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Tony no quería venir a esta reunión, ya tenía algo en mente para ese día: su plan era quedarse todo el día en el ático viendo las películas de Star Wars junto a su arañita. ¡Pero no! Tenía que surgir esta maldita reunión con los Vengadores, sin previo aviso y justo cuando no había quién cuidara de Peter.
Pepper estaba en Nuevo México por trabajo, Happy había ido con ella como protección, la tia Peggy ya es muy mayor para eso, Fury no tenia tiempo, su “ornitorrinco” estaba en un despliegue, y May y Ben aprovecharon que Peter estaría de vacaciones con papá para irse a la playa como pareja.
Ama a Peter. Se enorgullece de que el niño sea su hijo y de su ingenio, pero quería mantenerlo alejado de toda esta mierda. Le prometió a Mary que mantendría al niño a salvo. Fue el último regalo que le dejó la mujer que conquistó su corazón y lo marcó hasta su último aliento.
Peter había estado fuera de cámara desde que nació. Nadie sabía de su existencia, más que Pepper, Happy, Rhodey, Fury, Peggy, May y Ben. Tony agradecía que May y Ben lo ayudaran a mantener el anonimato, para que el niño tuviera una vida lo más normal posible.
Así que podrán imaginarse su disgusto cuando J.A.R.V.I.S. le informó de la reunión. Pensó en negarse, al fin y al cabo ni siquiera era un miembro oficial de los Vengadores. ¡Era solo un consultor! Pero Peter escuchó a J., y a partir de ahí todo se fue al carajo.
El niño lo miró con esos grandes y redondos ojos suyos, y le suplicó ir con él. Quería conocer a los Vengadores y, tal vez, sacarle la lengua al Cap. Después de todo, J. le contó que el rubio había tratado mal a papá, y sacar la lengua era una justa venganza.
Así que aquí estaba Tony, intentando controlar los rebeldes rizos de su bebé.
—Entonces, ¿tienes todo lo que necesitas en tu mochila? —murmuró, mirando al niño a través del espejo.
—¡Sí! Tengo mi tarea y algunos Legos —el pequeño castaño sonrió a su padre, una sonrisa grande, llena de pequeños dientes de leche.
—Perfecto —correspondió a la sonrisa del niño con una más suave mientras le apretaba los hombros—. Si te portas bien, vamos a poder comer helado para cenar.
Peter era el niño más dulce y obediente que conocía, no necesitaba prometer nada.
—¡El helado no es cena, papi! —el niño habló divertido, bajando de un salto del banquito que usaba para que su padre pudiera peinarlo y para poder ver sobre el lavabo del baño.
—Entonces lasaña. Podemos preparar la lasaña de la abuela y comer helado de postre. ¿Qué tal esa idea, mi pequeño Einstein? —preguntó, poniendo las manos en la cadera.
—¿Con parmesano? —preguntó Peter, colgándose la mochila a los hombros.
—Con parmesano. —Tony tomó sus gafas de sol y las llaves; tenían que irse ya.
—¡Sí! ¿Puedo llevar mi casco? —en sus manos un bonito casco de plástico pintado con colores metálicos, lo había conseguido en la Stark Expo hace dos años.
—¿Por qué no? Nunca es mala idea tener a un pequeño Iron Man protegiéndome —murmuró, viendo la sonrisa del niño que acomodaba el casco bajo su brazo y tomaba su "guantelete".
—¡Listo, vámonos! —brincó en su lugar, tomando la mano de Tony para jalarlo al ascensor.
—Muy bien, ya voy, ya voy. Eres un desesperado, Bambi —rió, subiendo al elevador para tomar uno de los autos del garaje.
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El Bugatti La Voiture Noire pasaba a toda velocidad por la carretera; la ciudad había quedado atrás hacía unos minutos. Peter y Tony llevaban sus lentes de sol y cada uno sostenía un vaso con un batido que habían comprado en el camino. Estaban rumbo al complejo de los Vengadores.
“Back in Black” sonaba en la radio lo suficientemente alto como para escucharse con claridad, pero no tanto como para ahogar la voz del niño, que divagaba alegremente sobre su amigo Ned y la posibilidad de ir a Disney World el fin de semana.
—Entonces podemos ir y, y, y… —se trabó, balanceando sus pies de adelante hacia atrás en su asiento con una gran sonrisa.
