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Incluso el mas débil puede lograr grandes cosas

Summary:

Hogwarts, la escuela en la que los hombres se entrenan para ser Custodios, grandes guerreros que juraron proteger a la humanidad con sus vidas de amenazas tan grandes y horribles, que los Muggles nunca deben enterarse de su existencia y donde las mujeres se entrenan para ser Invocadoras, expertas en el empleo de la magia para combatir junto a sus compañeros Custodios.

Lily Evans, Invocadora de séptimo año no podría estar más feliz, está a punto de graduarse, se casará con el chico que le gusta y podrán tener una buena vida juntos, ella está segura de eso.

Severus Snape, Custodio de séptimo año no podría estar más desolado, perdió a su única amiga, el verdadero amor de su vida en un momento de debilidad y ahora no le queda nada, por lo que vive su vida sin ningún rumbo aparente.

Sin embargo, una catástrofe durante su última excursión podrá hacer que estos dos amigos se conecten nuevamente, reviven su amistad e incluso pueda llegar a ser algo más.

Notes:

Esta será una de mis historias más largas, aun la sigo escribiendo pero intentare subir un capitulo nuevo cada dos lunes a partir a partir de hoy. O al menos eso intentare.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter Text

Una semana, es todo lo que hace falta para que se gradué y, sin embargo, lo que debería haber sido un momento de felicidad, de euforia incluso, el saber podría pronto comenzar por fin su vida de adulto, trabajar como Custodio y cumplir con su sagrada misión de proteger a la humanidad de los horrores que acechan en la oscuridad… Pero a Severus no podría importarle menos.

Cuando era un niño, estaba dichoso por comenzar su entrenamiento, por largarse de su casa y comenzar a estudiar en Hogwarts, nunca soñó con labrarse una gran reputación eso lo tenía claro, no quería destacar realmente, ¿Recibir algún que otro reconocimiento? Por supuesto, todos quieren eso, ¿Pero aparecer en las primeras planas o quedar inmortalizado en los libros de historia por sus grandes hazañas? Era algo que no iba con Severus.

El solo quería completar su entrenamiento, obtener finalmente el título de Custodio, defensor de la humanidad, hacer su parte y al final tener una vida tranquila. Se dedicó a estudiar todo lo concerniente a su futura vida como Custodio incluso antes de recibir la carta que finalmente lo marcaría como un estudiante. Siempre compartió esos sueños con su mejor amiga, no, su única amiga, Lily Evans, la hermosa chica de cabello rojo y aún más hermosos ojos verdes que todos conocían. Pero para Severus, ella era más que una cara bonita, él se enamoró de su inteligencia, su sentido del humor, su sonrisa, pero, sobre todo, su apoyo incondicional.

En su niñez, ambos estaban ansiosos por comenzar su vida escolar e iniciar su entrenamiento, Severus para ser Custodio y Lily para ser Invocadora. Las mujeres siempre han tenido mucha más sincronía y capacidad para la magia, siendo las únicas capaces de utilizarla realmente en todo su esplendor mediante sus varitas y sus grimorios. Los hombres por otro lado, no eran afines a la magia al nivel de las mujeres, la poca capacidad mágica que poseían era la justa para que pudiera mejorar sus cuerpos durante el combate y elaborar las pociones que requerían ser imbuidas con magia o dedicarse a la alquimia.

Aun así, todos los estudiantes debían tomar las mismas clases teóricas y solo se separaban cuando los Custodios y las Invocadoras eran llevados a sus respectivos entrenamientos de combate a medida que crecían. El par de amigos nunca estuvieron muy preocupados por en qué casa serían puestos, se prometieron que incluso aunque fueran seleccionados en casas distintas, aun serían amigos.

Pero fue una promesa que fue olvidándose con el paso de los años, hasta ese fatídico día durante su quinto año, cuando Severus insultó a Lily en un momento de total humillación y aunque trató de disculparse, dicho perdón nunca se le fue otorgado. Desde ese día sentía que su vida dejó de tener sentido, todos los años de esfuerzo por sacar las mejores notas en sus asignaturas teóricas y poder superar su entrenamiento, perdió todo el sentido. Solo el recordatorio de que, si no se graduaba, conseguía un trabajo y ganaba dinero su padre abusaría todavía más de su pobre madre, lo mantuvo en pie.

