Chapter 1: Death
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La habitación del hospital se siente fría, desolada, el ruido de las máquinas conectadas al cuerpo en la cama le recorren la espalda de forma incómoda, como escalofríos que buscan helarle la ya de por sí carente de calor piel.
El pitido del monitor cardíaco es lo único que le ayuda a mantener la paz en esos momentos, se siente tan solo en esa habitación, mira a su amada, recorre con los ojos desde la base de la cama, dónde sus pies descansan hasta la punta, dónde la máquina de oxígeno ayuda a respirar a la hermosa mujer que ahí descansa.
Jin-woo observa sus manos por un largo tiempo, notando la falta de cayos pese a la forma en que sus manos se arrugan mostrando la edad avanzada de su cuerpo, se pierde en las pequeñas manchas en su pálida piel y la forma tan patética en la que se pueden notar sus huesos a través de la piel de papel. Quiere reírse, pero se contiene, no es momento.
Respira lento y tembloroso, exhalando un aliento afligido como si temiera que respirar podría empeorar la salud de su amada, si esposa, aquella que en otra vida fue de las mejores guerreras, una cazadora de rango S inigualable a su parecer, aquella que le dio una vida llena de romance, aventura, una compañera inigualable y le dio un hermoso hijo, un heredero.
Sonrío nostálgico, casi queriendo retroceder una vez más en el tiempo con la maravillosa copa que ya una vez había utilizado, al menos si no fuera que ya era imposible, perdería los recuerdos maravillosos y eso pondría el peligro al mundo nuevamente, quería ser egoísta, pero no podía, pese a que su amor era más grande que todo lo bueno en este mundo, se lo había jurado, ella lo había obligado.
"-Prométeme que no usarás la copa nuevamente, prométeme que me dejaras ir con nuestros recuerdos intactos y no pondrás en peligro al mundo y a ti mismo por mí, por favor, es todo lo que te pido-"
Ah... Cómo odiaba a veces que esa mujer lo tuviera entre sus manos, había jurado por su vida misma que no lo haría y aún si no pudiera morir, no podría decepcionarla, debía cuidar aún de su familia, tenía un hijo y un sobrino por los cuales velar, aún si se sentía destrozado con sus decisiones.
Un poco de movimiento en la cama de hospital le dio señales claras de vida de la mujer de cabellos tan blancos como la misma nieve, cabellos que antes habían competido con el amarillo de los tulipanes y la brillante calcita a la luz del sol. Se levantó sin dificultad alguna del pequeño sillón de hospital donde había estado las últimas cuarenta y ocho horas y se acercó para tomar la mano pálida, huesuda y hasta preocupantemente fría de su amada.
-Cariño, Jin-woo-
Ella le llamó con amor plasmado en sus palabras, derritiendo las barreras de hierro impenetrable en ese corazón casi demoníaco del señor de las sombras.
La sonrisa en el rostro de Jin-woo se ensanchó al escucharla, sus ojos rasgados y profundos por la edad y sabiduría brillaron como luceros en una noche oscura, haciendo lucir su rostro como el más brillante del mundo.
-Aquí estoy mi vida, ¿Cómo te sientes? -
Sabía que era una pregunta tonta, pero ver qué la mujer le sonreía con ánimos renovados lo valía todo, ver cómo esas mejillas hundidas se removían mostrando una sonrisa le era suficiente para no querer jamás que el tiempo avanzará y le quitará todo, ver esos ojos cansados buscarle con profundo cariño le llenaba el pecho de una emoción difícil de explicar a cualquiera que no lo hubiera visto antes.
La mujer tomó la máscara y la removió un poco, siendo detenida por la mano experta de su marido, quien la acomodó de mejor manera sin permitirle quitarla, ese oxígeno entre otras cosas era lo que aún la mantenía estable y con vida, agradecida, la mujer levemente atinó a mover su rostro, formando medias lunas con sus ojos al sonreír enamoradamente.
-Me encuentro bien corazón, ¿Cómo estás tú? Debe ser aburrido cuidar a una anciana como yo, ¿Dónde está Su-ho?-
Sung Jin-woo negó divertido ante las palabras de su mujer, ella jamás cambiaría, siempre preocupada por el revoltoso de su ya adulto hijo y diciendo cosas como que era una anciana y no debía preocuparse por ella. Los ojos del hombre se suavizaron, mostrando aún más las arrugas que estos contenían y apretó ligeramente la mano de la mujer, buscando su mejor voz finalmente respondió.
