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Para todos menos los dos involucrados

Summary:

Katsuki siempre había considerado a su tía Ochako más una hermana que otra cosa por la mínima diferencia de edad que los separaba, y por ende, al tío Deku como más que eso cuando desde crío se hizo la firme resolución de algún día ser su esposa, o lo que se le pareciera. Sólo era cuestión de esperar.

Notes:

Día 16: "Él es demasiado moralmente correcto como para inclinarme sobre una mesa, así que voy a tentarlo hasta que lo haga." | Tío/sobrino político.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: 1.- Años atrás.

Chapter Text

Para todos menos los dos involucrados

 

Midoriya Ochako, otrora conocida como Bakugou Ochako era la hermana menor de Mitsuki, así que cuando ésta le pidió como favor especial alojar a Katsuki durante un par de semanas mientras se arreglaba su espacio en los dormitorios de UA, sin hesitación de su parte accedió porque era lo que como familia se esperaba de ella.

—Aw, por supuesto que sí. Nos llevaremos de maravilla los tres.

El tercero al que hacía mención era Izuku, quien por casualidad también se desempeñaba como profesor en UA y no tenía ningún inconveniente en llevar y traer a Katsuki de sus clases cada día.

¿Simple, no?

Pues lo era para todos, menos para los dos involucrados.

 

El primer recuerdo concreto que Katsuki guardaba de su infancia era el de la tía Ochako apareciendo por casa con el tío Deku de la mano. En ese entonces, ambos eran estudiantes de UA, y Katsuki pensó en lo bien que se les veía el uniforme gris y con corbata. Esa tarde que los conoció, ambos habían pasado por casa porque estaban juntos en un proyecto de sociales y debían tener lista una presentación para la siguiente semana, así que subieron al dormitorio de su tía y no salieron en toda la tarde.

Huérfanas desde hacía 10 años, Mitsuki le había hecho saber a Masaru que si la aceptaba a ella también tendría que hacer lo mismo con su hermana menor, y esa era la razón por la cual Katsuki había crecido con Ochako casi como una compañera de juegos demasiado mayor para él, más como una hermana que como una tía.

—Sube con el té y cerciórate de que estén haciendo la tarea en lugar de besuquearse —le había ordenado Mitsuki esa tarde, y Katsuki asintió con seriedad, la misión sobre sus hombros de absoluta prioridad.

Más que nada, lo que el niño quería hacer era ver de vuelta a Izuku, a quien por un error al leer su nombre en la credencial de estudiante de su mochila mentalmente llamó Deku, y subió al dormitorio, abriendo la puerta sin tocar antes y encontrándose con una escena anodina de ellos dos revisando un enorme libro y tomando apuntes para su exposición.

—Ah, Katsuki —se sobresaltó Ochako por su intrusión—. Las puertas sirven para tocarse, ¿ya lo has olvidado?

—Lo siento, tía. ¿Puedo quedarme?

Demasiado intrigado por la presencia de Izuku, que con sus pecas y cabello ensortijado le resultaba de lo más interesante, Katsuki aceptó sentarse con ellos en la mesita de piso y no hacer ruido mientras los escuchaba hablar de su tarea y las horas se hacían larguísimas y también muy cortas estando ellos tres juntos.

Aquella fue una primera vez de muchas subsecuentes donde Izuku se convirtió en parte esencial de la rutina de los Bakugou porque por su cuenta contaba su familia con una madre que trabajaba largos turnos para mantenerlo, y quien nunca estaba en casa, así que el adolescente aceptaba seguido la oferta de los Bakugou para quedarse a cenar, y era un invitado educado al de vez en cuando aparecer con regalos y tratar de ganarse las simpatías de todos.

A esa edad tan corta, Izuku se convirtió en el primer amor de Katsuki sin siquiera sospecharlo, pero como el niño era alguien de armas tomar, a la primera oportunidad que tuvo le hizo saber a él (y a todos alrededor de la mesa) que él algún día haría de Deku su esposa.

—Ains, qué cosas dices —se lo tomó Ochako a guasa, para nada intimidada por las palabras de su sobrino al considerarlo inofensivo, sólo una broma de su parte.

—¡Es verdad! —Insistió el niño—. Espera a que me haga mayor.