Severus sacudió su cabeza para tratar de alejar los pensamientos negativos de su mente, sin éxito. Se levantó de su cama y se encaminó hacia la sala común para la reunión matutina con sus demás compañeros de séptimo año, se suponía que hoy se haría un gran anuncio y todos debían estar presentes. Se puso su uniforme lo más rápido que pudo, tomó su espada, se la ató a la cintura y salió de su dormitorio detrás de sus compañeros.

En la sala común ya estaban casi todos reunidos, tanto Custodios como Invocadoras de séptimo año. Algunos aún en pijama, otros con sus uniformes completos, pero el punto es que estaban allí. De la pequeña multitud de estudiantes reconoció a Avery y Mulciber, no es que fueran sus amigos, antes había tratado de no relacionarse mucho con ellos y tras darse cuenta de que habían sido una de las causas por las que perdió a Lily, lo intento aún más, por desgracia para poder sobrevivir en el nido de serpientes que era la casa Slytherin los aliados eran necesarios.

- Ah Snape, finalmente llegas – comenta Avery con un tono burlón.
- Cállate – Le contestó Severus.

Avery solo rueda los ojos ante su rudeza y vuelve a la conversación que estaba teniendo con Mulciber, quien ni siquiera se molestó en reconocer su presencia. Una mano en su hombro, hizo a Severus mirar hacia atrás, allí estaba el que único Slytherin que podía considerar un verdadero amigo, Regulus Black, dos años menor que él. Siempre había tratado de defenderlo cada vez que la pandilla de Gryffindor de su hermano intentaba meterse con él, pocas veces tuvo éxito, pero era la intención lo que hizo que Severus lo apreciara.

- Me alegra verte bien hoy Severus – Saluda Regulus, Severus sabe que es mentira, desde que perdió a Lily se ha visto más miserable de lo habitual.
- Igualmente, Reg.

Antes de que puedan decirse algo más, los prefectos llaman la atención de todos los estudiantes para realizar el dichoso gran anuncio. Es Emma Vanity, una prefecta de séptimo año quien toma la palabra.

- Sé que muchos de ustedes se preguntan cuál es el gran anuncio, bueno, el suspenso se acabó.

Ella se toma un doloroso momento de silencio antes de seguir.

- Como saben nuestra última excursión al bosque prohibido estaba programada para dentro de una semana, cuando los Gryffindor hubieran terminado con la suya la cual inicia el día de mañana, sin embargo, por un problema de salud con el profesor Slughorn, nuestros planes deberán ser modificados.

Eso hace que murmullos de inquietud se expandan por los Slytherin allí reunidos.

- ¿Significa que la excursión se cancela? – Pregunta Mulciber.
- No, significa que tendremos que ir el día de mañana… Con los Gryffindor.

La indignación no tarde en manifestarse entre las serpientes, algunos hablando sobre cómo eso era inconcebible y preferirían nunca graduarse a depender de los Gryffindor, otros sencillamente diciendo que nunca irán a algo tan importante como su última excursión con un montón de sangres sucias o traidores a la sangre, entre otras cosas. Naturalmente a Severus eso no le importaba, es más, lo apreciaba, así terminaría más rápido con su sufrimiento escolar y en lo que a él respecta, eso era lo único importante.

- ¡Silencio o se les reducirán puntos a todos! – Grito Emma haciendo que todos se callarán al instante – No puedo decirles las razones detrás de este cambio porque las desconozco, el director estableció que sería de esta manera en el último minuto, pero me han asegurado que la jefa de la casa Gryffindor mantendrá a sus estudiantes controlados. Además, no tendremos que ir necesariamente con ellos, podemos establecer nuestros campamentos a una distancia prudente y mantenernos relativamente separados siempre y cuando no nos alejemos demasiado en caso de que algún incidente ocurra. Yo y los demás prefectos de séptimo año seremos quienes asuman el liderazgo y tendremos la misma autoridad que los profesores durante la duración de la excursión. Les recomiendo que coman bien hoy, preparen todo lo que crean van a necesitar y duerman bien esta noche, los peligros a los que nos enfrentaremos en la excursión harán que los entrenamientos parezcan un juego de niños.

