misma expresión de sorpresa que estaba seguro que adornaba sus facciones en aquel momento.

 

—Jace— susurró al alfa rubio, de pie a pocos metros de donde se encontraba con Rickon.

 

La mirada contraría lo hizo tambalear y aferrarse a Rickon que lo miró por un momento antes de llevar la atención a la persona desconocida.

 

—Jason— susurró pasando saliva y mirando a todos lados en busca del lugar de donde había venido semejante alfa.

 

—¿Qué…? ¿Cómo…? —murmuró confundido, tensándose al verlo acercarse como si nada. Jacaerys aguanto la respiración y presionó a Rickon contra su pecho cuando vio la mano grande acercarse.

 

Los dedos tocaron su mejilla y pronto le siguió la palma entera, Jace lo miró quieto, tenso, sin saber qué hacer, qué decir. La última vez que había sabido algo de él era hacía cuatro años, en Essos, cuando iba a contarle algo importante y lo encontró con su familia , una de la que no le había hablado. Parpadeó y frunció el ceño, saliendo de sus recuerdos.

 

—¿Qué haces aquí? — preguntó en voz baja, mirando la barbilla del alfa porque no sabía qué hacer. Para su suerte, Rickon sí y comenzó a removerse incómodo y amagó llorar en su agarre. Inmediatamente centró su atención en él, relajando sus brazos y tranquilizándose para que su aroma no lo incomodara. —Shh, está bien, está bien— murmuró, acostando a Rickon para que solo lo mirara a él.

 

—Jace— repitió con los ojos y la atención en el omega hermoso que tenía frente a él. Dicho omega que había desaparecido sin ninguna explicación hace más tiempo del que podía recordar. —Jace, tenemos que hablar— pidió en un murmullo, viendo como daba un paso atrás e imponía espacio entre ambos.

 

Sus ojos bajaron al cachorro que tenía en brazos, cachorro que se veía cómodo contra el pecho del omega. Los brazos alrededor del bebé se tensaron y volvieron la mirada a los ojos chocolate que lo miraba serio. Jason humedeció sus labios e intentó que el orgullo alfa no le doliera tanto por ver al que fue su omega con el cachorro del alfa con el que su padre envió a hacer una alianza.

 

— ¿Sucede algo, Jacaerys? — quiso saber Cregan, con los hombros tensos y el rostro fruncido en confusión al ver a aquel alfa cerca del omega que se veía claramente incómodo con Rickon fuertemente apresado entre sus brazos.

 

Jacaerys se movió a un lado, viendo a Cregan mirarlo y devolvió su atención a Jason, a quien avanzaba y rodeo para caminar hacía el alfa rubio que esperaba pacientemente su llegada.

 

—No, todo está bien— dijo en voz baja, inclinando su cabeza hacia arriba para poder ver a los ojos grises de Cregan, vio el rostro suavizarse y espero quieto la mano que se posó en su brazo.

 

—Vale, vayan al cuarto de arriba, voy a decirle a Alysanne que suba algo para que merienden— murmuró viendo al omega relajarse y asentir, dando un paso cerca y bajando la mirada a Rickon que los veía a ambos. —Suban— ordenó, inclinándose a dejar un beso en el frente de Rickon que mantuvo sus ojos cerrados por un momento largo. Miró a Jacaerys y presionó suavemente su agarre en el brazo que todavía mantenía, viéndolo asentir antes de pasarle por al lado.

 

Inhalo profundo, llenándose del café con vainilla qué el omega dejaba a su paso, cerrando los ojos por un momento para intentar dar con aquello que hacía el aroma tan adictivo, dándose por vencido cuando las feromonas se desvanecieron en el aire y se vio obligado a volver al presente.

 

—Volvamos a mi oficina, Lannister—

 

♧♧♧

 

Ya había transcurrido dos meses desde que había aceptado hacer de niñero, el dinero en la cuenta de Lucerys era incentivo suficiente y ahora podía llegar tranquilamente a fin de mes e incluso darse más gustos sin preocupaciones.

 

Después de aquel encuentro con Jason que le dejo un mal sabor de boca, Cregan había subido media hora después con una bandeja con comida y se había sentado con ellos en la alfombra.

 

—¿Lannister hizo algo que te incomodó? — preguntó serio, no quitándole la mirada de encima aunque este no se la devolviera por cuidar de su cachorro. ¿Te dijo algo inapropiado? —insistió.

 

Jace unió miradas con el alfa, negando mientras pensaba en si la relación que tuvieron hace tiempo sería relevante, encogiéndose de hombros cuando no llego a ninguna conclusión. —Jason y yo estuvimos juntos, pero no acabo en buenos términos— decidió admitir, tomando el juguete que Rickon le paso. —No dijo ni hizo nada inapropiado, solo que su presencia me tomó por sorpresa, no creí que las reuniones se iban a llevar a cabo en la residencia— murmuró, pensando en que si aquello continuaba así no le quedaría de otra que dejar el trabajo. —¿Continuará teniendo reuniones aquí? — quiso saber y se mordió el interior de la boca porque la pregunta sonó a inquisición y no era nadie para reclamar o exigir cosas.

 

Pero si se aseguraría de ponerse primero, a su seguridad y la de sus hermanos.

 

—No, esa fue una reunión de último momento, no volverá a ocurrir— se apresuró a decir. Reacio a que aquel alfa volviera a acercarse al omega cuando este estaba claramente disgustado por su sorpresiva presencia.

 

Después de aquella solución que lo relajo de sobremanera, continuaron comiendo hasta que su celular sonó con una llamada de Luke preguntando si todo estaba bien porque eran las cinco de la tarde y no le había enviado el mensaje sobre estar viajando.

 

Jacaerys sacudió la cabeza para volver al presente mientras detenía el auto fuera de los portones del lugar, mirando su reloj y comprobando que eran las diez de la mañana de aquel jueves. Un día que no tendría que estar aquí, pero Cregan le había llamado la noche anterior, preguntando si podía ir a cuidar de Rickon porque habían surgido problemas y no pudo negarse.

 

—Joven Strong— saludó el alfa de cabellos oscuros que siempre estaba en la misma posición y del cual se avergonzaba de no saber el nombre aún. —No lo tengo anotado hoy— murmuró mientras revisaba, las hojas de la tableta qué tenía, con el ceño fruncido en concentración.

 

Jacaerys se confundió y miró al frente. — ¿Necesita que espere a que lo confirme? — quiso saber mirando el reloj en su muñeca para asegurarse de que estaba bien con el tiempo.

 

—Si no le molesta, ya vuelvo— dijo ya medida que caminaba hacia la casita, lo vio tomar su celular y llevárselo al oído, se veía frustrado cuando se adentro a la casa de vigilancia.

 

En lo que esperaba a que el alfa volviera decidió enviarle un mensaje a Lucerys grabándole pasar por Joffrey a las cuatro y tomar los supresores. Supresores de los que él había tenido que prescindir todo el mes porque no había señales de que se fuera a solucionar aquel asunto. Se removió en su lugar y llevó una mano a bajar el cierre de la chaqueta, acalorado y no hacía falta sumar porque ya sabía a qué se debía. El alfa le hizo una seña y el portón comenzó a abrirse para permitirle el paso.

 

Tarareó mientras cerraba la puerta después de bajar y caminó hacia las escaleras, golpeando la puerta y esperando a que Alys la abriera con la simpatía con la que siempre lo recibirá.

 

—Cinco minutos tarde— fue con lo que lo recibió la pelinegra, haciéndose a un lado para dejarlo pasar, cerrando la puerta y escabulléndose silenciosamente hacia la cocina.

 

Suspiré mirándola mientras se quitaba el abrigo, caminando hacia la sala de estar qué era de donde provenían los murmullos, con el abrigo en un brazo y el bolso colgando del otro.

 

—Buenos días— saludó, trastabillando en sus pasos al ver una mujer en la sala junto a Cregan, se giraron a él y casi río por el nerviosismo de ser escrutado por tres pares de ojos grises. —Lo siento, no quería interrumpir— murmuró inclinando apenas la cabeza antes de dejar su abrigo en el respaldo de un sillón donde dejó su bolso también.

 

Rickon se relajó al verlo lo que lo hizo sonreír de inmediato y olvidarse de la pareja que continuaba mirándolo.

 

—Hola precioso— murmuró acercándose a la vez que se arremangaba, deteniéndose frente al cachorro que casi saltó a sus brazos y procedió a frotarse en su hombro.

 

—Jacaerys, ella es mi hermana, Sarah, Sarah, él es el cuidador del que te hablé— presentó Cregan, viendo atentamente a su cachorro marcar al omega qué lo cuidaba desde hace ya dos meses. Miró a su hermana cuando esta jadeó ruidosamente llamando la atención de los tres.

 

—No puedo creer esta traición Rickon Junior Stark— dramatiza dejándose caer en un sillón individual y tirando su cabeza hacía atrás a la vez que llevaba el dorso de una mano contra su frente.

 

—No se llama Junior y no le digas traidor a mi hijo, está pequeño— dijo tirando un almohadón al rostro de su hermana. —Jacaerys, hoy es solo una reunión así que volverá antes a las dos con suerte, Sarah se irá conmigo, quedará tranquilo— dijo burlón escuchando a su hermana quejarse detrás de suyo. El omega sonando apenas, no mirándolo, con la atención fija en su cachorro que le sujetaba el rostro y balbuceaba adorablemente.

 

—Está bien, ¿algo más que necesita saber? — preguntó asintiendo y besando la palma suave y cálida que Rickon colocó en su boca.

 

—Alysanne tiene el día libre por lo que se irá después de preparar algo para que almuercen. Como siempre, Aeron y Davos están afuera, cuidando la puerta, cualquier cosa que necesites puedes llamarlos, nos vemos más tarde—se despidió, no siendo muy consciente de sus piernas acercándolos a ambos, inclinándose para dejar un beso en el frente de su cachorro antes de erguirse, tenso al darse cuenta del poco espacio que lo separaba del rostro del omega castaño.

 

Habiéndose tomado a pecho despedirse de su hijo siempre, después de escuchar al omega decirle cruel por no haberlo hecho la primera vez que lo dejo a su cuidado, y era un alivio haber puesto las cámaras, porque tenía la certeza de que el omega Strong era cuidadoso con su hijo. Cregan se alejó de ellos y le hizo una seña a Sarah para que lo siguiera a su auto, no pudiendo sacarse de la cabeza el pensamiento de cuan precioso era el omega.

 

♧♧♧

 

Jacaerys sonriendo mientras abría y cerraba sus manos en señal de venia a Rickon, que lo miraba pícaro de pie sujeto a un sillón, pues se habían mudado a la sala de estar después de aburrirse del cuarto de juegos.

 

—Ven, cachorro, da unos pasos para mí— pidió con voz aguda, riendo al verlo moverse inquieto, ansioso por obedecer. Jacaerys retuvo el aliento y se alzó en sus rodillas al ver a Rickon dar un paso y soltarse del sillón. —Tu puedes, vamos— alentó sin aliento, arrastrándose más cerca y estirando los brazos. El cachorro dio dos pasos tambaleantes hacia él, sonriente y con ambas manos unidas, pero al intentar dar el tercer paso se desestabilizó y cayó sobre su trasero. Se miraron en silencio, Jace presionó los labios para no reírse ante la expresión sorprendida que tenía Rickon en su rostro, esperando una reacción de él que tardó en darle, sonriéndole y moviendo sus manos para llamarlo. —La próxima vez será, ven conmigo, vamos a ver que hay para comer— 

 

Lo cargó en brazos y comenzó a saltar despacito hacía la cocina, donde lo sentó en su sillita y le ofreció medio plátano para que se distrajera en lo que calentaba la comida que Alys había dejado para él.

 

—Veamos que es esta vez— habló en voz alta, destapando el táper de vidrio y haciendo una mueca al ver papilla de color verdoso con cositas naranjas de lo que suponen eran zanahorias. —Bueno, vamos a intentarlo— dijo, calentándolo en el microondas y sirviendo en un cuenco que le ofreció a Rickon, tomando asiento a su lado mientras lo veía tomar su cubierto y hundirlo en la mezcla. —Intenta comerlo, cachorro— alentó apoyando su rostro en su mano y mirándolo revolver la comida sin intenciones de comerlo. —Yo sé que se ve… que no se ve apetitoso, pero quizás si sabe rico— dijo, tomando una cuchara y recogiendo un poco de la mezcla para probarlo.

 

Como hacía siempre que tenía que servirle la comida que Alys le dejaba preparada, y siempre era lo mismo. Una lucha por no hacer una mueca de desagrado.

 

—Bueno, lo intentamos, ¿no? — dijo saboreando la comida insípida en su lengua a la vez que se levantaba y acariciaba el cabello a Rickon antes de girarse y comenzar a hervir el pollo. —Hoy será pollo con verduras y una manzana, y la mitad del plátano que comiste— divago girándose y apoyándose en la mesada mientras veía al cachorro contemplarlo. —Hoy traje galletas de chispas, así que también sumaremos eso al plato de hoy— continuó, inclinando la cabeza cuando Rickon comenzó a balbucear algo, Jace aparentemente y se giró a revolver las cosas. —Esto sería más rápido si dejara de esperar que la comida que ella prepara va a gustarte, considerando que desde que llegue te hago de comer porque eso no se ve ni está rico y yo he comido cosas que no son ricas, no creas que me hago solo porque aquí hay tres especies de animales y dos de papas más a las que estoy acostumbrado— y lo señaló con el dedo, sacudiendo la cabeza porque aquello era descabellado, el hablar sin obtener respuestas. —El pollo ya está, veamos las zanahorias ricas— bromeó, sonriendo y soplando el vegetal antes de presionarlo entre los dedos y apagar la estufa cuando se deshizo entre sus dedos.

 

Pasó los siguientes diez minutos escuchando a Rickon balbucear algo que le respondía con cosas de su día a día, lo que le viniera a la mente para no dejarlo sumido en silencio. Caminando hacía él que había comenzado a gritar, algo enojado porque ya eran pasadas las doce y él era puntual con la comida.

 

—Lo sé, lo sé, lo siento, me llevó más de lo que planeaba— dijo apurado, sirviendo y viendo como comenzaba a devorar todo con ansia en el primer mordisco, calmándose al segundo. —Espero que comas porque está rico y no solo porque tienes hambre— pensó, mirándolo con el rostro en la palma, aceptando el trozo de papá que le invitó. —Está rico para mi, dame un momento que voy a ir a buscar mi bolso— dijo trotando hacía la sala de estar y sacando el táper con galletas que había llevado. Dejó una en el plato de Rickon que la tomó de inmediato y comenzó a comer junto a todo el alimento.

 

Jacaerys se preparó un sándwich, porque no quiso hacer nada más elaborado y tener que pasar tiempo lejos o dándole la espalda a Rickon cuando podía comer junto a él y no dejarlo comer solo. Levantó sus platos cuando terminaron de comer casi al mismo tiempo, tarareando la melodía de la canción que reproducía su celular, bajo para no molestarlos.

 

—Quizás deberíamos ofrecerle galletas a Aeron y Davos— murmuró, tomando el biberón con agua que Rickon le devolvió después de tomar y dejándolo a un lado para luego tomarlo en brazos y colocarlo en su cadera. —Vamos a invitarles— dijo y sosteniéndolo contra su cuerpo con un brazo, use el otro para tomar el táper con galletas.

 

Estaba a medio girar cuando un estallido fuerte sonó a lo lejos, Jace se sobresaltó y soltó el táper sobre la mesada, pegando la cabeza de Rickon contra su pecho mientras daba un paso atrás y después caminaba hacia la puerta que daba al pasillo. Asomó la cabeza primero, el silencio del lugar siendo inquietante al punto de erizar la piel y apretar más a Rickon contra su cuerpo. Estaba a punto de relajarse cuando esta vez los estallidos fueron seguidos y la puerta se abrió de par en par dejando a ver a Aeron ya Davos, ambos mirándolo con ojos grandes antes de que Aeron empujara al castaño hacía ellos y comenzara a empujar el pesado recibidor contra la puerta.

 

—¿Qué sucede? — preguntó y se aclaró la garganta cuando su voz sonó sin aliento, encogiéndose cuando Davos lo tomó del brazo y comenzó a tirar de ellos hacía las escaleras. —Davos, ¿qué está pasando? — insistió, moviéndose un poco en el agarre fuerte del alfa que se veía asustado.

 

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Notes:

holisss espero q les guste este cap

tomen agua y cuídense mucho🫶

Chapter 6: No quiero lastimarte

Notes:

Holisss, espero q estén bien y q este cap les guste🫶🫶

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Chapter Text

 

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—Acabamos de ver como dos camionetas le dispararon a Jeff y se acercan, no hay mucho tiempo— informó ronco, tenso y ansioso. Empujando al omega que dejó de resistirse y comenzó a caminar. —Aeron nos está dando un poco de tiempo, pero tenemos que llegar al cuarto de Rickon para poder sacarlos por la ventana— dijo subiendo rápido las escaleras.

 

—¿Qué? — jadeó mirando hacía atrás a Aeron siguiéndolos. —Pero no deberíamos informar… — y se encogió cuando los disparos comenzaron a agujerear la madera de roble de la puerta. Movió a Rickon para acurrucarlo en su pecho, liberándose de la mano de Davos para poder seguirlo. —¿Qué hago? — quiso saber, mirando hacía atrás y viendo a Aeron al inicio de las escaleras, mirándolos por un momento antes de volver su atención al frente y comenzar a disparar.

 

Jadeó asustado, volviendo su atención a Davos que miró sobre su hombro y lo tomó del brazo, empujándolo dentro del dormitorio de Rickon.

 

—Toma— habló tendiendo una de las armas que llevaba. Viendo los ojos grandes del omega abrirse, pero no dudando en tomar el arma con mano firme. Davos no pudo darle pensamiento a eso cuando escuchó a Aeron devolver el fuego. —Protegelo— pidió aunque sabía que estaba mal, él debía cuidar al cachorro del alfa. No aquel omega que le mantuvo la mirada nerviosa por un momento hasta que proceso lo dicho y su expresión se vació.

 

—Mierda— soltó Jacaerys, neutral, tensando los hombros y echando a Davos de la habitación para azotar la puerta con fuerza y pasarle seguro. —Mierda, mierda, tranquilo, shh, shh— murmuró recorriendo todo el lugar con ojos rápidos antes de caminar hacía un mueble y sentar a Rickon allí, tomándose un momento para calmarlo porque los disparos lo hicieron llorar.

 

Con las manos en el rostro pequeño y sus dedos limpiando las mejillas suavecitas, se obligó a quedarse uno o dos minutos calmándolo entre susurros y besos suaves.

 

Fijándose que el seguro del arma estuviera puesto antes de guardarla en su cinturilla trasera del pantalón, le sonrió a Rickon, y comenzó a abrir los cajones, dando con el fular de tela oscura en el segundo cajón, una vez en mano procedió a envolver al bebé contra su pecho que temblaba con hipidos bajitos que le hacían doler el pecho.

 

—Lo sé, yo también tengo miedo, pero vamos a salir de esta— siguió diciendo, acariciando las mejillas y el cabello de Rickon antes de besarle la frente, suspirando cuando el cachorro se acurruco en su pecho y se quedó en silencio, como si supiera que había algo mal, ambos encogiéndose ante los disparos que volvieron a sonar después de un tiempo. —Bien, vamos— dijo caminando hacía la ventana con balcón que había en la habitación de Rickon, corriendo las cortinas y maldiciendo mentalmente porque la nieve había comenzado a caer, cubriendo todo y no dejando ver mucho. —Maldita sea— gruñó, una mano en la espalda de Rickon y se volvió al cuarto, sus ojos cayendo en una pesada chaqueta que era del alfa dueño de la casa.

 

Chasqueo la lengua y se la colocó sin pensarlo mucho, el fuerte aroma a roble, hielo y castañas calmando a Rickon que se relajó contra sí. Subió el cierre y volvió hacía la ventana, abriendo de par en par antes de salir al balcón, el frío aire siendo algo manejable de momento. Jacaerys miró el reloj en su muñeca, tanteando los bolsillos de su pantalón, sacudiendo cuando recordó su celular sobre la isla en la cocina.

 

—Bien, veamos, yo hacía esto para divertirme cuando era pequeño— habló, porque estaba nervioso y odiaba aquello. Hablando porque no quería pensar en Lucerys ni en Joffrey ni en el cachorro que tenía que proteger más porque no podría vivir consigo mismo si algo le ocurría y dudaba realmente que estuvieran allí por él. —Cuando vivía con mis padres y jugaba con mis tíos, antes de que todos crecieramos y jugar pasara a segundo plano— siguió diciendo, pasando una pierna y luego la otra antes de comenzar a alejarse, aferrándose con fuerza y rezandole a cualquier Dios oyente que las malditas plantas aguantaran su peso. —Digo, no lo hago hace una década, pero debe ser como andar en bicicleta, ¿no? es algo que nunca se olvida— balbuceó y apretó los dientes porque era difícil, se sentía vibrar y sus músculos ardían, su lobo quería salir a relucir, pero se mantenía a raya porque no quería dejar un camino con su aroma para que dieran con ellos.

 

Mantuvo el aliento en su cuerpo mientras llegaba al pilar por donde tenía que bajar, pudiendo ver la enredadera de rosas.

 

—Bueno, esto va a ser una mierda— balbuceó comenzando a bajar, apretando los dientes y la mandíbula cuando las espinas arañaron sus manos. —Espero que tus primeras palabras sean cualquier cosa menos las groserías que se me escapa la mayoría de las veces— razonó en un intentó de no centrarse en el dolor punzante que sentía en las manos y el sudor que le hacía cosquillas en el cuerpo. —Aunque sería divertido ver la cara que pondría tu padre al escucharte decir una grosería, se ve tan… correcto que sería un poco gracioso— pensó, jadeando cuando en lugar de solo agarrarse del acero, hundió su mano en una espina especialmente larga, su brazo tembló y casi se soltó por inercia, jadeando y aferrándose con saña cuando sintió a Rickon acomodarse. —Bien, prometo intentar no enseñarte nada malo— balbuceó dando por terminada la conversación con el salto que lo dejó en tierra firme.

 

La nieve había aumentado casi tanto como el sonido de los disparos que resonaban por toda la casa, que por suerte se escuchaba lejos de donde estaban. Miró a todos lados, viendo las camionetas cerca de donde había puesto su auto, dio un paso hacía allí justo al mismo tiempo que un grupo de dos hombres aparecieron a la vista y fue rápido al ocultarse detrás del muro de rosas. Miró hacía el otro lado, hacía donde estaba el bosque qué rodeaba la mansión, los arces rojos altos qué no dejaban entrar la luz como lo hacían con la nieve.

 

Maldijo al escuchar voces cerca y apretó con un brazo a Rickon, usando el otro para tomar el arma, quitándole el seguro y esperando hasta escucharlos cerca antes de levantarse y disparar arriba, hacía la cabeza de uno que cayó pesado hacía atrás, apuntando hacía el otro alfa y disparando, aunque para su mala suerte no le dio a nada vital. Jacaerys se giró y echó a correr hacía los árboles, no deteniéndose ni mirando atrás cuando comenzó a escuchar disparos en su dirección, gruñó cuando el dolor agudo subió desde su pantorrilla y se extendió por todo su cuerpo, se encorvó y continuó corriendo, ni siquiera bajando la mirada para saber si la bala había salido, mordiéndose la lengua cuando el dolor le hizo trastabillar.

 

Rickon sollozando se llevó su atención, así que pese al dolor y la sangre caliente que sentía resbalar por su pantorrilla, continuó porque apenas se adentro entre los árboles las balas dejaron de ir en su dirección. Jadeó y continuó corriendo hasta que al mirar atrás bosque fue todo lo que tuvo a la vista.

 

Camino apenas hasta un árbol, apoyándose en ese y bajando un poco el cierre de la chaqueta, parpadeando al ver grandes ojos grises cubiertos de lágrimas y un adorable mohín que lo hizo imitarlo.

 

—Estamos bien, lo prometí, ¿no? Soy un hombre que cumple sus promesas— susurró bajito a la vez que acariciaba el rostro y apartaba el cabello rubio de los ojos, confundiéndose por solo un segundo cuando vio rastros de sangre en el cabello, parpadeando entre el rostro suave manchado y sus palmas heridas a causa de las espinas. —Continuemos un poco más— dijo alzando la mirada al frente y comenzando a caminar, haciendo una mueca por el dolor que lo hizo renguear. —Y busquemos un lugar seguro antes de que me desangre— murmuró, no subiéndose el cierre para permitirle a Rickon tener un vistazo de las copas de los árboles aunque el frío lo hizo erizar. —A unos metros más allá ya no hay nieve así que dejaremos el rastro de sangre atrás— divago manteniéndose alerta.

 

Su brazo apretándose contra sí en un recuerdo muscular, parpadeó y por un segundo estaba en Desembarco del Rey, huyendo por el bosque con Lucerys aferrado a su brazo y Joffrey contra su pecho, parpadeó de nuevo y volvió en sí, al bosque de Invernalia con el hijo de alguien más entre sus brazos. Casi se rio ante el pensamiento de que estaba destinado a huir para poner a salvo a los cachorros de otras personas.

 

—Deberíamos tomar un descanso— jadeó mirando a todos lados, mareado de ver árbol tras árbol. —No estoy sintiendo la pierna y eso es una mala señal— murmuró palmeando la espalda de Rickon que solo apoyó su frente contra sus clavículas y respiró temblorosamente.

 

Jacaerys no supo cuánto tiempo estuvo deambulando en busca de cualquier cosa que le pareciera medianamente seguro para tomar asiento y descansar, no recordando el reloj en su muñeca que ni siquiera parecía sonar porque todo lo que podía escuchar era su propio latido resonando en sus oídos junto a su aliento que había pasado a ser jadeante y la herida que punzaba con cada minúsculo movimiento. Era una tortura si le preguntaban, pero para su suerte Rickon se había dormido hacía un rato y ahora estaba solo con sus pensamientos y su dolor en aquel bosque de arces rojos.

 

Nadie estaba siguiéndolo ya, y ni siquiera escuchaba nada más que los insectos qué habitaban el bosque, pero no se arriesgaría a volver a la mansión, no cuando solo eran dos contra quien sabe cuantos más. Rezaba que Aeron y Davos estuvieran vivos y que Cregan Stark ya estuviera buscando a su hijo.

 

—Mierda— dijo cuanto trastabilló y por poco pierde el equilibrio, sosteniéndose de un arce. Apoyó la frente contra el tronco, inspirando temblorosamente y dejando salir el aire igual, estaba agotado y no creía que faltara mucho antes de que cediera al cansancio, lo que sería perjudicial si llegaba a haber algún lobo suelto por aquellos bosques qué los encontrara primero que Cregan.

 

Hizo a un lado las lágrimas y parpadeó para aclarar la vista, continuando con el envión que se dio al empujar el tronco, dando algunos pasos hasta que vio un hueco lo suficientemente grande como para protegerlos de la ventisca qué se había levantado. Y dudo, dudo porque si él siendo un adulto podría entrar, no quería saber qué vive o vivió allí.

 

Su brazo se alzó tembloroso, sus dedos blancos alrededor de la nueve milímetros y el gatillo, listo para usar las diez balas restantes en lo que fuera que viviera allí. Se acercó fingiendo seguridad, con el brazo libre abrazando a Rickon contra él por si lo atacaban. Inclinó su cuerpo para poder pasar y se adentró despacio, la escasa luz del lugar preocupándolo de sobremanera, pero cedió a su instinto y sus ojos brillaron al cambiar, pudiendo ver claramente todo el lugar sin necesidad de luz.

 

Se apoyó contra la pared del final de la cueva, deslizándose por esta hasta terminar en el suelo que raramente no estaba helado como todo afuera, sino cálido. Cerró los ojos por un momento, agradeciendo el lugar seguro y descansando un momento sus ojos en su cuerpo qué le agradeció salir del estado de alerta y tensión en el que se había sumido.

 

—Ya estamos bien, taobba— susurró ronco, estirando las piernas aunque el tirón en la herida lo hizo sacudirse.

 

Tendió la chaqueta a su lado después de quitársela, desatando el nudo del fular y acostando con cuidado a Rickon, que se movió apenas para colocarse en posición fetal, antes de subir el cierre con dedos temblorosos, dejando al pequeño bebé cubierto y protegido del frío.

 

Jacaerys buscó su reloj, quitándoselo para poder usar la pequeña y filosa cuchilla que tenía para romper sus jeans hasta arriba de la rodilla, apretando los dientes cuando tuvo que alzar la tela, agradecido de que la sangre no se hubiera secado a causa de la nieve que se derritió y mantuvo la tela mojada. Con sus manos temblorosas tanteo su pierna en busca del segundo agujero, casi sollozando al solo encontrar uno, lo que significaba que tendría que buscar la bala qué continuaba dentro de su carne, pero el dolor sordo le mareaba al punto de provocar que se detuviera para jadear en un intento de recobrar el aliento.

 

Golpeó su cabeza contra la pared, parpadeando para alejar los puntos blancos que le nublaron la visión. —Quién hubiera dicho que mi jueves iba a ser así de tranquilo, maldita sea— susurró humedeciendo sus labios en un intento de hidratarlos. Movió su rostro hacía la derecha, comprobando que Rickon siguiera durmiendo, relajando un poco sus músculos al ver que efectivamente continuaba pacíficamente en el mundo de los sueños. —¿Cuánto tiempo crees que tardará tu padre en encontrarnos? — habló, volviendo su mirada al frente, dejando una mano cerca del arma porque se había resignado a que no podría quitar la jodida bala de su carne. —Va a ser una mierda explicarle esto a mis hermanos— pensó, cerrando los ojos por un momento porque su vida era una maldita broma.

 

Se sobresaltó al oír unas ramas crujir, moviéndose bruscamente y gimiendo cuando el dolor en su pantorrilla lo hizo estremecer. Parpadeó en un intento de apartar el sueño, girando su atención hacía Rickon, soltando el aire al verlo sentado, envuelto en el abrigo de su padre, observándolo con ojos grandes y brillantes de un tono plata que lo hizo suspirar, confundido de que mirara hacia la entrada de la cueva hasta que escuchó el ruido de ramas de nuevo, las pisadas pesadas de alguien caminar hacía el lugar. El tiempo en silencio lo hizo más susceptible al ruido. Jacaerys se movió, apoyando todo su peso en su rodilla buena, cubriendo a Rickon con su cuerpo mientras apuntaba con una mano temblorosa hacia dónde las sombras se acercaban en la penumbra.

 

Su cuerpo ardía y se congelaba al mismo tiempo, su mano temblaba absurdamente, pero se mantuvo firme, al menos hasta que escuchó a Rickon gritar agudo por la falta de atención y ruido y se tensó, pero estiró el otro brazo hacía él, acariciando las manos qué lo sujetaron.

 

Pasó saliva y esperó, el tacto suave del cachorro dándole la fuerza para sujetar firme el arma, esperando a los uniformados qué entraron a la casa hacía una hora. Jace parpadeó al ver una silueta cubrir el hueco, demasiado grande para ser de los alfas, se confundió durante un segundo, el mismo tiempo que le tomó al animal adentrarse en la cueva, despacio.

 

—Bueno, mierda— jadeó dudando, pero manteniendo la glock arriba al ver la gran silueta tomar forma de un maldito lobo del tamaño de un jodido caballo. —Mierda, mierda— susurró, arrastrándose hacia atrás hasta sentir a Rickon contra su espalda, tensándose e intentando relajarse cuando lo sintió ponerse de pie contra su espalda y querer mirar sobre su hombro, chillando feliz y moviéndolo por inercia. —No es un buen momento para sentirnos felices— divago viendo al animal quedarse allí, mirándolos con dos puntos plateados en el rostro. Rickon saltó contento, rodeándolo y Jace se movió para dejarlo sentado en sus piernas, subiendo las rodillas para cubrirlo mientras se arrastraba más contra la pared aunque el tirón en su pierna lo hizo jadear. —Vete— pidió con voz ahogada, no mirando a Rickon cuando este volteó a verlo, apagándose de inmediato al sentirlo tenso y olerlo nervioso, apoyando la cabeza contra su pecho en un gesto que casi lo calmó, casi.

 

Porque el lobo dio algunos pasos más adentro, llevando con cada paso la casi inexistente luz que entraba por la boca de la cueva.

 

—Por favor— repitió alto esta vez, aunque la ansia en su voz era palpable, esperaba que lo fuera para el animal también. —Vete, no quiero lastimarte— intentó razonar, encogiéndose cuando el recuerdo de las historias donde su madre asesinaba a un jabalí en el cumpleaños de Aegon le vinieron a la mente.

 

Cuando hubo algo de tres metros metros separándolos, Jacaerys dejó de luchar consigo mismo, alzando una mano para presionar la cabeza de Rickon contra su pecho, cubriendo el oído al mismo tiempo. Su mano dejando de temblar en duda y ciñéndose con firmeza a la vez que quitaba el seguro del arma con un ruido sordo que resonó por todo el pequeño espacio y logró hacer que el lobo se tensara dejando de intentar acercarse.

 

El aire se notaba pesado, y frío, el sudor en su espalda había vuelto y sentía las gotas del líquido salino resbalar por las sienes y pese a todo, Jacaerys sonrió, no porque la situación le pareciera graciosa, sino porque se encontraba pensando en que si no salía de allí con vida, lo primero que pasaría es que Lucerys se cargaría a todos los alfas que supuestamente estaban en la mansión para evitar que aquello sucediera y lo segundo es que si lograba por obra del destino, darle al lobo en algún lugar importante que lo derribara antes de que le saltara encima, tendría que hacer a un lado el inevitable desmayo qué le golpeaba detrás de la frente y continuar rezando qué su celo no se adelantará por la situación de estrés a la que estaba expuesto porque ahora sin haber tomado supresores durante casi tres meses, el problema resaltaba en neón.

 

Se tensó al escuchar huesos crujir y al lobo moverse frente a su vista, el color yéndose de su rostro cuando frente a él la silueta del animal se transformó en una de un hombre, claramente desnudo.

 

—Ah mierda— soltó parpadeando, bajando su mirada al cachorro que lo veía con atención, las mejillas abultadas al estar presionado contra su pecho y los ojos abiertos. —¿Ya estoy muerto? — jadeó volviendo la mirada en un intento de dar con el animal, estremeciéndose cuando continuó siendo un hombre desnudo sobre sus rodillas. —Definitivamente morí porque es imposible que el lobo sea una persona, ¿No? Los cambiaformas no existen hace tiempo, ¿no?—

 

—Jacaerys— dijo ronco, pasando saliva, que le supo a sangre, al ver al omega estremecerse visiblemente y apretar a su cachorro contra su cuerpo en una clara muestra de protección. —Soy yo— soltó, dejando caer los hombros mientras veía al omega suavizarse. Y el suspiro qué abandonó su cuerpo fue largo y ruidoso porque cuando llegó a su mansión hace casi dos horas, su lobo y él se volvieron loco al no ver a su cachorro ni al omega, casi hiriendo a sus hombres hasta que sintió el aroma a sangre, dulce y perfumada con el aroma que relaciono con el omega castaño. No tardó mucho en ordenar a sus hombres que continuaban de pie seguirlo antes de ceder su cuerpo a su lobo y correr en búsqueda de ambos.

 

—¿Lord Stark? — susurró, su mano dejando de apuntarlo para ceñirse alrededor de Rickon.

 

—Si, Jacaerys, soy yo— dijo, poniéndose de pie y caminando hacía ellos, sintiendo los ojos del omega recorrer su cuerpo. —¿Dónde estás herido? — quiso saber, arrodillándose al lado de ellos y colocando una mano en la cabeza de Rickon para sentirlo. Inclinando a olfatearlo y cerrando los ojos cuando el aroma de su cachorro terminó de calmarlo.

 

Más adelante, le echaría la culpa al hecho de que tenía al lobo demasiado en la piel aún. Cregan usó su otra mano libre para enterrar los dedos en los rizos chocolates, acariciando al omega que cerró los ojos y suspiró, el aliento caliente golpeándolo y haciéndole ansiar.

 

—Tengo una jodida bala de mierda en la pierna, pero estamos bien— musitó sintiendo el agotamiento envolverlo en la presencia protectora del alfa. El ruido de pisadas lo hizo abrir los ojos, tomando el arma automáticamente y apuntando a la multitud de hombres que se asomaron a la cueva.

 

—Tranquilo— susurró bajando su mano a la nuca y apretando apenas antes de acariciar los lados del cuello con los dedos, pasando saliva al verlo estremecerse, pero mirarlo con ojos brillosos. —Son mis hombres— informó, viéndolo cerrar los ojos e inclinar la frente hacía él, hacía su hombro. El cálido aliento rozando y erizando su piel.

 

Jace soltó el arma en la mano tibia de Cregan, reteniendo el aliento cuando estiró sus piernas y el tirón en su herida le dolió mil veces más que antes, dejó a Rickon moverse y tocar a su padre. La conciencia amagando cederle todo al cansancio.

 

—Creo que voy a desmayarme— admitió en voz baja, alejándose del resguardo qué le ofrecía el alfa porque no quería desmayarse. Tomó a Rickon por debajo de los brazos y lo empujó contra el pecho de Cregan, moviéndose para poder quitar el abrigo debajo de su trasero para cubrir la espalda de Rickon. —Salgo cuando el suelo deje de moverse— dijo en voz baja, apoyando su cabeza contra la pared, cerrando los ojos cuando lo vio girar e irse hacía la salida.

 

♧♧♧

 

 

Notes:

¿q les parecioooo?

cuídense y tomen mucha awa👩‍❤️‍💋‍👩👩‍❤️‍💋‍👩

Chapter 7: Maldito celo

Notes:

Holisss, estuve todo el día dando vueltas para subir este cap so espero q les guste🫶🫶

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

♧♧♧

 

Tanteó el suelo hasta dar con su reloj, acercándolo a su rostro para ver la hora, jadeando al comprobar que era la hora en que tendría que estar caminando hacía su auto.

Se estremeció cuando una corriente de frío lo sacudió haciendo que se de cuenta de que solo contaba con una camisa y sus jeans rotos, el único abrigo que lo había protegido era la chaqueta con la que cubrió al cachorro, y suspiró porque no se arrepentía del resfriado asegurado qué se había ganado, mierda, no sería nada comparado a los distintos destinos que pudo haber tenido hoy.

—Pudo ser peor— razonó para sí mismo poco antes de que un dolor punzante en su vientre bajo lo apuñalara seguido de una agonizante corriente lo recorriera como un rayo. Una sensación extrañamente familiar que no había sentido en años. —Tienes que estar jodiendo— jadeó parpadeando y frunciendo el ceño al sentir agua tibia recorrerle las mejillas, alzó una mano y comprobó que eran lágrimas. —Mierda, bueno, pudo ser desastrosamente peor— intentó darse ánimos, llevando una mano a presionar su vientre cuando otra corriente lo recorrió y a ello se sumó una cantidad incómoda de lubricante.

—¿Con quién hablas? —

Escuchó preguntar a Cregan, el fuerte aroma a roble, castaña y frío del alfa arrancándole un gemido ruidoso que retumbó por las paredes de la cueva. Apretó sus piernas y lamió sus labios, separándolos para poder respirar por allí y no inhalar las feromonas.

—Déjame ayudarte— pidió, parpadeando confundido cuando a tres pasos de alcanzarlo el fuerte olor a omega en celo lo hizo trastabillar. Inhalo silenciosamente, llenando sus pulmones de aquel aroma fuerte y dulce a café de vainilla con unas notas de whisky.

—Puedo solo—

Le escuchó murmurar tenso, subiendo sus piernas en un intento de poner una barrera entre ellos, no sabiendo que aquello solo empeoraba al dejar salir su aroma. Cregan trago pesado, sacudiendo la cabeza para centrarse en ayudar al omega que parecía no darse cuenta de el olor a sangre qué inundaba el aire también, la herida en su pierna reabierta.

—En agradecimiento por cuidar y proteger de mi cachorro— comenzó diciendo en voz baja, tragando de nuevo cuando su voz salió ronca. —Déjame llevarte hasta la camioneta que nos está esperando, para que vayas directo al hospital— dijo esperando a que Jacaerys se relajará.

—No— soltó abruptamente, negando para darle énfasis a sus palabras. —Acepto tu ayuda hasta la camioneta, pero volvamos a la mansión— dijo, sintiendo al alfa abrir la boca para luchar, pero asintiendo a último momento. —Apuesto a que debes tener algún médico que pueda sacarme la bala y darme un calmante— murmuró pasando un brazo por los hombros del alfa que le rodeo la cintura y lo levantó como si no pesará nada, la muestra de fuerza haciéndolo sentir mojado. —El arma, gracias— señaló, agradeciendo al apretarla entre sus dedos. —Es mi primer maldito celo en cuatro años y afuera está lleno de alfas que en mi jodida vida he visto, no voy a confiarle mi seguridad a nadie— dijo entre dientes cuando lo sintió curioso.

—Me parece aceptable— asintió, caminando hasta la salida donde las paredes se iban estrechando a medida que llegaban a la salida, teniendo que pegarse pecho a pecho para poder salir.

Jacaerys se tensó mientras mantenía sus ojos en el hombro de Cregan, la cabeza doliendo cuando peleó contra la necesidad de pegar su nariz a las clavículas desnudas e inhalar profundo aquel aroma que le hacía sentir húmedo y mierda, no recordaba que fuera tan terrible. No recordaba que su mente se viera tan susceptible a cederle el control a su lobo, pero de nuevo, tenía casi diecinueve años cuando dejó a su celo manifestarse completamente.

—¿Dónde está Rickon? — preguntó cuando salieron, no viendo ni sintiendo a nadie cerca, calmado, pero nervioso de ni siquiera oler al cachorro ahora que sus sentidos estaban más agudizados.

—Allí— señaló hacía una de las tres camionetas grises donde varios alfas que no conocía esperaban armados. Davos con la chaqueta marrón envuelta alrededor de Rickon los esperaba al final del dedo de Cregan, mirando hacia ellos con Aeron firme al lado. Ambos luciendo cansados, sangrientos y golpeados, pero vivos.

Jacaerys dejó de sentir sus piernas a dos metros de ellos, su interior moviéndose incómodamente al ver al cachorro en brazos de aquel alfa, que era conocido, pero el aroma a regaliz y bergamota de ambos le estaba picando insoportablemente en la punta de la nariz. Los vio moverse para dejarle la puerta trasera del automóvil libre, donde Cregan lo tomó de la cintura y lo dejó en el asiento, buscando su mirada qué no pudo darle cuando vio a Davos amagar ir a otra camioneta.