—Primero tendrás que arrebatarlo de mis brazos —dijo Ochako, que divertida por aquel intercambio, confirmó entonces que ella e Izuku eran novios.

Nada devastó a Katsuki más que aquella relación, y los meses posteriores a su anuncio fueron de silencios hoscos y miradas de muerte a Izuku, que buscó ganarse de vuelta los afectos del niño con golosinas y juguetes, hasta que despacio éste fue cediendo, pero no sin antes insistir que algún día, sin dudarlo algún día, Deku sería suyo.

—Mmm, ok —accedió éste si con ello Katsuki volvía a ser su amigo—. Lo que tú digas, Kacchan.

 

Ochako e Izuku se habían casado jóvenes porque así lo eligieron, y las fotografías de ese día mostraban a Katsuki ceñudo en cada una, molesto hasta lo indecible porque ahora era cada vez más difícil reclamar a Izuku para él, aunque a la vez, en su cabeza no había imposibles...

Con la firme convicción de algún día recuperarlo para sí, Katsuki se había hecho mayor y llegado a la adolescencia sin un plan en fijo para conseguir su objetivo, pero todo salió a pedir de boca cuando UA aceptó su solicitud de ingreso e Izuku era profesor ahí. Mejor aún, los dormitorios habían sufrido un desperfecto menor con una fuga de agua así que mientras se arreglaba ese asunto había sido idea suya alojarse un par de semanas con la tía Ochako porque así se ahorraba casi 90 minutos de traslado, y su madre aceptó sin imaginarse las intenciones de su vástago, que no tan inocente como ella creía, tenía en sus manos un plan para ver cumplido su objetivo.

En ese primer día a clases en que Izuku insistió en llevarlos a ambos en su automóvil y era tan temprano que el flujo de vehículos era mínimo, Katsuki dio comienzo a su proyecto para cautivar al adulto.

—¿Por qué la tía Ochako y tú no tienen hijos? —Preguntó Katsuki, fingiendo desconocimiento pero por dentro satisfecho de la endometriosis de su tía y el diagnóstico nulo que ésta había recibido años atrás respecto a convertirse en madre.

—Ah, esa no es una respuesta que me corresponda a mí responder —dijo Izuku con diplomacia.

—Ya, sólo pensaba que si no hay hijos de por medio, divorciarse sería fácil. Ya sabes, si es que decides marcharte con alguien más joven y dispuesto a serte de utilidad. Ni siquiera tendría que ser otra mujer, porque no me importaría si tú-...

—Katsuki...

Aquellos acercamientos que durante la infancia le habían parecido casi graciosos a Izuku porque Katsuki era persistente con su amor y no aceptaba un ‘no’ por respuesta, ahora que se había convertido en un adolescente eran los clavos de su crucifixión, y la razón por la cual éste continuaba es que el adulto tampoco le ponía un alto definitivo a sus avances.

—Me gustas más ahora que de crío —le recordó Katsuki en voz baja al poner su mano en uno de aquellos poderosos muslos del adulto y apretar la dura carne. Izuku se entrenaba al menos 5 veces por semana, y la prueba era que a pesar de ese rostro amigable, debajo de la ropa apenas tenía un gramo de grasa.

—No deberías hacer eso.

—¿No? Detenme, pues.

Pero Izuku no lo hizo, y de camino a UA, Katsuki se aprovechó de su concentración tras el volante para tocarlo por todo el muslo, pero también dirigirse a su entrepierna y palpar el bulto caliente y duro que ahí se podía apreciar, y que sin duda era de su invención.

Al llegar a UA y pasar la caseta de entrada, Izuku se dirigió a su espacio de estacionamiento, y con los dientes apretados le indicó a Katsuki que bajara primero.

—Yo podría ayudarte con tu problema —ofreció el adolescente, preparado para cualquier cosa que Deku le pidiera, pero éste se negó a verlo y fue firme en su petición.

Que si se quedaría en el automóvil practicando su respiración para calmarse o en su lugar se masturbaría con su nombre en mente, Katsuki nunca lo sabría con certeza.

 

Aquellos trayectos en automóvil a UA fueron apenas el comienzo, así que Katsuki utilizó cada recurso a su disposición para tentar a Izuku, desde en casa salir con una diminuta toalla del ofuro, hasta tocarlo por debajo de la mesa durante la cena, y en cada ocasión posible, recordarle con una mirada cargada de deseo que si él lo quería así, era suyo sin condiciones.

