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Capitulo 1
Oscuridad. La oscuridad es lo único que mis ojos logran ver en este momento, o quizás lo único que mi cerebro puede procesar. Mis oidos zumban a la vez que se escucha una estática mientras observo a mi piel deformarse de forma extraña. Cambia de dimensiones, colores, texturas. Esto es un sueño, solo un sueño, un sueño más entre los muchos sueños que he tenido en los últimos años. Poco a poco empiezo a cobrar consciencia de estar en un sueño, lo que hace que una luz proveniente de ningún lugar me logre cegar y me haga volver a mi habitación.
Un fuerte dolor de cabeza empieza a surgir a la vez que voy despertando poco a poco de aquel sueño. Con algo de esfuerzo, me levanto de la cama y me dirijo al escritorio que hay en mi habitación con una computadora algo vieja. Meto las manos detrás del monitor, debajo del teclado. Nada. No hay nada. La medicina que disminuía mi dolor en esta enfermedad se ha acabado. En su lugar solo había un sobre vacio de aluminio donde antes habian pildoras y un vaso a medio llenar de agua de unos días. Mi garganta estaba seca, asi que le doy un sorbo. Una sensación viscosa aparece en el interior de mi boca, provocando que corriera hasta el balcón de mi habitación para escupir el agua. Por alguna razón sentía ardor en la parte interna de mis mejillas. Unas gotas de saliva quedaron por fuera de mi labio inferior. Al limpiarme lo que quedó con el dedo, pude ver como la saliva era de un color marrón traslúcido. Eso explica el ardor en mi boca: sangre.
Giro para ver la entrada a la habitación. La puerta que lleva al balcón está llena de humedad, grietas y un sentimiento de tristeza. Un gran tubo de acero oxidado que lleva a un aire acondicionado que funciona pobremente ocupa la mitad del balcón. Al pasar por la puerta no hay nada mejor, tan solo la misma historia. ¿Quien diría que pueden existir edificios tristes?. El apartamento solo contaba con una consola, un estante con unos cuantos libros, la mesa y la computadora; una cama y una puerta. Tengo sed y hambre, pero no me siento con las suficientes fuerzas para salir. En algún otro momento tendré que salir, pero no hoy.
Enciendo la computadora y ordeno algo en un restaurante. El "Sugar Hole". Ese lugar siempre ha estado presente en mi memoria como un bello recuerdo donde pasaba noches enteras en la barra frente a la camarera comiendo algo... Mi enfermedad ha llegado a tal punto que hasta eso me cuesta hacer.
Me siento algo cansada, a pesar de que acabo de despertar, asi que salgo de la página web donde ordené la comida para irme a dormir otra vez. Sin embargo algo llamó mi atención.
— Esta carpeta... Pensé que la había borrado — Hablo para mi misma mientras observo una carpeta de archivos en el escritorio. Después de pensármelo, hago doble clic sobre ella. Eran unas canciones y unos documentos de texto.
Recuerdo haber tenido un blog hace tiempo. Un lugar donde contaba mi historia a personas que les gustaba escucharme a la vez que hacia una pequeña carrera musical. Una leve sonrisa se marca en mi rostro mientras exploro entre las líneas de texto que contaban cosas de mi vida. No era una sonrisa de satisfacción, no era una sonrisa de nostalgia. Era una sonrisa de decepción hacia mi pasado, un "Ya no queda mas sino sonreír" que se marcaba mis labios.
El cansancio ganó la batalla. Cerré mis ojos lentamente mientras observaba la pantalla. A pesar de eso, cuando desperté, estaba acostada en mi cama. Aunque me quité las sábanas de encima y me levante de la cama, mi temperatura nunca cambió. El frío del suelo no se sentía al tacto de mis pies. La ventana de mi cuarto dejaba ver un cielo negro. No era una noche estrellada, o las nubes grises rodeando a la luna. Era total oscuridad, sin nada mas que oscuridad.
Mi mente está confundida, todo esto se siente distinto. Observo mis alrededores y veo que falta la consola con la que apenas jugaba. Algo no cuadraba, algo estaba mal. Me acerco a la puerta de mi habitación y lentamente acerco mi mano al pomo. Un escalofrío recorre mi cuerpo, a la vez que el miedo a lo desconocido también lo hace. Decido abrir la puerta.
— ¿Que... es esto? — Totalmente confundida doy unos pasos al frente en lo que parece ser un suelo quebradizo, el cual lleva a cuatro caminos.
La puerta por la que entré se sostiene sin paredes o sin alguna estructura que mantenga. El lugar es totalmente blanco salvo por las grietas grises en el suelo que muestra las desviaciones. No hay duda alguna de que esto es un sueño. Un sueño muy extraño. Con un miedo que recorre mi cuerpo, regreso la mirada y me voy por el camino que está detras de la puerta por donde entré. Observo a los lados solo para observar un vacio infinito mientras yo misma tambien me pierdo en ese vacio.
Después de unos pocos minutos caminando, me encontré con una puerta similar a la puerta de mi habitación. Recorrí el frío del pomo de la puerta con mis dedos mientras me llega un olor a carne podrida y sangre que viene del otro lado.
