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Loving force

Summary:

Donde sin importar que tantas ofertas reciba para unirse al lado bueno, Mariana le es leal a su Lord.

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Un día normal en la relación que mantiene un líder con su soldado.

Notes:

Hay varios saltos de tiempo, pero el presente siempre se sabrá que es gracias a la primera imagen de separación :3

Work Text:

 

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 Estrella de la Muerte

 

Con un deslizar, el casco blanco escondió su cara pecosa, armado con su fusil bláster y listo para salir a tomar el turno que le correspondería en su tropa. Otro día más en el imperio galáctico sin mayores noticias más allá de capturar y reclutar, para muchos una pesadilla, pero para Mariana... honestamente fue la mejor cosa que le haya podido pasar en el desastre de vida que llevaba, al menos aquí tenía una buena cama y varios amigos, sin dejar de lado la mejor parte: disparar a cualquier persona perteneciente a la alianza rebelde. Formar y servir al lado oscuro, era mil veces mejor que tener que huir de apuestas con alienígenas que ahora le tenían un mínimo de respeto, si se le podía llamar respeto a temer ser carbonizados por un disparo.

Pero había una última cosa que destacaba por encima de todo lo mencionado, mejor dicho, alguien que era la razón de su vivir ya quien se dejaría entregar de forma devota, teniendo de nombre...

— ¡Oye pendejote! Reacciona, me avisaron que te cambiaron de lugar y te lo tenía que informar — Roier, quien vestía con la misma armadura blanca y cero expresiva, le impuso un empujón de hombros, despejando toda escena de su cabeza y borrando a la par esa imagen mental de su superior.

— Trátame bien, culón — Con una queja se acomodó en su sitio, volteando a ver a la interrupción de sus agradables espacios libres de imaginación. — ¿A dónde se supone que me mandaron ahora? ¿al sector de comandos sur? Es bien cagapalos ese lugar.

— No, mejor aun — Debajo de su casco una sonrisa estaba apareciendo, resistiendo en soltar burlas ante el gusto que le estaba por dar con su extraña fijación en servir a un encapotado vil hombre.

— Háblate.

— Están reclutando stormtroopers para acompañar al patrón a una pequeña intervención de rebeldes y dado que t-... ¿Mariana? — La presencia con la que se supone estaba teniendo una conversación amena, ya no se encontraba a su lado, lo último que su visor captó fue a un tipo alto dar vuelta a la derecha por los pasillos blancos, no quedando de otro más que suspirar en la impaciencia de su colega. — ¡Espérame, culero!

Tener la oportunidad de presenciar a su Señor eran de esas cosas que no se presentaban en la entrada de su puerta tan seguido, podría asegurar que últimamente había reducido el número de visitas, tanto trabajo y plagas de matones seguramente eran los causantes en que demorara mucho por tocar los suelos de la estrella de la muerte, al igual que era probable que continuara en su entrenamiento impuesto por ese molesto emperador ElQuackity, no podía evitar los celos con las ideas de ser ese pequeño pato el ladrón encargado de robar todo el tiempo de su líder, aunque tampoco podía meterse si quería seguir conservando su puesto y vida.

Los pasos se detuvieron a centímetros de las puertas selladas, aún estando inquieto intentó relajarse para poder tomar su lugar correspondiente siendo este en el lado derecho de las columnas circulares que conformaban el marco de las puertas. No pasó tanto para venir un agitado Roier maldiciendo en dejarlo de lado tan fácilmente y parecía que quería aplicar una ley de hielo, ya que no saludó ni le hizo saber sus quejas, llegando a posicionarse del otro lado izquierdo.

—Me cae mal.

— Ay pinche exagerado. — el precioso solo rodó sus ojos escondidos.

— Pues tu, pendejo que me cambias por el primer ti- — Y de nuevo una interrupción le robó el foco de atención, una que le erizó los pelos de su nunca, hizo que enderezara el cuerpo y mantuviera en alto su barbilla.

Un sonido computarizado y vapor saliendo por la entrada de la habitación que esas puertas corredizas escondieron, daba la bienvenida a una figura realmente alta y de porte intimidante, con una cola de tiburón asomándose bajo el manto de la oscuridad de su capa que iba a juego con el resto del traje, tan alisado y sin ninguna arruga. Cierto marrón de ojos no podía estar más complacido y ansioso por querer girar su cara al ver el espectáculo que preparaba hoy el dueño del mal y amo por el lado oscuro.

— Lord Foolish, un gusto verlo por aquí — Mariana no le temía a dirigirle palabras, mucho menos presentaba problemas en agacharse con una reverencia digna de la lealtad que le tenía a su líder y en ocasiones amante.

Roier custodiando el otro lado, se dedicaba a cuidarlo desde el primer día que notó la torpeza de su mejor amigo, pero situaciones como estas, se cualquier responsabilidad al no encontrarse en sus planos ponerse de enemigo a su superior, él si le tenía el debido respeto conociendo lo que le solía pasar a cualquier chistoso que hablara sin permiso o cometiera errores imperdonables, Foolish muchas veces usaba ser alguien que castigaba solo cuando se ameritaba, no por nada eran reclutados a la fuerza he impuestos bajo la creencia de tener que servir al imperio galáctico.

Por parte de la fuerza poderosa, no regaló ninguna contestación mediante palabras, el sonido que emitía su respiradero era lo único que salía de su cuerpo, de hecho, ni siquiera se dignó en mirar al soldado que en teoría fue designado a permanecer en su derecha, esperando quieto a que se moviera y permitiera el paso. El castaño entendió la orden recorriendo su figura a un lado al mismo tiempo que sus brazos sostuvieron sin temblores su fusil pegado a la parte de su abdomen para enderezarse en posición de vigía. Sobraba decir que su ánimo no recayó con eso, solo agrandó más su sonrisa y resistió las ganas de soltar risueñas risas.

Existía un ligero detalle en todo esto, Mariana apostaría todos sus créditos galácticos en afirmar que bajo esa máscara intimidante, se escondía la vergüenza del encantador híbrido de tiburón, a quien últimamente acostumbraba en robarle las palabras con sus cumplidos e intentos de impresionar. No fue nada fácil conseguir leer a su Señor y adivinar cada estado de ánimo, le tomó batallas estelares y más de una vez cruzar galaxias custodiadas por criaturas nada civilizadas, aún así, todo lo repetiría con tal de llegar a la ubicación exacta de poder salvarlo.

Solo existió una única vez que juró sentir el miedo de perder a la razón de su lucha y fue a su vez el inicio de un vínculo más cercano...

 

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  kashyyyk

 

Adaptarse a un lugar nuevo no siempre fue parte de la especialidad del castaño, muchas veces le irritaba la idea de ser el único que no entendía sobre lo que permanecía parado o con solo notar que las personas a sus costados lo apartaban del resto por ser "el nuevo" aquel que necesitaría una larga guía de lo que debe y no se puede hacer, todos ahí preferían ahorrarse los problemas de explicarle cosas tan sencillas. A pesar de las actitudes egoístas, no se dejó aplastar, intentando hacer las cosas por su propia cuenta hasta encontrar a Roier, su leal mejor amigo, el chico que le mostró todo el lugar y los pasillos en los que se perdió incontables veces, fue gracias a él que la vigencia en esa nueva etapa de su vida llegó a ser más llevadera.

Pero entonces llegó el día en que conoció al segundo mandamás, la persona que le hizo terminar en ese lugar por ofrecerle una mejor vida y que hasta la fecha solo lo miró una sola vez, a primera vista alguien de pocas palabras con una mirada siempre al frente. Le resultaba llamativo como todos sus compañeros se mostraban despreocupados cuando la figura lideraba el frente, lo asociaba con un escudo viviente pues apenas se asomara el brillo del sable rojizo, miles de cuerpos ya suplicaban rendición y descanso eterno, obvio sin faltar la parte que se aferraba a la vida y que era ahí cuando el señor ordenaba la ejecución masiva.

