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Project helium is real!...kinda

Summary:

Stanley notó una carpeta bajo el brazo de Xeno.

-¿Qué es eso?- movió la cabeza con curiosidad como si moverse de ángulo lo dejara ver que era.

-Observa por ti mismo- Xeno orgulloso le entregó con cuidado la carpeta, ni siquiera hizo malabares, sostenía a su hija con un brazo, con tanta confianza como su voz denotaba.

Stan le dió una mirada cautelosa al folder. Al girarlo no pudo evitar fruncir los labios, apenas pudo leer un papel membretado, donde se perfilaban sus nombres y en la parte superior el nombre de su hija.

-¡¿CÓMO QUÉ HELIUM?!-

Notes:

Hola!
Este es mi primer fanfic, ya lo tenia hecho desde hacia un tiempo, gracias a elchalchihuitl por corregir tooodoo lo que estaba mal, por darle nombre a la niña también y a liro_vaquita88 por la ayuda como el apoyo para escribir

Muchas gracias!

Work Text:

 

 

El rubio estaba agotado, 

Una cosa era el embarazo, Nueve meses de cambios hormonales, antojos y dolores extraños, ¿Quién diría que te podría doler el cuerpo por solo existir? Todo eso había sido una odisea pero la cereza del pastel fue el parto,para toda la gente que decía que era una experiencia hermosa, pues se pueden ir al infierno. Recordó con dolor el como casi le partió la mano a Xeno cuando estaba pujando, miró su mano por largos segundos, aún tenía la marca de la presión ejercida en la piel.

 

Pero sin duda valió la pena Cuando la vio en sus brazos, confirmó que era lo más precioso que había salido de su ser La nariz pequeña, boca sonrosada, las manitas que se aferraban a su calidez… ¡Era la viva imagen de su esposo! Claro con una apariencia más redonda y menos pálida, como debía tener un bebé saludable.

 

 

Seguía acostado en la cama del hospital, Una habitación privada que su esposo había separado con anticipación. Xeno no escatimó en gastos, lo preparó todo en el hospital más caro que su seguro pudiera pagar. Llenó el lugar de globos flores y toda la parafernalia que, si era completamente honesto, él consideraba inutil pero su esposo creía elegantemente necesaria para la llegada del nuevo integrante de su familia. 

 

 

Stanley cerró los ojos y echó la cabeza hacía atrás. Estaba tan cansado pero el sonido de llantos, los primeros de su criatura, seguían frescos en su memoría. “Increíble” pensó “ “Si que tenía unos buenos pulmones", el grito que dió al salir le dió un susto tremendo. Seguramente experimentó el terror fugaz de ser padre, pero fue por un momento, luego, como una rafaga, el sentimiento de alegría le llenó el cuerpo. Para ese momento aguardaba por su esposo, no pensaba experimentar ni discutir esa emoción con ninguna otra persona que no fuera su él.

 

Hablando de este último,no se encontraba en la habitación de momento; haciendo una clara demostración de responsabilidad, tenía como asignación realizar los trámites o la burocracia que traía el nacimiento. Xeno le recalcó que no se preocupara por nada ¿Papeleo, hablar con las enfermeras, decidir la temperatura de la habitación? ¡Nada de eso! Xeno se encargaría. Stanley solo se tenía que preocupar por descansar, cuidar de la pequeña y listo. Estaba agradecido que su esposo le encantará tener el control de su alrededor, Estaba seguro que si Xeno pudiera ya habría agarrado a su hija para presumirla a sus compañeros, familiares y amigos, tal cual Simba a Kyara en el Rey León.

 

 

Hablando del diablo, Xeno entró orgulloso con su pequeño clon en brazos, mirándola con una especie de embelesamiento que había visto en él solo en momentos puntuales; como cuando lo subieron de puesto en la milicia —poco tiempo después de que Xeno entrara a la NASA—- una sonrisita se le escapó ante el recuerdo.

 

 

Stanley se incorporó con cuidado en la cama, miró con la familiaridad que sólo un esposo que lleva conociendo a su pareja tantos años puede tener, por la postura del albino supo que estaba orgulloso.

 

-¿Qué te parece? —la sonrisa del rubio se ensanchó —¿Estás satisfecho con mi trabajo?- dijo mientras cruzaba los brazos, su mirada expectante para la felicitación de una misión exitosa. 

 

-Simplemente elegante, Stan- levantó la barbilla y con los ojos cerrados, alzó levemente a la pequeña criatura en sus brazos enfatizando dramáticamente de lo que estaba hablando -Hiciste un excelente trabajo- 

 

El rubio ladeó la cabeza con la mirada en calma, la respuesta lo dejó satisfecho. Se recostó en la cama de nuevo y por inercia buscó en el bolsillo de su camiseta una cajetilla de cigarrillos pero como era costumbre estos nueve meses no estaba ahí. Al parecer, el vicio era difícil de dejar, ¿Eh? 