Al abrir la puerta me encontré con un infierno de pesadillas. Habian ojos marcados en el piso y sangre tirada en el suelo. Cubro mi nariz con mi mano izquierda para evitar la pestilencia mientras empiezo a buscar alguna salida de este lugar. Traté de correr pero algo me limitaba a solo caminar, como si este extraño sueño quisiera que observara toda esta masacre. Trozos de una carne totalmente pálida dejaban mostrar ojos y bocas sin coherencia biológica alguna. Tenia miedo de esas miradas. Esos ojos que me juzgaban con la mirada, esas bocas con lenguas que no tienen miedo de lastimar a cualquiera que se le pase por el frente.
— Que cosas digo... — Estaba imaginando cosas que no eran. Esto es un sueño y nada más que un sueño, nada aquí me puede hacer daño.
Continuo caminando. Esas risas me incomodan por cada paso que doy. Ese lugar lleno de oscuridad me hace sentir enferma. No lograba encontrar una salida, solo figuras que se repetían: Una mirada de un solo ojo, una boca con dientes afilados que pareciese estar riéndose de lo perdida que estaba, ojos amarillos esparcidos por el suelo y unos pilares extraños con un agujero en lo alto dejando escurrir un camino de sangre del cual no quiero saber el origen.
Lo primero que pasó por mi mente fue "Que cosas tan irreales puedo llegar a soñar..." mientras perdía la esperanza de encontrar alguna forma de salir. Giré mi mirada una última vez esperando encontrar algo que me fuera de ayuda, pero me encontré con algo curioso: Uno de los pilares tenía, ademas del agujero con sangre que tenían todos, otro agujero a la altura de mi pecho. El agujero era del tamaño de una mano.
— Debe haber algo aquí adentro que me sirva. — Pensé mientras acercaba lentamente mi puño al pilar.
Una vez mi mano hizo el minimo contacto con el interior del pilar, mi cabeza empezó a doler como nunca antes lo había hecho. Empecé a retroceder por el dolor hasta caer en un charco de sangre que estaba en el suelo. Empezaba a ver todo de color rojo, pero no era por la sangre, era algo más. Trate de gritar, pero no tenía boca. Traté de tomar aire, pero no tenía nariz. No sabía que estaba pasando. Giré mi cabeza al charco de sangre en el que habia caído solo para ver un monstruo: Una chica albina con un solo ojo rojo que cubre todo su rostro. Retrocedo poco a poco tratando de huir de ella, sin embargo ella no empezó a seguirme, ella no salió del charco, simplemente ella no estaba. Al volverme a acercar observo la cruda realidad: Era mi reflejo.
Vuelvo a caer al suelo, esta vez de rodillas para posteriormente caer en pose fetal. No podia creer que esto me pasara. Cerré mi ojo y me cubrí los oidos mientras me repetía mentalmente "Esto es un sueño, esto no está pasando". Al volverlo a abrir, estaba frente a la puerta de mi habitación, justo en el mismo suelo quebradizo por el cual llegué hasta aquí. El suelo blanco era totalmente rojo por el efecto que mi ojo le daba. No lo soportaba, no quería seguir así. Empecé a tratar de arrancarme la piel al rededor del ojo, traté de sacarlo con mis dedos. El ojo poco a poco iba saliendo como si de un pedazo de tela se tratase. Al final pudo salir. Mi rostro volvio a la normalidad como si nada hubiera pasado. Y en cuanto al ojo, estaba en el suelo como si de una mascara se tratase.
No tenía idea de como despertar de ese sueño. Volví a ese lugar lleno de sangre y partes humanas con la esperanza de poder encontrar alguna salida. Sin darme cuenta, pasé entre dos brazos que hicieron que todo se oscureciese. Llegué a una pequeña habitación totalmente negra. El olor a putrefacción habia desaparecido. Caigo exhausta en el suelo tratando de procesar todo lo que ha pasado. Cierro los ojos y trato de descansar. Ese descanso nunca llegó.
Pasos. Escucho unos pasos dirigiéndose a mí. No eran pasos calmados, alguien corría hacia donde yo estaba. Al levantarme del suelo y observar a mi alrededor, veo como una mujer se abalanza contra mí. El pelo blanco y la piel palida que poseen los albinos, añadidas a manchas de sangre que cubrían su rostro y su mirada. Por mas que tratase de huir, no podía. Ella me arrinconó, y lo último que vi fue como ella se acercaba con furia al atacarme. Cerré los ojos esperando a que todo pasara. Un golpe en la cabeza me derriba al suelo. Al abrirlos, ya no estaba en esa habitación negra. Estaba en un cuarto amarillo, sin ventanas ni puertas. Sin nada mas que una luz calida que de nada me serviría.
Las horas pasaron. No encontraba salida alguna de ese lugar. Miré la mascara del ojo, pero me rehusaba a volver a usarla. Quería despertar, quería irme de aquel lugar. Estaba estresada, cansada, y algo asfixiada por el tamaño del cuarto. Una idea pasó por mi mente.
– ¿Es esto un sueño? – Dije para mi misma mientras lágrimas de rabia y estrés bajaban por mi mejilla. - No, esto debe ser un sueño.
Recordé que en los sueños no se puede sentir dolor, pero había sufrido dolor cuando esa mujer me golpeó y cuando ese ojo se apoderó de mí. "Esto es un sueño, pellizcame para saber si esto es real" escuchaba en películas y libros. Nada perdía con hacer un último intento desesperado. Acerqué mi mano a mi mejilla y la pellizque. Pude ver cómo todo mi alrededor se distorsionaba y borraba. Todo acabará, eso lo sé.