Mariana falló sus primeros tiros y los siguientes de esos no estuvieron cerca de mejorar, pasando varias batallas corriendo entre el campo y esquivando balas brillosas de su enemigo. En conclusión, su puntería era la peor de todo el escuadrón, pero de vuelta nadie parecía importarle, ni siquiera llegó a recibir un regaño de su superior y tampoco se le prohibió asistir a la redadas, siendo la razón de aún asistir a esos llamados, a decir verdad, todos parecían estar tan acostumbrados a los hombres con mala puntería, sin embargo, nadie podría culparlo, jamás pidió tener miopía.

— ¡¿L-lord Foolish?! — la voz cargada de histeria sostenía el peso de la gran preocupación que se escondía debajo del traje ahora empapado por lodo y hierbas de musgo. Las manos presionaban en pánico donde el sable de luz había perforado uno de los costados de su cadera, quería retener la hemorragia, pero era aún más mayor la necesidad de recibir una respuesta.

Los hechos pasaron tan rápido, en un momento estaba huyendo de más balas cuando de pronto en su sistema de sonido se metió la conversación de dos personas, justamente siendo la voz de Foolish a quien reconoció primero, de la segunda no tenía idea, pero si sus ojos entrometidos tras una roca no le fallaron, juraría que se trataría de un Jedi de ojos blancos y apariencia de demonio, jamás tuvo un acercamiento directo con ellos, mucho menos se interesó en ese lado, pero ese día fue donde conoció lo que era una batalla. entre dos fuerzas grandes, el bien y mal pelando por un dominio.

Y todo estaba siendo tan parejo que no vió venir el empuje que recibió su propio líder para ser clavado con el fuego vivaz del sable azul en medio de una terrible lluvia. No sabría explicar con palabras lo que su cuerpo se metió o la reacción química que le adueñó, fuera adrenalina o no, Mariana brincó de su escondite en defensa, distrayendo al ojo con tiros terribles que hicieron al Jedi brincar para atrás a su vez que el cuerpo del soldado corría por encima del barro y llegaba a escudar el cuerpo herido. El tiroteo no se detuvo en solo alejarlo, sino que además, con un movimiento de empuje en su brazo, se desplegó el armamento de un arma con una boquilla más grande, parecida a una bazuca más delgada y fácil de transportar.

Lo último que pasó en ese enfrentamiento fue el sentir de su propia muerte por cada vez que el sable se acercaba peligrosamente a su cara antes de retenerlo con la misma arma de mano hasta empujarlo lejos de su vista, tenía más que claro que jamás le ganaría a un Jedi, eso debería ser suficiente información para hacerlo recapacitar y no ponerse a pelear con uno, pero tampoco podía dejar morir a una persona que en su supervivencia jamás lo trató mal y le tendió una mano cuando lo miró en aquel bar de mala muerte. La única razón por la que seguía respirando tan acelerado, fue gracias a que el Jedi desistió de perder el tiempo, es como si hubiera recibido un llamado de tener que alejarse del lugar y no era para menos si Mariana ya había avisado a las tropas de necesitar más gente.

Es como volvemos a la situación actual de vida y muerte.

— Dígame cualquier cosa, no sé, míéntame la madre o lo que sea — iba en contra de sus órdenes retirar su casco, más si se trataba del de su superior, no podía ver que sus ojos estuvieran abiertos, no quedando otra más que guiarse por los sonidos de su respiradero.

Con prisas se disculpaba por tomar una piedra filosa y romper parte de la capa con el propósito de usarse como vendaje. Era tanto el terror de que el pecho dejara de subir y bajar, que no notó el dorado de la sangre, puesto que en todo momento trataba de dejar su oído pegado a pecho como la única cosa que le podía dar señales de vida.

— Your name... — apenas un susurro destrozado por las cuerdas vocales que tenían una lucha por hacer arder cada letra, su cuerpo le pedía cerrar los ojos, más resistía con la mentalidad de haber pasado cosas peores que esto, le sería humillante perder conocimiento delante de su propia tropa.

— ¿Eh? — Se levantó de inmediato buscando la voz que retumbó del pecho que parecía estar debilitado con sus fuerzas desgastadas. Por suerte la presión de la capa estaba dando ayuda en parar momentáneamente la herida, pero dentro de él sabía que tenía que actuar rápido y moverse.

— What's your nam- — Los lamentos del dolor empezaron aparecer, tosiendo y sintiendo la asfixia por el espacio cerrado en su cara, su mano buscó llegar a su propio pecho como si eso fuera a desviar la atención de ardor a su costado, pero lo que tomó fue el brazo recubierto de plastoide blanco, aferrado como un náufrago a su timón.

El soldado de asalto no podía bajar su guardia, tensando en cuerpo por el toque, pero con la fuerza que tenía, trató de levantar o ayudar a moverse al gran cuerpo.

— Mariana, ese es mi nombre — sus diálogos tenían prisas, retirando el agarre que fue tomado de su brazo solo para poder pasar la extremidad ajena por encima de sus hombros y alzarlos a ambos cuerpos, pese a ser notable la diferencia de sus alturas, pudo sostener en equilibrio la anatomía que dejaba caer su peso encima de él. — Lo voy a sacar de aquí, solo no deje de hablar, ¿Can you listen to me?

El más alto intentó asentir, pero al querer inclinarse hacia adelante por el dolor, no podía más, lo que casi provocando que ambos cayeran, afortunadamente Mariana clavó sus pies a la tierra, apretando los dientes por el esfuerzo.

— This is burning like shit — escupió más molesto por tener que ocupar ayuda que por su grave herida, ni hablar de como sus pies se arrastraban entre la lodosa tierra de ese planeta infestado de insectos — How are you still alive? That Jedi was a rookie but he could still kill you.

— Gracias por el apoyo moral, no se vaya a morder la lengua — Sus palabras salieron más en automático a su manera de responder sarcásticamente a esa gente que intentaba meterse con él que de verdad olvidó a quien le estaba contestando.

— ¿Excuse me? — su cola de tiburón se balanceó denotando la molestia del descaro en contestarle, pero tampoco estaba en el mejor de los estados para usar el poder de la fuerza.

— ... Se me salió, sorry man — murmuró empezando a pedir nuevamente ayuda por sus intercomunicadores que tomaban una mejor señal entre más se alejaran del cráter de lucha. — Solo estoy aquí porque alguien pareció llamarle y prefirió irse.

— Your aim is horrible.

— ¡Hey! Nada más me vino a pinches criticar o ¿qué pedo?

Por una vez, lejos de los quejidos y gruñidos por la torpeza de su andar, Mariana escuchó lo más asemejado a una risa sin fuerzas o estruendo que salía del casco oscuro, mostrando que debajo de ese traje podía esconderse alguien con otras aspiraciones a las que su destino le hizo elegir. La mandíbula se aflojó pues entre intercambios de palabras lograron ser vistos por más clones capacitados en el rescate, lo que trajo alivio ante sentir como la voz robotizada a su costado perdía volumen y ganas de responder, como si estuviera perdiendo el conocimiento.

— Thank you, Mariana — No eran un agradecimiento obligatorio o cortés, en verdad el soldado facilitó cambiar el malestar de sus heridas por querer entender a la persona que arriesgó de una forma tonta su vida por rescatarlo. Estaba de verdad agradecido en tenerlo parte de su escuadrón.

Mariana por su parte, permaneció de pie atónito, solo viendo como el equipo de primeros auxilios se llevaba lejos de su cuerpo al líder del mal, dudaba en qué volviera a recordar su nombre o siquiera no lo confundiera con otro de sus compañeros tan parecidos a él, pero ni ese pensamiento bastó para bajar el calor que en su pecho se instaló.

No sería la última vez que se encontrarían.