Por supuesto, Izuku era demasiado moralmente correcto como para ceder a ese impulso que a todas luces era compartido, así que Katsuki perfeccionó su plan, y un día entregó un ensayo a su clase (Izuku impartía Historia de los Héroes I a su grupo) tan cargado de datos inexactos y repleto de falacias, que no fue ninguna sorpresa que a la salida le pidiera quedarse con él unos minutos para hablar de su nota y una posible extensión.

A nadie le pareció extraño conociendo su vínculo familiar porque además se les veía llegar y marcharse juntos, pero no sólo era eso. Katsuki lo había planeado todo a la perfección porque además era su última clase del día y esa tarde la tía Ochako se vería con unas amigas, así que tenían todo el tiempo del mundo en aquel salón privado y a su disposición.

—Katsuki —dijo Izuku apenas estuvieron a solas—, éste no eres tú —prosiguió al darle unos golpecitos a su ensayo repleto de marcas rojas—. ¿Podrías al menos explicarme qué tenías en mente cuando decidiste entregar esto?

—Sensei —dijo el adolescente, hablándole como raras veces lo hacía, y aprovechando que todo parecía estar a su favor, se dirigió a la puerta y colocó el pasador.

Por supuesto, en una escuela como la suya eso no impediría a nadie entrar si se creía que era necesario o el bienestar de un alumno estaba en juego, así que Katsuki no perdió tiempo en poner marcha su plan.

—E-Esto no puede continuar así —dijo Izuku el ponerse de pie, sólo trastabillando en la primera sílaba—. Katsuki, por favor...

—Te elegí primero —dijo el adolescente al verlo a los ojos, y con una naturalidad que en ese momento le pareció adecuada, se abrió el botón de los pantalones—. ¿Lo recuerdas? Siempre te llamé mío —insistió para después seguir con la cremallera.

Izuku tragó saliva con dificultad. —Eso no importa. Estoy con Ochako, soy tu tío.

—Tío político —recalcó Katsuki el lazo—, y dejarías de serlo si te divorciaras de ella.

—Me odiarían, Ochako y tus padres...

—Pero yo estaría por siempre a tu lado —recalcó Katsuki, acercándose al escritorio y al quedar frente a él, dejar que sus pantalones se cayeran y formaran un bulto a sus pies—. Por siempre —repitió poniendo en ello todo su empeño.

—K-Katsuki —lo llamó Izuku como raras veces hacía, porque para él siempre había sido el pequeño Kacchan, y en cambio ahora ya no se trataba del mismo crío petulante y a veces berrinchudo al que podía tranquilizar con atención y mimos, sino su versión adolescente que lo miró a los ojos mientras deslizaba los pulgares por el elástico de sus bóxers y de un tirón mostraba más y más piel hasta exhibirse por completo.

Izuku era el primero que veía a Katsuki desnudo en mucho tiempo, el único que importaba, y por ende, éste último lo quiso hacer más especial al tocarse a sí mismo despacio, incitándolo a que por su cuenta lo hiciera.

—No, esto no puede continuar —dijo Izuku con los últimos gramos de fuerza de voluntad anclándolo en su sitio, pero entonces Katsuki se inclinó sobre el escritorio, y mirándolo por encima del hombro, lo retó a actuar.

—Soy tuyo —le hizo saber casi en un susurro—, y estoy tan duro por ti, Deku sensei.

Fuera la combinación de palabras o que remató la faena entreabriendo las piernas, lo siguiente que Katsuki supo es que Izuku se había colocado detrás de él y le sujetó los glúteos con ambas manos. Luego escupió entre sus nalgas, y la tibieza de su saliva resbalando entre la piel hasta llegar a su agujero fue lo más erótico que alguna vez le hubiera ocurrido.

—Eres... imposible... Kacchan... —Resopló Izuku, valiéndose de un dedo para tantear sobre su estrecha abertura, pero Katsuki lo sorprendió al ser virgen, pero no de la clase que se sonrojaba por todo y temblaba de nervios, sino del tipo precavido que había pedido desde semanas atrás un dildo a una tienda online de juguetes sexuales, y se preparó noche tras noche para aumentar su resistencia al punto de sentirse listo para recibirlo en su interior.

