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Nos falta la respiración

Chapter 2: 'Cause I see sparks fly whenever you smile

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

'Cause I see sparks fly whenever you smile

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Se sentía un completo perdedor.

Frente a muchos modelos hermosos y mujeres preciosas, omegas y betas en su mayoría, Leo se sentía como una patata sin sabor a pesar de que todos estaban ahí reunidos por y para él; tenía en puerta una campaña de ropa deportiva con Addidas, y como su representante y todo el mundo sabía que, fuera del fútbol, era una especie de bicho raro, contrató la mejor firma de modelaje en España. Recordaría no volver a aceptar este tipo de trabajos aun cuando fuera imposible, porque claro, él accedió al uso de su imagen al ser patrocinado por la marca de ropa deportiva altamente competitiva.

Él observaba a todo el staff moviéndose de aquí a allá, trasladando utilería y colocando en posición a los modelos que lucían de forma increíble e irreal los pantaloncillos cortos y los jerseys que mostraban sus atributos.

Suspiró, sólo necesitaba terminar con ese trabajo y podría irse a su casa a seguir sumiéndose en la depresión… sacudió su cabeza de un lado a otro, sí regresaría a su casa, y sí, tal vez estaría triste jugando FIFA delante de su televisión mientras come cosas de dudosa calidad, pero no más. Tenía un par de meses de que su novio, el actual guardameta de Salernitana Guillermo Ochoa, terminó su relación de cinco años. No se sentía con ánimo de nada, e incluso tuvo que fingir una lesión para ausentarse un tiempo de las actividades del club… pero simplemente no podía sacarlo de su mente, y nadie lo culpaba, Memo era una persona maravillosa, capaz de despejar del cielo la tormenta que se cernía sobre él cuando se sentía miserable por perder… era único, y el omega decidió dejarlo… ¿qué valor tenía un alfa abandonado?

—Leo, ya es hora.

La voz de su mánager lo sacó de sus recuerdos. Abrió sus ojos, se acostumbró a la tenue luz de tras bambalinas y se levantó del sillón donde estaba acostado, arregló su camisa blanca, y transformó su semblante en un santiamén; podría no ser modelo, pero sin duda, sabía como engañar a la gente.

Llegó donde estaban ya todos los modelos acomodados. Todos le sonreían y lanzaban miradas de seducción… bien era porque sabían que era un alfa soltero, ¿qué más podría pedir alguien? A menos que supieran que su ex le había botado.

Y justo cuando correspondía a los saludos con sonrisas tímidas, vio algo que le dejó pasmado por completo. Sus ojos vagaron por la figura indómita del modelo omega que le miraba desde arriba, le ganaba con facilidad con veinte centímetros, era delgado sin caer en un estado anímico, tenía músculos que se veían definidos a través de la camisa negra que llevaba puesta, y combinaba con el collar que protegía su glándula omega; su cabello era corto y con rulos decolorados, una piel tostada por el sol y una mirada oscura y relajante.

Su mánager le dijo que tendría un coprotagonista para esa sesión, un modelo hombre sin duda alguna… y aunque no entendía a quién se le ocurrió que usara camisa en una campaña de ropa deportiva, sin duda ahora lo agradecía, porque el hombre en cuestión se veía increíblemente atractivo, y no podía, ni quería, despegar su mirada de él.

Se acercó con cautela hasta estar junto a él, quien lo vio de reojo de nuevo y le sonrió.

—¿No vas a preguntar mi nombre? —dijo el sujeto con un extraño, pero adorable, acento extranjero.

—No sé, ¿debería? —No quería verse desesperado, aunque por dentro quemaría el local entero con tal de saber cómo se llamaba.

—Es muy seguro que lo necesites si quieres invitarme a salir —respondió él estirando su mano en forma de saludo y provocándole un corto circuito—. Me llamo Cristiano, Cristiano Dos Santos, un gusto.

Leo correspondió el gesto y sonrió de vuelta, tragándose ahora sí el orgullo de no parecer idiota desesperado.

—Lionel Messi.

