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Amante - Hyosen

Summary:

Tras una aventura de una noche, Senku terminará convirtiéndose en el amante de Hyoga, para Senku, Hyoga es su primer amor y al estar cegado por sus sentimientos le dará a este el poder absoluto para hacer lo que quiera consigo mismo. A pesar del daño emocional y físico que esta relación le ocasiona a Senku, se niega a dejarlo ir.

Work Text:

«¿En que momento dio inicio tal situación?»

Sus respiraciones agitadas parecen calmarse poco a poco, el mayor abandonaba su interior y suspira una última vez antes de quitarse de encima y recostarse a su lado en la cama. Los ojos carmín del menor no pueden parar de mirarle al notar como este simplemente toma su teléfono y lo revisa sin prestarle más atención a él, los labios del menor tiemblan ante la duda de si es buena idea pedirle que le bese una vez más, seguramente si lo hace sonará como un tipo desesperado por afecto... Pero es que desafortunadamente la realidad es así.

El menor puede notar la manera tan dulce en que su amado sonríe mientras desliza la pantalla del móvil... Seguramente está hablando con ella, lo hace incluso aún teniendo a su amante al lado.

 

«Al final del día ella es la merecedora de todas tus sonrisas»

 

Después de unos minutos de silencio qué parecían eternos, finalmente el mayor opta por levantarse de la cama, una a una recoge sus prendas y se las coloca, siendo lo último el ponerse el abrigo negro... Como odiaba esa acción, su amado está apurado y Senku lo sabe perfectamente. Tiene prisa por irse de ese lugar y llegar a casa para estar con ella, entonces ¿Por qué sigue viniendo a buscarle a él en primer lugar? Y lo más preocupante...

 

«¿Por qué sigo aceptándote de vuelta?»

 

De nuevo aquel hombre saca su billetera y deja sobre la cama dinero para que el chico pueda pedirse un taxi de vuelta, una vez más, toma sus cosas y se marcha de la habitación, otra vez se va sin siquiera mirarle a la cara. Esto es así siempre, nunca le mira y nunca va a mirarle, Senku nunca podrá verse reflejado en esos ojos azules tan hermosos que tiene, pues ese lugar ya le pertenece a alguien más.

 

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Lo conoció en la oficina, Hyoga era un tipo que le pareció bastante desagradable al principio, no congeniaban en nada y siempre tenían disputas en el trabajo, ya que Hyoga era un tipo frío pero impulsivo y quería tener el control de todo, mientras que Senku siempre abogaba por la lógica y no sabía cómo cerrar la boca al momento de mostrar disconformidad. Aún así el tiempo fue transcurriendo y con ello bastantes circunstancias qué hicieron qué su día a día como compañeros de oficina se hicieran un poco más llevaderos.

Inesperadamente comenzaron a salir a reuniones para beber después del trabajo, reuniones donde junto a otros colegas hablaban mierda de sus jefes y reían a carcajadas de bromas y anécdotas absurdas.

En una ocasión, todos los demás terminaron cancelando la reunión a última hora, sin embargo ellos dos tenían demasiadas ganas de beber, así que lo hicieron, ellos bebieron juntos en el bar de siempre, conversando como dos personas normales y no como las bestias salvajes qué eran en la oficina.

Senku se sintió tan bien al verle reír, el como sin querer sus manos se tocaban por momentos y la forma en que sus risas se pausaban para acto seguido mirarse fijamente sin decir palabra alguna, estaban compartiendo un momento íntimo, por primera vez parecían entenderse y dejar sus  diferencias a un lado.

Fue algo por mero impulso y quizás podrían culpar al alcohol pero simplemente ambos terminaron en un cuarto de hotel, devorándose mutuamente, gimiendo y sudando en lo que se convirtió en una noche apasionada... Y por desgracia fue lo que metió a Senku en esta bochornosa situación. La culpa del día siguiente no se hizo esperar, esa noche simplemente no debió haber ocurrido y todo fue mucho más doloroso cuando el menor se enteró de que Hyoga en realidad estaba comprometido con alguien.

No hallaba forma alguna de poder disculparse por ese gravísimo error pero lo que no pudo predecir era el actuar de su compañero... El mayor sujetó su rostro y le dijo que todo estaría bien, le depositó un beso en los labios y eso fue lo que causó su perdición, un simple gesto como ese despertó emociones nunca antes experimentadas en Senku, el toque suave de aquel hombre, la dulzura de su voz, la calidez de su piel contra la suya, fueron algunos de los elementos que hicieron que Senku cayera profundamente enamorado del peor hombre posible.