Los estudiantes comenzaron a dispersarse, algunos más a regañadientes que otros y se dirigieron a prepararse para el día. Severus por su parte, sencillamente se molestó en ir a desayunar sin preocuparse mucho por su apariencia, no es que lo hubiera hecho antes, solo que ahora tenía incluso menos sentido que antes. Al llegar al gran comedor se sentó en donde mejor pudiera pasar desapercibido, a su encuentro llegaron Emma y Regulus, los cuales por alguna misericordia no intentaron hablar con él, solo se contentaron con hablar entre sí.

- Aun no puedo creerlo – dice Regulus – un cambio como este a último minuto no tiene sentido, entiendo que el profesor Slughorn esté enfermo, pero ya de por sí dejó de dirigir excursiones desde hace años, simplemente se contentaba con nombrar a uno de los prefectos como representante.
- Bueno, mejor no te comas la cabeza con eso amigo – replica Emma haciendo una mueca – A veces el director puede ser tan astuto e indescifrable como un Slytherin.
- ¡Aun así! No tiene el más mínimo sentido, es como si estuviera esperando que algo sucediera.
- Tal vez es otro de sus inútiles intentos de “Promover la integración entre las casas”.
- Si eso fuera cierto, podría empezar no siendo tan obvio en su favoritismo.

Severus se desconectó de su conversación en el momento en que cierta Gryffindor entró al gran comedor. Incluso tras casi dos años separados, la sola vista del cabello rojo como el fuego de Lily junto a su sonrisa radiante hacían que el corazón de Severus se acelerará hasta el punto que podría sufrir un ataque cardíaco, incluso si dicha sonrisa estaba dirigida hacia James Potter de todas las personas.

Lily y los canallas que se hacen llamar a sí mismos merodeadores entraron entre risas y conversaciones animadas, pero Severus solo tenía ojos para la mujer que más amaba en el mundo que caminaba con el brazo entrelazado junto al del hombre que más odiaba en el mundo. No era un secreto que ambos iban a casarse, pero, aun así, ver una muestra de afecto tan evidente hacía que el estómago de Severus se le encogiera por los celos y la ira. Debía de ser él quien estuviera a punto de casarse con Lily, no Potter, pero había sido el propio Severus quien había tirado ese futuro por la borda y lo único que le quedaba, era vivir con eso. Regulus dejó de hablar con Emma por un momento para dirigirse a Severus, pero cuando vio en qué dirección estaba mirando soltó un profundo suspiro.

- Tienes que dejarla ir Severus – le dijo a su amigo con compasión – Si de verdad quisiera perdonarte ya lo hubiera hecho.

Emma miró también hacia donde los otros lo hacían y se unió a Regulus.

- Él tiene razón Severus – Dice Emma con firmeza, pero no sin compasión – si de verdad era tu amiga, te habría perdonado pues debería saber que jamás le dirías algo como eso. Digo, lo que dijiste puede que haya estado mal y tenga razón en enojarse, pero ella también conocía tu temperamento, ella sabía que incluso tú tienes un punto de quiebre.
- Potter y mi hermano también lo sabían – Dice Regulus con el gruñido.

Severus eligió no responder, solo ignorar que ellos siquiera le habían hablado y siguió mirando hacia su Lily con el corazón hecho trizas. No le importaba que ella nunca volviera a hablarle, siempre la amaría, con todo su corazón.