 

——x——

 

El sonido del despertador le sacó de su sueño, o quizá recuerdo, en el que navegaba hasta hace un par de segundos. Los rayos del sol no ayudaron en su adaptación a la realidad, pero el dolor en la espalda por haberse quedado dormido en el sofá era sin duda lo que necesitó para volver a la realidad en cuestión de segundos. El sabor del vino en su boca fue desagradable, así como la jaqueca que sentía por haberse tomado de una todo el licor que encontró a su paso.

Se levantó por completo y caminó por la casa, no había rastro de Memo, o siquiera una señal de que durmió ahí. Tomó su cabeza con ambas manos, sabía que estaba enojado y que estaría en problemas apenas se comunicara con él; recordaba que le dijo sobre su cita de ese día, apenas habían tocado el tema de la renovación de Memo y los besos torpes no faltaron, pero no podía traer al presente por qué todo se descontroló ayer…

Ya lo averiguaría después, tendría que ducharse rápido, desayunar algo en el camino y partir al centro a reunirse con Cristiano.

 

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Parecía una travesía digna de un relato cómico, pero que se haya descompuesto el calefactor de agua y tuviese que darse un baño con agua muy helada, que el motor de su auto decidió ese día dejar de funcionar, que el jugo que compró estaba caduco y el pan ya con moho y que su celular decidiera morir por falta de batería, no podía ser simplemente una amarga casualidad…

Era como si la vida le estuviese diciendo que no tenía que ir a ese lugar, no tenía que estar con esa persona. Pero él era terco y obstinado, sin duda un par de desgracias no le impedirían reencontrarse con aquella persona que, parecía, se había escondido de él.

Necesitaba respuestas, y las necesitaba ahora mucho más que hace nueve años.

Al haberse averiado el coche, tomó un taxi para llevarlo a la estación de metro más cercana, y después de bajarse una parada después, corrió hacia atrás hasta que sus piernas no podían más, hasta que su cuerpo sintió que llegó a la tierra prometida, pues ahí en una de las mesitas sobre la calle, estaba Cristiano Ronaldo, el mismo Cristiano de sus recuerdos, el mismo que apareció esa noche en sus sueños con esa piel bañada por el sol, pero ya no tenía el cabello decolorado, y su cuerpo se veía ligeramente más robusto a la última vez que se encontraron... justo ahí de hecho, en esa cafetería.

Vaya ironía.

Se veía tranquilo leyendo el periódico, con lentes oscuros que protegían sus ojos vivos y perfectos, mientras que al frente sobre la mesa, había un vaso con agua y un bote de pastillas que parecían supresores… rodó los ojos, típico de él.

Pensando en cómo llegaría o qué diría al estar cerca, se dio cuenta que ya estaba a dos pasos de él, dudando en abrir la silla y sólo sentarse o pedir permiso para ello; el aroma a uvas llegó hasta su nariz, recordándole la época en que amaba sumergirse en ese pozo sin fondo de felicidad. Rápidamente recobró la conciencia de que esa no era una charla amistosa, no debía parecer ansioso por conocer respuestas y tendría que comportarse si quería que, esta vez, las cosas resultaran a su favor.

—Hola Cristiano —dijo en tono neutro mientras se sentaba—. Ha pasado tiempo.

Frente a él, Cristiano dejó de prestar atención al periódico y lo dobló antes de que el viento mañanero se lo llevase lejos. Retiró sus lentes de sol y Leo sólo pudo temblar como la primera vez al verse inmerso en sus ojos claroscuros; lucía muy tranquilo, y casi pudo haberle creído… pero la mirada dudosa y el puchero que hizo antes de responder, le hizo saber que él estaba igual o más nervioso.

Por un momento, se sintió poderoso.

—Messi, un gusto verte… —la voz de Cristiano parecía ronca y él sólo se apretó el cuello para evitar preguntar; simplemente no debía interesarle, por lo hacía. Cris llamó a la mesera y encargó dos cafés sencillos, no era fan del café, pero podría aceptarlo para apagar el sueño que sentía—. Tarde, como siempre.