-Suho tuvo que salir, traerá a Jin-Hu a visitarte, quizás... Quizás hoy puedas ver a tus nietos, son tan adorables, me recuerdan a ti la primera vez que te Vi, tan brillantes y de personalidad ardiente como tu-
La sola mención del hijo de su hermana, Jin-Hu y de sus nietos junto al paradero de su hijo, logró llevar una pizca de luz brillante a los opacos ojos que tanto amaba, causando en la mujer un sonido similar a un awe enternecido.
-Mi Suho ya es todo un hombre, Jin-Hu seguramente le está causando problemas de nuevo, ese muchacho, pese a ser hijo de mi cuñada y tú mejor amigo, se parece tanto a ti-
La risa cansada de la mujer contagió al hombre, llevándolo a sonreír muy grande por tal vitalidad, solo para ser traído a la realidad por la repentina tos que azotó a la mujer poco después.
Con ayuda de un control logró levantar la cama de hospital hasta dejar semi sentada a la dama, dio caricias en su espalda y removió un poco la máscara respiratoria para con ayuda de un vaso y un popote, lograr darle algo de agua y calmar el dolor en su pecho y garganta.
Jin-woo apretó la base de su chaqueta oscura con fuerza luego de ver la forma pesada en la que Hae-In respiraba con dificultad, la vida se le escapaba de las manos y ni él con el mejor hechicero del mundo a su disposición, ni con beri sanando constantemente su cuerpo ni los doctores de todo el mundo, podían hacer algo al respecto.
Se lamentablemente profundamente y se siguió lamentando al ver que desgraciadamente con salud física, la mental decae también.
-¿No deberías ir a recoger a los niños mi amor? Suho no ha de saber el camino al hospital, nuestro niño solo tiene diez años, no deberías dejarlo solo por cuidarme a mí, solo es un resfriado-
La forma tan dulce en que la mano pálida de la mujer se acercó a su rostro, le lastima a, la forma en que cálidamente le pidió que fuera en busca de su pequeña bola de desastres le quemaba y la forma en que reconocía ese recuerdo de hace tantos años dónde la mujer había enfermado y terminando en el hospital le mataba.
Tomó la mano entre las suyas, acariciando los huesos de las conjeturas de los dedos con las manos y besó la piel fría, sintiendo quemarme algo dentro.
-Iré por él más tarde Hae-In, aún está en la escuela, son solo las diez-
La forma en la que la mujer había respondido con un simple "Oh" seguido de una risita, le carcomió por dentro de tener que "mentirle". Sabía que era lo mejor, el doctor de lo había explicado.
"-Si presenta escenas de alucinaciones o se comporta como en recuerdos, lo mejor es simplemente seguirle la corriente, no hay nada que podamos hacer"-
Y le había dolido porque verla en un estado tan deplorable pese a ser una mujer fuerte le abría heridas que ni sabía cicatrizar, aun así, le siguió la corriente.
La charla siguió un poco más de quince minutos después, regresó a dormir.
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La siguiente vez que despertó fue con el sonido de un pitido estridente, una luz roja sobre la cama de hospital y el grito de los doctores fiera de la habitación, todo había pasado relativamente... Lento ante sus ojos, lo sacaron de la habitación pidiendo que por favor mantuviera la calma, las puertas se cerraron y el grupo de médicos a cargo de su esposa se encerraron.
Fueron los diez minutos más largos de su vida.
Los médicos salieron poco después, las enfermeras fueron primero, llevaban consigo utensilios que no quería saber y miradas duras, el siguiente en salir fue el médico encargado de emergencias del hospital, palmeó su hombro y le ignoró en favor de ir a rellenar un informe, el siguiente fue su médico de cabecera, el hijo del antiguo médico con el que asistían, confiable y casi milagroso, le extendió una mano y pidió que pasara.
Así lo hizo.
Se adentro en la habitación, la cortina cubría la cama de hospital y lo que había detrás de ella, el médico le mandó tomar asiento y se colocó frente su persona, se veía cansado, agotado, pero no pero que él mismo, se acomodó las gafas de aspecto retro por lo redondas de marco fino y apretó los puños en señal de enojo.