Llevó su atención al alfa que mantenía sus manos en su cuerpo y clavó sus dedos en los brazos. —Alfa— llamó entre dientes, liberando feromonas y acercándose a él para pedir con voz tensa. —El cachorro— susurró con sus ojos fijos en Rickon que parecía luchar la misma pelea en brazos del alfa.

Cregan se tensó con fuerza, cuadrando los hombros para cubrir al omega, confundido del llamado y de la petición, mirándolo en busca de una disculpa porque Jacaerys respetaba la unión que los unía de empleado/empleador. Pero todo lo que obtuvo fue un quejido sin aliento que lo hizo sacudirse, que lo hizo sentir de nuevo. El ansia en su estómago queriendo complacer, servir, proteger y criar.

El que estuviera desnudo era sólo otro problema a la larga lista de mierda con la que tendría que lidiar.

—Davos— ladró sin apartar la mirada del omega que se encogió en una muestra fuerte de sumisión, aunque le gustó demasiado que le mantuviera la mirada en lugar de mostrarle el cuello, aquel brillo exigente en los orbes chocolate siendo demasiado curioso.

—¿Si, señor? — inquirió, mirando hacía abajo porque Lord Stark se encontraba desnudo y si bien no era algo nuevo, el hecho de que los músculos de su espalda estuvieran tensos y no se hubiera movido de enfrente del omega, como si lo protegiera de todo lo hizo mostrarse así. Quedándose a dos metros de la pareja porque lo que menos necesitaba ahora era meterse en problemas a causa de Jacaerys que se encontraba en celo.

—Dame a Rickon— pidió apretando sus dedos en la carne qué tocaba antes de girarse en su lugar y esperar al alfa que se acercó dudoso con la mirada baja y le entregó al cachorro con los brazos tendidos.

Jacaerys vio por sobre el hombro como aquel alfa se negaba a verlo a los ojos, entregándole el cachorro a su alfa que se giró a dárselo a él. Jadeo mientras lo pegaba contra su pecho y comenzaba a olerlo, liberando feromonas para cubrirlo con su olor en lugar del que tenía. —Ya pasó, ya pasó, estamos a salvo— susurró a la par que sentía al cachorro gimotear y frotarse contra él.

Cregan dio un paso atrás para poder cerrar la puerta y subir al lado del acompañante, congelándose cuando un brazo de Jacaerys se disparó hacía él y clavó las uñas en su brazo. —¿Qué sucede? — quiso saber, frunciendo el ceño al verlo lamerse los labios antes de susurrar.

—No te vayas— pidió en voz baja, apretando sus uñas en la piel pálida qué se sonrojo con la presión. Miró al frente y sabía que al menos uno tendría que conducir y los dioses sabían que atacaría a cualquiera que subiera allí. Incómodo porque sabía lo que implicaba que no quisiera a nadie más allí que ellos tres, pero reacio en parte porque él tenía su manada y aquello lo hizo soltar al alfa y liberar un poco al cachorro que gimoteaba contra su cuello, reconfortándolo de una manera que lo hizo suspirar.

—Podemos subir el vidrio— dijo, subiéndose a la camioneta y moviendo la mano antes de cerrar la puerta, apretando un botón que subió el vidrio negro qué dividía los asientos de atrás de los de adelante, presionando otro botón antes de ordenar. —Medrick, volvamos a la mansión, avisa a Kennet qué prepare las cosas—

Jacaerys sacó a Rickon de la chaqueta, colocándola sobre los muslos desnudos del alfa para cubrirlo antes de comenzar a acariciarle el rostro a Rickon cuando notó que el aroma que desprendía el bebé ayudaba a los dolores a ser más leves.

 

♧♧♧

 

Llegaron a la mansión en menos de una hora, demasiado rápido para el tiempo que pasó intentando ponerse a salvo.

Pese a que todo le decía que no, tuvo que dejar ir a Rickon cuando Cregan lo tomó de sus brazos y se lo entregó a un alfa con la orden de que lo cuidarán hasta que se desocupara. El sol estaba ocultándose cuando salió de la camioneta, sostenido por el alfa que mantenía su brazo envuelto firmemente alrededor de su cuerpo y lo llevaba adentro.

Cregan caminó con el omega a rastras hasta la habitación de invitados que se encontraba a dos puertas más de la de juegos de Rickon. La cama enorme cubierta de sábanas color blanco. Depositó con suavidad al omega en el borde, alejándose y saliendo de inmediato para encontrarse con Kennet y asentir al permitirle pasar, no temiendo ante el beta mayor.

Jacaerys se mordió la lengua para no gemir ante la vista de la espalda grande del alfa marchándose, la luz blanca iluminando la piel pálida y las cicatrices en la misma brillando, Jacaerys se mordió la mejilla, reacio a rogar por algo que no debería querer. Tensandose al ver a un hombre mayor mirarlo desde la puerta, relajándose apenas al no oler aroma alguno venir de él.

—Buenas tardes, soy Kennet, doctor y amigo del joven amo Cregan— se presentó, no acercándose hasta que vio al omega asentir permitiéndole el paso. El poder emanando de aquel omega siendo algo curioso en lo que indagaría más tarde. —¿Dónde está la bala? — preguntó

Jacaerys sacó su pierna hacia adelante, no quitando los ojos del beta que se arrodillo y comenzó a cortar la tela, se dejó caer de espaldas al colchón y se sumió en sus pensamientos, cerrando los ojos cuando lo sintió comenzar a trabajar, huyendo hacía aquella parte a la que nunca iba, donde estaban los recuerdos de su pasado que lo ayudaban a dejar el presente.

—Listo, la bala ya está fuera y la herida está cocida— murmuró mirando hacía arriba para ver al omega, a Jacaerys, curioso de verlo mirar sin expresión el techo, casi como si no estuviera allí mentalmente. Lo vio estremecerse y llevar ambas manos a su vientre para apretar, oyéndolo jadear antes de sentarse y parpadear. —Este calmante va a hacer que la herida no duela mucho— informó ofreciéndole una pastilla y un vaso de agua.

—Gracias— murmuró después de beberse toda el agua. —Tiene… ¿Hay algo allí que pueda darme para suprimir mi celo durante algunas horas? — quiso saber, abrazando su vientre.

—Lo siento, solo cargo conmigo medicamento para alfas— murmuró avergonzado, sabiendo que aquel omega no tenía posibilidades de suprimir aquel celo con los problemas con los que se estaba lidiando para volver a ingresar supresores al país.

—¿Algún consejo para que no duela como la maldita mierda? — gruño con los hombros bajos porque no existía manera de que aquello dejara de doler.

El beta sonrió apenas por las groserías, diciendo. —La manera tradicional, joven Jacaerys—

El castaño parpadeo lentamente al oir aquel apelativo, que le recordó al guardía rubio que solía cuidarlo en su adolescencia, se removió incomodo ante el pensamiento de que tendría que tener sexo con algun alfa para que en lugar de sufrir doce horas, lo hiciera unas seis.

—Bueno, alfas es lo que sobra por aquí, ¿no? — bromeó tenso, negando con una sonrisa porque podría ser peor, mucho peor. Podría estar presentándose en la cama completamente desnudo, para su suerte solo eran dolores abdominales lo que tenía y las piernas húmedas, pero el deseo, el ansia estaba más en querer tacto, un cuerpo cálido que lo cubriera y marcara, pero lo bueno era que no ansiaba nada dentro. Aun. —Gracias por esto, doctor Kennet— repitió, viendo al beta asentir y dirigirse a la puerta.

—Voy a buscar al amo Cregan, fue un gusto agradable conocerlo por fin, joven Jacaerys— admitió, tranquilo de darle un rostro al nombre que había salido de la boca de los alfas de la casa Stark estas últimas semanas. —Gracias— soltó, uniendo miradas con los ojos oscuros del omega que frunció el ceño e inclinó la cabeza hacía un lado.

—¿Por? —

—Por proteger al jóven Rickon— admitió. Su mayor preocupación había sido que algo le hubiera sucedido al cachorro, sabía que perdería por completo al alfa si algo le ocurriese al niño. —Doy gracias a los Dioses por cruzar y unir su camino a la casa Stark, de no ser por usted ninguno estaría aquí— confesó. Seguro de que Cregan se hubiera perdido en su lobo.

—Cualquiera lo hubiera hecho— susurró, y ambos se quedaron en silencio por un momento, porque no, nadie arriesgaría su propia vida para salvar a alguien ajeno. Kennet le asintió una última vez más antes de desaparecer hacía la derecha donde la última puerta llevaba a la oficina de Cregan.

Jacaerys suspiró, quedándose quieto durante algunos minutos antes de no aguantar más el silencio de la mansión, levantándose y rengueando hacía la cocina donde recordaba haber dejado su celular. Se sostuvo de las paredes mientras llegaba al lugar, parpadeando al ver la cocina hecha un desastre absoluto, platos y vasos rotos en el suelo, los taburetes caídos. Se encogió de hombros y rodeó la isla, viendo su celular boca abajo en el suelo cerca del refrigerador. Recogerlo fue fácil comparado al encender la pantalla rota que le dejó ver que eran las siete de la tarde y tenía veinticinco llamadas perdidas de Luke y otras treinta de Joff, estaba a punto de devolver la llamada al primero cuando el anuncio de que el segundo lo estaba llamando inundó la pantalla.

Valonqar— murmuró a modo de saludo, apoyándose contra la mesada para no pesarse en su pierna. Sonriendo al oír el jadeó de Joff del otro lado.

¡Luke, me atendió! — gritó ansioso, viendo al nombrado correr hacía él para poner la llamada en altavoz. 

—¿Cómo están? ¿Qué hacen? — inquirió apoyando su espalda baja contra el borde, enfrentando la puerta de la cocina cuando el recordatorio de que estaba lleno de alfas lo despavilo. Su mirada al frente y su mano abriendo un cajón para tomar un cuchillo, porque antes su seguridad.

¿Qué te pasó? ¿Por qué te escuchas raro? — gritó Joffrey al mismo tiempo que Luke decía. —¿Qué le pasa a tu voz?

—Yo pregunte primero, respondan ustedes y después respondo yo— peleó, sintiéndose más tranquilo ahora que oía las voces de sus cachorros.

Mierda, estamos bien, comimos, merendamos y ahora estamos preocupados así que dinos porque tu voz se escucha así— gruñó Luke, viendo a Joff asentir con el ceño fruncido mientras veía el celular como si la llamada fuera a cortarse si miraba a otro lado.

Jacaerys suspiró, sabiendo que era válido su enojo y ni siquiera tenía fuerzas de reprenderlo por lo que murmuró. —Estoy bien, voy a quedarme en un motel, ¿Estás bien con eso? —

Joff, ve a bañarte— ordenó Luke, gruñendo cuando el cachorro se negó. —Ya oíste que está vivo y bien, ahora ve a ducharte porque el agua va a enfriarse

—Joff— llamó sonriendo, bajando su mirada por un momento al suelo antes de continuar. —Cachorro, obedece a Luke que es el que está a cargo cuando no estoy allí, ve a bañarte, prometo esperar tu llamada para desearte buenas noches— pidió bajo, alzando la mirada y tensándose al ver a Cregan de pie en la puerta, la expresión tensa suavizando al unir miradas. —Ve, yo también te amo— murmuró, apartando sus ojos de los de Cregan para poder decir. —Estoy bien, Luke—

¿Cómo demonios esperas que me quede tranquilo si no piensas volver a dormir a nuestra casa? — reclamó agudo, comenzando a caminar por toda la estancia en un intento de calmar sus nervios ante lo que fuera a decirle Jacaerys.

—Lo sé, pero no quiero… no puedo volver a casa sintiéndome como me siento— murmuró, jadeando cuando el dolor en su vientre pareció volver ante la presencia del alfa, la necesidad erizandole la piel y enviando una corriente que terminó en más líquido escurriendo lentamente por entre sus piernas.

¿Dime por favor que no estás en celo? — rogó bajito.

Jace suspiró y asintió. —Lamentablemente y en contra de mi maldita voluntad, sí, lo estoy— admitió, viendo la mirada grisácea de Cregan recorrer su cuerpo y detenerse en el cuchillo que apretaba entre sus dedos, alzando una ceja curioso ante el hecho. —Ambos sabíamos que en algún momento pasaría, solo que no esperaba que fuera tan pronto y es por eso que voy a quedarme en un motel hasta que se pase y contratar algún servicio que haga que pueda salir de esto más rápido— dijo entredientes, incómodo de tener que decirle aquello a su hermanito y de que fuera en presencia del alfa que se encargó de hacerlo más insoportable al buscar sus ojos.

Te dije que deberíamos de haber compartido los supresores— discutió, mordiéndose las uñas al pensar en su hermano desprotegido. —Jace— llamó bajo, incomodo por el malestar en su estomago. —¿Estás seguro? Puedo pedirle a Oscar que me lleve hasta allí y venir contigo, puedo llevarme a Joff a pasear o podemos enseñarle que es lo que va a pasarnos, no tienes que pasar tu primer celo en años solo— insistió, pasando saliva cuando su voz sonó demasiado aguda. —Podemos estar juntos en esto también— jadeo agarrándose el pecho.

—Lu— murmuró, bajando la mirada al suelo para apaciguar las lágrimas en sus ojos. El silencio del otro lado de la línea haciéndolo presionar sus párpados. —Voy a estar bien, cachorro, lo prometo—

¿Prometeme que volveras? — rogó bajito.

El corazón se le encogió al oírle sonar tan temeroso, era extraño oírlo ser vulnerable cuando se encargaba siempre de demostrarle que era un adulto en el que podía apoyarse. —Siempre— admitió en voz baja, dejando el cuchillo a un lado para poder presionar su vientre e intentar alejar los dolores. —Por favor, cuida de Joff y cuídate también, prometo volver lo más pronto posible— dijo, sonriendo cuando le recordó estar atentó a la llamada de Joff que efectivamente lo llamaría. Colgó después de despedirse, suspirando y sintiendo que un peso desaparecía de encima de sus hombros, mirando su celular ahora roto que descansaba en su mano.

—¿Tus hijos estarán bien? — preguntó, queriendo saber, apurándose antes de que respondiera. —¿Te sentirías más cómodo que los mande a buscar? — propuso, confundiéndose cuando lo vio negar con énfasis.

—No, gracias, ellos estarán bien— agregó rápido, aclarándose la garganta cuando su cabeza proceso el hecho de que no lo dejaría irse. —Si no me necesitas, me retiro— informó sin moverse, no cuando sentía sus piernas a un paso en falso de abandonarlo.

—No puedes manejar en tu estado— dijo, viendo la expresión de Jacaerys tensarse ante su decir. —La herida en tu pierna requiere reposo, no puedes manejar hasta tu casa, ni siquiera deberías estar de pie ahora mismo—

—He sanado peores heridas— cortó moviendo una mano para quitarle peso al asunto, alzando el mentón cuando el alfa se acercó despacio, con el torso desnudo y un pantalón de jeans colgando de sus caderas.

—No me sentiría cómodo— insistió en voz baja, el aroma empalagoso instándole a acercarse. —Quédate en la habitación de invitados—ordenó a un brazo de distancia, su vientre bajo ardiendo ante la ceja alzada que el omega le ofreció.

—No estoy acatando órdenes— soltó cruzándose de brazos, el orgullo doliendole más que el maldito trasero y la jodida herida.

Cregan negó, encogiendo sus hombros en un intentó de no verse intimidante. —Por favor, quédate— insistió, forzando a quedarse donde estaba porque no sería él quien irrumpiera el espacio personal del omega, no cuando no confiaba en sus manos de quedarse quietas si estuviera más cerca.

Jacaerys alzó una ceja, inhalando el aroma que era atrayente y sabía que sería más fuerte desde la fuente, pero se contuvo enterrando las uñas en sus brazos. —Kennet me recomendó buscar un beta para pasar mi celo y que termine más rápido— informó entre dientes. —Dudo estar consciente hasta que llegue uno de la ciudad y no creo que alguno de tus hombres sea beta— dijo, porque si aquel alfa esperaba que se encerrara en la habitación y rogara por atención estaba equivocado. 

Él era un maldito príncipe aunque hubiera cambiado su corona por la seguridad de sus hermanos.

Vio fijamente al alfa tensarse ante la mención de dicha compañía, menos contento con que se quedara ahora que había admitido que no se quedaría a sufrir las doce horas que le llevaría estar en celo.

—No tengo betas— dijo ronco, su lobo ardiendo en rabia ante la sola idea de que aquel omega pasará la noche bajo su techo con alguien más que no fuera él. Y no estaba en sus planes involucrarse con aquel precioso omega, no después de lo decepcionado que estaba cuando Arra lo abandonó con su cachorro apenas ella pudo ponerse de pie.

Pero Jacaerys era distinto, tenía un fuego en su interior que lo llamaba desde el primer día, aquella primera vez que sus ojos se posaron en la figura esbelta cuando pidió cargar a su hijo antes de siquiera cruzar palabra con él.

La curiosidad se intensificó cuando al pasar la primera semana ni siquiera volteó a verlo, o intentó sacarle conversación como las anteriores cuidadoras que su prima le había enviado, omegas y betas que estaban más concentrados en él que en su hijo. Su interés sólo aumentó al verlo por las cámaras, al ver la manera en la que le hablaba o como solía cantarle una melodía baja y ronca que no podía entender. La forma en que le sonreía y como festejaba cada pequeña cosa que Rickon hiciera, cómo se encargaba de ocultar muecas de asco al probar siempre la comida que Alysanne dejaba para Rickon y que este nunca comía, el tiempo que se tomó en cocinarle siempre, cada día, aprovechando siempre que la omega subía a ordenar el segundo piso.

Cregan no era consciente de la atracción que sentía por el omega de ojos cacao, rizos oscuros y aroma dulce que siempre lo saludaba sin verlo porque su atención la tenía guardada para su hijo. Y en lugar de sentirse incómodo por ello, Cregan no podía sentir otra cosa que no fuera tranquilidad, ahora comprobando que aquel omega era digno de su confianza, porque nadie haría lo que Jacaerys hizo por su cachorro, protegiéndolo hasta lo último e incluso apuntándole con un arma a él cuando creyó que era un animal salvaje si no tuviera un gran corazón. 

Así que hizo a un lado sus dudas porque el aroma empalagoso del omega tenía que ser indicador suficiente de que al menos le agradaba, y si aquello no era suficiente, tenía que serlo la forma en que le cedió el arma en ambas ocasiones y dejó el cuchillo en su presencia.

Se humedeció los labios antes de decir. —Yo puedo cuidarte—

 

♧♧♧

 

 

 

Notes:

que les pareciooo???👀

Chapter 8: Soy Jacaerys para ti

Notes:

Holiss, espero q estén bien, acá les dejo otro capítulo😪😪

Anyways, hace una semana q no escribo pq m salio la muela de juicio y es un suplicio y encima ENCIMA la semana q viene empiezan las clases de la facultad, así q m estoy replanteando mi existencia y no pude hacer un hueco para escribir (q espero q no pase de mañana pq si quiero continuar esta y mis otras fics)

Ya, no les robo más tiempo, ojalá lo disfruten y díganme q les pareció este cap y si no les llego a responder, sepan q les tkm, me hacen el día🫶🫶🫶🫂

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

 

♧♧♧

 

—Puedo cuidarte—

Tres palabras que lo hicieron separar sus labios e inspirar por allí, tragando saliva que apenas y le sabía al alfa que estaba presentándose en bandeja de plata. Considerando los pros y los contras aunque no encontré de lo segundo al acercarse un paso, piel pálida fue todo lo que llenó sus retinas y sus manos hormigueaban por el deseo, su cuerpo sintiéndose vacío de repente.

—Si por cuidarme te refieres a follarme, no estoy seguro de que sea correcto— susurró tardío, no pudiendo resistir más y colocando ambas palmas en la piel desnuda de los brazos del alfa que se erizo bajo sus dedos. — ¿Quién cuidará del cachorro? — Quería saber, porque sí, su cuerpo se cocinaba desde dentro hacía fuera, pero necesitaba saber quién cuidaría de Rickon en el tiempo que no estaría con ellos.

—Sarah estará aquí en una hora aproximadamente— respondió, apretando sus manos en puños para no ir a asustarlo, aunque todo lo que quería era escurrir sus manos debajo de la camisa desarreglada que tenía y tocar la piel que seguramente se encontraba febril. Lo vio asentir, concentrado en deslizar sus manos hacia sus muñecas y subir con la misma lenta caricia hacía sus hombros donde presionado fuerte allí. — ¿Qué necesitas? — preguntó en voz baja, la ansia por cumplir las necesidades o deseos del omega siendo un anhelo propio. —¿Qué puedo darte? —

—Quiero ir a tu cuarto— murmuró suavemente, acercándose otro paso y respirando el aroma varonil de Cregan. Miró hacía arriba sin alzar el rostro, parpadeando despacio y sonriendo apenas al ver las pupilas dilatadas tragarse el gris de los iris, satisfecho con el claro deseo que lucía aquel alfa formidable. Cregan avanzando a su pedido, los huesos de la mandíbula marcándose atractivamente al mismo tiempo que la nuez de adán subía y bajaba. —Quiero agua y comida ya Rickon hasta que llegue tu hermana— susurró, con la mirada en las clavículas que se inclinó a olfatear, cerró sus ojos y apoyó la frente allí, inhalando profundo y exhalando largo. —Quiero ducharme, descansar, quiero dormir, quiero a mis cachorros, quiero tantas cosas, alfa, pero me conformó con las cuatro primeras cosas— divago pasando saliva, el hecho de que todavía no le hubiera tocado resonando dolorosamente en la piel. Frunció el ceño y acercó sus labios a la piel, rozándola antes de hundir los dientes con fuerza y ​​gruñendo con la piel tierna entre los dientes.

Jadeó cuando una mano se hundió en su cabello y tiró suavemente, el ardor ligero haciendo apretar los muslos y soltar la piel.

Cregan le mostró los dientes mientras le inclinaba la cabeza hacía atrás y se encorvaba para estar cerca del rostro precioso, rozó sus narices juntas, respirando en la piel contraria a medida que recorría el rostro contrario, hundiendo en los rizos de la frente donde se llenó del aroma ajeno que olía empalagoso. —Subamos— susurró con los ojos cerrados para darle paso a sus sentidos, sus dedos rascando el cuero cabelludo antes de dejarlo ir y se estremeció al oírlo gemir sin aliento y pegarse contra su pecho. Su otra mano abierta posándose en la espalda y le tomó todo de sí mismo no tomarlo sobre la isla de la cocina cuando lo oyó jadear y frotarse contra él.

Jace gimió y rasguño la piel cuando quiso alejarse. —No, no— jadeó ansioso, apoyándose contra la palma grande que se posó suavemente en su mejilla.

—Vayamos a mi cuarto, te preparare el baño, vamos— insistió, moviéndose hacía la oreja y bajando hasta apoyar su nariz en la curvatura del cuello e inhalar profundo, llenándose del sudor, las feromonas y la leve sangre que quedaba en el contrario, depositando un beso allí antes de alejarse en contra de todo lo que su ser pedía.

Cregan paso sus brazos debajo de las piernas de Jacaerys, alzándolo y comenzando a caminar hacia las escaleras, pasando saliva cuando el omega se acurruco contra su cuello y comenzó a respirar ruidosamente, frotándose contra él mientras subían. Se tensó al ver a Medrick al principio del segundo piso, uniendo miradas con él antes de fijarse en el hombre que tenía entre brazos y que no pudo hacer mucho para ocultar.

—Medrick— ladró con el ceño fruncido, el alfa bajó la mirada de inmediato y se hizo a un lado. —Lleva a Rickon a mi cuarto, envía a Sarah cuando llegue — ordenó pasándolo.

Jacaerys abrió los ojos cuando escuchó una puerta abrirse y se bajó, girando sin alejarse del alfa y parpadeando para poder ver todo el lugar, sintió sus piernas fallarle cuando el aroma concentrado y fuerte entró en su sistema, apoyando la cabeza contra el pecho contrario y cerró los ojos, debatiendo consigo mismo por un momento, sumando y restando los puntos hasta que las manos posándose en sus caderas se encargaron de silenciar todo. Una levantada por su vientre, grande y cálida contra su cuerpo, el pensamiento de que sería mucho mejor sin la tela que continuaba vistiéndolo inundando su mente, sin dudar llevó ambas manos a los botones, pudiendo quitar uno de su hojuela antes de que la puerta fuera golpeada.

—Señor— llamó a Medrick con voz tensa.

Jacaerys se quejó en un gemido largo y alto, callándose cuando el grito de Rickon del otro lado lo despabiló y lo hizo rodear al alfa, abriendo la puerta y frunciendo el ceño al ver a su cachorro en brazos de aquel alfa que había visto un par de veces y con quien no había tratado. Estiró los brazos hacía Rickon que casi se cayó de los brazos del hombre que jadeo al unísono con él. Lo pegó contra su pecho, apretándolo contra él mientras se giraba para entrar al cuarto de nuevo, frotando su cabeza contra el bebé que gimoteo y pellizco su piel en queja por el abandono a su persona.

—Lo sé, lo siento, me sentí mal, pero ya estoy bien, mi amor— susurró dejando besos en todo el rostro, suspirando encantado por los pequeños ojos cerrados mientras esperaba sus besos. —Vayamos a la cama— susurró moviéndose hacía la cama king con dosel qué tenía telas transparentes, gateando hacía el centro del colchón con los brazos envueltos alrededor de Rickon que se aferró a él como un koala. Se hundió entre las almohadas que olían al alfa que brillaba por su ausencia en la habitación, frunció el ceño y recorrió toda la habitación con la mirada, volviendo a Rickon que lo miraba con una expresión suave que le hizo hacer un mohín. —¿Por qué eres tan bonito? Mi corazón duele por ti— murmuró dejando un beso en la punta de la pequeña nariz. — Debería robarte para mí, Joff y Luke van a adorarte— siguió diciendo en voz baja, sosteniéndolo de las manos y sonriendo al verlo saltar y balbucear. —Joff ya está encantado por las videollamadas… mier-coles— trastabilló en su decir, sonriéndole mientras agarraba su celular en el justo momento que Joff lo llamó. —Hablando de mi bebé— murmuró sentando en el hueco que formaban sus piernas cruzadas a Rickon para poder atender la videollamada y acomodarse para que ambos salieran en cámara. —Hola, taoba issa— saludó sonriente al ver el rostro feliz de Joffrey, confundiéndose al verlo dejar caer la sonrisa y fruncir el ceño. —¿Qué sucede? — preguntó preocupado.

¿Qué estás haciendo allí? Luke me dijo que ibas a quedarte en otro lugar—resaltó confundido de verlo con aquel cachorro bonito en sus piernas.

Jace jadeó al darse cuenta de aquel punto, apretando sin querer a Rickon que se enfrió feliz, mirándolo desde abajo. —Joff— murmuró.

¿Por qué mentiste? — señaló confundido, cruzándose de brazos, alzando la mirada al ver un movimiento, uniendo miradas con Lucerys qué se apoyó contra el marco de su puerta, calmado. — ¿O tú me mentiste?

Le escuchó preguntar y se tensó, pero no se movió cuando el rostro de Luke apareció en cámara con el ceño fruncido.

¿Por qué sigues en la mansión Stark, Jacaerys? — gruñó tomando asiento junto a Joff.

—El señor Stark tuvo una reunión de emergencia y accedí a quedarme hasta que volviera— mintió, encogiéndose de hombros despreocupadamente, mirando el reloj en su muñeca para comprobar que eran pasadas las ocho. —Vendrá en media hora así que después voy al motel— vio la ceja de Lucerys alzarse en su frente, y sus ojos se desviaron a la presencia dominante en la habitación que lo miraba desde la puerta del baño privado con una ceja alzada y la expresión neutral. —Los amo, prometo llamarlos cuando me desocupe— habló, escuchando las quejas, pero aguantando hasta que ambos asintieron y colgaron a regañadientes.

—¿No te mueve un pelo mentirle a tu alfa ya tu cachorro? — decidió preguntar cuando el silencio inundó la habitación y el omega no dio indicios de explicarle aquella conversación. Forzando su molestia abajo porque no era quien para reclamar nada, pero de repente le molestó ver a su cachorro en brazos de un omega desleal.

Jace alzó una ceja en dirección al alfa que se veía caliente de brazos cruzados y expresión seria. Los músculos marcados de los brazos, la mandíbula tensa y el abdomen duro con toda la piel pálida descubierta lo hicieron humedecer más y sonriendo de lado al oírlo y verlo inhalar profundo, gruñendo bajo y ronco, acercándose al pie de la cama.

—Voy a responderte porque te ves bien— murmuró mordiendo su labio, aclarando su garganta antes de continuar. —En primer lugar, no tengo alfa, si lo tuviera no estaría tan dispuesto a tomar tu nudo— dijo apoyando su mejilla contra su hombro, divertido de que la mirada grisácea se fijará en su cuello desnudo qué estaba mostrando intencionalmente. —En segundo lugar, esos eran mis cachorros, los únicos seres humanos por los que existo y por los que ten por seguro que renunciaré si les afecta el disparo que tengo en la pierna— confesó ahora serio. —Y en último lugar, quiero aclarar que esto es una ayuda que voy a pedirte una vez— murmuró humedeciendo sus labios, fascinado por la atención dada. —No estoy buscando lazos a largo plazo, aunque dudo que tú también, al menos conmigo—

—Eres más precioso cuando no abres la boca— gruñó levemente herido como mayormente encantado por cada movimiento que hacía.

—Es una pena, tenía varias ideas para usarla— bromeó, rascando el cuero cabeza de Rickon que soltó una carcajada antes de moverse lejos de él, gateando hacía su padre que hundió sus rodillas en la cama.

—Nadie te ha enseñado a comportarte? — preguntó para molestar, fingiendo seriedad cuando todo lo que quería era comerle la boca, buscando encender la chispa qué brillaba en los orbes chocolate, intentando que el mismo fuego se abriera paso por entre sus labios con palabras.

—Si buscas un maldito muñeco, no soy el adecuado, alfa

Dijo y el nombre de su designación jamás había sonado tan excitante como lo hizo saliendo de entre los labios rosados ​​del omega que le mostró los dientes después de decir. Tampoco le había parecido una palabra tan despectiva hasta que fue dicha por la voz ronca y furiosa del omega más precioso que habían visto sus ojos. Cregan separó sus labios para decir algo antes de que la puerta fuera golpeada y ambos gruñeran por lo bajo.

—Mierda, Cregan, soy yo, dame a Rickon y yo voy— dijo Sarah.

Cregan miró hacia la puerta, volviendo al frente cuando sintió la cama moverse apenas, sorprendiéndose al ver al omega cerca, arrebatándole a su hijo de los brazos para pegarlo a su pecho y bajar de la cama ágilmente. —Omega— llamó viéndolo mecer delicadamente a su cachorro contra el pecho, ambos mirándolo con las cejas fruncidas.

—Soy Jacaerys para ti, no te has ganado el derecho de llamarme omega, mucho menos ahora que quieres llevarte al cachorro lejos de mi— balbuceo, encantado de que Rickon mirara a su padre cómodamente desde sus brazos. —Es un alfa malo, ¿no es así, cachorro? —murmuró con los labios en forma de pico.

No se movió cuando sintió alfa acercarse, alzando el mentón al tenerlo pegado contra su costado, una mano grande envolviéndose alrededor de su antebrazo, la nariz ajena pegándose detrás de su oreja donde inhalo fuerte antes de bajar hasta el hombro donde deposito un beso, mordió su labio ante la sacudida de su cuerpo.

—Rickon estará bien, Sarah es mi hermana y solo serán unas horas— intentó convencer, besando el hombro desnudo qué quedaba a la vista y volviendo a la oreja. —Ni siquiera vas a darte cuenta— murmuró con una mano en la espalda baja del omega y la otra en la de su cachorro. —Prometo esforzarme— dijo cuando lo sintió sonreír, pudiendo leer entre líneas antes de que el insulto fuera dicho.

—Son altas las expectativas, espero no termines decepcionándome— murmuró Jacaerys, mirando a Rickon que parpadeaba de aquella manera lenta en la que avisaba que iría a dormirse. Demasiadas emociones en un día. —Sé duerme y se lo damos— susurró mirando sobre su hombro al alfa que se inclinó a besar su sien en señal de aceptación.

 

♧♧♧

 

Jacaerys gimió cuando el agua caliente relajo sus músculos, hundiéndose hasta el mentón en la enorme bañera, apoyándose contra el pecho desnudo del alfa que había metido primero. El cuerpo se sentía tenso a sus espaldas y al abrir los ojos vio los brazos pálidos, las venas verdes resaltar ante la clara fuerza que estaba poniendo en sujetar los bordes de la tina.

—Acaso no piensas tocarme? — preguntó en voz baja, queriendo saber porque las manos todavía no estaban en su piel.

—Esperaba un permiso verbal para hacerlo— murmuró aplanando ambas manos contra el pecho delgado del omega que jadeo extasiado por el tacto, temblando contra su cuerpo de una manera que lo hizo apretar los dientes.

—Todo un caballero—

Le escuchó decir en burla, jadeante y sin aliento, pero listo para responder con provocaciones que lo ponían duro. Subió una mano por el pecho, acariciando los pezones cafés qué se irguieron a su tacto, envolviendo la mano contra el cuello delgado que trago saliva ante la presión ligera que hizo para poder echarle el rostro hacia atrás, aplanando su nariz contra la piel tierna de la mejilla antes de inhalar fuerte, mordiendo y tirando de la piel de allí y gruñendo ronco desde la garganta.

—Eres todo un buscador de problemas— soltó bajo, llevando la otra mano por el vientre, rodeando el ombligo antes de acariciar el muslo y bajar, bajar hasta el lugar que llenaba el agua de grasa, cerrando los ojos para sentir la humedad entre las piernas del omega que jadeo alto y tembló contra sus brazos, abriendo más las piernas para permitirle hundirse un dedo fácilmente en el cuerpo que lo tomó tan bien. Jadeando contra los rizos chocolate mientras agregaba otro hasta los nudillos. —Tan caliente— susurró contra la concha de la oreja del omega, mordiéndola con los colmillos.

—Ah— suspiró arqueándose, la boca abierta y los ojos cerrados, centrados en los dedos largos que le acariciaban las paredes internas.

Había olvidado lo placentero del acto sexual, vio blanco detrás de sus párpados cuando los dedos se hundieron más en él y la punta de estos rozaron aquel punto dentro suyo que lo hizo convulsionar, jadeando ruidosamente y aferrándose con fuerza a la piel de la que se sostenía, ansioso porque los dedos eran exquisitos, pero no eran suficientes para adormecer el dolor sordo que sentía en su vientre bajo.

—Basta— susurró con la cabeza contra el hombro del alfa, gimiendo molesto por la ausencia de los dedos y la mano sobre su cuerpo. — ¿Qué pasa? — jadeó parpadeando para apartar las lágrimas y mirar al alfa que lo veía confundido y tenso, alzó una mano para acariciarle la mejilla y rascar el cuero cabelludo.

—Me dijiste que parara— soltó confundido, entrecerrando los ojos ante el tacto suave del omega, suspirando cuando la otra mano se metió entre su cuerpo y le sujetó la erección.

—Basta de tus dedos— dijo acariciándolo, pasando saliva ante el grosor y el largo que podía sentir con su tacto. Lamiéndose los labios ante la duda de si entraría, de si quemaría. —Cógeme— pidió, apretando sus dedos antes de comenzar a acariciarlo durante un momento, regocijándose ante el gemido ronco que sonó contra su oído y lo hizo jadear en consecuencia.

—Dolerá— dijo entre dientes, dejándose hacer porque el omega era el que estaba en celo, era él quien tendría que decidir.

—No me importa— informó, entrecerrando los ojos mientras se inclinaba a lamer la mejilla contraria. —Quiero un recordatorio— provocó con una sonrisa ladeada.

Cregan gruñó al ver la expresión de Jacaerys, los ojos oscuros y bañados en placer, las pestañas largas y húmedas qué solo le daban aquel aura sexual y los labios rosados ​​qué se estiraron en una sonrisa arrancando todo pensamiento coherente de su mente. Se puso de pie, llevando al omega consigo mismo qué jadeo sorprendido y dejo de acariciarlo. Levantó un pie y salió de la ducha, ambos brazos envueltos alrededor de la cintura del omega que se apoyó contra su cuerpo y se dejó mover, parpadeando cuando se reflejo frente al espejo frente al lavamanos que cubría hasta abajo, dejando ver hasta los rizos de la entrepierna del omega.

Jacaerys parpadeó saliendo un poco del calor, moviendo sus brazos para sujetarse al lavamanos de mármol qué tenía al frente, uniendo miradas con él alfa que se veía caliente detrás de él. Y si bien no era pequeño, el cuerpo ancho detrás suyo lo hacía ver de tal manera, con su cabeza descansando casi debajo de la barbilla ajena y los hombros anchos contrarios siendo lo suficientemente grandes como para reflejarse en el vidrio. Se inclinó hacia adelante cuando una mano ancha se posó entre sus omóplatos y empujo suavemente, no quito la mirada del rostro ajeno que bajo la suya entre sus cuerpos, Jace se inclinó adelante hacia, apoyando sus codos contra los lados de lavabo y arqueando la espalda, sonriendo pequeño al oírlo gruñir y acercarse a otro poco más.

La mano en la espalda alta se movió hacia el hombro, apretando la carne mientras su otra mano sostenía y procedía a mojar su pene en el lubricante natural que brillaba en los muslos internos del omega. Cregan lamió sus labios y alzó la mirada al espejo mientras continuaba mojándose, suspirando al encontrarse con los orbes del omega ya en él, la sonrisa en el rostro sin aliento de Jacaerys lo hizo gemir y empujar su pene contra los testículos del omega que separó los labios y gimió dulcemente para él.

—¿Acaso vamos a estar todo el día acá, alfa? — jadeó sin aire, entrecerrando los ojos ante la caricia en sus testículos qué lo recorría como electricidad. Paseó su mirada por el cabello rubio qué el alfa tenía suelto y desordenado, mordiéndose el labio porque era una imagen que gritaba sexo por todos lados, le pasaba la barbilla y estaba medio ondulada, la mano en su hombro se movía para apartar los cabellos fuera de la visión y Jace se presionaba al sentirse vacío. — ¿Vas a hacerme rogar? — conversó con voz ronca, encantado y harto de las caricias con el pene que tendría que estar abriéndolo y haciendo gemir sin descanso.

—No lo había pensado— murmuró llevando ambas manos a los lados del omega para inclinarse sobre su espalda y besar la piel melosa de uno de los hombros antes de clavar los dientes y morder con fuerza, gruñendo y envolviendo un brazo alrededor del vientre para sostenerlo cuando amago caerse mientras gemía fuerte por su mordisco. —¿Lo harías ni siquiera si te lo pidiera? — quiso saber, curioso de obtener respuesta y dejando un camino de besos hacia el otro hombro donde procedió a hacer lo mismo, extasiado de sentirlo temblar y gemir sin aire.

—Rogar no es lo mío— admitió sin aliento, moviendo sus caderas contra la pelvis ajena que empujó contra él en respuesta. —Preferiría dejar que me folle alguno de tus alfas que rogar— soltó temblando, sabiendo que si aquel alfa no lo cogía, era capaz de romper el vidrio para tener algo con que apuñalarlo ante la negativa.

Sintió a Cregan gruñir ronco y furioso contra su piel, jadeando al sentirlo alejarse antes de que una mano se hundiera en su cabello y tirara con fuerza de esta para hacerlo mirarlo, obligando a su vez a arquear la espalda. El dolor agudo del agarre lo hizo poner los ojos en blanco y mojarse más en donde lo necesitaba.

 

♧♧♧

 

 

 

Notes:

JAJAJAJ perdón x ese final, es q se m re complico el temita del coito, pero prometo que en unos días cuando termine (si termino) lo subo

Aparte confieso que sería la primera vez q alguien lee ese tipo de escenas q escribo y x ahí sean muy largas, pero si quiero q se sepa y se entienda bien la posición :p

Chapter 9: Cómo si fuera el primero

Notes:

Holiss, espero q estén bien, acá les dejo un capítulo y les digo q no se si el fin de q viene pueda subir el cap, pq si bien tengo más o menos una idea de hacía donde quiero q vaya, mis tiempos y cabeza no están de acuerdo en dejarme escribirlo

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

♧♧♧

 

—¿Me harías matar a mis propios hombres? — inquirió con la voz sonando rasposa, frotando con saña su barba contra la piel sensible del cuello que se sonrojo a su paso. Inhalo un profundo, intentando calmar a su lobo, su interior y salir de aquella hipnosis en la que se sentía envuelto, fallando estrepitosamente al llenarse de aroma dulce y necesitado que el omega desprendía, las caderas frotando contra las propias siendo incitador de que muy poco le importaba al omega mantener una conversación con él.

—¿Me harías…? — jadeó interrumpiendo su decir para poder gemir fuerte ante las uñas que rasparon su pezón, sacudiéndose ante la sensación electrizante que lo recorrió. —¿Tú intentarías hacerme rogar? — devolvió sin aire, jadeando y cerrando los ojos para poder concentrarse, llevando una mano atrás, al costado ajeno para sujetarse de allí, arañando la piel pálida que estaba seguro que marcaría de la misma manera en la que estaba siendo marcado.

—No podría ni aunque lo intentara— confesó, cada músculo de su cuerpo ardiendo por tener que contenerse de no tomarlo allí mismo, sabiendo que en la odisea no estaría muy al pendiente al hecho de anudar y quería evitarles un mal momento al tener que moverse en aquel estado. Al tener que someterlo a aguantar el dolor en la pantorrilla que no estaba apoyando en el suelo. —Vayamos a la cama— pidió, porque sí, sabía que ordenar no le daría nada, no con aquel espécimen que tenía entre brazos.

—Rápido— aceptó, abriendo los ojos para poder moverse, apretando la mandíbula para no dejar escapar el gemido que quiso dejarlo al sentir el cuerpo grande alejarse solo para girarlo y pasarle un brazo por la cintura, ayudándolo a caminar hacía el cuarto. Tambaleándose porque las piernas no le respondían como deberían, no sirviendo si no eran para mantenerse abiertas y cederle lugar al hombre alto y fuerte que tiraba de él hacía la enorme cama que se vería más cómoda si hubiera un nido donde lo tomará. —Espera, espera— susurró jadeante, soltándose de la mano para terminar de acercarse al borde de la cama, agachándose a levantar la ropa que se había quitado antes, recogiendo todo antes de gatear al centro de la cama e intentar acomodarlo todo, estremeciéndose al sentir más humedad deslizarse por sus muslos, sujetando su labio entre los dientes a la vez que ordenaba las prendas en un pequeño nido que no le hizo sentir satisfecho, pero que serviría.