A esas alturas, Katsuki se sentía preparado para tomar cualquier cosa que Izuku le diera, y éste no lo decepcionó al refregarse un poco en su trasero y presionar contra él su erección, pero en el último momento arrodillarse detrás, acariciando la cara interna de sus muslos, y besarlo justo sobre el hueso del cóccix.

—Si quieres que me detenga... —Jadeó Izuku, y Katsuki tensó las manos sobre el escritorio.

—Te mato, juro que te mato si te detienes.

Bajo aquella amenaza tan contundente, a Izuku no le quedó de otra más que hacer aquello que le resultó natural, y a base de lametones amplios y un par de dedos, abrir a Katsuki hasta que al adolescente le temblaron las piernas, pero ni así cambió éste de convicción. En su fuero interno estaba que iba a perder su virginidad sobre ese escritorio, y nada lo haría dar marcha atrás.

—Es tu última oportunidad para cambiar de idea... —Ofreció Izuku al apartarse un poco, la mejilla apoyada en un generoso glúteo de Katsuki, y éste lo miró por encima del hombro con desdén, pero sus palabras lo contradijeron por completo.

—Hazme tuyo —pidió Katsuki con una voz que no parecía suya, demasiado frágil, casi vulnerable, e Izuku lo recompensó al sacarse su miembro de los pantalones y refregarlo entre sus piernas, estimulando sus testículos con la fricción, para hacerlo cambiar de opinión.

—Puede que duela...

—No me importa.

—Esto no cambiará nada entre nosotros —insistió Izuku—. Ochako seguirá siendo mi esposa, tendrás que vivir con nosotros bajo el mismo techo.

—Da igual, yo... Yo quiero esto —persistió Katsuki en su empeño, recostándose de lleno sobre el escritorio y sacando el trasero—. Sólo métemelo ya.

Con una delicadeza que contrastaba a las caricias de antes, Izuku colocó el glande sobre su abertura y trazó pequeños círculos con él. Sin lubricante real, volvió a escupir sobre sí mismo y se masturbó despacio, sin duda como Katsuki demasiado estimulado ya como para preliminares, y éste sintió el momento preciso en que Deku se abrió pasó en su interior y se mordió los nudillos mientras avanzaba centímetro a centímetro y por último su cadera presionaba de lleno contra su trasero.

—Eres tan... ¡Ah!, apenas puedo creerlo —murmuró Izuku—. Tan estrecho, Kacchan.

—Apuesto que más que la tía Ochako —replicó éste con insolencia, apretando los músculos internos y consiguiendo que las manos de Izuku a cada lado de su cintura se cerraran con fuerza, casi posesividad.

Aquello no fue hacer el amor sino algo más primitivo, una especie de carrera a contrarreloj porque se hacía tarde y dentro de terrenos escolares eran profesor y alumno antes que familia, y quizá fue ese tabú y no el del incesto el que los hizo sentir tantas cosas a la vez que bastaron un par de minutos para que ambos se sintieran listos para venirse.

Sin importarle que estaba recostado sobre unos papeles de evaluación docente, Katsuki se corrió sin remordimiento alguno, e Izuku remató la faena haciendo lo mismo en su interior, jadeando por el esfuerzo y sudoroso dejándose caer sobre el adolescente, abrazándolo con fuerza y respondiendo a la necesidad de éste por prolongar el momento un poco más.

—Ah, sensei... —Pidió Katsuki al inclinar la cabeza—. Quédate dentro, sólo unos minutos... No me sueltes...

—Uh, ok —accedió Izuku, sujetando a Katsuki con fuerza, y al cabo de unos segundos, besando su nuca.

Con toda probabilidad, Izuku tendría razón y acostarse juntos no cambiaría nada para ellos a corto o mediano plazo, pero Katsuki sabía esperar. Tenía por delante 3 años en UA, y de ahí, la vida entera para conseguir que Deku dejara de verlo como un crío y tomara en serio sus sentimientos.

Con el amor de su vida todavía en su interior y su firme mano entrelazada a la suya, sin importar lo duro del escritorio o que las rodillas lo estuvieran matando, Katsuki tenía la impresión de haber ganado.

—Victoria —murmuró para sí, satisfecho con el resultado del día.

 

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