-Señor Sun Jin-Woo, realmente hice todo lo que estuvo en mis manos, me disculpo por esto, pero debí informarme que la señora Cha Hae-In ha fallecido, lamentamos su perdida y esperaremos que se encuentre listo para proceder con el protocolo, de verdad lo lamento-
Si bien, no salieron lágrimas de los ojos del doctor, la forma en la que abrazó al atónito Jin-Woo dejaba en claro sus sentimientos, como doctor no tenía permitido mostrarse herido, pero como amigo, familia, quería darle apoyo.
En poco tiempo se quedó solo, los murmullos de las sombras lentamente le acompañaron mientras se acercaba a la cama de hospital, el ruido de las máquinas había terminado, así como la vida de la dulce mujer que había amado.
Retiro la cortina y la sábana que cubría a la mujer, una mirada dulce descansaba en el rostro de la bella dama, sus mejillas carentes de calor al tacto seguían hundidas, pero demostraban un intento de sonrisa, al menos se había ido en paz.
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La puerta de la habitación había Sido abierta abruptamente una hora después, de ella, la figura conocida de su amado hijo Sung Su-ho entraba atareado por la noticia, buscó con la mirada a su padre y ahí lo encontró, tan joven como lo recordaba de las fotos que su madre le había enseñado, por ahí de cuando su padre tenía veintitantos años, cabellos azabaches hechos un desastre en su rostro lleno de lágrimas.
Su-ho no se sorprendió de ver a su padre de aquella forma, hacía unos diez años finalmente se había superado y había logrado saber los secretos que su amado progenitor tenía guardados, así como recuperó sus habilidades y se reencontró con Beru y los demás.
El azabache más joven en edad se acercó a su padre, tomándolo en un abrazo mientras sentía la inquietud de las sombras, apretó fuertemente el cuerpo casi de papel del hombre que le dio la vida y susurró palabras suaves, sabía que ahora era su deber mantenerlo en calma, su madre se lo había pedido antes de terminar en cama.
"-Su-ho... Mi amado hijo, quiero pedirte algo, cuida a tu padre, cuando yo no esté seguramente perderá el control sobre sí mismo, odiará al mundo y así mismo, pero así debe ser, las sombras verán por el cuándo yo no esté, pero hasta entonces, cuida de él-"
Ese había sido el último pedido que le dejó su madre, velar por la seguridad de su padre hasta que Igris, Beru o cualquiera de los demás pudiera sobrepasar la barrera que hubiera puesto su padre para poder cuidarlo.
Su madre había amado tanto a su padre que aún después de dejarlos le dejaba un pequeño regalo de despedida, un "estoy bien, todo estará bien".
Su-ho apretó el agarre en su padre sin permitirle mirar de nuevo la figura en la cama de su madre, le pidió calmarse y contar hasta diez, lentamente los ojos del hombre dejaron de brillar de un morado tan tóxico que era hipnotizante.
Lo sacó de la habitación hasta la pequeña sala de la zona VIP del hospital y acarició su rostro pese a que no iba con su personalidad, su padre finalmente le reconoció y el aura que no emanaba, pero se resentia en el agarre fuerte que hacía sangrar su mano se disipó.
-Igris, Beru-
Llamó el hijo de monarca y al instante las dos sombras aparecieron finalmente de la sombra de su padre, ambas hicieron reverencia ante los dos presentando sus respetos.
-Monarca, pequeño monarca, nos haremos cargo-
Igris fue el primero en hablar, observando la forma en la que su rey se perdía lentamente en sus recuerdos y prefería ignorar al mundo.
Su-ho asintió satisfecho, besó la frente de su padre ahora que le era posible y lo entregó a las sombras, Igris lo tomó en brazos, cargando con él cuál novia perfecta sin hacer esfuerzo, Beru abrazó al chico, dándole sus condolencias por el fallecimiento de la reina y prometiendo mantener a salvó al monarca.
En respuesta, el pequeño monarca le regaló una sonrisa complicada, herida pero agradecida por el apoyo, se despidió de ambos y les permitió partir a otro lado, ya después retomaría su lugar al lado de su padre en otro momento, tenía cosas que hacer.
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Ambas sombras se despidieron del joven heredero y en un abrir y cerrar de ojos, con un pequeño portal atravesaron a "otro mundo" si es que se podía llamar así al reino de las sombras, aquel lugar reinado por en único monarca existente.