 

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Presente

 

Marchaban en perfecta sincronización sus soldados de asalto, todos armados sin empujarse, sosteniendo la imagen de perfección y buen orden que solo él construyó desde cero y quizás muchos de ellos tenían mala suerte en terminar con impactos de rebeldes que traspasaban sus trajes. Aún así, se sentía orgulloso de cargar con valientes y no cobardes que asesinaría con sus propias manos de la impotencia de no hacer su trabajo.

Sí, Foolish fue el mismo en pedir estrictamente tener al soldado Mariana a su lado derecho, de entre todos era el único con quién se permitió tener un vínculo más estrecho y quién se volvió reconocido por encima de las copias de trajes blancos, de hecho desconocía en su totalidad los nombres del resto al no ser información que ocupara en su vida. Definitivamente tuvo que fingir ignorar el saludo que hace rato le dió, no es que quisiera ser grosero, pero aún era un tema complicado el intento de relación que llevaban, por más que se intentara ser discreto, la galaxia les hacía ser demasiado obvios.

¿Era tan difícil querer alejar a Mariana del ojo de sus enemigos?

Esa pregunta se contestaba sola con lo que su cuerpo le hizo sentir ahí mismo en medio de la batalla, con sable rojo en mano, empujaba de regreso cada bala utilizando una sola mano a su ves que tiraba hasta partir estructuras de la base con el cuerpo de rebeldes gracias a la fuerza magnética de la izquierda, jamás había compasión o plegarias que tomara, entraba en un estado automático de tener que aniquilar y tomar lo que por derecho le pertenecía.

Foolish era la llave que partía los candados de las puertas, quien dejaba espacio libre a su armada por conquistar y engrandecer su poder, la herida del pasado solo aumentó ese deseo por la venganza. Caminaba aacon una elegancia cargada de un poder que hacía temblar las luces de sus alrededores y aún cuando la lluvia de balas quería dejar la más mínima marca, solo le bastó alzar con telequinesis dos trozos de metales que le despejaron el camino.

Cuando miró a su derecha, la falta de su compañía le causó tener que ir en su búsqueda, lo que no tomó demasiado tiempo con las discusiones escandalosas que se elevaban más que el sonido inducido por balas.

— ¡Sácate a la verga! — El armamento de fuego había sido lanzado por una patada que lo hizo tenderse en el suelo, sacando sus quejas que aumentaron en dolor por la bota que se clavaba con saña sobre el pecho. Sus ojos a través del visor, emitían un odio y asco por la presencia, intentaba quitarlo, pero era inútil.

— ¿Por qué obedecería a alguien del imperio? — Discrepó apuntando la mirilla de su rifle bláster, preparándose en acabar con la vida por la escasez de información obtenida.

Era curioso el gusto de la naturaleza por involucrar al chico de ojos avellana en esas situaciones al borde de la muerte, no le resultaría una novedad tener un asiento reservado junto a la catrina, no obstante, era el mismo nivel de suerte la que lo sacaba de esos aprietos. No muy lejos, la aura oscura se asomó por encima de su atacante, apareciendo una sonrisa de triunfo.

— ... Mm ¿Tal vez por amor a tu propia vida? — Sonando con la inocencia que carecía, se quedó a esperar el espectáculo, pasando de luchar y mejor dejar descansar sus brazos a los costados de su cuerpo tendido por los suelos.

Sin darle el privilegio de contestar con dudas, los ojos del individuo que pertenecía al otro bando, se abrieron con horror, el sentir que su garganta se cerraba y era apretada; plantó tanto pánico como confusión, soltando de inmediato su arma y llevándose ambas manos a su cuello como si eso ayudara en quitar la causa de su estrangulamiento. Por consiguiente, el cuerpo además de ser alzado lejos del soldado Imperial, fue rotado con brusquedad teniendo delante suya la figura callada de su verdugo.

El líder no estaba contento con las implicaciones de pisotear como si nada a la persona que atesoraba, era directamente lastimar el núcleo de su poca fé en la felicidad, menos que se tratara de basura espacial. Su mano izquierda lo sostuvo en alto con la telequinesis de estrangulamiento, cerrando poco a poco los dedos, esto hacía cortar el flujo de su oxígeno, pero antes de darle sepultura, no desaprovechó en acercarlo a su tapado rostro.

— NEVER dare touch him — Ya sea el efecto que añadía su robotizado sistema de casco o el sentimiento de una fiera siendo retenida por las cadenas más pesadas, puso una enorme amenaza sanguínea culminando en cerrar su mano con un puño que hizo tronar la vértebra cervical ante el enojo del descaro humano por sentirse superior sobre otros, sobre Mariana.

Cuando la plasta de huesos y músculo fue tirada con la misma moneda que derribó a su querido, caminó en plena calma, extendiendo la misma mano que dañaba, pero que ahora se ofrecía en ayudar a levantar su universo, abriendo la brecha en escribir sus propias reglas y escoger quien verdaderamente merecía los buenos tratos.

— Muchas gracias, mi Lord — Sus manos juntas se sentían a un hogar, al fuego de una fogata que calentaba sus noches frías de soledad, no rompiendo el agarre de inmediato y solo persuadir con el acomodo de su casco.

— You could finish him off — No sería él quien rompiera el tacto, desviando la atención a regañar la baja de su guardia con un simple republicano, porque mejor que nadie conocía lo que era capaz de hacer Mariana.

— Estaba en el suelo — Entre excusas retiró su agarre para levantar su bláster, recargando el arma sin siquiera voltear a verla tras tener sus ojos puestos en la figura más alta.

— I know this is nothing to you, you've been in worse situations — Y no mentía, eran contadas las veces que debía involucrarse en su rescate.

— Quizás me gusta sentirme como una princesa en apuros para que vengas a rescatarme.

Los dos quedaron callados, mirándose fijamente en esas batallas silenciosas por ver quién perdía la compostura antes, lo que se redujo a un Foolish avergonzado de la imagen que su cabeza creó, teniendo que mirar a otro lado y no caer de vuelta en los encantos que sabía se ocultaban bajo el casco, al menos no aún, todavía tenían que retirarse a tomar una nave de regreso.

— ... We have to get out of here — dando una vuelta, caminó sin voltear a ver sus espaldas con la esperanza de que le siguiera y no volviera a desviarse de su lado.

— ¿Te puse nervioso otra vez? —, Marchaba entusiasta por los escasos momentos a solas que compartían, teniendo más oportunidades de acercarse y caminar a la par — Es porque te gusto, ¿Verdad?

Los dos sabían que no se iba a detener hasta tener respuestas verbales, pero eso implicaba un reto para quien le eran dirigidas las preguntas, pues su nerviosismo en ser atrapado y señalado, no permitía hablar con coherencia lo cual resultaba irónico para alguien que minutos atrás acabó con bastantes vidas sin sentir piedad. De todos modos, no contestó, siguiendo adelante en su ruta que les conduciría a la nave más cercana y espaciosa.

— ¡Hey! No puedes intentar ignorar mi pregunta.

¿Y qué si era cierto lo que afirmaba? No había ningún ojo fisgón a sus lados y de haberlo, la fuerza le haría sentirlo para aniquilarlo antes que lograra soltar una sola palabra a sus comunicadores. Así que no, no podía ignorar querer dejarle en claro que no mentía y la declaración fue acertada, sin embargo, quería intentar no ser demasiado obvio el nivel de debilidad al que estaba sometido por ese soldado.

— I don't like you, I love you and me pones tonto — Fue suave en su pronunciación, más de lo que tenía previsto lanzar e inconscientemente su cola de tiburón se agitó por debajo de la oscura capa.

Y como deseaba mantener un porte, no volteó a su costado a ver la reacción en el cuerpo ajeno, solo teniendo como respuesta un silencio que le pareció demasiado largo para su propio gusto, pero cuando estuvo a punto de checar que había dicho mal, la melódica voz se adelantó.

— No tienes más naves o planetas por conquistar hoy, ¿Verdad? — El casco no estaba viendo a la oscuridad del líder, jugando más con las recargas de su fusil.

