Chapter Text
El sonido de los cubiertos al tocar los platos de porcelana resuena en la habitación junto a breves risas y conversaciones animadas.
Alexei se asegura de mantenerse quieto y con la mirada fija en el suelo, pero no puede evitar babear por los olores de la comida, la carne jugosa y suave que todos disfrutan mientras conversan. Casi puede imaginarse el sabor en su boca, el jugo mojando su lengua y bajando por su garganta. Después de un día entero sin probar bocado, estar de rodillas en el comedor mientras todos cenan es una tortura.
Intenta no pensar en eso, trata de concentrarse en los dedos de su maestro jugando con su cabello, en las ocasionales caricias a sus sensibles orejas, en la sensación del cuero de su collar contra su garganta, en el suave tintineo de la correa cuando se mueve. Quiere pensar en lo suave que es el almohadón en el que descansa, en el pantalón y camisa de seda que su maestro le dio para esta ocasión.
Pero el hambre es intensa, lo devora por dentro hasta que no puede evitar gruñir, sus orejas se aplanan contra su cabeza y su cola se mueve mientras él lucha ferozmente contra la necesidad de comer. El plato de su maestro está justo encima de él, lleno de carne, papas al horno y una salsa que chorrea de forma tentadora.
La saliva se acumula en su boca, se relame los colmillos y trata de tragar, pero al final no puede evitar que se escape de su boca y caiga en su regazo.
Tiene hambre, tanta hambre que es insoportable.
Su maestro había estado ausente todo el día, ocupado con reuniones y otros asuntos y Alexei no tuvo más remedio que quedarse con la esposa del hombre, la cual lo despreciaba.
Ella no le dio nada de comer en todo el día, de hecho, lo encerró en la habitación para no tener que verle la cara, y justo antes de que llegara su marido, lo saco a rastras, lo obligo a ducharse con agua fría y lo vistió bonito para que Hayden no se enojara.
Era lo que ella hacía siempre, solo que está vez no lo había alimentado en absoluto, y Alexei estaba sufriendo con la cantidad de olores deliciosos que lo rodeaban.
Fue solo una desgracia para su ya horrible situación que a uno de los hombres se le cayera un trozo de carne al suelo. La salsa mancho las cerámicas y Alexei abrió la boca con asombro, la baba se deslizo por su mentón y cayó sobre su camisa blanca. Él quería, incluso si estaba sucio, incluso si eran las sobras de otra persona, quería comer.
Entonces los dedos largos y gruesos de su maestro tiraron de su cabello, obligándolo a levantar la cabeza. Los ojos verdes del hombre estaban entrecerrados, sus labios fruncidos en una mueca mientras miraba la saliva que caía de su boca y ensuciaba su camisa. Alexei movió la cola, apenado. Se suponía que su maestro lo traía a estos eventos para presumir de su exótica mascota, no para terminar avergonzado por un lobo que no podía controlar su hambre. Hayden iba a llamarlo glotón y lo dejaría una semana sin comer por su mal comportamiento.
Pero tenía tanta hambre...
“Alexei. “Hayden cambio del inglés al ruso en un instante, sus dedos apretaron con más fuerza el cabello de Alexei. Alexei gimió. Esperaba insultos, una promesa de castigo cuando todo terminara, pero en cambio, Hayden volvió su atención a su esposa, quien observaba la situación con una ceja alzada.
“Es una vergüenza que no sepas controlar a ese perro. “Dijo, también en ruso. Tomó un trago de su copa de vino y sonrió. “Tan orgulloso como estás de él, pensé que lo habías entrenado bien.”
Hayden apretó los labios en una línea firme, sus ojos verdes se oscurecieron. “No me tomes por imbécil, Sasha. “Sasha dejo la copa de vino en la mesa con brusquedad, sus dedos se flexionaron con inquietud. Hayden bajó el tono y se inclinó hacía ella. “Hablaremos de esto en casa, cariño .”
Su maestro soltó su cabello y tomó sus cubiertos, cortando gruesos trozos de carne en su plato. Alexei casi gimió, su cola empezó a menearse detrás de él, llamando la atención de algunos hombres en la habitación.
Hayden gruñó.
“Tranquilo. “Siseó, irritado. Alexei intentó calmarse, tomó su cola entre sus manos y apretó, deseando que todo el movimiento se detuviera para que finalmente lo alimentaran. Pero era imposible calmarse con algo tan delicioso justo delante de él.
