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I Keep Coming Back to You

Summary:

Percy jamás pensó que Luke, su Luke, podría hacerle daño, pero después de recuperar el vellocino de oro de sus manos descubre hasta qué punto puede llegar la traición cuando es apuñalado por el mismo chico que juraba amarlo.

Los sucesos del episodio 7 de "Percy Jackson y los Dioses del Olimpo" en un AU donde Luke y Percy eran pareja antes de la traición.

Notes:

Este trabajo está originalmente escrito en español.
Percy está completemente enamorado de Luke btw

Work Text:

Habían embarcado en el Princesa Andrómeda burlando toda la seguridad luego de unos tensos minutos en los que creyó, por un minuto, que había conseguido obtener la comprensión de Clarisse en cuanto a lo imperativo que era rescatar primero a Annabeth en lugar de ir por el vellocino.

Mientras caminaba por la cubierta con la mano sujetando fuertemente su bolígrafo, pensaba: «Fue bueno que Clarisse escogiera ir a recuperar el vellocino por cuenta propia porque, siendo honesto, lo último que Percy quería ese día era encontrarse frente a frente con el culpable de todo esto y su principal enemigo a vencer: Luke Castellan».

Su conexión con Luke apenas llegó al campamento fue inmediata, casi abrumadora. El chico de la cicatriz le enseñó cómo no sentirse solo, cómo lidiar con lo que significaba ser un semidiós no reclamado y luego lo que significaba ser un hijo prohibido. Le mostró cómo defenderse, estuvo ahí para limpiar sus heridas después de los entrenamientos o de que Clarisse fuera especialmente molesta.

El pasillo principal del barco se abría frente a él, llevándolo directamente al ascensor donde sabía que más arriba encontraría el camino a la sala donde Luke mantenía el sarcófago de Cronos. Aún le pesaba en el estómago el recuerdo de cómo lo había descubierto y la forma en que le hizo sentir completa y profundamente traicionado.

Y aun así, no podía dejar de amarlo.

Su último recuerdo feliz con Luke era tan simple que casi parecía irrelevante: la noche antes de partir en su misión, cuando el hijo de Hermes fue a verlo a su cabaña con un regalo: unas zapatillas aladas que le permitirían llegar a cualquier parte. Recordaba la intensa mirada de esos ojos oscuros, el silencio que se estableció entre ellos solo roto por el repiqueteo de la fuente en el centro de la cabaña, con la oscuridad cubriendo todo como si eso pudiera distraerlos de lo que verdaderamente estaban haciendo.

Incluso ahora, si se concentra, puede rememorar la sensación de los dedos de Luke trazando el camino de su mejilla hasta el mentón, cómo elevó su mirada para encontrarse con la de él y, en un segundo, el espacio que los separaba dejó de existir.

Solo se había sentido así de inestable dos veces: la primera vez que Luke lo besó y cuando el mismo lo envenenó para revelarse como traidor.

Volvió al presente solo para darse cuenta de que la sensación cálida de su mejilla no era más que su imaginación y que no quedaba nada de lo que alguna vez creyó que tenían. Todo fue un engaño; tenía que recordarlo o no saldría vivo de allí.

Su dedo rozó la cubierta del bolígrafo y lo destapó, transformándolo en espada segundos antes de empujar la puerta con el costado, abriéndose paso esperando encontrar al chico ahí.

Pero no lo hizo.

Al contrario, la sala estaba completamente vacía a excepción del enorme sarcófago de obsidiana negra cubierto de líneas doradas que parecían iluminarse con la presencia del vellocino ya en acción. La idea de que dentro de esa cosa se encontraba Cronos —su alma o lo que fuera que los dioses tuvieran— solo conseguía revolverle el estómago de formas difíciles de explicar.

Tan decidido como estaba, se acercó con la mano extendida, listo para llevarse el objeto mágico, cuando escuchó una voz que le hizo apretar los dientes y ladear la cabeza con dolor. Era una voz extraña que retumbaba en todo su interior como si quisiera meterse en su cabeza, escarbar en su mente hasta dar con un punto débil.

—Perseo… —La voz que se escuchó llamaba su nombre como si lo conociera. Quizás lo hacía; si Cronos se había metido por mucho tiempo en la mente de Luke, estaba claro que acabaría conociendo a Percy de cualquier manera—. Hijo de Poseidón.