 

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«Te amo Hyoga, quiero estar contigo por siempre»

 

«No te vayas... Quédate esta y todas las noches conmigo»

 

Ese tipo de cosas son algo que nunca podría decirle, pues Senku sentía que no tiene derecho a hacerlo, porque por más veces que se entregue a Hyoga incondicionalmente, él en cambio, nunca será suyo. De alguna manera la voluntad que antes aparentaba ser inquebrantable de Senku se hizo añicos cuando el mayor le propuso volverse su amante y lo peor era que el propio Senku terminó de destruir su ya de por sí escasa dignidad al haber aceptado tal locura.

Él no pudo evitarlo, Hyoga le había dejado completamente bajo su merced, amándole a pesar de que para él solamente es y será por siempre un amante sin nombre, una persona que nunca debe presentarse en su vida personal más allá del trabajo y las noches en los moteles.

 

[...]

 

En una ocasión, Senku conoció a la prometida de Hyoga cuando fue a visitarlo en la oficina, ella era una mujer de cabello rosa, era sumamente hermosa y a decir por su físico, Senku podría asegurar que ella realizaba alguna actividad de deportes o alguna disciplina artística, ella usaba un vestido del mismo tono que su cabello y unos zapatos de plataformas realmente altas, no obstante sus pasos parecían tan ligeros y elegantes como si caminara entre el agua, la mujer fue a verlo a la oficina para reclamarle sobre alguna tontería, pero cuando Hyoga se presentó ante ella y la miró, ahí Senku pudo entender cual era verdaderamente su lugar en la vida de ese hombre.

Una mirada cálida, unas pequeñas caricias en el rostro y una hermosa sonrisa seguida de unas tiernas disculpas fue lo que Hyoga tenía para su prometida.

El corazón de Senku dolía, no solamente porque se había dado cuenta de que sus sentimientos jamás serían correspondidos, sino también por el hecho de estar afectando a una persona que no tenía culpa de nada. Ellos se veían tan bien juntos, en los ojos de Hyoga solamente había amor para aquella mujer, un brillo inexistente cuando se trataba de las miradas qué les dedicaba a Senku.

Para Senku, solamente habían órdenes, cuando Hyoga le pedía tener sexo, el pobre chico tenía que dejar lo que sea que estuviera haciendo para ir con él, al terminar, todo el ambiente se volvía frío y seco, no había muestras de amabilidad, ni siquiera un mísero cumplido o palabras de agradecimiento, simplemente...

 

«No había nada más...»

 

«Hyoga... ¿Por qué me haces esto?»

 

[...]

 

El día laboral en la oficina había concluido, Senku empacaba sus documentos y su ordenador en su portafolio, se hallaba listo para irse cuando notó la presencia de Hyoga, el hombre estaba cruzado de brazos, esperándole en la puerta de la oficina.

Vamos, Senku

— ¿Eh? ¿Qué hay de tu esposa? ¿No es hoy tu aniversario de bodas?

— Ella estará fuera estos días, vamos ya, no me hagas esperar más

Hyoga le sujetó del brazo y le llevó consigo por las escaleras, Senku no podía oponerse, Hyoga era mas alto y más fuerte que él, además parecía estar de muy mal humor, así que por lo que podía intuir, probablemente discutió con su ahora esposa, eso explicaría la urgencia de follar y desquitarse con Senku.

Nada más llegar a la habitación del hotel de siempre, Hyoga fue retirándose el saco gris, seguido de la corbata azul, la camisa blanca y los pantalones, Senku simplemente miraba atentamente sus acciones, podía observar la desesperación y el enojo en su rostro. El mayor sin más procedió a empujar al chico contra la cama, Hyoga estaba impaciente por comenzar las rondas de sexo de aquella noche, por lo cual procedió a retirarle la ropa a Senku de mala gana al ver que este no lo había hecho por su cuenta.


El mayor sostuvo su miembro con sus manos y lo llevó hacia los labios del menor, este al saber lo que su hombre quería, simplemente abrió la boca aceptando recibir al intruso en ella, Hyoga gruñó al sentir la humedad y calidez de la boca de Senku, dando comienzo a estocadas bruscas en su boca, buscando su placer personal y dejando de lado el como se sentía aquel joven.

«Siempre es así»

 

Senku mantuvo la mirada fija hacia su amante en todo momento durante el acto sexual, era la única forma qué tenía para verle a los ojos y sentirle como suyo aunque fuese un instante, el albino le miraba y aceptaba de forma sumisa todo lo que provenga de ese hombre, aunque fuera lo más mínimo.

