Chapter Text
El olor a papel viejo impregnaba el aire de la pequeña librería de segunda mano a la que acababa de entrar. Hyunjin recorrió los pasillos y los estantes con la mirada, deslizando los dedos por los lomos gastados de cientos de libros. Había leído tantos que encontrar algo que realmente atrapara su interés se había vuelto un desafío. Necesitaba algo diferente, algo único, algo que lo hiciera sentir otra vez esa emoción de sumergirse en una historia desconocida.
Fue entonces cuando lo vio, ahí sobre una pila de libros amontonados en una caja, como si lo llamara fue hasta él.
El libro no tenía título en la portada. Su cubierta de cuero negro estaba desgastada, con las esquinas corroidas y algunas marcas que denotaban el paso del tiempo. Lo tomó con cuidado, sintiendo una extraña calidez al sostenerlo entre sus manos.
Lo abrió lentamente, la primera página estaba escrita con una caligrafía elegante y antigua, describiendo un reino lejano, envuelto en intrigas y secretos. Sus ojos recorrieron las palabras hasta que su mirada se posó en la página opuesta.
Una ilustración que hizo que Hyunjin contuviera el aliento, su mano se movió tocando cada detalle que a sus ojos era fascinante.
Su mirada quedó perdida en el retrato detallado de un joven de cabellos dorados, mirada profunda y una presencia que parecía traspasar el papel. Vestía ropas reales, con bordados intrincados y una capa que caía con elegancia sobre sus hombros. Su rostro era sereno, pero en sus ojos había una sombra de melancolía.
Por primera vez en mucho tiempo, Hyunjin sintió algo despertarse en su interior, una extraña sensación de que estaba por descubrir algo fantástico.
Sin pensarlo demasiado, llevó el libro a la caja y lo compró, mientras sentía una emoción extraña que no comprendía, pero estaba ansioso por descubrir lo que esas páginas contarían.
Esa noche, Hyunjin se acomodó en su habitación con el libro en sus manos. Se tumbó en la cama, dejando que la luz tenue de su lámpara iluminara las páginas amarillentas que comenzaba a hojear.
Sus ojos recorrían con expectación cada palabra que poco a poco le relataban sobre un príncipe destinado a asumir el trono en un reino marcado por la tragedia. Las descripciones eran tan vívidas que Hyunjin casi podía ver los pasillos del castillo, escuchar el murmullo de la corte, sentir el peso de la corona que aún no había sido colocada en la cabeza del joven heredero.
Pasó las páginas con ansias de más, pero de pronto…
“vacío”
Las siguientes hojas se encontraban completamente en blanco. Hyunjin frunció el ceño y pasó otra página, también vacía.
Siguió hojeando rápidamente, buscando más texto, tratando de entender si el libro estaba incompleto o si había algún truco en la impresión. Fue en ese momento, cuando giró una página con más fuerza de la necesaria, en medio de su frustración que sintió un leve ardor en su dedo.
Se detuvo. Una delgada línea roja apareció en la yema de su dedo índice. Hyunjin chasqueó la lengua y se llevó el dedo a su boca por reflejo, cuando algo en el libro cambió.
La tinta comenzó a deslizarse por la página en blanco como si una mano invisible estuviera escribiendo en ese mismo instante. Palabras nuevas aparecían ante sus ojos, continuando la historia justo donde se había detenido.
Su corazón latió con fuerza. El texto seguía formándose, contando una escena en la que el príncipe estaba en peligro, acechado por sombras desconocidas. Hyunjin no podía apartar la mirada.
“El príncipe corre peligro”
Las palabras en la página se escribían rápidamente, describiendo la escena a detalle, un peligro inminente. Hyunjin sintió un nudo en el estómago. Sus ojos recorrían cada línea con desesperación.
—¡Corre! —susurró, como si el joven príncipe pudiera escucharlo.
Pero el príncipe seguía su camino, sin darse cuenta de la amenaza que se cernía sobre él.
—¡Maldita sea, muévete! —Hyunjin gruñó, sintiendo la frustración arder en el pecho. Golpeó el libro con la mano libre —¡No te quedes ahí como un idiota! ¡Corre!
Las palabras seguían apareciendo, describiendo cómo el peligro se acercaba, cómo prácticamente era un hecho el final del heredero al trono.
Hyunjin apretó los dientes, sintiendo una extraña presión en su pecho, como si la historia lo envolviera poco a poco, como si…
Repentinamente todo pareció congelarse. El aire se volvió denso y poco a poco el mundo a su alrededor se desvaneció, pero antes de que pudiera siquiera procesarlo, sintió un tirón en su interior, como si algo invisible lo arrastrara sin que pudiera resistirse.
Una luz resplandeció desde el libro, envolviendolo y en un parpadeo… Hyunjin desapareció dejando su habitación vacía, el libro quedó en la cama abierta, entre tanto el texto seguía escribiéndose.
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Un sonido distante, un aire diferente, más frío, más puro podía sentirse. Una brisa ligera rozó su piel, arrastrando consigo el murmullo de hojas mecidas por el viento.