—Toma— musitó ronco, tendiéndole algunas prendas más, aunque propias, vio a el omega mirar sus manos durante un tiempo antes de mirarlo a los ojos, liberando su labio para jadear por ahí antes de decirle.

—Gracias—

Lo vio tomar de su mano las cosas para darle la espalda y continuar dándole forma al pequeño nido antes de asentir para sí mismo y gatear hasta quedar en el centro, mirándolo por sobre su hombro por un momento antes de bajar el pecho a la cama y arquear la espalda. La vista del trasero respingón y los muslos gruesos haciéndolo gemir y acariciarse lentamente, hundiendo sus rodillas en la cama para acercarse y su mano se posó primero, en en hueso de la cadera donde clavó los dedos y tiró del cuerpo hacía él, frotando su pene contra la humedad contraria antes de ponerse en posición y apretarse contra el anillo de músculos, abriendo la boca para poder respirar a medida que se adentraba, fácilmente por la cantidad de lubricante. La presión lo hizo gemir y se estremeció al oír al omega quejarse agudo ante la intromisión, los hombros delgados temblando a medida que se enterraba hasta la base, jadeando al unísono, sin aire y extasiados por la conexión. Una vez estuvo totalmente enterrado, Cregan no pudo contener mucho la necesidad de recostarse contra la espalda de Jacaerys que le hizo arder la piel, pesándose por completo contra el cuerpo que se mantenía temblando ahora totalmente acostado en la cama.

—Mierda— exhaló apretando sus manos en las sabanas al sentirse profundamente lleno y asfixiado por el peso del cuerpo que tenía encima. Apretando los ojos y haciendo a un lado su cabeza para permitirle a Cregan hundir su nariz allí, los antebrazos fuertes rodeando sus hombros y haciéndolo jadear porque la posición, el peso, el cuerpo, la presión, todo, absolutamente todo era perfecto como para no gemir en un intento de hacerle saber al alfa que se sentía tan bien.

Aferro sus manos, clavando sus uñas en los brazos pálidos mientras empujaba sus caderas hacía atrás a la vez que gemía con la boca abierta y los ojos presionados. Sintiéndose desfallecer porque continuaban quietos, aquel hecho haciéndolo estremecer solo que esta vez de dolor.

—Muévete— ordenó ido, abriendo la boca y jadeando cuando el primer embiste lo sintió en cada partícula de su ser. Sus uñas se sujetaron con fuerza mientras separaba todo lo que podía las piernas en su posición y gemía en voz baja a cada penetración. —Si. Si, si— sollozó temblando al sentir aquella rica corriente pasarle por cada extremidad hasta centrarse en su vientre bajo, hundió sus dientes en la carne qué tenía al alcance estremeciéndose sin control cuando se corrió tan fuerte que vio blanco por unos segundos, apretándose alrededor del miembro que sintió latir dentro suyo antes de que después de algunas embestidas, pegara su pelvis a su trasero y se quedara quieto.

Jacaerys apretó los ojos y sollozó con la piel entre los dientes, liberando la carne para poder ingresar aire a su cuerpo cuando el estiramiento del nudo lo hizo venirse de nuevo, estremeciéndose al sentir el semen inundar su interior. Jadeando hipersensible porque hacía años que no tenía sexo y aquel orgasmo le aclaro las ideas y dejó ronroneando a su omega en su interior, satisfecho de momento y dejando aquella parte a él. Sacudió la cabeza y paso saliva, parpadeando para aclarar la vista nublada y viendo el antebrazo derecho de Cregan brillar con una mordida que quitó un poco de sangre.

El alfa sintió al omega deshacerse bajo su peso, apretándole nuevamente cuando su nudo los unió y parpadeó mirando la nuca ajena que los rizos ocultaban. Jacaerys se estremeció en su lugar y no pasó mucho antes de sentirlo tensarse en su agarre y apretar por inercia todo su cuerpo. Apoyó su frente contra la nuca, inhalando y exhalando con fuerza, mareado y un poco avergonzado de haberse corrido tan precozmente, quitando un brazo de debajo del pecho del omega para acariciarle el costado antes de recostarse de costado y pegarlo contra su pecho, relajándose un poco al oírlo suspirar y encogerse de hombros en total silencio.

—¿Bien? — quiso saber, bajo y grueso, resistiendo el impulso de olfatearlo, porque, estaba seguro que las feromonas del omega le nublaba la mente al punto de que no pudo distinguir la incomodidad ajena.

—Si— soltó, porque lo estaba. Estaba de maravilla físicamente, el dolor en sus músculos, en su trasero y en su piel siendo bienvenidos con una facilidad que lo hizo estremecer. Sintiéndose arrepentido hasta que otra ola de semen lo calentó por dentro haciéndolo temblar y olvidarse momentáneamente del hecho de que tenía un nudo y que por ende estaba unido a un alfa por los próximos cinco minutos. —Bien— murmuró mordiendo su labio inferior y presionando los ojos, temblando ante la mano que con duda se posó en su cadera y tiró de él hacía el cuerpo pesado, arrancándole un gemido y haciéndolo temblar al mismo tiempo que sujetaba la mano con fuerza y enterraba el rostro en la almohada para poder jadear.

—Lo siento— respiró, no siendo consciente del hecho de que estaba subiéndose sobre el cuerpo delgado que jadeo, temblando en los hombros, Cregan se detuvo, volviendo a su posición y apretándolo contra su pecho, no resistiendo el pensamiento que le obligó a respirar en la piel canela del omega.

—Está bien— repitió respirando temblorosamente. —Solo no te muevas— murmuró apretando los ojos ante la oleada caliente que lo lleno. —No creo que termine pronto— susurró refiriéndose a su ciclo de calor, moviendo su rostro hacia la almohada para poder llenar sus pulmones de aire limpio qué no oliera a coito y las feromonas de ambos mezcladas. —Así que lo siento de antemano— se disculpó, porque el que sus dientes casi hubieran arrancado un pedazo de piel y todo ardiera era indicador suficiente para saber que cuando su omega tomara consciencia de nuevo aquello sería lo más pequeño que iría a hacerle al alfa.

Castigando a su compañero por los celos que él suprimió. Jacaerys frunció el ceño cuando después de cinco minutos, el nudo continuaba en su interior, uniéndolos. Las descargas de semen manteniendo abajo a su omega que ronroneaba satisfecho y orgulloso porque la pareja que había elegido era de sangre pura. La imagen del lobo blanco brillando en su retina como un recuerdo que lo hizo estremecer.

—Tus celos, ¿duran mucho? — quiso saber, estremeciéndose cuando sintió su nudo desinflarse, alejándose apenas cuando pudo, sus ojos traicioneros bajando por la espalda delgada que tenía los músculos marcados. Cregan alzó su mano y apoyó la palma abierta en la piel, pasando saliva cuando sintió el cuerpo moverse y quedarse quieto. Sus ojos continuaron bajando hasta la curva del trasero qué se mantenía en el mismo lugar, apoyó la palma allí, dudando por un momento antes de ceder a aquella voz que le pedía apretar la carne entre los dedos, dejando expuesto el lugar donde estuvo, su propia semilla escurriendo de dentro del omega que jadeo y se removió un poco, apenas antes de quedarse quieto. Pasó saliva, sintiendo la boca seca ante la vista, confundido por el pensamiento que lo hizo tensar acerca de criar a aquel omega precioso, sacudiéndose porque la vista y el tacto de imaginar al omega en estado lo puso duro de nuevo. Suspiró y el perfume dulce del café de vainilla empalagoso lo hizo ver blanco por un momento, inclinándose hasta la piel melosa para inhalar en busca del whisky qué apenas y desde la fuente podías encontrar.

Tembló ante la nariz en su piel, jadeando aire en un intento de aclarar su mente que comenzaba a nublarse de nuevo provocada por el aroma picante del alfa que sintió ponerse duro contra su muslo. —No lo recuerdo— respondió sin aliento. —Hace mucho que… que no los tengo, se siente como— y se sacudió, jadeando ruidosamente cuando una puntada recorrió su cuerpo. Jacaerys se movió, sosteniéndose sobre sus extremidades y uniendo miradas con el alfa que le alzó una ceja confundido.

Cregan se mostró confundido al ver al omega moverse, hasta que gateó y se sentó en sus caderas, ambas manos planas sobre su pecho, las propias moviéndose hasta descansar en la piel ajena. —¿Se siente como que? — quiso saber.

—Cómo si fuera el primero— susurró con la mirada en la piel pálida que se encontraba sonrosada bajo sus manos, paseó las mismas hacia abajo, subiéndolas de nuevo a la vez que buscaba los ojos del alfa. —Con ese sentimiento insoportable de no desear nada más que ser criado por tu alfa— jadeo bajo, manteniendo sus ojos en los grises mientras llevaba una mano a acariciar el miembro duro que latía por él. —Uno que pueda poner cachorros aquí — gimió llevando su otra mano a presionar la parte baja de su estómago que sentía lleno, sonriendo al ver al alfa tragar ruidoso antes de soltar el aliento. —Que pueda hacer que nos sintamos seguros y a salvo— continuó diciendo en voz baja, alzándose apenas sobre sus rodillas para poder empalarse.

Cregan gimió alto y ronco al punto de que su garganta dolió un poco, parpadeando lentamente mientras veía a aquel omega precioso jadear ruidosamente sentado sobre su pelvis. Sus manos acariciaron lo que alcanzaba de la piel tostada, besada por el sol al punto de que sabía que no había nacido allí en el Norte.

No.

Él pertenecía a los lugares cálidos del sur o incluso a las tierras libres.

Alzó su pelvis cuando lo vio bajar, jadeando por el placer visual que le servía, sus manos tocando, apretando y pellizcando la ajena porque no se sentía satisfecho con solo ver, su mirada fija en los ojos cerrados con las pestañas ligeramente húmedas qué las hacían parecer más oscuras. Las mejillas, el cuello y parte del pecho sonrojado de una manera en la que lo tentó a tocarlo. Los labios rojos qué no había besado todavía, que se encontraban separados y liberando jadeos, gemidos y sollozos agudos que lo incentivaban a demostrar que era el alfa correcto que podía cuidarlo, protegerlo y criarlo.

Sacudió su cabeza ante el último pensamiento, parpadeando mientras tiraba del cuerpo dócil sobre su pecho y lo sostenía por la cintura, quieto, para poder cogerlo como debía, duro y profundo. El hecho de que el omega uniera sus frente y lo mirara por un largo momento hasta que las embestidas hicieron efecto y los ojos cafés se cerraron y todo lo que tuvo a la vista fue el rostro salpicado de pecas qué tenía la boca cerca y le exhalaba todos los gemidos posibles que lo hacían seguir para darle lo que necesitaba. Su boca separándose para poder gemir cuando sintió su nudo inflarse y las manos en la espalda fueron a sostenerlos por las caderas para poder anudarlo correctamente y no dejar que nada escapara.

—Ah, mierda— dijo agudo, escondiendo el rostro en el cuello donde mordió la piel cuando su parte baja ardió ante la posición, jadeando ofendido cuando una mano en el hombro lo alejó del pecho cálido, relajándose apenas al sentirse bajar más correctamente en el nudo, gimiendo con los ojos cerrados y demasiado ido.

La tranquilidad interior siendo algo extraña ya que no creía haberla experimentado nunca en sus veintidós años. Se mantuvo allí, erguido durante más de cinco minutos, parpadeando despacio para abrir los ojos que se mantenían pegados por la humedad. Lamió sus labios a la vez que limpiaba sus párpados.

—Cuánto… ¿Cuánto tiempo suelen durar? — preguntó ronco, aclarándose la garganta porque su voz sonó destrozada. Miró al alfa debajo suyo qué no había quitado la atención de él, con las manos en constante movimiento por todo su cuerpo. Logrando el cometido de relajar a su omega.

—¿El que? — preguntó confundido, viéndolo lamerse los labios antes de sentir como se apretaba a su alrededor, provocando que alzara sus caderas en respuesta. —Lo siento— susurró ronco avergonzado, apartando la mirada hacia el techo porque no encontraba concentración en ninguna parte del omega desnudo sobre sus caderas. —Suelen… suelen durar diez minutos cuando no estoy en mi celo— respondió, sus dedos acariciando los muslos de miel.

Jace frunció el ceño, inclinando la cabeza hacia un lado. —¿Cuánto duran en tu celo? — quiso saber, no pudiendo morderse la lengua ante la curiosidad qué hizo a su omega alzar las orejas.

—Entre quince y veinte minutos— suspiró, sonriendo al verlo abrir la boca en reconocimiento.

 

♧♧♧

 

Su celo duró hasta las tres de la madrugada, el omega apenas podía mantener los ojos abiertos y el alfa ya no podía anudarlo en ese tiempo. Tuvo al rubio acostado encima hasta las cuatro y después de eso dormito y se despertó helado y solo en la cama, cerrando los ojos y frotándose en el lugar que estaba extrañamente limpio. Oyó al alfa acercarse y se cubrió por completo, sólo para descubrir que había llegado con algo para comer y agua, hidratándolo entre caricias qué lo mantenían ronroneando y suspirando, llenado su estómago hasta que se sació y llamó por el alfa para dormir.

Jacaerys volvió a tener control de sí mismo a las siete de la mañana, parpadeó despacio, gimiendo bajo cuando el rayo de dolor lo hizo hacer una mueca, se removió en el lugar bajando la mirada cuando no pudo hacer ningún movimiento y los antebrazos pálidos con marcas de uñas y dientes lo hicieron tensar.

—Mierda— susurró alejando con cuidado los brazos que se envolvían a su alrededor, deslizándose en la cama hasta que sus pies tocaron la alfombra peluda de color blanco. Sus ojos se fijaron en el dosel qué les daba privacidad con la tela transparente abajo, pasando saliva ante el pensamiento sobre la seguridad que le ofrecía aquella cama.

Sacudió su cabeza para aclarar sus pensamientos, poniéndose de pie y suspirando ante la punzada de dolor en su espalda baja y trasero, dio dos pasos buscando con la mirada su ropa, dando con ella en el cesto de ropa sucia al mismo tiempo que se congelaba y bajaba la mirada entre sus piernas, mordiéndose el interior de la mejilla con fuerza y caminando hacia el baño para limpiar el semen qué sentía escurrirse por entre las piernas.

Paso quizás diez minutos aseándose, saliendo del baño y parpadeando en la figura que ocupaba el centro de la cama, todavía dormitando en la inconsciencia. Se giró hacia el armario, pensando que no creía que le molestara el hecho de que tomara ropa prestada.

Opto por unos jeans negros y una remera de mangas largas de color blanco, curioso por el hecho de que solo hubieran aquellos tonos de ropa, el pantalón le quedó demasiado suelto en las caderas por lo que uso su cinturón que encontró en la mesa de luz, tomando su celular antes de salir de puntillas hacía el pasillo con sus zapatillas en la mano. Iba a medio camino por el lugar cuando escuchó un balbuceo bajito y reconocible provenir del cuarto qué tenía una R gigante de color azul.

Jace miró el reloj en su muñeca, viendo que eran casi las ocho de la mañana, mordiéndose el labio cuando dejó los zapatos en la puerta antes de abrirla silenciosamente, asomando su cabeza hacia adentro, sus ojos vagando por el lugar hasta la figura de la hermana del alfa con el que había dormido, descansaba. Rickon parpadeó hacia él con el rostro sorprendido, una sonrisa babosa adornando su rostro somnoliento qué lo hizo relajar los hombros e imitarlo, entrando en silencio y poniendo un dedo sobre sus labios en señal de que mantuviera sus gritos de emoción hasta que estuvieran solos.

—Buenos días, precioso— susurró apretando el pequeño cuerpo contra su su pecho y apurándose a salir del cuarto. —¿Cómo has dormido? — murmuró rengueando, la puntada en su pierna haciéndolo estremecer de dolor cuando los puntos tiraron de su carne. —Ay, mierda, lo olvide por completo— susurró viendo los ojos grises que se veía igual de alarmados qué los suyos.

—Papapa— balbuceó tomándolo del rostro y acercándose a su frente.

—Tu padre está durmiendo— respondió en voz baja, mirando al frente y tanteando con sus pies para ponerse el calzado. —Vamos a ver que hay para desayunar— susurró dejando un beso en la mejilla sonrosada antes de caminar. —¿Te gustaría algo de avena? Podemos ponerle bananas, yo sé que son tus preferidas— comenzó a hablar, llegando al comienzo de las escaleras y sorprendiéndose un poco al ver a Davos de pie al final de estas.

Se tensó por un momento, ambos mirándose a los ojos hasta que Davos asintió y se hizo a un lado, Jace inhalo un poco en su hombro mientras comenzaba a bajar, relajándose al solo detectar el aroma neutro del jabón de baño qué había frotado en su piel hacía unos momentos.

—Buenos días— saludó al llegar abajo, conectando sus ojos con los cambiantes del alfa que llevó la suya a Rickon después de unos segundos. —¿Ya desayunaste? — preguntó apoyando a Rickon contra su cadera para poder cambiar su peso de una pierna a otra cuando la herida dolía.

—Buen día, no, todavía nadie a desayunado porque Alysanne está en camino— respondió manteniendo su mirada lejos de rostro o el cuerpo del omega del alfa, relajado de no oler nada más que el aroma del cachorro en el aire.

—Oh— murmuró, mirando a la cocina antes de volver su atención a Davos. —Empecemos rápido entonces— sonrió, cojeando hacía la cocina donde sentó a Rickon en su sillita y comenzó a preparar masa para hotcakes. —Debería llamar a mis hermanos después— murmuró en voz alta, colocando agua en la cafetera mientras sacaba las bananas y comenzaba a sacarle las cáscaras, sonriendo al oír la voz chillona de Rick pedirle fruta. —Lo sé, cachorro, déjame las corto en rodajas y ya te las alcanzo— habló bajo, girando con el plato pequeño y dándole la fruta antes de girarse a continuar lo suyo.

—¿Necesita ayuda? — dijo en el umbral, viendo la mueca que el omega ocultaba al mirar al cachorro. Vio a Jacaerys verlo de reojo y asentir.

—La pierna me está matando, ¿sabes donde puedo conseguir calmantes? — preguntó colocando dos tazas sobre la isla mientras se sostenía del mármol, viendo al alfa asentir y marcharse. —Bueno, ellos no son muy comunicativos, ¿no? — le preguntó al cachorro que le sonrió con comida entre los diminutos dientes. —¿Quieres tu biberón? — preguntó, viéndolo asentir.

 

♧♧♧

 

Notes:

Espero q les haya gustado, y tengan un lindo inicio de semana, fuerzas y ánimos a todas con sus estudios, trabajos o simplemente la vida q esta difícil

Chapter 10: Solo me tienen a mi

Notes:

Cap de relleno q ya había dejado escrito pq les confieso q no tengo idea de hacía donde llevar esto (no se preocupen q voy a terminarla cueste lo q cueste)

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

 

♧♧♧

 

—Déjeme hacerlo a mi en lo que el calmante hace efecto—

Le escucho decir a Davos después de entrar, curioso inclinó la cabeza, viendo al alfa alto moverse hasta la cocina donde comenzó a hacer los hotcakes en silencio con los hombros tensos. Jacaerys no entendía el comportamiento que tenía, pero tampoco iba a hacerse la cabeza así que tomó asiento junto a Rickon y tomó una mandarina del cuenco de frutas que había, invitándole una al cachorro que todavía no había tomado su leche.

—¿Cuántos años tienes, Davos? —preguntó mirando la espalda del alfa.

—Tengo veintiséis, señor— respondió firme, encogiéndose apenas al darse cuenta de que no era el compañero del alfa y no pertenecia al clan, pero se le complicaba verlo de otra manera.

—Oh, eres cuatro años mayor que yo, por favor, deja de tratarme de usted, ya te dije que puedes decirme Jace o Jacaerys si te hace sentir más cómodo— murmuró limpiando sin pensar la boca de Rickon antes de detenerse y dejarlo comer tranquilo. —Y nada de señor, por favor— añadió divertido. — ¿Dónde está Aeron? — quiso saber, viendo y sintiendo el aura alrededor del guardia oscurecerse.

—El doctor Kennet le recomendó reposo absoluto hasta nuevo aviso—

—¿Qué? ¿Qué le pasó? — jadeo parpadeando, bajando la mirada porque el hecho de que habían intentado secuestrar a un cachorro y que él casi había muerto era algo que su cabeza no parecía procesar todavía y el hecho de que uno de los alfas que conoció se encontraba en cama por heridas graves lo hizo encogerse.

—Recibió un disparo en el hombro qué le rompió la clavícula y otro en el muslo. El doctor Kennet le dio dos meses de reposo por lo que fue llevado a su casa— explicó amontonando los hotcakes y viendo la jarra de café burbujear.

—Pero ayer estaba allí— recordó sin aliento, intentando y no pudiendo recordar nada más que el calor y ansia que lo hacía arder, el cachorro y él alfa de su interés. —Allí junto a ti cuando fueron por Rickon— murmuró viéndolo dejar la jarra de café en la mesa y una torre de más de diez hotcakes de banana.

—Si— respondió, viendo al omega estirarse a servir en ambas tazas el café y empujar una hacía él qué no pudo rechazar. Pronto sirviendo en un plato tres hotcakes y fruta para empujarlo hacia él. —Como todos los que estábamos allí, sólo queríamos saber que estaban seguros— respondió tomando asiento. —Gracias— murmuró viéndolo asentir y cortar uno en tiras para ofrecerle al cachorro que lucía enamorado del omega que le proveía alimento.

—Espero que se recupere— murmuró distraído, la incomodidad en su pecho haciéndole tomar el celular al mismo tiempo que se iluminaba anunciando una llamada de Lucerys. —Tengo que responder— avisó poniéndose de pie y haciendo una mueca ante el tirón en su pierna qué le hizo bajar la mirada y darse cuenta que la tela alrededor de la herida se veía mojada y más oscura. —Mierda— murmuró parpadeando confundido ante la angustia que le hizo jadear bajito, no se movió de donde estaba y atendió la llamada. —Luke— saludó regulando su voz, sus cejas fruncidas hacía abajo en concentración. —Cachorro, ¿todo está bien? — preguntó intentando que la preocupación no se filtrara en su voz.

Jace— exclamó, respirando ruidosamente a la vez que oía a Joff hacer lo mismo a su lado, pues mantenían sus cabezas unidas para poder escuchar bien. —¿Ya vienes? — preguntó al mismo tiempo que Joff decía. —¿Estás bien?

Jace sonrió y se dejó caer en el banco, acariciando el cabello rubio claro de Rickon mientras conversaba. —Estoy bien, estoy desayunando ahora, pero ni bien termine, junto mis cosas y voy— dijo sonriendo pequeñito cuando los ojos del bebé lo miraron curioso. —¿Quieren que les lleve algo? — preguntó.

Lo único que queríamos saber era que estabas bien y que tu calor paso— dijo Lucerys, mordiéndose la lengua cuando Joff agregó. —Pero un poco de helado no le hace mal a nadie, Lu

Río tranquilo y asintió. —Helado y confites serán— murmuró, parpadeando antes de volver su atención a su desayuno. —Los amo, nos vemos en un rato— se despidió, colgando la llamada cuando los escuchó pelear. —Niños— murmuró más liviano, sonriéndole a Davos que asintió y comenzó a comer. Ni siquiera importaba que Luke le sacara algunos centímetros de diferencia, tenía cuatro años menos que él y lo vería como su cachorro hasta el último de sus días.

—Yo…— comenzó diciendo, aclarándose la garganta para poder decir correctamente lo que él y todos los otros alfas guardias pensaron y hablaron la noche anterior, siendo él el encargado de dar las gracias. —Quiero darte las gracias, en nombre de Aeron, Benjicot, Medrick, Veron y los demás— cortó, sabiendo que los que faltaban ser nombrados no sabrían eso, vio al omega de rizos castaños inclinar La cabeza, frunciendo las cejas con notoria confusión y una sonrisa suave en los labios qué se notaban hinchados.

—¿Por qué? — quiso saber, parpadeando despacio a la vez que esperaba una respuesta del alfa que se veía distraído.

—Por cuidar y proteger al joven Rickon— explicó, confundiéndose de que aquel omega no se regodeara del crédito. —No se le paga por eso y sin embargo, protegió al cachorro. Estamos agradecidos por eso— inclinó su torso sobre la mesa en señal de respeto, alzando la mirada cuando el omega comenzó a mover las manos.

—Oh, está bien— murmuró apartando la mirada de los ojos turquesas, miro a Rickon que lo veía con las mejillas rellenas de la masa dulce y suave que había preparado, sonriéndole adorablemente antes de tender su brazo hacía él con un pequeño trozo en invitación. —Cualquiera que lo viera haría lo mismo, es un buen cachorro— halagó, inclinándose a frotar la nariz en los cabellos. —Me resulta difícil la idea de que crean que podría haberlo dejado a su suerte— murmuró bajo, viendo a Davos erguirse en su asiento, la mirada verdosa del alfa fijándose en el umbral de la puerta y no tardó mucho en temblar ante el escalofrío en su cuello que le erizó toda la piel en avistamiento del alfa dueño de la casa.

Llevó su mirada al cachorro que se removió en su lugar y le estiró las manos balbuceando “iba” qué supuso significaba arriba. Sonrió y lo sacó de su sillita, sentandolo en sus piernas mirando hacia él mientras oía los pasos apresurados y fuertes sonar hasta detenerse en el umbral. Jacaerys alzó la mirada y vio a Cregan allí, de pie con los hombros tensos qué se relajaron al verlo y a la otra alfa, Sarah, con el cabello despeinado igual que su hermano y el rostro preocupado qué se relajó al ver al cachorro entre sus brazos.

—Lo siento por tomarlo sin avisar, ya estaba despierto cuando pase por el cuarto y lo traje conmigo para desayunar— saludó, girando su rostro a Davos qué se alzó de inmediato y se inclinó ante los alfas.

—Davos— dijo con voz ronca, viendo al alfa asentir antes de amagar marcharse, ambos, él y su guardia tensándose ante la mano suave de miel posándose en el brazo del segundo.

—Está bien, sujeta a Rickon un momento— murmuró, viendo los ojos marrones verlo con algo parecido al nerviosismo, intercambiando entre él y el alfa que llenó el lugar de su aroma sin cuidado. Jace se levantó y pasó a Rickon a brazos del alfa que miraba a Cregan, le dejó una caricia en la mejilla suavecita al bebé antes de erguirse y mirar al alfa que ya tenía sus ojos oscuros en él. —Me gustaría poder hablar con usted— pidió, viendo la mandíbula ajena marcarse antes de asentir y girarse, marchándose sin decir nada más. —Buenos días, creo que el café sigue caliente, señorita Sarah— avisó para después pasar por su lado y seguir la esencia algo amarga del alfa que lo guiaba hacia la oficina.

Ingresó en silencio, apretando los dientes cuando su pierna dolió por el movimiento que se obligó a hacer, porque no dejaría ver su cojera en su camino hasta allí. Cregan Stark estaba sentado en el escritorio con ambos brazos cruzados sobre su pecho, su rostro serio casi lo hace tensar, casi, porque de no ser por el par de ojos de luna que recorrieron todo su cuerpo hasta las puntas de sus pies y de vuelta se habría sentido atacado.

—¿De qué querías hablar? — soltó sin saludarlo, intentando mantener lejos de su tono de voz el enojo que su alfa sentía. Ahora más tranquilo que podía tener una vista completa del omega que vestía sus ropas qué olían apenas a él.

—Espere a hablar con usted para poder comunicarle mi renuncia— soltó tranquilo, viendo las cejas alzarse a la par que los ojos abrirse. Cuadró los hombros y alzó el mentón, no dejándose intimidar por el cuerpo grande y tenso qué se alejó del escritorio.

—¿Puedo saber por qué? — preguntó, frunciendo el ceño ante el nudo en su estómago, causado por las palabras dichas por aquel omega que no se veía ni un poco afectado por lo acontecido hace algunas horas como se sentía él.

—Cuidar de Rickon es más que trabajo para mi, espero que lo sepa y espero haberlo dejado claro después de lo que sucedió ayer— comenzó diciendo, humedeciendo los labios antes de continuar, ignorando el dolor en su pierna qué estaba provocándole sudor. —Le tengo cierto aprecio a su cachorro, señor Stark—

Llámame Cregan, después de lo que pasó entre nosotros creo que los honoríficos están demás— interrumpió entre dientes.

—Pero ya no me siento seguro en su hogar y no voy a poner en riesgo mi vida al continuar viniendo aquí— murmuró, el nudo en su garganta siendo inoportuno como cada maldita cosa que le sucedía. —Como usted— recalcó entre dientes.  —Tengo a mis cachorros y no podría perdonarme el hecho de faltarles— terminó de decir, dejando caer los hombros a la par que el alfa, casi como si estuvieran sincronizados. —Tú tienes a tus hombres para proteger y cuidar de Rickon, ellos solo me tienen a mí— finalizó manteniendo la mirada clara antes de que suspirara y girará su rostro hacía la pared.

Permanecieron en silencio por algún tiempo hasta que fue Cregan quien lo rompió. —Está bien, el dinero te llegará a la misma hora a la misma cuenta— se obligó a decir, caminando algunos pasos cerca del omega que alzó el mentón para poder verlo a los ojos. —Jacaerys Strong ha sido un placer conocerte. Gracias por cuidar a mi cachorro, no tengo palabras ni dinero que crea suficiente para pagarte la deuda que tengo contigo por proteger a mi hijo— murmuró, inhalando profundo el aroma ajeno que estaba envuelto en el suyo y suspirando. Apretando sus manos en puños para evitar alzarlas y enterrar sus dedos en los cabellos rizados de color cacao.

Se mantuvo en su lugar mirándolo todo el tiempo que el omega habló y cuando asintió a él, giró y se marchó.

Se obligó a mantenerse en la misma posición mientras oía el eco de los pasos delicados alejarse permanentemente de su vida.

Ni siquiera se movió incluso después de escuchar la puerta principal cerrarse y el silencio inundar todo su hogar. El silencio en el que había vivido toda su vida de repente sintiéndose inmenso.

Parpadeó y salió de su estupor cuando vio a Sarah de pie en el umbral con Rickon en su cadera, ambos silenciosos y preocupados a sus maneras por él.

—Hey— susurró, frunciendo el ceño ante su voz ronca y ronca.

—¿Estás bien? — preguntó preocupada, adentrándose a la oficina.

—Si, ¿por qué? — quiso saber viéndola cerrar la puerta y acercarse a él, poniéndole una mano en la mejilla y limpiando con el pulgar.

—Estás llorando, Creg— murmuró suave y bajo, viendo a su hermano fruncir el ceño y alzar ambas manos a su rostro.

—Estoy bien— respondió, aclarándose la garganta e intentando deshacer el nudo qué lo hacía sentir tan angustiado. Confundido de sus emociones mientras bajaba la mirada a su cachorro que estiró ambos brazos hacía él con un mohín en la boca. — ¿Qué sucede, mi amor? —murmuró pegándolo a su pecho y caminando hasta un sofá.

Hundió su nariz en el cabello rubio suavecito de su hijo, inhalando profundo el aroma a leche, café, vainilla y el whisky del que se había llenado hace algunas horas y que sentía impregnado en su cuerpo y quizás fue por ello que su cachorro se relajó contra sí.

—Tengo que irme, pero no dudes en llamarme si necesitas una mano— habló, apretando los labios cuando vio a su hermano lucir desolado.

Parpadeó y sacudió la cabeza cuando el recuerdo de hace algunos meses la invadió, aquella noche cuando vino a la mansión al sentirse desolada y encontró a su hermano con las mejillas empapadas mientras intentaba calmar a un Rickon de apenas un mes de nacido que llamaba por alguien que no volverían a ver los siguientes años.

—Los amo— se despidió y se marchó con el corazón sintiéndose pesado al tener que partir, pero había cosas que requerían de la presencia de alguno de los dos. Y dudaba que Cregan tuviera espacio en su cabeza para trabajar. —Llámame si pasa cualquier cosa con ellos— dijo cuando se cruzó con Davos en la entrada.

El alfa asintió y pasó saliva con la mirada en el pasillo desde donde podía oler el malestar de ambos, padre e hijo.

 

♧♧♧

 

 

Notes:

Tengan un lindo fin de semana y un comienzo de semana aún mejor q el anterior, en un rato subo cap de Masks tmb

Les dejo el link de una página de fb donde estoy intentando animarme a subir cositas de mis 2 fics en emisión: https://www.facebook.com/profile.php?id=61575307719273

Chapter 11: No pudieron superarlo

Notes:

holisss, cap nuevo, creo q es un poco aburrido, pero necesario para ver un poco del punto de vista de mi Cregan

tmb q tarde en actualizar pq los otros capitulos ya los tenía medio escritos (o eran una idea) entonces fueron más fáciles de hacer, pero de ahora en adelante estoy sin ideas y estoy triste así que no pude pensar mucho en este fic

tranki q igual lo quiero terminar antes de mi cumpleaños q es a mediados de julio así que tenemos tiempo, seguro en unos días más me viene la inspiración y lo termino en una noche o no, idk disfruten

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

 

♧♧♧

 

Cregan estaba acostumbrado a su cachorro, al bebé tranquilo que apenas y hacía ruido. El día después de que Jacaerys se fuera fue el que más se adecuaba a todos los días anteriores, normal, debió de haber sabido que se debía a que Rickon estaba acostumbrado a verlo día por medio, pero estaba demasiado distraído por el ansía de tacto que tenía su cachorro al punto de no separarse de él a excepciones de cuando tuvo que dormir la siesta.

Apenas y pudo hacer algo aquel día, teniendo que quedarse en casa a trabajar desde su oficina con Rickon sentado en sus piernas o jugando en una alfombra a sus pies cuando no quería estar cerca.

Ni siquiera Alysanne podía hacerle el favor de cuidarlo porque se había dado cuenta de que Rickon no parecía aguantar a la omega cerca ni cinco minutos antes de comenzar a llorar aunque lo atribuyó al evento traumático que había vivido.

El segundo día Rickon ya se molestó al estar siquiera cerca de Sarah, comenzó a llorar apenas amagó con alzarlo en brazos. No quería estar lejos de su vista y Cregan tampoco tenía la suficiente fuerza de voluntad como para negarle sus brazos o su cercanía. Al caer la noche, terminó con Rickon sobre su pecho, mirándolo en silencio y ofreciéndole una sonrisa que lo hizo suspirar y él solo acarició la espalda, relajándose al oír la respiración suave de su hijo.

La mañana siguiente a eso, bajaron en silencio hasta la cocina donde Alysanne los saludo y los dejó solos enseguida, tarareo en voz baja mientras sentaba a su cachorro en la sillita y prestaba por primera vez atención al desayuno que había preparado la mujer. Apretó los labios cuando no vio nada que Rickon pudiera comer, bajo la mirada al niño cuando lo escuchó balbucear bajo. —¿Qué sucede, campeón? — preguntó en un murmullo estirándose a tomar una banana del cuenco y quitándole la cascara para entregársela a Rickon que lo tomo con otro balbuceo y comenzó a comerla con lentitud, parpadeó ante los ojos tristes que le ofreció su cachorro al mirarlo durante un momento antes de mirar a otro lado, suspirando de una manera que le hizo sentir incómodo.

El día transcurrió rápido, Sarah pasó como una militante, preguntando, dando órdenes y hablando con sus hombres antes de sentarse y mirar todo el tiempo que él se paseaba por la casa con Rickon en brazos que lloriqueaba cada que intentaba bajarlo.

Fue un día tedioso que le dejó una migraña, teniéndolo de mal humor mientras se paseaba por cada habitación existente de la mansión, murmurando bajo mientras acariciaba la espalda de Rickon que sollozaba cada que se detenía o se quejaba aferrándose con fuerza a su camiseta.

Cuando la tercera noche cayó, Rickon no quiso otro lugar que su hombro, comportándose extrañamente silencioso, incluso después de dormido no pudo abrir sus manos para liberarse así que miró el techo de su habitación, pensando en que no recordaba la última vez en la que había pasado tanto tiempo con su cachorro, el malestar de aquel pensamiento haciéndolo sentir culpable por lo que tampoco se quejo demasiado del dolor de brazos, hombros y espalda que tenía al finalizar el día y acostarse en la cama con la misma ropa que usaba durante todo el día porque su cachorro no lo soltaba. Ya empezaba a sentir el cabello grasoso de una manera incómoda a pesar de que no había hecho nada más cargar a su hijo.

Inspiró profundo y le tomó unos segundos darse cuenta de que Rickon se relajaba totalmente cada que se acostaban en su cama por el aroma fuerte del omega que se habían impregnado en las hebras de la cama, volvió a inhalar después de cerrar los ojos, sus músculos relajándose ante los aromas de los tres que lo calmaron al punto de hacerlo dormir.

 

♧♧♧

 

—Necesito que me des a mi sobrino el tiempo suficiente para que vayas a cerrar ese trato por videollamada, Cregan— dijo Sarah con las piernas cruzadas mirando a su hermano balancearse con una expresión agotada frente al sillón donde estaban manteniendo una conversación. El cachorro se veía pálido de una manera enfermiza , sin la personalidad exaltada a la que se había acostumbrado a verlo los últimos meses. —Dámelo, está todo preparado en la oficina, incluso la parte de arriba del traje que preparé para que puedas quitarte esa camisa mugrosa— molestó poniéndose de pie y vaciando el resto del whisky en su boca antes de dejarlo en la mesa y acercarse a paso lento. A dos pasos de ellos, se congelaron al escuchar gritar a Rickon. —¿Qué le pasa? — preguntó con el ceño fruncido, preocupada por el llanto desconsolado del cachorro.

—Carajo, no lo sé, pero no creo que quiera dejarlo un segundo— murmuró confundido por las extrañas emociones que lo hicieron apretar sus brazos alrededor del pequeño cuerpo cálido. —No ha querido separarse de mí desde… desde aquella mañana— dijo acariciando la espalda de su bebé porque a pesar de que parecía estar bien, lo sentía intranquilo.

—Tendrías que hablar con Kennet sobre qué hacer al respecto— aconsejó dando sabiamente pasos atrás. —No han pasado ni siquiera dos días desde que pasó y no puedes tenerlo eternamente en tus brazos, Creg— sirvió un poco más de whisky en su vaso y se giró para ver a su hermano tenso con una expresión a la defensiva. Vio a Rickon mirarla desde el cuello de Cregan.

—Tres— susurró contra la cabellera de Rickon, no mirando a su hermana verlo como sabía que lo estaba viendo.

—¿Qué? — preguntó alzando una ceja, sorbiendo el alcohol que la hizo suspirar y sentirse un poco más tranquila porque siempre lo hacía recordar a su padre.

—Han pasado tres días desde eso — dijo en voz baja, girando en su lugar. —Y Kennet no trata con cachorros— frunció el ceño. —Aparte no me molesta tenerlo mucho en brazos después del trauma que pasó— murmuró sintiéndose ligeramente indignado e incómodo de que Sarah no se hubiera marchado ya. Notando por primera vez en sus veinticuatro años de vida allí los techos demasiados altos y las habitaciones vacías que le hacían sentir inseguro .

El silencio que parecía haber estado siempre aumentando el malestar que sentía.

—Con más razón para que lo consultes, Creg— suspiró. —Ambos deberían saber cómo avanzar después de lo que pasaron, no se ve muy sano que ni siquiera puedas ir al baño—

Cregan suspiró, dejando caer sus hombros doloridos mientras miraba a su hermana en silencio, apretando los labios y caminando hasta un sillón para tomar asiento, las piernas ardiendo al igual que toda su espalda porque no había podido tomar un descanso desde la mañana. No pudiendo ignorar la sensación dolorosa que sentía en la garganta que volvió a él cuando fue consciente nuevamente del malestar que sentía Rickon. —Fue mi culpa— susurró después de humedecerse los labios.

—Y una mierda— gruñó, cortando de tajo lo que fuera a seguir diciendo. Sarah frunció el ceño y se levantó de su lugar porque la molestia y la culpa que le causaba toda aquella situación había sido un poco más ligera de sobrellevar que la de su hermano, pero estaba allí. Caminando por toda la estancia para liberar un poco del ansía asesina y violenta que la quería forzar a cambiar , suspirando y obligándose a calmarse porque tenía que resolver todo aquello con la cabeza fría, necesitaba dar con el topo que había entre sus hombres y desangrarlo frente al árbol de los Dioses. —Existía la posibilidad de que hubiera algún topo en el grupo de seguridad— informó, viendo la mandíbula de Cregan marcarse porque había obviado aquella información porque no era trabajo del alfa, era la suya y había fallado estrepitosamente así que solo debía pesar en su consciencia . —Era mi trabajo asegurarme que nada nunca fuera a ocurrirle a Rickon y fallé, así que déjame encargarme de eso y tú solo firmas las cosas que necesitan tu nombre— murmuró, dejando caer sus hombros y volviéndose hacía su hermano que tenía una expresión que la hizo apartar la mirada e ir en busca de sus cosas desperdigadas por toda la sala, pasando saliva antes de continuar. — Sabía desde algún tiempo del posible hueco en el grupo de seguridad, pero me confíe y ahora están pagando las consecuencias de mis actos— confesó, mirando a Rickon que mantenía un mohín en la boca y los ojos rojizos de una manera en la que la hizo estremecer. —No esperaba que ese fuera Jeff, pero voy a seguir investigando, tú solo… solo habla con Kennet y asegúrate de estar bien— murmuró y aunque no era su idea hacerse cargo de todo ella sola, necesito ver a los ojos a su hermano pequeño para saber que estaba agradecido y contrariado con su decir, pero necesitaba poner manos a la obra así que les sonrió, giró en su lugar y se marchó, dispuesta a discutir con quien fuera que se atrevieron a cuestionar su toma del cargo, después de todo era tan Stark como Cregan.

 

♧♧♧

 

Cregan miró por un largo momento a su cachorro, ligeramente nervioso de verlo en la cama, silencioso y con la mirada perdida . Era extraño que no se hubiera acercado a ir con él en cuanto lo vio ponerse de pie como los días anteriores, fue la primera vez en cuatro días que podía ir cómodamente al baño con tener que maniobrar con Rickon en un brazo y hacer el resto de sus necesidades con la otra.