— No, I finished my missions — No estaba sorprendido el oír el cambio de tema o evitar de sus palabras conduciendo la atención a otro tema.

O eso era lo que pensaba que estaba haciendo antes que continuara su sugerencia.

— Entonces... Ya que insistes en que te pongo menso, ¿Por qué mejor no extenderlo a nuestro hogar cálido y así darnos mucho amor, abrazos, besos, etcétera.

De esas pocas veces que Mariana conseguía tirar en el blanco de los nervios que hacían inestable la postura, Foolish pegó un ligero salto en su ubicación, atragantándose con su propia saliva desviada del fuerte sonrojo por la confianza de asegurar compartir un espacio seguro para dos como si se tratase de un matrimonio.

— WHAT- We don't share a home! — Casi un chillido nada impropio del temible Lord se estaba escapando en sus temblores creados en su estómago que se sentía burbujear de las emociones vergonzosas. La sola idea de compartir siquiera una habitación ya le tenía hecho un lío, puesto que eso llevaba a una comodidad doméstica que no creía merecer.

Lo que consiguió bajar el aturdimiento de sus emociones sonrojadas, se trató de las risas familiares que provenían de la compañía, quién gozaba del espectáculo que un par de palabras influían en el líder.

— Por ahora — No podía notarlo por el cubrimiento de su casco, pero le había guiñado el ojo y mostrado una sonrisa ladina. — Tal vez el día que consigas conquistar toda la galaxia, podremos tener un lugar para los dos.

— But... I already won you over a long time ago — Una confesión salida de sus adentro se escapó sin permisos previos, soltando que consideraba al más bajo más que su mundo. Fue entonces el turno del soldado de callar, apretando sus dedos en el material del arma, acostumbrado a las muestras de afecto no tan profundizadas que parecían hasta chistosas, pero nunca podía estar preparado para una confesión del peso que influía en su ser amado, orillando al chico a tener que fruncir su semblante para así ocultar un calor de sangre subiendo a sus mejillas.

Y antes de poder contraatacar las dulces palabras, su intercomunicador lanzó un aviso que exigía abandonar a toda costa el lugar, resguardando siempre la seguridad de su superior, por lo que con un gruñido irritado en la interrupción de su momento de rosas, giró el casco directo a la salida más cercana.

— Tengo que sacarte de aquí, vámonos — Tras ese intento de voz firme y pasos marchantes, se estaban escondiendo grandes ganas de abalanzar su cuerpo contra el más alto y recibir todo el amor que le pudiera dar, en cambio, liberó un poco de esas ansias con un vistazo a sus espaldas. — Espero pueda devolverle, de otras formas, las encantadoras palabras más tarde en la privacidad de sus aposentos, mi lord.

Con aquella terminación de tema, sobró decir que el mando superior, le atravesó una ráfaga de vergüenza que trató de disimular con su caminata casual, más siendo traicionado por el incremento de su respiradero e inestabilidad en el soporte de su sable.

Si Mariana lo llegó a notar, no dijo nada, solo sediento el paso adelante a su superior, estando ambos ligeramente agitados por la emoción de alejarse de la guerra e ir a algo más íntimo como lo era el besarse y acurrucarse como aquella primera vez.

 

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   Hoth

 

— ¿a qué te refieres con que no vendrás conmigo? — Era notable que no esperaba esa respuesta a su intento de rescate a última hora, teniendo que fruncir sus cejas y mover sus ojos a varios lados del uniforme blanco, que habría creído obligaron a su viejo amigo a colocarse, en su cabeza no entraba la sola idea que estuviera ahí por cuenta propia, mucho menos que tuviera iniciativa por pelear contra la orden que tanto defendían; los rebeldes

— No me voy a ir contigo, Juan, estoy perfecto aquí — lo dijo como si fuera lo más obvio y sensato, demasiado seguro en su decisión que hizo flaquear al otro chico.

— ¿Te das cuenta de la pendejada que me estás diciendo? ¡Estás en el lado del imperio, Mariana! — Su voz se alzó para bajar de inmediato al no querer llamar la atención de más tropas cercanas, aunque con la cantidad de armas y explosiones que les rodeaban en la fría guerra, dudaba ser lo más llamativo.

En aquella ocasión, encontrar con vida al castaño más alto, lo consideró un tiro de mucha suerte, años pasaron de la última vez que supo algo de él, en un comienzo supuso las deudas alienígenas se habrían cobrado sus pendientes con la cabeza del chico, según su último avistamiento en cierta cantina.

Pero aquí estaba, más vivo que muerto y delirando tonterías con no desear escapar.

— Ya lo sé — El casco que le mantenía del anonimato, estaba lejos de su cabeza tras toda la repentina conmoción de un viejo rostro familiar, y dada su confianza mútua, no tuvo problema en charlar sobre las cosas que hicieron en ese tiempo.

Solo que no esperaba un "rescate".

— ¡¿Y eso no te hace asquear?! Se supone que deberías estar feliz porque pude encontrarte, yo, el soldado rebelde más capaz, el único que tiene una nave disponible para irnos de aquí los dos — Juan continuó insistiendo, queriendo saber los motivos detrás de tal idiotez dicha, también ignorando la sensación de acidez por la facilidad con la que Mariana se rehusaba a irse.

— La neta, prefiero estar de este lado antes que volver a subir a una nave rebelde — Desvió la mirada con desdén, cruzando sus brazos tanto por actitud petulante como por el frío de la base en la que yacían ocultos. No les tenía odio a todos los de ese lado, obviamente no, pero pasó tanto tiempo en que defendió esa causa hasta sentir que ambos bandos no eran escalas de blanco y negro, sino un gris, ambas tenían sus buenas y malas cosas por igual.

— Te lavaron la cabeza... ¿Una lobotomía? Estás delirando — La confianza que se le instaló en su pecho, fue decayendo con las excusas baratas, asegurando tentativamente el arma de sus manos, como si por cualquier razón, el miope se atrevería a atacarlo sin pudor y necesitaría defenderse a toda costa.

— Hey, no es mi culpa que el imperio me haya dado todo lo que los rebeldes se encargaron de chingarme — No quiso sonar mezquino, en verdad ya sus emociones se habían apaciguado con su incorporación al imperio galáctico, incluso ahora había subido su rango de ser un soldado de asalto común, a un Snowtrooper.

También estaba la parte en la que cambiaba miradas más a menudo con su Lord Foolish tras su rescate en kashyyyk o al menos le gustaba pensar en la idea que él sabía identificarlo por encima de los demás. Si, comprobó por su propia cuenta si le daba ese mismo avistamiento a sus otros compañero de asalto.

Al igual que fue evidente como el mismo le cuidaba la espalda y constantemente le pedía a Mariana quedarse a su lado izquierdo sin perderlo de vista.

— Mariana, no mames, ¿Te estás escuchando? Dime una sola razón por la que no deba darte un putazo para hacerte entrar en razón — Lo decía en serio, necesitaba motivos para poder creer que no habían inventado un artefacto que modificara los ideales de las personas.

Fue entonces que aquellos ojos avellana que estuvieron evitando mirar directamente al preocupado chico, se enfocaron en su misma dirección, mirando a través de sus gafas, habiendo cortesía en no desear insultar a su viejo amigo, pero además de ello, un brillo sutil apareció anhelando algo a alguien.

— Encontré a alguien que no teme en arriesgar su rango solo por estar conmigo... — Un susurro que se fue expandiendo por las puntas del frío lugar, pareció más cálido que deprimente a comparación de como sus ojos se notaba afectados en el cargar de recuerdos, en la neblina con la que trataba de evitar ese tema.

Fue suficiente para callar las alarmas de pánico en el castaño más bajo, quién lo entendió a la perfección, quién solo pudo abrir su boca para cerrarla de inmediato tras no tener nada con que debatir su respuesta, era el menos indicado en esos temas y demasiado torpe para darle la seriedad que requería.

