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Centurión

Summary:

Hades visita el campamento militar de Saga, que le da una inesperada sorpresa al regresar de su entrenamiento.

Notes:

... Miren, esto está pensado para leerse escuchando Belisarius de Farya Faraji.
Drabble que se me ocurrió haciendo ejercicio y oyendo esa canción. Además, quería escribir sexo gay rudo y mugroso.

Y nada, el porno en cuestión:

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Los campamentos militares tienen siempre un distintivo aroma a arena, sudor y sangre. No era un lugar agradable para la mayoría de los dioses, pero había quienes, por su cercanía a la guerra y mortandad, existían en el fino velo entre lo etéreo y lo corpóreo. Hades, que caminaba en la arena romana como Plutón, era uno de ellos. A pesar de estar en tierra griega, Roma contagiaba el suelo que pisaba.

No estaba ahí por mera casualidad, tenía intereses que usualmente dormían en la tienda principal. Esa tarde de sol ardiente prefirió esperar dentro, al fin y al cabo nadie entraba nunca sin autorización. Tendría que esperar un rato. Jugó con los mapas y echó una ojeada a la infinita cantidad de fichas que se extendían sobre los mapas.

Estaba tan concentrado en el fino trabajo de carpintería, que Saga lo tomó por sopresa.

Saga era su asunto. Era un hombre interesante, que había llamado su atención desde que pudo observarlo por primera vez en un campo de guerra. Él, Hades, siempre fue indiferente a los problemas políticos de los humanos, sus guerras eran insignificantes para su dominio: todos habrían de morir de una forma u otra, la muerte era inescapable. Fue Ares quien alguna vez habló de Saga, un muchacho que destacaba por su proeza marcial.

Y tuvo curiosidad. Llegó a espiarlo una tarde; el carácter estratégico de su pelea era, por no darle largas, impresionante para un muchacho de su edad. Fue acercándose lento, hasta que llegaron a ese punto, ya Saga hecho un Centurión y él, su patrocinador en el reino de lo etéreo. Sin embargo, de vez en cuando lo divino y lo mortal se mezclaba, con Hades encarnado y Saga envuelto en él.

Siendo alguien tan mental, Saga rara vez se guiaba por impulsos, pero esa tarde lo sorprendió más. Allá fuera se oía el ruido vago de una canción, mientras que en la tienda la respiración agitada del Centurión era abrumante. Hades dejó la ficha de madera en su lugar cuando notó cómo Saga se quitaba la capa y el peto. El sudor le chorreaba por la cara y brazos, lleno de tierra y sangre ajena.

— ¿Estás bien, Saga? — como no era algo común, Hades intentó acercarse.

Pero Saga le dio la vuelta en seguida. Tomó al dios de los brazos y lo sentó en la cama cubierta de pieles. Hades leyó la situación en un santiamén y no hizo nada por detenerlo, hallaba intrigante todo eso. El Centurión le alzó la ropa, escupió en su propia mano y masturbó al dios con una urgencia animalística. Apestaba a guerra… y eso era excitante. Saga se acomodó sobre su regazo, alzando su túnica y dirigiendo la erección del dios hacia su interior. El dolor atravesó ese rostro empapado en sudor, pero eso no pareció desacelerar su urgencia.

Hades quiso sostenerlo de la cintura, sin embargo, Saga le apartó la mano. Cuando se enfundó completamente, Saga se meció sobre sus piernas con un ritmo apurado. Se miraba en su expresión la necesidad de gemir, pero allá afuera todavía había soldados atentos, entonces solo pudieron jadear, envueltos en el ímpetu vigoroso del mortal. Encantado por su candencia, Hades terminó de quitar un poco de la armadura y bajó los tirantes de la túnica para descubrir el pecho tostado del hombre, húmedo, lleno de cicatrices y el beso bronceado del sol.

Con el vaivén, el movimiento de sus músculos era casi hipnotizante, por no mencionar el placer de estar en su interior, de sentir su erección inútil rozar su propia túnica. Lo dejó marcar el ritmo, fascinado por la belleza bélica que lo atravesaba. Saga se inclinó hacia el frente, apoyándose en sus hombros para saltar sobre su verga, mecerse y dejarse hundir en el fuego maniaco del sexo. Un sexo impulsivo, marcado por sus movimientos brutos y erráticos.

Se le escapó un gemido una que otra vez, enfrascando a Hades en una burbuja lasciva. El dios se recargó en sus codos, dejando que Saga se entretuviera. Y lo miró mientras lo gozaba. El rubor, el cabello despeinado, el rebote de su cuerpo, el temblor que lo sacudía justo antes del orgasmo. Hilos de semen mancharon la túnica negra del dios. Lejos de dejar que el hombre digiriera su cenit, Hades le dio la vuelta y lo echó de pecho a la cama, montándose en él, ahora dispuesto a buscar su placer.

Levantó la túnica de Saga, separó sus muslos y regresó al calor de su cuerpo. El Centurión no dio batalla, no ahí. Recibió a su Patrón alzando la cadera bajo su vaivén, enterrando el rostro en las pieles para ahogar sus gemidos. Y Hades se regocijó en eso. Usó los rizos dorados como rienda, obligando a Saga a morderse los labios para no hacer ruido. Y cuando tuvo suficiente de la sumisión, Hades se vertió en él, tiñendo el orgullo bélico de Saga con su semen.

Soltó su pelo y se acostó a un lado del Centurión. Durante largos minutos el hombre no se movió, hasta que reunió fuerzas y llevó una de sus manos a la hendidura entre sus nalgas, donde recogió la semilla blanca que se iba escurriendo. Se oyó un suspiro y cayó dormido.

Hades pensó en irse y dar por terminada su visita. Aunque originalmente iba a discutir asuntos de ofrendas, estaba satisfecho. Lo único que lo detuvo fue la fragilidad que vio en un Centurión dormido. Pudo dejarlo ahí e irse, o arroparlo por si alguien entraba, pero decidió quedarse hasta que despertara. Y lo hizo ya entrada la noche, cuando los hachones del campamento ya estaban todos encendidos.

Tan pronto como Saga abrió los ojos, él soltó una risa seca.

— Bienvenido de vuelta.

— …

Parecía que el griego fue consciente de todo, pero a juzgar por cómo se frotó las sienes, no fue algo natural.

— Pensé que sus afrodisíacos eran cuento de viudas — ese ya sonaba como el Centurión.

— Mmh, puedes seguir experimentando, mientras vengas conmigo.

 

Notes:

(* ̄ii ̄) son casi las tres, necesito dormir. No edité nada, perdón jenajej.

310126: Ya lo edité, pero si hay algún error, no, no lo hay.

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