El reproche era evidente, pero Leo no creyó que realmente existiría un reclamo.

—Lo siento, tuve asuntos que atender —respondió justificándose, pero le sabía mal porque era una mentira.

—Me lo imagino —dijo y de forma tajante, se calló.

Leo le miró dudoso, Cristiano no era de los que se quedaban callados, mucho menos cuando podía reprochar más y más, hacerlo era como su pan de cada día, o al menos eso era hasta hace nueve años. Los cafés llegaron y él bebió el suyo de un sorbo completo, era surreal tener una conversación de esa forma con la persona que estuvo buscando durante tanto tiempo, a quien quería tanto en su vida…

¿Cómo fue que las cosas se distorsionaron tanto?

—Te preguntarás por qué te cité aquí. —Él no respondió, sólo lo vio removerse y sacar su cartera del pantalón, hurgar en ella y le tendió a su dirección una pequeña fotografía de bolsillo—. Su nombre es Alejandro.

Leo sostuvo la foto entre sus manos, el niño no tenía más de seis años, con un cabello oscuro con hebras rojizas como él, una sonrisa tan amplia como la de Cristiano y una nariz peculiarmente parecida a la suya. Quería llorar, necesitaba hacerlo, pues su instinto paterno o de alfa, le gritaba con ardor que ese era su hijo, aquel que estuvo buscando desesperadamente tantos años, aquel a quien le coartaron su derecho de verle… un desprecio por Cristiano surgió en su estómago y casi sintió que comenzaría a hiperventilar, pero se controló lo suficiente como para no darle el gusto al otro de verlo desmoronándose.

—Encantador el pibe —dijo mientras sonreía cortésmente. Lentamente, tendió la foto de regreso a Cristiano, aun cuando le quemaba por dentro. Sabía la respuesta, pero algo en él le gritaba que necesitaba escucharlo de la otra persona—. ¿Tu hijo?

—Si, no, es decir… —el tartamudeo de Cristiano le hizo sentir superior, le daba gusto verlo ya no tan creído ni seguro—, nuestro. Alejandro es nuestro, Leo.

Leo casi sentía que lloraba. Tanto tiempo… y al fin lo tenía frente a él, justo como quería, con mirada anhelante y aroma que descaradamente transmitía ansiedad. Fueron muchos años de quemarse la mano con el sartén caliente, ahora él sería quien lo sostenía por el mango.

Se reservó una respuesta inmediata, sólo quería disfrutar de saber que sus sospechas siempre fueron correctas, y que tuvo razón en seguirle tantos años… pero al parecer, el tiempo en que tardó en reaccionar fueron más de lo socialmente aceptable, pues Cris volvió a hablar tomando la conversación.

—Puedes hacerle una prueba de ADN si gustas.

Leo no quiso llevar a tal extremo a Cristiano, pero disfrutó un poco ver cómo se arrastraba desesperado por una respuesta suya.

—No creo que sea necesario, si dices que es mío te creo, ¿o acaso existe algo que pueda decir lo contrario? —Su voz, aunque neutra, soltó más veneno de lo que quería. Por supuesto que era humillante para Cristiano tener que confirmar eso.

—Por supuesto que no —contestó y lo vio morderse el labio por la ofensa.

—Bien —dijo Leo, ahora recargándose en el respaldo de la silla—. Ahora, ¿qué quieres de mí?

—Seré breve, necesito de tu ayuda…—Cristiano bebió un sorbo de agua, tal vez agarrando con ello el valor para continuar hablando—, Ale necesita tu ayuda, un trasplante de médula ósea…

Leo abrió sus ojos, no pudo evitar lucir angustiado apenas escuchó la palabra trasplante. Realmente no creía que esa reunión se debiera a eso, no podía siquiera concebir que Cristiano le haya buscado y haya dicho con tanta soltura esas palabras, ¿era grave? ¿cómo se sentiría su hijo? ¿estaría asustado o enojado? Desearía estar ahí para besar sus mejillas y colmarlo de su aroma para tranquilizarlo.