— Ugh ¡De acuerdo! Ganaste, no te obligaré a venir conmigo, pero debes presentarme a esta persona que te trae como pendejo, aunque espero que sigamos con vida para ese entonces — Ambos eran consientes de la poca seguridad de sus vidas y aún con eso en mente, no pareció hacer cambiar de opinión a su amigo.

Mariana solo pudo sonreír, palmeando los hombros antes tensos del chico.

Lo correcto habría sido seguir poniendo al día a su compañía con los acontecimientos que pasaron por separado. Desafortunadamente, los pasos acercándose a ellos les alertaron, siendo Mariana quien se volvió a colocar su casco con dificultades por la rapidez, mientras el otro chico apuntaba impulsivamente a la entrada principal de esa base.

— Mejor tu córrele a la verga de aquí — no era una sugerencia la que lanzó el soldado, sino una súplica escondida como una orden.

— ¿Qué hay de ti? Capaz es uno de los míos — Aunque la duda se escuchaba en su voz, sus pies ya estaban retrocediendo en dirección hacia una compuerta que conectaba con varios túneles, sin dejar de apuntar.

— Tu sabes que no le vas a disparar a alguien así como así a menos que se te resbale la mano...

— habíamos dicho que eso fue un accidente — Su protesta fue alzada en un susurro acusatorio.

— como sea, solo ¡vete!

Mariana tuvo que volver a mirar la duda en los ojos marrones, el cual a regañadientes se ajustó su bandana y salió a toda prisa por su única escapatoria, dejando como evidencia de su presencia el sonido de pisadas corriendo lejos de ahí.

Estando ya solitario, recargó de memoria el fusil, emitiendo de la boquilla un brillo de átomos radiantes al contraste de sus ojos que enfocaban un posible objetivo, listos para impactar contra el intruso que se acercaba, solo esperaba...

Tres...

Dos...

Su armamento no tiró un solo disparo, no cuando el material del fusil bláster había sido cortado por la mitad, casi traspasando las telas de su vestimenta y dejando en la desafortunada arma una línea de hierro fundido por el calor de un sable rojizo que le apuntaba directo a los ojos ocultos detrás del visor de su casco, los cuales se abrieron anonadados de los centímetros que le separaban.

— Mi lord... — La garganta se había secado, tropezando levemente con las oraciones que no daban mucha coherencia para preguntar qué estaba haciendo o si iba a cometer un error.

— You were not alone — Declaró denso en sus palabras, como si al decirlo tuviera la esperanza de estar exagerando y no se tratara de que le ocultaban algo delante de sus narices.

— ¿Qué? — Las letras se atoraban en su boca, más no fueron nervios lo que le hicieron tener problemas en responder, era más la impresión por estar hablando de vuelta con su superior desde aquella última vez, casi podía decretar que el tono sonaba lejano, anhelante si decidía prestar más atención.

— Who was with you, were you betraying me? — Decidió ser más directo a medida que su figura se cernía incrementando su altura frente al soldado. La imagen del emperador oscuro que a diario lideraba tropas, ahora mismo estaba usando el mecanismo más bajo de su apariencia, solo con intenciones de hacer hablar con la verdad, o quizás estaba dando la oportunidad a que le mintiera descaradamente y así no tener que dudar de él.

Lo último era sin duda lo que menos deseaba, puesto que quería poder salir de ese cubo de hielo al que tenían la osadía de llamar planeta, con aquel soldado a un costado suyo.

— ¡No! Por supuesto que no, es demasiado para explicar, pero le prometo que no traicionaría su confianza, mi señor — Se fue acomodando mejor en su lugar, permitiendo la cercanía que se cernía, de hecho, disfrutaba en secreto esa diferencia de alturas al estar acostumbrado a ser el más alto.

— Lo que pasa es... Es que me topé con un viejo amigo, me pidió irme con él — Sus ojos checaron por el rabillo la misma trampilla por la que se había ido el adverso, devolviendo de inmediato sus ojos al frente del casco oscuro luego de escuchar ese respiradero más tenso. — ¡Pero rechacé la oferta! Me gusta estar de su lado, estoy comprometido con la causa y sé que usted ganará todas las guerras espaciales que vengan por delante.

La espera de la respuesta, daba paso libre a checar mejor la figura delante suya, siendo dominante los colores oscuros que gracias a la distancia que les quedaba de separación, pudo identificar varios raspones provenientes a proyectiles de plasma que solo pasaron a gran velocidad, como si aquello resultara ser suficiente para poder debilitar a un alto mando, cosa demasiado errónea.

Toda su búsqueda llegó a un final luego de oír como se retraía el Láser rojo del sable, siguiendo de segunda la estática a causa de un suspiro. No estaba del todo seguro como tomarse eso, no había parecido molestó ni irritado por la situación, si Mariana tuviera que adivinar, habría sacado la suposición de alivio, tal vez un Foolish aliviado por no ser un traidor y no tener que tomar cartas en el asunto.

— That's good to hear — Fue cuidadoso en no dejarse llevar con malos recuerdos, tomando vacilante, la mano de su solado, y sin comprender aún del todo por qué su sistema se comportaba tan inútil y torpe con la presencia de Mariana. — But you'll have to become a stormtrooper again.

El castaño por reflejo de la noticia, quiso alejar su tacto con sus ojos acusatorios, buscando la broma o truco. Le fue imposible hacerlo por la rapidez con la que el líder se mantuvo sujeto a sus dígitos, intentando mantenerlo en tierra y ofreciéndole delicados apretones en las palmas, lo que funcionó muy bien al tragarse la acidez de su garganta.

— Me gané este lugar, no puedes venir muy vergas a... — Aparentemente la acidez no bajó del todo, sellando su propia boca antes que soltara cosas impulsivas.

Fue ese el momento donde se introdujo de regreso la voz más estática de Foolish.

— I know... I'm doing this because you'd be in danger if someone else tried to ask you questions about your former colleagues — Mejor que nadie sabía lo que pasaba dentro de sus propias tropas, los peligros que implicaban si esta información llegara a manos de su sádico emperador. No se podía permitir el error de condenar el descuido que podía evitar con solo alejar el ojo de atenciones a sus soldados de asalto que en número ganaban a cualquier otro escuadrón de compañía. Ahí sería más fácil pasar desapercibido a Mariana.

— I just want you to be safe because You — Movió su cabeza en negación, recordando un poco del lenguaje que usaba su ajeno. — Porque tu me...

Sin tratarse de algo esperado, la terminación de su oración murió tan rápido como los suelos bajo sus pies temblaron y las recubiertas paredes de hielo les salieron enormes fisuras que lograron quebrantar enormes trozos, unos muy importantes para mantener en alto el improvisado refugio sobre el que yacían.

— ¡Shit! — El cuerpo por instinto, tomó y tiró hacia su dirección, el cuerpo confundido del Snowtrooper, asegurando ante todo su seguridad para que cualquier bloque de hielo cayera sobre el líder. Con un movimiento de muñeca, el sable se desplegó, girando como hélices para partir el hielo, a su vez, su mano libre sostenía contra su pecho la cabeza cubierta por el material del casco blanco de Mariana.

Debajo del casco blanco, la respiración se habría acelerado muy parecido a correr un maratón de persecución matutina, aquella arma cortada por la mitad ya ni reposaba sobre las manos, estás tomaron un camino al dorso sobre el que su cara se aplastaba, encajando sus dedos cual felino aferrado a un árbol para evitar la caída, escuchando los pequeños trozos de hielo que apenas caían como residuos sobre su cabeza.

Un ataque, era eso lo que parecía que sufrieron sin aviso, fue más evidente cuando escucharon los pasos de tauntauns corriendo a prisas por encima de la estructura sobre la que se enterraron. Ambos guardaron silencio hasta asegurarse que no escucharan más presencia. Sus respiraderos luchaban por expulsar los copos de hielo que se derretían y causaban molestias.