—Peter. Respira, bambino —habló Tony por sobre la música, sin despegar la mirada del camino. No se preocupaba tanto; tenían un inhalador en la guantera, por si acaso.
—¡Estoy bien! Solo es la emoción. ¿Crees que el Capitán me preste el escudo como trineo? —miró a su padre, dando un gran sorbo a su batido.
—… Supongo, pero ¿cómo lo vas a usar como trineo si no hay nieve? —le echó una mirada de un segundo antes de volver al frente.
—Eso no es problema, tú puedes jalar el trineo con la armadura —aclaró el niño, ya dando por hecho que le prestarían el escudo.
—¿Como un perro? —rió divertido, ya viendo el complejo a lo lejos.
—Amm… ¿uno muy cool? —sonrió con nerviosismo.
—¡Pues claro! ¿Quién crees que soy? —exclamó, la diversión impregnada en cada palabra, mientras estacionaba el Bugatti—. Y aquí estamos: el complejo de los Vengadores.
Peter rebotaba en su asiento, sus ojitos de chocolate iluminados.
—¡Es enorme! —sus bracitos se extendieron hacia arriba para enfatizarlo.
—Ni tanto —murmuró Tony con arrogancia; la torre era mucho mejor—. ¿Listo para conocerlos?
—Yep. —Asintió, apretando la mochila contra su pecho.
—¿Tienes todo contigo? —Tony levantó la ceja.
—Sí, papi, lo tengo. —Sonrió, sacando el inhalador de la bolsa lateral de la mochila y mostrándolo con orgullo.
—Niño listo. Entonces vámonos. Al mal paso, darle prisa: entre más rápido terminemos, más rápido podemos regresar a ver Star Wars —dijo, bajando del auto, seguido del niño.
—Todo está bien, bambino —sonrió con cariño, levantándolo por debajo de las axilas—. Vamos, que el cohete de papá está a punto de despegar. —Lo subió a sus hombros.
—¿Tú crees que les caeré bien? —murmuró Peter, jugando con el casco.
—Te van a adorar, chico. ¿Quién se resistiría a tus ojitos de cachorro? —dijo Tony, avanzando por los pasillos, ignorando las miradas sorprendidas de algunos agentes.
—El tío Rhodey dice que mis ojos son letales —rió bajito Peter.
—Y tiene razón. Tus ojos son un arma letal —respondió, abriendo la puerta de la sala de juntas—… Qué raro, no hay nadie. ¿Habré llegado antes? —entró, bajando al niño de sus hombros y sentándolo en una silla.
—Faltan treinta y cinco minutos para la reunión, señor —la voz de JARVIS salió de los altavoces—. Recomendaría que el joven señor Peter realizara sus tareas mientras llegan los demás Vengadores.
—Buena idea, J —Tony se dejó caer en la silla junto a su hijo.
La tarea era sencilla: unos problemas de matemáticas. Para Peter, demasiado fácil… lo que solía significar aburrimiento.
—Waaau —bostezó el niño.
Claro, no había dormido casi nada la noche anterior. La emoción lo había mantenido despierto.
—Muy bien, bambino. Creo que ya fue suficiente tarea por ahora —Tony cerró el cuaderno—. ¿Qué te parece si duermes un ratito?
—Pero los Vengadores aún no llegan… —gruñó, acurrucándose contra el tacto de su padre.
—Lo sé, amore mio. Te prometo que si duermes, yo mismo te despierto cuando lleguen todos —susurró, acomodándolo en su regazo.
—¿Promesa de meñique? —murmuró Peter, hundido en su camisa.
—Promesa de meñique —sonrió Tony, entrelazando su dedo con el del niño.
—Ahora no puedes… waaau… romper la promesa —bostezó Peter.
—Claro que no. —Tony lo acunó con cariño y empezó a mecerlo, cantando una nanna en voz baja.
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Muchas cosas esperaba Steve hoy. Ver a Tony con un niño dormido en su regazo no era una de ellas. Y, al parecer, los demás tampoco se lo esperaban: las bocas y ojos abiertos lo decían todo. Incluso Natasha parecía sorprendida.
—¿Se van a quedar ahí todo el día o ya podemos empezar con esta reunión? —Tony acomodó al niño en sus brazos, que solo gruñó y volvió a acurrucarse en él—. Algunos tenemos cosas mejores que hacer hoy y ya llevo más de media hora aquí esperando.