*
*

Finalmente, el día de la excursión llegó y los estudiantes de último año de Slytherin se congregaron en las afueras de los terrenos del castillo para la última revisión y dar inicio la excursión. En total eran doscientos ocho de Slytherin entre Custodios e Invocadoras, todos revisando su equipo, sus armas, sus varitas y sus grimorios. A pocos metros de ellos estaba la profesora McGonagall pasando lista a los estudiantes de su casa menos que los Slytherin con sólo ciento setenta y cuatro. Tras varios minutos los prefectos de Slytherin y la profesora confirmaron que no faltaba ningún estudiante por lo que está última se dirigió a la multitud reunida:

- Todos por favor recuerden que el objetivo solo es adentrarnos en territorio de Orcos y Goblins, los cuales están debidamente señalados en los mapas. Para los de Slytherin sepan que sus prefectos me informaran cualquier actividad irregular por su parte y yo la informaré personalmente al director. Incluso aunque esperamos encontrar criaturas de baja categoría no estaremos exentos de encontrar criaturas de categoría intermedia como Trolls de montaña o Acromantulas.
- Sí señora - contestaron todos al mismo tiempo.
- Estaremos en el bosque durante seis días y el objetivo es llegar hasta una de las guaridas de Orcos y matar a sus jefes de clan.
- Sí señora.
- Recuerden lo que aprendieron, los Orcos se hacen más grandes y más fuertes conforme más tiempo pasan en combate, por lo tanto, es indispensable acabar con ellos rápidamente. Además, su casta de jefes, los Altos Orcos, son fácilmente identificables pues su piel se torna carmesí y llegan a doblar el tamaño de un Orco ordinario, no los subestimen, pues incluso uno solo de ellos ha logrado acabar con Custodios veteranos.
- ¡SÍ SEÑORA!

El amanecer se alzaba apenas sobre las torres de Hogwarts cuando la columna de estudiantes de Slytherin empezó su marcha hacia el Bosque Prohibido. La bruma matutina se arremolinaba entre los troncos como si el mismísimo bosque exhalara su aliento dormido y húmedo, y los primeros rayos de sol apenas lograban filtrarse a través de la espesa copa de los árboles, proyectando sombras alargadas y distorsionadas sobre el suelo cubierto de hojas secas, ramas rotas y raíces salientes.

Marchaban en formación, tal y como les habían instruido desde su primer año. Al frente caminaban los prefectos: Emma Vanity y Gerald Selwyn, portando sus insignias de mando con cierta gravedad sobreactuada, conscientes de que por primera vez no solo eran líderes simbólicos, sino también responsables de la seguridad de sus compañeros. Tras ellos, los Custodios marchaban con las espadas envainadas al cinto, armaduras ligeras bajo sus túnicas de viaje, y sus botas reforzadas pisando con disciplina el terreno irregular. Las Invocadoras, por su parte, caminaban en filas paralelas, sujetando con firmeza sus grimorios, algunos antiguos, heredados de generaciones pasadas, otros brillantes y recién encuadernados, aún sin los dobleces del uso continuo.

Severus Snape marchaba en la segunda fila, justo detrás de Regulus Black, quien se le había permitido asistir solo por la falta de prefectos. No por gusto, sino por evitar a Avery y Mulciber, quienes se mantenían a retaguardia riéndose entre ellos y haciendo comentarios burlones cada vez que veían a alguna Gryffindor en la distancia. La presencia de los estudiantes de la casa rival, caminando en paralelo a unas decenas de metros, era como una espina clavada en el costado de todos. Aunque se suponía que estarían en expediciones separadas, ambos grupos avanzaban por la misma ruta hasta que alcanzaran el punto de bifurcación designado por el director.

La profesora McGonagall los seguía de cerca, su figura imponente y su andar recto contrastando con la irregularidad del terreno. Aunque sus ojos atentos lo registraban todo, no intervino en las pequeñas discusiones que estallaban ocasionalmente entre estudiantes de distintas casas, prefiriendo mantener la distancia. Al fin y al cabo, esta era una prueba no sólo de habilidad mágica o marcial, sino también de carácter.