— I think there is no one left — miraba al techo de témpanos fríos que les escondían en un lugar estrecho por los escombros. De vuelta desactivó su armamento al negarse en soltar la mano de apoyo que aún protegía a Mariana, de esa forma pudo conectar con interferencia el anuncio a sus tropas de más rebeldes merodeando su campo.

Cuando la cercanía se volvió abrumadora, el castaño se despegó, siendo inútil hacer aquello al topar muy rápido con el hielo, lo que le hizo subir su cabeza y analizar mejor la situación sobre la que se encerraron. La situación no se veía tan desastrosa si lo pensaba, Foolish podría sacarlos con el calor que irradiaba el sable, o eso era la idea antes de otro terremoto que hizo caer una avalancha de nieve sobre ellos, hundiendo aún más sus cuerpos protegidos por la improvisada estructura.

— No mames que nos quedamos aquí... ¡Nos vamos a morir de puto frío! — Ya sentía que sus piernas querían quedar entumidas por la falta de calor, pero por lo menos se podía dar una felicitación en no ser alguien claustrofóbico.

Foolish se quedó callado, averiguando como podría sacarlos de ese lugar sin que alguno perdiera cualquier extremidad por las altas temperaturas de exposición o quedar aplastados por montes de nieve, lo cual solo tenía como mejor camino la espera de sus demás soldados, a lo que les mandó la ubicación exacta.

— Aguardaremos here — murmuró el de ojos verdosos, tratando de hacer espacio y no abrumar.

Y al tener que hacer tiempo, el más bajo no dudó en intentar formar una plática.

— Entonces... ¿Qué era eso que me ibas a decir?

— ¿Eh? — la pregunta le dió un nuevo punto de atención, perdido al principio sobre qué se refería, más dando con el hilo muy rápido hasta hacerlo temblar. — Oh It was nothing.

Tener cubiertas sus facciones, evitaba averiguar con exactitud lo que sentía la otra persona, a lo que Mariana fruncía su cara con molestia por este evitar de sus palabras, podría decir ser tonto en muchas cosas, pero jamás en averiguar y atinar cuando alguien le intentaba cambiar el tema o evitarlo.

— Destruye cualquier cosa que esté a su paso, pero es un miedoso con las palabras... — Murmuró como si la persona que tenía delante no tuviera la capacidad de destruirlo con un cerrar de puño, su única justificación era no estar pensando demasiado para no alterarse.

— Wait, are you talking about me? I'm not a coward and you should watch your words — Un tono más grave hizo hacer gruñir sus palabras, agachando en el proceso su anatomía y de ese modo encarar al más "bajo".

— Ay disculpe, mi lord, olvidé que podía oírme — Todo lo contrario a la creencia, su cuerpo no se sintió pequeño e intimidado, de hecho, en su estómago brotó una chispa débil que fue complacida con la voz, esperando oír más.

La cercanía tampoco parecía ser un problema, tener ambos sus caras ocultas, quitaba gran peso de llegar a sentir estar rompiendo espacio personal, sabían que ante sus ojos se verían muy cerca cuando en realidad sus cascos los alejaban bastantes centímetros.

— Mariana — Juraba percibir una sonrisa socarrona, aquella que se burlaba de lo débil y blando que se volvía por no tener coraje en ser un patán.

— Solo quería saber que me iba a decir, lo evita como si fuera una cosa muy grande de digerir — Él empujaría hasta obtener una respuesta, deseando oír más de la autoritaria voz.

Pero dadas la falta de inexperiencia en ámbitos de expresar más emociones que no fueran los deseos de venganza y poderío, el mando superior apretó sus manos en puños, siendo un milagro tener guantes que evitara lastimar sus palmas con el encajar de sus garras. La impotencia crecía, a la par de irritación por querer que les interrumpieran y liberarse de tener que hablar.

— It's complicated, we'll talk about it another time and... place — Hubo un deje de incomodidad por no poder rascar detrás de su cabeza el tic nervioso. Como nada de esa actitud era propio de él, se recordó a si mismo la cantidad de cosas malas y horribles que hasta la fecha cometió, todo en intentos de regresar ese aura neutral y frío.

Una verdadera lástima el que ahora mismo no estuviera con un comandante u otro soldado diferente, pues resultó inútil con lo siguiente que llegó a sus audios.

— Ora qué pedo, ni que se tratara de una declaración de amor o querer robarme un beso — Se dijo con aires despreocupados, como un comentario que tiras para rellenar una conversación, porque la sola idea era chistosa, simpática. Inclusive sus manos y caderas se movieron con gracia aguardando que lo mandara a callar y dejara los juegos.

Foolish no dijo nada.

Mariana tampoco.

Lo que se llegó a suponer como silencio dudoso, pasó a ser algo más, un hueco donde los sonidos más fuertes se basaron en las ventiscas de aire helado. De repente su espacio se sentía más pequeño, el clima inclusive se sentía bajar muchísimo más a una temperatura gélida y los cascos que se observaban cual competencia de miradas, no tenían el coraje de cortar el hilo.

El cuerpo temblaba sin querer preguntar el motivo, porque una parte oculta no quería atinar aquello a una erupción de imaginarios escenarios que condujera a ambos por una ruta sentimental.

— No se trata de una declaración de amor y un beso... ¿Verdad? — Tuvo que intervenir la temblorosa voz del castaño, cuidadoso en lo que salía de su boca, la cual solo se sintió más adormecida por el peso de las palabras y la incertidumbre a quedar como un tonto que interpretó mal el mensaje.

De nuevo, el más alto no contestó al instante, chocando la espalda, recubierta por su capa, contra el frío del hielo cristalizado en vagos esfuerzos por generar distancia, obteniendo resultados inútiles. Los respiraderos soltaron vaho, resultado del vapor de agua que se condensó y subió.

— No- well, something like that, not in those words, I... — El timbre de voz fue descendiendo, con planes de explayarse lo máximo posible, un intento de cortina de humo para no abrir ahí mismo los molestos pensamientos y vomitivos enjambres de sentimientos, pues resultaría en una debilidad.

No obstante, Mariana resultaba tan cautivo, con aquel humor que sacaba más de una risa a su gastada garganta tras su voto de silencio, era surreal cual fácil de identificar consistía por encima de cualquier otro con misma vestimenta, lo hermoso que sería debajo de todo ese material que tapaba las facciones. Ni hablar de las ansias que picaban en las yemas de sus dedos por sentir y tocar, cada facción y parte de su cuerpo.

Lo necesitaba tanto con él, que conocía la única palabra que encajaría a la perfección con sus "malestares" que seguía negando.

Y Oh...

Oh

Estaba tan enamorado de él.

— Listen, Mariana, it’s very hard for me to tell you that- confess the... uhm... ahg ¡to hell with this! I’m attracted to you, like a planet is attracted to its sun, it’s as if a force pushes me to want to rotate around you and my body gives up when I have the slightest chance to touch you — Desahogó todo lo que su cabeza le hacía pensar antes de cerrar sus ojos, permitió no ser un cobarde y darle la cara al responsable de su sentir, apretando sus manos a modo de soporte que facilitara no abandonar la confesión.

Hasta que la propia presión no fue suficiente. Su dorso se inclinó hacia adelante, buscó de segunda, el tomar las manos más delgadas entre sus guantes oscuros, a un modo de formar un capullo de protección contra la ventisca helada y acercarlas a su propio pecho. Su corazón, que aguardaba un ser inmortal, latía más ruidoso que nunca.

— I may now be part of the dark side, but if I were to become a Jedi, I swear and promise you, I would abandon the order no matter how much they cut off my head to yell at every star, planet and system in the galaxy, how attracted and mesmerized I am by you. I would break a thousand and one rules if it meant possessing your affection — A diferencia de sus pasados comportamientos, no titubeó, tampoco hizo pausas alargadas, la parte que recitaba, era aquella de mandamás, la que consecutivas veces tenía la autoridad y poder sobre otros. No es que quisiera ser tosco con su confesión, era más la idea de dejar en claro que estaba muy seguro de los riesgos que tomaría.

