Chapter Text
Luke solo quería una vida tranquila.
Su madre estaba loca por las visiones del futuro y realmente no quería ni le interesaba saber de que consistían. Ahora había escuchado suficientes historias por parte de Quirón como para saber que cualquier conocimiento del futuro, tanto ajeno como propio, solía terminar en tragedia y no estaba interesado en saber si era real o no. Simplemente se escapó a los nueve años de su propia casa porque ya no la sentía como un lugar seguro y vivió en las calles hasta que conoció a sus dos amigas, básicamente hermanas, Thalia y Annabeth.
Oh, por los dioses. Dejé a Annabeth sola... No, ella a sido reclamada, tiene ahora otros hermanos que la cuidan, verdaderos hermanos, hermanos más estables y mayores que yo.
Sí, sí, ella estará bien.
Luke se sienta en el piso de un sucio callejón lejos de la estación de autobús en la que bajó y ahora se encontraba en un callejón cualquiera en alguna parte de San Francisco. Luke podía sentir la sangre correr por sus oídos con la misma fuerza que en el momento en que arrancó la estúpida manzana dorada que casi le cuesta la vida a sus compañeros; Si en ese momento no hubiera pensado rápidamente, lo más seguro es que ahora mismo estaría lamentándose e igualmente derrumbado en algún sucio piso, llorando y lamentando la muerte de sus compañeros de misión.
El que sus compañeros casi murieran había sido su límite.
Después de que salieran apenas vivos del Monte Tamalpais, les había dicho a sus compañeros que se adelantarían en el camino al campamento. De alguna manera lo obedecieron sin cuestionar nada, aunque lo más probable es que no lo hicieran porque la adrenalina de casi ser quemados y cortados vivos había desaparecido, por lo que no tenían ni la energía para cuestionarle algo. Les entregaron la estúpida manzana dorada y los acompañaron al autobús, para luego él subirse a otro autobús a que ni prestó atención a dónde se dirigía; simplemente quería escapar para no tener que volver nunca más al campamento.
Lo único que pensó que lo ataba a ese campamento había sido la promesa de asegurar la protección de Annabeth que le hizo a Thalia, pero ella ya no lo necesitaba, ya había sido reclamada y tenía hermanos que la estaban cuidando mejor. Probablemente lo iba a odiar por dejarla sin decirle nada, pero esperaba que con los años ella entendiera la decisión tan desesperada que e tomó.
Presiona sus manos contra sus ojos con fuerza para tratar de salir de la tormenta completa que son sus pensamientos ahora mismo; en su esfuerzo de tratar de tener claridad, apenas le prestó atención a los sollozos que salían de él. Solamente lo sacó todo después de sorprendentes meses sin derramar una lágrima, ni siquiera cuando Thalia fue asesinada justo en frente del lugar en el que se supone que estaría al fin segura. Ni siquiera se permitió llorar entonces ya que tenía que ser fuerte por Annabeth.
De repente se sintió nuevamente como ese niño de nueve años recién escapado de casa, porque ya había suficiente tenido de los ataques de locura y gritos de su madre, eso sumándole a su donante de esperma ausente que no le había importado dejar a su hijo con una mujer claramente inestable y peligrosa incluso para sí misma.
Luke simplemente lloró, lloró tanto y por una cantidad de tiempo indefinida que ni siquiera notó que alguien se acercaba, hasta que lo que fuera estaba por completo enfrente de él.
Mercurio no era de los que daba paseos para ir ya sea por alguien o por algo; si solo quería un acompañante en la cama, solo era cuestión de un pensamiento y ya estaba ahí, de la misma forma si solo quería ir a un lado. Ese día solo quería vagar por las calles... sin ninguna intención o propósito real, era un dios, podía hacer lo que quisiera.
Todo eso y porque ni el Campamento Júpiter ni los mortales le habían dado ningún entretenimiento real en meses; ni siquiera sus acompañantes en la cama le habían proporcionado nada interesante después de satisfacerlo.
Mientras seguía su caminata, sus oídos lograron escuchar un llanto en un callejón cercano por donde pasaría. Hizo una mueca y solamente bloqueó eso y siguió su camino. Cuando iba pasando, su vista registro a su alrededor tan automáticamente como lo era respirar para cualquier ser vivo que lo necesitaría, y fue entonces que se detuvo por completo: había un semidios, y nada menos que un griego, y al parecer es de donde venía el llanto.
Francamente no le interesaban los semidioses de ellos, pero ante su falta de entretenimiento quiso ir a averiguar qué pasaba; si tenía suerte, posiblemente los semidios no era una pérdida de tiempo. Se acercó en silencio hasta que estuvo frente al mestizo. Al parecer, estaba demasiado ocupada en su auto-miseria como para notar que un dios estaba frente a él. De forma un poco molesta, hizo que su aura se marcara más; No lo suficiente como para que el mortal sufriera un derrame cerebral, pero sí lo suficiente como para tenerlo temblando.
Justo como lo estaba teniendo ahora mismo.
Mercurio se dio una palmada en la espalda por esto.Vio cómo el mortal a sus pies empezaba a temblar y cómo lentamente levantaba la mirada.
Sintió que sus ojos brillaron momentáneamente cuando pudo ver mejor al semidios; si Mercurio hubiera podido suspirar vergonzosamente y contra su mejor juicio, lo haría. El joven semidiós a sus pies era simplemente hermoso: sus ojos azules como el cielo lo miraban con ojos rojos e hinchados causados por el llanto, algunos mechones de su cabello rubio se le pegaban a las mejillas, dando la ilusión de que un maestro del cincel hubiera tallado al chico en mármol. Sus labios y mejillas estaban deliciosamente hinchados más el efecto de rubor natural que tenía en la punta de su nariz y mejillas lo hacía parecer una muñeca de porcelana. Su piel ligeramente bronceada ayudaba bastante a marcar sus rasgos delicados.
Mercurio no usaba con frecuencia su dominio de ladrón; Después de todo, ser dios de los ladrones era solo uno de sus dominios menores, a diferencia de ese otro dios que parecía respirar sólo para eso la mayor parte de tiempo. Lo suyo eran los comerciantes, lo que obviamente le permitía conseguir lo que quisiera sólo con unas cuantas palabras con su lengua de plata por la que siempre había sido conocido.
No tenía la necesidad de robar. Pero ver a este mestizo sin duda lo hizo querer tomarlo como una sagrada posesión y no soltarlo.
Tomar era todo lo que Mercurio quería hacer en ese momento, así como los que se habían atrevido a saquear sus templos en tiempos antiguos solo para ya no querer soltarse de lo que robaron, como si los objetos les fueran a costar la vida, eso mismo quería hacer Mercurio.
El chico estaba claramente más asustado conforme pasaba el tiempo, y solo ahí Mercurio se dio cuenta que su mirada hambrienta y maravillada lo podría estar asustando. Probablemente no estaba acostumbrado a que lo vieran por lo que era, algo simplemente digno de reverencia.
Mercurio estudió todo el cuerpo del mestizo de una mirada tratando de memorizar todo lo que este ángulo tenía para darle por el momento, a la vez que notó el temblor y las lágrimas que amenazaban con volver a salir, pero con más fuerza.
Entonces tomó una decisión, una de la que podría pensar luego de sacar a este hermoso ser de este lugar tan lúgubre.
Más rápido de lo que cualquier mortal pudiera ver se lanzó al hermoso semidios. Mercurio sostuvo al semidios entre sus brazos de forma nupcial y con un pensamiento se transportó en el Campamento Júpiter.