La marcha duró casi seis horas sin interrupciones mayores. Sólo un par de descansos estratégicos para beber agua y verificar el rumbo. El bosque se hacía más denso con cada paso, y los sonidos familiares del entorno fueron disminuyendo paulatinamente, sustituidos por un silencio ominoso que envolvía como una niebla invisible. No era silencio absoluto, pues aún se escuchaban ramas crujir a lo lejos y, de vez en cuando, un graznido lejano, pero sí era un silencio pesado, como si los árboles observaran, como si el bosque los midiera antes de permitirles pasar.

Finalmente, cuando el sol ya empezaba su descenso hacia el horizonte y las sombras se alargaban en ángulos casi verticales, los prefectos ordenaron detenerse. Habían alcanzado el claro que se les había asignado como primer punto de campamento. No era un terreno perfectamente despejado, pero sí lo suficientemente amplio como para establecer tiendas y perímetros de vigilancia sin correr peligro inmediato. A la distancia, podían vislumbrarse las luces mágicas de los Gryffindor haciendo lo propio en su propio claro, separados por casi medio kilómetro de bosque tupido.

- Aquí montaremos nuestro primer campamento - anunció Emma, alzando la voz para que todos la oyeran - Recuerden lo aprendido en las clases de Supervivencia Mágica: prioridad uno, establecer un perímetro protector. Prioridad dos, asegurar fuentes de calor y luz. Prioridad tres, levantar defensas básicas y turnos de vigilancia.

Los Custodios comenzaron a desatar sus mochilas, desplegar sus tiendas y afilar las armas que ya brillaban con encantamientos activados. Las Invocadoras empezaron a dibujar con tiza mágica símbolos de protección en el suelo, formando patrones circulares que servían como zonas seguras donde las tiendas estarían protegidas por encantamientos de ocultación y repulsión. Algunos de los símbolos eran tan antiguos que solo podían ser activados por un conjuro recitado en latín antiguo.

Severus eligió un rincón relativamente apartado, en la línea exterior del campamento, junto a un viejo roble cuyo tronco mostraba señales de haber resistido tormentas y relámpagos. No porque deseara estar tan expuesto, sino porque sabía que nadie más reclamaría ese lugar, lo que le garantizaba cierta paz. Sacó su tienda mágica modesta, con capacidad para una sola persona y comenzó a desplegarla con movimientos mecánicos, sin alegría ni ansiedad. Había hecho esto tantas veces en las prácticas que sus manos trabajaban por inercia.

- Siempre tan antisocial - comentó una voz femenina detrás de él.

Severus alzó la vista apenas lo suficiente como para ver a Emma Vanity, observándolo con una mezcla de reproche y resignación.

- Y tú siempre tan mandona - replicó sin malicia, aunque sin un atisbo de sonrisa.
- Te haría bien hablar más con la gente. Aunque sea con Regulus, no con árboles muertos.
- Los árboles no me decepcionan. Y a veces tienen mejor capacidad intelectual que gente como Mulciber.

Emma chasqueó la lengua y negó con la cabeza antes de alejarse. Regulus, mientras tanto, ya había montado su tienda a unos metros, y estaba colocando cristales encantados en semicírculo frente a su tienda para detectar movimientos mágicos inusuales. Era un sistema que él mismo había perfeccionado.

- ¿Qué opinas del lugar? - preguntó a Severus cuando este se acercó para observar.
- Demasiado silencio. Como si algo supiera que estamos aquí, pero no le importara todavía.

Regulus lo miró de reojo, evaluando si hablaba en serio o si era sólo otro de sus comentarios cargados de melancolía.

- Ojalá que siga sin importarle.

El crepúsculo llegó con rapidez. La línea de luz solar desapareció completamente bajo el horizonte y el bosque se sumió en una oscuridad total, apenas rota por las esferas luminosas que las Invocadoras conjuraban para flotar sobre el campamento. El ambiente se volvió distinto: el calor del día fue sustituido por un frío punzante, húmedo, que se colaba por debajo de la ropa y hacía crujir las articulaciones.