Con paso calmo, ambos generales se abrieron paso por la entrada principal, la presencia del monarca al estar de regreso fue rápidamente notada por todo mundo, quien extasiados querían gritar a los cuatro vientos la felicidad de tener a su amado rey de regreso, más una mirada triste en los ojos de Beru, la resiente noticia del fallecimiento de la monarca del lugar y la actual forma en la que el poder del monarca repiqueteaba mostrando peligro les hizo saber que no era el momento ni el lugar.
En silencio, los generales se adentraron en el hermoso castillo de su rey, subieron con calma al segundo piso, buscando la habitación del monarca y abrieron las puertas para notar que ya les estaban esperando, en la habitación junto a la cama, Tusk acomodaba las mantas con alguno hechizos para ayudar al descanso de su rey, Iron cerraba las cortinas para no permitir el paso de la luz a la habitación, Bellion resguardaba la habitación entera con un rostro pesado y duro, Tank esperaba en la cama, disminuido en tamaño a algo similar a un simple oso cualquiera, se acomodaba en los pies de la enorme estructura para hacer compañía a su amo.
Beru e Igris siguieron su paso, con maestría ambos cambiaron al joven hombre entre sus brazos, un pijama cómodo fue colocada en lugar del estorboso traje con chaqueta que había estado usando y lo metieron entre las mantas listo para descansar, en ningún momento el hombre se quejó y simplemente durmió en cuanto su cuerpo sintió el calor de las mantas.
Las sombras se quedaron entonces a velar sus sueños y esperar que la perdida pasara. No había nada más que pudieran hacer por su señor.
Chapter 2: Mourn.
Summary:
¿Summary? ¿Qué summary? yo hablo español señores.
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¿Han escuchado alguna vez que los que más sufren no son los que padecen la enfermedad, sino más bien quienes les cuidan?
La verdad es que esto es muy cierto... Permitan que les ilumine un poco...
Dos semanas habían pasado después del trágico fallecimiento de la amada y respetada Cha Hae-In, dos largas semanas en las que su ya para nada pequeño muchacho Sung Suho había tenido que asumir la responsabilidad de ser el adulto a cargo de la familia, ser el soporte principal de su padre "desaparecido" y brindar seguridad a su propia familia con respecto a lo que seguía en la vida, sin embargo, había algo que pese a lo mucho que intentase, ni habría cambio alguno.
Su padre...
Oh, su amado padre...
Sung Jin-Woo había perdido todo, se había perdido a sí mismo y había perdido el centro de su vida, su amada esposa, la luz de sus ojos.
Tristemente, por mucho que su sobrino y su amado hijo pudieran entenderlo o al menos intentarlo, no había mucho que pudieran hacer al respecto, sí, Suho sabía sobre su padre, Suho sabía sobre las "líneas alternas" de un pasado desastroso que pudo ser evitado gracias a su padre y sabía del terror que esté mismo tenía con este momento, pero no podía hacer nada, él no era un monarca, él no viviría para siempre como su padre, lo sabía, a lo mucho podría vivir unos trescientos años con ayuda de Tusk y las pociones y eso es alargar demasiado la expectativa y por eso le dolía más que a cualquier otro llegar a aquél palacio, aquél lugar que en sus sueños recordaba hermoso y al cuál solía exigirle a su padre enseñarle a crear puertas para entrar, porque amaba estar ahí, se sentía en casa, su hogar, su... Todo.
Y ahora estaba tan vacío, tan solo, las sombras vagaban procurando parecer inexistentes, las salas de entretenimiento cerradas bajo llave, el patio delantero donde día a día los soldados entrenaban y se divertían en luchas amistosas estaba pulcra y claramente desolado, ni una sola alma vagaba por los pasillos interminables de aquella construcción repleta de soledad.
El lugar se sería sombrío, frío y desolado desde la perdida de la Reina, la amante de su rey y la líder legítima de todas las tierras al igual que el amado monarca y su pequeño monarca.
Entre los pasillos, el pequeño "tap" discreto de unos zapatos de vestir lograba resaltar el eco por abandono en el lugar, pasos constantes y tranquilos, casi temerosos de perturbar algo o alguien dentro de las paredes, el sonido se retuvo y el rechinar de una puerta acompañó el leve brillo de una lámpara casi antigua de aceite con aroma floral, la puerta larga, de colores morados oscuros con detalles grabados exquisitamente, fue apartada con sigilo, ahora evitando el ruido del rechinar de las bisagras por la oxidación del mal mantenimiento.