—No.

Todos sus esfuerzos por resistirse a la voz se veían extrañamente truncados; era como si una fuerza invisible insistiera en mantenerlo casi inmóvil o demasiado impresionado como para convencerse a sí mismo de moverse.

—Sabes cuál es el camino correcto, Percy Jackson. Sabes lo que los dioses han hecho, de lo que son capaces.

Conocía esa manipulación; ya le habían advertido de ella. Subió ambas manos hasta conseguir cubrirse los oídos, pero la voz seguía sonando. En algún lugar del *Princesa Andrómeda*, Luke también sintió un fuerte pinchazo, como si lo llamaran para advertirle de algo.

—Tú eres el único que puede decidir, tú eres quien me traerá mi victoria —la voz de Cronos continuó—. Eres mi campeón, tal y como lo dice la profecía.

—Lamento informarte que no tengo idea de lo que dice la profecía —mentía, en parte.

—Oh, pero yo puedo contártela si me permites conservar el vellocino.

—Mentirías.

—Confío en que tú decidas eso.

Se odió a sí mismo por no haberse negado de inmediato, por permitir que el pinchazo de curiosidad picara tan fuerte que le diera a Cronos los segundos necesarios para empezar a relatarla:

«Un mestizo de los dioses más antiguos llegará a los 16 contra todo pronóstico y verá al mundo en un sueño sin fin. El alma del héroe, la hoja maldita…»

No pudo soportarlo más.

—Muy bien, ya decidí. —Arrojó las manos directamente sobre el sarcófago, haciéndose con el vellocino en un segundo. La voz de Cronos se detuvo de inmediato.

Giró sobre sus propios pies hacia la puerta, listo para escapar, pero la visión que lo recibió fue mucho peor que cualquier monstruo: Luke. De pie ahí frente a él con esa expresión que conocía tan bien, una mezcla de furia y decepción que se pintaba suavemente por una pequeña esperanza, quizás por verlo otra vez o quizás por otras razones.

—Percy… —comenzó Luke, y Percy inmediatamente se tensó en su lugar.

Ese tono, ese maldito tono, lo conocía tan bien y quizás hace meses hubiera hecho temblar sus rodillas. ¿Pero ahora? Ahora no había forma de que volviera a perdonarlo.

—No me hables, Castellan. —Apuntó su espada directamente hacia el chico mientras sostenía fuertemente el vellocino con la otra—. Voy a llevarme el vellocino al campamento y restauraremos la barrera. No intentes impedírmelo.

—Perseo, baja el arma.

Luke suplicó con las manos en alto, pero Percy solo se tensó más, amenazándolo con mayor intensidad.

—¿Para qué? ¿Para que puedas volver a contarme sesenta segundos? —Las palabras salieron con más dolor del que pretendía.

El rostro del hijo de Hermes se contorsionó en una expresión de pena y arrepentimiento tan genuina que Percy casi dudó con su espada. Casi.

—Entiendes por qué lo hice, entiende por qué hago esto. Solo quiero un futuro mejor para los semidioses. Para nosotros.

—No, no lo entiendo.

Luke dio un paso al frente sin siquiera dudarlo; el filo de la espada chocó directamente contra su pecho sin infligir daño, pero tan cerca de hacerlo que la sola idea resultaba agonizante para el hijo de Poseidón.

—No mentí cuando dije que haría cualquier cosa por mantenerte a salvo. ¿Quieres acabar con esto? Mátame ahora, hazlo… Pero otro más continuará con mi misión y entonces te darás cuenta de que esto no se trata solo de mí.

La mano le temblaba con fuerza. Luke estaba ahí, desarmado, expuesto y hablándole tal como lo hacía esos días antes de la traición, antes de que todo entre ellos se desmoronara.

Lo vio extender la mano hacia él con duda, buscando su clemencia. Aquellos ojos que lo miraban no lo hacían con odio; ni siquiera había violencia marcada en su expresión y eso le hizo bajar lentamente el arma. No la soltó, no dejó de apuntar; simplemente la deslizó hacia abajo hasta que el filo pasó a apuntar a su estómago.

—Perseo.
—No.
—Mírame.

Y lo hizo, porque nunca había aprendido a negarle algo a Luke. Sus profundos ojos azules se encontraron con los oscuros del chico en un silencio tenso que solo crecía con cada segundo que pasaba. La mano de Luke finalmente consiguió apoyarse en su mejilla con tal cuidado que parecía irreal.

