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Capítulo 1
(la rutina )
era un día hermoso, como siempre, el cielo despejado, azul y celeste qué se cernia sobre el reino.
una silueta que corría por la zona con una energía inigualable, una emoción papalble y conocido solo por una clara misión : "proteger, ayudar y defender". A quien más lo necesita.
! Ese era su lema!
Finn Bot estaba feliz.
Eso decía su pantalla: dos ojos brillantes y una sonrisa pequeña, bien centrada.
El Dulce Reino estaba en calma. Los ciudadanos caminaban sin miedo, las torres brillaban y nadie gritaba pidiendo ayuda. Para Finn, eso era una buena señal, quien revisaba que todo estuviera en orden.
—Si no hay problemas —pensó—, entonces hice bien mi trabajo.
Se detuvo frente a una fuente de soda. Un dulce pequeño había dejado caer su helado.
una pobre e inocente, alma de azúcar ahora apenada por su accidente. pero que finn captó, y que no dudo en ayudarla.
—Se rompió… —dijo el niño dulce.
Finn se agachó enseguida.
—¡descuida pequeño! —corrigió—. yo me encargo
provecho que un puesto ambulante de helados, pasaba de causalidad por la fuente, el cual un señor hecho de panquesito qué ya el bot conocía demasiado bien.
unieron palabras, un saludo cordial y en menos de un par de segundos. El bot ya estaba con el pequeño.
—¡toma! pequeño,— dijo, agachadose con su sonrisa de siempre al entregar el helado al inocente.
—¡Gracias!—Finn se quedó mirando la sonrisa unos segundos más de lo necesario.
Le gustaba cuando pasaba eso.
Siguió su camino. Revisó puertas, saludó a guardias, contó palomas de azúcar. Todo estaba correcto.
Entonces ocurrió algo incorrecto.
tal y cual como debía ser, todo en el reino. para eso fue hecho, aunque claro recordó también su otro deber.
—¿revise el muro?— comentó en voz alta, su pantalla mostrando un signo de interrogación.
detuvo su paso, de una, eso era lo más importante y principal.
por lo que, dejo de lado a donde su recorrido mismo para asegurarse de todo estuviera bien en tal zona.
le daría un "corto circuito" si por su propio descuido, algo le pase.
Minutos pasaron, llego justo en la zona predestinada. Un gran muro, sólido creado de los dulces más duros y reformados con metales que cubría el reino. Como parte de su vida y rutina diaria debía ver que el muro estuviera en condiciones.
aunque, este estaba como siempre, intacto, duro y activo.
—¡Bien!, falsa alarma—comentó, su sonrisa volvió de vuelta y con esto su calma.
—¿ahora donde me quede?— menciono — creo que solo era ir a él palacio.
dicho esto, bajo del muro su cuerpo metálico sonó con fuerza en el suelo, elevando polvo bajo sus botas.
para salir corriendo con esa energía que corre por su sistema, esta vez pasando por un pasillo cerrado qué daba a una zona industrial cercana a el muro.
era su primera vez por ahí, pero sabiendo la dirección del palacio era la ruta más rápida para llegar.
—¡no puedo esperar a decirle todo lo que vi hoy, a mamá! —la emoción se escapaba de su pantalla y voz sintetizada— le diré que ese tipo d-
se detuvo, sus botas, pasos todo en un solo lugar. Miro algo.
Un pasillo que no recordaba.
No era nuevo. Eso lo sabía. Pero tampoco estaba en sus registros.
Su pantalla cambió. La sonrisa se desarmó en curiosidad.
—¿Siempre estuvo aquí? —se preguntó.
Dio un paso.
El núcleo de calidez respondió con un pulso suave. No era una alerta.
Era… parecido a cuando alguien lo miraba fijamente.
Al fondo, una puerta metálica sin color.
Finn leyó el aviso proyectado sobre ella.
ACCESO RESTRINGIDO
—Oh.
Retrocedió medio paso.
No porque tuviera miedo.
Sino porque no quería hacer algo mal.
Se quedó ahí un rato. Pensando.
Luego sonrió otra vez.
—Después pregunto —decidió.
Se dio la vuelta y volvió al sol del reino, dejando el pasillo en silencio. Y a sus pensamientos, mismo.
La puerta no se abrió.
Pero algo, muy despacio, se activó detrás de ella.