El primer trozo sabía a gloria en su boca, jugoso y suave, Alexei apenas lo masticó antes de tragar, sus ojos se cerraron de felicidad.
No era ajeno al sabor de la carne, su maestro lo alimentaba bien, él mismo preparaba su comida y le gustaba alimentarlo manualmente, riéndose de como sacudía su cola con emoción y pedía más con sus grandes ojos de cachorro. Y cuando Alexei mantenía un comportamiento bueno durante todo un mes, sin causar problemas, su maestro le preparaba verdaderos manjares, le daba de comer hasta que le dolía el estómago.
Está vez, sin embargo, Hayden no sonreía mientras lo alimentaba, tenía el ceño fruncido y estaba claramente furioso, moviendo su pie con impaciencia debajo de la mesa.
Sasha había perdido su sonrisa y ahora miraba su plato con temor.
Alexei, en cambio, se relajó por primera vez en toda la noche, disfrutando de la comida hasta que se sintió satisfecho. Apoyó su mentón en el muslo de su maestro, sus ojos se cerraron y su cola se movió con suavidad detrás de él, mostrando su felicidad.
Era bueno, tan bueno que lamió sus colmillos hasta que quedaron libres de cualquier rastro de comida. Era una ración muy pequeña comparada con la que tenía que consumir un hombre lobo en desarrollo como él, pero Alexei sabía que su maestro lo alimentaría de nuevo antes de dormir. La sola idea hizo que más saliva se acumulara en su boca.
Todavía era un lobo joven, delgado y marcado por años de maltrato e inanición. Estaba en condiciones deplorables cuando su maestro lo compro, era demasiado pequeño para tener 16 años. Ahora, a sus 18, tras un año entero al cuidado de Hayden, había mejorado considerablemente, aunque seguía siendo demasiado pequeño y delgado y la falta de comida en su infancia se había manifestado en un hambre constante en su día a día.
Su maestro no era un hombre amable ni mucho menos, pero lo alimentaba bien y, comparado con sus otros maestros, era casi un dios a sus ojos.
Como esclavo, al final del día tenía que conformarse con pequeñas cosas, lo que para los humanos normales era un derecho, para los híbridos como él se trataba de premios.
El viaje de regreso a casa fue silencioso. Alexei descansó en el regazo de su maestro, con su cabeza apoyada en el hombro ancho y fuerte del hombre, olfateando su aroma con alegría.
Hayden acarició su cabello con ternura, pero sus ojos permanecieron fijos en su esposa con un brillo en ellos que hizo estremecer a la mujer.
Para cuando entraron en la mansión, el hombre estaba tan furioso que Alexei corrió a esconderse en el sofá.
No podía irse a dormir sin su maestro, y viendo lo enojado que estaba el hombre, pasaría un largo rato hasta que se fuera a su habitación.
Fue fácil volver a su forma de lobo, era más difícil camuflarse teniendo en cuenta que su pelaje era blanco y el sofá negro, pero se sentía más seguro y menos vulnerable de esta manera. Era fácil calmar a su maestro cuando estaba en esta forma, el hombre se sentía atraído al instante por su pelaje suave y lo acariciaba durante horas hasta que su furia se calmaba.
Pero ahora apenas lo miro, fue directamente al estante donde había una botella de whisky y un vaso esperándolo.
Sasha permaneció de pie junto al sofá, con los ojos entrecerrados.
Hayden tomó un gran trago de alcohol antes de hablar, tranquilo y sin voltearse a ver a su esposa.
“Quiero hacerte una pregunta, Sasha. ¿Qué pensaría tu padre si vuelves a su casa, divorciada, sin hijos y con tu reputación completamente arruinada?”
Como solía ocurrir en las discusiones con su esposo, Sasha parecía aterrorizada ante esa posibilidad, era una amenaza que a Hayden le gustaba hacer a menudo, y lo que asustaba a Sasha es que ella sabía que su esposo era más que capaz de cumplirla, nunca se trataba de palabras vacías cuando era Hayden Caldwell quien hablaba.
Alexei intentó hacerse más pequeño en el sofá. Siempre discutían en ruso, era una forma de mantener un poco la privacidad y evitar ser escuchados por los sirvientes chismosos que buscaban algo nuevo que aprender. Le gustaba cuando su maestro le hablaba en su idioma natal, era la única persona a la que podía entender, el inglés seguía siendo un idioma desconocido para él, Hayden le había enseñado una o dos palabras, pero no estaba interesado en enseñarle bien el idioma.
Después de todo, una buena mascota solo aprendía los trucos que su amo quería que supiera.