Dentro, la habitación era enorme, perfecta para ser la responsable de acunar al legítimo soberano de aquellas tierras, pero a la vez tan oscura y fría que asustaba.
La pequeña y pobre luz apenas era perfecta para lograr ver los pies de la cama y un poco más de esta, la alfombra rojo sangre afelpada bajo la misma, los almohadones en tonos morados oscuros y algunos claros a juego con el gran set de mantas esponjosas y el cobertor plano parecido aún más a una almohada fina y sin embargo, un bulto dentro de aquellas mantas lograba resaltar aún con la poca luz, un alguien descansaba bocarriba envuelto ligeramente en todo aquello que pudiera darle calor.
La figura en la puerta se abrió paso, sintiendo en su caminar, ojos curiosos sobre su persona que más que nada se alegraban de verle entrar. Se acomodó en la orilla, tomando su tiempo antes de aspirar con calma, profundo y silencioso y subir a la cama de forma que estuviera sentado lo suficiente cerca de aquél ya en cama, estiró su mano derecha, habiendo subido del lado izquierdo de la cama, hasta tocar cuidadosamente la mejilla fría y casi incolora del habitante.
En un parpadeo, ojos profundos tintados en un brillo oscuro diminuto, casi perdido, se abrieron paso a la luz de la lámpara, escaneando los alrededores hasta frenarse en la persona que le tocaba, costó un poco pero finalmente pudo reaccionar, con movimientos lentos , agarrotados por el poco uso de los músculos en las últimas semanas, sacó la mano que se mantenía fría de debajo de las mantas, tocando la piel cálida y radiante de confort de aquél que le había tocado primero, una sonrisa tímida, pequeña y temblorosa se asomó en sus labios, terminando por dejar caer la mano sobre la pierna del contrario al no poder sostenerla.
Ojos púrpura brillantes con luz lavanda se fijaron en los profundos azulados cuál mal abierto del otro y una sonrisa se formó en el más joven de los dos, acarició entre sus manos la que había quedado sin fuerza y sin dificultad la llevó de nuevo a su mejilla, acariciando esta con amor y ternura y habló.
-Está hecho papá, me he encargado de todo, mamá estaría encantada con los arreglos, cumplí lo que le prometí-
Su voz no tembló en ningún momento, más bien fue suave, cargada de amor y seguridad, aun cuando buscaba ser inofensiva y grata.
Aquella mano que aún sostenía tembló, primero comenzó desde el cuerpo, siguió el brazo y finalmente los dedos, unas cuantas lágrimas acompañaron los espasmos y la habitación se volvió aún más fría, ya estaba hecho, todo estaba hecho, no había más.
Suho en lugar de hablar más, lo abrazó, lo envolvió en sus brazos firmes y cálidos, buscando protegerlo de algo que sabía no pudo ni podría haber evitado, pero le quemaba, porque ver a su padre, su padre el hombre fuerte que resolvía casos cuál juegos de detectives y combatía para salvar el mundo y le enseñó lo que era vivir siempre dando todo de sí y buscando superarse, ahora viéndose tan frágil y devastado le hacía pensar en lo mucho que desearía querer regresar el tiempo atrás como una vez lo hizo su padre y tener a su amada madre aunque sea un minuto más, aun cuando no podía.
Y Jin-Woo, destrozado, Jin-Woo se dejó querer, se dejó mimar entre lágrimas amargas, se dejó ser indefenso ante su familia, lo que le quedaba de un amor maravilloso, un romance que interrumpió líneas de tiempo, que pasó cualquier adversidad, lo último que le quedaba de ella.
Los pequeños hipidos pasaron a ser llanto y de llanto fueron lamentos y los lamentos crearon gritos y los gritos hicieron temblar la tierra.
Fuera del castillo, el cielo se tiñó en nubes pesadas y la lluvia comenzó a caer como un aguacero peligroso, los terrenos se sumieron en truenos y relámpagos y las sombras lloraron también con su amo.
Luego todo paró y Jin-Woo tomó el rostro de su pequeño en sus manos, lo observó bien, grabando cada detalle en su mente, en su memoria, aferrándose a lo que le quedaba, porque sabía que se iría por un largo tiempo, que lo dejaría por volver a tierra, al plano mortal y no en el reino de las sombras, porque ahora su pequeño era el hombre de la casa, el responsable de la familia y lo que quedaba.