—Rickon— llamó en voz baja, aclarándose la garganta porque fue demasiado ronco por culpa del desuso. Parpadeó al ver a su cachorro moverse, pero no para ir a él, sino para acostarse de lado y mirarlo en el silencio que le estaba imponiendo desde hace días. —Alysanne no viene hoy así que tendremos que hacer el desayuno nosotros— intentó conversar, sintiéndose extraño al darse cuenta de que hacía días que no le hablaba a Rickon.

No como solía hacerlo el dulce omega que ya no veían.

Sacudió la cabeza y se acercó, hundiendo una rodilla en la cama para poder tomarlo en brazos y bajar, haciendo una mueca al oír el quejido más desesperado qué escuchó alguna vez, centró sus ojos en su hijo, viéndolo hundir el rostro en la cama y acurrucarse en un intento de evadir sus manos qué sin duda lo tomaron. Incómodo por la resistencia que opuso el cachorro hasta que fue puesto contra su hombro y hundió el rostro allí, quejándose bajito contra su piel antes de callarse.

—Bajemos— dijo bajo, acariciándole la espalda a medida que caminaba hacia la cocina.

Fue tedioso intentar prepararse café, el biberón de Rickon y cortar alguna fruta, exactamente como le había visto hacer. Con la diferencia de que estaba ansioso y se cortó tres veces antes de poder terminar, el lloriqueo de Rickon no lo ayudó a hacer las cosas con calma.

Sarah llegó cuando le entregaba las cosas a su hijo, con la sangre corriendo por sus dedos y su aroma agrio por toda la cocina. Rickon ni siquiera había volteado a ella, bebiendo de la leche tibia hasta terminarla para seguido comer la banana del cuenco y algunos trozos de manzana.

—Buenos días— saludó entrando y tomando asiento frente a Rickon. —¿Cómo han estado desde que me fui? — preguntó apoyando un codo en la mesa para usar de soporte y poner su rostro en su mano, mirando a su dulce sobrino comer desanimado la fruta.

—Ni siquiera han pasado 12 horas desde que te fuiste, Sarah— respondió sirviendo otra taza de café para entregársela, tomando un repasado y envolviéndolo alrededor de sus dedos sangrantes qué no pasaron desapercibido.

—Hable con Kennet, dijo que volvía a Invernalia en dos días, quería hablar contigo— informó, agradeciendo en voz baja la infusión y mirando todo el tiempo la mano temblorosa ofrecerla.

—Bueno, tendré que arreglármelas, ¿no? — preguntó mirando a su cachorro por un momento antes de suspirar y beber el café en un intento de desvanecer un poco el sueño que no se había ido del todo.

—Soy una persona partidaria de que los niños no deberían llorar, pero si quieres que lo cuide mientras te aseas no me opondré, Creg— dijo bajo, tomando un sorbo más antes de levantarse e ir a por Rickon. —Ve rápido— le dijo a su hermano, llevando su atención al bebé para sonreírle. —Nosotros vamos a abrigarnos y a ver las flores en el invernadero, ¿qué te parece? Apuesto a que estás cansado de mirar estás paredes de tonos tan… aburridos— habló, yendo hacía el cuarto de juegos para buscar algunos abrigos que sabía que habría allí. — Él sabía cómo entretenerte así que entiendo que estés molesto con nosotros porque todavía se nos complica un poco el hecho de tenerte, pero te amamos demasiado y vamos a hacer lo imposible por ti, aprendamos juntos, ¿si? — murmuró subiendo el cierre y mirando a los ojos a su sobrino que suspiró como si supiera de lo que hablaba y la hizo sonreír. —Quizás dentro de unos días más tu papá logré entender quién es él y lo vaya a buscar, solo tienes que aguantar otro poco—

 

♧♧♧

 

Dos días después, agradeció que fuera la fecha acordada para que viniera Kennet porque Rickon se había despertado con fiebre. Una fiebre que no lo había dejado ni siquiera después de un baño tibio y cuando le quiso dar algo para desayunar, el llanto bajito y sin fuerzas le hizo sentir apretado el pecho así que se balanceo por la sala de estar hasta que Kennet llegó a las ocho de la mañana .

—¿Entonces qué es lo que tiene? — preguntó viéndolo después de que revisara a Rickon.

—No me especializo en infantes, Cregan— comenzó diciendo, viendo al alfa tensar los brazos alrededor del cachorro que se encogió en el agarre de su padre. —Así que no puedo decirte con certeza a qué se debe la fiebre y los malestares que tiene el joven Rickon— habló en voz baja, sabiendo que el alfa no se tomaría bien lo dicho.

—Entonces no me sirve haberte traído aquí— expresó acariciando la espalda de Rickon. Miró al beta y la expresión de conocimiento que vio allí lo hizo tensarse ligeramente. —Dime que es— exigió con el ceño fruncido.

—Mejor dígame qué es lo que quiere escuchar— dijo viendo al cachorro, respirando y aunque no podía olerlos como los alfas y omegas hacían, con todos sus años siendo doctor y tratando de ambos géneros, él sabía lo que estaba pasando. El cachorro estaba sufriendo la ausencia de alguien.

—Lo que sea que te haga mirarme de esa manera—

El beta suspiro por un momento antes de sacar el jarabe para niños del maletín que cargaba a todos lados, jugando con el frasco entre los dedos. —Ya hablamos de esto, antes de que el joven Strong viniera, te comenté que había una alta probabilidad que Rickon se uniera a quien fuera que sería su cuidador, te dije todos los contras de que trajeran a alguien a cuidarlo así que no entiendo qué otra cosa podría decirte que no sea lo que ya sabes y solo estás ignorando— murmuró, tendiendo la mano con el frasco para darle al alfa que lo tomó con la mirada perdida. —Llámame mañana, espero escuchar que el cachorro ha mejorado, físicamente al menos— terminó, levantándose del sofá para irse.

—¿Qué sucede si la fiebre no desaparece? — quiso saber, acariciando el rostro de su bebé.

—Tiene que hacerlo, Cregan, de lo contrario tendrá convulsiones— aviso con voz tranquila, suspirando al verlo preocupado. —Asegúrate de darle de comer siempre que le des el jarabe porque suele causar somnolencia en los cachorros de su edad, no olvides controlar su temperatura para asegurarte de que no suba— informó. —De no ser así, tendrás que llevarlo a emergencia—

 

♧♧♧

 

—¿Le has dado su medicina? — preguntó Sarah, viendo al alfa pasearse por toda la habitación con el cachorro en brazos, luciendo agotado .

La fiebre no había abandonado a Rickon, así que cuando el cachorro no estaba llorando de dolor, se mantenía silenciosamente tranquilo con sus grandes, pero pequeños, ojos vidriosos, sus mejillas sonrojadas y un mohín en la boca que les decía cuán doloroso era todo.

—Acabo de dársela— murmuró tenso, frotando su nariz contra la coronilla de su bebé, respirando su aroma que no le provocaba calma. —La fiebre ya ha bajado, campeón, ¿Qué sucede? — susurró contra el cabello, usando la mano que no lo mantenía contra su cuerpo para tocarle el rostro y comprobar que definitivamente no estaba hirviendo. Rickon sollozó bajito contra su pecho, escondiendo el rostro y haciéndose más pequeño.

—Cregan, ¿por qué crees que llora? — preguntó Sarah, queriendo saber realmente que pasaba por la mente de su hermano como para no notarlo después de tanto tiempo.

—No lo dejaría sufrir si supiera que lo tiene tan mal— jadeó negando, viendo como se acercaba a comprobar por sí misma la temperatura de Rickon, ambos mirándose a los ojos cuando el bebé rehuyó de su tacto. —Le he dado su medicina, lo alimente, su fiebre ha bajado, su pañal está limpio y él también porque lo bañe mas temprano, ya no sé que lo puede tener así, Sarah y estoy tan cansado, ni siquiera recuerdo cuándo fue la última vez que pude comer algo sin sentir esta incomodidad en el pecho que sé que no es mía — susurró temblorosamente, enumerando todo mientras su mano acariciaba la espalda y el pulgar de la otra se aseguraba de hacer lo mismo, al borde de un ataque de llanto porque no sabía

La expresión que vio en los ojos hielo de Sarah lo hicieron fruncir el ceño, confundido.

—¿Cuánto tiempo ha pasado? — soltó, caminando hacía la mesa de licores para tomar un poco de whisky porque no podía manejar la imagen de su hermano y sobrino luciendo tan abandonados.

Peor de lo que habían lucido cuando Arra se marchó.

—¿Cuánto tiempo ha pasado de qué, Sarah? — quiso saber, siguiendo con la mirada a su hermana antes de caminar hacia un sofá para tomar asiento.

—Desde que Jacaerys Strong dejó de trabajar para nosotros— dijo, viendo a su hermano parpadear por unos segundos, casi como si necesitara recordar exactamente de quien estaba hablando, al mismo tiempo que Rickon alzó la mirada del suelo hacia ella, con los dedos en la boca mientras babeaba. —¿Cuánto tiempo desde que no viene? ¿Desde que Rickon no lo ve? —

Oh .

El omega. Tenía sentido de que fuera por él, después de todo no había sido más que atento con su cachorro desde el primer segundo en el que cruzó la puerta y consoló a Rickon.

—Seis días— respondió, manteniendo su mirada en la alfombra porque había olvidado el hueco que la ausencia del omega había dejado en su pecho, similar a la incomodidad que sentía venir de su cachorro.

—Los primeros días asumí que el comportamiento de Rickon se debió al suceso que vivió con él, pero después de que los días pasaron e incluso tú comenzaste a verte abandonado, me di cuenta de que podría llegar a ser por él— comenzó diciendo en voz baja, sorbiendo un poco antes de continuar. —¿Cómo no sentirte abandonado por una persona que te cuido durante cinco meses? — preguntó.

—Ni siquiera lo había pensado— susurró mirando a su cachorro, notando el semblante decaído en los ojos grises. —He tratado de no pensar en él desde que se fue porque me hace sentir extraño— confesó en voz baja. —No podía permitirme sentir cuando Rickon es mi prioridad—

Y como fue a no darse cuenta que el malestar que tenía su cachorro se debía al omega dulce , comprensivo y atento. A la persona que le hablaba todo el tiempo, acostumbrado a hacerlo como sí de respirar se tratase, solo para recibir los balbuceos de su hijo, que comenzaron a sonar más a palabras, encantado por la atención que recibía. Y tenía mucho sentido que Rickon comenzará a apagarse si había sido por el omega por quien había comenzado a brillar.

—Lo investigue—

Dijo Sarah después de un largo momento en silencio, la miró, confundido y vio el momento en el que la alfa se removió en su lugar, terminando el whisky de un trago.

—¿Por qué? — quiso saber.

—Investigó a todo el que trabaja para nosotros, el que fuera un omega no iba a cambiar eso— dijo obvia, moviendo la mano para restarle importancia a su paranoia, enseriando la expresión cuando tuvo que volver a decir. —Está limpio—

—Eso es bueno, ¿no? — murmuró, notando en la mirada ajena que eso no era todo lo que iría a decir. —¿A dónde quieres llegar? —

—Está tan limpio que es extraño , pero no creo que nos ocasione problemas si hemos pasado una semana sin recibir amenaza alguna— pensó en voz alta, mirando el reloj en su muñeca para comprobar la hora. —Según mis informantes, Jacaerys Strong está tan limpio que pareciera que no existió hasta hace cuatro años, cuando llegó a la capital junto a dos niños con edades cercanas a ser hermano e hijo. Ambos Strong— informó, levantándose de donde estaba para servirse otro poco de alcohol y poder irse a la oficina donde atendería las reuniones por videoconferencia. —No parece ser una mala persona, así que ¿qué vas a hacer ahora que tienes esa información? Porque depende de ti solucionar esto que sienten, ya deberías saber que no es un simple capricho, Creg—

Y con eso se fue, dejándolos solos con un Rickon que masticaba sus dedos con la atención fija por donde se había ido su hermana.

Pensó en lo que hablo con Kennet, en lo hablado con Sarah y en el comportamiento que tenían sus hombres para con él la última semana, y no había pensado mucho en lo que le dijo el beta, no creyendo que su cachorro se fuera a encariñar tanto del omega.

Tampoco le sorprendía mucho cuando recordaba cómo lo trataba, lo hablador y amoroso que era con su cachorro. Lo atento que era incluso con sus hombres, consigo mismo y hasta con Sarah.

La repentina presencia de Jacaerys había marcado a todos tanto como su pronta ausencia.

Sintió el corazón pesado en su pecho al recordar como Rickon solía iluminarme cada vez que lo veía y fue ingenuo, hasta estúpido suponer que su hijo no lo vería como la figura que Arra había dejado vacío sin siquiera pensar en la vida que habían creado juntos. No le había dado segundos pensamientos a la posibilidad de que Rickon fuera a unirse a Jacaerys al punto de enfermarse como lo llevaba desde que se fue.

Y siendo sincero consigo mismo, ahora que podía permitirse pensar en los sentimientos y en las emociones que sentía alrededor del omega, no tenía idea de qué hacer. No le parecía justo hacer responsable al joven omega de toda la situación, pero tampoco veía a su cachorro capaz de olvidarse del mismo. Así que se sentía atado de manos sin saber qué hacer.

Sin saber que nombre darle al vacío en su pecho, ni a la incomodidad en su estómago cada que pensaba en los ojos cafés, y en el aroma dulce, dulce que caracterizaba al omega hermoso de rizos chocolate.

Humedeció sus labios al mismo tiempo que acariciaba a Rickon con un solo pensamiento en su cabeza.

Superarían esto.

 

♧♧♧

 

No pudieron superarlo.

El llanto que había sido manejable durante los últimos días, durante la noche aumentaron, robándole el sueño a todos los alfas cercanos a su habitación, sospechaba que incluso los que no estaban dentro y fuera de la casa también sentían el nerviosismo de su alfa.

Sus horas de sueño se vieron interrumpidas por la incomodidad de Rickon que no le dio una tregua. Llorando de una manera en la que le ponía los vellos de punta ante la angustia que sentía venir de él, la impotencia de la situación haciéndole llorar por primera vez en años .

Ni siquiera pasó por su mente llamar a su hermana, inconscientemente sabía que ella no podría hacer mucho por ninguno de los dos así que se paseo por su cuarto, murmurando con un nudo en la garganta e intentando calmar al bebé que hipaba contra su hombro.

Tomó asiento en la cama y palmeo la espalda de Rickon mientras rebotaba en la misma, pasando saliva en un intento de calmarse cuando lo sintió perder la tensión entre sus brazos de una manera alarmante que lo hizo alejarlo de su pecho y verlo, suspirando al notarlo dormido, haciendo un mueca porque incluso sumido en sueños Rickon parecía intranquilo.

Observó la hora en el reloj de su mesa de luz, parpadeando para quitar las lágrimas y ver correctamente la hora, sorprendiendo apenas de ver las agujas marcar las cinco de la madrugada, una semana exacta desde aquel viernes donde Rickon había tenido la presencia de Jacaerys como consuelo.

Sus labios temblaron al pensar en que jamás podría darle ese tipo de cariño a su hijo ni aunque se arrancará el corazón del pecho, porque era el tipo de cariño que solo Jacaerys le hizo darse cuenta que su hijo anhelaba .

Y en lugar de aprovechar las tres horas para dormir un poco, Cregan eligió pensar en el omega que no podía sacarse de la piel, de la mente, pensó en las risas alegres, en la voz melodiosa que cantaba canciones de cuna para su cachorro y en ese extraño instinto que siempre parecía tener alrededor de su cachorro, sabiendo lo que le ocurría a su hijo de antemano. Sintió su corazón aumentar los latidos y apretó sus labios, el sueño haciéndole arder los ojos, pero sintiendo la necesidad de tomarse aquellas horas para descubrir qué era lo que quería él mismo porque sus pensamientos no eran los que tendría un simple empleador.

El omega parecía significar tanto para su cachorro como para él y eso era peligroso, porque debía de pensar con la cabeza fría y quizás debió de haber aprovechado las horas que Rickon durmió, porque media hora después de que cerrara los ojos, su hijo inauguró el día con un sollozo bajito qué le rompió más el corazón y terminó llorando a todo pulmón.

Debió dormir porque así le habría dado la medicina a Rickon cuando notó la temperatura alta del bebé, le habría dado un baño y esperado a que bajara en lugar de abrigarlo apenas y tomar la decisión de ir en busca de la persona que parecía necesitar su hijo.

Una hora no parecía mucho desde la mansión hasta el hogar de dos pisos donde aparentemente vivía el omega, pero fue todo un reto hacerlo cuando Rickon no había detenido su llanto ni un solo momento desde que abrió los ojos, sonrojado e hinchado contra sus pechos, sostenido por sus propios brazos que temblaban mientras subía las escaleras, sus piernas reclamando por el cansancio, pero ni siquiera importo cuando al llegar a la mitad de las escaleras sintió el aroma que habían buscado; el café, el whisky y la vainilla que suavizaba y endulzaba los otros dos aromas.

Jadeo al llegar a la puerta, su mente en blanco y sus oídos sordos a cualquier otra cosa que no sea el pitido A lo lejos, sintiéndose a punto de desmayarse mientras golpeaba la puerta, sosteniendo a su cachorro con un brazo y ni siquiera pudo darse cuenta de que el llanto que lo atormentó durante seis días se había desvanecido.

Esperó tembloroso mientras oía a Davos y Medrick subir las escaleras, separó sus labios para decirles algo, su mente vaciándose porque cuando la madera oscura se abrió, dejó ver la silueta del omega.

El cabello goteando agua, los ojos cafés apagados y bolsas oscuras debajo de estos, la piel dorada de un tono enfermizo y sintió lágrimas picarle en los ojos, separando los labios para poder respirar por fin después de tanto, inhalando profundo el aroma que pareció acomodar todo de nuevo en su lugar y pasó saliva qué sintió dulce , buscando las palabras para explicar qué hacía en su puerta a las nueve treinta de la mañana, jadeando antes de poder hacerlo porque Rickon gritó, él realmente grito de una forma que jamás había escuchado y se lanzó hacia los brazos del omega que jadeo al igual que él y fue rápido al acercarse a ellos, atrapándolo para evitar que se cayera.

El peso sobre sus hombros desvaneciéndose cuando los ojos cafés volvieron a los suyos con aquel brillo inusual que se había acostumbrado a ver, Cregan suspiró temblorosamente y alzó una mano para apoyarla en la piel suave de la mejilla del omega que se calentó bajo su tacto. Respiró profundo y cerró los ojos ante el aroma fuerte a vainilla que le puso las rodillas débiles y lo hizo tambalearse, acercándose un paso más hacia Jacaerys qué lo imitó, Cregan sintió el aire caliente ajeno en el cuello y de repente el cansancio de los días pasados volvieron a él y sus piernas cedieron, arrastrándolo hacia la oscuridad no antes de escuchar la voz distorsionada del omega gritar.

 

♧♧♧

 

Notes:

anyways, espero q les haya gustado y q esten bien, tomen awa y no se salten comidas

Chapter 12: Vacío y ausencia

Notes:

holissss, disculpen la tardanza, es q estoy triste (agradezco a mi yo del pasado que dejo este capítulo más o menos hecho) confieso que solo tenía la primera parte de esta historia (hasta el cap 5/6) y ahora es todo improvisación

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

 

 

♧♧♧

 

—Hablemos— fue lo primero que exigió Lucerys cuando Jace cruzó la puerta de su hogar, antes de inspirar profundo y fruncir el ceño porque ni toda el agua y jabón del mundo podría ocultar el aroma que tenía su hermano y tampoco el hecho del tipo de ropa que traía puesto. Se cruzó de brazos al verlo encogerse con las bolsas en las manos.

—¿No quieres desayunar primero? Les dejo comer helado—dijo con voz cantarina, moviendo las bolsas delante del rostro de Joffrey que abrió grande los ojos. Jace no se esperaba entrar y verlos a ambos de brazos cruzados, esperándolo con aquella expresión fruncida que hacía a su corazón amarlos aún más.

—Tenemos que hablar— gruñó, haciendo una mueca que mostró sus dientes e hizo a su hermano suspirar y asentir.

—Como son cosas de grandes, yo voy a desayunar, ustedes hablen— dijo Joffrey, tomando las bolsas, mirando por un largo momento a sus hermanos y asintiendo, no irían a morderse así que podía dejarlos solos mientras comía helado.

Jacaerys suspiró y dejó caer sus hombros al igual que la sonrisa que mantenía para Joff, cerrando la puerta y arrastrándose hacía el sillón, no pudiendo hacer mucho por la cojera evidente que supo que Luke no pasó desapercibido. —Anda, ven— llamó en un murmulló, acomodando sus piernas debajo suyo y cubriéndose con una de las mantas que dejaban en el sillón, siendo esta la verde. Sintió el cansancio mental de vivir lo que tuvo que verse obligado a vivir el día anterior caer sobre él como una capa densa de humo. Todo su cuerpo sintiéndose cansado y dispuesto a cobrárselo aquella mañana.

—Necesitamos hablar de lo que pasó, Jace— dijo bajo, manteniendo sus brazos cruzados mientras examinaba a su hermano. Las ojeras oscuras que cargaba y aquella manera de caminar lo mantienen inquieto como para solo ignorar al dragón en la habitación. Mordiéndose los labios cuando sintió su voz querer alzarse, pero sabía que debía controlarla si no quería que Joff escuchara, ya que aunque el cachorro les haya dado espacio para hablar, no intentaría no escuchar si sus voces se alzaban.

Demasiado curioso para su propio bien.

—Estoy un poco cansado, así que no prometo no quedarme dormido— suspiro, sus dedos acariciando su herida por sobre el pantalón de vestir que había robado. Recordando que debería de comprar calmantes para que la molestia de la herida no lo entorpeciera. —Dispara— dijo, y apretó sus labios para no reírse, dejando caer su cabeza contra el respaldo para mirar el techo, riendo bajo. No quería ver la mirada en el rostro de Lucerys que le confirmaría que de hecho sabía un poco de lo que había pasado.

—¿Por qué se presentó tu celo? Ambos sabemos que no debería haber pasado todavía — preguntó en voz baja, incómodo de ver cómo estaba actuando porque no era propio de Jace lucir como lo hacía, agotado , ni siquiera en sus primeros meses juntos, solos, se vio como lo hacía ahora. Apretó sus labios al verlo mover la cabeza hacia el costado y mirarlo a los ojos, suspirando antes de separar sus labios y decir.

—Entraron a la mansión, quisieron llevarse al cachorro, hui, me dispararon, continuar huyendo y asumo que el estrés de todo eso despertó mi celo tres meses antes— resumió encogiendo un hombro al ver a Luke separar los labios, parpadeando como si no pudiera creer lo que le contaba.

—¿Qué? — jadeó, dejando caer sus brazos y estirando una mano para tomar la de su hermano porque necesitaba el tacto cálido del omega mayor.

— ¿Recuerdas cuando escapamos del Desembarco del Rey? — preguntó en voz baja, parpadeando despacio, cansado, apretando la mano que sostenía la suya. —Estaba en celo— murmuró, viendo la expresión de Luke confirmarle que no lo recordaba. —Huyendo con dos cachorros en pleno invierno, creo que fue mi ansiedad de estar viviendo la misma incertidumbre con otro cachorro que dependía de mí lo que desencadenó mi celo, Luke—

La información de aquello mantuvo a Lucerys en silencio ya Jacaerys esforzándose por no cerrar los ojos y dormirse.

—¿Tu pierna…? —

—Mi pierna está bien, me curaron y solo tengo que moverme lo menos posible hasta que cure y tomar calmantes si duele mucho— dijo sacudiendo su mano libre, necesitando que aquella charla se acortara para tomar una larga ducha para después acostarse y dormir todo lo que no pudo en casi dos días.

—De acuerdo, bueno, tuviste tu celo, alguien debió de ayudarte, dime que lo consentiste, dime que te cuidaste — exhaló, apretando los labios cuando vio a Jace desviar la mirada al techo luciendo avergonzado .

—Hablémoslo cuando esté descansado— soltó, apretando la mano contraria antes de soltarla y levantarse, cubriéndola con la manta que tenía su aroma e ignorando con crecer la punzada de dolor en su espalda baja. —Voy a tomar un baño y dormir un poco, no me levanten— cortó, inclinándose a dejar un beso en la coronilla de su hermano antes de erguirse y comenzar a caminar hacia su cuarto.

—Jace—

—Siento como si fuera a desmayarme, déjame dormir un poco y después hablamos—

 

♧♧♧

 

Entre sueños, Jacaerys sintió dos presencias sumarse al nido improvisado que se había visto haciendo antes de acostarse, encogiéndose cuando la forma más grande lo abrazo por la espalda y la más pequeña se acurruco contra su pecho, suspirando tranquilo y durmiendo de inmediato al saber que se trataba de sus cachorros.

La segunda vez que se despertó apenas, fue para darse cuenta de la ausencia y el frío que había en su nido, así que se encogió, escuchando voces a lo lejos hablar y llamarlo, pero se sintió demasiado cansado como para siquiera abrir un ojo y comprobar que era lo que querían.

La tercera vez que lo hizo, se sintió peor que cuando se había acostado porque el cansancio parecía haberse triplicado y después de dormir durante algún tiempo, recordó cuando su tuvo su primer celo, aquel en donde anidó durante dos días antes de sufrir dolores y dos días después del mismo. Respiro el aroma que olía a ellos y tenía una pequeña pizca a castañas , relajándose aún más y quedándose en la misma posición incluso cuando escuchó a Luke y Joff discutir.

—Anoche no ceno, debe tener hambre, hay que despertarlo— peleó Joffrey viendo con el ceño fruncido a Lucerys de brazos cruzados frente a la puerta de la habitación de Jacy. —Quítate, voy a decirle que venga a desayunar con nosotros—

—Es sábado, déjalo descansar hasta que se levante sólo— discutió. —Apenas son las nueve, incluso tú deberías estar durmiendo— se quejó.

—Casi lleva un día durmiendo, no es salvo que pase tanto tiempo sin comer— gruñó preocupado porque Jacy no olía seguro cuando volvió y cuando dormían, lo olió triste .

—Se dice “sano” y cuando tenga hambre va a levantarse solito— continuó en su lugar, encantándole hasta cierto punto lo terco que era su hermano.

Jacaerys suspiró al otro lado, sabiendo que no podría estar acostado y tranquilo porque aquellos dos parecían a nada de saltarse encima y comenzar una disputa, así que se levantó y caminó despacio hasta la puerta, no sin antes tomar una manta de su nido y envolverse con ella, pesando su cuerpo en su pierna sana cuando al apoyar la otra un dolor lo recorrió, más presente ahora que el efecto del calmante se desvaneció.

Abrió la puerta y vio a ambos girarse hacía él por lo que intentó sonreír. — ¿Qué hay para desayunar? Tengo mucha hambre— dijo, acercándose a dejar un beso en el frente de ambos antes de arrastrar los pies hacía la cocina.

—Té, jugo, cereales, frutas, panqueques, helado, lo que quieras— enumeró Joff, pasándolo directo hacía la cocina primero donde espero a que se sentara para frotar su frente contra su brazo antes de tomar asiento a su lado.

—¿Por qué no eres así conmigo también? — refunfuñó Luke adentrándose también, tomando asiento al otro lado de Jace.

—Porque tú me peleas todo el tiempo— respondió rápido, sirviendo de todo un poco en un plato antes de pasarlo al omega mayor antes de hacer lo mismo para él. —¿Por qué no viniste a dormir ayer? —preguntó masticando despacio, curioso cuando vio a Jace ahogarse con la tostada que le había dado, casi como si no esperara su pregunta.

Jacaerys inhalo profundo, exhalando largo y tendido mientras llevaba una mano al cabello ondulado de Joff para acariciarlo, tratando de ordenar las palabras en su mente porque no podría decirle lo mismo que le dijo a Luke el día anterior. —Sabes quiénes son los Stark, ¿verdad? — comenzó diciendo, esperando hasta verlo asentir antes de continuar. —Son personas importantes de este país así que como toda la gente importante, tienen personas que buscan lastimarlos, ayer no vine a dormir porque esas personas malas quisieron lastimar al cachorro bonito así que tuve que cuidarlo y me lastimaron en el proceso— dijo con calma.

—¿Dónde te lastimaron? — preguntó con la voz sonando baja, queriendo gruñir porque alguien había lastimado a su lēkia. Intercambio mirada entre sus hermanos mayores, confundido ante el silencio que llenó todo el lugar porque ellos nunca tenían aquel tipo de silencio .

—En la pierna— dijo en voz baja, dudando por un momento para al final decidir mostrarle. Se levantó el pantalón y les dejó ver la herida en su pierna, ganándose jadeos por parte de ambos.

—Pero ¿por qué alguien querría lastimar al bebé bonito? —Quiso saber.

—Hay gente cruel en el mundo, Joff, gente que solo busca hacer el mal porque sí— dijo acariciando la mejilla del cachorro. —Nadie resultó muy herida y para cuando mi celo se presentó ya estaba en la mansión así que no quise volver y que me vieran de esa manera—

—Somos tus hermanos, tu única familia, ¿por qué pensaste que era mejor hacer esto solo? — susurró tembloroso, el vértigo en el estómago que le gritaba que pudo haber perdido a su hermano casi haciendo vomitar.

Jacaerys se encogió de hombros, saliendo de comer porque el apetito se había desvanecido, mirando a sus cachorros y decidiendo decirles la decisión que tomó en busca de hacerlos sentir tranquilos . —Tranquilos— dijo y sonriendo, mirando durante un momento a cada uno antes de volver a decir. —Ya no trabajo más para los Stark, así que todo volverá a ser como antes

 

♧♧♧

 

Pero de hecho, nada era como antes.

El fin de semana transcurrió tranquilo y sin percances, vio películas de terror, de amor y tristes con las cuales lloraron abrazados en su cama, ya que su cuarto había sido el elegido para mover la televisión de la sala de estar. El lunes llegó más rápido de lo que esperaba y Jacaerys ya no podía tomarse el día, así que se levantó temprano para hacer el desayuno a sus cachorros antes de que partieran hacía sus debidas escuelas, Lucerys era el encargado momentáneo de dejar a Joff en la suya ya que él no podía caminar distancias largas debido a la curación de su pierna.

Los muffins estuvieron listos justo a tiempo para cuando ambos entraron a la cocina, somnolientos y hambrientos, moviéndose en silencio porque parecía ser demasiado lunes incluso para dos almas tan inquietas como lo eran la de ellos. Jace bebió de su segunda taza de café, aunque siempre había preferido el té, más suave, se esforzó demasiado en no darle lugar al sentimiento extraño que lo había acompañado desde que abrió los ojos. Los vio comer mientras se mantenía silencioso contra la mesada, recordando no apoyar todo su peso en la piernas lastimada que parecía sanar rápidamente y sospechaba que se debía al hecho de que su omega estaba despierto .

Tan despierto como no lo había estado desde que ocurrió aquel incidente en el que casi se desangró por completo a sus dieciocho, hace ya cuatro años.

Jacaerys los observó comer en silencio y después ir a él para despedirlo, Joff lo abrazó hundiendo el rostro en su vientre y frotando su frente allí, respirando profundo antes de arrastrar los pies hacía la puerta, Luke hizo exactamente lo mismo, quejándose hasta que apoyó la frente en su hombro, frotándose allí durante unos segundos antes de erguirse y marcharse detrás del cachorro que ya lo esperaba en las escaleras, así que con un ansiedad latente en el estómago los vio partir, la puerta cerrándose detrás de ellos como un recordatorio de la soledad y el silencio que iba a ser su compañía hasta que ellos volvieran.

Se forzó a sacudirse aquella sensación porque sus hermanos estaban sanos y a salvo allí, no había nada más que él pudiera necesitar .

Se pasó todo el día cocinando para dejarles todo listo, sintiéndose sin ganas de nada, pero forzándose a hacerlo porque aunque él no tuviera hambre, sus hermanos comían bien . Dejó todo preparado y esa misma noche les dijo que no los acompañaría a la mañana siguiente, pero que les había dejado todo listo, con un beso en la frente de ambos se despidió y se confinó a su cuarto antes de recibir las preguntas que adornaban el rostro de ambos.

El martes fue borroso e igualmente incómodos de los días anteriores, se despertó después de que escuchó a ambos despedirse contra su puerta, sintiéndose desanimado mientras se arrastraba hacía la sala de estar, deteniéndose antes de tirarse en el sillón, mirando la terraza a la que decidió salir para tomar un poco de sol, quizás el cansancio que tenía se debía a ello. Miró el cielo y no pudo evitar pensar en que él conocía a muchas personas que quizás estaban contemplando el mismo cielo.

Suspiro recordando a su madre, algo sorprendido de sentirse en calma al hacerlo, sonriendo apenas al recordar que ella jamás hubiera permitido que saliera al frío sin las ropas adecuadas. O en su padre que estaría a su lado sin que la omega lo viera y se escondería de ser así, aconsejando tener cuidado la próxima vez antes de escabullirse.

O en el alfa grande que exudaba seguridad, el que le enseñaba defensa propia con todas las armas que estuvieran a su disposición, aquel alfa que poseía rizos castaños al igual que ellos tres y ojos azules idénticos a los que tenía Joff. Aquel alfa que le hablaría en ese tono ronco y bajo que siempre lo hacía sentir a salvo, antes de apretar su hombro o dejarle una caricia en el cabello y desaparecer.

A Jacaerys no les gustaba pensar mucho en ellos y no era porque no los apreciara, era porque le resultaba difícil lidiar con el anhelo que le hacía doler el pecho, de aquel tipo que le dejaba sin aliento y le quería impulsar a buscar que había sido de la dinastía Targaryen. Con la ansía en el alma de volver .

Decidió de que se había ahogado suficiente en la melancolía, cortándola de tajo antes de llegar a sus tíos, a sus primas, al hecho de que la última vez que había sabido algo de ellos fue cuando la disputa por el cargo de su abuelo comenzaba y el amaba a su familia, la conocía también, sabía que correría sangre y no quería cargar con la de sus hermanos.

Así que decidió marcharse, alejarse de todos ellos con la misma facilidad con la que decidió entrar cuando el frío amenazó con distorsionar sus pensamientos y congeló sus manos y pies, tembló mientras cerraba la ventana corrediza, suspirando al sentir la calidez del lugar que ahora era su hogar , contemplando el lugar silenciosamente vacío y decidiendo volver a su cama hasta que sus chicos volvieran.

 

♧♧♧

 

El día siguiente, Jace se despertó sintiéndose más incómodo en su propia piel, desde el momento en que abrió los ojos supo que todo lo que quería era dormir y era extraño para él porque jamás se había sentido de aquella manera, nunca se había sentido tan decaído al punto de soltar lágrimas y ya ni siquiera sabía a qué atribuirlo, pero sabía que se debía a algo porque oía llorar a su omega en su interior, reclamando.

Solo que no sabía porqué.

El jueves tampoco fue muy distinto, Lucerys y Joffrey le dejaron el desayuno en la cama, lo miraron un rato antes de acercarse y frotarse contra él para seguido marcharse hacía la escuela, intentó que fuera distinto, se levantó aunque la pesadez que sentía en cada una de sus extremidades, para cuando sus hermanos volvieron él ya estaba de pie, limpio y con una sonrisa cansada que no pasó desapercibida para ninguno de los dos, pero incluso después de eso no dijeron nada.

Fue esa misma noche, en su cama, en silencio mirando el techo que pudo darle nombre al sentimiento que tenía.

Pérdida .

El sentimiento de haber perdido algo que lo había seguido cuando se marchó de casa estaba ahí, solo que un poco más doloroso que antes. Reconoció de inmediato aquel sentimiento de anhelar algo a lo que no sabía ponerle nombre aún y estaba confundido porque sus hermanos estaban bien, él también y estaban juntos que era lo importante. 

Entonces no tenía motivos para sentirse como lo hacía, sentir la falta de algo, por lo que le tocó morder sus labios y continuar, viendo como las horas pasaban demasiado rápido como todo lo que estaba pasando los últimos días y se encontró en su cama, cerrando los ojos porque le ardían incómodamente. 

Se acurrucó, haciéndose una pequeña pelota en el centro de su cama, sobre el nido que no había podido desarmar con anterioridad, no dispuesto a ceder la seguridad que lo envolvía al estar allí.

El viernes llegó por fin y jadeo adolorido mientras se removía, esforzándose a apagar la alarma y mirar el reloj marcar las siete, se sentó pese al frío que sentía en los huesos que lo hizo temblar en su lugar y procedió a abrigarse con la manta de encima de su cama, aquella que cubría su nido y tenía el aroma que le daba seguridad. Caminó hacía la puerta, encogiéndose ante la ventisca que lo azotó cuando abrió la puerta y salió al pasillo.

—Buenos días— saludó al detenerse en la cocina, el aroma de la comida revolviendo su estómago por lo que dejó de respirar por la nariz y separó los labios. Sus hermanos le respondieron somnolientos y asintió caminando hacía el sillón, donde la manta roja estaba esta vez, se envolvió allí y encendió la televisión que habían devuelto a su lugar mientras él dormía.

—¿Te sientes bien? — preguntó Luke, colocándose el abrigo mientras veía a su hermano temblar en el lugar. —Que digo, por supuesto que no estás bien, hoy regreso a las dos, más temprano así que voy a comprar algo en la farmacia y traerte algo dulce— asintió, acercándose a despedirlo. Frunciendo la nariz al respirar el aroma agrio que tenía y lo miró, viendo los ojos cafés centrados en la televisión, sin darle alguna pista sobre lo que estaba sintiendo como para que aquello afectará a su aroma como lo estaba haciendo.

—Okay— dijo sin pelear, sonriendo al sentir a Joff acercarse a despedirse también antes de que ambos desaparecieran. Se quedó quieto allí, cerrando los ojos cuando comenzó a arder lentamente, su cuerpo doliendo y murmuró una maldición porque ya no quería sentirse así, pero tampoco quería darse un baño, estaba demasiado cómodo.

Sin embargo, jamás pudo hacer lo que quiso así que se arrastró hacía el baño, esperando pacientemente a que la ducha se llenara lo suficiente como para cubrirlo por completo al meterse, con la mente dispersa en algún lado demasiado lejos de su comprensión. Se desnudo por completo y se sumergió en el agua caliente, suspirando cuando sus músculos se aflojaron de inmediato, parpadeó durante un largo momento mientras observaba los azulejos de la pared, intentando dar con la causa de toda la desmotivación que lo envolvía como una segunda capa de piel.

Había creído que se debía a las secuelas de un celo que había pospuesto demasiado, y quizás tenía algo de sentido porque había pasado años suprimiendo a su lobo, quizás también se debía a que era el primer celo que pasaba acompañado . Se estremeció al recordar aquella experiencia que había botado al fondo de su mente sin siquiera darse cuenta. Suspiro cansado y un poco enojado de sentirse como lo hacía, la sensación vacía que se hacía cada vez más profunda en su pecho le hizo recordar vagamente a los primeros meses que pasó cuidando a sus hermanos solo, a un Lucerys de doce años que le temía a todo y un Joffrey de seis meses que lloraba por todo. El vacío que él mismo sentía por su familia, aquella que amaba a pesar de todo, pero la que tuvo que dejar atrás porque siempre pondría a sus hermanos primero .

Y no se arrepentía, no creía encontrar fuerza en su interior para hacerlo ni en aquellos días más oscuros donde el silencio de su hogar le hacía pensar en los posibles destinos que pudieron haber tenido si no escapaba y lo llevaba con él. Y esos días era un poco más difícil luchar contra el ansía de contactar a su familia, ver si su madre estaba dispuesta a perdonarlo por llevarse lo que más amaba, de llorar la pérdida de uno de sus padres que había visto sangrar por ayudarlo a tomar distancia de su familia de sangre . Esos pensamientos que eran tan fuertes que lo drenaban por completo, dejándolo exhausto durante horas eran más difíciles de sobrellevar cuando estaba solo, ahogado por el silencio y sus pensamientos.

Jacaerys se quedó allí bajo el agua hasta que se enfrío y erizo toda su piel, salió sin ganas porque su cuerpo pareció ponerse de acuerdo en que fuera uno de esos días extraños en los que la simple idea de moverse le generaba cansancio. Se forzó a salir, sacudiendo la cabeza y temblando cuando el agua fría de su cabello se deslizó por su espalda, caminó hasta la bata y se cubrió de inmediato, viendo el reflejo que le ofrecía el espejo frente a él y apartando la mirada porque no quería ver las bolsas marcadas que tenía ni las mejillas ligeramente hundidas por casi no alimentarse, al menos la fiebre había desaparecido un poco y ya no vibraba debajo de su piel.

Se vistió rápido, con una pijama en la que el buzo era demasiado grande para ser suyo o de Luke, lo suficientemente grande como para dejarle un hombro a la vista y estaba demasiado cansado como para cambiarse así que solo camino con pesadez hacía la sala de estar, acostándose en el sillón y cubriéndose con la manta que olía a sus cachorros para relajarse. Inhalo profundo y miro el reloj sobre la televisión, suspirando porque parecía haber pasado una eternidad y ni siquiera eran las diez.

Encendió la televisión para que el silencio fuera llenado, a un volumen bajo y quizás pasaron diez minutos, no podría saberlo, pero se estremeció con fuerza en su lugar, tomó asiento de inmediato, llevando una mano a su cuello para presionar la piel tierna de allí que latió bajo sus dedos temblorosos. El ruido blanco lo hizo tensarse apenas, erizándose al pasar de los segundos y suspiró temblorosamente, fijando la mirada en la puerta antes de levantarse y caminar hacía allí, ignorando las piernas que se le sintieron débiles , jadeo al reconocer levemente la presencia que sentía hacerse más grande y pesada de una manera en la que pareció meter aire a sus pulmones de nuevo. Su mano tembló cuando se posó en la perilla, bajándola y abriendo la puerta, reteniendo el aire al ver al alfa frente a él.

Aquel que le había satisfecho durante su calor.

Los ojos grises vidriosos parecieron darle oxígeno de nuevo y se escuchó jadear nuevamente, la tensión que no le había otorgado tregua durante la semana desvaneciéndose velozmente porque la causa de aquel malestar era la ausencia de las dos personas que estaban ahora frente a él.

—Cachorro— susurró sin aliento, sorprendido del desasosiego en su propia voz mientras escuchaba a Rickon sollozar y saltar a sus brazos, por lo que se vio obligado a dar los dos pasos que los separaban para poder sujetarlo, respiró despacio en el cabello dorado y miró a los ojos al alfa que lucía igualmente agotada, aceptando la mano temblorosa que se posó en su mejilla, relamió sus labios cuando el aliento cálido tocó su rostro y no pudo controlar el estremecimiento que lo sacudió. — Alfa — suspiró sin aliento, mirando el rostro del hombre hermoso que no parece ser el mismo que recordaba, la piel demasiado blanca a pesar de la palidez natural.

