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Etéreo

Summary:

Rotxo ríe en los prados de Eywa junto a Neteyam, sin miedo a la guerra.

Notes:

Nada, hice esto justo al regresar de ver la película... era un mar de lagrimas mientras escribía.
Avatar: fuego y cenizas me dejo emocionalmente exhausta.

Work Text:

Es extraño, un momento estaban luchando por sus vidas, gritos, balas, fuego, lanzas, agua, mucha agua, y al siguiente están aquí, corriendo entre colinas elevadas, riéndose sin parar mientras intentan atrapar a Seze.

Rotxo no recuerda como llegó aquí, no sabe exactamente que es aquí.

-¡Corre skwang, no te quedes atrás!-

La diversión en la voz de Neteyam es contagiosa, Rotxo no recuerda haberlo visto reír así nunca, tampoco es que lo hubiera conocido mucho, no tuvo tiempo de conocerlo por que...

Oh.

Los pies de Rotxo se detiene de repente, Neteyam no lo nota y sigue corriendo con una gran sonrisa en su rostro, el llamado de Seze suena en el cielo, ¿Seze? , ¿Quién es Seze?

Mira su alrededor, esto no es awa´atlu, ¿Dónde esta?, él estaba, ¿Qué estaba haciendo? no puede recordar.

Iban a luchar, no, iban a quedarse a defender a los civiles mientras los adultos peleaban contra la gente del cielo, él, Ao´nung, Tsireya y Lo´ak. Pero no... no recuerda más allá de eso.

-¿¡Que pasa, hermano?!, ¿por que te detuviste?-

Neteyam regresó, con el pecho subiendo y bajando rápidamente de tanto correr, el sudor le corre por el rostro haciendo que algunos cabellos rebeldes se peguen a su rostro, y una sonrisa traviesa surca sus labios.

Rotxo lo observa, solo han pasado unos meses desde la ultima vez que lo vio y se da cuenta de que casi no recordaba su rostro. Neteyam realmente se parece a su madre.

-Rotxo, hey, ¿Qué sucede amigo?- El hermano mayor salió a flote y colocó una mano en el hombro de Rotxo, preocupado.

-Estoy muerto ¿verdad?-

Neteyam apretó los labios.

-Si-

Un silencio solo cortado por el viento y los cantos de las criaturas los invadió.

-¿Como... como morí?-

-No lose- susurro Neteyam con tristeza.

-Oh-

Se quedaron ahí parados, sin decir nada, hasta que el llamado cercano de Seze los hizo levantar la vista. Las orejas de Neteyam se alzaron, escuchando algo y su sonrisa traviesa volvió a su rostro.

-Ven, quiero presentarte a alguien-

Tomó la mano de Rotxo entre la suya y arrastro al joven metkayna tras de si, mientras corrían hacia lo alto de un risco.

Rotxo miro su mano entrelazada con la de Neteyam con incredulidad. Murió. Completo su rito de paso hace apenas unas semanas, apenas se le comenzaba a ver como un hombre, un guerrero y murió. Así de rápido.

Hay tantas emociones en su pecho que lo siente tan pesado, pero al sentir el calor de la mano de Neteyam, ver la sonrisa despreocupada del chico siempre responsable, oír su risa y sentir esa mirada suave, tranquila, sin el miedo de la guerra, sin el miedo a las expectativas que siempre abrumaban a su amigo, Rotxo exhalo sus miedos, como un hombre que aprende a respirar y se dejó arrastrar.

Murió, y esta bien. Por que no esta solo, tiene a Neteyam a su lado, ya no hay gente del cielo, no hay balas, fuego, gritos ni miedo.

Solo dos niños jugando juntos entre arboles, cielos y mares, con el eco de sus risas llenando el mundo espiritual mientras surcan el cielo en el lomo de Seze, haciéndole travesuras a Tsu´tey y Sylwanin, y frustrando a la Tsahik Ronal hasta que el abuelo de Neteyam los mande a dormir.

Jugar desde el amanecer hasta el anochecer, algo que Neteyam no recordaba como hacer y algo que Rotxo temía olvidar.

Pero ahora son niños eternos, y nadie les negara su felicidad.