Su ignorancia sobre el inglés era beneficioso, le aseguraba a Hayden que Alexei dependía completamente de él.
“He sido muy paciente contigo. Te dejo vivir en mi mansión gratis, te dejo tener cada cosa que quieres, tienes la libertad de hacer y decir lo que sea, soy un esposo muy considerado contigo, ¿No crees? “Hayden se sirvió otro vaso de whisky y finalmente miró a su esposa. “En todo este tiempo, solo te pedí una cosa. Una.”
Sasha permaneció en silencio.
“¿Qué es lo que te pedí, Sasha? Dilo. “La voz de Hayden continuo suave, incluso persuasiva mientras miraba a la mujer.
“Me pediste que alimentara a tu mascota.”
El vaso de su maestro se estrelló contra la pared, el hombre se acercó a su esposa con rabia, ni siquiera dudo cuando tomó un puñado del cabello rubio de la mujer y tiró con fuerza, haciéndola gritar. Alexei gimió y se bajó apresurado del sofá, corriendo hacía la esquina de la habitación.
Era mejor no meterse en estas situaciones, porque su maestro era indulgente con él, pero también le gustaba mucho la parte de los castigos.
“Eres una perra inútil, estoy cansado de tenerte en mi casa, de tener que arreglar tus mierdas todos los días. ¿Crees que olvidé tu desastre de la semana pasada? Fue un escándalo, me costó miles hacer que la prensa dejara el tema.”
Sasha sollozó, sus manos se aferraron a la de su esposo, intentando que la soltara, pero Hayden apretó su agarre y gruño.
“Te di la oportunidad de redimirte muchas veces, fui más que indulgente contigo, pero acabaste con toda la paciencia que te tenía y ahora solo quiero que tomes tus malditas cosas y te vayas de mi casa.”
Finalmente, Hayden la soltó, la ira en su rostro había desaparecido y en su lugar solo quedaba un profundo disgusto.
“¿Estás hablando en serio? “Preguntó entre sollozos, cuando él se alejó para servirse otro vaso de whisky. “¿Me estás echando?”
“Estoy hablando completamente en serio. Le daré los papeles del divorcio a tu padre, estoy seguro de que estará encantado cuando los vea.”
Hayden se sentó en el sofá mientras Sasha lo miraba aterrada, su esbelto cuerpo temblaba. Alexei no sabía cómo era la situación con su padre, pero suponía que era un asunto muy malo si la mujer parecía tan horrorizada ante la idea de volver con él.
“¿Qué haces ahí parada? Te dije que te quiero afuera de mi casa.”
Y eso fue todo. Sasha lloro mientras subía corriendo las escaleras, Alexei escuchó sus pasos rápidos y luego una puerta cerrarse de golpe.
Hayden suspiró y comenzó a desabrochar su cinturón. Alexei se puso de pie de un saltó cuando escucho el cierre del pantalón de su maestro bajarse. El hombre no dijo nada, pero Alexei ya sabía lo que esperaba de él. Cambio de nuevo a su forma humana y tropezó mientras se quitaba los pantalones, pero antes de que su maestro pudiera dirigir su ira a él, Alexei se acomodó en su regazo, sus piernas rodeando la cintura del hombre.
“Quiero que lo hagas despacio.”
Su agujero ya estaba mojado y estirado desde la mañana, su maestro lo había follado con fuerza contra el colchón, soltando suspiros de placer y hablando sobre lo mucho que le gustaba su trasero.
La polla del hombre era enorme, dejaba a Alexei llorando de dolor después de cada follada, e incluso ahora, tan preparado como estaba, sollozó mientras la metía lentamente hasta que se sintió lleno y moverse era doloroso.
Hayden sacó una caja de cigarrillos de su chaqueta, sus ojos permanecieron fijos en Alexei mientras prendía uno y le daba una calada larga.
“Que buen chico, Alexei. Tomas mi polla tan bien, siempre estás tan apretado y caliente, joder, muévete o voy a golpearte.”
Con un gemido, Alexei comenzó a moverse, subiendo y bajando sus caderas, temblando cada vez que la polla de su maestro golpeaba su próstata.
Se aseguro de mirar a su maestro con atención, al hombre le gustaba tener sus ojos fijos en él, le gustaba ver como luchaba por no cerrarlos.
Era un hombre exigente y difícil de complacer, pero Alexei era bueno aprendiendo, adaptándose a los gustos y preferencias de los demás, después de todo, su vida dependía de lo complaciente que podía ser.