Separó los labios para decir algo más, encogiéndose cuando sintió dolor en el hombro descubierto y solo apretó los labios, esperando a que el cachorro dejara de sollozar bajito y soltara la piel que mantenía entre los dientes, así que decidió acariciarle la espalda despacio mientras regresaba la mirada al rostro del alfa, respirando los aromas que no se había dado cuenta que buscaba inconscientemente. Volvió a intentar decir algo, pero lo que fuera a decir se transformó en un jadeo cuando vio al alfa cerrar los ojos y caer sobre él, Jace liberó un brazo ya que el cuerpo grande mantenía seguro al cachorro en medio de ambos, y lo envolvió alrededor del alfa, oyendo pasos acercarse a medida que se dejaba caer al suelo porque no podía sostener de pie, alzó los ojos para ver a Davos con el otro alfa de cabello rubio oscuro aparecer por las escaleras con una expresión igual de asustada que la que debía tenerlo.

 

♧♧♧

Notes:

bueno les cuento q no tenia nada previsto para este fic por eso simplemente me siento frente a la compu con docs abierto y dejo que los personajes elijan y guíen el camino, por eso son puro sentimiento, pero en cuanto terminen de descifrar sus sentimientos prometo quilombo (problemas) :p

estoy abierta a leer como les parece que puede ir esta historia (comenten ideas) y díganme que les pareció este capítulo.

Chapter 13: Tuvo un problema

Notes:

holisss siento la demora y de q m llevara más de un mes, estoy triste y desmotivada, pero espero q eso cambie en estos días :p

hoy es mi cumpleaños so q de regalo les doy este cap q considero de relleno en lo que sigo pensando hacía donde quiero que continue esta historia, confieso q hablando con mi hermanita m aconsejo abandonarlo y yo "¿¿¿¿???? ¿cómo podría?" no solo pq no me gusta la idea de dejar inconclusa esta historia, sino x el apoyo que recibí de ustedes desde el primer momento, entonces, esto va a llevarme más tiempo del q planeaba en un principio, pero mi nueva meta es terminarlo antes de fin de año (lo bueno es q m puse de limite 20 caps, aunque no creo que pueda contar toda esta historia en siete capitulos más, así que quizas se añada más o haga una segunda parte -DEPENDE DE COMO VAYA TODO- enfin)

espero q les guste esta parte q considero relleno, pero necesario para formar más lazos en la pequeña manada Strong-Stark, sin más, disfruten xxxx (besos)

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Chapter Text

 

♧♧♧

 

 

—¿Qué sucedió? —

Escuchó preguntar, pero no podía quitar la mirada del cuerpo del alfa que levantaban del suelo, aferró el otro brazo a Rickon y vio al alfa rubio mirarlo con la mandíbula tensa hasta que Davos se movió frente a él.

—Jacaerys, permítame ayudarlo a ponerse de pie— dijo tendiéndole una mano al omega que lucía perdido mirando hacía su pecho, con ambos brazos envueltos protectoramente alrededor del cachorro que no despegó ni un momento el rostro de la piel descubierta que tenía al alcance, en la que pareció encontrar el consuelo que no tuvo durante los días pasados.

—Gracias— murmuró tomando la mano y poniéndose de pie. —Entren— dijo, girando y entrando a su hogar, encogiéndose al notar la diferencia entre su casa y la mansión. —Será mejor que lo recuesten en la cama— pensó en voz alta después de ver el sillón que si bien era grande, no lo suficiente para abarcar a un alfa de la contextura de Cregan, comenzó a caminar hacía su cuarto, apretando los labios al abrir la puerta y notar el nido que parecía brillar en su cama. —Allí— señaló, haciéndose a un lado para dejar a los dos alfas pasar.

Intentando no reaccionar ante la tensión que vio apoderarse de ambos hombres al cruzar la puerta.

—¿Qué le sucedió? —

Volvió a inquirir el rubio y Jacaerys se encogió, ligeramente incómodo de tenerlos allí. —¿Podríamos hablar fuera? — murmuró saliendo, apretando sus brazos alrededor del cachorro que se sentía como vida entre sus brazos. Bajo la mirada y suspiro, liberando un brazo para limpiarle la comisura de la boca la pequeña mancha de sangre. —¿Por qué fue eso? — susurró sonriendo de costado, volviéndose hacía los alfas cuando estos entraron a la sala de estar. —Estaba allí viéndome y luego se desvaneció, no sé qué fue lo que ocurrió—

—¿Quieres que creamos que nuestro alfa, un lobo cambiaformas se desmayo por que sí? —

Jacaerys alzó ambas cejas mirando al alfa que reconoció como Medrick, no diciendo nada porque Davos decidió intervenir.

—Medrick— gruñó interponiéndose entre los ojos oscuros del nombrado y el omega que lucía nada más que inofensivo con el cachorro en brazos. —Sabes que el alfa no ha estado durmiendo bien— le recordó, viéndolo entrecerrar los ojos mientras se comunicaban mentalmente antes de asentir y marcharse por donde entró. Dejó caer los hombros al verlo irse, sabiendo que se aseguraría de cubrir los puntos huecos abajo.

—Gracias— dijo encogiendo los hombros y caminando hacía el sofá donde se sentó, enrollándose alrededor del bebé que suspiro escondiéndose contra su cuello. —Estaba a punto de decirle que hiciera lo que le haga sentir tranquilo— dijo bajo con el mentón sobre la coronilla de Rickon, soltando todo el aire de sus pulmones para inhalar profundo.

Pese a la paz que sentía abrazar su corazón, le era imposible ignorar la hostilidad que sentía del alfa con el que menos había interactuado durante su estadía en la mansión Stark así que agradeció mentalmente de nuevo a Davos por enviarlo fuera.

—Medrick ha estado con el señor Stark desde antes de que ascendiera como líder, es un poco sobreprotector, seguro debe estar avisando a toda la guardia que estamos aquí—

—Es un lugar tranquilo— comentó, no diciendo cuantos guardias creía necesario para la protección del líder del Norte, vio a Davos mirarlo por un momento antes de asentir. —¿Cuántos serán? — preguntó, levantándose con cuidado y caminando hacia la cocina, sus brazos ceñidos alrededor del pequeño cuerpo que pesaba contra su pecho. —Preparemos algo rápido para almorzar, ¿te parece? ¿quieres ayudarme? — habló, bajando la mirada hacía los ojos grises que lo veían con un color más tranquilo. —Oh— susurró, liberando una mano para acariciarle la mejilla suavecita que lo hizo morderse el labio. —Siento haberme ido sin despedirme, te extrañe un poquito— confesó en voz bajita, dejando de mirarlo para recorrer con sus ojos la cocina porque no tenía la sillita a mano. —Busquemos la sillita de Joff que no me dejó tirar—

Caminó hacía el armario donde guardaba las cosas de limpieza y donde también dejaba aquellas cosas que Joff uso en su infancia.

—Déjeme ayudarlo— Jace pegó un brinco que hizo a Rickon sonreír ante el susto de la voz de Davos sonando detrás de él, se giró y lo miró, aflojando un poco el agarre en el cachorro y haciéndose a un lado.

—Si, sí, gracias— balbuceó, volviendo hacía la cocina donde después de colocar a Rickon en la silla y darle un poco de mango y naranjas cortadas en cubos, procedió ver qué podía cocinar y se decidió por un estofado que era lo que mejor sabía hacer en cantidad.

—No hace falta que haga eso, joven Jacaerys— murmuró Davos, de pie en el umbral de la cocina, viendo y oyendo al omega cocinar y hablarle al cachorro sobre un tema al que no estaba prestando atención, más distraído en ver como subía su mirada hacía el bebé que balbuceaba, gritaba y hablaba como no le escuchó hacer en ausencia del omega. —Podría delegar a mis hombres para que vayan a comer— continuó, viendo al omega volcar papas, zanahorias y calabaza en una olla bastante grande.

—No me molesta— respondió enjuagando las cosas y girando hacía el alfa que sentía como una presencia al fondo de su cabeza, secando sus manos en un paño. —Tenemos que comer al fin y al cabo, no me molesta hacer un poco más para, ¿qué? ¿once personas? — inquirió, sonriendo al ver a Davos bajar la mirada. —Quizás te moleste después para que bajes a darle sus respectivas comidas— dijo, tomando asiento y mirando a Rickon.

La comida estuvo lista a las doce en punto, Jace sirvió en los túper que tenía y los cubrió para dárselos a Davos que parecía realmente avergonzado mientras mantenía la cabeza gacha y tomaba las dos bolsas con comida, pronto desapareciendo por la puerta hacía abajo, Jace suspiró y comenzó a alimentar a Rickon que le sonreía y balbuceaba entre sonrisas sin intención de tomar el cubierto como habría hecho hace unos días.

—Estás con mucha hambre, ¿acaso la comida de Alys no era de tu gusto? — preguntó a modo de bronca, riendo al oír el suspiro de Rickon como si entendiera lo que decía.

—Él realmente no comió nada más que algunas frutas los primeros días y después solo pude hacer que bebiera su fórmula— murmuró, parpadeando ante el encogimiento de los hombros del omega antes de que alzara los ojos a los suyos.

—Perdió un poco de peso— dijo volviendo la mirada a Rickon cuando este se giró de nuevo hacía él y abrió la boca pidiendo más. —Usted también se ve un poco… mal—

—Extrañó demasiado tu presencia— decidió decir en lugar, lamiendo sus labios mientras se acercaba más cerca del aroma dulce que relajaba todos sus músculos. —Ambos lo hicimos— soltó, porque no le gustaba bailar alrededor de nada cuando podía ser abierto y directo.

Supo que era exactamente lo que quería cuando abrió los ojos hace veinte minutos y no pudo obligar a su cuerpo a hacer nada más que inhalar y llenarse por completo del aroma empalagoso de Jacaerys, frotándose como un maldito adolescente para dejar su marca allí. Cuando pudo comportarse y tomar asiento en la cama, centró sus sentidos en donde fuera que estuviera el omega, no espero realmente oír su voz suave y baja hablando con su cachorro de una película que había visto hace unos días.

En aquel momento comprendió lo que había extrañado su hijo.

Jacaerys se puso de pie con ligereza, moviéndose a su par para dejar un poco más de distancia entre ellos. —Tome asiento— pidió, sirviendo un plato con comida caliente para girarse y casi tirarlo ante la cercanía de Cregan, a apenas dos pasos de él. —Podríamos tener está conversación con el estómago lleno— aconsejó con la mirada fija por encima del hombro ancho del alfa que casi cubría toda su vista, sus manos temblando ante la distancia que continuó desapareciendo, entrecerró los ojos y suspiró temblorosamente mientras las manos ajenas le quitaban el plato con suavidad y lo dejaba detrás suyo.

Jace mordió su labio cuando sintió a Cregan apoyar la frente en su hombro, casi directamente sobre su piel descubierta por el suéter, maldito -bendito- suéter. Dejando caer sus hombros con suavidad mientras cerraba los ojos y dejaba de retener la respiración, inhalando profundo y temblando ante el hielo, el roble y las castañas que podía sentir entrando en su sistema, flashes de aquel único encuentro golpeándolo de tal manera en la que sus piernas parecieron ponerse débiles y por suerte tuvo manos grandes sosteniéndolo de las caderas, más cercanía, más piel caliente presionando.

—Lo único que necesito está en esta habitación— lo escuchó suspirar contra su cuello, y casi río, dudando por un segundo antes de poner ambas manos sobre los brazos que se movieron bajo su tacto.

—Yo… — y su celular sonando en algún lado de la sala de estar lo hizo abrir los ojos de golpe, bajando de la nube en la que las presencias ajenas solían llevarlo. Sus manos se apretaron apenas en la piel ajena y lo empujó. —Tengo que contestar— avisó, rodeándolo y caminando hacía donde dejó su móvil, no sin antes acariciar la mejilla de Rickon. —¿Sí? — preguntó, apoyándose contra la pared y mirando hacía la cocina a Cregan mirarlo con Rickon en brazos, ambos pares de ojos claros fijos en él.

¿Habló con Jacaerys Strong?

Jace frunció el ceño y mordió su uña. —Sí, ¿qué sucedió?— inquirió.

¿Es usted el responsable de Joffrey Strong?

—Es mi cachorro, ¿puede decirme qué está mal sin dar vueltas? — casi gruñó, sus ojos paseando por toda la estancia mientras buscaba un abrigo y se lo colocaba con dificultad porque no podía hacerlo y sostener el celular contra su hombro.

Veo de dónde ha sacado el carácter Joffrey. Hubo un enfrentamiento entre él y un compañero, están en enfermería, pero…

—En diez minutos estoy allí— y cortó, guardando el celular en un bolsillo mientras iba por su billetera sobre el escritorio que usaban de recibidor, no teniendo nada más que ruido blanco en su mente mientras se movía, ansioso porque Joffrey jamás comenzaría una pelea.

—¿Sucedió algo? — quiso saber Cregan, frunciendo el ceño mientras veía y olía a Jacaerys nervioso.

—Joff tuvo un problema que tengo que resolver ahora— contó, parpadeando hacía el alfa y el cachorro que lo veían a pocos pasos de distancia, de quienes se había olvidado momentáneamente en su apuro por llegar donde su hermano.

—Nosotros podemos llevarte— dijo, yendo a por sus abrigos y no esperando una respuesta del omega.

—No hace falta— murmuró bajo.

—Insistimos— cortó girando ya abrigado hacía Jace que los veía con una expresión suave. —Y también porque Rickon quiere tenerte cerca de su vista— admitió, tensando sus brazos cuando su cachorro amagó tirarse de nuevo hacía Jace que negó con una sonrisa, acercándose a ellos y por un momento sintió su corazón latir demasiado rápido contra su pecho ante la imagen hogareña y cálida que era ver al omega tomar en brazos a su hijo, dejarle un beso en la mejilla y mirarlo con aquel par de ojos cafés que le quitaban el sueño.



♧♧♧



Una vez dentro del establecimiento, Jacaerys caminó hacía dirección con una expresión tensa, sus brazos alrededor de Rickon que estaba apoyado contra su cadera y por más que debería querer hacer aquello él solo y no involucrar más a los Stark en su vida, no tenía fuerzas para dejar al bebé llorar, ya había intentado pasarlo a Cregan cuando entraron y simplemente se rindió después del segundo intento.

Oía las voces de los niños de distintas edades hacer eco en las paredes mientras caminaban, con la fuerte presencia de Cregan a su lado. Inhaló y sacudió la cabeza mientras golpeaba la puerta de la secretaría, asomando la cabeza cuando le dieron el visto bueno, entrando y sus ojos fueron de inmediato a la silueta sentada  en una silla de la esquina, Joffrey unió miradas con él y aunque pareció sorprendido de verlo con la compañía que llevó consigo, también se encogió avergonzado en su lugar.

—Buenas tardes, soy Jacaerys el padre de Joffrey— fue con lo que se dirigió a la secretaria que lo miraba con una expresión aburrida antes de que se pusiera lívida al dirigir los ojos a la presencia fuerte que sentía a su espalda.

—El director le espera, señor Strong— señaló la oficina con la voz sin aliento.

Jacaerys asintió y se giró, casi chocando con Cregan que contemplaba todo el lugar. —Ven— le dijo, tomándolo del borde del abrigo y tirando de él hacía Joffrey que lo miraba desde su lugar, moviendo los pies en el aire, se volvió hacía Cregan. —Siéntate y espera aquí— pidió, pasándole a Rickon que no se resistió tanto como había esperado, dio tres pasos y se agachó hacía Joff que mantenía la mirada abajo. —Hey— saludó en voz baja, haciendo un mohín cuando vio a Joffrey hacerlo. —Me gustaría saber qué fue lo que pasó—

—¿Estás enojado conmigo? — preguntó primero, en voz baja para que aquel alfa que entró con su hermano no lo escuchara. Apenas levantando la mirada para ver la expresión de su hermano no cambiar, mirándolo como siempre lo hacía: con amor.

—Por supuesto que no estoy enojado, solo quiero saber tu punto de vista antes de tener que hablar con el director— tranquilizó, acariciando el cabello de Joff y apoyándose correctamente sobre sus rodillas cuando su hermano tiró ambos brazos alrededor de sus hombros y se escondió en su cuello, tensando apenas su cuerpo antes de murmurar.

—Es que Ben me dijo algunas cosas que no me gustaron así que le dije que parará y no se detuvo— murmuró, relajándose ante las manos suaves dejando caricias en su espalda.

—¿Qué te dijo? — inquirió, palmeando dos veces la espalda de Joffrey para que se alejara y lo mirara.

—No quiero repetirlo, es feo— murmuró, mirando cualquier cosa menos a los ojos bonitos de su hermano.

—No voy a reprenderte por repetirlo, necesito que me lo digas para saber de qué tengo que cuidarte— dijo, acariciando la mejilla de su cachorro y sonriendo. —Anda, dime— pidió en voz baja.

—Comenzó diciendo que no tenía papá y yo le dije que si tengo, que eres , pero después me dijo que no se refería a eso, que quería decir que no tenía un papá alfa, entonces yo le dije que era feliz contigo porque tu si me amás no como a él que no lo quiere su familia, pero entonces se enojó— balbuceó todo, apretando sus manos en las de Jacy para que no lo suelte, lo vio respirar despacio y ruidoso y lo imitó.

—Está bien, ¿y qué hiciste para detenerlo? ¿buscaste a alguna maestra? — Jace vio como Joffrey desvió rápidamente su mirada luciendo avergonzado, un poco arrepentido y exhaló.

—Le dije que se detuviera y siguió diciéndome cosas feas de ti, ¿con qué sincara* ? Si eres una de las personas hermosas que conozco, el otro es Lulu, pero no le digas, entonces me enoje y puede que le haya pegado en lugar de buscar a alguna maestra, pero Ben no le hace caso a la señorita Lily, así que lo golpee fuerte en la nariz como me enseñó Lucerys— dijo, tomando de las mejillas a Jacy para que no se alejara después de su confesión, pasando por alto definitivamente que envió a Lucerys, ¿cómo decía él? ¿abajo de un auto? ¿puente?

—¿Qué Lucerys te enseñó qué? —jadeó frunciendo el ceño antes de negar e inclinarse a dejarle un beso en la frente al niño antes de pararse. —Voy a hablar con tú director, ahora vengo— dijo, revolviéndole el cabello y girando hacía la oficina donde inhalo profundo antes de golpear la puerta y esperar, relajando su expresión para no dejar ver nada y cuadrando los hombros.

—Adelante—



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Joffrey retorció sus manos entre sí, nervioso mientras esperaba con la mirada fija en la puerta hasta que escucho un pequeño ruidito a su lado y vio al cachorro del que su hermano había cuidado. Subió sus ojos hacía el padre del bebé que ya lo miraba con ojos de luna. —Soy Cregan— se presentó asintiendo a él y después mirando momentáneamente a su bebé. —Él es Rickon—

—Soy Joffrey, ¿qué hacías con mi hermano? — inquirió y Cregan alzó las cejas, entre confundido y divertido de escucharlos porque aquel niño tenía el aspecto y la edad para ser el hijo de Jacaerys, ambos se comportaban como tal, sin embargo, escuchó a ambos referirse como si no compartieran aquel vínculo aunque solo cuando creían que no había nadie prestando atención.

—Pasamos a saludar. Rickon no se sentía muy bien sin verlo— decidió decir, viendo al niño mirarlo con el ceño fruncido en clara desconfianza.

—No me gustas— murmuró en voz baja, no queriendo que nada de lo que fuera a decir llegara a oídos de Jacy. —Salió herido por tu culpa y después estuvo triste todo el tiempo—

Señaló y Cregan apretó los labios porque era cierto, así que bajo la mirada a lo que podía ver de su hijo y suspiró. —De verdad me gustaría dejarlos en paz, pero Rickon apenas comió cuando él se fue y estaba realmente enfermo hasta que vio a Jacaerys… no sé cómo hacerle entender que… — y se cortó porque no debería de estar hablando acerca de figuras paternas ausentes y apego frente a un niño que no parecía ser mayor de nueve años.

Suspiró de nuevo y contempló a Joffrey, el cabello castaño un poco más oscuro que el del omega y unos ojos azules oscuros que lo hicieron pensar. Pero a pesar de eso, podía ver cierta similitud en la nariz, e incluso en la boca y la forma en la que ahora lo miraba, como si estuviera a punto de preguntar “¿qué?” en tono brusco. Rickon se movió sobre sus piernas y aquello fue suficiente para que el niño bajara la mirada a él, sus ojos suavizándose instantáneamente, incluso pareció reprimir una sonrisita.

—No te culpo por encariñarte con mi Jacy, él es increíble, ¿cómo no hacerlo? — le preguntó al cachorro que le sonrió y estiró la mano hacía él.

Cregan parpadeó ante lo dicho, la implicación y las palabras usadas que sabía no iban dirigidas a él, pero de igual modo parecieron serlo.

—¿Puedo tocarlo? —

—Si— concedió dejando a Rickon en el asiento que los separaba para que pudiera interactuar tranquilamente. No pudiendo evitar pensar en el gran alfa que sería aquel niño cuando se presentara.



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Notes:

el sincara* de Joff significa "descaro"

¿con que "sincara"? = ¿con que "descaro"?

que tengan lindo fin de semana, cuídense y déjenme saber q les pareció todo porfa

Chapter 14: No hagas que me arrepienta

Notes:

ay mierda creo q no voy a poder cerrar todo en seis capitulos, pero bueno, voy a intentarlo, igualmente siento que van a quedar muchos cabos sueltos y aunque ahora estoy concentrada en otros fics en los q estoy trabajando (destiel) los voy a terminar así que esto o probablemente se extienda unos pocos capitulos más o haga una segunda parte, idk

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Chapter Text

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—Bien, ve a cambiarte y luego vuelve así te caliento el almuerzo— dijo en voz alta mientras pasaba después de Joffrey con Rickon en su cadera y Cregan a su espalda.

 

Eran apenas las una de la tarde pasada, Luke no regresaría hasta las cinco y veinte así que tenía un margen bastante grande para conversar con el alfa que estaba llenando las paredes de su casa con su aroma y ver qué era lo que realmente quería de él. Pero antes, se aseguró de que Joff comiera y le hablara de su corto día para después pedirle en voz bajita -no lo suficiente porque está seguro de que Cregan lo escuchó todavía- si podía jugar con Rickon en la sala de estar mientras ellos conversaban.

 

—Ve a buscar tus juguetes, recuerda que Rickon es pequeño así que elige con cuidado los que vayas a traer— advirtió, viendo al alfa acomodar una manta sobre la alfombra en la que procedió a dejar al cachorro que sonrió y balbuceo sílabas con su voz tan suave que lo hizo sonreír. —Yo estaba seguro de que se caerían bien, pero verlo es otra cosa— murmuró para sí mismo, la sonrisa en su boca tambaleándose al sentir a Cregan cerca. —No sé muy bien qué es lo que vienes a buscar— comenzó diciendo, tomando asiento en el sofá más cercano al cachorro.

 

—Yo… no sé cómo empezar correctamente esta conversación, ni siquiera sé si hay una forma “correcta” de hacerlo así que me disculpo de antemano si esto parece… —

 

—¿Vómito verdad ? — ofreció Joff entrando a la sala con los brazos a rebosar de osos de felpa y uno que otro juguete.

 

—Joffrey— retó apretando los labios, no queriendo reírse, pero pareciendo inevitable hacerlo. —Y se dice vómito verbal — corrigió, viendo al cachorro encogerse de hombros y arrodillarse cerca del bebé que se mostró contento.

 

—Es lo mismo si me puedes entender— respondió, mirándolos por un momento antes de meterse de lleno en un juego con el bebé bonito.

 

—Vamos a estar en la cocina, cualquier cosa nos llamas— dijo Jacaerys respirando y caminando hacía allí con el alfa a sus espaldas. —Siento las interrupciones— ofreció aunque realmente no lo sentía. Joffrey era parte de su vida y lo amaba con todo y sus interrupciones con palabras que no eran lo que quería decir. —A veces puedo pasar semanas sin un día tranquilo— se encogió de hombros.

 

—Es todo un personaje— admitió con una sonrisa, sentándose, mirando por un momento hacía ellos y volviendo su atención al omega porque se sentía seguro allí de una manera en la que no lo hacía en su propio hogar. —Bastante encantador. Lo haces genial— ofreció, mirando a Jacaerys que solo parecía tener ojos para los dos cachorros en la otra habitación. Vio como los ojos cafés brillaron y como la sonrisa en los labios ajenos se volvía más suave.

 

—Gracias— murmuró en cambio, volviendo sus ojos a las dos perlas contrarias. —Tú también lo haces genial— devolvió, porque comprendía el peso de criar solo un cachorro.

 

Jacaerys ya sabía hacía donde iba todo aquello, podía verlo en los ojos grandes del alfa sentado frente a él. En el sutil cambio de tensión que vio en los hombros ajenos cuando estaba en su presencia durante los primeros días, en las miradas cada vez más largas que le daba o como casi siempre intentaba tocarlo sin darse cuenta al parecer, como ahora que lo miraba con los labios separados, pensando y aun así sentía un pie presionar contra el suyo por debajo de la mesa. Sabía hacía donde quería llegar y aunque era bastante bueno evadiendo, también era bastante bueno reconociendo sus propios deseos.

 

Él también sentía atracción hacía el alfa, desde el primer momento en el que lo vio, pero estaba allí por trabajo y aunque le costaba hacerse el desentendido de la presencia fuerte que solía aumentar cada que estaba con Rickon paseando o hablando por la casa, la piel le hormigueaba cada que el alfa estaba a cinco metros de distancia. Lo sentía cuando estaba cerca, sus cambios y por eso se dio cuenta de la ligera tensión que adornaba las facciones del alfa al verlo interactuar con Davos y Aeron.

 

Jacaerys era bueno escondiendo las cosas, pero también era inteligente y podía ver cuando sus evasiones no lo iban a llevar a ningún lado, así que asintió y miró a Cregan a los ojos. —Bien, tengamos esa charla—

 

—Me gustaría cortejarte— soltó, viendo la expresión segura tambalearse hasta que dio paso a una de confusión.

 

—¿Qué? — soltó, porque sabía que era atractivo físicamente a ojos del alfa, sino no lo hubiera follado como lo hizo ni hecho la escena que le siguió el día después, pero cortejar era una tradición arcaica.

 

Estaba seguro que sus padres, sus verdaderos padres, lo hicieron, se cortejaron a espaldas de su abuelo y de toda la organización, pero al punto al que su cerebro quería llegar, era que lo hicieron porque se casaron en secreto y porque tenían otras creencias.

 

—Yo no creo que pueda ofrecerte lo que buscas, no una relación estable al menos— balbuceó, mirando a todos lados antes de apretar los ojos, inhalar profundo y abrirlos a medida que lo soltaba, no creía estar haciendo aquello.

 

—¿Por qué? — quiso saber, tenso en su sitió.

 

—Mira, tengo… — gruñó porque no sabía cómo decirlo sin exponerse demasiado. —Mis hermanos, son todo lo que tengo, la familia que elegí por sobre… responsabilidades pesadas. He velado por la seguridad de ellos desde que tengo memoria así que son mis cachorros y cuidarlos es lo único que me preocupa, meterme en una relación contigo solo va a hacer que sea el foco de tus enemigos y de los que ya me oculto , serán más contras que pros así que no puedo darte lo que quieres— susurró, viendo la comprensión inundar los ojos grises. Se obligó a calmarse porque lo que no necesitaba sumarle a toda esta situación era que Joffrey entrara por la cocina al olerlo nervioso.

 

—¿Ni aunque pueda ayudarte? — preguntó en voz baja, su mirada recorriendo las clavículas del omega que continuaban a la vista, de pronto la distancia que los separaba sintiéndose como una comezón incómoda en su cuerpo. —¿Ni aunque pueda cuidarte? — susurró ronco, golpeando los dedos sobre la mesa mientras veía al omega tensarse apenas, fruncir el ceño y morderse el labio rosado.

 

—¿Cómo lo hiciste la semana anterior? — inquirió sin malicia, solo duda en su tono y cuerpo, lamió su labio inferior al verlo tensarse y continuó con un tono más calmado. —He estado solo desde que tengo dieciséis años, puedo cuidarme solo. Estoy seguro que podría sobrevivir a cualquier cosa, Cregan, pero no podría vivir si alguien le hiciera algo a mis hermanos— negó, lamiendo sus labios. —Si evitar una relación contigo es algo que me asegura su bienestar no me significa un sacrificio— confesó, aunque sentía su corazón doler en su pecho ante el fugaz pensamiento de no volver a tener a este alfa ni al cachorro en su vida. —Menos cuando todo tú parece una montaña de problemas— admitió, parpadeando despacio mientras lo veía procesar toda la información.

 

—Déjame ayudarte—insistió, viendo la respuesta en la punta de la lengua del omega por lo que decidió decir. —Podemos… podemos ser lo que él otro necesita, solo, déjame conocerte, déjame verte, estar cerca de tí— susurró, bajando la mirada a sus dedos que tamborileaban contra la mesa, sus ojos desviándose hacía la piel dorada que estaba a unos pocos centímetros de la suya. —Me encantaría cortejarte— dijo en voz baja porque nunca había hecho aquello y que él omega por el que sentía devoción por primera vez en su vida lo mirara como si fuera un maldito raro no estaba ayudando a sus nervios. —Quiero… yo sé que sabes lo que soy , un cambiaformas quiero decir, nosotros… nosotros estamos, quiero decir, sabemos cuando… — se detuvo, cerrando los párpados y presionándolos para ver si así se acomodaban las palabras, lamiendo sus labios cuando la desesperación pareció aclararse ante un sentimiento.

 

Jacaerys mantenía su labio entre sus dientes mientras veía el claro desborde emocional de Cregan, curioso por saber que más iría a decir, pero temeroso por lo mismo. No espero realmente sentir aquel cambio sutil en el aire, aquella esencia que lo hacía sentir emocionado , contuvo el aliento en sus pulmones mientras veía a Cregan abrir los ojos y el gris suave que siempre estaba allí, esta vez era un tono plata que parecía tener las mismas estrellas brillantes atrapadas en aquel par de orbes. Ni siquiera necesitaba preguntarlo porque sabía que eran los mismos ojos de la bestia que lo encontró en aquella cueva en medio del bosque.

 

Cregan se inclinó hacía adelante, sabiendo que estaba mostrando sus dientes al ver el estremecimiento que el omega tuvo, humedeció sus labios y dijo, bajo y ronco porque sentía a su lobo picando su piel en busca del cambio. —Prometo que… —y tuvo que moverse, salir de su asiento y acercarse aunque terminó arrodillado frente a omega que se veía radiante y olía maravillosamente delicioso. —Prometo cuidarte como sé que lo harás por mí, solo… por favor— imploró, bajando su frente al muslo y respirando allí.

 

Se mordió el labio y se quedó quieto durante un segundo antes de que su cuerpo se moviera y tomará una decisión. Una mano se hundió en el largo cabello rubio y la otra se plantó temblorosa en la espalda ancha entre sus piernas, suspirando a la par que el alfa. —No hagas que me arrepienta de esto— rogó.

 

Y de hecho, no lo haría por un largo tiempo.



♧♧♧



—Llegué— gritó Lucerys, anunciando como siempre su llegada, la puerta golpeó contra el marco al cerrarse y parpadeó, congelado en su lugar al respirar dentro de su casa y sentir un aroma conocido que no tenía rostro en su cabeza.

 

Sus ojos fueron hacía la alfombra con la manta y los juguetes y se extrañó aún más porque Joffrey no solía jugar con ellos fuera de su cuarto, dejó su mochila y abrigo donde iban y levantó la mirada hacía la cocina que era donde sentía a sus hermanos, solo para trastabillar al ver a Joff frente a un Jacaerys que cargaba un bebé en su cadera, no pasó ni un segundo antes de que viera una sombra crecer detrás de su hermano solo para darse cuenta de que no era una sombra sino aquel alfa dueño de todo el Norte.

 

—Bueno, creo que me gustaría convocar una reunión en tu cuarto— dijo, asintiendo hacía el alfa y revolviendo el cabello de Joff cuando se acercó a medio camino hacía él solo para guiarlo al cuarto de Jace. —¿No se te ocurrió enviarme un mensaje? — reclamó con el ceño fruncido hacía Joff que encogió los hombros sin intenciones de defenderse.

 

—Estuve jugando con Rickon, es tan bonito y suave, no sabía que los bebés podían ser tan encantadores, Jim me cuenta de su hermanita, pero solo que llora y hace del número dos todo el tiempo— divagó, frotando su frente contra el estómago de Lucerys que solo acaricio su cabello, mientras caminaban incómodamente pegados hasta la cama.

 

—¿Cómo te fue en la escuela hoy? — preguntó tomando asiento mientras Joffrey apretaba sus dedos, nervioso. —¿Qué? —

 

—¿Recuerdas que me enseñaste a golpear? — preguntó, viendo a su hermano asentir. —¿Y qué no sabíamos si iba a funcionar? — otro asentimiento. Sonrió. —Bueno, funcionó— dijo, saliendo cuando sintió a Jacy cerca y yendo hacía donde estaba Cregan con un Rickon incómodo en brazos.

 

—¿Joff golpeó a alguien? — fue con lo primero que abordó a Jace que casi reprimió una sonrisa hasta que se dio cuenta que eran solo ellos dos y sonrió divertido, cerrando la puerta sin ponerle seguro y caminando hasta tomar asiento al lado suyo en la cama.

 

—Sí, me llamarón de la escuela hoy. Golpeó a un compañero que le dijo algunas cosas de nosotros. — contó, moviendo su mano para entrelazar los dedos con los de Luke en un intentó de buscar aquella sensación tranquila que lo envolvía desde el primer momento en que pusieron al omega menor en sus brazos cuando solo tenía cuatro años.

 

Lucerys apretó la mano suave de su hermano, manteniendo su mirada abajo mientras relajaba los hombros. —¿Qué hace él aquí? — inquirió en voz baja, acariciando con el pulgar el nudillo de Jace.

 

Jacaerys humedeció sus labios mientras ordenaba sus pensamientos, distrayéndose cuando sintió aquella sensación cálida que relaciono con las dos presencias fuertes que sentía al otro lado. —Rickon, ven aquí— escucharon del otro lado y vio a Luke mirar hacía la puerta que él ya estaba viendo, ambos guardando silencio mientras oían los pasos de Cregan acercarse, un segundo antes de ellos escuchó pequeños golpes en la puerta, demasiado abajo como para ser del alfa o de Joffrey.

 

—Espera— murmuró apretando la mano y levantándose a abrir la puerta, sonriendo y poniéndose en cuclillas ante el rostro bonito de Rickon mirándolo sentado. —Hey, hola de nuevo— susurró con voz aguda, sonriendo cuando vio al cachorro sonreír y gatear hacía él para pedirle que lo alzara. —Ven aquí— murmuró besando la mejilla. Se alzó en su altura con Rickon entre sus brazos y cuando levantó la mirada, Cregan ya estaba frente a él con Joffrey a su lado.

 

—Voy a mi cuarto a hacer tarea— dijo Joffrey antes de tocarle el brazo y pasar de largo a su cuarto, deteniéndose en el umbral de la puerta y mirando hacía donde ellos estaban, pasando de su rostro al del alfa a su lado que se sentía cálido. —Cuando te vayas, me gritas para así saludo a Ricky, ¿sí? — dijo señalando a Cregan con un dedo, vio de reojo al alfa asentir y luego su hermano desapareció.

 

—Creo que le caigo bien— murmuró volviendo su atención a Jacaerys que miraba a Rickon apoyado contra su cadera, sus ojos se desviaron hacía el otro omega en la habitación que lo veía desde la cama, serio. —Rickon, ven conmigo— habló mirando a su cachorro, que lo miró al mismo tiempo que Jacaerys y se apoyó contra el hombro, suspirando desde aquel lugar que pareció tomar como su favorito donde el aroma dulce a café y vainilla era fuerte, Cregan se encontró respirando profundo en un intento de dar con el whisky que sabía que estaba allí, suspirando cuando no lo consiguió.

 

Unos golpes en la puerta hicieron a todos tensarse. Cregan tanteó su pantalón en busca de un arma que no trajo consigo, mientras Jacaerys apretaba a Rickon contra su cuerpo y Lucerys detrás de él se ponía de pie y se acercaba a la mesita de noche de su hermano donde sabía que tenía con que defenderlos en caso de que fueran los rastreadores de nuevo porque nadie que conocían iba de sorpresa.

 

—¿Esperan a alguien? — preguntó en voz baja Cregan, mirando a los omegas y caminando con el cuerpo tenso hacía la puerta en lo que intentaba agudizar sus sentidos.

 

—Nunca— respondió Lucerys con voz neutra, dejándolos ir adelante mientras abría el segundo cajón de la mesa de noche de Jacaerys para sacar de debajo de los papeles el arma que guardaba su hermano allí, inhalando profundo mientras se fijaba que la recamara estuviera vacía para asegurarse de ponerle de nuevo el cargador y le quitaba el seguro. Caminó a paso silencioso, escondiendo el arma detrás de su espalda mientras salía y veía primero a su hermano con el bebé rubio que parecía un calco del alfa que tenía la mano sobre la perilla antes de abrirla y cubrir la pequeña rendija que dejó con su cuerpo.

 

Jacaerys sintió a Lucerys antes de que se pegara a su lado, y ni siquiera tuvo que mirarlo para saber lo que tenía, así que la tensión no abandonó su cuerpo, pero le acercó a Rickon en lo que tomaba el arma, sujetándola con ambas manos abajo mientras intentaba ver quién estaba frente a Cregan.

 

—Señor— dijo Medrick al otro lado, en voz baja, pero no lo suficiente como para no escucharlo. Jacaerys colocó el seguro del arma que en el silencio que reinaba en todo el lugar sonó demasiado ruidoso. Sintió la tensión en ambos alfas al oír el click, sus ojos conectando con los de Medrick que pareció fijarlo en su lugar con la mirada y por su mente pasó el fugaz pensamiento de que debería quitarle el seguro de nuevo.

 

—¿Y este quién es? — preguntó Lucerys, girando su atención a él y mirando a Jacaerys que lo miró con la expresión y el cuerpo más tranquilo.

 

—Hubo un problema en la empresa que lo requiere, señor— murmuró, mirando al omega que no le daba la espalda, el que estaba armado .

 

—Medrick es mi guardia— informó Cregan, mirando a Jacaerys que le murmuraba algo a su hermano. —Espera afuera, salgo en un momento— le dijo al alfa, quien asintió con la mirada fija en Jacaerys. Cerró la puerta y vio como el omega que brillaba a sus ojos le daba la espalda ahora, comunicándose con Lucerys en silencio, vio atentamente cómo cambiaron las cosas, lo vio tomar a Rickon y pasarle la glock , su mirada se cruzó con la del omega de cabello rizado y más oscuro, con los ojos verdes.

 

—Déjala donde estaba— susurró, usando la misma mano para acariciar la mejilla de Luke y sonreírle en lo que lo veía irse. —Ve y espérame— instó, empujándolo a modo de juego y relajándose al verlo poner los ojos en blanco e irse. Suspiró cuando la presencia de Cregan se sintió más cercana y ni siquiera tenía que verlo para saber que estaba cerca, lamió los labios y cerró los ojos, estremeciéndose cuando sintió la punta de la nariz ajena presionar la piel de su hombro descubierto.

 

—Me tengo que ir— susurró contra la piel, inhalando profundo y cerrando los ojos ante el whisky que logró sentir. Abrió los ojos y conectó la mirada con su cachorro que lo miraba con el ceño fruncido, casi como si no le gustara donde estaba. —Nos tenemos que ir cachorro— murmuró, sus labios rozando el hombro ajeno con cada palabra y se acercó, poniendo con algo de duda las manos en las caderas ajenas y pegándose a la espalda de Jacaerys que no se tensó, inhalando profundo de nuevo porque la distancia de sus cuerpo separados era como un dolor punzante en la parte de atrás de su cabeza que descubrió que se calmaba con la cercanía ajena. —No quiero—

 

Con los ojos cerrados suspiró, no sabiendo qué decir o hacer porque su mente estaba en conflicto con la tranquilidad que sentía su cuerpo. —No creo que él quiera irse— concedió en voz baja, sintiendo que sería un sacrilegio alzar la voz, moviendo su cabeza a un lado para ceder más espacio a la nariz y los labios que estaban contra su piel.

 

—No— concedió, apretando las caderas que tenía en las manos, moviendo su nariz hasta detrás de la oreja y bajando de nuevo por la piel tersa del cuello hasta el hombro. Dejando un último beso antes de obligar a su cuerpo a separarse del omega. —Cachorro, vamos— dijo, parándose frente a Jacaerys para poder sujetar bien a Rickon que lo miró por un segundo antes de envolver ambos brazos alrededor del cuello del omega y escondió el rostro lejos de su vista.

 

—Oh— dijo, palmeando la espalda suavemente mientras miraba a Cregan. —Quizás quieras esperar a que se duerma— pensó, viendo a Cregan mirarlo y pasar saliva. —Puedo cuidarlo mientras resuelves lo que sea que tengas que resolver— vio la duda reflejarse en los ojos grises y sonrió pequeño. —Davos puede quedarse si eso te hace sentir más seguro— concedió porque interpretó la duda como si fuera dirigida hacía él.

 

Frunció el ceño mientras pensaba en una situación en la que Davos se quedaría cerca de Jacaerys y tuvo que reprimir el estremecimiento incómodo que amagó con asaltarlo. —No dudo de que lo puedas cuidar, dudó en dejarlos— agregó para disipar la expresión que pintó las facciones de Jacaerys. —Pero no, está bien, Rickon tiene que volver conmigo, ya molestamos suficiente por hoy— habló, mirando a su hijo que se veía tan relajado y tranquilo contra el pecho del omega al que tenía que controlarse por no ponerle una mano encima.

 

—Rickon no me molesta— murmuró apoyando la mejilla contra la cabeza de Rickon. —Si se van ahora, solo va a llorar y ninguno quiere eso— continuó, liberando un brazo para sostener a Rickon y usar el otro para estirarse, con duda, hacía la manga de la camiseta que llevaba Cregan, apretando la tela entre el pulgar, índice y medio. —¿No quieres que lo cuide? —

 

Cregan suspiró, dejando caer los hombros y acercándose más a Jacaerys, reteniendo las ganas de unir sus frentes porque sabía que a pesar de cómo se sentía él, entendía que no era igual para el omega. —No quiero dejarlos— suspiró, manteniendo la mirada ajena y pasando saliva cuando vio las pupilas ajenas dilatarse apenas. —No quiero dejarte — admitió en voz baja, ronca, moviendo su mano para envolver sus dedos alrededor de la muñeca, allí donde sentía los latidos del corazón contrarió chocar contra la yema de sus falanges. —No quiero, pero acepto tu petición—

 

—¿Qué petición? — quiso saber, lamiendo sus labios.

