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Petunia solía sentarse en el porche de su casa mientras el humo del cigarrillo que el doctor le tenía prohibido consumir salía por su boca. Tenía sesenta años y cada día anhelaba más su muerte, no le parecía justo rogar por ella, pero la deseaba cuanto antes.
De hecho muchas cosas no le parecieron justas alrededor de sus años de juventud y sus acciones lo demostraron por ella, aunque la culpa era algo que también cargaba en sus hombros, remordimiento y culpa. Parecía confundir los ojos de Harry Potter con los de Lily durante sus pesadillas solo para levantarse en la misma cama que su esposo y darse cuenta que los ronquidos también eran parte de su pesadilla.
Harry Potter era quien les había advertido de huir de Privet Drive, el hogar que ella construyó junto con su esposo durante años, aunque estaba claro que Harry Potter jamás lo consideró así y firmemente después de las pesadillas ella no podía culparlo, había sido terriblemente cruel y despiadada con él. Era así de sencillo sin hipocresías, y aunque ella había fomentado una tortura mas verbal es cierto que le dio libertades a su esposo y a su hijo con alguien del que no estaban del todo relacionado por sangre, no como ella al menos.
A veces ella misma se preguntaba si Harry Potter era estúpidamente amable como su tonta hermana, o si es que para iniciar un nuevo comienzo en su vida había decidido darles un cierre final. El último día de mudanza cuando ella estaba observando el salón de su sala Harry Potter apareció y ella juró que estaba viendo a James Potter como el primer día que Lily lo trajo a casa para presentarlo, no dijo nada hasta que ella se dio la vuelta dispuesta a salir pero escucho claramente sus palabras.
–Te perdono, tía Petunia.
Sabe que no pudo voltear a verlo, y que ella tampoco pidió por su perdón pero asintió con la cabeza casi de forma imperceptible y se tragó el nudo en la garganta. Quizá por el recuerdo fresco de sus últimas peleas con Lily, después de despotricar lo bicho raro, fenómeno andante que era. Lily había dicho lo mismo antes de encerrarse en su cuarto.
–Te perdono, Tuney.
Sinceramente después de mudarse al campo no creyó volver a toparse con Harry Potter por el resto de lo que quedaba de su vida, pero como si los fantasmas la persiguieran un día tocaron a la puerta, fue Dudley quien lo recibió mientras ella bajaba las escaleras y se congelaba en la entrada.
Harry Potter y su prometida pelirroja se habían presentado con la invitación a la boda, Petunia quiso decir que era cortesía modesta pero no dio más que felicitaciones y cuando volteo a ver a la novia solo le advirtió que Harry Potter era alérgico a la canela así que no podría disfrutar de un adecuado pastel de bodas.
Para su mala suerte la novia sonrió a su favor y se marcharon a la brevedad, más que claro que no asistieron a la boda. Vernon no iba a soportar estar alrededor de gente mágica y aunque ella particularmente ya no recordaba su constante odio por Harry Potter y el mundo mágico decidió que no tenía derecho a estar ahí, no después de todo lo ocurrido detrás de las puertas de Privet Drive. Lo único que hizo, igual que en el compromiso de su hermana, fue enviar un jarrón de decoración a su nombre.
A sus sesenta años mientras el fantasma de Lily solía atormentarla cuando estaba sola no dejaba de culparse por sus errores. La casa en el campo tiene un balcón decente en el que ella suele fumar, noche tras noche mirando al cielo mientras Lily le susurra al oído, apenas vestida con una bata de seda y un chaleco tejido, ha envejecido más para su edad pero se dice que cuando uno ha vivido haciéndole la vida una miseria a alguien tantos años eso se refleja y cree que ella lo reflejaba bastante bien. Vernon como todos los días desde su jubilación se sienta frente al televisor de la cena con un enorme plato de comida frente a él y un vaso de soda, está tan sordo que escucha la televisión al máximo volumen, Dudley quien no llego ni a comenzar una carrera se la vive en casa metiendo a una que otra chica bajo sus narices y no durando más de una semana en un trabajo estable. Ha sido su culpa y lo sabe, su crianza fue deficiente no había servido darle nada a manos llenas solo para convertirlo en una garrapata en su casa, había matado a Harry Potter de hambre y era el único que le enviaba un carta cada mes.
Por fines prácticos después de leerla decidía quemarlas, la lechuza de Potter llegaba quizá en los momentos donde ella estaba sola en el balcón. La última carta que llegó fue la llegada de Lily Luna Potter, aunque Potter no dijo mucho sí aclaró que la niña tenía el cabello rojizo como su madre pero los ojos de su abuela. Ella solía tener hojas en la mesa del balcón junto a un lapicero desde que las cartas comenzaron a llegar, aplastaba las hojas con la maceta en el centro y respondía brevemente.
No sabía que esperaba Potter de ella, o porque seguía contactándola después de todo lo vivido, Potter ya no era un niño y sabía lo que había hecho con él, y lo que le había hecho a su madre en sus años viviendo juntas.
Ahora vieja parecía conectar mejor con su sobrino a la distancia, aunque ya no se lo podía imaginar más y definitivamente deseaba no hacerlo porque cuando lo imaginaba no era más que el niño con ropa tres tallas más grandes que él.
