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El Verano En Que Tus Ojos Rompieron Mis Muros

Summary:

El peor verano de su vida puede rapidamente convertirse, gracias a una serie de acontecimientos inesperados, en el mas extraño y revelador de todos.

 

(o cuando Harry Potter y Draco Malfoy son obligados a compartir un verano juntos y eso cambia toda la historia.)

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: Tomando una Decisión

Chapter Text

Draco llegaba a la Mansion Malfoy luego de un viaje tenso en el tren, todos los Slytherin sabían que era real, el Dark Lord había vuelto. En los pasillos podían oírse los susurros de otros estudiantes burlándose de Potter y desacreditando completamente todo lo que había dicho sobre lo que ocurrió en la tumba.

Ellos recibieron cartas de sus padres anunciando disimuladamente que “las cosas ahora iban a cambiar para mejor”. En su compartimento únicamente Blaise tenía una postura neutral sobre el conflicto, su madre jamás se arrodillaría frente a un hombre, Pansy podía mantenerse alejada ya que solo miembros lejanos de su familia pertenecían a los rangos de los Mortifagos; mientras que Greg,Vince y Theo están en el mismo barco que él, con linajes de lealtad al Dark Lord, padres marcados y un camino delimitado a seguir.

Ninguno de ellos parecía realmente comprender lo que significaba este cambio de situación, con solo ver sus expresiones de placer al leer sus propias cartas, tal vez no percibían aún lo que esto significaba. Algo de su preocupación podía verse a través de su máscara de calma ya que Pansy tomó una de sus manos en señal de confort, dándole una pequeña sonrisa, la cual él devolvió intentando mantener su ansiedad bajo control.

Mientras observaba por la ventana, Draco no podía dejar de pensar en el final del torneo cuando Potter apareció con la copa de los campeones y el cuerpo de Cedric Diggory, llorando desconsoladamente aferrándose a él sin dejarlo ir, cubierto de tierra y sangre por todas partes, gritando que el Dark Lord había vuelto.

Fue una sensación como si toda la sangre hubiera abandonado su cuerpo, un frío recorría su espalda mientras se encontraba en medio de las tribunas rodeado de otros estudiantes, entre quienes no comprendían la situación y quienes estaban entrando en pánico ante la escena. Mirando a su alrededor podía distinguir que no era el único que percibió la verdad en los gritos de Potter, pero era una realidad que aún no quería enfrentar, una cosa era repetir todas las enseñanzas de su padre y ser el heredero Malfoy ideal, superior y cruel, y otra cosa era realmente serlo.

En ese momento todas las dudas que había tenido en el correr de los años lo golpearon como una cachetada, no entendía por qué estaba sucediendo esto ahora, no era la mejor ocasión para que la moral desmoronara la fachada que había construido con tanto esfuerzo.

El sonido de la voz de sus amigos llamándolo lo sacó de su epifanía, comprendiendo que habían llegado a la estación se estabilizó emocionalmente lo mejor que pudo para enfrentar a su padre, revisando estar impecable y hundiendo toda emoción de duda en el fondo de su mente fundiéndose detrás de su máscara de perfecto sangre pura, nadie podía notar su preocupación.

No fue hasta que vio que era su madre quien lo vino a recoger, notando su postura y su semblante que comprendió que algo ya estaba sucediendo. Narcissa le dio un pequeño abrazo, no demasiado fuerte pues no era lo correcto para gente de su estatus, y con una suave bienvenida lo guió a la Red Flu para dirigirse a la Mansión.

Cuando arribaron el ambiente se sentía más oscuro de lo habitual, más pesado y vacío.

Con el correr de los días notó inmediatamente el paso inusual de una gran variedad de personas, yendo y viniendo, entrando y saliendo.

Nadie tuvo que anunciarlo para saber que eran Mortifagos.

Con esta nueva atmósfera en su hogar, Draco se mantenía entre las paredes de su habitación, la biblioteca privada o cuando podía se escabullia a los jardines de su madre para mantenerse fuera del alcance, del peligro de lo que sea que se estaba preparando tras los muros de la Mansión y no se le permitía participar. Tampoco es como si quisiera realmente.

Unas semanas después comenzaron a traer más gente, pero esta vez directo a los calabozos, y allí fue cuando los gritos comenzaron.

No quería pensar quiénes eran esas personas, o que mal habían cometido, si es que lo habían hecho. Aún pensando que eran sangre sucia o traidores de la sangre no eliminaba el terror y la culpa que la situación le provocaba.

Su padre estaba todos los días dando órdenes y organizando a los subordinados, podía notarse el placer que toda la situación le generaba. En cada cena repetía como estaban a punto de cambiar el mundo como lo conocemos y los Malfoy iban a encontrarse en la cima donde les corresponde, donde siempre debieron estar, y como su hijo dentro de poco iba a recibir el honor de compartir su misión, uniéndose a los rangos de la organización.

Draco no sabía que lo ponía más nervioso, si la mirada maniática que ponía su padre cuando hablaba de este futuro ideal o de la indiferencia de su madre, quien comía en silencio y a penas emitía comentarios al respecto.

Últimamente casi no la veía en absoluto excepto en las cenas, ya no se juntaban en las tardes a tomar el té en el jardín de invierno como siempre hacían en las vacaciones y parecía que evitaba hacer demasiado contacto visual.