 

—El de volver por Rickon, si no es molestia— se apuró a decir porque sentía sus pensamientos evaporarse ante la mirada en los ojos cafés que lo veían, con el rostro ligeramente inclinado hacía arriba porque era más bajo que él. —Tengo que resolver eso y no creo que pueda hacerlo con él en brazos, y llorando por ti, pero no siento que sea correcto venir aquí, dejarlo e irme a trabajar, no creo que sea justo— pensó, desviando por un momento sus ojos hacía el costado donde estaba el pasillo que llevaba al cuarto en el que el omega pelinegro estaría esperando a Jacaerys. —No creo que a él le agrade que haga esto y quiero… quiero caerles bien y siento que si este es un comienzo, es con el pie izquierdo— lo vio sonreír apenas y sintió un nudo en el estómago, apretando sus dedos en la piel tierna porque no podía hacer más sin pasarse y darle el control al anhelo que sentía como una pequeña llama.

 

—Tendría que ir a hablar con él y tantear las cosas— dijo desviando la mirada hacía el pasillo. Separó los labios para decirle algo, pero tres golpes en la puerta seguido de un “señor” lo hicieron sobresaltarse. —Deberías irte— murmuró acercándose a Cregan lo suficiente como para que Rickon estuviera apoyado contra su pecho también, inhalo profundo con los ojos cerrados y suspiró cuando sintió labios suaves posarse en su frente antes de que la punta de la nariz recorriera su mejilla hasta su cuello y pronto tuvo a dos Stark en su cuello.

 

—Si— concedió, soltando la muñeca para posar la palma abierta sobre la espalda baja y acercarlo más en lo que respiraba contra la dermis. —Me voy— dijo irguiéndose y mirando a Jacaerys, alzando la mano para ponerle el cabello detrás de la oreja y volcar su atención en Rickon que lo veía desde debajo del mentón de Jace con una expresión que él reconoció como molesta y no le costó sumar puntos para saber qué se debía a su propia cercanía con Jacaerys. —No creo tardar más que dos horas— comentó volviendo a los ojos preciosos que lo miraban, suspirando ante el asentimiento y acercándose a presionar su boca contra la ajena en lo que apenas se consideraría un beso, lamiéndose los labios mientras se alejaba de ellos.

 

Jace que quedó en su lugar hasta que la puerta se cerró detrás de Cregan y todo lo que pudo ver su fue su espalda cubierta por un abrigo y a Davos de perfil, suspiró y se giró hacía el pasillo, negando en lo que cambiaba de lado a Rickon que estaba particularmente silencioso, un claro aviso de que tenía sueño. —Vamos, serás mi escudo ante Luke— bromeó sonriendo en lo que se dirige a su cuarto.



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Notes:

estoy total y sinceramente bloqueada con como llevar las cosas entre el jacegan a el nivel romántico y aunque no m gusto mucho este capitulo, lo corregí hace unos días y ya se los doy antes de q termine el mes (los días pasan rapidisimos) y m olvide

diganme si q les parece objetivamente esto porfa, sepan q siempre leo sus comentarios (me encantan) y si no los respondo es porque no se hacerlo sin spoilear

anyways, q tengan lindo fin de semana, tomen agua, descansen y pasenla lindo les tkm

Chapter 15: Dispuesto a perderte

Notes:

ptm, como m costo, perdonen la tardanza, espero q les gustee

nota larga al final :p

(See the end of the chapter for more notes.)

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♧♧♧ 

 

—¿Qué te llevó tanto tiempo? — inquirió levantando la mirada y apretando los labios al ver otro par de ojos acompañando a los de su hermano, estos de un color gris. 

 

—Quiero decirte algo— murmuró mientras caminaba hacia la cama, se subía y se acomodaba contra la cabecera de la cama con Rickon sentado en el hueco que formaban sus piernas cruzadas. —Más bien arreglar algo que te dije hace un tiempo— centro su mirada en la coronilla de Rickon y acarició con suavidad el cabello lacio porque no quería ver a Lucerys a los ojos. 

 

—Quieres decir que vas a decirme la verdad de una mentira que me contaste anteriormente— señaló tranquilo. —Por que ya sabía que no conseguiste supresores para tu celo, Jace, sé que estuviste con un alfa y sabes que no es eso lo que me molesta— movió su mano apartando el tema del camino, manteniendo la mirada de su hermano a pesar de la mueca que adornó la boca ajena. —Ni siquiera sé si molesto es el sentimiento que tengo ahora, solo sé que llegue a la conclusión de que el alfa con el que estuviste tiene que ser Stark, o no estaría todo su olor por tus sábanas y en ti— apretó los labios. 

 

—Rickon se enfermó— anunció, viendo a Lucerys suspirar y levantarse del borde de la cama, caminando hasta la cómoda para apoyarse allí y cruzar los brazos. 

 
—¿Te hizo responsable de ello? — cuestionó frunciendo el ceño, clavando las uñas en sus brazos ante la expresión culpable que arrugó el rostro de Jace. —¿Y te hiciste responsable? ¿Por eso el niño está aquí? — interrumpió, apretando los labios al ver el ceño fruncido y la culpa desaparecer del rostro del omega. 

 

—¿Me dejas contarte o vas a seguir asumiendo cosas? — preguntó sin alzar la voz, fijando al joven omega en su lugar mientras Rickon decidía ponerse de pie para acurrucarse contra su cuello. Lucerys dejo caer los hombros luciendo rendido. —Me conoces— comenzó en voz baja, suavizando sus facciones. —Me he encariñado con él, no pude evitarlo, siento que… — pero Jacaerys apretó los labios, silenciando las palabras que querían escapar de su boca porque no abriría aquella puerta todavía, no cuando las cosas eran tan recientes. —No pude mantener el profesionalismo y como vez, él tampoco— sonrió, desviando la mirada hacía Rickon cuando sintió las manos pequeñas y suaves sujetarlo de las mejillas, clamando su atención 

 
Lucerys mantuvo la boca cerrada por un momento, no teniendo fuerzas para ver la imagen que Jacaerys estaba mostrando sin darse cuenta, con un cachorro ajeno entre los brazos, cubierto de pies a cabeza de su aroma como si fuera algo normal. 

 

—Fui el único omega en su casa, todo lo que él conoció durante cinco meses, Luke, y aunque no parezca mucho tiempo, para un cachorro es distinto, para él es distinto porque se enfermo cuando deje de ir— admitió, ignorando el movimiento brusco de la cabeza de Lucerys alzarse hacía él, que sonreía hacía la mirada somnolienta de Rickon, que apoyó la frente en sus labios, consiguiendo un beso antes de volver a su cuello donde murmuró bajito y permaneció allí. 

 

—Ay, no— susurró comprendiendo porque Jacaerys parecía bailar alrededor de un pozo. —¿Acaso te ve como…? — y se interrumpió, pasando saliva y parpadeando cuando el notable malestar de su hermano durante los días pasados cobraron sentido. —Se aferro a ti— soltó apenas en un hilo de voz, mordiéndose la mejilla interna cuando la sensación incomoda lo golpeó en el estómago. Levantó la mirada del suelo y vio a Jacaerys sostener al bebé con tanta devoción que le apretó el corazón. 

 

—No quiso irse con su padre y si vinieron en primer lugar fue porque dejo de comer y levantó fiebre— explicó, esforzándose por no mostrarse tan nervioso como se sentía frente al pequeño cachorro que posaba contra su pecho entre sus brazos y Lucerys. 

 

—¿Y ahora qué? — inquirió en voz baja. Aunque sabía muy bien hacía dónde iba todo aquello, debió de sospecharlo desde el principio, porque la persona que estaba frente a sus ojos no era solo su hermano hablando, era el omega que había pasado años en silencio. 

 

—¿Siéndote sincero? — preguntó, abriendo la boca para decir, pero guardando silencio porque sintió el momento exacto en el que Rickon cedió al sueño contra su piel, con las manos pequeñas aferradas a su ropa de una0 manera en la que su corazón se sentía más en calma que los días anteriores. —No tengo idea, pero no me siento capaz de solo alejarme de nuevo— humedeció sus labios ante la inseguridad que brillo en el verde musgo de los ojos de su hermano pequeño y sonrió, no porque lo sintiera o quisiera, sino porque le fue imposible reprimir aquel recuerdo muscular para calmar a su cachorro. 

 

Lucerys agradeció el silencio que le siguió a aquella confesión y lo mantuvo mientras se mordía la lengua porque no podía gritarle a su hermano, no se sentía él mismo como para hacerlo y sentía que reaccionar de una manera brusca solo los lastimaría a ambos. —Bueno, esta bien— soltó, parpadeando hacía su hermano y moviéndose para salir del cuarto, yendo hacía el suyo con las manos apretadas en puños para que no temblaran como lo hacia su respiración. 

 

Jacaerys abrió los ojos y lo más suave que pudo recostó a Rickon en el centro de su cama, rodeándolo de sus almohadas para asegurarse de que no fuera a despertarse por el momento. —Luke— llamó en voz baja, cerrando su puerta y yendo a la de su hermano que la había dejado abierta, al asomarse al umbral lo vio de pie frente a su armario. —¿Eso es todo? — preguntó porque no era propio de Lucerys no hablar. 

 

—Ya tomaste la decisión de continuar viéndolos, no sé que quieres que diga— murmuró parpadeando frente a su ropa, sintiendo la presencia reconfortante de Jace en la habitación, pero no cerca. Apretó los labios y tomó solo una mochila para tomar algunas prendas cómodas. 

 

—Lucerys— intentó ronco, dando unos pasos más cerca e inspirando el ron de arándanos, ácido por las emociones que su hermano intentaba suprimir. 

 

—Si después de que te dispararon en sus tierras, planeas volver, dime, ¿acaso hay algo que pueda hacer o decir para hacerte cambiar de decisión? — preguntó, dejando caer las cosas al suelo para mirar fijamente al omega en busca de algo. Cerró los ojos cuando todo lo que pudo encontrar fue determinación, paso saliva y asintió muy en contra de lo que su omega interior le gritaba. —No la hay, así que no voy a decirte más nada, no por ahora— susurró, volteándose e inclinándose a tomar de nuevo sus cosas para cerrarla e ir a su mesa de luz en busca de su cargador y su celular. —No debería sorprenderme en absoluto— murmuró para sí mismo. 

 

—¿Qué no debería sorprenderte? — casi gruñó, cruzándose de brazos y viendo a Luke moverse por todo el cuarto, recogiendo pequeñas cosas que metía en una mochila. Apretó los labios cuando lo vio suspirar, detenerse y girar todo su cuerpo para mirarlo con una expresión abierta que le robo el aliento. 

 
Lucerys levantó la mano y lo señaló. —Que así eres tú— dijo en voz baja, algo en lo profundo de su ser removiéndose como una serpiente. —Demasiado bueno para… para todo, Jace— suspiró, negando y frotándose los ojos con fuerza porque no quería llorar, no iba a llorar por ello. —Siempre has sido así, una especie de mártir que vela por todos sin importarle su seguridad, lo haces desde que nací y sospecho que esta es la primera cosa egoísta que es solo para ti, y es bueno— jadeó, porque necesitaba que entendiera que aunque se sentía traicionado, enojado, asustado y triste, todo lo que necesitaba era tiempo. —Es bueno, no creas que no quiero que seas feliz, es por eso que necesito espacio y por lo que no quiero hablar contigo en este momento— avisó, obligando a su cuerpo a respirar porque no necesitaba un ataque de pánico en aquel momento. 

 

—Si crees que está bien la decisión que tome, ¿por qué no hablas conmigo? — preguntó entre dientes, respirando por la boca porque las emociones de su hermano lo estaban abrumando y se volteó a cerrar la puerta por instinto, para que sus aromas no salieran de estas paredes y llegaran a los cachorros que descansaban en las habitaciones contiguas. 

 

—¿Ya le dijiste quienes somos? — devolvió en lugar de responder, viendo a Jacaerys tensarse contra la madera antes de girarse a él con la expresión arrugada. 

 

—Él sabe que quiero mantener un perfil bajo en la relación— comentó con un nudo en la garganta, cruzándose de brazos porque no podía evitar sentirse a la defensiva ante el tema de conversación. 

 

—No te pregunté eso, Jace— negó con un tono cansado, dejando caer los hombros. —No llegó a donde está porque sea un idiota confiado— señaló con una mano hacía la pared a su izquierda donde estaba la habitación de Jacaerys. Más específicamente el cachorro del alfa en cuestión. —¿Crees que no investiga hasta que comen las personas que van a su hogar? Stark ya debe saber que la información sobre los tres Strong que consiguió es demasiado nula para ser legal— vociferó, inspirando con fuerza por la nariz para regular su voz. —Te pregunté si él sabe que somos parte de la familia Targaryen y que escapaste con nosotros hace seis años por la disputa familiar que casi nos cuesta la vida— jadeó, cruzándose de brazos y sacudiéndose con fuerza el familiar terror helado que solía recorrerle las venas siempre que hablaba del origen de su sangre. 

 

—No quiero pelear— logró sacar de su dolorida garganta, su mirada desviándose hacía el suelo. 

 

—Jace— llamó, negando despacio cuando sus miradas se unieron. —Te dije exactamente lo mismo hace un momento— contestó. —Querías que hablara y ahora me quieres callar— sonrió irónico mientras negaba despacio. —Eres mi hermano mayor, mi mejor amigo y hasta mi padre en cierto punto, eres toda la familia, aparte de Joff que me queda y te amo tanto que no estoy dispuesto a perderte— confesó con voz ahogada debido a la obstrucción en su garganta. 

Jacaerys dejo caer los brazos a sus costados, lamiendo sus labios y liberando la tensión de sus hombros mientras daba un paso más cerca de su hermano porque la necesidad de consolarlo le hacía arder la piel. —No lo harás, Lu— prometió rendido. 

 
Lucerys apretó con fuerza los labios y lo miro por largo segundos, forzando dolorosamente a sus músculos a quedarse donde estaba e ignorar el ansia por hundirse debajo del mentón de su hermano y calmarse con el whisky de café. No haciéndolo porque sabría que sentiría otros aromas además del de su hermano. —Lo haremos si vuelves a ese lugar— apuntó y se mordió con fuerza la lengua porque sabía lo injusto que estaba siendo, pero sabía que si no lo soltaba ahora no iba a tener el valor de hacerlo cuando se calmara. —Sé que si no te matan sus enemigos, lo van a hacer los nuestros cuando nos encuentren y no es algo que pueda aceptar con tranquilidad sentado en mi maldita cama— 

 

Valonqar— intentó Jacaerys, acercándose un paso e intentando que no doliera mucho ver a Lucerys retroceder y negar con tanta fuerza que varios rizos se posaron en sus ojos antes de que los quitara con rapidez. 

 

—Estoy tranquilo— quiso gruñir, porque aquel tonó y aquella palabra solo aparecían cuando estaban demasiado felices o demasiado tensos. —Tan tranquilo como puedo estar sabiendo que hace menos de una semana te dispararon porque querían a su hijo— recordó, aprovechando el shock de Jace para rodearlo y salir de su cuarto hacía la sala de estar. 

 

La angustiosa mezcla de los arándanos agrios y el ron ácido fue lo que lo saco de su estupefacción, se movió rápidamente y siguió a Lucerys a la salida, donde lo vio calzándose las zapatillas y tomar su mochila del suelo después de abrigarse. —¿A dónde vas? — interrogó asustado. 

 

—Voy a pasar la noche en lo de Oscar— 

 

—Lucerys— intentó con desesperación. No sabía en que momento todo se le había ido de las manos tan rápido, solo sabía que no podría dejarlo irse solo y enojado. 

 

—Por favor— pidió de espaldas a él, temblando en los hombros de una manera en la que le encogió el corazón. —Por favor no me trates como si estuviera siendo exagerado por lo que acabo de decirte, sabes que serías el primero en cuestionar mis decisiones si estuviera en tu posición—espetó y sonó tan cansado que rompió su corazón. —Oscar esta esperándome abajo, solo… vuelvo en unos días cuando me haya calmado, dile a Joff que lo llamaré mañana— lo escuchó murmurar antes de abrir la puerta, detenerse al ver a Davos en la esquina y cerrar la puerta detrás suyo. 

 

Jacaerys se encogió ante el frío que envolvió su corazón ante la ausencia de su cachorro, apretó los labios y se abrazó antes de comenzar a caminar despacio hacía el cuarto de Joffrey, golpeando ligeramente la puerta en caso de que estuviera durmiendo, pero la voz baja de su hermano lo hizo empujar la madera y asomarse, intentando sonreír al verlo asomado por el fuerte que le había convencido de hacer con sabanas que estaba en la esquina de su cuarto. 

 

—Hey— soltó, entrando cuando vio a Joff meterse en su cueva. —¿Todo bien? — preguntó acercándose, cayendo con suavidad sobre sus rodillas para inclinarse y poder verlo, parpadeando a verlo en un nido. —Oh— soltó sorprendido. —Es un nido— señaló como un idiota y sonrió al ver a Joff mirarlo como si pensara lo mismo. 

 

—Si— respondió bajito, encogiéndose más entre las prendas que olían a sus hermanos cuando estaban felices. 

 

—¿Cuando…? ¿Por qué? — balbuceó, sentándose para poder tener más cómodamente aquella conversación. —¿Quién te ayudo a hacerlo? — inquirió en voz baja, su corazón encogiéndose de amor por el cachorro. 

 

—Lulú me ayudo a hacerlo cuando le dije que… — apretó los labios, mirando a su hermano mayor a los ojos antes de cerrar los suyos. —Cuando le dije que te extrañaba los otros días— 

 

Jacaerys paso saliva con fuerza, apretando sus manos en puños mientras miraba al cachorro que había criado desde que era un bebé y que ahora se acurrucaba en un nido. —Lo siento por eso— suplicó queriendo acercarse, pero sabiendo por experiencia propia que no podría meterse sin invitación. —Estaba triste y sé que no es excusa para no estar contigo o con Luke, pero no era yo mismo— explicó sonriendo cuando Joffrey abrió los ojos para verlo, aunque sonreír era lo último que quisiera hacer. 

 

—Yo sé— murmuró y se escondió debajo de las mantas porque Jacy había dejado de oler triste cuando fue a buscarlo y no tenía que ser grande para saber que se debía a las presencias nuevas que lo acompañaban, porque horas antes al pasar por la puerta de su habitación el olor feo del café lo hizo sentir triste. —Yo sé— repitió. 

 

Jacaerys sintió su corazón encogerse en su pecho porque sabía que había sido descuidado con su pequeña familia, pero escucharlo era un golpe más fuerte y todo en lo que podía pensar era en si estaba haciendo lo correcto al dejar entrar nuevas personas en sus vidas, "No solo a la tuya" le dijo su voz interior y parpadeó despacio, irguiéndose mientras la realización de las decisiones que planeaba tomar lo golpeaba. 

 

Demasiado tarde. 

 

Justo a tiempo. 

 

—Lo siento de todas formas— continuó, humedeciendo sus labios porque creía correcto contarle lo que había aceptado, era Joff después de todo, quizás saliera un poco mejor que con Luke. —Quiero decirte algo— probó, inclinando la cabeza hacía un lado, esperando que saliera de donde estaba, pero haciendo una mueca cuando los segundos pasaron y no lo hizo. —Joff— llamó, obteniendo solo un murmulló. —De verdad quiero decirte algo— pidió bajito, con aquella voz que usaba para hacerle saber que quería verlo a la cara, reprimió una sonrisa al oírlo quejarse en voz baja antes de verlo sentarse en donde estaba, con los brazos cruzados y un mohín en la boca. 

 

—¿Qué? — gruñó, mirando sus manos, reacio a verlo a la cara porque él ya sabía que era lo que Jacaerys iría a decirle. Lo sentía en él, lo olio en su hermano cuando regreso del trabajo hace una semana, lo olía ahora en todo él y era por eso que no lo dejo entrar a su lugar seguro. Aunque el alfa y el bebé rubio no le cayeran mal, sus aromas no le causaban la calidez en su pecho como el aroma de sus hermanos, y Jace olía a ellos. 

 

—Lo sabes— comprendió con sorpresa, viendo a Joffrey gruñir y refunfuñar en voz baja, todavía sin mirarlo al rostro. Bueno, quizás iría igual de mal que con Luke, pensó—Cregan… él me ha pedido permiso para cortejarme— comenzó diciendo suavemente. —¿Sabes que lo es cortejar? — 

 

—Si sé— refunfuñó mirándolo con el ceño fruncido porque él sabía eso. 

 

—¿Sí? — parpadeó curioso por saber la versión y de donde había sacado el significado. 

 

—Sí— asintió, exhalando por la nariz y arrugándola ante el frío y verde que sintió mezclado con el aroma calentito de su hermano. —Es cuando un alfa quiere que un omega sea su pareja para siempre y tenga a sus cachorros— dice despacio. 

 

—Oh, si, ¿quien te lo dijo? — quiso saber, acercándose un poco más sin irrumpir cuando los ojos grandes, azules y oscuros de Joff lo miraron por el movimiento. 

 

—Amm— pensó, mirando sus dedos. —No sé si pueda decírtelo— 

 

—Joffrey— murmuró, esforzándose por mantener la repentina ansiedad de que su hermano pequeño le estuviera guardando un secreto a alguien. —Sabes que los secretos no son algo bueno— intentó recordarle a su cachorro. 

 

—Lo sé— frunció el ceño. —Sé que los secretos son malos si lastiman a alguien o a uno mismo, pero este no es malo— 

 

—Déjame juzgar eso a mí, ¿sí? — se inclinó, sonriendo suave e intentando no pensar en nada hasta que Joffrey le dijera quien le había pedido guardar un secreto. 

 

Joffrey arrugo la nariz, pensando en si lo estaba traicionando o podría contarlo y pedirle a Jacy que no le dijera nada a Luke. —Oscar— dijo, viendo a su hermano abrir los ojos sorprendido. —Fue un día que fueron a buscarme juntos a la escuela con Lulú— alzo sus hombros, saliendo de debajo de las mantas y gateando hasta estar cerca de Jacaerys, sentado en la entrada de su lugar seguro. —Luke fue a comprarnos helado y Oscar me dijo que lo quería cortejar, le dije que no sabía que era eso y me lo explicó, así que le dije que lo hiciera porque a Luke le gusta mucho aunque no se anima— terminó, suspirando largo mientras buscaba los ojos de Jacy para decirle, no pasando por alto la expresión de sorpresa que escondió rápido. 

 

—Oh—soltó, alzando la mirada al techo durante un segundo porque el hilo de la conversación se le escapo después de aquello. —Bueno, no creo que sea un secreto entre ellos— decidió decir después de darse cuenta de que Joffrey continuaba mirándolo a la espera de una respuesta verbal. 

 

—Por las dudas no lo menciones hasta que Lu no te lo diga— pidió abriendo grande sus ojos y uniendo sus manos mientras se inclinaba hacía Jacy. 

 

—De acuerdo— accedió sonriendo y estirando una mano para moverle el cabello, terminando en una caricia por su mejilla. —Sabes que te amo, ¿verdad? — preguntó en voz baja. 

 

—Lo sé— repitió ahogado, apresurándose a abrazarlo porque los ojos brillosos de Jacaerys lo hicieron sentir triste. —Yo también te amo— susurró contra la piel de su hombro. 

 

Jacaerys paso saliva y lo apretó más contra su pecho, relajándose al mismo tiempo que Joff cuando lo sintió inhalar en su piel, moviéndose de tal manera que termino sentado sobre sus muslos, envolviéndolo con las piernas y los brazos. 

 

—¿Qué? — murmuró contra su cuello, sintiendo la tristeza en todo su hermano. 

 

—Acepte— lamió sus labios y acaricio la espalda de arriba abajo, esforzándose por controlar su aroma y no sabría que sería tan jodidamente complicado una vez dejara de tomar las pastillas, estaba fuera de práctica con manipular o mantener a raya sus emociones, pero se estaba esforzando para no saturar demasiado el joven olfato de Joff. —Acepte el cortejo de Cregan— 

 

♧♧♧ 

 

Un golpe suave en la puerta lo hizo levantar la mirada de la gota de vino que resbalaba del borde, dudando durante cinco segundos antes de levantarse y acortar los pasos hacía donde sentía a Cregan detrás. —Hey— dijo, sonriendo suavemente, totalmente cansado por las conversaciones que tuvo durante la tarde. 

 

—Hey— suspiró Cregan, cerrando la puerta a sus espaldas y siguiendo al omega que se dejo caer en el sofá con cansancio, los ojos ligeramente vidriosos, hinchados y rojos. —Me llevó más tiempo de lo planeado, pero pude resolverlo— comentó en voz baja, acercándose hasta tomar asiento a su lado. 

 

—Eso es algo bueno— murmuró distraído, subiendo las piernas al sillón y acomodándose contra el respaldo para que su cuerpo quede hacía el alfa en un intentó de no verse tan desinteresado por la falta de atención que no podía darle. 

 

—Pase por alto que tenía que organizar unas cosas para recibir a unos socios el mes que viene— explicó fijando sus ojos en la silueta encogida del omega, sus pensamientos yendo hacía el aroma triste que lo hacía sentir incómodo porque no estaba haciendo nada para hacerle saber y sentir a su omega que lo que sea que le estuviera molestando él podría encargarse. —¿Estás bien? — preguntó, moviendo su cuerpo más cerca de Jacaerys y liberando su aroma en un intento de calmar las emociones que hicieron brillar los ojos cafés del omega. 

 

Jacaerys lo miró y relajo sus hombros, suspirando mientras negaba y se debatía mentalmente si hablar. —No sé muy bien como hacer esto— decidió abordar, mordisqueando su labio antes de liberarlo porque no quería hacerlo costumbre. 

 
—¿Hacer qué? — quiso saber, interesado en lo que sea que estuviera rondando la mente del omega. Inclinó la cabeza hacía un lado mientras apoyaba un codo contra el borde del respaldo de tal manera en la que podía hundir sus dedos en el cabello castaño oscuro y acariciar los rizos con suavidad. Contuvo el aliento al verlo cerrar los ojos y apoyarse en su palma, respirando profundo de tal manera en la que sabía que estaba llenándose de sus aromas mezclados, lo vio moverse más cerca y casi se atragantó con su propia saliva al verlo pasar una pierna por sobre las suyas, manteniendo la otra contra su costado e inclinándose a apoyar la frente contra su hombro. 

 

Cregan era un alfa cambia forma, heredero de su clan desde que abrió los ojos y líder desde hacía dos años por lo que era bueno -demasiado- controlando sus impulsos, debía serlo para estar donde estaba y para tratar con las personas con las que tenía que lidiar, por eso fue casi una sorpresa que su mano se moviera hacía el muslo sobre sus piernas y apretara la carne allí antes de relajar sus dedos y acariciar suave, suspirando temblorosamente mientras sentía a Jacaerys temblar contra su hombro. Su otro brazo envolvió los hombros del omega y ambos se relajaron ante la cercanía así que Cregan apoyó su frente contra la coronilla y respiró allí, inhalando profundamente al café que se suavizaba con la vainilla ante la calma que sentía, las pequeñas notas de whisky y apenas una pizca del vino que estuvo tomando antes de que él llegara, la mezcla en los olores haciéndolo comprender qué era lo que el omega no sabía. —Yo tampoco sé cómo hacerlo— concedió bajo porque solo eran ellos dos allí, acurrucados contra el otro. —Fui comprometido a la madre de Rickon desde antes de nacer, así que tampoco tengo mucha idea de que hacer ahora— admitió, acariciando el hombro con sus dedos y llenándose los pulmones del aroma a hogar. 

 
—Entonces solo nos queda descubrir lo que queremos a nuestro propio ritmo— murmuró inclinando su rostro hacía arriba y más tarde culparía al alcohol en su sangre de aquello, pero ahora no podía importarle menos como se sintiera su yo sobrio porque la piel que rozaron sus labios lo hizo suspirar y reírse ante el estremecimiento que sintió por parte del alfa. 

 

—Mmh— asintió Cregan porque no creía que su voz fuera lo suficientemente estable al tener al omega contra la piel de su cuello. 

 

Jacaerys separó sus labios al sentir la mano en su muslo moverse hacía arriba con lentitud, conteniendo el aliento cuando los dedos apretaron su cadera y tiraron de él más cerca. —En resumen, ambos tenemos un escaso conocimiento en cuanto a relaciones— comenzó sin aliento, esperando el siguiente movimiento con los parpados abajo, pero la mano se tensó en su cadera y no hizo nada mas que acariciarlo con el pulgar. —Quizás sea algo bueno— murmuró, animándose a dejar un beso suave en la vena que palpitaba contra sus labios. —Sin personas por las cuales ponernos celosos o cosas así— bromeó alejándose un poco cuando se sintió demasiado mareado por el roble y las castañas quemadas que le hicieron lamerse los labios en un movimiento inconsciente por saborear el aroma ajeno. 

 
 
—Mmh— murmuró de nuevo, entrecerrando los ojos porque la cercanía, el aroma, el calor, la carne bajo sus manos era aliciente suficiente para ceder al impulso de tomar lo que anhelaba. —No creo que sea suficiente— se le escapó entre dientes, en voz baja y ronca, paseando su vista por las cejas sobre el par de ojos cafés brillantes, que lo miraban con pupilas dilatadas. Los labios rosados entreabiertos que exhalaban aliento cálido y Cregan no pudo evitar apretar su mano en el costado antes de subirla para acariciar la mandíbula con el pulgar y continuar subiendo para terminar tocando con la yema de los dedos el lóbulo de la oreja y terminar su recorrido metiendo un mechón de cabello oscuro detrás de la misma. 

—¿Qué? — inquirió, moviéndose más cerca -aunque ya no había espacio que separara sus cuerpos- en un intento de poder escuchar lo que fuera a decir. 

 

Cregan sonrió de lado, siguiendo el movimiento de su mano, que se envolvió alrededor de la nuca justo debajo de los rizos en donde la piel se sentía caliente contra su mano, en busca de distracción visual mientras decidía decir lo siguiente. —Eso me pone un poco más nervioso que de costumbre a tu alrededor— apretó los labios en un intento de ocultar la suya al ver una sonrisa crecer en el rostro de Jacaerys. —No te burles— gruñó mostrando los colmillos. 

 

—Oh vamos— soltó riendo despacio. —Eres el señor de Invernalia, soberano de todo el Norte, no puedo creer que te pongas nervioso en mi presencia— provocó, aferrando su mano a la ropa del frente del alfa, negándose a mirarlo. 

 

—No miento— se apuró a decir, cerrando los ojos y sonriendo, porque la sonrisa preciosa en el rostro ajeno era contagiosa. —A veces me resulta un poco increíble haberte conocido, eres como un sueño— susurró con las comisuras doliendo mientras rozaba la nariz en la piel perfumada de las mejillas contrarias. —Jamás me hubiera atrevido a hablarte si no hubiera sido por Rickon— confesó apretando los labios cuando sintió la calidez ajena distanciarse un poco. 

 

—¿Qué? — 

 

—No puedes culparme— se defendió mirando a Jacaerys a los ojos. —Parecía que era el único sintiéndose de esta manera— susurró acariciando el brazo en descenso hasta la mano que se aferraba a su ropa, envolviendo sus dedos alrededor de la muñeca para poder sentir el pulso. 

 

—Tampoco puedes juzgarme— farfulló empujando al alfa. —Iba a hacer mi trabajo, que era cuidar de Rickon, no creí correcto hacer notar mi interés en ti— bromeó desviando la mirada hacía el pasillo donde sentía a Joffrey y a Rickon dormir. —Tampoco era algo apropiado para hacer— continuó con el ceño fruncido ante la visión de sí mismo intentando lanzarse al único alfa que brillaba por su inalcanzabilidad. Sacudió la cabeza intentando apartar el escalofrío que lo recorrió al pensarse en aquella situación donde claramente se veía desesperado. 

 

—Tienes razón— estuvo de acuerdo, suspirando. —No estoy seguro de que hubieras despertado en mí ganas de tener una relación de no ser por la dedicación y amor que mostraste por mi cachorro— confesó en voz baja, dudando un segundo antes de decidirse a acariciar con el pulgar el borde de la glándula de apareamiento que hizo a Jacaerys respirar entrecortado. 

 

—¿Quieres decirme que no te hubieras sentido atraído hacía mí si no hacía bien mi trabajo? — preguntó jadeante, removiéndose en su lugar. 

 

—Quiero decir que, probablemente, no hubiera querido una relación contigo si no hubieras aceptado a mi cachorro primero— aclaró, hundiendo su mano libre en la mata de cabello y rascando el cuero cabelludo mientras su otra mano acariciaba toda la piel que alcanzara, marcándose a sí mismo y al omega ante la acción. —Pero eres encantador, así que no dudo de la atracción que siento por ti— continua, inhalando profundo para exhalar despacio, repitiendo la acción porque quería llenarse por completo de la mezcla maravillosa que hacían sus aromas unidos más los de sus cachorros que se adherían al omega. —Intente suprimirla el primer día, pero ya ves que no tuve mucho éxito—dijo en un murmulló y después de eso ambos mantuvieron el silencio, solo respirando en el otro, relajados en la tranquilidad que los rodeaba hasta que su reloj interno lo hizo abrir los ojos y muy a su pesar exhaló antes de decir. —Debería retirarme— musitó, levantando su rostro del hombro del omega para verlo. —Antes de que Rickon se despierte y se niegue a dejarte de nuevo— explicó en voz baja, viendo a Jacaerys asentir antes de que ambos comenzaran a desenredarse con lentitud. 

 

—De acuerdo— asintió antes de levantarse, mareándose por el movimiento repentino y perdiendo el equilibrio hacía adelante, chocando contra el cuerpo de Cregan. —Vamos— susurró, pero ninguno hizo amago de alejarse. Jacaerys cerró los ojos y colocó su frente contra las clavículas del alfa, respirando allí durante unos segundos antes de forzar a su cuerpo a alejarse un paso. —Vamos— repitió tomando de la mano a Cregan para llevarlo hacía su cuarto, intentando no pensar en nada mientras caminaban. 

 

Al entrar, Rickon dormía plácidamente rodeado de almohadas, ambos se quedaron un momento allí solo mirándolo antes de que Cregan se moviera hacia adelante y él fuera hacía su armario a buscar una camiseta de pijama. Volvió hacía ellos con la prenda en la mano y mordió su labio al alfa con el cachorro en sus brazos contra su pecho, que lucia más pequeño contra su pecho, tal imagen le plantó un nudo en la garganta y lo hizo acercarse para apoyar la frente en la espalda de Rickon, respirando su aroma suave a leche y talco. 

 

Cregan tragó el nudo en su garganta y vio a Jacaerys alejarse y ofrecerle una camiseta que olía fuertemente a él, sonriéndole mientras lo tomaba del brazo y comenzaba a dirigir el camino hacía la salida. Lo siguió hasta que se detuvo cerca del recibidor y se giro a ellos de nuevo, dudando un momento antes de acercársele de nuevo a ellos, colocando suavemente la palma en la cabeza de Rickon e inclinándose sobre él para frotar la mejilla en la de su cachorro y marcarlo con su aroma y Cregan no creía que era un alfa básico hasta que vio al hombre joven que quería como su omega marcar a su cachorro y despertar aquel cosquilleo en su vientre bajo que reprimió con fuerzas al ver al omega alejarse con los ojos fijos en él y los labios entreabiertos. 

 

—Para que no se despierte— aclaró con la voz ronca, no quitando su mano de la cabeza del bebé mientras mantenía la mirada del alfa que olía picante. —Debería dormir toda la noche— murmuró, dejando caer los hombros tensos ante la expresión agradecida del alfa. —La camiseta debería ser suficiente en caso de que no lo haga— susurró, colocándola entre Rickon y Cregan antes de dar un paso hacía atrás. 

 

—Gracias— fue lo que susurró, queriendo decir más, pero no pudiendo porque todo lo que había en su mente era el pensamiento de lo mucho que quería a aquel omega para sí. 

 

Caminaron hacía la puerta que Jacaerys abrió y salieron pesadamente porque ninguno de los dos quería separarse. Cregan le hizo una seña a Davos que esperaba al final de las escaleras y se volteó al omega cuando lo vio desaparecer, humedeciendo sus labios al ver los ojos brillosos de Jacaerys, chasqueó la lengua y sostuvo a Rickon con un brazo mientras liberaba el otro para alzar su mano y acercar al omega por la nuca, chocando sus bocas en un beso que fue solo una presión de labios, no más porque no creía que tendría fuerzas suficientes para alejarse de ser así, juntando sus frentes cuando separo sus bocas y gimiendo bajo al sentir la mejilla ajena frotarse con la suya en un movimiento instintivo para marcarlo, sus dedos en la nuca ajena se apretaron apenas y tuvo que mantener a raya las ganas de comerle la boca, alejándose antes de que pudiera hacer otra cosa que lo tendría allí en el frío. 

 

—Hasta pronto— susurró Cregan, acariciando sus narices un segundo antes de alejarse del omega que se envolvió con los brazos y mordió su labio con fuerza, tuvo que girarse y obligar a cada músculo a moverse e irse porque debía volver a su casa donde lo recibió una Sarah con muchas preguntas y lo siguió hasta su cuarto. 

 

Sarah se largo después de que accedió a hablar con ella durante el desayuno y él pudo acomodar a Rickon en el centro de su cama, dejándolo allí mientras se cambiaba de ropa y tomaba lugar al lado de su cachorro, no pudiendo evitar el reflejo de hundir el rostro la camiseta que olía a café y vainilla con aquella pizca de whisky dulce, dulce. Inhaló profundo y cerró los ojos, abrazando a su cachorro contra su pecho, relajando su cuerpo y descansando por primera vez en años. 

 

♧♧♧ 

 

Notes:

háganme saber q les parece, la vdd estuve en conflicto pq m sentí muy bloqueada con este fic al punto de q pensé en dejarlo asi x un tiempo, pero para nuestra suerte (mía tmb pq soy chusma) quiero saber como se desenlaza todo entre Cregan y Jace, Rickon, los pequeños Strong, Sarah y los demas personajes secundarios que aparecieron y van a aparecer así q tengo ideas para lo q sigue en la historia, peeero va a costar acomodarlas todas, asi q siento decirles q seguro suba un capítulo al mes (pq lamentablemente tengo q existir en el mundo real en contra mía) quizás si todo encaja y fluye naturalmente, suba 2 al mes

sin mas, disculpen la diatriba, espero q tengan linda semana, se m cuidan🫶🫶🫶

Chapter 16: Nuestro linaje

Notes:

cap corto q acabo de terminar de escribir, espero q les guste (háganme saber)

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

♧♧♧ 

 

La charla con Luke sucedió tres días después, se cruzaron cuando él y Joff volvían de la escuela, en la escalera para subir a su casa. Jacaerys se detuvo al principio de estas, mientras Lucerys lo veía al final, no dejando de mirarse hasta que Joff soltó un grito agudo y subió corriendo las escaleras en su encuentro. 

 

Jace sonrió y negó, colgándose la mochila al hombro y siguiéndolos escaleras arriba donde al llegar los vio en el sofá. Cerró la puerta y se apoyó en ella, mirando a sus pequeños hermanos, alzando las cejas al ver la ropa holgada de Luke que obviamente no era la suya. 

 

—Lulu— escuchó a Joff jadear, apretándole las manos con una sonrisa enorme en el rostro que hizo a Jace sentirse un poco mejor. —Pensé que no revolverías más— acusó, con el rostro fruncido e indiferente a Lucerys frotando su rostro por el de él. En una notoria demostración de que lo había extrañado. 

 

—Se dice “regresarías” — corrigió Lucerys con voz dulce, acariciándole el cabello. —Y los extrañe— dijo acariciando la espalda de Joff mientras alzaba la mirada hacia él, que los veía con la usual ternura, luciendo relajado y tranquilo ahora que estaban los tres. 

 

—Nosotros también te extrañamos— murmuró dejando la mochila en el mueble, no acercándose a ellos porque se veían bien juntos. —Voy a empezar a cocinar, hoy cenamos lasaña— avisó, dando media vuelta y caminando hacía la cocina, escuchando a Joffrey hablar con entusiasmo y resumirle todo el fin de semana en unos pocos minutos. 

 

No paso mucho tiempo antes de que ambos entraran al cuarto, empujándose por tomar asiento en la mesa y mirarlo. 

 

—Me niego— dijo Luke cruzado de brazos. —Dile que no— pidió con las cejas fruncidas. 

 

—¿Decirle que no a qué? — quiso saber, dejando la fuente donde pondría la lasaña, curioso por saber a qué se referían y porque era que se habían peleado si los había dejado solo por treinta minutos. 

 

—Le estaba diciendo a Luke que pueden tener otro como yo así tengo con quien jugar cuando ustedes dos peleen— soltó con una seguridad y firmeza inusual que hizo a Jace alzar las cejas y parpadear un par de veces antes de procesar la petición. 

 

—No funciona así, taoba issa, no es tan fácil como lo dices— decidió decir, negando despacio y relajándose porque se había preparado durante años para que Joffrey comenzara a curiosear con respecto a todo, aunque no esperaba que fuera tan directo. 

 

—¿Entonces cómo? — inquirió, cruzándose de brazos y arrugando el rostro. 

 

—Yo no quiero hijos todavía— espetó Lucerys con una mueca de horror que intentó relajar al mirar a Jace. —Soy demasiado joven y bello para eso— agregó divertido, echándose contra el respaldo de la silla. 

 

—¿Por qué no? — se quejó Joffrey, girando su cuerpo hacía él para mirarlo fijamente, quejándose más cuando todo lo que obtuvo fue a Luke negar con énfasis al punto de desordenarse el cabello de una manera que lo hizo sonreír pequeñito. —Yo te ayudo a cuidarlo, le voy a dar de comer, voy a jugar con él y nos podemos bañar juntos— enumeró, alzando los dedos de una mano. —Aparte Oscar me dijo que quiere tener cachorros, se va a poner triste si no quieres— contó recto en su lugar, jadeando al pensar en dicho alfa que aparentemente se había hecho su amigo. 

 

—¿Qué? — balbuceó Lucerys, abriendo grande los ojos, congelado solo por unos segundos antes de fruncir el ceño y gruñir. —Voy a matarlo por decirte algo así— saltó de su asiento y desapareció. 