 

-Lograste replicar mis facciones en una pequeña personita. —Xeno sonrió observando a la pequeña — Bueno si ignoramos esas hermosas pestañas… La genética es completamente fascinante. —el peliblanco rozó apenas el lanudo cabello de la pequeña —Parece que mis genes han sido más fuertes que los tuyos ¿No es así?- Finalizó con ese tono pomposo y presuntuoso que le encantaba usar

 

-¡Ah, ya callate!- su mirada se quedó fija al ver como su esposo veía con fascinación a su criatura, ¿Dónde había visto eso antes? Cierto, cuando Xeno era niño y observaba uno de sus cohetes recién fabricados.

Ahora mismo esa mirada tenía una delicadeza al contemplar a su hija, no había palabras que pudieran describir la sensación.

 

-Es tan parecida a mí físicamente que no puedo esperar para descubrir en qué más nos parecemos- 

 

Hasta ese entonces, Stanley notó una carpeta bajo el brazo de Xeno.

 

-¿Qué es eso?- movió la cabeza con curiosidad como si moverse de ángulo lo dejara ver que era.

 

-Observa por ti mismo- Xeno orgulloso le entregó con cuidado la carpeta, ni siquiera hizo malabares, sostenía a su hija con un brazo, con tanta confianza como su voz denotaba. 

 

Stan le dió una mirada cautelosa al folder. Al girarlo no pudo evitar fruncir los labios, apenas pudo leer un papel membretado, donde se perfilaban sus nombres y en la parte superior el nombre de su hija.

 

-¡¿CÓMO QUÉ HELIUM?!- gritó, sintió inmediatamente como la comisura de sus labios tiraban hacia arriba, hizo un esfuerzo para no reírse. Observó a Xeno tratando de adivinar si estaba bromeando o, si iba en serio con ese nombre.

 

-¿Qué opinas? Elegante ¿no?- dijo altanero y con una sonrisa orgullosa

-Elegante...-replicó Stanley con tono sarcástico, Ahora sin duda queria un cigarro -¿Cómo se te ocurre ponerle a tu hija el nombre de tu proyecto? Y encima…¡Uno fallido! Stanley remarcó eso último, llevándose dos dedos al entrecejo con frustración; no era enojo, sino asombro ante el hecho que su esposo tuviera los HUEVOS de ponerle así a una criatura viviente que habían creado juntos.

 

-Lo dices como si hubiera fallado porque no era bueno- le lanzó a Stan una mirada de desaprobación antes de volver a admirar a su hija con emoción -No fue aceptado porque los altos mandos de la NASA son unas cabezas viejas y huecas, ¿Verdad que sÍ?- 

Se lo dijo a su hija como si esta pudiera responderle. Ella solo estaba aferraba a su cara, tallando sus pequeñas manitas en ella. Xeno sonrió y se respondió:

-si lo son, si lo son-

 

Stanley entornó los ojos y siguió leyendo el documento recién tramitado. Su mirada danzó en el papel y de repente, lo notó, un detalle llamó su atención. 

 

-¿Cómo que Wingfield Snyder?- giró la cabeza hacia su marido, su tono sonaba claramente ofendido -¿Y mi apellido? ¿No dijimos que primero sería el mio y luego el tuyo?- 

 

-Losé, pero solo mirala- dijo sin quitarle la mirada a su criatura que había atrapado su dedo entre sus manos rechonchas —es toda una Wingfield antes que Snyder ¿No es así?- la niña balbuceó con los sonidos propios recién nacido, y Xeno lo tomó como si le hubiera dado la razón.

 

-Dios- stanley dejó al fin el papel en paz y se dejó caer en la cama, como si además del parto estuviera cansado de las travesuras de su esposo

 

Xeno se dio cuenta de la actitud –decepcionada, quizás— cuando Stanley soltó un suspiro fuerte y profundo. El peliblanco se acercó a su esposo para acariciarle el cabello con dulzura, como si comprendiera su dolor.

 

-¿Qué le vamos a decir cuando crezca? Digo… sobre su nombre- preguntó Stanley, inclinándose hacia mano que lo acariciaba.

 

-Simplemente le diremos que su hermoso nombre está inspirado en un pequeño proyecto que su padre tuvo; que trabajó tan duro para sacarlo adelante como trabajó para traerla al mundo-

 

-Lo dices como si tú la hubieras parido- Stanley sonrió entretenido

 

-Parece ¿Verdad?-respondió, sentándose, en una silla cerca de la cama, aún aferrándose a su cría en sus manos

 

Después de dejar marinar la plática, la idea no le disgustaba a Stanley. En realidad nunca lo hizo; solo le preocupaba la vida social de su hija a futuro.