Jin-Woo respiró tembloroso, su aliento se quebraba con pequeños "huf" cada que intentaba exhalar para calmarse sin lograrlo, ojos azules brillantes se llenaron de amor y comprensión, Suho repitió sus acciones, lo tomó por el rostro y lo acercó para besar su frente, siempre recordaba lo mucho que su padre hacia eso con su madre y con él, como un recordatorio que las cosas estarían bien, que él estaría bien y su padre quiso reír, por sentirse tan deplorable que no podía brindar esa seguridad, porque era él quien necesitaba cuidado y amor.
Pero estaba bien, todo estaría bien, ambos lo sabían y aun así, el azabache mayor habló.
-Lo siento-
Y Suho negó, porque su padre no tenía por qué disculparse, porque su padre no lo estaba abandonando, porque su padre estaría bien y él lo entendía.
Suho negó, negó y negó hasta que sintió la cabeza darle vueltas de lo mucho que la había sacudido hacia los lados.
-Todo está bien, estaremos bien-
Con eso, lavanda brillante se acentuó en una línea fina alrededor del iris, calmo y pasivo, como las aguas de una laguna después de una tormenta, el desastre de barro y tierra sigue ahí, pero el agua se mantiene estable para dar paso al asentamiento.
Sí, estarían bien.
Azabache mayor asintió y besó su mejilla, como un padre orgulloso de su pequeño que va por primera vez a la escuela y finalmente le creé, estarán bien.
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Pasan dos horas de aquella forma, dos horas en cama consolándose el uno al otro de forma meramente familiar, entre abrazos de un hijo que desea cargar con todos los males que aquejan a su padre y mimos de un padre que busca solamente lo mejor para su pequeño que finalmente sale del nido.
Cuando terminan, los pasillos vuelven a tener vida, algunas sombras salen, tentativas a buscar seguir con sus deberes, unas pocas que se encargan del mantenimiento del castillo y los alrededores, otras tantas deciden seguir a la espera, buscando una mejor condición antes de regresar a sus tareas.
Por supuesto que esto no incluye a los generales, aquellas sombras principales que Jin-Woo a seleccionado primeramente para estar a su lado.
Sus líderes, aquellos que le siguen en silencio finalmente se postran ante ambos, saliendo de los escondites de la oscuridad de la habitación, lentamente uno a uno se arrodilla frente a la cama, mostrando respeto a sus líderes y buscando satisfacerlos.
Con una mirada rápida, Suho admite que se ven felices y él lo sabe, les ha quitado un peso de encima al haber traído buenas nuevas a su amado padre, quitando ese peso extra de sus hombros.
Igris les mira atentamente, esperando saber las emociones de su rey, esperando obtener algo de esa conexión que había sido cortada por días desde la partida de la Reina, todos lo esperan, lo ansían y anhelan.
Y Jin-Woo complace, el primer golpe de emoción es vergüenza, vergüenza de que lo vean de esa forma y sin embargo, ellos son tan felices que lo rodean, lo envuelven en sentimientos de alegría de verlo en mejores condiciones y aunque le abruma, lo disfruta, lo mantiene cerca de su corazón y lo oculta, como su pequeño tesoro de algo que sabe solo él comparte con ellos.
El siguiente en moverse es Beru, se levanta pidiendo permiso con la mirada y tras un asentamiento de su rey, se pega a la cama, por el lado derecho toma una pose de mayordomo y mueve sus antenas de forma lenta, tentando el ambiente.
-Mi señor, un baño sería una buena idea-
Las palabras salen simples y Jin-Woo las toma, las saborea y siente que es necesario, que es lo correcto, ¿Hace cuánto tiempo que no sale de ahí? ¿Que no come ni se baña? ¿Que no sale?
Realmente no lo sabe y sol asiente, ni se siente listo para confiar en sí mismo para hablar.
Beru lo entiende, lo entiende y lo toma con cuidado, porque es lo que un sirviente como ellos debe hacer, porque ellos deben cuidar a su amo y porque lo ama demasiado como para verlo sufrir más por algo como aquello.
En silencio, Jin-Woo, Beru e Igris se pierden en dirección al baño y Bellion toma el mando de la situación. Con calma, llama a su príncipe, lo atiende con calma y sugiere esperar en la pequeña sala por una merienda.