Era tanta su necesidad de sentirse querido o validado que “hacer el amor” eran las palabras que usaba para referirse a como se revolcaban de cuartucho en cuartucho, lo hacía quizás como una manera de endulzar un poco aquel acto horrible y asqueroso qué en realidad llevaban a cabo.

Y aún así, en medio de jadeos y suspiros, el ruido de sus pieles chocando una con la otra y besos apasionados, Senku seguía sintiendo su corazón doler cada vez que miraba aquella argolla matrimonial en la gran mano de Hyoga, el remordimiento, la culpa y el odio hacia si mismo hacían acto de presencia, provocando una sensación de asfixia en él, un nudo en la garganta qué no podría desahacerse a menos que confiese su gran pecado y ruegue por el perdón.

 

«¿Acaso soy el único que siente culpa de todo esto?»

 

«¿De verdad de los dos, soy el único que llora hasta dormirse por el remordimiento?»

 

Repentinamente la mano de Hyoga se posó en su rostro, forzándole a besarle, el tipo estaba disgustado al notar como su amante parecía distraído pensando tonterías en lugar de complacerle con las cosas sucias que le gustaban, Senku por su lado simplemente cerró los ojos dejando su angustia apaciguarse... Aunque fuese de forma momentánea.

— Mírame a mí y solamente a mí — ordenó al observarlo con aquellos ojos azules tan profundos qué el menor amaba

El agarre de Hyoga era firme, él no estaba dispuesto a permitir que su juguete le ignorase, Senku intentaba apartar su mano inútilmente, por momentos su orgullo parecía querer regresar a él, quizás aún podía resistirse un poco, tal vez aún podía mostrar una pizca de dignidad.

 

«¿Mirarte solamente a ti? ¿No te has dado cuenta de que vivo solamente para verte a ti? Pero en cambio tú... ¿Alguna vez siquiera te has girado a mirarme de vuelta?»

 

[...]

 

Senku por fin pudo comprender la razón por la cual Hyoga no lo abandonaba, lo pudo entender luego de analizarse y compararse así mismo con su esposa.

Homura, ella era una mujer de buena familia, con un brillante historial en el mundo de la gimnasia, había ganado premios en competencias durante su vida escolar, tenía clase, belleza y sobretodo una muy marcada moralidad.

A diferencia de Senku quien se dejaba usar para meros encuentros sexuales, Homura era una chica que se negaba a tener intimidad con Hyoga, pues esta veía tales actos como desagradables e innecesarios, sabía perfectamente que Hyoga tenía gustos extraños en la cama, llegando a ser brusco, rozando límites que pueden causar un daño real, era de esperarse que ella no quisiera estar con él de esa manera, seguramente Hyoga estaba tan frustrado sexualmente qué simplemente usaba a Senku para complacerse en secreto y así poder continuar su vida en tranquilidad con la persona a quién realmente ama.

Sí, Homura es la única persona que Hyoga en verdad ama, eso es un hecho y siempre será así pero tal parece que Senku no podía entenderlo del todo o más bien, se negaba a creerlo, su corazón seguía empeñado en creer que su posición de amante es algo temporal y que finalmente podría lograr conquistar el corazon de Hyoga si se esforzaba lo suficiente... Una tontería sin lugar a dudas.

Finalmente el mayor detuvo sus feroces embestidas, apartó sus manos del delicado cuello del joven, quien tosió de inmediato buscando recuperar algo de aire, Hyoga jadeó y al instante un cálido líquido comenzó a invadir el interior de Senku, el bastardo se había corrido dentro, una vez más depositaba su semilla en su sucio amante, un amante que se mantenía fiel a complacerle en sus más sucias fantasías a pesar de que saliera lastimado, y todo por amor.

El albino siempre usaba ropa de manga larga o cuellos altos, lo hacía para cubrir las marcas y cicatrices en su piel, Hyoga no tenía piedad con él, su cuello y muñecas tenían las marcas que le provocaban los fetiches retorcidos de aquel hombre. A Hyoga le gustaba la asfixia erótica, amarrarlo con cuerdas de forma tan ajustada que le cortaban la circulación, sus mordidas eran tan fuertes que le hacían sangrar y como si fuera poco, le hacía cortes en su piel como castigo cuando Senku le pedía entre lágrimas que parase, simplemente a Hyoga le provocaba un enorme placer lastimarlo.