No le importó las primeras veces que aceptó más cercanía con el soldado y menos le presentaría como un problema el dejar escalar su relación a más, porque era tan codicioso en tomar todo lo que desprendiera un brillo, y lo sería de igual manera con el sol radiante que trabajaba a su lado.

— Lord... — Se corrigió moviendo la cabeza a los lados tomando de vuelta la conversación tras mordisquear la parte inferior de su labio. — Foolish- tu no puedes decirme eso — Los dedos entumidos, no por el clima helado, se apartaron del agarre cálido, dejando la sensación de un hueco en su pecho.

Las solas acciones, adoptaron tensión en esa poco espaciosa imitación de iglú, flaqueando en el camino, la seguridad de quien debería carecer de dudas al ser líder. ¿Era acaso un tonto por suponer cosas que no existían?

— No puedes decirme todas esas cosas porque me haría ilusionarme en la idea de poder estar contigo y sentir que acerté por fin en algo, porque también quiero tu cariño y poder devolverlo — Por supuesto existía aún un miedo por equivocarse nuevamente en ese tipo de elecciones, repetir historias pasadas en las que tendría que trabajar por su propio bien, pero sin así, deseaba intentar entregar su corazón y luchar contra todo pensamiento de sabotaje que le dijera terminar con esto.

Y su confesión pareció influir en forma positiva, pues aún respetando la distancia impuesta, algo tras la alargada capa se removió, muy posiblemente una cola de tiburón, lástima que Mariana no se le diera tiempo de comprobarlo ante la búsqueda de la máscara oscura por su total atención.

— Then accept me, let me take you as my one and melt our feelings into one — Era característico la creencia que se contaba de tener la oportunidad a percibir fuertes sentimientos emanando del alto cuerpo de ropajes oscuros. Por ahora, solo se podría llegar a sentir el gran afán de no dejar ir la oportunidad de tener en sus manos el tacto del adverso. — Let’s conquer each planet and make the rebels disappear, you and I can own everything, and if you come to want more things, I’ll give them to you, just wait for him to be the next emperor and you will have it all.

Un corazón tan dañado por las guerras propias, se le fue entregado al mismo que tenía la osadía de dudar anteriores veces acerca de si sería suficiente o si estaría a la altura de su ajeno. Oír cada palabra solo hizo crecer seguridad, adrenalina que ya estaba desbordándose de lo intenso que se sentía, fue eso lo que le dio el último impulso a retirar el casco, dejando al descubierto sus facciones y expresión desprendiendo sutil brillo de sus miras.

— Esperé con tantas ganas esto... tómame, soy y seré todo tuyo en cada ciclo solar, solo si tú me dejas devolver esa misma pertenecia, que seas mi todo y solo mío — Las cejas se fruncían, retadoras a que cumpliera las palabras y lo hiciera suyo, a que lo dejara callado solo con el cumplimiento de sus promesas y pese a verse con la guarida alta, sus ojos destellaron con suavidad en reconocimiento de que le daría su tiempo y no lo impulsaría en acelerar las cosas.

Fue entonces el turno de que Foolish dijera algo, pero sus palabras se desalinearon y perdieron en el camino de su garganta. Unos hermosos ojos avellana, penetraron todo pensamiento racional, abriéndose paso a instalarse en su memoria y no tener las intenciones de salir por muchos años, también quedó embelesado por pómulos rosados a causa de las temperaturas y encierro del mismo uniforme, sin poder ignorar una rastro de diminutas pecas. Por último, sus miras tomaron especial enfoque en los labios frente suya, estos yacían humedecidos por pequeños copos de nieve que caían de la superficie y aterrizan por la parte rosada.

Haciéndolos lucir más apetecibles y jocosos.

Mariana solo estaba demostrando dulzura, un encanto que le era tan grande e imposible no admirar, atreviéndose en acunar el rostro con sus manos por la parte de las mejillas y atraerlo más de cerca, ahí su voz no solo se agravó por la falta de tener la mente en blanco, sino que además, fue susurrante a modo de secreto.

— You are beautiful my sunflower sun. — Acertó a decir embelesado, paseando despacio su pulgar por la tersa piel. En su cabeza temía hacer un movimiento brusco que llegara a lastimarlo, por lo que se tomó pausas largas en la exploración del nuevo paisaje.

El castaño por su parte, se quedó quieto sin tener el valor para interrumpir al adverso. Sus dedos no se despegaron del agarre en su casco, tratando de seguir con sus ojos en lo que tanto se enfocaban los que se escondían. Grata fue la sorpresa en llegar a la punta de su rostro donde solo podría estar su barbilla y boca, se vió tragando saliva en las implicaciones, no se trataba de estar asustado o nervioso en imaginar a qué les estaba llevando ésto, sino que se apenaba por sus propios pensamientos que querían algo mas.

Aunque la duda se esforzaba por empujarlo a no cometer locuras, otras partes de su cuerpo tenían mejores planes en mente, pasando lo que sostenía hacia una de sus manos, para así dejar una libre, la cual lentamente se metió en medio de ambos y subió a recargarse en el casco oscuro, necesitando antes una aprobación.

— ¿Crees que pueda? — La pregunta iba a ser más larga, con explicaciones y tal vez una disculpa en ser demasiado invasivo, pero no logró decir nada de eso cuando la respuesta se apresuró.

— Yes, please — Sostuvo confianza en mostrarle una parte tan frágil y poco hablada de él. Su propio rostro que cubrió con único objetivo de separar aquel hombre feliz por otro camino muy diferente al actual, ya no sentía que su propia cara encajara con sus nuevos pensamientos y mucho menos le hacía sentir orgulloso tras las veces que se toma el tiempo de mirar su reflejo.

Y aquí estaba, de pie, recorriendo por el cuerpo la sensación del casco levantándose hasta separarse del cuello de su vestimenta, adentrándose brisas heladas que picaron en la punta de su nariz. Cualquier ansiedad se fue apaciguando con la nueva vista panorámica, sin lentillas de su casco, que le ofrecieron a sus ojos. Destacaban más los colores brillantes, la definición incrementó a favor.

Mientras que Foolish se volvía a adaptar con las luces, Mariana no pudo encontrar palabras suficientes que lograran expresar lo cautivado y envuelto que se miró con la apariencia delante suya. No era ni de cerca un humano, era mejor que eso, muchísimo mejor que cualquier estándar de belleza. Con sus primeros avistamientos, mechones oscuros caían cual cascada, revoltosos en las puntas, pero brillantes al punto de hacer competencia a las esmeraldas de ojos que carecían de pupilas u iris. Le hacía justicia a los rasgos de un tiburón mezclado con otra especie que rebasaba el encanto tradicional.

La burbuja en la que se adentraron sin tapujos, se cerraba con notoriedad, achicando todo espacio personal para convertirlo en uno solo. Dos almas destinadas mirándose, teniendo la sensación de haber vivido ese mismo momento con la misma persona delante suya, no era un dejá vu, era algo más fuerte que sobrepasaba toda fuerza galáctica, un vínculo inquebrantable que solo esperó su momento para volver a enlazar sus dos extremos a donde pertenecían.

Sin poder ir en contracorriente con este magnetismo, sus bocas se sellaron en un beso. La delicadeza de sus labios inseguros al principio de no querer cometer un daño, solo se probaron sin ninguna prisa, ambos con sus párpados caídos para sentir lo reales de sus emociones que se paseaban por sus cuerpos. El beso era suave, rozando demasiado lo tierno al turnarse inocentes en dejar al otro robar sus labios, pasando primero por encima Foolish, quien acarició de vuelta las mejillas ahora calientes, pudo degustar esos pequeños copos que se perdían en su boca.

Cuando fue el turno de Mariana en tomar un poco, se percibió más decidido, rompiendo toda distancia que les separaba hasta tener los materiales que ocultaban sus pechos, tan apegados al punto de solo bastar una pausa para oír el fuerte latir de sus corazones extasiados.