—Eh… sí, la reunión —Steve entró torpemente, seguido de los demás, y tomó asiento. Nadie despegaba la mirada de Tony y el niño.
—Una foto dura más —bufó Tony. Normalmente adoraba ser el centro de atención, pero no cuando implicaba a su hijo.
Natasha apretó los labios y volvió la mirada al frente, Bruce se obsesionó con sus propias manos, Clint tosió falsamente, Thor jugueteó con su martillo y Steve enterró la nariz en su carpeta, probablemente para recordar de qué iba la reunión.
—Ejem. Entonces —Steve retomó la compostura—. Fury me pidió reunirlos porque hace unos días los radares detectaron algo: una señal de energía extraña.
De reojo, su mirada volvía a Peter.
—¿Sabemos si es peligroso? Porque si no lo es, no me interesa —dijo Tony, apoyando la mejilla en la mano libre.
—Señales parecidas a la energía gamma y al Teseracto. Una mezcla de ambas —Natasha habló, brazos cruzados.
—Eso no es bueno —murmuró Bruce.
—¿Como el Teseracto? —Thor se inclinó hacia adelante, repentinamente muy interesado—. Amiga Natasha, hijo de Rogers… ¿saben algo más?
—¿De dónde viene la señal? —suspiró Clint. Había estado con Laura y los niños; no sabía nada de esto.
—En un pueblo al suroeste de Colorado —la única mujer del grupo se cruzó de piernas, echando una mirada disimulada al niño.
—Déjame ver si entendí. ¿Esto pasó hace unos días y apenas nos avisan? —Tony arqueó una ceja con cansancio—. ¿Fury no sabe que algunos tenemos más vida que ser parte de los Vengadores? —acarició los rizos del niño—. Entiendo cuando es algo inmediato y no hay tiempo para avisarnos, pero esto lleva días.
Ni siquiera quería venir a esta reunión.
—Esto es serio, Stark —el Cap suspiró con evidente frustración. A veces le preocupaba lo fácil que Rogers podía enojarse.
—Oh, sé que es algo serio. Pero, por si no lo has notado, yo sí tengo un trabajo fuera de “salvar el mundo”. Tengo una empresa que dirigir, proyectos que terminar y… no sé si el hielo te afectó la vista, pero también tengo a un niño que cuidar, justo aquí —murmuró señalando al pequeño castaño dormido en su regazo.
—Bueno, tiene un punto. SI es una empresa grande —Bruce murmuró, entretenido con un hilo suelto en su camisa.
—Salvar vidas también es algo importante —añadió el rubio.
—Salvar vidas no pone comida en la mesa, lentejuelas —murmuró Tony por lo bajo. Al final, él prácticamente mantenía al equipo.
—¿Podemos no discutir por cosas como estas, por una vez? —Nat suspiró con fastidio—. Es incómodo estar aquí cuando discuten.
—Es como ver a una pareja de casados pelear porque uno no sacó la basura —Clint se inclinó hacia Thor para susurrar.
—Y nosotros somos los hijos —contestó el asgardiano, divertido.
—Ya escuchaste, Rogers, no podemos discutir frente a los niños. Eso puede traumatizar a nuestros hijos —Tony sonrió con sorna.
—Ugh~ los odio —gruñó el Capitán, escondiéndose en sus manos.
—Nosotros también te amamos, Capi —el genio ensanchó su sonrisa cuando el rubio lo miró con cansancio.
—Solo… olvídalo —suspiró Steve—. La reunión era solo para informar. Fury quiere que estemos disponibles en cuatro días para investigar la zona, una vez logren evacuar los alrededores. Doy por finalizada la reunión —gruñó, sin moverse del asiento. ¿Por qué aceptó ser líder de los Vengadores?
—¡Qué bien!, porque en serio ya no lo soporto más y quiero saber: ¿de dónde salió el niño? —Clint se inclinó sobre la mesa, apuntando al pequeño castaño que seguía dormido.
—Me lo robé —sonrió divertido, disfrutando de cómo Steve fruncía el ceño y Natasha rodaba los ojos.
—Ya en serio, ¿de quién es? —el arquero insistió.
