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—¿Y? —preguntó Noel mientras daba otro trago a su cerveza, esperando una reacción a su declaración—. Obviamente no lo haría ahora, es solo una idea…
—¿Me estás dejando? —Noel frunció el ceño y miró a Liam con una expresión desconcertada.
—¿Eh? —respondió.
Liam arrojó el cuaderno de vuelta a su dueño de manera brusca.
—Pura mierda —murmuró.
—Liam…
—¡No! Ya entiendo cómo es esto —gritó—. ¡Me estás dejando para ser solista y sacar un álbum de mierda!
Ahí estaba otra vez su naturaleza saliendo a la luz: un perro dócil y juguetón hasta que se siente amenazado, y entonces reacciona con furia para protegerse.
—No hace falta que grites. Y no, no te estoy dejando —dijo Noel mientras tomaba el cuaderno entre sus manos y lo cerraba. Lo apreciaba demasiado como para descuidarlo; ya se había arriesgado bastante al dárselo a Liam para que leyera algunas de sus canciones—. Es solo una idea.
Una risa áspera y cargada de sarcasmo escapó de los labios del menor de los Gallagher.
—Claro, una idea… así empieza todo, ¿no? Oasis también empezó como una idea hasta que se volvió realidad.
—No entiendo cómo llegas a ese tipo de conclusiones —la paciencia de Noel estaba alcanzando su límite y, como siempre, era su hermano menor quien la ponía a prueba—. No voy a dejar Oasis.
Un silencio incómodo se apoderó del estudio de grabación. El ambiente ya era tenso, aunque familiar, considerando lo acostumbrados que estaban ambos a no saber manejar la calma durante demasiado tiempo.
—Tú compones para Oasis y tus canciones las canto yo —dijo Liam mientras mantenía la mirada fija en la cabina de grabación, al otro lado de la habitación—. Así funcionan las cosas, Noel.
—¡Oasis es rock ’n’ roll, Liam! —bien, si el pequeño idiota levantaba la voz, él también podía hacerlo—. No todo lo que escribo es eso. También tengo canciones de otros estilos.
El razonamiento le parecía lógico: alrededor del cuarenta por ciento de lo que componía era rock y estaba pensado para Oasis, para que Liam se apropiara de esas letras con su voz. Pero el otro sesenta por ciento era música folk, creada para melodías más acústicas, ideales para que Noel también pudiera experimentar.
—Oasis es lo que nosotros decidimos que sea —replicó mientras encendía otro cigarrillo—. Podemos cantar cualquier cosa. Tus excusas son pura mierda, hermanito.
Noel suspiró y se frotó la frente con la mano izquierda, una señal clara de que estaba al límite, aunque intentaba controlarse. Últimamente, lidiar con Liam se estaba volviendo cada vez más complicado; por un momento creyó que podrían charlar tranquilos, sin alcohol ni drogas de por medio, pero había olvidado un detalle fundamental: el chico era todavía más insoportable cuando estaba sobrio.
—No son excusas, no me estás escuchando —murmuró para sí mismo, aunque al estar solos en la habitación, Liam también lo oyó.
—Si quieres experimentar —dijo haciendo comillas con los dedos— con otro estilo, podés hacerlo, hombre. Sos el jefe. Muestrame cómo debería cantarlas y lo haré; sabes que aprendo rápido.
—No voy a darte mis canciones.
No. Noel ya le había entregado demasiado a su hermano. Había invertido incontables horas con la guitarra en todos los éxitos de Oasis, donde, por supuesto, solo la voz de Liam brillaba. No iba a ceder también esas canciones que había escrito imaginándolas con su propia voz, con las notas que nacían de su guitarra favorit. Esas eran suyas, y no las iba a entregar, por más comprometido que estuviera con la banda.
—Es lo que siempre hiciste, es tu trabajo, Noely —respondió Liam, buscándole la mirada mientras se apoyaba sobre la mesa que los separaba—. Tú escribes, yo canto. De eso se trata.
Noel lo miró desafíante. —No te estoy pidiendo permiso idiota.
—¡No nos vas a dejar para cantar alguna mierda indie!
Noel se paró apretando el agarre de su cuaderno entre sus manos. —¡Jodete Liam! no eres mi puto dueño.
Se dirigió hacia la puerta y salió, frustrado y furioso, cómo cada vez que discutía con su hermano.