Su ritual de contemplación, lo alargaron todo lo posible que les diera el tiempo, separándose con la única molestia de sentir esa falta de aire, pero pese a ello, sus rostros no se alejaron tanto, permaneciendo con las puntas de sus narices tocándose, restregándose entre sí cual aves pegando sus picos como muestra de confianza. La poca neblina fría que les rodeaba, estaba trabajando como un engañoso distractor que les quería jugar la mala broma de ser todo aquello una ilusión de sus deseos más ocultos.

Pero nada era un sueño, solo la realidad que sus ojos confirmaron cuando se volvieron a abrir para encontrarse con los colores del otro. Verde y café se fundían como un té con hojas verdes frescas, un amor tan grande que los envidiosos lanzarían a decir que era pasajero, muy imposible de considerarse amor a primera vista, pero ellos no le debían explicación a nadie y menos se molestarían en convencer que esté amor iría a mas, tan solo era el inicio de toda una guerrera emocional por la que pasarían ambos.

— Sal conmigo, se mi novio, i want you as my boyfriend, mi amor — soltó el más bajo. El temblor en su voz podía deberse a las altas temperaturas que ahora invadían parte de su cara, pero también, fue causado tras esperar ansioso esa oportunidad de acercamiento, inclusive el tono no fue demasiado alto, era una súplica susurrante. Sus manos despejadas, buscaron a tientas aquellas que le sostenían y ahí mismo las tomó pasa emplazar sus dedos, ya sin importarle que su propio casco saliera dañado ante el abandono.

Ahora se tenía la oportunidad de ver en las esmeraldas cualquier reacción a sus palabras, con esto en mente, obtuvo primero su respuesta con el incremento del brillo y ese acercamiento que parecía temer que se pudiera alejar, pero luego, llegó el lado que correspondía al título de lord, enderezando la postura sin soltar las manos del castaño, desviando sin mucho éxito sus miras como si existiera un campo magnético que lo atrajera.

— What a silly question you're asking me, of course I would accept being with you, I love you — Lo trató embelesado de amor, como si no conociera al de anteojos por formar parte de su escuadra de armada y saber que pese a la pésima puntería, conseguía derribar a más de uno en batalla.

Aquel día, dos corazones latían con fuerza gracias al otro, la admiración en sus vistas nunca decayó aún si sentían las corrientes de hielo acercarlos más a sus espacios personales para mantener el calor que en sus mejillas explotaba. Ningún presentaba incomodidad en negarse a darse otra muestra de afecto, sin embargo, los varios pasos por encima de sus cabezas, les fue suficiente aviso pasa saber que los encontraron, finalmente las tropas llegaron a la ubicación de su altomando, gritando si se encontraba con vida a la par de estar picando las paredes de hielo.

Foolish maldijo por lo oportuno, mucho más al recordarse que él mismo fue quien solicitó la ayuda, así que como no les quedó más remedio, sus cascos volvieron a su lugar, escondiendo el rostro de su nuevo mejor paisaje para admirar.

Suponía tendría más oportunidades en el Futuro. Un largo trabajo le esperaba en su base, partiendo por remover de su puesto a Mariana si quería tenerlo lo más lejos posible de su emperador, no estaba dispuesto a ponerlo en riesgo solo por un capricho, lo que le daba un alivio, era el saber que esa noche dormiría pensando en este momento.

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Presente 

 

La puerta apenas tuvo tiempo de deslizarse correctamente para marcar como sellada, cuando dos figuras apresuradas se empujaban entre una apasionada guerra de besos. Sus cascos ya botados y olvidados, quedaron como la única evidencia de quienes estaban lejos de esa suite privada, cortesía de los privilegios con los que contaba el líder oscuro. Ahí dentro solo se conoció como Mariana y Foolish, dos seres que querían explotar su infinito amor mediante besos y abrazos. Era justo eso lo que estaban haciendo sin poder resistir el querer tener más cerca a su adversario.

Finalmente su día ajetreado llegaba a su fin, no más apariencias ni mucho menos protocolos molestos a seguir, ahí olvidaban todo lo relacionado a sus puestos y solo se dejaban llevar por sus instintos que pedían la atención del otro. Había pasado demasiado tiempo de su última visita, las cosas se vieron complicadas con la llegada de nuevas fuerzas y el intento por derrocar al mando superior. El castaño también había estado envuelto en varias misiones que exigían su presencia en otros planetas, el miedo por no saber qué habría pasado con cada uno, solo aumentaba con la limitación en sus medios de comunicación.

Para su gran suerte, ninguno murió, inclusive tuvieron la oportunidad de caminar juntos en su redada, y aunque un rebelde casi se atreve a dispararle al de anteojos, no pasó a mayores gracias a Foolish. No existía nada por lo que preocuparse, más que impregnar la presencia del otro en su amado.

— I missed you, my Princess — Parecía recitar las palabras cual admirador entregándose a su divinidad, plantando más besos por las mejillas que sostenía como la primera ves. — I needed you nothing could relieve your absence.

Mariana extendía sus brazos por lo largo de la anatomía más grande, tratando de anclar sus manos a los hombros para esconderse más en ese abrazo, mientras su cara buscaba correspondiente aquellos besos descuidados que pasaban por las orillas de sus belfos. A su vez, resopló Sobreestimulado en la carga de sensores que le estaba dando el más alto, pero lejos de abrumarlo, le hizo sentir cosquilleo en su estómago, a sus mejillas arder y sus piernas perder fuerza.

— Estás siendo demasiado cursi para mí gusto — Ambos sabían que estaba mintiendo, adoraba recibir cumplidos que llenaran su pecho de orgullo, de igual forma, le fascinaba tener la atención puesta en él, pero también tenía un mayor gusto por atesorar mediante toques, la estructura por la que estaba formado el tiburón.

Esto último se observó reflejado en como sus dedos subieron por ambos omóplatos y se estacionaron en la parte baja de las raíces de su cabello oscuro, lo que atrae la atención del híbrido.

— Tomemos una larga siesta los dos juntos, también te extrañé y fue irritante no ver tu cara — Su rostro se acercó, alzándose en puntillas tras querer alcanzar más cercanía en sus caras. — en especial esos ojos verdes únicos...

Sin sentirse capaz de concluir sus palabras, se empujó hacia adelante capturando la boca que mostraba toda una hilera de colmillos. Fue correspondido con la misma emoción, a sus ves dos manos lo tomaron por la cintura para acercarlo y arrinconar su cuerpo en la telaraña de sentimientos reprimidos. Mariana emitió un sonido gustoso por la consideración y devolvió su agradecimiento al masajear el cuero cabelludo ajeno, perdiendo sus dedos entre las hebras azabache.

Se besaron por grandes lapsos de tiempo, incrementando la sensación hogareña en sus bocas que se habían topado a medio camino. Para cuando el límite fue imposible de ignorar, se tuvieron que separar dejando como evidencia un hilo cristalino que no tardó en romperse, esto solo hizo aparecer suaves risas en sus dueños, pues evidenció cuánto fue su desesperación por encontrarse de regreso.

— I love you, my love, my cute sunflower... — susurró cerca del oído del castaño, regalando un tierno beso en la parte trasera.

Mariana tembló, expulsando un suspiro para recomponer sus emociones.

— También te amo, mi amor — quitando su posición, aprovechó la cercanía para dejar un beso en el cuello descubierto de telas negras.

Los dos siguieron por largas horas murmurando todo el amor que sentían con la presencia del otro, y siguieron pasando incluso cuando estaban preparados para dormir abrazados. Por supuesto el descanso no sería tan largo como les gustaría, aún tenían una vida completamente distinta lejos de esas cuatro paredes, pero harían lo posible para volver a coincidir, y quién sabe, tal vez conquistar un próximo planeta para ellos dos.

Pero sería en otra ocasión.

Fin