No se dio cuenta de cuándo había bajado del todo el arma, aunque aún la sostenía con firmeza suficiente como para usarla en cualquier momento. Ojos azules contra ojos negros cargados de ira y decepción. Luke dio un paso más, posando ahora ambas manos en sus mejillas, tomándolo con firmeza; sus pulgares trazaban caricias irregulares sobre su piel y pronto sus frentes quedaron juntas.

Sus respiraciones chocaban, aceleradas y tensas; las narices apenas se rozaron con la tentación creciendo como un par de imanes que se acercaban demasiado: el colapso era inevitable y así sucedió.

Los labios de Luke impactaron contra los suyos, hambrientos y decididos, con movimientos que parecían más buscar devorarlo, y eso debió alertarlo, pero estaba demasiado perdido en la idea de que había vuelto a amarlo como para, por un segundo, olvidar quién era realmente este chico.

Una de las manos fuertes del hijo de Hermes se posó en su cintura, pasando por su espalda baja para atraerlo más. Se lo permitió, como le había permitido la mayoría de las cosas desde que entró en su vida: confiándose completamente a él. El sonido de los besos rotos y retomados llenó el lugar mientras la mano que sostenía el vellocino ahora también se aferraba a la tela de la camisa de Luke como si le sirviera de ancla para volver a la realidad.

Puede que Luke dijera la verdad, que fuera cierto e intentara hacer esto para protegerlo y tal vez, solo tal vez, buscara un futuro mejor para todos los semidioses; puede que en el fondo Cronos no estuviera tan mal y esto debiera ser así: él era el semidiós que podía escoger qué bando ganaría y, por Luke, podría dejar que el mundo ardiera si era necesario.

Todo en sí mismo se derritió ante el contacto, aflojando apenas la firmeza del agarre, y la suavidad del toque ajeno le hizo creer por un segundo que Luke seguía ahí, luchando contra Cronos… hasta que sintió el tirón.

Abrió los ojos. Algo intentaba tirar del vellocino y, en un segundo, desvió la mirada encontrándose con la realidad: la mano del hijo de Hermes aferrada al vellocino. No fue más que otro engaño.

Porque el hijo del dios de las mentiras no sería nunca más que eso: un mentiroso.

—¡Apártate de mí!

Con un movimiento veloz alzó la espada y golpeó con la empuñadura la sien del peligro, haciéndolo retroceder mareado. En un segundo todo lo que había creído recuperar se desvaneció cuando vio a Luke correr hacia él con la espada que sostenía y empuñarla con violencia.

Intentó correr antes, pero el chico lo alcanzó y la batalla comenzó demasiado pronto. Acero chocando contra acero en una danza violenta. Esquivaba intentando no dejar caer nada de valor mientras al mismo tiempo soltaba ataques que no buscaban herir de gravedad a Luke: solo quería defenderse.

Porque la sola idea de lastimar a Luke le dolía más que cualquier otra cosa que hubiera hecho en su vida, pero era con esa misma certeza que sabía que Luke haría lo imposible por recuperar el vellocino, incluso matarlo.

Aunque ahora, mientras saltaba a la mesa esquivando un ataque, se dio cuenta de que todo lo que Luke hacía buscaba solo dañarlo. Lo veía constantemente evitar puntos vitales e incluso cuando consiguió golpearlo con suficiente fuerza para desarmarlo pudo ver cómo se detenía unos segundos observándolo, tal como solía hacer cuando entrenaban juntos, esperando que él actuara o respondiera. Ante la falta de velocidad acabó tomándole de la muñeca, doblándola en un ángulo imposible y doloroso.

Soltó un grito de dolor que hizo reaccionar a Luke y apenas por unos segundos consiguió ver en esos ojos llenos de odio un chispazo de lo que alguna vez conoció de él, esa parte que le hacía creer que podía salvarlo; solo necesitaba alejarlo de la influencia de Cronos.

La pelea siguió escalando, forcejeando uno contra el otro hasta que por un instante ambos cayeron contra el sarcófago. El impacto fue suficiente para romper la base, haciéndolos aterrizar en lugares diferentes. Vio cómo la enorme estructura se inclinaba en dirección donde Luke permanecía tirado en el suelo y este no tardó un segundo en reaccionar para asegurarse de no dejarla caer.