—Pues mío, ¿no es obvio el parecido? —era demasiado divertido ver sus expresiones. Ojalá tuviera una cámara a la mano para capturar el momento—. Vamos, bambino, mira que ya amaneció —susurró acariciando el cabello del niño para despertarlo con suavidad.
—Mmm… no quiero —gruñó el infante, escondiendo su carita contra el pecho de su padre.
—Pero me habías dicho que querías conocer a los amigos de papá. Anda, antes de irnos —eso bastó para que el niño se sentara de golpe y mirara a su alrededor a todos los Vengadores. Sus ojitos brillaban de admiración.
—¡ES THOR, PAPI, ES THOR! —brinqueó en su lugar, señalando al primer Vengador que vio, la emoción impregnada en su vocecita.
—Claro que lo es —sonrió, acomodando al niño para que viera mejor al resto de héroes—. Bueno, les presento a Peter Benjamin Parker-Stark —el niño les sonrió con alegría—. Él es mi hijo.
—¿Cómo? —Steve murmuró bajo.
—¿Cómo que “cómo”? —Tony replicó con cansancio.
—¿Cómo es que nadie sabía de él? —ahora fue Natasha quien habló.
—Así. Simplemente Peter Stark no existe en la calle. Para la gente, Peter es solo un niño de Queens que vive con sus tíos —sonrió con diversión—. Solo el dulce y pequeño Peter Parker.
—¡Ese soy yo! —el niño sonrió viendo a los Vengadores—. ¡Es un gusto conocerlos!… menos tú —frunció el ceño hacia el Capitán—. Le hablaste feo a papá, JARVIS me lo dijo. —Y con eso le sacó la lengua al rubio.
—Pffjajaja, el niño no te quiere, Cap —se burló Clint con diversión.
—Yo no… —Steve estaba nervioso.
—Perdón, Capi. JARVIS no le niega nada a Peter —Tony sonrió, refiriéndose a que el niño había visto las grabaciones de la discusión.
—Qué mal ejemplo, Cap. El niño te vio insultar a su papá —Clint tenía que echarle más leña al fuego.
—¡Es un placer conocer a tu descendiente, Stark! —Thor sonrió viendo al niño. Era la viva imagen de su padre.
—Él también tenía muchas ganas de conocerlos —murmuró Tony.
—Papi no iba a venir a esta junta hasta que yo le dije que quería venir —sonrió Peter, sin importarle exponer a su padre.
—Sí, dale gracias al niño, Cap. De no ser por sus ojitos de Bambi, yo no estaría aquí.
—¡Oh, oh! Señor Capitán América —llamó Peter con una sonrisa—, ¿me presta su escudo? —brincoteó, haciéndole ojitos.
—¿Le vas a decir que no a esa cara? —Tony sonrió, sabiendo de antemano que era una batalla perdida.
—Préstaselo ya, Steve. No le vas a ganar a esos ojos. Un hombre debe saber cuándo retirarse de una batalla —Natasha sonrió divertida. Incluso ella reconocía que esa carita era irresistible.
—Pero es peligroso… —murmuró Steve.
—No es que lo vaya a usar como arma, solo quiere andar en trineo —el genio se encogió de hombros, restándole importancia.
—El escudo no es un juguete —suspiró el Capitán, mirando al castaño.
—Oh, vamos, es solo un niño. Deja que se divierta —Clint sonrió; le divertía molestar a Steve.
—No creo que sea buena idea… —Banner los miró a todos, sabiendo que no serviría de nada intentar convencerlos de lo contrario, pero al menos lo intentaba.
—Ay, Bruci bebé, todo estará bien. No te preocupes —rió bajito—. ¿Entonces, Cap? —empujó suavemente al niño, que juntó sus manos bajo la barbilla y lo miró con ojitos a punto de llorar.
—Porfis, porfis, porfiiiis…
—… Está bien.
—¡SÍ! —festejó el niño con alegría.
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Peter se aferraba a las orillas del escudo soltando carcajadas. La armadura, piloteada por JARVIS, lo empujaba a lo largo del patio del Complejo bajo la atenta mirada de Tony y los Vengadores.
Tony sabía muy bien que tenía muchas cosas que explicar. No se quedarían con dudas y lo bombardearían con preguntas, preguntas que planeaba dirigir a Fury en cuanto pudiera. No tenía tiempo para interrogatorios: tenía unas vacaciones demasiado cortas (para su gusto) que disfrutar con su arañita.