Luego estaba el asunto del fantasma de Lily, sus recuerdos más vivos de su hermana la atormentaban de día y de noche estos últimos años que le colmaban los nervios, se supone que a su edad los recuerdos de la infancia y adolescencia no deberían ser tan vividos pero lo eran. Había salido de su casa en Cokeworth luego de terminar sus estudios de alguna y otra forma, estuvo demasiado enfocada en todo lo que Lily tenía claro en su futuro que ella apenas pudo elegir que carrera estudiar. Comenzó a trabajar de secretaria alrededor de maquinas de escribir y compañeras chismosas, en la misma empresa conoció a Vernon de primera vista no le pareció el hombre más atractivo, eso era claro, no era alto, no como ella y sin duda llevaba peso encima pero parecía verla y era la primera vez que alguien la veía a ella por ser… por ser ella y lo que ofrecía. Además Vernon parecía ofrecerle algo que en su casa no tuvo, atención.
Vernon veía por ella, por lo que le gustaba y compartían formas similares de ver el mundo. Y cuando Vernon le dio una estabilidad económica a cambio de que ella se convirtiera en ama de casa no lo pensó mucho antes de aceptar la propuesta romántica de Vernon en la casa de su suegra. Aunque ser ama no era algo que hubiese querido para su futuro y hubiera querido seguir explorando en trabajos sabia que posiblemente no iba a tener otra propuesta de ese tipo, además ser ama de casa no parecía ser una tarea complicada pero si repetitiva y en un continuo bucle rutinario en el que se vio atrapada año tras año. Vernon era un hombre normal y lo normal era lo que también le había gustado, pero cuando se abarca lo normal eso significaba que era un hombre que le gustaba ser atendido como se merecía. Su rutina comenzó a ser despertarse temprano para preparar el desayuno antes de que su esposo bajará, despedirlo en la entrada de la casa y regresar a limpiar la casa, la habitación, lavar la ropa, y estar preparando la comida y prever la cena, además de que a Vernon no le gustaba verla desarreglada.
Esos fueron sus primeros años hasta que después de torpes y cortas noches matrimoniales ella ya estaba embarazada, prácticamente fue una bendición que Dudley fuera un varón porque Vernon no toleraría una niña, a Petunia le había dolido en montones tenerlo sola sin su madre a un lado, no contando que Dudley era un niño muy gordo para su nacimiento.
Además ella ni siquiera había tenido opinión en el nombre, pronto se dio cuenta que Vernon había querido un ama de casa pero no tanto una esposa. Ella sabe que durante su noviazgo le reveló la verdad acerca de su hermana Lily, lo que ella era y todo desde su perspectiva, se quedó con Vernon también porque en vez de maravillarse por su hermana le dijo que no entendía cómo podían considerarla normal y que la alejaría de todo eso para que viviera como alguien normal y vaya que lo había cumplido. No es que fuera infeliz pero si era agotador ya que Vernon como un hombre tradicionalista no movía un dedo por ayudarla con los deberes del hogar o el cuidado de su hijo a menos que lo sostuviera en brazos para presumir con sus vecinos.
Aun así la única que genuinamente se opuso al matrimonio después de contarles por pura cortesía a su familia fue Lily, enojada parándose de la mesa. Insistiendo que había mejores hombres para ella que alguien como Vernon, que ella merecía más y que no podía simplemente aceptar lo mínimo.
Pero para Petunia que saliera de la boca de su hermana a la que habían elegido por sobre todo no era justo, podías hablar de opciones cuando las tenias pero cuando era el caso de ella si no tomaba la única que se le presentaba quizá nunca se volvería a dar. No invitó a Lily a su boda por los celos, por la atención que sabía podría enfocarse a su hermana, tampoco asistió a la boda de su hermana, llena de gente mágica que la detestaba tanto como ella a ellos.
Pero a decir verdad toda la envidia y celos habían iniciado desde joven. Desde que Lily fue aceptada en Hogwarts como una bruja y ella no, observando el orgullo en los ojos de sus padres por una hija extraordinaria mientras ella con sangre ordinaria parecía ser lo más aburrido del mundo.
Aunque había intentado mantener a raya sus celos durante su niñez pero la gente extraña no dejaba de compararlas a ambas, de preguntar irrespetuosamente si eran hermanas porque en realidad no se parecían en nada, que Lily era sumamente bella y ella bueno, al menos debía ser inteligente. ¿Por qué la gente extraña tenía derecho de hacer estragos en su autoestima como si fuera su problema? Y ella quería en verdad no envidiar a su hermana aunque tras años y años de comparaciones no tardó en darse cuenta de que eran verdades crueles que debía aceptar, entonces el amor que tenía por su hermana se torno en envidia posterior al peor de los celos. Todo lo que la gente amaba de Lily ella comenzó a odiarlo, poco a poco sin saber cómo manejar esas emociones.
—A lo mejor cuando llegue allí... ¡Espera Tuney! ¡Escúchame! ¡A lo mejor cuando llegue allí puedo hablar con el profesor Dumbledore y hacer que cambie de opinión! —había dicho Lily mientras intentaba sujetar del brazo impidiendo que se encerrara en su habitación.
—¡Yo no quiero ir! —mintió —. ¿Cómo voy a querer ir a un estúpido castillo para aprender a ser... ser...? ¿Crees que quiero convertirme en un... bicho raro?
—Yo no soy ningún bicho raro. No deberías decirme eso.
Después de todo, sus camas en la misma habitación comenzaron a alejarse más en las Navidades, sonrisas incómodas y abrazos duros. Petunia extrañaba su vida antes de las palabras extrañas y la magia, cuando Lily y ella eran lo mismo, no en lo que se había convertido después de tanto. Así que cuando salía al balcón de su casa y fumaba solía ver hacia el cielo nocturno deseando porque la muerte se le presentara de una buena vez y pudiera pagar sus pecados en el infierno.