Mientras tanto, en el baño, Jin-Woo asiente para sí mismo, es tiempo de dejar atrás el tiempo, merece disfrutar de las cosas que aún tiene en esta vida, seguirá dolido, si, perdió a su amada, si, pero no está solo, está triste y herido, pero no está solo, llora por un tiempo, pero no está solo.
Una convicción diferente se centró en su pecho y mientras permitía a sus amadas sombras servirle, dijo adiós al frío.
Chapter 3: Alone... Wait.. ¿Love?
Notes:
Si... los capítulos son un poco más cortos en esta parte, tengan paciencia, hacemos lo que se puede.
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Durante los tres meses siguientes, un poco de vida había regresado, desde los pequeños soldados que ahora recorren el pasillo en rondas innecesarias pero necesarias para satisfacción de su señor de mantenerse ocupado, los jardines siendo cuidados por hormigas obreras y algunos cocineros y dependientes del castillo junto a los generales, todos con sus respectivos deberes.
Habían pasado dos meses desde la partida del príncipe a su vida en el mundo mortal, humano, ahora no se podrían ver por un año, sabían que era necesario, crear la historia de que su padre había fallecido poco después, crear una historia para que pudiera regresar al mundo como alguien nuevo, si, con el mi so nombre quizás, pero diferente y dispuesto a seguir adelante para no causar pánico.
Habían sido tres meses extraños y tentativos para todos, entre llanto Por las madrugadas y ataques de ira y ansiedad por las tardes y noches, toso era tentativo y como si anduvieran sobre vidrios rotos a su alrededor, pero ahí estaban.
Incluso ahora, en ese momento donde se sentía tan desolado y solo, olvidado por el mundo con el cruel destino de ser solamente él quien sigue vivo de casi todos aquellos que amó en su momento, los recordaba, Go Gun He, un padre o abuelo, la anterior parte humana de Iron... Ese hombre que falleció habiendo su trabajo y ahora regresó a sus filas para servirle, maravillosamente, tras morir y no haberlo pidió salvar, al estar en contacto con su maná, recordó su pasado juntos y pidió servirle, recordó un poco más, Thomas André había dejado esta fierra con la mujer vidente hacía unos años ya, ambos se habían retirado a una casa de campo y vivieron felices, decidió no tomarlos bajo su manto para respetar su amistad, pero les extrañaba.
Una lagrima traicionera recorrió su mejilla y son sentirla, permitió que el sonido de esta la caer al trono cálido en el que se encontraba sentado, llamara la atención de sus sombras.
El primero en venir, fue Igris, lento y dejando de lado lo que estaba habiendo, rompió el esquema de espacio personal y lo tomó en brazos, se sentó en el trono con el cuerpo casi desnutrido del monarca en sus piernas, con su capa, cubrió su espalda, sacó el casco, permitiendo su cuerpo hecho de sombras tomar una forma semi humana con algo de vapor flotante y acarició con pequeños besos la frente y mejillas del menor.
Para sorpresa de todos, este no se quejó y en contra, rompió en llanto esperando por más, se levantó y se aferró al. Cuello de su sombra confidente, berreo suplicando por un poco más de muestras de amor como aquellas y tras largos minutos de silencio, se le fueron dadas.
Muy en el fondo, quizás lo estaba haciendo todo por despecho, quizás lo estaba haciendo por no sentirse en soledad, pero... ¿Por qué realmente sentía que era por amor?
Sin parar de llorar, permitió al resto de sus sombras acercarse, buscando ser rodeado y llenado de esa sensación profunda de amor, calidez qué su pecho exigía y rogaba por tener, por ahogarlo y reconfortar su necesidad de ser alguien y tener a alguien.
Así, entre pequeños hipidos ahora, las sombras se despojaron de las armaduras y se fundieron en cuerpos semi humanos, tomando turnos entre sí para dar caricias lentas y amorosas, compartir el calor extraño de sus cuerpos y procurar la sensación de bien y seguridad del más pequeño. Llenando profundamente con sus besos de mariposa en el cuerpo, en aquellas zonas accesibles sobre la ropa como las mejillas, la frente y en veces cerca de los labios.
Lentamente se perdieron en lo moralmente aceptable y terminaron en un nido bajo las alas del no dragón, procurando mantener cálido al candado monarca y velar su noche.
Ha... Si, entre sueños, Jin-woo no podía estar más de acuerdo en que no estaba solo... Eso era amor.
Los amaba y lo amaban.
Qué extraño vino a ser.