Su actitud comenzaba a preocuparle, ya que aunque su madre no era la persona más expresiva del mundo, con él siempre tenía un lado cálido y lleno de amor.

Mientras Draco intentaba sobrellevar la incomodidad de sentirse invadido en su propio hogar, no notó el ligero cambio en la manera en que su padre lo observaba.

Una tarde lo llamó a su estudio y fue a penas entrar a la habitación que observó la silueta de una persona atada de rodillas en medio de la habitación, era una mujer no mucho mayor que él, temblando, con la ropa desarreglada y destrozada.

Su padre, ignorandola completamente, lo recibió con una ligera sonrisa y hasta cierto brillo en su mirada que por un instante lo hizo dudar de entrar en la habitación, pero empujó todos esos miedos en uno de sus compartimentos mentales y procedió a saludar a su padre.

- Buenas tardes padre. ¿Para que me necesitabas? - Intentando puntualmente ignorar a la mujer.

- Ah Draco. Finalmente llegó tu momento para unirte a nuestra sagrada misión. Y aquí mismo vas a demostrar tu lealtad y determinación. - Un brillo maniático se asomaba en su mirada, el pequeño guiño de una sonrisa llena de maldad.

Sin querer demostrar la ansiedad que crecía en su interior, Draco intentó pensar en cada posibilidad para postergar esta situación.

- ¿Y cómo debería demostrarlo, padre? ¿Debo hacer algo específico cuando se retomen las clases? ¿Unir a todos aquellos leales a nuestra causa de las demás casas de Hogwarts? - Realmente esperaba que no se le pidiera lo que estaba pensando.

Lucius simplemente lo continuó observando, bastón en mano detrás de su enorme escritorio.
- No Draco. Tú prueba es aquí y ahora - dijo señalando a la mujer en medio de la habitación que lloraba silenciosamente.

Y allí fue cuando la miró directamente por primera vez antes de volver a centrarse en su padre, quien simplemente señaló con la cabeza esperando a que actúe.

Definitivamente algo estaba mal, no había forma de que su padre le estuviera pidiendo eso. Una cosa es escuchar las torturas en sus calabozos y otra muy diferente es que lo hiciera participar, mancharse las manos. ¿En qué estaba pensando? ¿Esperaba que así como así torturara a una persona a sangre fría?

Sus temores se debieron notar en su rostro y sus dudas no le agradaron para nada a su padre, quien se paró amenazantemente.

- Draco - su voz fría y peligrosa - demuéstrame de lo que eres capaz. Ahora. Mismo. - puntualizando cada palabra con un tono más cercano a un susurro que lo hacía sonar como una amenaza real.

Draco avanzó lentamente, tragando saliva y sacando su varita. Intentando pensar en los hechizos, encantamientos y maldiciones que conocía para poder pasar esta prueba. Cuando juntó todo el coraje que pudo para lanzar algo se decidió por uno cortante, para con suerte con un poco de sangre contentar a su padre.

Sentía náuseas en el estómago y la transpiración formándose en su frente.

Su padre lo miraba expectante y cuando finalmente pudo realizar los cortes en los brazos de la mujer, repentinamente una ola de dolor explotó en todo su cuerpo. Cayó al piso gritando y retorciéndose sin saber de dónde venía el ataque, sin poder entender nada excepto la agonía.

De repente así como comenzó el hechizo terminó, y respirando con dificultad levantó la cabeza para observar que fue su padre quien había atacado.

- …¿Padre? - Draco dijo casi sollozando con temblores causados por el maleficio aún circulando su sistema.

- ¿Qué fue ese patético intento de antes Draco? Claramente no entendiste lo que te pedí así que te di una demostración práctica. Ahora es tu turno.

Señaló suavemente a la mujer, quien ahora se notaba que estaba totalmente fuera de sí, ya que ni siquiera se inmuto de la situación.

- Pero padre, no se si pueda usar un imperdonable ahora... - su voz sonaba temblorosa.

El dolor fue inmediato. Cada parte de su cuerpo gritaba, sus músculos tensionados, su mente sumida en el tormento. Esta vez duró menos, pero cuando terminó ya estaba llorando.

- Draco, me estas decepcionando con este patético espectáculo, - dijo tajantemente remarcando con repugnancia - Yo no te crie de esta manera, así que levántate y cumple con tu deber. - Se notaba como iba creciendo la ira de su padre.

Draco apenas podía organizar sus ideas, pero sabía que en ese momento no había forma de que pudiera lanzar un Cruciatus, mucho menos luego de haberlo recibido dos veces él mismo hace sólo un momento.

No podía concentrarse en otra cosa que no sea el temblor en todo su cuerpo y el dolor.

Levantó la vista para observar a su padre, a quien claramente le molesto la mirada que tenía, o tal vez leyó su mente, con lo agotado que estaba no le sorprendería que su Oclumancia se hubiera caído.

Lo próximo que supo fue una explosion de dolor y agonía tan fuerte que sintió que perdía el conocimiento, y eso debió pasar porque al abrir sus ojos lo que vio fue que se encontraba en su habitación con su madre a su lado, quien lo observaba con una expresión de profundo sufrimiento que jamás había visto y llorando.

 

*****