Los turnos de vigilancia fueron establecidos. Los Custodios serían los encargados de patrullar el perímetro, mientras que las Invocadoras mantenían los encantamientos de defensa activos y reforzaban las protecciones mágicas cada dos horas. Cada grupo tendría dos tandas de vigilancia nocturna, por lo que todos dormirían menos de lo habitual.
Severus fue asignado al primer turno de guardia con otros tres compañeros: Regulus, Gerald Selwyn y una Invocadora llamada Isabelle Greengrass, una chica que destacaba por su dominio del fuego mágico, pero que apenas hablaba con nadie.

Caminaron en círculos alrededor del campamento, atentos a cualquier irregularidad. El bosque no era completamente silencioso ahora; al contrario, parecía cobrar vida en la noche. El crujir de ramas, el ulular de lechuzas, y los ocasionales rugidos sordos de criaturas lejanas mantenían la tensión constante.

- ¿Crees que nos topemos con un Alto Orco esta misma noche? - preguntó Selwyn con un intento de sarcasmo que no lograba ocultar del todo su nerviosismo.
- Sería estúpido que uno de ellos patrullara tan cerca del perímetro humano —respondió Isabelle sin siquiera mirarlo - Ellos cuidan sus guaridas, no merodean como bestias salvajes. Al menos, no los inteligentes.
- Eso crees tú - murmuró Regulus - Hay informes de que los clanes más al sur se han vuelto erráticos. Algunos han atacado caravanas sin previo aviso ni patrón.

Severus no dijo nada. Se detuvo por un segundo y aguzó el oído. Entre la maraña de sonidos nocturnos, había captado algo distinto. Un susurro, quizás, o un roce demasiado suave para haber sido causado por un animal. Miró hacia los árboles, donde la negrura era absoluta, y entrecerró los ojos.

- ¿Escucharon eso?

Los otros tres se detuvieron y también prestaron atención. Pasaron unos segundos largos como siglos, pero no hubo más sonidos.

- Probablemente fue el viento - dijo Selwyn, aunque su voz no sonaba convencida.
- Aquí no sopla viento alguno - murmuró Severus - Y los árboles no crujen por nada.

Cuando la primera ronda de vigilancia concluyó, Severus regresó a su tienda, donde intentó dormir, aunque sabía que sería inútil. Se acostó boca arriba, con los brazos cruzados bajo la cabeza y los pensamientos girando como una rueda desbocada. El rostro de Lily aparecía inevitablemente en su mente. Su sonrisa. Sus carcajadas mientras hablaban con Potter. La forma en que entrelazaba el brazo con él. Todo era un tormento. Y, sin embargo, ¿cómo podría dejar de amarla?

Cerró los ojos e intentó recordar las tardes en la biblioteca, las caminatas bajo la lluvia, los hechizos aprendidos juntos en sus primeros años. Había sido su amiga, su apoyo, su inspiración. Y ahora era un espectro que lo perseguía más allá de lo racional.

Al día siguiente, la rutina comenzó temprano. El campamento fue desmantelado en menos de una hora y el grupo retomó la marcha. La ruta los llevaría hacia el corazón del bosque, una zona en donde la actividad goblin era más intensa, pero también más errática. Las patrullas debían estar listas para un ataque en cualquier momento, aunque aún no se había avistado ninguna criatura hostil. Era una calma tensa, como el momento exacto antes de que el trueno estalle.

A lo largo del día, la tensión entre los estudiantes iba en aumento. Había discusiones por el liderazgo, por el manejo del equipo, e incluso por los mejores lugares para montar las tiendas. Avery casi se pelea a puñetazos con un Custodio por una tontería, y solo la intervención de Regulus evitó que el asunto se saliera de control. En medio de todo, Severus mantenía su perfil bajo. Observaba, analizaba, y almacenaba detalles. Los símbolos en los árboles, los patrones en las marcas del suelo, los cambios sutiles en el comportamiento de los animales. Algo no estaba bien. Todo parecía demasiado tranquilo. Demasiado fácil. Y en ese tipo de lugares, pensó, lo fácil solo antecede a lo imposible.