 

Jace miró a Joffrey, a quien parecían salírsele los ojos de sus cuencas, quieto antes de gritar. —¡Ah! ¡Luke, no le digas que te dije! — salió de la cocina moviendo las manos, alterado y Jacaerys no pudo contener la risa que broto de su garganta. 

 

La sonrisa haciéndole doler el rostro y no recordaba cuando fue la última vez que se rio de verdad. Negando se levantó y continuó cocinando, ignorando la pequeña voz al fondo de su mente que le recordaba el hecho de que Joff jamás podría ser tío si de él dependiera y suspiró, centrándose en hacer la cena, sonriendo al oírlos discutir a la distancia. 

 

♧♧♧ 

 

Durante la cena, el único ruido fue el de los cubiertos contra los platos, Luke y Joff jadearon al tener la primera probada y lo alagaron durante unos minutos antes de meterse de lleno en el plato. Cuando terminaron, lo sacaron de la cocina para que los dejara limpiar y ordenar todo mientras él se aseaba. 

 

Dejarse caer dentro de la tina con agua caliente lo hizo suspirar y cerrar los ojos por un momento, sintiendo como todos sus músculos se relajaban al mismo tiempo y su calma fue tanta que cuando escuchó su celular sonar a su lado se sobresaltó y se hundió, tragando agua en su desesperación, tosiendo con fuerza en un intento de sacar el agua de sus pulmones. 

 

Tres golpes en la puerta lo sacaron de su lucha. 

 

—¿Sí? — dijo ronco. 

 

—¿Estás bien? — 

 

—Si, si— se apresuró a decir, oyendo el “okis” de Joff seguido de sus pasos. Sus ojos fueron hacía su celular que había dejado de sonar y estiró una mano, secándola antes de tomarlo y ver el nombre de Cregan en pantalla. 

 

Paso saliva y dudo por solo unos segundos antes de aceptar la videollamada, asegurándose de que el marco de la cámara enfocara solo de sus clavículas para arriba.  

 

Lo primero que lo recibió fue el llanto estridente de Rickon que lo inundó de preocupación, lo segundo fue el rostro de Cregan con expresión desesperada que se suavizo al verlo antes de parpadear dos veces y mirarlo, lo tercero y último fue el silencio abrupto de Rickon cuando lo vio en pantalla, no pudo evitar sonreír. 

 

—Hey, ¿cómo están? — inquirió con la usual suavidad y dulzura que teñía su voz al hablar con niños. Sonrió aún más al ver como la pantalla se movía para enfocar los ojos de Rickon. 

 

Vamos cachorro, no puede verte bien si lo sostienes tú— escuchó a Cregan decir. —Hola Jacaerys— saludó un instante antes de tomar nuevamente el celular y enfocarlos a ambos. —Siento molestarte tan tarde, es solo que Rickon ha estado molesto toda la tarde y cuando cayó el sol comenzó a llorar, creí que podía deberse a tu ausencia— explicó y pese a que se veían a través del móvil, Jace no pudo evitar removerse ante la intensidad en el par de ojos grises del alfa, recordando que se encontraba en el baño. 

 

Lamió sus labios. —Aparentemente así es— señaló encogiendo un hombro antes de mirar a Rickon y suavizar su mirada. —Hola cachorro— dijo moviendo una mano que goteó agua. —¿Quizás podamos vernos mañana? — quiso saber, volviendo su atención a Cregan. —Estoy libre entre las diez y las cuatro— 

 

De acuerdo, gracias— asintió, bajando su rostro al bebé que se acurrucó contra su hombro y lo miraba con el dedo pulgar entre los labios, mordisqueándolos con más calma que cuando comenzó la llamada. —Siento haber interrumpido tu baño, no sabía que más hacer 

 

—No te preocupes, de todos modos no tengo nada que no conozcas— afirmó, mordiéndose el labio al darse cuenta de sus palabras. —De todos modos no estaba durmiendo, así que está bien, Rickon ya está calmado y vas a poder dormir, es una tregua que te concederá hasta mañana— apuntó divertido. 

 

Gracias, Jacaerys— murmuró bajo. —Me voy a comunicar contigo mañana, para fijar el horario y el lugar— avisó, asintiendo una vez más antes de que la pantalla le mostrara solo a Rickon con los ojos hinchados y rojos, la boquita en un puchero y expresión somnolienta. 

 

—Nos vemos mañana, bonito, descansa— dijo, sacudiendo la mano a modo de saludo antes de que la llamada terminara y un suspiró escapara de su boca. 

 

Se puso de pie y se cubrió con su bata, destapando la bañera y saliendo. Lavarse los dientes le tomó menos minutos que siempre, al salir y mirar a la sala de estar, las luces apagadas le avisaron que los otros estarían en sus respectivos cuartos así que fue al suyo y se vistió rápido, saliendo y yendo a donde Joff para darle el beso de buenas noches, solo que al llegar a la puerta entreabierta se detuvo con la mano alzada al oír a Luke dentro. 

 

Esperó el tiempo suficiente hasta que los escuchó pelear de nuevo antes de avisar su presencia con dos golpes en la madera antes de empujarla y ver ambos ojos mirarlo desde el nido. 

 

—Es momento de dormir— soltó entrando y caminando hasta ellos que salían del nido, Joff con un libro debajo del brazo. —Vine a darte tu beso— 

 

—Okis— dijo alegre, dejando el libro en el estante antes de saltar a la cama y cubrirse con las mantas. Jacaerys se inclinó a acomodarle las frazadas y dejo un beso en la frente de Joff que cerró los ojos y suspiró. 

 

—Que sueñes cosas bonitas— susurró inclinado, haciéndose a un lado para dejar a Luke despedirse y salió del cuarto, apoyándose contra la pared y esperando tranquilo a que el omega saliera del cuarto. 

 

—Lo amo, pero me dan ganas de estirarle el cabello a veces— confesó en voz baja, cruzándose de brazos, recostado contra la madera a su espalda. 

 

—No seas tan duro con él— murmuró con las comisuras arriba. 

 

—¿Con cuál de los dos? — preguntó, encogiéndose cuando su voz, su pregunta sonó demasiado dura e hizo a Jace mirar a otro lado y dejar caer la sonrisa. 

 

—¿Con ambos? — devolvió metiendo las manos en el bolsillo de su buzo. —Me gustaría que hablemos de lo que paso— añadió, intentando no sentir nada al ver al joven omega tensarse. 

 

—Sí, supongo que sí— aseguró, cruzándose de brazos por un segundo antes de oír la voz de Oscar decirle que su lenguaje corporal no se notaba abierto a la conversación y dejarlos caer a sus costados. 

 

—Sé que te hice pasar un mal rato la semana pasada y me disculpo por haberte hecho sentir así, no va a volver a suceder— comenzó en voz baja, entrelazando sus dedos frente a su vientre y apretándolos en un intento de regular el nerviosismo y malestar que le causaba que estuvieran mal. 

 

—No lo sabes— señaló demasiado duro, humedeciendo sus labios y alzando las manos frente a él para detener a Jacaerys de decir porque necesitaba explicarse. —Mira, no estoy intentando ser… no quiero discutir contigo, pero no tenes la certeza— retomó, suspirando. —Solo… estoy preocupado porque ni siquiera… solo pasaron un celo juntos y alejarte de él te hizo… te hizo estar en cama una maldita semana y mierda, sé que no está en tus manos controlar como te sientes, lo entiendo, ¿sabes? Pero quiero decirte que no soy como tú, no soy lo suficientemente fuerte como para cuidarlos a ambos sin sentir que me derrumbo también y sé que sueno malditamente egoísta, pero tú eres… eres todo lo que tengo, ¿sí? Lo que tenemos y no puedo… no… — 

 

—Hey tranquilo, respira— susurró acercándose y colocando ambas manos sobre los hombros de Luke, viéndolo cerrar los ojos e inhalando por la nariz, sostener el aire unos segundos antes de exhalarlo temblorosamente y aunque podría pensar que era solo una reacción provocada por lo que paso hace unos días, también sabía que se debía a algo más antiguo que obligó a vivir a su hermano cuando eran jóvenes. 

 

Jacaerys tragó intentando que la obstrucción de su garganta no le molestara al hablar y dijo. 

 

—Siento que la única relación que tuve te haya marcado tanto— soltó con tono tranquilo, acariciando con sus pulgares la zona tierna de los hombros del joven omega que se relajó en su tacto y se inclinó hacía él, negando despacio contra su hombro. 

 

—No digas eso, no es así, solo no me gustan los alfas, no suelen ser personas en las que confiar y… no lo conozco, ¿sí? No confío en él y no solo porque sea alfa, sino porque… porque está en el mismo rango que nuestra familia— susurró con los ojos cerrados, respirando en la ropa de su hermano y relajándose en contra de su voluntad ante la nueva mezcla de aromas que sintió en él. 

 

—Nos estamos conociendo y sabes que no lo dejaría entrar a mi vida si no me generara confianza— señaló tranquilo, palmeando la espalda de Lucerys porque reconocía el miedo que no estaba expresando en voz alta. 

 

Pero ambos sabían que aquello no era cierto porque Jacaerys lo tenía impregnado en él, en su ropa, en su piel. 

 

Lucerys no podía solo respirar el aroma de su hermano mayor sin sentir al alfa en él y fue aquello lo que lo hizo alejarse un poco, mirándolo a los ojos y buscando miedo o cualquier otra emoción a la que pudiera aferrarse para evitar que el vínculo que tenían creciera, pero todo lo que pudo ver fue preocupación resaltar los ojos cafés de su hermano mayor, preocupación por él no por sí mismo ni por el alfa en cuestión, así que le tocó pasar saliva y asentir, muy renuente. 

 

—Bien— saco entre dientes, viendo las cejas de Jace alzarse en una pregunta que ni siquiera tuvo que hacer en voz alta porque se conocían. —Esto no es mi apoyo ciego, pero si dices que confías en él, está bien— concluyó, alejándose otro paso y relajando los hombros. —Si vas a continuar con esto, adelante, pero deberías decírselo— opinó pasando una mano por su rostro. 

 

—¿Decirle qué? — frunció el ceño, inclinando apenas su cabeza hacía un lado. 

 

Lucerys arrugó las cejas y lo miró, captando de inmediato la mentira porque Jacaerys sabía claramente a que se refería. —Sabes lo que quise decir— lo señalo, entrecerrando los ojos. —Sobre nuestro linaje— 

 

Y Jacaerys sabía que sí, que debería hacerlo antes de que lo suyo con Cregan fuera más serio, pero parecía una nimiedad comparada a todas las otras cosas que venía postergando desde hace años. Así que muy a su pesar tuvo que asentir, sabiendo que con aquel simple movimiento firmo un tipo de contrato con Lucerys que tendría que cumplir. 

 

—Bien— murmuró. 

 

—Bien— secundó, mirándolo durante un momento antes de asentir una última vez e irse. 

 

♧♧♧ 

Notes:

falta cada vez más poco para terminar este fic, seguro lo termine antes de año nuevo, si no lo termino les debo algo, ¿va?

Chapter 17: Bases sólidas

Notes:

Bueno, si no m tienen en fb, seguramente no saben que anoche recupere la computadora donde escribo así que por eso les subo capítulo ahora, tmb que ya tengo las ideas, y el capítulo 18 terminado, pero como lo escribí en papel, tengo que pasarlo palabra por palabra a la computadora y ahí recién subirlo, quizás lo suelte hoy tmb, pero no prometo nada porque las cosas en casa estás bastantes movidas, sin molestarles más con esta nota, les dejo el capítulo

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

♧♧♧ 

 

Ni siquiera había terminado el día cuando Jacaerys cayó en cuenta de lo que había prometido. 

 

Cerró los ojos con fuerza mientras se removía entre sus sábanas, totalmente  agotado  y, sin embargo, el sueño se escapaba de él. 

 

Necesitaba tiempo. 

 

Por amor a Dios, tenía que abrir aquella puerta donde había encerrado todo lo referente a su familia porque  necesitaba  decírselo a Cregan, era algo que tenía presente desde el momento en el que ayudó a ser cortado por el alfa. 

 

Pero una cosa era pensarlo y otra hacerlo, porque, aunque  quisiera  hacerlo, al ponerle seguro a aquella puerta también encerró sus sentimientos, el  dolor , la esperanza y cualquier cosa que tuviera que ver con los Targaryen. No estaba seguro de si Lucerys había indagado en internet desde que lograron asentarse en el Norte, por su parte, la última vez que había sabido algo de sus padres, sus tíos u otros familiares fue hace seis años, cuando su abuelo cayó malherido y Alicent comenzó a conspirar a espaldas de su madre. 

 

Apretó los ojos con fuerza y ​​​​se estremeció ante la hostilidad de la omega mayor para con él y Luke, al principio a espaldas de todos, solo cuando estaban entrenando, jugando y estudiando, y luego sin importarle nada porque era la  reina , nadie podría tocarla, ni siquiera  Rhaenyra . Su madre a quien amaba con todo su corazón y en quien había confiado hasta que comprendió que no iría en contra de los deseos de su padre y carajo que lo entendía. 

 

Él había sido un buen hijo, obediente, educado, amable y dedicado, por eso fue un golpe  arrollador  cuando al repetir las palabras de la omega  verde  solo le dijo que  confiara

 

–¿En quién? — le había preguntado temeroso en voz baja, con la mirada fija en ella, inhalando el aroma que se hizo dulzón con el embarazo, respirando porque quería encontrar la seguridad en las feromonas de su madre que olían ligeramente al alfa  jurado  que posaba fuera de las habitaciones de su madre. Había inhalado profundo, encontrando un poco de  calma  hasta que ella habló. 

 

—En tu abuelo— soltó como si no fuera el  causante  del poder del que Alicent  abusaba , las palabras lo hicieron apretar los ojos porque, aunque no era un  niño , Jacaerys quería apretarse contra el cuello de su madre y yacer allí hasta que todo pasara. 

 

Hasta que su abuelo sanara y recuperará la cordura e hizo que Alicent dejara de esparcir discordia entre todos. 

 

—No creo que el abuelo sea de ayuda, mamá— había susurrado con los ojos abiertos y permaneciendo quieto para no perder las manos suaves que lo sostenía por las mejillas. —Las cosas… las cosas que dice de nosotros no es algo que lleve diciendo semanas, esto es de años. La presencia del abuelo jamás la ha detenido— insistió, aferrándose a las muñecas de su madre, necesitaba hacerla entrar en razón, necesitaba saber que ella creía en él porque de otra manera no sabría cómo seguir si al decirle lo que había escuchado a hurtadillas ella decidía dejarlo en manos de un hombre como era el padre de su madre.  

 

—Jacaerys— dijo con seriedad, aunque sus ojos seguían con aquella dulzura que solo iba dirigida a él o a Luke y con los que miraría al niño que estaba a una luna de nacer. —Sé que dejar las comodidades de Roca dragón está siendo más complicado de lo que preví, pero tienes que saber que no hay cosa que mi padre no haría por nosotros, por ti y tus hermanos— murmuró con voz tranquila, liberando una mano para acariciar su redondeado vientre. 

 

Y Jacaerys no pudo evitar jadear y alejarse porque su pecho dolió. 

 

Ella creía que estaba quejándose solo para volver a su hogar. La miró con el ceño fruncido y los labios apretados, tomándose un segundo para pensar en sus palabras porque lo último que quería era herirla. 

 

—No estoy haciendo esto porque quiera volver a mi hogar, esto se trata de esa mujer y de lo que va a hacernos si nos quedamos, ¿por qué no me entiendes? ¿por qué te es tan difícil entender que tu padre no puede ayudarnos cuando está en el estado en el que está? — pregunta, frustrado, alzando los brazos para abarcar todo

 

—Ya basta, Jacaerys— ordena, poniéndose de pie para poder mirarlo a los ojos. —No me hables de esa manera— señaló con un dedo, enojada y sorprendida por el tono que había usado. —Y para que sepas, las diferencias que tenía con Alicent quedaron en el pasado así que más te vale no revolver en ese estanque— finaliza con un tono ronco que lo hizo morderse la mejilla hasta que probó su propia sangre por primera vez. 

 

Y aunque Joffrey había nacido al poco tiempo y las cosas se calmaron, no debió bajar la guardia en absoluto. No debió confiar en la fe ciega que tenía su madre en su abuelo, ni en la mujer de este cuando después de que Joff naciera le ordenó a ella llevarlo a sus habitaciones para comprobar que tenía el mismo cabello oscuro que el del alfa que la cuidaba desde hace dos décadas. 

 

Jace recordaba haber seguido el camino de sangre que había dejado su madre, desde su habitación hasta la de la omega castaña con Lucerys aferrado con fuerza a la parte de atrás de su vestimenta. 

 

No debió relajarse cuando Alicent le pidió disculpas por como lo había tratado porque seis meses después de que naciera su cachorro, Viserys Targaryen falleció abruptamente en su lecho y desató una tormenta que lo había obligado a elegir entre el deber o su corazón

 

La decisión le había pesado con fuerza cuando al oír disparos cerca del pasillo que llevaba a su cuarto y al de Luke, tuvo que reunir los recursos que llevaba tiempo robando e ir por su hermano menor, aferrándose con fuerzas a la mano pequeña de Lucerys y yendo a la alcoba de su madre, donde su cuerpo se congeló al ver a Idris, uno de los guardias de confianza que volvió con ellos de Roca dragón, con los ojos abiertos y cubierto de su propia sangre. 

 

Jacaerys se estremeció al recordar vívidamente el olor a sangre, feromonas, miedo y horror en el aire. Pero pese al terror que helaba sus venas, el llanto agudo de Joff lo había instado a actuar. 

 

Se había vuelto hacía Luke que tenía los ojos desorbitados y vidriosos, inclinándose para poder susurrarle que cerrara los ojos, tirando de él hacía la puerta y Jace no recordaba haber tomado el arma de las manos de Idris, ni haber entrado y vaciado el cargador en el alfa enorme que se acercaba a la cuna de Joffrey. 

 

Recordaba haber parpadeando y sacudido ante el dolor horrible en sus oídos. Sus manos temblorosas habían soltado el arma y se había abalanzado hacia la cuna donde Joff estaba rojo, con los ojos cerrados y la boca abierta, gritando, pero ni aun así había logrado escucharlo por sobre el pitido que zumbaba en sus tímpanos. 

 

Lo había tomado en sus brazos con suavidad, agarrando el fular que gracias a la práctica había logrado envolver en un parpadeo a su alrededor. Una vez Joffrey estuvo seguro contra su pecho, Jace se dio la vuelta y se detuvo al ver al alfa, apretando los dientes e inclinándose a quitarle el arma antes de salir al pasillo y ver a Luke allí con las manos apretadas a las orejas y los ojos cerrados. 

 

Abrió la boca y lo llamo, pero ni siquiera podía oír su voz, aunque por suerte Luke se había puesto de pie en un parpadeo, pegándose a su costado al segundo. Salir del castillo había sido un trabajo fácil debido a sus exhaustivas noches de insomnio. Las puertas y pasadizos lo habían llevado hasta la oficina privada de su madre, aquella donde el cuadro de metro y medio daba a un pasadizo que lo dejaba en el bosque a las afueras de la mansión. 

 

Pero ni con todo eso logró evitar que los encontrarán, se había congelado cuando Luke tiró de él en dirección contraria al cuadro y apenas pasó un momento cuando al girarse a mirarlo sus ojos se posaron en la figura alta de Larys Strong que los veía con las cejas arriba y una expresión que lo hizo sentir entumecido desde el umbral de la puerta. 

 

—Qué maravillosos niños— había leído en sus labios cuando entro a la habitación cojeando, sacudiendo la mano con la que apuntaba hacía ellos. Jace sintió un nudo obstruir la garganta y tiró de Luke a sus espaldas, apretando la mano del niño y alzando la otra temblorosa a la espalda de Joff, donde había colocado el arma con seguro cerca. 

 

Más tarde, cuando viajaban en tren y sus oídos lograron registrar sonido, Luke le había susurrado que Larys dijo más cosas antes de que Harwin los encontrara y comenzara a luchar con su hermano

 

El rugido hueco en sus oídos lo mantenía congelado mientras veía a ambos hombres forcejear con un arma, y apenas fue consciente de que Luke gritaba, saliendo de su estupor cuando se sintió jalar en la dirección a su salida. Lo había seguido hasta allí, mirando una última vez hacía su padre, jadeando al unir miradas, ahogándose con su grito de horror al ver como Larys, su propio hermano le disparaba en el pecho, pero ni eso hizo que el contacto visual se rompiera, estaba demasiado conmocionado como para registrar que, con sus últimas fuerzas, el alfa le rompía el cuello al beta debajo de él. 

 

Lucerys lo había encaminado durante la media hora que le llevaba salir a las afueras de la mansión, el aire cálido de aquella noche sacándolo de su cabeza para poner a salvo a sus hermanos. 

 

Enterrando la mayoría de los sentimientos porque tenía que ser fuerte para Luke y Joff. 

 

Así que no le sorprendió mucho cuando al salir de los recuerdos borrosos sintió lágrimas tibias pasearse por sus mejillas, alzo las manos para limpiarlas y respiró profundo, moviendo a un lado las cosas porque necesitaba enumerar toda la mierda que tenía encima antes de siquiera pensar en confiarle su historia, sus recuerdos, parte de su identidad a Cregan. 

 

Muy a su pesar, las emociones fuertes lo drenaron de energía justo a tiempo para que el sueño lo atrapara y hundiera sus garras en él, sumiéndolo en sueños. 

 

Sueños que habían estado plagados de recuerdos que tranquilamente podrían pasar por pesadillas

 

A la mañana siguiente tuvo que levantarse después de dar vueltas durante un tiempo considerable, decidiendo que su día empezaría antes del de sus hermanos. El sol ni siquiera había salido aun cuando entro silenciosamente a la cocina para comenzar la mezcla para los wafles. 

 

Cuando Luke y Joff cruzaron por el umbral, la mesa estaba puesta con varias opciones de comida. En sus propias manos descansaba una taza de té caliente endulzado con miel. 

 

—Buenos días— saludó, sonriendo con facilidad cuando sintió a Joffrey colocar la frente en su hombro y frotarse allí, murmurando algo ininteligible contra su remera. —¿Qué? — le preguntó divertido, ignorando el ardor en sus ojos, el cansancio que pesaba sobre sus párpados y el agotamiento que sentía entumecerle los hombros.  

 

—Detesto las mañanas— se quejó en voz baja, acercándose la silla a su lado para seguido dejarse caer y apoyarse contra su costado en lo que alcanzaba un cuenco con cereales y le vertía la leche que estaba tibia.  —Ben me dijo que tiene un primo que va a la escuela por las tardes, ¿podría ir yo? — 

 

—Tu escuela es la única cerca— habla Jacaerys, bebiendo otro trago. 

 

—Aparte si vas a otra escuela, no veras más a Ben o a Richie, ni siquiera a Billy— señala Luke llevándose una tostada con mermelada para darle un mordisco, todo sin quitar la mirada de Joff que abre los ojos y jadea, perdiendo el sueño en segundos. 

 

—No quiero dejar de verlos, las clases ya son feas con ellos, seguro serán horrible sin ellos— reflexiona en voz alta. 

 

—Y no lo harás, así que tranquilo y termina de desayunar, los llevó yo hoy— aviso, poniéndose de pie una vez terminado su té y caminando para dejar la taza dentro del lavabo para lavarlo cuando regrese y mantenerse ocupado. 

 

Salió de la cocina y se dirigió a su cuarto, deteniéndose frente al espejo para observar su apariencia y prometiendo ducharse al regresar, mientras tanto, un gorro tendría que ser de ayuda para ocultar su cabello. 

 

Al regresar a la cocina no pudo contener su expresión de sorpresa al ver la mesa vacía, se giró y vio a Joff ponerse las zapatillas del uniforme con la mochila sobre el abrigo. Sus ojos se fijaron en el cabello normalmente ondulado ahora completamente lacio del niño y pasó sus dedos por las hebras al alcanzarlo. 

 

—¿Luke? — preguntó distraído, tomando las llaves y su billetera de la mesa recibidor. 

 

—Fue a su cuarto— soltó al unísono de los pasos del nombrado llegando a ellos. 

 

—¿Qué es lo que chismorrean de mí? — pregunta con una sonrisa en la boca que desmiente el tono de voz usado. —Hoy no creo que pueda pasar por Joff a la salida, Oscar y yo vamos a pasar a la biblioteca para empezar un trabajo— dice a la vez que salen y comienzan a bajar las escaleras. 

 

—De acuerdo— murmura, apretando ligeramente la mano del cachorro que yace entre la suya, guardada en su bolsillo. 

 

Al llegar al auto, suben y emprender su viaje, Jace duda durante la mitad de los veinte minutos que tardan en llegar a la escuela en si comentarles o no acerca de su… cita con Cregan. 

 

—Tengo una cita hoy— suelta antes de arrepentirse, no pudiendo evitar el espasmo que lo hace encogerse apenas, con las manos fuertemente aferradas al volante. No gira la cabeza para observar las reacciones de sus cachorros. 

 

—¿Qué es una cita? — pregunta Joff al mismo tiempo que Luke suelta. 

 

—Qué bueno, me alegro por ti— 

 

Y el silencio es más pesado aún porque las palabras de Luke no son sinceras y ambos lo saben. Para su tranquilidad, Lucerys se aclara la garganta y agrega. 

 

—De verdad creo que es algo bueno, podrán… conocerse más, así que… si— balbucea, lo suficiente como para relajarle los músculos. 

 

—Una cita es cuando quedas con alguien que te gusta para hablar y conocerse— le explica, encargándose de hacer contacto visual por el espejo retrovisor antes de girar su cabeza a Lucerys, quien está apoyado contra la puerta como si quisiera abrirla y saltar con el auto en movimiento. —Y gracias, estoy un poco nervioso porque bueno, es la primera cita a la que voy— dice, riéndose un poco. 

 

—Ay, amigo— murmura Luke, mirándolo con las cejas fruncidas. —Eso es tristísimo, pero lo bueno es que vas a tener una linda experiencia con… con alguien que quieres— suelta entre dientes, como si verdaderamente le costará decir cosas buenas acerca del alfa que lo está cortejando. 

 

—Gracias— susurra, asegurándose de sonar agradecido por las buenas intenciones de su hermano. Jace detiene el auto en el arcén y gira para mirar de forma correcta al omega.  —Acabas de recordarme que tengo que presentarlos correctamente, la última vez no fue… nuestro mejor momento— 

 

Luke gime con fuerza y se asegura la mochila al hombro, abriendo la puerta y saltando del auto antes de azotar la maldita puerta en su ida. 

 

—Bueno, campeón, sigamos— sonríe, haciendo unos cinco minutos hasta llegar a la de Joff y moviéndose entre los asientos para aceptar el beso en la mejilla antes de que el niño saltará y corriera hacia los pequeños cachorros que lo recibieron con gritos y abrazos como si no se hubieran visto el día anterior. 

 

El viaje de regreso fue una odisea entre centrar su atención en el camino y en sus pensamientos absorbentes que no le dejaban nada más que recuerdos de su infancia. 

 

Al subir las escaleras, una notificación lo hizo tomar el celular a la vez que abría la puerta, Jace parpadeo durante dos segundos antes de entrar corriendo en dirección al baño. El mensaje de Cregan le pedía estar en un lugar a las doce, así que tenía menos de tres horas para estar listo y necesitaba llegar diez minutos antes por lo que tendría menos tiempo así que con eso en la mente, se sumergió en la bañera. 

 

♧♧♧ 

 

Jace apretó sus dedos entre sí mientras caminaba con nerviosismo hacia las puertas del restaurante, deteniendo su caminar frente a la alfa que recibía a las personas. 

 

—Hola, yo… — pero no pudo decir más antes de que la alfa asintiera y lo interrumpiera. 

 

—Sígame, por favor— soltó apresurada, saliendo de detrás del mostrador de caoba oscura y guiándolo. 

 

Jacaerys inspiró y contuvo la respiración cuando sus ojos se fijaron en el lugar vacío, no tuvo que hacer muchas cuentas al ver la mesa al final del lugar, aquella que estaba pegada contra los grandes ventanales que daban a la parte trasera del restaurante en lugar de hacia la calle, sus ojos conectaron con los de Cregan, que yacía erguido en la silla y que se puso de pie al instante de verlo. 

 

Jace se mordió el labio inferior cuando el alfa imponente desvió la mirada hacia atrás por un segundo, mirando algo antes de volver su atención a él que se acercaba detrás de la mujer castaña que reverenció a ellos en silencio y se marchó inmediatamente. 

 

—Jacaerys— susurró anhelante cuando estuvo lo suficiente cerca para ser escuchado, acortando la distancia como para apenas estar separados, tomándole con suavidad la mano y llevándola a sus labios para depositarle un beso en el interior de la muñeca, allí donde había una glándula de aroma y la calidez del tacto lo hizo contener el aliento todo lo que duro el contacto, cuando lo soltó finalmente pudo ingresar aire a su cuerpo nuevamente para decir. 

 

—Cregan— de una manera similar a la del alfa que se relamió los labios manteniendo la mirada fija en su boca y continuó. 

 

—Por aquí— guio, moviéndose hacia la silla opuesta para separarla de la mesa y ofrecérsela. 

 

Jace se sintió flotar hasta la silla, captando por primera vez que era aquello que Cregan había estado mirado en un principio y su corazón se derritió al ver a Rickon vestido con un traje pequeño y más cómodo que el que tenía su padre, el pequeño bebé lo miraba con una sonrisa y los ojos brillantes en alegría y su omega lo instó a estirarse sobre la mesa para darle un beso en la mejilla suavecita antes de estirar una mano para que el cachorro la tomara con fuerzas. 

 

—Hola, precioso— saludó en voz bajita, levantando la mirada al alfa que tomaba asiento con una expresión extraña en el rostro. 

 

—Lo siento— dijo apenado. 

 

—¿Por qué? — quiso saber, apoyando el codo en la mesa, ignorando la voz femenina en si cabeza que le gritó que era de mala educación hacerlo, y apoyo su rostro en su mano, mirando a Cregan y a Rickon por igual. 

 

—Por traerlo— aclara encogiéndose de hombros antes de volver a su postura firme. —Sé que esto era solo para nosotros, para… conocernos más, pero comenzó a llorar cuando estaba por salir, así que no tuve fuerzas para dejarlo— explicó mirándolo a los ojos y el omega solo sonrió de aquella manera en la que intentaba apretar los labios para ocultar su sonrisa, pero no podía evitarlo y terminaba formando dos pequeños hoyuelos diminutos a los lados de su boca. 

 

—Por favor no te disculpes por esto— comenzó a decir, dejando de sostener su rostro para estirar la mano al alfa y posarla en su antebrazo, necesitando el contacto. —Demasiado tiempo sin verlo, comenzaba a extrañarlo— murmuró, desviando sus ojos al cachorro que abrió su mano y apoyo la mejilla en la palma grande, suspirando. —Estaba empezando a extrañarte— le dijo, acariciando con suavidad la sien de Rickon. —¿Cómo han estado? — preguntó para llenar el silencio que había, mirando el restaurante vacío. —¿Por qué no hay nadie? — 

 

—Hemos estado bien, recuperándonos— comenzó a decir, colocando su mano sobre la de Jacaerys porque también necesitaba el contacto con el omega. —Después de verte Rickon ha comenzado a comer sus comidas y duerme mejor cuando lo envuelvo en la prenda con tú aroma que cuando no— confesó, tomándose un momento porque estaba intentando que su cuerpo no reaccionará por ver al omega que quería reclamar como suyo, aquel que reconoció en alma carne hacer algo tan pequeño como morderse el labio. 

 

Jace por su parte tuvo que volver su atención a Rickon y no aguanto mucho la distancia que los separaba así que con suavidad liberó sus manos y movió un poco su silla hacía el cachorro que lo miraba atento, su omega se lo pidió y él lo necesitaba así que volvió a inclinarse con más facilidad hacia el bebé y dejo un beso en la frente, posando su nariz allí y respirando profundo con los ojos cerrados por unos segundos antes de pegar su mejilla a la de Rickon y frotarse apenas porque no olía como suyo

 

El movimiento de Cregan lo hizo abrir los ojos y mirarlo mover la silla más cerca también, con los ojos fijos en él de una manera en la que lo hizo bajar los párpados nuevamente porque la necesidad que sentía para con el alfa no era algo a lo que estaba acostumbrado y no quería ceder con facilidad, no porque creyera que fuera incorrecto o algo parecido, sino porque la única relación que tuvo fue porque cedió a los impulsos demasiado pronto y no quería que Cregan fuera algo que durara seis meses. 

 

Quería pertenecer y que le pertenezcan

 

Una caricia en su sien lo incentivo a mirar de nuevo y retuvo el aliento cuando Cregan, de pie, frotó su nariz contra la línea de su cabello, respirando en su piel su aroma, aquel que expulsó un poco más para cubrirlos y marcarlos, Jace se estremeció cuando la punta de la nariz se deslizo por su mejilla y fue hacia su oreja, bajando a su pulso y todo era demasiado

 

—Te quiero— susurró Cregan, dejando un beso en la piel que olía dulce, alejándose y lamiéndose los labios para recoger cualquier vestigio que quedara de la piel ajena en sus labios. Volvió a su silla y le mantuvo la mirada a Jacaerys, admirando las pequeñas pecas en las mejillas sonrojadas que lo hicieron sentir tenso. 

 

Jace abrió la boca para decir algo, cualquier cosa antes de que Rickon decidiera que aquel era un buen momento para decir. —Papá— ambos lo miraron conteniendo el aliento y volvieron a respirar al notar que miraba a Cregan. 

 

—¿Ya tienes hambre? — preguntó ronco, estirándose a tomar su copa de agua para darle un trago y viendo a Jacaerys imitarlo. —Será mejor que veamos la carta y ordenemos para comer— señaló. 

 

—Está bien— murmuró Jace, la obstrucción en la garganta complicándole el sonar estable. Ojeo las distintas comidas hasta que Cregan dejo la suya sobre la mesa y lo miro expectante. —La lasaña me llamo la atención— soltó dejando su carta sobre la otra. —¿Qué comerá Rickon? — quiso saber volviendo su mano al cabello rubio, pasando sus dedos y regocijándose al verlo acurrucarse hacia donde estaba él. 

 

Cregan levantó una mano y un mesero se materializó en apenas tres parpadeos. —Dos porciones de lasaña y una porción mediana de salmón cocido y arroz, este último sin salsa ni sal, por favor— pidió entregándole ambas cartas. 

 

—¿Y para beber? — preguntó el joven mirando entre ambos. 

 

Jacaerys miró a Cregan y descubrió que ya tenía el par de ojos grises sobre él, la pregunta brillaba en ellos. —No lo sé, ¿puedes recomendarnos con que acompañarlo? — preguntó mirando al mesero que se removió ante su mirada y bajo la propia al asentir. 

 

—La lasaña tradicional mayormente va acompañada de vino tinto, el Chianti es una buena opción, pero también el Merlot y el Pinot Noir, cualquiera de los tres complementa la carne y la salsa sin ser dominados por la acidez del tomate— informó seguro, aunque en un tono de voz bajo. 

 

—¿El Chianti te parece una buena opción? — se volvió a Cregan quien asintió sin dejar de verlo. —Tráenos ese y un vaso de agua, por favor— terminó, manteniendo sus ojos en el joven que desapareció y recién allí se giró a Cregan. 

 

—¿Cómo has estado tú? — quiso saber con su brazo sobre el respaldo de la sillita de Rickon y todo su cuerpo girado hacia ambos. —¿Tus cachorros? — siguió en voz baja y suave, viendo los hombros del omega relajarse y lo sentía en sí mismo de tal manera que sus hombros lo imitaron y cayeron abajo. 

 

—Mejor después de hablar con ambos— confesó ofreciendo su mano al cachorro que enterró el rostro en su palma. —Llegue a un acuerdo con ambos después de hablar y explicarles, por lo tanto, no son algo que me preocupe en las próximas horas— 

 

—Me alegro de que hayas encontrado una solución, lo último que quería era ocasionar problemas entre ustedes— admitió sincero. 

 

—Sí, también yo— murmuró sonriendo de lado. 

 

Jace humedeció sus labios e intentó reunir fuerzas para mencionar la punta del iceberg, para ser sincero y abierto, pero cuando se decidió por fin, el mesero llegó con el vino y el agua y derrumbó su pequeña casa de cartas, así que Jacaerys solo suspiró y decidió dejarlo para después de almorzar. 

 

♧♧♧ 

 

Rickon descansaba contra su pecho mientras caminaban hacia su auto, su brazo rozando con el del alfa que le alborotaba los sentidos y Jace cerró los ojos durante unos segundos para recoger fuerzas. 

 

—Ha sido una velada totalmente encantadora— murmuró llegando a su vehículo, apoyándose contra este en el estacionamiento vacío y viendo a Cregan dejar un paso de distancia entre ambos. 

 

Tú has hecho que sea encantador— devolvió apretando sus dedos en puños en los bolsillos de su pantalón de vestir porque el ansia por ponerle las manos encima a Jacaerys estaban sintiéndose como un ardor muscular, el que se viera tan háptico con su cachorro entre los brazos no era aliciente para mantener bajo control los instintos de su lobo. —Siento no haber ido por ti, porque ahora no puedo llevarte a casa— soltó sin pensar, no quería tener que verlo marcharse. 

 

—No es algo que deba preocuparte— desestimó con una sonrisa, deseándolo más cerca y no estaba preparado para oír al alfa decir con un tono tan necesitado

 

—Lo es cuando significa que no puedo verte más tiempo— 

 

Y realmente lo sorprendió e hizo que la sangre en sus venas se condensara. Jace chasqueó la lengua mientras estiraba el brazo para envolverlo en los hombros de Cregan y tirarlo contra su cuerpo, deseando más presión, más cercanía, pero conformándose con solo unir apenas sus bocas porque Rickon estaba en sus brazos en medio de ambos, dormido. 

 

Los labios ajenos se sintieron como una bocanada de aire a sus pulmones y le fue imposible contener el gemido sin aliento que soltó cuando sintió manos en su rostro, en su cadera, apretando a la misma vez que una lengua empujaba contra sus dientes y se abría paso para tocar la suya. 

 

Cregan era  magnético  en todos los sentidos, lo era mucho antes de que Jace ni siquiera parecía dos veces pensar en el alfa  dueño  de todo el territorio donde vivía, mucho antes de aceptar ayudar a su hermano e ir a aquella entrevista que le permitió conocerlo y darse cuenta de que su intento de convencerse de que era  igual  a cualquier alfa se vio empujado por la borda ante los modales, el amor y la bondad que exudaba Cregan. Y solo al conocerlo en persona cayó en cuenta de que no solo era alguien atractivo con dinero, sino que era  devastadoramente  encantador, atrapante y  adictivo  una vez que estabas con él. 

 

Y Jace  quería  ir despacio, conocerlo, dejarse conocer  más  de lo que ya se conocían, pero cuando la mano grande y cálida lo sostenía y lo acercaba por la nuca, con los dedos enredados en mechones de su cabello, en  todo  en lo que Jacaerys podía pensar era en estar sobre  cualquier  superficie con las piernas abiertas, esperando a que el alfa  tomara  lo que quería y que lo saciara en el camino. 

 

Sus piernas temblaron y fue por eso que se  obligó  a poner una mano en las clavículas y empujar,  apenas  porque la boca sabía a uvas, castañas, madera y frío, y le nublaba tanto los sentidos que jadeo al ser atrapado, alejándose con un chasquido que retumbo en el espacio silencioso, apretó los ojos con fuerza mientras intentaba no centrar su atención en los brazos que envolvía su cintura y si en recuperar los sentidos de su cuerpo para poder usar sus piernas para sostenerse. 

 

—Lo siento— respiró Cregan, sin aliento contra el hombro  vestido  que le hizo hacer una mueca, sin dejar espacio entre ellos y soltando todas las feromonas posibles para marcarlo, frotando su rostro con la piel desnuda del cuello para  marcarse

 

—No lo haces— soltó en un susurró, escondiendo su rostro en el cuello de Cregan y sonriendo porque la disculpa sonaba hueca. —Y yo tampoco— respondió apretando sus dedos en el bíceps derecho, estremeciéndose con fuerza cuando los pulgares trazaron círculos sobre los huesos de sus caderas, dejando una estela de  fuego  incluso con la tela de su camisa en medio. 

 

—Quiero ir de a poco— confesó en voz baja, los ojos cerrados y los sentidos  llenos  de Jacaerys. —Quiero que nuestra relación tenga bases sólidas para tener mucho tiempo por delante, juntos— respiró, moviendo un brazo de manera en que ayudara a sostener a Rickon entre ellos, suspirando al sentir dedos rascarle el cuero cabelludo. 

 

—Yo también— suspiró, aferrándose al alfa. —Yo también quiero lo mismo— 

 

♧♧♧ 

Notes:

Ojalá tengan un fin de semana tranquilo y de emociones buenas, espero haber alegrado un poquito su sábado.

¿Qué les pareció? ¿Pensaban que pasaría algo así? ¿Qué opinan de los recuerdos? ¿Tienen teorías de como podría terminar esta historia?

Les tkm, recuerden que sus comentarios (saber lo que pensaron durante el capítulo) alegra mi día y me incentivan a escribir más

Chapter 18: Ramo de intenciones

Chapter Text

♧♧♧ 

 

Mantener las cosas en silencio, solo para sí mismo y Merrick (que era quien se encargaba de llevarlo a todos lados) había sido más difícil de lo esperado porque Cregan no recordaba la última vez que había elegido no confiarle algo a su hermana. 

 

Sarah lo miraba con Rickon en brazos, calmado y lleno después de haber tomado todo su biberón, esperando una respuesta que olvido formular. 

 

—¿Y? — insistió alzando una ceja, dejando de balancearse para fijarlo en su lugar. 

 

—¿Y? — repitió parpadeando, su mirada yendo a la manta que envolvía a Rickon, aquella que Jacaerys le había obsequiado antes de que se separaran en el estacionamiento del restaurante y de la que no había logrado quitarle a su cachorro. 

 

—Sí, Creg, ¿y? — repitió en voz alta, tranquilizándose al Rickon balbucear contra su hombro ante el cambio en su aroma. —¿O acaso vas a continuar diciéndome que solo es por Ricky? — 

 

—No le digas así, es un diminutivo atroz— señaló con las cejas arrugadas. 

 

—Soy su tía y él ha sido Ricky desde que dio su primer aliento— informó, señalándolo con un dedo antes de volver a sujetar bien a su sobrino y retomar el balanceo tranquilizador. 