Hyunjin abrió los ojos con dificultad, su visión estaba borrosa y su cabeza daba vueltas. La superficie bajo su cuerpo no era el colchón de su cama, sino algo más duro y frío. Piedra.
Parpadeo varias veces, tratando de enfocar el entorno. Se encontraba en un callejón estrecho, entre muros altos de piedra que parecían pertenecer a una ciudad antigua... o una muy bien conservada. La arquitectura tenía un aire clásico, pero a la vez moderno. Calles empedradas, luces que colgaban de faroles elegantes y en la distancia, el sonido de una fuente de agua corriendo.
No reconocía en absoluto ese lugar ¿dónde diablos estaba?. Su corazón latió con fuerza.
Poniéndose de pie con esfuerzo y tambaleándose un poco ¿Cómo había llegado ahí? Hace unos segundos estaba en su habitación... leyendo un libro...
“El libro”
Hyunjin bajó la mirada a sus manos vacías. No lo tenía, observó a su alrededor pero no había señales del libro ¿qué estaba sucediendo?
En ese momento un grito lo sacó de sus pensamientos. Más adelante, en una parte más oscura del callejón, vio una silueta. Alguien estaba acorralado contra la pared, con dos figuras amenazantes bloqueando el paso. La persona forcejeaba, intentando liberarse, pero los agresores no parecían dispuestos a dejarlo ir. Hyunjin no pensó.
No entendía qué estaba pasando ni dónde estaba, pero su cuerpo se movió antes que su mente, corriendo hacia la escena.
—¡Oigan! —gritó sin plan alguno.
Los atacantes giraron la cabeza con sorpresa, pero eso le dio tiempo suficiente para actuar.
Por puro impulso, Hyunjin tomó el primer objeto que encontró, a saber qué era, algo metálico al parecer y lo lanzó con toda su fuerza. Golpeando a uno de los agresores en la espalda.
—¡Maldito...! —gruñó el hombre, girando furioso.
Hyunjin aprovechó el momento para lanzarse sobre el otro, empujándolo con toda su fuerza para apartarlo de la víctima. Un forcejeo, un golpe al azar, un segundo de caos... y los atacantes finalmente decidieron que no valía la pena.
—Tch, nos ocuparemos de esto después espetó uno de ellos, antes de girar y retirarse del lugar.
Hyunjin se quedó jadeando, su adrenalina aún en su punto más alto y entonces, bajó la mirada.
La persona a la que había salvado estaba ahí, en el suelo, con los ojos abiertos de par en par. mirándolo como si fuera una aparición.
Hyunjin también la miró y su respiración se detuvo. Esos ojos, ese cabello, ese rostro...
Su mente se nubló por un instante, pero una imagen destelló en su cabeza. Esa hermosa ilustración en ese extraño libro, Príncipe Heredero Lee Felix, escrito al pie de la imagen.
—¿Felix...? —preguntó confundido, ¿cómo era posible que fuera él?, era solo un personaje de ese libro, él no existía realmente, sin embargo allí estaba frente a él, en carne y hueso, pero... ¿cómo?
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El aire nocturno era más fresco de lo habitual, una brisa que traía consigo el murmullo lejano de la ciudad.
Felix caminaba con paso ligero por las calles empedradas, disfrutando de la sensación de libertad, aunque sabía que no duraría mucho. Sus guardias no tardarían en notar su ausencia y comenzarían a buscarlo.
Pero necesitaba esto. Desde la muerte de sus padres, su vida había cambiado por completo y ahora que estaba en edad, una sucesión de reuniones, decisiones y expectativas. La corona aún no se posaba sobre su cabeza, pero el peso de su futuro ya lo ahogaba. Solo quería respirar un poco fuera del palacio.
Se ajustó la capucha para pasar desapercibido y continuó su camino, alejándose de la zona más iluminada de la ciudad. No notó las sombras que lo seguían desde hace unos pocos metros,hasta que un tirón violento en su brazo lo sacó abruptamente de su ensueño.
—¿Qué...?
Antes de que pudiera reaccionar, un puño se estrelló contra su abdomen, haciéndolo doblarse de dolor. Manos ásperas lo empujaron contra la pared de un callejón oscuro, haciendo que un grito escapara de sus labios.
—Qué suerte la nuestra —murmuró una voz ronca —Parece que hoy nos haremos con un buen botín.
Felix apretó los dientes, ¿un asalto? o al menos eso querían que pareciera, pero no era solo eso, las miradas de los hombres no eran las de simples ladrones.
Había algo más en esos ojos, algo calculador y si tenían razón sus sospechas... no lo dejarían salir de ahí con vida. Intentó moverse, pero un brazo fuerte lo inmovilizó rápidamente.
—No se resista, Alteza.
Su sangre se heló en ese instante. Esos hombres sabían quién era, ahora ya no había dudas. Era su fin, realmente iba a ¿morir? Pero entonces, un grito.
—¡Oigan! —Una nueva presencia irrumpió en la escena.
Todo ocurrió en segundos: un objeto volando, un impacto, un golpe, el sonido de cuerpos cayendo. Felix apenas podía seguir la escena mientras su atacante era apartado de él con brusquedad.