 

-Estabien, pero si pide cambiarse el nombre no voy a detenerla- cruzó los brazos sobre el pecho y finalmente descansó en la cama

 

-Tranquilo, no lo hará- beso la frente de su querida hija -No sin que yo la detenga-

 

.

 

 

 

Los días subsecuentes al parto pasaron más rápido que los del embarazo. Aun cuando ambos hombres habían dejado claro que no querían visitas después del nacimiento, la familia fue la primera en aparecer;luego los amigos y al final, algún que otro colega que se enteró por casualidad. Los comentarios no se hicieron esperar. Cada vez que alguien pisaba la habitación era asaltado por Xeno quien orgullosamente presumía a su primogénita, no paraba de describir sus cualidades, lo saludable que se veía y como era parecida a ambos, una perfecta combinación, aunque era obvio a quien se parecía más. 

 

.

 

Eventualmente llegó el día de salida, stanley se sostuvo de los antebrazos de la silla de ruedas donde xeno lo llevaba, no es que no pudiera caminar, es que su esposo no lo dejaba. Al llegar a la recepción, Xeno se distrajo firmando la salida de Stanley, mientras este otro sostenía a su hija en los brazos, acomodándole el sombrero rosa tejido que Maya le había conseguido, Maya no lo había tejido: ella decía que sí, pero la etiqueta la delataba. 

 

-Sabes, aún estamos a tiempo de cambiarlo- dijo Xeno captando su atención

-¿Cambiar que?- Stanley giró la cabeza para buscar su mirada por encima el mostrador pero su esposo lo esquivaba..

—El nombre. Si no te gusta estamos a tiempo. 

 

Su voz era seria, neutra, ya no tenía esos matices de emoción de días pasados. Parecía que había estado pensando, y Stanley casi podría apostar que parecía un poco culpable por haber tomado una decisión tan importante sin consultarle.

 

Stanley soltó el aire de sus pulmones, como si se quitara un peso inexistente de pecho ¿Qué clase de persona creía su esposo que era?, él no guardaba ese tipo de cosas; ya hasta se le había olvidado.

 

Tomó el extremo del saco de su esposo para llamar su atención y que dejara de desviarle la mirada para no confrontarlo -Da igual, Xeno. 

 El comentario, justo con el gesto, hizo que la cabeza del albino se girara rápidamente, seguido de una expresión de indignación como si estuviera a punto de reprochar que el nombre de su hija no era cualquier cosa. Stanley continuó hablando para aclarar su comentario -Si tú piensas que se escucha bien, yo me doy por satisfecho. 

 

Observó con devoción el cariño que antes solo le daba a su esposo y ahora la tenía también a aquella criaturita entre sus brazos 

 

-Lo único que me importaba era que naciera viva y sana. Lo demás es secundario.-

 

La tranquilidad invadió a ambos, un entendimiento silencioso, en calma, como si esas palabras le hubieran quitado un peso de encima a uno de ellos.

 

-Además tú sabes que no soy bueno para los nombres…—hizo una pausa — ¿o ya olvidaste cuando me pediste que nombrar el avión de juguete que me hiciste? 

 

Un resoplido salió de los labios de xeno -Sí, lo recuerdo. “El avión de Stanley” dijiste.

 

- “Que nombre tan poco elegante”, respondiste tú- replicó Stan con una leve sonrisa formándose en su rostro

 

-Y aún mantengo lo que dije- contestó mientras empujaba a su esposo en la silla de ruedas para salir del hospital -. Si te hubiera dejado nombrar a nuestra hija le habrías puesto algo como “hija de Stanley y Xeno”. 

 

El rubio soltó una risa muy suave mientras asentía 

    —Talvez.

 

.

.

.

 

Pasaron los días, los meses y los años. Su hija creció hasta convertirse en una dama inteligente con una asombrosa puntería —heredada, para orgullo de su padre—. Su nombre no había llegado a generar algún problema; a lo sumo, alguna confusión de quienes lo oían la primera vez pero nada más que eso. Hasta que un día su hija apareció en la puerta de casa después de clases, con una expresión de querer fulminar a alguien con la mirada. 

 

-¿Quién fue?- 

 

Los hombres de la casa se giraron. Todos se encontraban en el comedor dos adultos, uno cerca de la ventana fumando, otro sentado a la mesa con su taza de café; y el más joven con la comida a medio camino en la boca, guardando silencio.

 

-¿Quién fue qué, Querida?- respondió Xeno, llevándose la taza a la boca

 

-¿Quién tuvo la brillante… no, “ elegante” idea de ponerme el mismo nombre que el de un proyecto fallido?- acentuó especialmente la palabra fallido, con dramatismo , casi como si fuera parte de una obra de teatro; era así como expresaba su enojo.

 

A Xeno casi se le sale el café por la nariz ante la interrogante. Stanley, en cambio, se encogió de hombros con una sonrisa ladeada, como si hubiera estado esperando ese momento desde hacía dieciséis años.. 

 

 

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