 

Cregan puso los ojos en blanco y le dio un sorbo a su café, perdiendo tiempo en lo que ordenaba sus palabras. —Tome la decisión de cortejar a Jacaerys— dijo en voz alta, mirando atento la reacción de su hermana, que arrugo la expresión de una manera en la que le hizo contener el aliento. 

 

Se tensó porque no había previsto que Sarah fuera un impedimento en la relación que todo su ser anhelaba, y ni siquiera tuvo tiempo para pensar más cuando el chasquido lo hizo volver su atención a la alfa. 

 

—Mierda— soltó mirando al techo sin detener el balanceo que Ricky disfrutaba, fueron apenas unos segundos, sin embargo, pareció ser el tiempo suficiente porque cuando volvió sus ojos al alfa de todo el Norte, se veía entre devastado furioso. —¿Qué? — 

 

—¿Qué? — preguntó en voz ronca, baja, forzando a su lobo abajo porque todo lo que su animal clamaba era respetoaceptación, para su omega. —¿Cómo quieres que reaccione a tu tono despectivo, Sarah? — 

 

—Oh— murmura, sonriendo cuando comprende el porqué del cambio de ánimo brusco en Cregan. —No es lo que piensas— comenzó. 

 

—Entonces explícate— gruñó, mostrando los dientes y dando un paso atrás, algo confundido por el rechazo visceral que sentía por su hermana en esos momentos. 

 

—Hice una apuesta y sabes que no se me da bien perder— concluyó, encogiendo un hombro, impasible al ver al alfa de todo relajarse con su decir, mostrándose confundido. 

 

—¿Una apuesta? — 

 

—Sí, Cregan, una apuesta— se rio, decidiendo tomar asiento cuando su espalda baja protesto al igual que sus brazos. —No te voy a decir con quienes... o quién la hice, pero claramente aposté... — 

 

—En mi contra— interrumpió, ahora frunciendo las cejas acusador hacia una Sarah que se encogió de hombros y cepillo con dedos cuidadosos el cabello de Rickon. 

—No particularmente, pero si, creí que te llevaría más tiempo darte cuenta de que de verdad te gusta ese omega— 

 

—Se llama Jacaerys— soltó entre dientes. 

 

Sarah puso los ojos en blanco. —Si, ese mismo— lo miró, atenta a cualquier micro expresión que su hermano fuera a hacer. —Creí que ibas a tomarte más tiempo para, ya sabes, decidirte a ir por él y todo lo que eso conlleva con nosotros— argumentó, desocupando una mano para poder alzar un dedo y girar su muñeca alrededor de la casa para abarcar todo, no solo a ellos sino a su posición, sus cargos y lo que tendría que sobrellevar la persona, el estilo de vida que les fue heredada. —Pero ya sabes, te apoyo en lo que decidas, aunque me hayas costado un buen fajo de billetes— 

 

—¿Qué? — soltó abruptamente, parpadeando despacio a la vez que se dejaba caer en un sofá, viendo como la alfa se levantaba con la misma expresión divertida que colocaba cuando eran pequeños e iba a hacer algo claramente prohibido por sus padres. 

 

—Que me alegro por ti, idiota— reconoció, acercándose a él para cederle a Ricky y la manta que apestaba al omega que hacía a su hermano y sobrino brillar. —Ahora ten a tu pequeño demonio y nos vemos mañana, pero quizás vuelva al mediodía cuando regrese Alys porque tu desayuno fue horrible— bromeó, brincando lejos para esquivar el golpe que Cregan intentó darle. 

 

—Vete a la mierda— escupió Cregan con una sonrisa tirando de la comisura de su boca. 

 

—Nada de groserías— regañó cantarina, recogiendo sus cosas. —No queremos que Jacy nos rete por enseñarle esas cosas al niño— continuó bromeando a la par que se dirigía a la puerta. —Suerte diciéndoselo a tus chicos— 

 

—¿Por qué debería decírselos? — inquirió, pero él sabía a qué se refería Sarah antes de que abriera la boca para decirle. 

 

—Ellos han estado a nuestro lado mucho más tiempo que nuestra propia familia, que ahora en paz descanse, y sabes que ellos te respetan, cuidaran de él con la misma ferocidad con la que nos protegen a nosotros— fue lo último que dijo antes de abrir la puerta y salir, dejándolo sumido en sus propios pensamientos. 

 

Fue por eso que tres días después estaba en su sala, de pie frente a todos sus hombres, incluso Aeron con el yeso cubriéndole la mitad de brazo y el hombro, sentado en el sillón con Davos a su lado. 

 

—Bueno, la mayoría de ustedes son mayores que yo y aunque no los reuní aquí hoy para decirles eso, también me gustaría señalarlo porque los considero familia— comenzó, mirando a cada alfa con el que había crecido, aquellos hombres que ahora se convirtieron en sus guardias y velaban por su seguridad y la de su hermana e hijo. —Y por ello quería decirles que estoy cortejando a Jacaerys Strong— el silencio que le siguió a sus palabras le erizo la piel al grado de hacerlo fijar sus ojos en todos y cada uno de los hombres que permanecieron en silencio. 

 

—¿Ya seleccionó guardias para él, señor? — Aeron fue el primero en romper el silencio, irguiéndose en su lugar al unir miradas. —Porque si no es así, me gustaría ofrecerme como uno— aclaró, inclinando la cabeza al verle alzar una ceja. 

 

—Lo agradezco, Aeron, pero todavía te quedan cinco semanas con el yeso— destacó, apoyándose contra la columna. 

 

—Lo sé, señor, pero todavía puedo usar mi arma, es lo bueno de ser ambidiestro y Davos todavía tiene los dos brazos, él puede conducir— alegó, firme en su decir. 

 

—¿Por qué sería una buena opción? — quiso saber, haciendo una mueca al ver al alfa dejarse caer contra el respaldo, luciendo desanimado. —No es que no los considere capaz, son una de las pocas personas a las que le confiaría la seguridad del omega que estimo... ya confió en ustedes con mi vida y la de mi hijo, solo... apreciaría saber el porqué de tu interés— aclaró, dejando caer los brazos después de la diatriba extensa. 

 

—Estimo al joven Strong— empezó, asegurándose de resaltar la jerarquía porque no deseaba un malentendido con su alfa. —Es alguien capaz y decidido que no va a ver con buenos ojos tener a alguien siguiéndolo, a él o a sus cachorros, por lo que creo que Davos y yo somos una buena opción para protegerlo debido a que ya hemos convivido cuando el joven Jacaerys acudía a la mansión a cuidar del joven Rickon— terminó, inhalando bruscamente porque olvido hacer pausas. 

 

Cregan contempló durante unos largos segundos lo dicho y asintió al comprendes, agregando después de un tiempo. —Aprecio tu lealtad, la de todos— dijo mirando a cada alfa en la estancia. —Pero es algo que me gustaría hablar con él de todas formas, para asegurarme que se siente cómodo— informó, aplaudiendo en un gesto de Pávlov que hizo a todos levantarse de sus sitios al dar por terminada la reunión. —Saben que los aprecio bastante, pero ya es hora de que regresen a sus lugares. Merrick— llamó, viendo al alfa rubio detenerse frente a él con una expresión neutra. —Vayamos a la empresa, tengo que comunicárselo a mi tío— suspiró, recogiendo su chaqueta y caminando a la par del hombre. 

 

—¿Está seguro de esto, mi señor? — cuestionó en voz baja, abriendo la puerta para dejarlo pasar y siguiéndolo después. 

 

—¿Por qué la pregunta, Merrick? — lo miro, viendo a su guardia bajar la mirada al suelo durante un momento antes de mirarlo y encogerse de hombro, viéndose incomodo incluso antes de decir. 

 

—Por nada en específico, señor— dijo abriéndole la puerta de la SUV oscura, retomando la palabra cuando subió al asiento de piloto y se abrocho el cinturón de seguridad. —Es solo que... — pero no continuo. 

 

—Merrick, puedes decirme lo que piensas, eres de mis hombres de confianza y siempre aprecio tu buen criterio— animó, mirando al alfa que se removió incomodo por la atención. 

 

—El más... contento, por decirlo de una manera, de que usted no tenga... más descendientes es su tío Roger, mi señor, solo temo por el bienestar del joven Jacaerys, eso es todo— terminó, luciendo terriblemente mal. 

 

—Gracias por recordármelo— murmuró Cregan, mirando por la ventana en lo que ordenaba lo que había en su cabeza porque lo que dijo Merrick aparte de tener un punto, lo hizo darse cuenta de que hacer pública la noticia de que consiguió un posible consorte solo podría ocasionar más problemas a futuro y por el momento ya tenía suficiente con la fuga en su seguridad de hace tres semanas donde intentaron llevarse a su cachorro e hirieron a su omega. —Tenemos que ir a la empresa de todos modos, tengo que hacer algunas cosas allí, firma unos cuantos papales y traerme otros pocos a casa— 

 

—De acuerdo, señor— asintió y continuaron en silencio durante la próxima hora. 

 

Cregan no iba a mentir diciéndose que no estaba nervioso por dejar a Rickon con Sarah y si lo había hecho era debido a las insistencias de la alfa sobre que ya había firmado todos los documentos en los que no eran necesarias las propias, pero que no podía hacer mucho con las que sí o sí pedían las del líder responsable del Norte. 

 

Cuando la SUV se detuvo en el estacionamiento de la empresa, Cregan se apresuró a bajar, sintiendo el ansia de su cachorro como un hilo apretando su pecho. Su dedo presionó el último piso, donde estaba su oficina, la de su hermana y la de su tío al ser altos mandos, y  Cregan le pidió a sus Dioses que este último no estuviera, sin embargo, cuando las puertas del ascensor se abrieron, allí estaba él, de pie frente a la caja de acero. 

 

Roger Stark alzó las cejas y sonrió de lado, de aquella manera en la que hacía a su lobo removerse incomodo. 

 

—Pero si es Cregan volviendo a sus deberes— dijo alto a nadie en particular, con aquel usual tono venenoso en su voz que había comenzado a usar cuando su padre falleció. 

 

—Tío— saludó inclinando la cabeza apenas en reconocimiento antes de pasar a su lado e ir a su oficina. —Mark— saludó a su secretario cuando este se levantó de su silla para hacerle una pequeña reverencia e ir a abrir la puerta de su despacho. —Gracias— asintió entrando sin cerrar la puerta porque conocía al alfa familia lo suficiente como para saber que entró detrás de él. 

 

—Creí que ya no te vería más por aquí, Sarah no me ha dicho el porqué de tu ausencia estas últimas semanas, pero estoy seguro de que nada es más importante que esta empresa— divago, paseando por toda su oficina sin ocultar la codicia en sus ojos hielo. 

 

Roger era su único tío, el segundo hijo y aunque no era secreto que pensaba que debía estar a cargo en lugar suyo y de Sarah. Cregan no podía evitar quererlo, fue un buen hombre consigo en su infancia y era familia, demasiado parecido a su padre sin el peso de serlo realmente, por eso fue por lo que lo miro sin escuchar lo que decía y muy en contra de lo que había querido hacer en un principio, abrió la boca y dijo: —Intentaron secuestrar a mi cachorro, tío— interrumpió en voz baja, viendo como el alfa mayor chasqueaba los dientes con fuerza al cerrarlos de golpe ante su decir. —Hirieron a uno de mis hombres de confianza y no me sentí seguro dejando a mi hijo fuera de mi vista hasta ahora y no puedo decirte que estoy atento a lo que me reclamas porque todo en lo que puedo pensar es en volver a mi hogar con él y no perderlo de vista— se encogió de hombros y continuó separando las carpetas en silencio. 

 

—No lo sabía— fue lo que dijo, dejándose caer en uno de los sillones frente a su escritorio, viéndose rendido y todo su ser se sintió un poco más en calmar porque aquella reacción le demostraba que no tenía que ver con lo del asalto. 

 

—No tenías que— dice, tomando asiento también porque saber que su sangre no estaba intentando lastimar lo que él más amaba le quito un peso enorme de los hombros. —Paso rápido, nos encargamos de todos y estamos investigando a fondo para saber quién dio la orden, pero las semanas pasan y no hay novedad— murmuró cerrando sus ojos y presionándolos con los dedos porque la impotencia de ese asunto le estaba quitando el sueño las pocas veces que lograba conciliarlo. —Decidí no hacerlo público por... ya sabes, la prensa es insoportable cuando quiere y mi tranquilidad y la de nuestra familia es mi prioridad ahora— exhaló un largo suspiro con la mirada fija en el techo. —Va de la mano con encontrar a quien quiere joderme— gruñó, levantándose y tomando las cosas. —Espero que no pienses que soy grosero al largarme apenas llego, pero quiero dejarte tranquilo al decirte que estoy trabajando, tío, lo hago cuando no estoy investigando, entrenando o con Rickon— 

 

—No pasa nada, Cregan— se apuró a decir, levantándose a su par mientras lo seguía fuera del despacho, deteniéndose allí y enfrentándolo con su cuerpo, buscando su mirada y diciendo cuando se lo concedió. —Lo que necesites, sobrino, puedes pedírmelo— y con un asentimiento en reconocimiento, dio media vuelta y se marchó, dejándolo con el corazón un poco más tranquilo. 

 

—Gracias— murmuró a pesar de no ser escuchado y se giró hacia Mark. —Cualquier papel que consideres importante lo envías o lo llevas a la mansión, ¿sí? — preguntó, viéndolo asentir. —O se lo das a Sarah cuando se pase por aquí— pide, viendo al beta asentir dos veces antes de volver a la computadora. 

 

Cregan se dio por satisfecho con ello así que se dirigió al ascensor con las carpetas debajo del brazo y cerró los ojos cuando las puertas se cerraron, sintiendo el cansancio de la ajetreada semana pesar una tonelada sobre sus hombros. 

 

—... ¿Señor? — dijeron y se sobresaltó al ver a una joven omega mirarlo desde las puertas abiertas del vestíbulo. —¿Se encuentra bien? — 

 

—Lo siento, sí, pensé que había presionado para ir al estacionamiento— balbuceó, mirando la plancha de botones y fijando sus ojos en el botón que había brillado hacer un momento antes de cerrar los ojos. 

 

—No se preocupe— dijo suave, corriéndose el cabello detrás de la oreja y liberando su aroma. Cregan frunce la nariz y se remueve incomodo, dando un paso más atrás para alejarse de las feromonas que estaba sintiendo. —¿Necesita algo? — 

 

—No— cortó, aclarándose la garganta cuando su voz sonó demasiado borde. —No, está bien, voy de bajada— aclaró presionando el botón y cerrando los ojos de nuevo hasta que el tintineo de las puertas lo sacaron de su cabeza, apenas dio un paso hacia la salida cuando se detuvo de golpe. —¿Merrick? — preguntó al ver al alfa lucir nervioso frente a las puertas de metas. —¿Paso algo? — quiso saber, tensándose porque Merrick no era un alfa que se pusiera nervioso fácilmente. 

 

—No, es solo se tardó bastante y vine a comprobar que todo estuviera bien después de que el ascensor bajara al estacionamiento y usted no apareciera— explicó cuadrando los hombros y haciéndose a un lado para comenzar a caminar a su lado. 

 

—Estaba descansando los ojos— comentó subiendo al vehículo y apoyándose contra la ventana para poder apreciar las vistas antes de que la naturaleza lo cubriera todo. 

 

El tráfico causo que media hora después aún estuvieran en el centro, el sueño estaba a punto de alcanzarlo cuando una tienda alejada del centro llamó su atención. 

 

Era una pequeña floristería donde un hombre mayor regaba las flores que había fuera mientras hablaba con una expresión calmada con una mujer que compartía el mismo cabello blanco que cambiaba con los años. 

 

—Detén el auto, Merrick— pidió embelesado con la sonrisa de la mujer que reía alegremente, apoyada conta el marco de la puerta mientras veía con un inmenso cariño al hombre que movía la mano explicando su punto. —Hola— soltó parpadeando al unir miradas con la omega que dejo la conversación con el hombre para mirarlo, todavía manteniendo la sonrisa cálida dedicada al beta que lo miraba por su repentino acercamiento. 

 

—Buenos días, cariño, ¿en qué podemos ayudarte? — habló la omega, con su voz suave haciéndole relajar los hombros y es que había algo inmensamente tranquilizador en todo ella que Cregan sintió un nudo repentino en su garganta. 

 

—Yo... ah— balbucea, llevando la mirada dentro de la tienda, logrando ver las hileras de jazmines, rosas, margaritas y otra variedad de colores, olores y formas que le causan una sensación de deja vu. 

 

—Yo me encargo, tu sigue regando, Jake— anunció moviéndose con lentitud. —Ven, sígueme— pidió. 

 

Cregan la siguió dentro, sus ojos captando las masetas enormes con rosales de todos los colores que estaban contra la enorme pared de vidrio que dejaba ver un patio aún más grande con las flores de la estación y al llegar al umbral, con la omega adentrándose, Cregan tuvo que detenerse, contemplando todo el lugar para después inhalar profundo los aromas suaves y perfumados que lo remontaron a aquellas tardes que se escabullía de sus clases particulares al invernadero de su madre, mirando escondido porque era preciosa todo el tiempo, pero rodeada de sus plantas hacia a su corazón calentarse y sentirse agradecido por tenerla. 

 

—¿Tenias algo especifico en mente? — inquirió con delicadeza. 

 

—Si— murmuró, aclarando su garganta a la vez que giraba en su lugar y buscaba las que tenía en mente. —Es... estoy cortejando a mi omega— comenzó a explicar al mismo tiempo que sus ojos se posaban sobre la flor de color y aspecto llamativo. 

 

—Un alfa enamorado— alegó con una sonrisa radiante. 

 

Cregan sonrió acercándose al lirio naranja. —Apuesto a que recibes muchos de esos— sonrió, buscando con la mirada a la omega que suspiro acercándose a su lado, estirando una mano para acariciar con suavidad los pétalos. 

 

—Lamentablemente no— musitó, uniendo miradas. —El romanticismo es algo que escasea en estos tiempos— sopesó sacando unas tijeras de algún lugar y señalando el lirio. —¿Te gustaría agregarle alguna otra o solo con esta está bien? — le preguntó mirándolo atenta. 

 

—Me gustaría... tengo una idea, pero no sé qué tal se vean en un ramo, todas juntas, quizás sea muy cargado— pensó mientras sus ojos buscaban las que tenía en mente. 

 

—Dime y lo arreglamos— sonrió. 

 

—Él me evoca estos... sentimientos fuertes y en todo lo que puedo pensar es en una variedad alarmante de flores— 

 

—Oh— parpadeó luciendo adorablemente sorprendida por su decir. —¿Cuáles son? — inquirió alzando una ceja. 

 

—Lirios, gardenias, orquídeas, peonias y boca de dragón— musitó con la mirada fija en la variedad de lirios de otros colores hasta que la omega, Mina, silbo e hizo que mirarla fuera más entretenido. —¿Qué? —quiso saber, sonriendo un poco. 

 

—Ha pasado bastante tiempo desde que vino alguien que conoce el idioma de las flores— se explicó y se veía feliz ante el hecho de que pareciera tener idea del significado de cada flor. 

 

—Mi madre amaba las plantas con su alma— murmuró con una sonrisa nostálgica al recordar a la mujer dulce que le dio la vida. —Me heredo su cariño y conocimiento— confesó en voz baja. 

 

—Es bueno que te haya legado tal conocimiento— comenzó diciendo en voz suave. 

 

—Si— es todo lo que puede decir, guardando las manos en los bolsillos antes de comenzar a arrancar pequeñas hojas de los rosales blancos, buscando el papel arrugado en el que había escrito, borrado y vuelto a escribir los colores de las flores, entregándoselo a Mina. 

 

—Bueno, puedes esperar adentro, Jake, ¿podrías mostrarle las opciones de papel que encaje con estas flores? Gracias, cariño— habló, mirando atenta cada palabra y recogiendo una canasta para comenzar a colocar las flores cortadas a la vez que giraba y tarareaba una melodía. 

 

Cregan siguió al beta de cabello blanco que no había notado en un principio, lo vio rodear el mostrador y darle la espalda mientras rebuscaba entre varios papeles de envoltorio. 

 

—¿Qué colores de flores elegiste? — rompió el silencio, mirándolo por sobre su hombre. 

 

—Naranja, rojo, fucsia, blanco y amarillo— respondió viéndolo asentir y continuar la búsqueda durante unos segundos antes de volverse a él con opciones. —Sé que Mina me dio a elegir, pero confió plenamente en tu criterio para la combinación— dijo y un momento después su celular comenzó a vibrar en su bolsillo, anunciando una llamada entrante. —Lo siento— se disculpó, tomando la llamada y moviéndose hacia la puerta para poder oír correctamente. —¿Sí? — 

 

¿Todo está bien, señor? — inquirió Merrick del otro lado de la línea, sonando tenso, listo para la acción. 

 

—Por supuesto, en quince minutos voy— avisó, girando al oír voces y viendo la canasta de la omega repleta de colores vibrantes. 

 

—Bueno, tomara un tiempo porque son más de las que pensé, así que me voy a dar prisa— balbuceó el beta, sonando verdaderamente sorprendido de que no fueran solo las típicas rosas rojas. 

 

♧♧♧ 

 

Cregan exhaló y mantuvo sus ojos fijos en la puerta de madera, el ramo goteaba agua sobre la pequeña alfombra de bienvenido sobre la que estaba de pie, alzó la mano y apenas parpadeó dos veces antes de sentirlo. 

 

Un escalofrío le recorrió la espalda para solo diez segundos después oír pasos apresurarse hacia la puerta del otro lado y abrirla de par en par. 

 

Tuvo el primer plano de Jacaerys, despeinado con los ojos preciosos abiertos y brillantes, los labios entreabiertos dejando escapar jadeos bajos por la prisa para llegar a la puerta, vestía una remera grande, demasiado grande para ser propia, la tela verde dejaba al descubierto medio hombro y con los pantalones cortos debido a la calefacción, había demasiada piel a la vista. 

 

—Cregan— suspiró y el nombrado intentó con tantas fuerzas no abalanzarse contra el omega que su todo su cuerpo dolió en tensión al verlo relajarse en comodidad en su presencia. El alfa pudo ver la confianza en la ligereza de los hombros de Jacaerys y cerró los ojos por unos segundos, solo unos segundos para recoger fuerzas y mantenerse estoico. 

 

—Jacaerys— susurró abriendo los ojos, pasando saliva al verlo, sentirlo más cerca y sus brazos se estiraron un poco para ofrecerle el ramo. —Espero que no sea un problema, quise traértelas en cuanto las vi— 

 

Jacaerys se mordió el labio y miro fijo el ramo de flores, a Cregan le tomo diez segundos completos entender que el omega comprendió el mensaje de cada flor entre sus brazos. 

 

Las cejas fruncidas y los ojos brillosos que resaltaban el café de los irises lo hicieron encoger los hombros y mirar también lo que sostenía que resplandecían y latían con cada significado por el que las había elegido. 

 

El naranja de los lirios que presentaban la pasión, seducción y confianza que sentía por el omega. 

 

Las peonias rojas que representaban la valentía, determinación y compromiso duradero. 

 

Fucsia para las orquídeas porque significaba belleza, afecto, respeto y transformación personal, todas emociones, sensaciones que el omega despertó en él.  

 

Las gardenias blancas porque plasmaba la pureza del alma, sus intenciones de afecto y el cariño que no había expresado abiertamente. Blanco por un nuevo comienzo. 

 

La boca de dragón que expresaba la fuerza, y resiliencia por la capacidad de florecer a pesar de las adversidades. En amarillo porque estaba eternamente agradecido y apreciaba a Jacaerys. 

 

Y algunas hojas de helecho porque simbolizaban la fascinación, sinceridad, protección y el amor firme y duradero que esperaba que tuvieran. 

 

Vio a Jacaerys morderse el labio y acortar los pasos, sus ojos se dirigieron a los brazos descubiertos y la piel erizada por el clima frío. En lugar de tomar el ramo, el omega lo tomó del brazo sin mediar palabra y lo condujo dentro, cerrando la puerta a sus espaldas con el aire caliente envolviéndolo, caminó hacia la cocina con una mano todavía en él y a Cregan le tomó diez segundos darse cuenta de que estaban solos y le tomó todo de sí mismo que su sangre no viajara al sur, parpadeó al ver al omega acercarse despacio, con el labio todavía entre los dientes. Con manos cuidadosas aceptó el ramo. 

 

—Gracias— susurró y Cregan no pudo evitar humedecerse los labios al oírlo sin aliento, al oler la dulzura empalagosa en el aire, y cerró los ojos mientras sus sentidos se agudizaban, sintiéndolo moverse. 

 

Y sabia debía volver, debía girarse y marcharse porque no era bueno para sí mismo ser consciente de la ausencia de los cachorros de ambos y de las situaciones que su mente le proporcionaba. 

 

Definitivamente no estaba preparado para sentir palmas abiertas sobre su pecho cuando sintió a Jacaerys volver a él después de colocar el obsequio en agua. Abrió los ojos y lo miró con los parpados pesados porque la cercanía, el calor y aroma eran suficiente para hacerlo sentirse como si estuviera en casa. 

 

—De verdad me encantaron— susurró mirándolo a los ojos, el aliento caliente golpeándole los labios. —Gracias— repitió y los ojos anhelantes del omega que le pedían que lo besara lo hizo mirar a otro lado, aferrándose a la poca fuerza de voluntad que le quedaba. —¿Sabes lo que significan? — le preguntó en voz baja y ahí se esfumo la poca duda sobre si Jacaerys comprendía o no todo lo que quería y no podía decirle en palabras. 

 

—¿Lo sabes tú? — devolvió, no parpadeando porque no quería perderse el ver al precioso hombre entre sus brazos. 

 

Pero en lugar de responder, Jacaerys lo sorprendió al acortar la distancia, envolviendo los brazos alrededor de su cuello y golpeando sus bocas juntas. Fue reflejo, casi como si lo hubieran hecho desde siempre, el abrazarlo por la cintura para pegarlo contra su cuerpo, gimiendo fuerte desde la garganta porque el solo contacto de los labios ajenos contra los propios era como salir a la superficie y respirar después de estar demasiado tiempo sumergido debajo del agua. 

 

Apretó sus manos en la carne que sabía era caliente al tacto, cuando no había nada en medio, en un intento de que no vagaran más allá de lo que creía correcto a la vez que cedía y abría la boca para dejar entrar la lengua húmeda, empujando la suya y suspirando, tragándose los pequeños ruidos que Jacaerys soltaba en su lengua. 

 

Fue como desgarrarse un musculo el separarse de la boca adictiva, lamió sus labios para recoger la saliva que sabía al dulce whisky de café con toques de vainilla y parpadeó para mirarlo a los ojos, el esfuerzo sobrehumano que hizo al no tomarlo allí mismo le hizo doler todo el cuerpo. 

 

—¿Todo lo que significan...? — susurró Jace contra la boca de Cregan, necesitando acercarse todavía más a la fuente adictiva que le nublaba los sentidos y lo hacía sentir tan húmedo donde más lo necesitaba. Lo intentó, de verdad que intentó controlarse, pero Cregan olía exquisitamente y Jace se había contenido con verdadero esfuerzo de no saltarle encima, intentando e intentando hacer las cosas despacio, pero eso fue antes de que el alfa que lo cortejaba apareciera en su puerta con un ramo de intenciones, oliendo como la maldita gloria después de una semana de ausencia y viéndose como el pecado personificado, así que no tuvo mucho que pensar, solo lo tomó de la nuca otra vez y volvió a unir sus bocas en otro beso hambriento que lo hizo apretar los muslos cuando sintió más fluidos deslizarse más allá, empapándole detrás de los muslos. 

 

Jacaerys sintió el momento exacto en el que Cregan supo lo que pasaba con él, lo supo por la inhalación brusca que dio en medio del beso, en el temblor de la lengua que empujaba contra la suya y en las manos fuertes apretando aún más su piel, y no había nada más en su mente que el pensamiento de ir a su nido y llevarse al alfa consigo. 

 

Cregan se inclinó hacia el omega, no queriendo soltarlo, pero dejándolo ir cuando las manos en su cabello se posaron en su pecho y empujaron débilmente, sin fuerzas. 

 

El omega en su interior le hizo brillar los ojos cuando vio al alfa lamerse los labios brillantes por la saliva intercambiada, tuvo que morder con fuerza su lengua para no treparlo allí mismo e intento respirar para obtener algo de claridad, cosa que el aroma ajeno y propio llenando el lugar no le estaba otorgando, pero para su pesar (o no) las flores no fueron buena opción para aclarar sus ideas y solo pudo estremecerse y gemir ante la vista del alfa cambia forma más poderoso de todo el país, el más fuerte y realmente no pudo hacer nada más que mirarlo fijamente, humedeciendo sus labios después de sacudir la cabeza para aclarar un poco la niebla que lo envolvía. 

 

—Debería irme— susurró ronco Cregan, viendo a Jacaerys cerrar los ojos y sonreír de lado, los labios en movimiento que dijeron algo que no logró escuchar ni siquiera con todos los sentidos agudizados y concentrados en el omega. —Lo siento, ¿qué? — murmuró, inclinándose a él. 

 

—Deberías quedarte— repitió en voz alta, desviando la mirada por encima de su hombro, mordiendo el labio inferior que había sujetado entre sus dientes momentos antes. —Quiero que te quedes— confesó en un hilo de voz. 

 

E ahí se quebró su fuerza de voluntad como un cristal que sostenía demasiado peso, Cregan deshizo la distancia, tomándolo en sus brazos al mismo tiempo que iniciaba otro beso devastador que hizo a ambos gemir, los muslos gruesos del omega se envolvieron alrededor de su cintura cuando lo alzó y pareció vivir allí toda su vida porque cuando se movió, lo hizo hacia el cuarto de Jacaerys, allí donde el aroma dulce estaba más concentrado y caminó despacio a pesar de que quería tomarlo allí mismo sobre la isla de la cocina, contra la mesada o la pared, pero prefería la privacidad del cuarto del omega a quien tuvo que soltar y girar para que abriera la puerta de la habitación y lo invitara a pasar, respetando el lugar intimo donde sabía había un nido cálido. 

 

Jacaerys lamentó la pérdida del agarre ajeno, pero su omega lo hizo gemir por la consideración que mostro para con su nido. Empujó la puerta con manos temblorosas y se adentró a la seguridad de las cuatro paredes que estaban impregnadas con su aroma, el mismo que le hizo hacer una mueca. Se sacudió al oír el gruñido ronco y bajo del alfa a sus espaldas y tuvo que girarse a mirarlo, curioso por la reacción, comprendiendo que se debía a lo mismo que le otorgó un poco de claridad. 

 

Sus feromonas. 

 

Cregan apretó la mandíbula mientras intentaba parpadear y ver a Jacaerys, pues el aroma estaba tan concentrado en esta parte de la casa que lo hizo tambalearse un poco a los lados y estaba tan sumido en su propia cabeza que el delicado rozar de prendas cayendo al suelo fue lo que lo hizo mirar, ahogándose al ver a Jacaerys, al omega que anhelaba desde el primer momento, bajarse los pantalones cortos junto a la ropa interior mojada. Los kilómetros de piel canela lo hicieron gemir ahogado, y amagó un paso hacia él antes de contenerse. 

 

—¿Puedo? — preguntó ronco, extendiendo una mano hacia él. 

 

Jace sonrió, acercándose y comenzando a quitar las capas, y capas de ropa que cubrían la piel pálida y caliente de su alfa, no pudo evitar gemir cuando pudo apoyar sin impedimentos las palmas abiertas en los hombros por fin desnudos, paseándolas por los brazos y bajando hasta la cinturilla de los pantalones. 

 

Por su parte, Cregan alzó las manos a los cabellos ondulados de color chocolate, apartándolos de su camino para poder inclinarse y hundir la nariz en aquel trozo de piel tierno donde tendría que ir la marca de apareamiento, su marca, exudaba el aroma, las feromonas dulces que arrancaron otro gemido de su garganta y lo instalaron a frotarse con énfasis para llenarse marcarse del aroma contrario, gruñendo frustrado y apartándose para quitar de en medio la camiseta que le impedía tocar, besar, llenarse e inhalar en la piel de miel. 

 

Las manos le temblaron y perdió el enfoque durante todo el tiempo que Cregan se frotó contra su cuello desnudo, sus manos resbalaron y se estremeció ante el sonido ronco que le quitó a su alfa cuando rozó la entrepierna palpitante, Jace ni siquiera dudó cuando sus rodillas cedieron y terminó el suelo, con el rostro a escasos centímetros del miembro duro que veía crecer a través de los pantalones. 

 

—Mierda— jadeo mirando con ojos abiertos como Jacaerys con manos temblorosas, pero seguras desabrochó el botón y bajó sus pantalones junto a su ropa interior, liberando su erección. 

 

La vista del omega que no podía quitarse de debajo de la piel desde el primer beso lo miró por debajo de las pestañas oscuras y sonrío apenas, con los labios separados y el aliento jadeante, tomó su pene y Cregan gimió ahogado, llevando de inmediato una mano a la mejilla cubierta de pecas que acarició suavemente, esperando con paciencia que el omega hiciera lo que quisiera con él.  

 

Lo tenía literalmente en la palma de su mano. 

 

Jacaerys mantuvo la intensa mirada de plata que poseía el alfa, aquella que brilló en una muestra del propio lobo al borde y solo pudo abrir la boca, tomándolo despacio, poco a poco hasta que lo sintió latir contra su garganta, moviendo la lengua de lado a lado, humedeciéndolo con saliva para que fuera más placentero y fácil para ambos cuando comenzara a moverse. Gimieron el unísono cuando tragó la saliva espesa mezclada que sabía a ambrosia y apenas pudo estar unos minutos antes de que la mano en su cabello apretara deliciosamente y lo alejara. 

 

Le vio respirar fuerte, lamerse los labios que brillaban con una leve capa de su semen, Cregan vio las pupilas completamente dilatadas y tuvo que apretarse la base del pene con fuerza para no correrse en la cara del omega, aunque su mente le proporcionó que era una manera más efectiva de marcarlo con su aroma, duraría días, incluso si se duchaba varias veces. 

 

—Arriba— pidió ronco, inclinándose para ayudarlo a levantarse y no pensando en nada cuando terminó haciendo toda la fuerza debido a que las piernas del omega no quisieron ayudar. —¿Puedo entrar a tu nido? — preguntó guiándolos al borde de la cama.  

 

—Por favor— suplicó bajito, apretando sus manos en los hombros cuando sus pantorrillas chocaron con el colchón, tuvo que soltarlo y girarse para poder gatear hacia el centro del nido, mirando a Cregan antes de decir. —Ponle seguro a la puerta por favor— susurró, acomodándose mientras él obedecía. 

 

No pasó mucho tiempo antes de que lo tuviera encima y era alucinante lo bien que sus cuerpos encajaban, y se quedaron un tiempo así, solo peso muerto, caliente y seguro contra el propio reconociéndose porque pese a que no era la primera vez que estaban juntos si era la primera oportunidad para reconocerse, Jace tembló y gimió sin aliento cuando los labios de Cregan depositaron besos en sus mejillas, su frente, su boca y continuaron hacia abajo, por su cuello su pecho, su estómago, y su pelvis. 

 

Finalmente le da una lamida a su pene antes de continuar su recorrido y no puede evitar arquearse ante el contacto, gimiendo abierto y fuerte cuando la boca húmeda succionó con fuerza el interior de sus muslos, estremeciéndose cuando las manos grandes le separan las piernas y lo exponen, haciéndolo jadear, arquearse y suplicar cuando la boca se une a aquella parte de su cuerpo donde expulsa el aceite natural que es escaso cuando no se está en celo, pero Jace, su omega en realidad, lo expulsa sin miramientos para la boca de su alfa que gime contra su culo, enviando vibraciones que viajan por todo su cuerpo. 

 

—Por favor— suplicó con la cabeza echada hacia atrás y las manos firmemente enredadas en los suaves mechones rubios. —Cregan por favor— repitió, sacudiéndose cuando la lengua y los labios fueron reemplazados por dos dedos largos que lo hicieron gemir, pero no calmaron el calor abrasador en sus entrañas. 

 

Sus dedos rozaron el pequeño bulto dentro de Jacaerys y gimió bajo al oírlo sollozar y clavar las uñas en sus hombros, tirando de su cabello de tal manera en la que el ligero ardor que causaba sumaba todavía más a la faena y mientras sus falanges se hundían en el calor que todo su cuerpo ansiaba, enterró la nariz en el vello del pubis del omega, inspirando profundo el aroma más concentrado y dulce que jamás había olido, no pudo evitar que sus ojos se pusieran en blanco y sus dedos volvieron a curvarse pues el aroma se volvió especialmente picante cada vez que sus dedos rozaban la próstata de Jacaerys.  

 

—Basta— jadeo con las piernas temblando y su cuerpo parecía a punto de hervir, y se vio tentado a tirar del cabello que era todo lo contrario al suyo porque donde el del alfa era lacio y rubio, el propio era ondulado y oscuro, subiéndolo por su cuerpo, apretándolo con sus muslos y abrazándolo más cerca con los ojos cerrados mientras se llenaba los sentidos del alfa que su alma clamaba desde el primer instante en el que sus ojos se unieron. —Te necesito— confesó en voz baja, apenas un suspiro ya que la cercanía entre ellos era poca, pero todavía continuaban siendo dos seres separados. 

 

Cregan bajó para que sus bocas se encontraran y mientras otro beso húmedo los sumió en trance, creyó oír una pequeña voz al fondo de su mente que susurraba algo importante, algo que se vio silenciado cuando las manos suaves, pero firmes y fuertes de Jace sujetaron la base de su miembro y lo guiaron hacia la parte de cálida de su cuerpo que había preparado para recibirlo.  

 

Ambos contuvieron la respiración hasta que su pelvis chocaron, Cregan colocó los codos a ambos lados de la cabeza de Jace, cubriéndolo con su calor corporal y Jace se encogió, exhalando temblorosamente al sentirse seguro, lleno, completo. Sus manos se posaron en las costillas de Cregan, permaneciendo en contacto con la piel ajena porque ni siquiera tenerlo dentro de sí era suficiente para calmar la molestia que le causaba que tuvieran existencias separadas 

 

No duraron mucho, pero fue perfecto para alfa y omega que no se alejaron de los labios contrarios, tragándose gemidos, jadeos, gruñidos y balbuceos, el calor entre ambos hizo que sus pieles brillaran y se cubrieran con una capa de sudor, sudor perfumado y especiado que se adheriría a sus pieles, marcándolos como del otro y que permanecería en aquel cuarto y en ellos incluso con el pasar de los días. 

 

Cuando el éxtasis fue demasiado, incluso para ellos, se vieron obligados a separar sus bocas, intercambiando aliento y picos. Cregan gruñó cuando su cuerpo se estremeció en aviso y con los muslos de su omega apretándolo por la cintura con fuerza y la respiración jadeante fue que la pequeña voz silenciada, cobro fuerza, justo cuando sintió su nudo engancharse con cada embestida profunda en el agujero del omega fue que se dio cuenta que no se había puesto preservativo y la realización se sintió como hielo en sus venas, condensando su sangre y obligándolo inconscientemente a detener sus embistes y abrir los ojos para aclarar la vista empañada, no pudiendo controlar sus caderas de meterse más profundo al ver a Jacaerys destrozado satisfecho, lo vio parpadear con el entrecejo fruncido en confusión y tuvo que usar una mano para sujetarlo quieto de la cadera cuando retomó los movimientos, frenético. 

 

—¿Por qué...? — gime apretando con fuerza y cruzando los talones detrás de la espalda para evitar la huida de Cregan. —¿Por qué te detienes? — cuestionó en un susurró al ver la preocupación adornar las facciones contrarias.  

 

—No puedo anudarte— soltó quizás demasiado más brusco de lo que pretendía porque Jacaerys se estremeció como si lo hubiera golpeado antes de encogerse entre las almohadas, pero ni con esa reacción aflojó el agarre de las piernas en él. —Lo siento yo…soy un idiota— balbuceo con un dolor agudo en su pecho ante el claro desinterés que acababa de demostrar en sus acciones.  

 

Porque cuidar de su futuro omega era todo, era en lo primero que tendría que pensar cuando estuvieran en esas situaciones, pues tener intimidad sin protección era algo de lo que no habían hablado aún, por eso intentó retirarse antes de eyacular probablemente era un poco tarde, pero se hubiera sentido peor si caía en cuenta cuando Jacaerys tuviera que aguantar quince minutos enganchado a su nudo.  

 

—Está bien— espetó empujando la obstrucción que quiso formarse en su garganta, abajo cuando su cerebro le proporcionó el porqué de que estaba bien que lo anudara. —Está bien…soy…estoy bajo los efectos de supresores— señalo, aunque no fuera del todo cierto había cierta veracidad en sus palabras que no podría explayar ni aunque se le fuera la vida en ello. 

 

—¿Estás seguro? — pregunto preocupado por el notorio desánimo que expresó físicamente y gruñendo porque sus caderas no parecieron comprender nada. comenzando a moverse de nuevo.  

 

—Sí, sí, sí, sí—asintió sujetándose fuerte y gimiendo cuando las embestidas se retomaron más fuertes que las anteriores, presionando todos los puntos correctos dentro de sí.  

 

La cúspide de todo los aturdió cuando por fin la consiguieron y permanecieron un largo tiempo en la misma posición antes de que Cregan los pusieras más cómodos y esperarán completamente agotados y saciados 

 

Jacaerys descansaba contra su pecho en lo que esperaban a que el tiempo pasara y el nudo terminara, y fue así mismo con la calidez de tener el omega que quería entre sus brazos pegado a él que la sensación cálida que siempre sentía se convirtió en lava en su pecho.  

 

El sentimiento era familiar pero distinto y cerró los ojos extendiendo sus dedos para acariciar la columna vertebral de Jace que se estremeció cuando otra oleada de semen lo llenó, necesitando un poco de calma para decir lo que tenía atorado en la garganta. 

 

Le tomó cinco de los quince minutos reunir el valor y susurrarlo contra la coronilla del omega e incluso habiendo sido tan bajo supo el momento exacto en el que fue escuchado porque Jace se movió y lo miró dejándolo sin aire ante lo precioso que lucía, con la expresión cansada, pero satisfecha, los ojos brillantes, los labios rojos e hinchados y los pómulos sonrojados. 

 

—Yo también— susurro mirándolo con los ojos curiosamente más brillosos antes de asentir y besarlo, solo una ligera presión de labios para seguido alejarse y repetir. —Yo también— 

 

♧♧♧ 

Notes:

Qué les pareció???