Y entonces, silencio. Felix levantó la vista, aturdido, tratando de entender qué acababa de pasar.
Un chico de cabello oscuro estaba de pie frente a él, respirando agitado, con los ojos muy abiertos, como si no pudiera creer lo que veía.
Felix también lo miró, sintió un escalofrío recorrer su espalda cuando el desconocido murmuró su nombre con incredulidad.
—¿Felix...? —ahí estaba, ese era su nombre, no alteza, no príncipe Lee, no príncipe heredero, sólo Felix, pero ¿quién era él?
Su respiración era errática, su corazón golpeaba con fuerza contra su pecho. Felix no podía pensar con claridad.
El ataque, la amenaza de muerte y ahora este extraño que de alguna manera parecía conocerlo, pero él no tenía idea de quién se trataba.
La adrenalina aún lo mantenía alerta y su instinto le gritaba que se alejara. Sin pensarlo, empujó al desconocido con todas sus fuerzas. El desconocido tropezó un par de pasos hacia atrás, sorprendido.
—¡Espera! —exclamó, pero Felix ya estaba corriendo lejos de ahí.
Sus piernas se movieron por inercia, su cabello ondeando tras él mientras intentaba poner la mayor distancia posible entre ellos. No sabía quién era ese chico, ni cómo lo conocía, pero después de lo que acababa de pasar, no iba a quedarse a averiguarlo.
—¡Felix, espera! ¡No voy a hacerte daño! —la voz del desconocido lo seguía, cada vez más cerca.
Felix apretó los dientes y giró en una esquina, intentando despistarlo, pero no llegó muy lejos, el sonido de pasos firmes y armas resonó en la calle, seguido por gritos autoritarios.
—¡Alteza! —se escuchó al unísono, los guardias reales habían llegado.
Felix apenas tuvo tiempo de detenerse antes de que su escolta lo rodeara.
—¿Se encuentra bien, Alteza? —uno de ellos se acercó de inmediato, evaluando la situación con expresión tensa.
Felix abrió la boca para hablar, pero antes de poder responder, alguien más dobló la esquina tras él.
El desconocido.
Los guardias reaccionaron en un instante —¡Aléjate del príncipe!
Antes de que el chico pudiera decir una palabra, varios guardias lo rodearon. En un parpadeo, uno de ellos lo tomó del brazo retorciéndolo hacia atrás, mientras otro lo empujaba contra el suelo.
—¡Espera, yo...! —una rodilla se clavó en su espalda, inmovilizándolo con brusquedad.
—¡No… alto! —Felix finalmente reaccionó, viendo las muecas de dolor del joven desconocido.
Pero los guardias no se detuvieron. —Intenta atacarlo, Alteza.
Felix miró hacia el desconocido, el chico respiraba con dificultad, atrapado bajo la fuerza de los soldados, pero en su mirada no había hostilidad... solo confusión y desesperación y eso lo hizo dudar.
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El frío del suelo de piedra se filtraba a través de su ropa. Hyunjin gruñó entre dientes, sintiendo la presión del guardia que lo mantenía inmovilizado.
—¡Déjenme… explicar! —intentó moverse, pero la rodilla en su espalda lo empujó con más fuerza.
—Silencio —Una voz autoritaria puso fin a cualquier intento de negociación.
Hyunjin alzó la cabeza y vio cómo Felix, aún con expresión tensa, era escoltado con rapidez hacia un vehículo oscuro. Se lo estaban llevando. Un nudo se formó en su estómago.
—¡Felix! —No sabía por qué gritó su nombre, tal vez una parte de él aún creía que, si lo llamaba, el otro voltearía y entendería que no era una amenaza, pero Felix no miró atrás.
Un portazo y el vehículo arrancó. Hyunjin apenas tuvo tiempo de procesarlo antes de que lo levantaran a la fuerza y lo arrastraran hacia otro vehiculo.
—No te resistas, si no quieres salir herido —dijo uno de los guardias, pero Hyunjin estaba absorto, su mente giraba en mil direcciones.
“Esto no podía estar pasando”
Hace unas horas estaba en su habitación, leyendo un libro, y ahora… ¿estaba siendo arrestado en un mundo que ni siquiera debía existir?
El viaje fue un borrón. Las calles pasaban rápido por la ventanilla, pero Hyunjin estaba demasiado ocupado intentando encontrarle sentido a todo.
Cuando el vehículo finalmente se detuvo, lo sacaron sin delicadeza y lo condujeron por un largo pasillo de piedra, donde el eco de sus pasos resonaba con fuerza.
Un portón de hierro se abrió frente a él. Hyunjin sintió un escalofrío cuando fue empujado dentro de una celda oscura.
—Te quedarás aquí, mientras esperamos órdenes sobre qué hacer contigo.
El sonido metálico de la puerta cerrándose fue como un golpe en el pecho. Estaba atrapado. Hyunjin respiró hondo, tratando de calmar su pulso acelerado.
Tenía que encontrar la manera de salir de ahí. Tenía que hablar con Felix y sobre todo… Tenía que entender cómo demonios había terminado en este mundo.