—¿Trasplante? —repitió nuevamente, ahora para que Cris pudiera escucharlo—, ¿cómo? ¿Cuándo?

—Es… —parecía querer evadir, pero no sabía qué vio en su mirada que le hizo retomar sus preguntas, darle quizá algo de paz a través de la respuesta—, todo inició hace medio año, comenzó con algunos desmayos ocasionales, nada que alertara demasiado; o eso fue hasta que en unos examen de rutina hace un mes, hubo indicadores de anomalías y tras muchos estudios, que está en fase inicial de leucemia…

Leo se sintió sofocado de un momento a otro; no podía creer que esa personita, el niño que vio sonriendo en la foto, tuviera una enfermedad tan… triste. Él se sintió miserable, no podía imaginar a Cristiano enfrentando las cosas solo, no podía imaginar ver a ese pequeño siquiera a metros del hospital, mucho menos cerca de una camilla.

—Está correctamente diagnosticado, y los médicos dan buen pronóstico de recuperación… si tuviéramos al donante ideal. —Cristiano meneó el café frío, parecía querer beberlo, pero desistía inmediatamente—. Nadie de mi familia ni yo somos compatibles con Ale. Por eso necesito de ti, necesitamos de tu ayuda… por favor, sé que haciendo esto perderás la temporada, pero es Ale, Messi, es un niño extraordinario. Al menos hazte la prueba para ver si eres compatible, eres nuestra, su esperanza...

Leo lo vio estirar su mano hasta él y envolverla. Fue una tenue caricia, pero que disparó una serie de remembranzas que era mejor dejarlas en el pasado. La ansiedad inicial aumentó de forma gradual hasta explotar en su interior, y lentamente retiró el contacto para evitar sucumbir a la tentación de abrazarlo, contenerlo… no imaginaba cuan doloroso debía ser para Cris pasar por todo eso solo.

Pero también estaban él y sus sentimientos, lo válidos que eran al enojarse, sentirse profundamente triste y desear ver sufrir a Cristiano, aunque sea un poco.

—Lo haré —respondió de inmediato, sin duda en su voz y Cristiano sonrió—. Con una condición.

—¿Qué? —Cris aparentaba estar quieto, pero el aroma inconfundible de uvas viejas pululaba en el aire; se sentía ansioso y eso estaba a su favor.

—No volverás a quitarme a mi hijo, quiero conocerlo y que me conozca, quiero pertenecer en su vida —No daba crédito a la voz seria que salía de su boca, pero fue lo suficientemente convincente, o al menos así creyó escucharse.

—Pero tú fuiste… —Cristiano parecía replicar, la ira quemaba en sus iris y su postura se volvió amenazante… pero se mantuvo callado y nuevamente suspiró—. Como sea, ya no importa. Por supuesto, tienes derecho a conocerlo, a estar con él..

Leo asintió, había ganado sin duda, una importante guerra con el panorama de la situación que parecía tan desfavorecedor para él.  Se sentía emocionado y nervioso por lo que pasaría de ahora en adelante… después de eso, tendría que arreglar nuevamente las cosas con Memo.

Eso y su corazón, pues parecía no querer dejar de latir desde que llegó a esa mesa y pudo ver nuevamente a Cris tan maravilloso y letal como siempre. Justo como hace nueve años.

 

Notes:

Siento que este fic se va a convertir en mi refugio... :') Porque tendrá angst y drama y adoro el drama <3

Puede que no entiendan mucho, pero leo sus teorías conspiranoicas y todo lo que surja debido a este fic ;) Así que los comentarios y kudos son recibidos con mucho amor! los apreciaré.

Nos leemos pronto! Besos de jugo de piña.

Notes:

Siento que quiero llorar.

Los comentarios y kudos son recibidos con cariño, es mi paga por sacarles una sonrisa, un sonrojo o una lágrima, el orden de los factores no altera el resultado. ¡Nos leemos en el siguiente capítulo!

Besos de helado de cookies&cream.