—¡No! —Lo escuchó gritar mientras aferraba las manos a la piedra, empujando.

Por un momento permaneció en el piso con la respiración agitada y el corazón en la garganta. Luke no estaba luchando contra él; solo estaba atrapado en este círculo de manipulación, pero no sabía cómo salvarlo ahora, así que debía concentrarse en lo que podía lograr.

Aprovechando la confusión, corrió directamente hacia el vellocino, tomándolo de vuelta junto con su arma y saliendo de ahí tan rápido como se lo permitían los pies.

Volver a dejarlo se sintió exactamente igual que aquel día cuando atravesó el portal y se fue lejos de él. Tener que dejarlo aquí sufriendo bajo las órdenes de Cronos era una idea que con cada paso se volvía más insoportable.

No tenía tiempo de pensar; sus dedos ya presionaban insistentemente el botón para llamar al ascensor. Las puertas se abrieron y entró de inmediato, repitiendo la acción para rezar porque se cerraran las puertas.

—¡Percy!

La voz que se escuchó no fue la misma que tanto conocía, parecía cambiada, manchada por el odio de formas que le helaban la sangre.

Vio directamente al frente la silueta de Luke corriendo hacia él. Las puertas comenzaban a cerrarse y el aire se le escapó del cuerpo.

Sus ojos se encontraron un último segundo antes de que el filo de la espada de Luke Castellan le atravesara el abdomen con tal violencia que ni siquiera el dolor fue comparable a la enorme sensación de vacío que se abrió de inmediato en su pecho cuando el chico retiró la hoja con el sonido de la sangre salpicando.

Ahogó un grito gracias al shock. La imagen se reprodujo en su mente una y otra vez, mil veces en cuestión de segundos. Perdió fuerza en las piernas y, con un par de pasos torpes, chocó de espalda contra la pared fría del ascensor, dejándose caer al piso en el proceso. No podía procesar lo que acababa de ocurrir porque hacerlo significaba enfrentarse al dolor de nuevo.

El mismo dolor que sintió cuando fue envenenado, los mismos ojos que lo vieron con anhelo dos veces antes de aprovecharse de él. Las lágrimas corrieron por sus mejillas con esa mezcla profunda de tristeza e ira innegable.

Sintió su cuerpo retorcerse de dolor a causa de la herida; podía ver la sangre saliendo a montones y manchando su camisa. Intentó detener la hemorragia apoyando la mano, al inicio a causa del shock; solo consiguió ver cómo esta también se manchaba con la sangre colándose entre sus dedos, incapaz de detener la hemorragia.

Fue entonces cuando sus ojos vagaron directamente al vellocino. Lo tomó con fuerza y manos temblorosas solo para apoyarlo sobre su abdomen. La curación empezó inmediatamente y fue como si su cuerpo batallara contra la herida, causándole aún más dolor pero funcionando, de alguna forma.

La sangre se detuvo en algún punto, pero él seguía ahí: cuerpo contra el suelo, espalda apoyada contra una de las paredes frías del ascensor. Tosió y la boca le supo a hierro, pero nada de eso le importó. De nuevo podía sentir el filo atravesándolo de golpe, la mirada de Luke sobre él y el amargo sentimiento de traición que subía por su garganta como bilis.

Luke ya no era su Luke. Ya no volvería a verlo con cariño ni a cuidarlo. Quizás en el fondo aún estaba ahí; lo vio en la batalla cuando intentaba no lastimarlo e incluso en el gesto afectuoso que tuvo antes de intentar traicionarlo.

La herida en su abdomen ardió aunque ya estaba sanada. Las puertas del ascensor se abrieron y no tuvo otra opción que ponerse de pie con los ojos vidriosos y el corazón encogido en el pecho.

Y pensar que lo hubiera dejado todo por él al pensar que seguía siendo el mismo; pensar que le habría otorgado la victoria a Cronos si no se hubiera dado cuenta de lo que realmente estaba pasando.

Miró hacia adelante, donde la luz de la cubierta bañaba todo, y salió con los pies pesados, dando pasos cada vez más rápidos hasta empezar una carrera para escapar.

Si Luke Castellan intentaba tocarlo una vez más, él mismo le cortaría la mano. Porque… aunque lo amara, nunca lo dejaría ganar.