 

«Llora, quiero que llores y grites por mí, voy a destrozarte por completo, lo prometo»

 

«Dejaré tantas cicatrices en tu cuerpo para que cada vez que te mires al espejo me recuerdes hasta el final de tus días»

 

«Estoy seguro de que nadie más que yo puede apreciar la belleza de tus heridas, el sabor de tu sangre fresca en mi paladar es un auténtico manjar»

 

Senku debía maldecirse a sí mismo todos los días de su vida por haberse enamorado de alguien tan cruel y despiadado como lo era Hyoga, el albino no esperaba que su primer amor, la única vez que sintió las tan famosas mariposas en el estómago, fuera a terminar de aquella manera, ese hombre encima suyo no era aquel con quién tuvo su primera vez estando ebrio, no había manera de que fueran la misma persona.

 

«Este no es el hombre del que me enamoré»

«Y aún sabiéndolo, yo...»

 

Hyoga deslizó su mano por el rostro de Senku, sus dedos limpiaban sus lágrimas, una sonrisa de satisfacción se alojó en sus labios al ver cómo su juguete se hallaba roto, como este sollozaba y temblaba ante el más mínimo roce, como si temiera su siguiente acción, gracias a Senku, Hyoga había liberado toda su furia, se sentía ya mejor y sinceramente feliz de que Senku fuera tan complaciente.

 

«En verdad eres un buen chico, Senku... Quizás debería agradecer tus espléndidas atenciones»

 

Antes de poder decir palabra alguna, el teléfono de Hyoga sonó, el tono de llamada resonaba por la habitación, se apresuró en abandonar el interior de Senku y se dispuso a contestar la llamada, era su esposa quien estaba al otro lado del teléfono, avisando que se le había pasado el enojo y como fue que desistió de irse de viaje, de inmediato el hombre se olvidó de las palabras de agradecimiento que pensaba darle al joven a su lado y en cambio, una sonrisa se formó en sus labios, una sonrisa la cual fue dolorosa de ver a los ojos de Senku.

— ¿Ya te vas? — se animó a preguntar aún sabiendo la respuesta

— Sí, parece ser que canceló sus planes y debo ir con ella ahora — rápidamente el hombre fue recogiendo sus ropas

— Ya veo, entonces ve... No la hagas esperar

«Quédate conmigo»

— Te lo compensaré otro día — el hombre sacó su billetera, dejando unos cuantos billetes sobre la cama — por mientras ten esto, ve y compra algo lindo para ti ¿Sí?

«¿Alguna vez significaré algo para ti?»

No te preocupes por eso, sólo date prisa

Senku bajó la mirada apretando los puños por el dolor y la impotencia de no poder decir algo más, de no tener el valor para levantar la voz y terminar con toda esa absurda relación que no iba a ningún lado.

 

«Por más que lo intente nunca podrás mirarme, nunca podrás amarme de la forma que yo te amo a ti»

 

El hombre salió de la habitación sin despedirse, sus pasos apresurados se alejaban dejando a un chico el cual estaba a punto de romper el llanto como de costumbre, se abrazó así mismo, su cuerpo desnudo y herido temblaba ante la gran cantidad de sentimientos entremezclados.

El mismo remordimiento y dolor de todos los días, Senku ya estaba más que acostumbrado a esa rutina de quedarse llorando por aquel gran desamor una vez este abandonaba la habitación, sencillamente era consciente de sus acciones y como por más daño que le provocara, no era capaz de ponerle un alto.

También era de su conocimiento que era cuestión de tiempo que su sucio secreto saliera a la luz, después de todo las mentiras tarde o temprano terminarán por derrumbarse y cuando ese momento llegué... Tendrá que asumir las consecuencias de sus acciones.

El albino limpió sus lágrimas y se levantó de la cama, iba a ducharse para limpiar su inmundicia, al salir del hotel, se colocó nuevamente su máscara agrietada, tenía que seguir fingiendo que todo se encontraba bien, que aún tenía un corazón de piedra y ocultar toda la basura por debajo de la alfombra.

Pues al final de cuentas, Senku ya había llegado a una conclusión, sólo veía una única salida para acabar con todo su dolor y esperaría pacientemente al momento en que deba llevarla a cabo.

«Esta bien... Me lo merezco, todo este dolor es mi castigo por enamorarme de quién no debía... Voy a cargar con ello hasta donde pueda... Y para cuando llegue el momento de que nuestra mentira se caiga a pedazos... Pagaré con mi propia vida todo el sufrimiento que le ocasione a esa mujer»

 

Fin.